{"id":40746,"date":"2016-10-06T14:56:08","date_gmt":"2016-10-06T19:56:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-noviembre-de-2007-misa-en-sufragio-de-los-cardenales-y-obispos-fallecidos-durante-el-ano-2\/"},"modified":"2016-10-06T14:56:08","modified_gmt":"2016-10-06T19:56:08","slug":"5-de-noviembre-de-2007-misa-en-sufragio-de-los-cardenales-y-obispos-fallecidos-durante-el-ano-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-noviembre-de-2007-misa-en-sufragio-de-los-cardenales-y-obispos-fallecidos-durante-el-ano-2\/","title":{"rendered":"5 de noviembre de 2007: Misa en sufragio de los cardenales y obispos fallecidos durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\" size=\"4\"><b><i>HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI <br \/> DURANTE LA MISA POR LOS CARDENALES Y OBISPOS<br \/> QUE HAN FALLECIDO A LO LARGO DEL &Uacute;LTIMO A&Ntilde;O<\/p>\n<p> <\/i><\/b><\/font><font color=\"#663300\"><i>Lunes 5 de noviembre de 2007 <\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Venerados y queridos hermanos:&nbsp;<\/i><\/p>\n<p>Despu&eacute;s de conmemorar a todos los fieles difuntos en su celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica anual, nos volvemos a encontrar, siguiendo la tradici&oacute;n, en esta bas&iacute;lica vaticana para ofrecer el sacrificio eucar&iacute;stico en sufragio de los cardenales y obispos que a lo largo del a&ntilde;o, llamados por el Se&ntilde;or, han abandonado este mundo. <\/p>\n<p>Con afecto fraterno recuerdo los nombres de los purpurados fallecidos:&nbsp; Salvatore Pappalardo, Fr&eacute;d&eacute;ric Etsou-Nzabi Bamungwabi, Antonio Mar&iacute;a Javierre, Angelo Felici, Jean-Marie Lustiger, Edouard Gagnon, Adam Kozlowiecki y Rosalio Jos&eacute; Castillo Lara. Pensando en la persona y en el ministerio de cada uno de ellos, a pesar de la tristeza de la separaci&oacute;n, elevamos a Dios una sentida acci&oacute;n de gracias por el don que en ellos hizo a la Iglesia y por todo el bien que con su ayuda pudieron realizar. Asimismo, encomendamos al Padre eterno a los patriarcas, a los arzobispos y a los obispos difuntos, expresando tambi&eacute;n por ellos nuestro agradecimiento en nombre de toda la comunidad cat&oacute;lica. <\/p>\n<p>La oraci&oacute;n de sufragio de la Iglesia se &quot;apoya&quot;, por decirlo as&iacute;, en la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s mismo, que acabamos de escuchar &nbsp;en el pasaje evang&eacute;lico:&nbsp; &quot;Padre, los que t&uacute; me has dado, quiero que donde yo est&eacute; est&eacute;n tambi&eacute;n conmigo&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 24). Jes&uacute;s se refiere a sus disc&iacute;pulos, &nbsp;en &nbsp;particular a los Ap&oacute;stoles, que est&aacute;n junto a &eacute;l durante la &uacute;ltima Cena. Pero la oraci&oacute;n del Se&ntilde;or se extiende a &nbsp;todos los disc&iacute;pulos de todos los tiempos.<\/p>\n<p>En efecto, poco antes hab&iacute;a dicho:&nbsp; &quot;No ruego s&oacute;lo por estos, sino tambi&eacute;n por aquellos que, por medio de su palabra, creer&aacute;n en m&iacute;&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 20). Y si all&iacute; ped&iacute;a que fueran &quot;uno&#8230; para que el mundo crea&quot; (v. 21), aqu&iacute; podemos entender igualmente que pide al Padre tener consigo, en la morada de su gloria eterna, a todos los disc&iacute;pulos muertos con el signo de la fe.