{"id":40761,"date":"2016-10-06T14:56:20","date_gmt":"2016-10-06T19:56:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-junio-de-2007-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo\/"},"modified":"2016-10-06T14:56:20","modified_gmt":"2016-10-06T19:56:20","slug":"29-de-junio-de-2007-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-junio-de-2007-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo\/","title":{"rendered":"29 de junio de 2007: Solemnidad de San Pedro y San Pablo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA <br \/> EN LA SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> Viernes 29 de junio de 2007 <\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>El Papa salud&oacute; a la asamblea e introdujo la celebraci&oacute;n con estas palabras:<\/i><\/p>\n<p> Hermanos y hermanas amados por el Se&ntilde;or y amados en Cristo tambi&eacute;n por m&iacute;, Siervo de los siervos de Dios, hoy nos alegramos porque celebramos el martirio de los ap&oacute;stoles san Pedro y san Pablo, que edificaron la Iglesia de Roma, nuestra Iglesia:&nbsp; Pedro fue la roca puesta como fundamento de la Iglesia; Pablo, la voz dada al Evangelio en su carrera entre los gentiles. Est&aacute;n aqu&iacute; con nosotros, como signo de amor fraterno y de espera de la comuni&oacute;n visible, los enviados por el amado Patriarca de Constantinopla:&nbsp; renovemos una vez m&aacute;s nuestra voluntad de predisponer todo para que se pueda cumplir la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s por la unidad de los creyentes en &eacute;l. Nos alegramos de acoger aqu&iacute;, en la Sede de Pedro, a los arzobispos metropolitanos que recibir&aacute;n el palio, signo del suave yugo de Cristo, que ha querido que sean pastores de su grey, y signo del v&iacute;nculo de comuni&oacute;n con esta Sede apost&oacute;lica. Todos juntos, con fe y amor, celebramos nuestra comuni&oacute;n con los santos del cielo y con los creyentes en la tierra, y renovamos nuestra &nbsp;voluntad de conversi&oacute;n al &uacute;nico Se&ntilde;or<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; <\/i> <\/p>\n<p>Ayer por la tarde fui a la bas&iacute;lica de San Pablo extramuros, donde celebr&eacute; las primeras V&iacute;speras de esta solemnidad de San Pedro y San Pablo. Junto al sepulcro del Ap&oacute;stol de los gentiles rend&iacute; homenaje a su memoria y anunci&eacute; el A&ntilde;o paulino que, con ocasi&oacute;n del bimilenario de su nacimiento, se celebrar&aacute; del 28 de junio de 2008 al 29 de junio de 2009. <\/p>\n<p>Esta ma&ntilde;ana, seg&uacute;n la tradici&oacute;n, nos encontramos, en cambio, ante el sepulcro de san Pedro. Est&aacute;n presentes, para recibir el palio, los arzobispos metropolitanos nombrados durante este &uacute;ltimo a&ntilde;o, a los que dirijo mi saludo especial. Est&aacute; presente tambi&eacute;n, enviada por el Patriarca ecum&eacute;nico de Constantinopla Bartolom&eacute; I, una eminente delegaci&oacute;n, a la que acojo con cordial gratitud, pensando en el 30 de noviembre del a&ntilde;o pasado, cuando me encontraba en Estambul-Constantinopla para la fiesta de San Andr&eacute;s. Saludo al metropolita greco-ortodoxo de Francia, Emmanuel; al metropolita de Sassima, Gennadios; y al di&aacute;cono Andreas. Sed bienvenidos, queridos hermanos. Cada a&ntilde;o la visita que nos hacemos rec&iacute;procamente es signo de que la b&uacute;squeda de la comuni&oacute;n plena est&aacute; siempre presente en la voluntad del Patriarca ecum&eacute;nico y del Obispo de Roma. <\/p>\n<p>La fiesta de hoy me brinda la oportunidad de volver a meditar una vez m&aacute;s en la confesi&oacute;n de san Pedro, momento decisivo del camino de los disc&iacute;pulos con Jes&uacute;s. Los evangelios sin&oacute;pticos la sit&uacute;an en las cercan&iacute;as de Cesarea de Filipo (cf. <i>Mt<\/i> 16, 13-20; <i>Mc<\/i> 8, 27-30; <i>Lc<\/i> 9, 18-22). San Juan, por