{"id":40745,"date":"2016-10-06T14:56:06","date_gmt":"2016-10-06T19:56:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-noviembre-de-2007-consistorio-ordinario-publico-para-la-creacion-de-los-nuevos-cardenales-2\/"},"modified":"2016-10-06T14:56:06","modified_gmt":"2016-10-06T19:56:06","slug":"24-de-noviembre-de-2007-consistorio-ordinario-publico-para-la-creacion-de-los-nuevos-cardenales-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-noviembre-de-2007-consistorio-ordinario-publico-para-la-creacion-de-los-nuevos-cardenales-2\/","title":{"rendered":"24 de noviembre de 2007: Consistorio Ordinario P\u00fablico para la creaci\u00f3n de los nuevos Cardenales"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/2007\/documents\/ns_lit_doc_20071124_index-concistoro_sp.html\"> CONSISTORIO ORDINARIO P&Uacute;BLICO <br \/> PARA LA CREACI&Oacute;N DE NUEVOS CARDINALES<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI <\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> S&aacute;bado 24 de noviembre de 2007<\/font> <\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Se&ntilde;ores cardenales; <br \/> venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; <br \/> queridos hermanos y hermanas:<\/i>&nbsp; <\/p>\n<p>En esta bas&iacute;lica vaticana, coraz&oacute;n del mundo cristiano, se renueva hoy un significativo y solemne acontecimiento eclesial:&nbsp; el consistorio ordinario p&uacute;blico para la creaci&oacute;n de veintitr&eacute;s nuevos cardenales, con la imposici&oacute;n de la birreta y la asignaci&oacute;n del t&iacute;tulo. Es un acontecimiento que suscita cada vez una emoci&oacute;n especial, y no s&oacute;lo en los que con estos ritos son admitidos a formar parte del Colegio cardenalicio, sino en toda la Iglesia, gozosa por este elocuente signo de unidad cat&oacute;lica. <\/p>\n<p>La ceremonia misma, en su estructura, pone de relieve el valor de la tarea que los nuevos cardenales est&aacute;n llamados a realizar colaborando estrechamente con el Sucesor de Pedro, e invita al pueblo de Dios a orar para que en su servicio estos hermanos nuestros permanezcan siempre fieles a Cristo hasta el sacrificio de su vida, si fuera necesario, y se dejen guiar &uacute;nicamente por su Evangelio. As&iacute; pues, nos unimos con fe a ellos y elevamos ante todo al Se&ntilde;or nuestra oraci&oacute;n de acci&oacute;n de gracias. <\/p>\n<p>En este clima de alegr&iacute;a y de intensa espiritualidad, os saludo con afecto a cada uno de vosotros, queridos hermanos, que desde hoy sois miembros del Colegio cardenalicio, elegidos para ser, seg&uacute;n &nbsp;una antigua instituci&oacute;n, los consejeros y &nbsp;colaboradores &nbsp;m&aacute;s &nbsp;cercanos del Sucesor de Pedro en la gu&iacute;a de la Iglesia. <\/p>\n<p>Saludo y doy las gracias al arzobispo Leonardo Sandri, que en vuestro nombre me ha dirigido unas palabras amables y devotas, subrayando al mismo tiempo el significado y la importancia del momento eclesial que estamos viviendo. Adem&aacute;s, siento el deber de recordar a monse&ntilde;or Ignacy Jez, al que el Dios de toda gracia llam&oacute; a s&iacute; poco antes del nombramiento, para darle una corona muy diferente:&nbsp; la de la gloria eterna en Cristo. <\/p>\n<p>Mi saludo cordial se dirige, asimismo, a los se&ntilde;ores cardenales presentes y tambi&eacute;n a los que no han podido estar f&iacute;sicamente con nosotros, pero est&aacute;n unidos espiritualmente a nosotros. La celebraci&oacute;n del consistorio siempre es una ocasi&oacute;n providencial para dar <i>urbi et orbi<\/i>, a la ciudad de Roma y al mundo entero, el testimonio de la singular unidad que congrega a los cardenales en torno al Papa, obispo de Roma. <\/p>\n<p>En una circunstancia tan solemne dirijo tambi&eacute;n un saludo respetuoso y deferente a las delegaciones de los Gobiernos y a las personalidades que han venido de todas las partes del mundo, as&iacute; como a los familiares, a los amigos, a los sacerdotes, a los religiosos y a las religiosas, y a los fieles de las diversas Iglesias locales de donde provienen los nuevos purpurados. <\/p>\n<p>Saludo, por &uacute;ltimo, a todos los que se han dado cita aqu&iacute; para acompa&ntilde;arlos y expresarles su estima y su afecto con una alegr&iacute;a festiva. <\/p>\n<p>Con esta celebraci&oacute;n, queridos hermanos, sois insertados con pleno t&iacute;tulo en la veneranda Iglesia de Roma, cuyo pastor es el Sucesor de Pedro. En el Colegio de los cardenales revive as&iacute; el antiguo <i>presbyterium<\/i> del