<\/p>\n<p>&quot;Los que t&uacute; me has dado&quot;:&nbsp;esta es una hermosa definici&oacute;n del cristiano como tal, pero obviamente se puede aplicar de modo particular a los que Dios Padre ha elegido entre los fieles para destinarlos a seguir m&aacute;s de cerca a su Hijo. A la luz de estas palabras del Se&ntilde;or, nuestro pensamiento va en este momento, de modo particular, a los venerados hermanos por los que ofrecemos esta Eucarist&iacute;a. Son hombres que el Padre &quot;dio&quot; a Cristo. Los separ&oacute; del mundo, del &quot;mundo&quot; que &quot;no lo conoci&oacute; a &eacute;l&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 25), y los llam&oacute; a ser amigos de Jes&uacute;s. Esta fue la gracia m&aacute;s valiosa de toda su vida.<\/p>\n<p>Ciertamente, fueron hombres con caracter&iacute;sticas diversas, tanto por sus vicisitudes personales como por el ministerio que desempe&ntilde;aron, pero todos tuvieron en com&uacute;n lo m&aacute;s grande:&nbsp; la amistad con el Se&ntilde;or Jes&uacute;s. La recibieron por &nbsp;gracia en la tierra, como sacerdotes, y ahora, m&aacute;s all&aacute; de la muerte, comparten en los cielos esta &quot;herencia incorruptible, inmaculada e inmarcesible&quot; (<i>1 P<\/i> 1, 4). Durante su vida temporal, Jes&uacute;s les dio a conocer el nombre de Dios, admiti&eacute;ndolos a participar en el amor de la sant&iacute;sima Trinidad. El amor del Padre por el Hijo entr&oacute; en ellos, y as&iacute; la Persona misma del Hijo, en virtud del Esp&iacute;ritu Santo, habit&oacute; en cada uno de ellos (cf. <i>Jn<\/i> 17, 26):&nbsp; una experiencia de comuni&oacute;n divina que por naturaleza tiende a ocupar toda la existencia, para transfigurarla y prepararla a la gloria de la vida eterna. <\/p>\n<p>En la oraci&oacute;n por los difuntos, es consolador y saludable meditar en la confianza de Jes&uacute;s con su Padre y as&iacute; dejarse envolver por la luz serena de este abandono total del Hijo a la voluntad de su &quot;<i>Abb&aacute;<\/i>&quot;. Jes&uacute;s sabe que el Padre est&aacute; siempre con &eacute;l (cf. <i>Jn<\/i> 8, 29); que ambos son uno (cf. <i>Jn<\/i> 10, 30). Sabe que su propia muerte debe ser un &quot;bautismo&quot;, es decir, una &quot;inmersi&oacute;n&quot; en el amor de Dios (cf. <i>Lc<\/i> 12, 50) y sale a su encuentro seguro de que el Padre realizar&aacute; en &eacute;l la antigua profec&iacute;a que hemos escuchado hoy en la primera lectura b&iacute;blica:&nbsp; &quot;Dentro de dos d&iacute;as nos dar&aacute; la vida, al tercer d&iacute;a nos har&aacute; resurgir y en su presencia viviremos&quot; (<i>Os<\/i> 6, 2). Este or&aacute;culo del profeta Oseas se refiere al pueblo de Israel y expresa la confianza en la ayuda del Se&ntilde;or:&nbsp; una confianza que a veces el pueblo, por desgracia, desminti&oacute; por inconstancia y superficialidad, llegando incluso&nbsp;a&nbsp;abusar&nbsp;de la benevolencia divina. <\/p>\n<p>En cambio, en la Persona de Jes&uacute;s, el amor a Dios Padre se hace plenamente sincero, aut&eacute;ntico y fiel. &Eacute;l asume en s&iacute; la realidad del antiguo Israel y la lleva a su pleno cumplimiento. El &quot;nosotros&quot; del pueblo se concentra en el &quot;yo&quot; de Jes&uacute;s, especialmente en sus repetidos anuncios de la pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n, cuando revela abiertamente a los &nbsp;disc&iacute;pulos lo que le espera en Jerusal&eacute;n:&nbsp; deber&aacute; ser rechazado por los jefes, arrestado, condenado a muerte y crucificado, &nbsp;y &nbsp;al tercer d&iacute;a resucitar (cf. <i>Mt<\/i> 16, 21). <\/p>\n<p>Esta singular confianza de Cristo pas&oacute; a nosotros mediante el don del Esp&iacute;ritu Santo a la Iglesia, del que hemos participado con el sacramento del bautismo. El &quot;yo&quot; de Jes&uacute;s se convierte en un nuevo &quot;nosotros&quot;, el &quot;nosotros&quot; de <i>su<\/i> Iglesia, cuando se comunica a los que son incorporados