{"id":40756,"date":"2016-10-06T14:56:17","date_gmt":"2016-10-06T19:56:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-septiembre-de-2007-santa-misa-con-ocasion-del-850-aniversario-de-la-fundacion-del-santuario-de-mariazell-austria-2\/"},"modified":"2016-10-06T14:56:17","modified_gmt":"2016-10-06T19:56:17","slug":"8-de-septiembre-de-2007-santa-misa-con-ocasion-del-850-aniversario-de-la-fundacion-del-santuario-de-mariazell-austria-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-septiembre-de-2007-santa-misa-con-ocasion-del-850-aniversario-de-la-fundacion-del-santuario-de-mariazell-austria-2\/","title":{"rendered":"8 de septiembre de 2007: Santa Misa con ocasi\u00f3n del 850\u00b0 aniversario de la fundaci\u00f3n del Santuario de Mariazell (Austria)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2007\/index_austria.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO <br \/> DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI<br \/> A AUSTRIA <br \/> CON OCASI&Oacute;N DEL 850 ANIVERSARIO<br \/> DE LA FUNDACI&Oacute;N DEL SANTUARIO DE MARIAZELL<\/a> <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <br \/> DURANTE LA MISA CELEBRADA <br \/> DELANTE EL SANTUARIO DE MARIAZELL<\/font><\/b> <\/p>\n<p> S&aacute;bado 8 de septiembre de 2007<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i>&nbsp; <\/p>\n<p>Con nuestra gran peregrinaci&oacute;n a Mariazell celebramos la fiesta patronal de este santuario, la fiesta de la Natividad de Mar&iacute;a. Desde hace 850 a&ntilde;os vienen aqu&iacute; personas de diferentes pueblos y naciones, que oran trayendo consigo los deseos de su coraz&oacute;n y de sus pa&iacute;ses, as&iacute; como sus preocupaciones y esperanzas m&aacute;s &iacute;ntimas. De este modo, Mariazell se ha convertido para Austria, y mucho m&aacute;s all&aacute; de sus fronteras, en un lugar de paz y de unidad reconciliada. <\/p>\n<p>Aqu&iacute; experimentamos la bondad consoladora de la Madre; aqu&iacute; encontramos a Jesucristo, en quien Dios est&aacute; con nosotros como afirma el pasaje evang&eacute;lico de hoy. Refiri&eacute;ndose a Jes&uacute;s, la lectura del profeta Miqueas dice:&nbsp; &quot;&eacute;l ser&aacute; la paz&quot; (cf. <i>Mi <\/i>5, 4). Hoy nos insertamos en esta gran peregrinaci&oacute;n de muchos siglos. Nos detenemos ante la Madre del Se&ntilde;or y le imploramos:&nbsp; &quot;Mu&eacute;stranos a Jes&uacute;s&quot;. Mu&eacute;stranos a nosotros, peregrinos, a Aquel que es al mismo tiempo el camino y la meta:&nbsp; la verdad y la vida. <\/p>\n<p>El pasaje evang&eacute;lico que acabamos de escuchar ampl&iacute;a nuestros horizontes. Presenta la historia de Israel desde Abraham como una peregrinaci&oacute;n que, con subidas y bajadas, por caminos cortos y por caminos largos, conduce en definitiva a Cristo. La genealog&iacute;a con sus figuras luminosas y oscuras, con sus &eacute;xitos y sus fracasos, nos demuestra que Dios tambi&eacute;n escribe recto en los renglones torcidos de nuestra historia. Dios nos deja nuestra libertad y, sin embargo, sabe encontrar en nuestro fracaso nuevos caminos para su amor. Dios no fracasa. As&iacute; esta genealog&iacute;a es una garant&iacute;a de la fidelidad de Dios, una garant&iacute;a de que Dios no nos deja caer y una invitaci&oacute;n a orientar siempre de nuevo nuestra vida hacia &eacute;l, a caminar siempre nuevamente hacia Cristo. <\/p>\n<p>Peregrinar significa estar orientados en cierta direcci&oacute;n, caminar hacia una meta. Esto confiere una belleza propia tambi&eacute;n al camino y al cansancio que implica. Entre los peregrinos de la genealog&iacute;a