su parte, nos conserva otra significativa confesi&oacute;n de san Pedro, despu&eacute;s del milagro de los panes y del discurso de Jes&uacute;s en la sinagoga de Cafarna&uacute;m (cf. <i> Jn<\/i> 6, 66-70). San Mateo, en el texto que se acaba de proclamar, recuerda que Jes&uacute;s atribuy&oacute; a Sim&oacute;n el sobrenombre de <i>Cefas<\/i>, &quot;Piedra&quot;. Jes&uacute;s afirma que quiere edificar &quot;sobre esta piedra&quot; su Iglesia y, desde esta perspectiva, confiere a san Pedro el poder de las llaves (cf. <i>Mt<\/i> 16, 17-19). De estos relatos se deduce claramente que la confesi&oacute;n de san Pedro es inseparable del encargo pastoral que se le encomend&oacute; con respecto al reba&ntilde;o de Cristo. <\/p>\n<p>Seg&uacute;n todos los evangelistas, la confesi&oacute;n de Sim&oacute;n sucedi&oacute; en un momento decisivo de la vida de Jes&uacute;s, cuando, despu&eacute;s de la predicaci&oacute;n en Galilea, se dirige decididamente a Jerusal&eacute;n para cumplir, con la muerte en la cruz y la resurrecci&oacute;n, su misi&oacute;n salv&iacute;fica. Los disc&iacute;pulos se ven implicados en esta decisi&oacute;n:&nbsp; Jes&uacute;s los invita a hacer una opci&oacute;n que los llevar&aacute; a distinguirse de la multitud, para convertirse en la comunidad de los creyentes en &eacute;l, en su &quot;familia&quot;, el inicio de la Iglesia. <\/p>\n<p>Hay dos modos de &quot;ver&quot; y de &quot;conocer&quot; a Jes&uacute;s:&nbsp; uno, el de la multitud, m&aacute;s superficial; el otro, el de los disc&iacute;pulos, m&aacute;s penetrante y aut&eacute;ntico. Con la doble pregunta:&nbsp; &quot;&iquest;Qu&eacute; dice la gente?&quot;, &quot;&iquest;qu&eacute; dec&iacute;s vosotros de m&iacute;?, Jes&uacute;s invita a los disc&iacute;pulos a tomar conciencia de esta perspectiva diversa. La gente piensa que Jes&uacute;s es un profeta. Esto no es falso, pero no basta; es inadecuado. En efecto, hay que ir hasta el fondo; es preciso reconocer la singularidad de la persona de Jes&uacute;s de Nazaret, su novedad. <\/p>\n<p>Tambi&eacute;n hoy sucede lo mismo:&nbsp;muchos se acercan a Jes&uacute;s, por decirlo as&iacute;, desde fuera. Grandes estudiosos reconocen su talla espiritual y moral y su influjo en la historia de la humanidad, compar&aacute;ndolo a Buda, Confucio, S&oacute;crates y a otros sabios y grandes personajes de la historia. Pero no llegan a reconocerlo en su unicidad. Viene a la memoria lo que Jes&uacute;s dijo a Felipe durante la &uacute;ltima Cena:&nbsp; &quot;&iquest;Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? (<i>Jn<\/i> 14, 9). <\/p>\n<p>A menudo Jes&uacute;s es considerado tambi&eacute;n como uno de los grandes fundadores de religiones, de los que cada uno puede tomar algo para formarse una convicci&oacute;n propia. Por tanto, como entonces, tambi&eacute;n hoy la &quot;gente&quot; tiene opiniones diversas sobre Jes&uacute;s. Y como entonces, tambi&eacute;n a nosotros, disc&iacute;pulos de hoy, Jes&uacute;s nos repite su pregunta:&nbsp; &quot;Y vosotros &iquest;qui&eacute;n dec&iacute;s que soy yo?&quot;. Queremos hacer nuestra la respuesta de san Pedro. Seg&uacute;n el evangelio de san Marcos, dijo:&nbsp; &quot;T&uacute; eres el Cristo&quot; (<i>Mc<\/i> 8, 29); en san Lucas, la afirmaci&oacute;n es:&nbsp; &quot;El Cristo de Dios&quot; (<i>Lc<\/i> 9, 20); en san Mateo:&nbsp; &quot;T&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo&quot; (<i>Mt<\/i> 16, 16); por &uacute;ltimo, en san Juan:&nbsp; &quot;T&uacute; eres el Santo de Dios&quot; (<i>Jn<\/i> 6, 69). Todas esas respuestas son exactas y valen tambi&eacute;n para nosotros. <\/p>\n<p>Consideremos, en particular, el texto de san Mateo, recogido en la liturgia de hoy. Seg&uacute;n algunos estudiosos, la f&oacute;rmula que aparece en &eacute;l presupone el contexto post-pascual e incluso estar&iacute;a vinculada a una aparici&oacute;n personal de Jes&uacute;s resucitado