Obispo de Roma, cuyos componentes, mientras desempe&ntilde;aban funciones pastorales y lit&uacute;rgicas en las diversas iglesias, le prestaban su valiosa colaboraci&oacute;n en lo relativo al cumplimiento de las tareas vinculadas a su ministerio apost&oacute;lico universal. <\/p>\n<p>Los tiempos han cambiado y la gran familia de los disc&iacute;pulos de Cristo se encuentra hoy esparcida por todos los continentes hasta los lugares m&aacute;s lejanos de la tierra, habla pr&aacute;cticamente todas las lenguas del mundo y pertenecen a ella pueblos de todas las culturas. La diversidad de los miembros del Colegio cardenalicio, tanto por su procedencia geogr&aacute;fica como cultural, pone de relieve este crecimiento providencial y al mismo tiempo destaca las nuevas exigencias pastorales a las que el Papa debe responder. Por tanto, la universalidad, la catolicidad de la Iglesia se refleja muy bien en la composici&oacute;n del Colegio de los cardenales:&nbsp; much&iacute;simos son pastores de comunidades diocesanas; otros est&aacute;n al servicio directo de la Sede apost&oacute;lica; y otros han prestado servicios benem&eacute;ritos en sectores pastorales espec&iacute;ficos. <\/p>\n<p>Cada uno de vosotros, queridos y venerados hermanos neo-cardenales, representa, por consiguiente, una porci&oacute;n del articulado Cuerpo m&iacute;stico de Cristo, que es la Iglesia extendida por doquier. S&eacute; bien cu&aacute;nto esfuerzo y sacrificio implica hoy la atenci&oacute;n pastoral de las almas, pero conozco la generosidad que sostiene vuestra actividad apost&oacute;lica diaria. Por eso, en la circunstancia que estamos viviendo, quiero confirmaros mi sincero aprecio por el servicio fielmente prestado durante tantos a&ntilde;os de trabajo en los diversos &aacute;mbitos del ministerio eclesial, un servicio que ahora, con la elevaci&oacute;n a la p&uacute;rpura, est&aacute;is llamados a realizar con una responsabilidad a&uacute;n mayor, en una comuni&oacute;n muy &iacute;ntima con el Obispo de Roma. <\/p>\n<p>Pienso ahora con afecto en las comunidades encomendadas a vuestra solicitud y, de modo especial, a las m&aacute;s probadas por el sufrimiento, por desaf&iacute;os y dificultades de diverso tipo. Entre ellas, en este momento de alegr&iacute;a, no puedo menos de dirigir la mirada con preocupaci&oacute;n y afecto a las queridas comunidades cristianas que se encuentran en Irak. Estos hermanos y hermanas nuestros en la fe experimentan en su propia carne las consecuencias dram&aacute;ticas de un conflicto persistente y viven actualmente en una situaci&oacute;n pol&iacute;tica muy fr&aacute;gil y delicada. <\/p>\n<p>Al llamar a entrar en el Colegio de los cardenales al Patriarca de la Iglesia caldea, quise expresar de modo concreto mi cercan&iacute;a espiritual y mi afecto a esas poblaciones. Queridos y venerados hermanos, &nbsp;juntos queremos reafirmar la solidaridad de la Iglesia entera con los cristianos de esa amada tierra e invitar a implorar de Dios misericordioso, para todos &nbsp;los &nbsp;pueblos &nbsp;implicados, la llegada &nbsp;de &nbsp;la anhelada reconciliaci&oacute;n y de la paz. <\/p>\n<p>Hemos escuchado hace poco la palabra de Dios que nos ayuda a comprender mejor el momento solemne que estamos viviendo. En el pasaje evang&eacute;lico, Jes&uacute;s nos acaba de recordar por tercera vez el destino que le espera en Jerusal&eacute;n, pero la ambici&oacute;n de los disc&iacute;pulos prevalece sobre el miedo que se hab&iacute;a apoderado de ellos durante unos instantes. <\/p>\n<p>Despu&eacute;s de la confesi&oacute;n de Pedro en Cesarea y de la discusi&oacute;n a lo largo del camino sobre qui&eacute;n de ellos era el mayor, la ambici&oacute;n impulsa a los hijos de Zebedeo a reivindicar para s&iacute; los mejores puestos en el reino mesi&aacute;nico, al final de los tiempos. En la carrera hacia los privilegios, los dos saben bien lo que quieren, al igual que los otros diez, a pesar de su &quot;virtuosa&quot; indignaci&oacute;n. Pero, en realidad, no saben lo que piden. Es Jes&uacute;s quien se lo hace comprender, hablando en t&eacute;rminos muy diversos del &quot;ministerio&quot; que les espera. Corrige la burda concepci&oacute;n que tienen del m&eacute;rito, seg&uacute;n la cual el hombre puede adquirir derechos con respecto a Dios. <\/p>\n<p>El evangelista san Marcos nos recuerda, queridos y venerados hermanos, que todo verdadero disc&iacute;pulo de Cristo s&oacute;lo puede aspirar a una cosa:&nbsp; a compartir su pasi&oacute;n, sin