de Jes&uacute;s algunos hab&iacute;an olvidado la meta y quer&iacute;an ponerse a s&iacute; mismos como meta. Pero el Se&ntilde;or hab&iacute;a suscitado siempre de nuevo personas que se hab&iacute;an dejado impulsar por la nostalgia de la meta, orientando hacia ella su vida. El impulso hacia la fe cristiana, el inicio de la Iglesia de Jesucristo fue posible porque exist&iacute;an en Israel personas con un coraz&oacute;n en b&uacute;squeda, personas que no se acomodaron en la rutina, sino que escrutaron a lo lejos en b&uacute;squeda de algo m&aacute;s grande:&nbsp; Zacar&iacute;as, Isabel, Sime&oacute;n, Ana, Mar&iacute;a y Jos&eacute;, los Doce y muchos otros. Al tener su coraz&oacute;n en actitud de espera, pod&iacute;an reconocer en Jesucristo a Aquel que Dios hab&iacute;a mandado, llegando a ser as&iacute; el inicio de su familia universal. La Iglesia de los gentiles pudo hacerse realidad porque tanto en el &aacute;rea del Mediterr&aacute;neo como en las zonas de Asia m&aacute;s cercanas, a donde llegaban los mensajeros de Jesucristo, hab&iacute;a personas en actitud de espera que no se conformaban con lo que todos hac&iacute;an y pensaban, sino que buscaban la estrella que pod&iacute;a indicarles el camino hacia la Verdad misma, hacia el Dios vivo. <\/p>\n<p>Necesitamos este coraz&oacute;n inquieto y abierto. Es el n&uacute;cleo de la peregrinaci&oacute;n. Tampoco hoy basta ser y pensar, en cierto modo, como todos los dem&aacute;s. El proyecto de nuestra vida va m&aacute;s all&aacute;. Tenemos necesidad de Dios, del Dios que &nbsp;nos ha mostrado su rostro y abierto &nbsp;su coraz&oacute;n:&nbsp; Jesucristo. San Juan, con &nbsp;raz&oacute;n, afirma que &quot;&eacute;l es el Hijo &uacute;nico, que est&aacute; en el seno del Padre&quot; (<i>Jn<\/i> 1, 18); as&iacute; s&oacute;lo &eacute;l, desde la intimidad de Dios mismo, pod&iacute;a revelarnos a Dios y tambi&eacute;n revelarnos qui&eacute;nes somos nosotros, de d&oacute;nde venimos y hacia d&oacute;nde vamos. <\/p>\n<p>Ciertamente ha habido en la historia muchas grandes personalidades que han hecho bellas y conmovedoras experiencias de Dios. Sin embargo, son s&oacute;lo experiencias humanas, con su l&iacute;mite humano. S&oacute;lo &eacute;l es Dios y por eso s&oacute;lo &eacute;l es el puente que pone realmente en contacto inmediato a Dios y al hombre. As&iacute; pues, aunque nosotros lo consideramos el &uacute;nico Mediador de la salvaci&oacute;n v&aacute;lido para todos, que afecta a todos y del cual, en definitiva, todos tienen necesidad, esto no significa de ninguna manera que despreciemos a las otras religiones ni que radicalicemos con soberbia nuestro pensamiento, sino &uacute;nicamente que hemos sido conquistados por Aquel que nos ha tocado interiormente y nos ha colmado de dones, para que podamos compartirlos con los dem&aacute;s. <\/p>\n<p>De hecho, nuestra fe se opone decididamente a la resignaci&oacute;n que considera al hombre incapaz de la verdad, como si esta fuera demasiado grande para &eacute;l. Estoy convencido de que esta resignaci&oacute;n ante la verdad es el n&uacute;cleo de la crisis de occidente, de Europa. Si para el hombre no existe una verdad, en el fondo no puede ni siquiera distinguir entre el bien y el mal. Entonces los grandes y maravillosos conocimientos de la ciencia se hacen ambiguos:&nbsp; pueden abrir perspectivas importantes para el bien, para la salvaci&oacute;n del hombre, pero tambi&eacute;n, como vemos, pueden convertirse en una terrible amenaza, en la destrucci&oacute;n del hombre y del mundo. <\/p>\n<p>Necesitamos la verdad. Pero