a &eacute;l en el bautismo. Y esa identificaci&oacute;n se refuerza en los que, por una especial llamada del Se&ntilde;or, han sido configurados a &eacute;l en el Orden sagrado. <\/p>\n<p>El salmo responsorial ha puesto en nuestros labios el anhelo apremiante de un levita que, lejos de Jerusal&eacute;n y del templo, desea volver a &eacute;l para estar de nuevo en la presencia del Se&ntilde;or (cf. <i>Sal<\/i> 41, 1-3). &quot;Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo:&nbsp; &iquest;cu&aacute;ndo entrar&eacute; a ver el rostro de Dios?&quot; (<i>Sal<\/i> 41, 3). Esta sed contiene una verdad que no traiciona, una esperanza que no defrauda. Es una sed que, incluso en medio de la noche m&aacute;s oscura, ilumina el camino hacia el manantial de la vida, como cant&oacute; con frases admirables san Juan de la Cruz. <\/p>\n<p>El salmista manifiesta las lamentaciones del alma, pero en el centro y al final de su admirable himno pone un estribillo lleno de confianza:&nbsp; &quot;&iquest;Por qu&eacute; te acongojas, alma m&iacute;a, por qu&eacute; te me turbas? Espera en Dios, que volver&aacute;s a alabarlo:&nbsp; &quot;Salud de mi rostro, Dios m&iacute;o&quot;&quot; (<i>Sal<\/i> 41, 6). <br \/> A la luz de Cristo y de su misterio pascual, estas palabras revelan toda su maravillosa verdad:&nbsp; ni siquiera la muerte puede hacer vana la esperanza del creyente,&nbsp;porque&nbsp;Cristo&nbsp;ha&nbsp;penetrado por nosotros en el santuario del cielo, y al cielo quiere llevarnos despu&eacute;s de habernos preparado un lugar (cf.<i> Jn<\/i> 14, 1-3). <\/p>\n<p>Con esta fe y esta esperanza, nuestros queridos hermanos difuntos rezaron innumerables veces ese salmo. Como sacerdotes experimentaron toda su resonancia existencial, tomando tambi&eacute;n sobre s&iacute; las acusaciones y las burlas de quienes dicen a los creyentes durante la prueba:&nbsp; &quot;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; tu Dios?&quot;. Ahora, al final de su destierro terreno, han llegado a la patria. Siguiendo el camino que les abri&oacute; su Se&ntilde;or resucitado, no penetraron en un santuario hecho por mano de hombre, sino en el cielo mismo (cf. <i>Hb<\/i> 9, 24). <\/p>\n<p>En nuestra oraci&oacute;n pedimos que all&iacute;, juntamente con la sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a y con todos los santos, puedan contemplar finalmente el rostro de Dios y cantar por toda la eternidad sus alabanzas. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2007 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI DURANTE LA MISA POR LOS CARDENALES Y OBISPOS QUE HAN FALLECIDO A LO LARGO DEL &Uacute;LTIMO A&Ntilde;O Lunes 5 de noviembre de 2007 &nbsp; Venerados y queridos hermanos:&nbsp; Despu&eacute;s de conmemorar a todos los fieles difuntos en su celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica anual, nos volvemos a encontrar, siguiendo la tradici&oacute;n, en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-noviembre-de-2007-misa-en-sufragio-de-los-cardenales-y-obispos-fallecidos-durante-el-ano-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab5 de noviembre de 2007: Misa en sufragio de los cardenales y obispos fallecidos durante el a\u00f1o\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40746","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40746","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40746"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40746\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40746"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40746"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40746"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}