reivindicar recompensa alguna. El cristiano est&aacute; llamado a asumir la condici&oacute;n de &quot;siervo&quot; siguiendo las huellas de Jes&uacute;s, es decir, gastando su vida por los dem&aacute;s de modo gratuito y desinteresado. Lo que debe caracterizar todos nuestros gestos y nuestras palabras no es la b&uacute;squeda del poder y del &eacute;xito, sino la humilde entrega de s&iacute; mismo por el bien de la Iglesia. <\/p>\n<p>En efecto, la verdadera grandeza cristiana no consiste en dominar, sino en servir. Jes&uacute;s nos repite hoy a cada uno que &eacute;l &quot;no ha venido para ser servido sino para servir y dar su vida como rescate por muchos&quot; (<i>Mc<\/i> 10, 45). Este es el ideal que debe orientar vuestro servicio. Queridos hermanos, al entrar a formar parte del Colegio de los cardenales, el Se&ntilde;or os pide y os encomienda el servicio del amor:&nbsp; amor a Dios, amor a su Iglesia, amor a los hermanos con una entrega m&aacute;xima e incondicional, <i>usque ad sanguinis effusionem<\/i>, como reza la f&oacute;rmula de la imposici&oacute;n de la birreta y como lo muestra el color p&uacute;rpura del vestido que llev&aacute;is. <\/p>\n<p>Sed ap&oacute;stoles de Dios, que es Amor, y testigos de la esperanza evang&eacute;lica:&nbsp; esto es lo que espera de vosotros el pueblo cristiano. Esta ceremonia subraya la gran responsabilidad que ten&eacute;is cada uno de vosotros, venerados y queridos hermanos, y que encuentra confirmaci&oacute;n en las palabras del ap&oacute;stol san Pedro que acabamos de escuchar:&nbsp; &quot;Dad culto al Se&ntilde;or, Cristo, en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida raz&oacute;n de vuestra esperanza&quot; (<i>1 P<\/i> 3, 15). Esa responsabilidad no libra de los peligros, pero, como recuerda tambi&eacute;n san Pedro, &quot;m&aacute;s vale padecer por obrar el bien, si esa es la voluntad de Dios, que por obrar el mal&quot; (<i>1 P<\/i> 3, 17). Cristo os pide que confes&eacute;is ante los hombres su verdad, que abrac&eacute;is y compart&aacute;is su causa, y que realic&eacute;is todo esto &quot;con dulzura y respeto, con buena conciencia&quot; (<i>1 P<\/i> 3, 15-16), es decir, con la humildad interior que es fruto de la cooperaci&oacute;n con la gracia de Dios. <\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, ma&ntilde;ana, en esta misma bas&iacute;lica, tendr&eacute; la alegr&iacute;a de celebrar la Eucarist&iacute;a, en la solemnidad de Cristo, Rey del universo, juntamente con los nuevos cardenales, y les entregar&eacute; el anillo. Ser&aacute; una ocasi&oacute;n muy importante y oportuna para&nbsp;reafirmar nuestra unidad en Cristo y para renovar la voluntad com&uacute;n de servirle con total generosidad. Acompa&ntilde;adlos con vuestra oraci&oacute;n, para que respondan al&nbsp;don&nbsp;recibido&nbsp;con una entrega plena y constante. <\/p>\n<p>A Mar&iacute;a, Reina de los Ap&oacute;stoles, nos dirigimos ahora con confianza. Que su presencia espiritual hoy, en este cen&aacute;culo singular, sea para los nuevos cardenales y para todos nosotros prenda de la constante efusi&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, que gu&iacute;a a la Iglesia a lo largo de su camino en la historia. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2007 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CONSISTORIO ORDINARIO P&Uacute;BLICO PARA LA CREACI&Oacute;N DE NUEVOS CARDINALES HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de San Pedro S&aacute;bado 24 de noviembre de 2007 &nbsp; Se&ntilde;ores cardenales; venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; queridos hermanos y hermanas:&nbsp; En esta bas&iacute;lica vaticana, coraz&oacute;n del mundo cristiano, se renueva hoy un significativo y &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-noviembre-de-2007-consistorio-ordinario-publico-para-la-creacion-de-los-nuevos-cardenales-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab24 de noviembre de 2007: Consistorio Ordinario P\u00fablico para la creaci\u00f3n de los nuevos Cardenales\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40745","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40745","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40745"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40745\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40745"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40745"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40745"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}