ciertamente, a causa de nuestra historia, tenemos miedo de que la fe en la verdad conlleve intolerancia. Si nos asalta este miedo, que tiene sus buenas razones hist&oacute;ricas, debemos contemplar a Jes&uacute;s como lo vemos aqu&iacute;, en el santuario de Mariazell. Lo vemos en dos im&aacute;genes:&nbsp; como ni&ntilde;o en brazos de su Madre y, sobre el altar principal de la bas&iacute;lica, crucificado. Estas dos im&aacute;genes de la bas&iacute;lica nos dicen:&nbsp; la verdad no se afirma mediante un poder externo, sino que es humilde y s&oacute;lo se da al hombre por su fuerza interior:&nbsp; por el hecho de ser verdadera. La verdad se demuestra a s&iacute; misma en el amor. No es nunca propiedad nuestra, un producto nuestro, del mismo modo que el amor no se puede producir, sino que s&oacute;lo se puede recibir y transmitir como don. Necesitamos esta fuerza interior de la verdad. Como cristianos, nos fiamos de esta fuerza de la verdad. Somos testigos de ella. Tenemos que transmitir este don de la misma manera que lo hemos recibido, tal como nos ha sido entregado. <\/p>\n<p>&quot;Mirar a Cristo&quot; es el lema de este d&iacute;a. Para el hombre que busca, esta invitaci&oacute;n se transforma siempre en una petici&oacute;n espont&aacute;nea, una petici&oacute;n dirigida en particular a Mar&iacute;a, que nos dio a Cristo como Hijo suyo:&nbsp; &quot;Mu&eacute;stranos a Jes&uacute;s&quot;. Rezamos hoy as&iacute; de todo coraz&oacute;n; y rezamos, m&aacute;s all&aacute; de este momento, interiormente, buscando el rostro del Redentor. &quot;Mu&eacute;stranos a Jes&uacute;s&quot;. Mar&iacute;a responde, present&aacute;ndonoslo ante todo como ni&ntilde;o. Dios se ha hecho peque&ntilde;o por nosotros. Dios no viene con la fuerza exterior, sino con la impotencia de su amor, que constituye su fuerza. Se pone en nuestras manos. Pide nuestro amor. Nos invita a hacernos peque&ntilde;os, a bajar de nuestros altos tronos y aprender a ser ni&ntilde;os ante Dios. Nos ofrece el T&uacute;. Nos pide que nos fiemos de &eacute;l y que as&iacute; aprendamos a vivir en la verdad y en el amor. <\/p>\n<p>Naturalmente, el ni&ntilde;o Jes&uacute;s nos recuerda tambi&eacute;n a todos los ni&ntilde;os del mundo, en los cuales quiere salir a nuestro encuentro:&nbsp; los ni&ntilde;os que viven en la pobreza; los que son explotados como soldados; los que no han podido experimentar nunca el amor de sus padres; los ni&ntilde;os enfermos y los que sufren, pero tambi&eacute;n los alegres y sanos. Europa se ha empobrecido de ni&ntilde;os:&nbsp;lo queremos todo para nosotros mismos, y tal vez no confiamos demasiado en el futuro. Pero la tierra carecer&aacute; de futuro si se apagan las fuerzas del coraz&oacute;n humano y de la raz&oacute;n iluminada por el coraz&oacute;n, si el rostro de Dios deja de brillar sobre la tierra. Donde est&aacute; Dios, hay futuro. <\/p>\n<p>&quot;Mirar a Cristo&quot;:&nbsp; volvamos a dirigir brevemente la mirada al Crucifijo situado sobre el altar mayor. Dios no ha redimido al mundo con la espada, sino con la cruz. Al morir, Jes&uacute;s extiende los brazos. Este es ante todo el gesto de la Pasi&oacute;n:&nbsp; se deja clavar por nosotros, para darnos su vida. Pero los brazos extendidos son al mismo tiempo la actitud del orante, una postura que el sacerdote asume cuando, en la oraci&oacute;n, extiende los brazos:&nbsp; Jes&uacute;s transform&oacute; la pasi&oacute;n, su sufrimiento y su muerte, en oraci&oacute;n, en un acto de amor a Dios y a los hombres. Por eso, los brazos extendidos de Cristo crucificado son tambi&eacute;n un gesto de abrazo, con el que nos atrae hacia s&iacute;, con el que quiere estrecharnos entre sus brazos con amor. De este modo, es imagen del Dios vivo, es Dios mismo, y podemos ponernos en sus manos. <\/p>\n<p>&quot;Mirar a Cristo&quot;. Si lo hacemos, nos damos cuenta de que el cristianismo es algo m&aacute;s, algo distinto de un sistema moral, una serie de preceptos y leyes. Es el don de una amistad que perdura en la vida y en la muerte:&nbsp; &quot;Ya no os llamo siervos, sino amigos&quot; (<i>Jn<\/i> 15, 15) dice el Se&ntilde;or a los suyos. Nos fiamos de esta amistad. Pero, precisamente por el hecho de que el cristianismo es m&aacute;s que una moral, de que es el don de la amistad, implica una gran fuerza moral, que necesitamos tanto ante los desaf&iacute;os de nuestro tiempo. Si con Jesucristo y con su Iglesia volvemos a leer de manera siempre nueva el Dec&aacute;logo del Sina&iacute;, penetrando en sus profundidades, entonces se nos revela como una gran ense&ntilde;anza, siempre v&aacute;lida. <\/p>\n<p>El Dec&aacute;logo es ante todo un &quot;s&iacute;&quot; a Dios, a un Dios que nos ama y nos gu&iacute;a, que nos sostiene y que, sin embargo, nos deja nuestra libertad, m&aacute;s a&uacute;n, la transforma en verdadera libertad (los primeros tres mandamientos). Es un &quot;s&iacute;&quot; a la familia (cuarto mandamiento); un &quot;s&iacute;&quot; a la vida (quinto mandamiento); un &quot;s&iacute;&quot; a un amor responsable (sexto mandamiento); un &quot;s&iacute;&quot; a la solidaridad, a la responsabilidad social y a la justicia (s&eacute;ptimo mandamiento); un &quot;s&iacute;&quot; a la verdad (octavo mandamiento); y un &quot;s&iacute;&quot; al respeto del pr&oacute;jimo y a lo que le pertenece (noveno y d&eacute;cimo mandamientos). En virtud de la fuerza de nuestra amistad con el Dios vivo, vivimos este m&uacute;ltiple &quot;s&iacute;&quot; y, al mismo tiempo, lo llevamos como se&ntilde;al del camino en esta hora del mundo. <\/p>\n<p>&quot;Mu&eacute;stranos a Jes&uacute;s&quot;. Con esta petici&oacute;n a la Madre del Se&ntilde;or nos hemos puesto en camino hacia este lugar. Esta misma petici&oacute;n nos acompa&ntilde;ar&aacute; en nuestra vida cotidiana. Y sabemos que Mar&iacute;a escucha nuestra oraci&oacute;n:&nbsp; s&iacute;, en cualquier momento, cuando miramos a Mar&iacute;a, ella nos muestra a Jes&uacute;s. As&iacute; podemos encontrar el camino recto, seguirlo paso a paso, con la alegre confianza de que ese camino lleva a la luz, al gozo del Amor eterno. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p align=\"center\" style=\"text-align:center\"><b><i>Palabras de saludo del papa Benedicto XVI a los peregrinos de otros pa&iacute;ses, en Mariazell <\/i> <\/b><\/p>\n<p align=\"center\" style=\"text-align: left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\" style=\"text-align: left\"> <span style=\"font-size: 12.0pt; font-family: Times New Roman; font-style: italic\"> Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12.0pt; font-family: Times New Roman\">Antes del encuentro con los consejos parroquiales y antes de entregaros el Evangelio y los Hechos de los Ap&oacute;stoles, quiero repetir lo que ya se ha dicho en las intenciones de la oraci&oacute;n. Son muchas las personas que aqu&iacute;, en Austria, durante estos d&iacute;as est&aacute;n sufriendo a causa de las inundaciones y han sufrido da&ntilde;os. Quiero asegurar a todas estas personas mi oraci&oacute;n, mi compasi&oacute;n y mi dolor, y estoy seguro de que todos los que puedan, ser&aacute;n solidarios con ellos y les ayudar&aacute;n. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12.0pt; font-family: Times New Roman\">Asimismo, quiero recordar a los dos peregrinos que han muerto aqu&iacute;, hoy. Los he encomendado en mi oraci&oacute;n durante la santa misa. Podemos confiar en que la Madre de Dios los haya llevado directamente a la presencia de Dios, dado que hab&iacute;an venido en peregrinaci&oacute;n para encontrarse con Jes&uacute;s juntamente con ella. <\/span> <\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12.0pt; font-family: Times New Roman\">Queridos peregrinos h&uacute;ngaros, conozco vuestra tradicional devoci&oacute;n a la Virgen de Mariazell. Invoco su protecci&oacute;n sobre todos vosotros. &iexcl;Alabado sea Jesucristo! <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12.0pt; font-family: Times New Roman\">Queridos hermanos y hermanas que hab&eacute;is venido de Eslovenia, la Virgen Mar&iacute;a proteja siempre a vuestro pueblo y a vuestras familias. &iexcl;Alabado sea Jesucristo! <\/span> <\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12.0pt; font-family: Times New Roman\">Tambi&eacute;n os saludo cordialmente a vosotros, queridos peregrinos croatas. Que os acompa&ntilde;en la poderosa intercesi&oacute;n y el auxilio de la sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a, para que permanezc&aacute;is siempre fieles a Cristo y a su Iglesia. &iexcl;Alabados sean Jes&uacute;s y Mar&iacute;a! <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12.0pt; font-family: Times New Roman\">Saludo cordialmente a los peregrinos de la Rep&uacute;blica Checa. A todos os encomiendo a la protecci&oacute;n materna de la sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a. &iexcl;Alabado sea Jesucristo! <\/span> <\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12.0pt; font-family: Times New Roman\">Asimismo, dirijo un cordial saludo a los peregrinos eslovacos. Queridos amigos, que la <i> Mater Gentium Slavorum<\/i> os ayude a permanecer siempre fieles a Cristo y a la Iglesia. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12.0pt; font-family: Times New Roman\">Saludo a los polacos que han venido a Mariazell en una peregrinaci&oacute;n de fe y de uni&oacute;n. Por intercesi&oacute;n de Mar&iacute;a, pido a Dios la bendici&oacute;n para vosotros y para vuestras familias. <\/span><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2007 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI A AUSTRIA CON OCASI&Oacute;N DEL 850 ANIVERSARIO DE LA FUNDACI&Oacute;N DEL SANTUARIO DE MARIAZELL HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI DURANTE LA MISA CELEBRADA DELANTE EL SANTUARIO DE MARIAZELL S&aacute;bado 8 de septiembre de 2007 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; Con nuestra gran peregrinaci&oacute;n a Mariazell celebramos la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-septiembre-de-2007-santa-misa-con-ocasion-del-850-aniversario-de-la-fundacion-del-santuario-de-mariazell-austria-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab8 de septiembre de 2007: Santa Misa con ocasi\u00f3n del 850\u00b0 aniversario de la fundaci\u00f3n del Santuario de Mariazell (Austria)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40756","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40756","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40756"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40756\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40756"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40756"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40756"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}