a san Pedro; una aparici&oacute;n an&aacute;loga a la que tuvo san Pablo en el camino de Damasco. <\/p>\n<p>En realidad, el encargo conferido por el Se&ntilde;or a san Pedro est&aacute; arraigado en la relaci&oacute;n personal que el Jes&uacute;s hist&oacute;rico tuvo con el pescador Sim&oacute;n, desde el primer encuentro con &eacute;l, cuando le dijo:&nbsp; &quot;T&uacute; eres Sim&oacute;n, (&#8230;) te llamar&aacute;s Cefas (que quiere decir Piedra)&quot; (<i>Jn<\/i> 1, 42). Lo subraya el evangelista san Juan, tambi&eacute;n &eacute;l pescador y socio, con su hermano Santiago, de los dos hermanos Sim&oacute;n y Andr&eacute;s. El Jes&uacute;s que despu&eacute;s de la resurrecci&oacute;n llam&oacute; a Saulo es el mismo que \u2014a&uacute;n inmerso en la historia\u2014 se acerc&oacute;, despu&eacute;s del bautismo en el Jord&aacute;n, a los cuatro hermanos pescadores, entonces disc&iacute;pulos del Bautista (cf. <i>Jn<\/i> 1, 35-42). Fue a buscarlos a la orilla del lago de Galilea y los invit&oacute; a seguirlo para ser &quot;pescadores de hombres&quot; (cf. <i>Mc<\/i> 1, 16-20). <\/p>\n<p>Adem&aacute;s, a Pedro le encomend&oacute; una tarea particular, reconociendo as&iacute; en &eacute;l un don especial de fe concedido por el Padre celestial. Evidentemente, todo esto fue iluminado despu&eacute;s por la experiencia pascual, pero permaneci&oacute; siempre firmemente anclado en los acontecimientos hist&oacute;ricos precedentes a la Pascua. El paralelismo entre san Pedro y san Pablo no puede disminuir el alcance del camino hist&oacute;rico de Sim&oacute;n con su Maestro y Se&ntilde;or, que desde el inicio le atribuy&oacute; la caracter&iacute;stica de &quot;roca&quot; sobre la que edificar&iacute;a su nueva comunidad, la Iglesia. <\/p>\n<p>En los evangelios sin&oacute;pticos, a la confesi&oacute;n de san Pedro sigue siempre el anuncio por parte de Jes&uacute;s de su pr&oacute;xima pasi&oacute;n. Un anuncio ante el cual Pedro reacciona, porque a&uacute;n no logra comprender. Sin embargo, se trata de un elemento fundamental; por eso Jes&uacute;s insiste con fuerza. En efecto, los t&iacute;tulos que le atribuye san Pedro \u2014t&uacute; eres &quot;el Cristo&quot;, &quot;el Cristo de Dios&quot;, &quot;el Hijo de Dios vivo&quot;\u2014 s&oacute;lo se comprenden aut&eacute;nticamente a la luz del misterio de su muerte y resurrecci&oacute;n. Y es verdad tambi&eacute;n lo contrario:&nbsp; el acontecimiento de la cruz s&oacute;lo revela su sentido pleno si &quot;este hombre&quot;, que sufri&oacute; y muri&oacute; en la cruz, &quot;era verdaderamente Hijo de Dios&quot;, por usar las palabras pronunciadas por el centuri&oacute;n ante el Crucificado (cf. <i>Mc<\/i> 15, 39). <\/p>\n<p>Estos textos dicen claramente que la integridad de la fe cristiana se da en la confesi&oacute;n de san Pedro, iluminada por la ense&ntilde;anza de Jes&uacute;s sobre su &quot;camino&quot; hacia la gloria, es decir, sobre su modo absolutamente singular de ser el Mes&iacute;as y el Hijo de Dios. Un &quot;camino&quot; estrecho, un &quot;modo&quot; escandaloso para los disc&iacute;pulos de todos los tiempos, que inevitablemente se inclinan a pensar seg&uacute;n los hombres y no seg&uacute;n Dios (cf. <i>Mt<\/i> 16, 23). Tambi&eacute;n hoy, como en tiempos de Jes&uacute;s, no basta poseer la correcta confesi&oacute;n de fe:&nbsp; es necesario aprender siempre de nuevo del Se&ntilde;or el modo propio como &eacute;l es el Salvador y el camino por el que debemos seguirlo. <\/p>\n<p>En efecto, debemos reconocer que, tambi&eacute;n para el creyente, la cruz es siempre dif&iacute;cil de aceptar. El instinto impulsa a evitarla, y el tentador induce a pensar que es m&aacute;s sabio tratar de salvarse a s&iacute; mismos, m&aacute;s bien que perder la propia vida por fidelidad al amor, por fidelidad al Hijo de Dios que se hizo hombre. <\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; era dif&iacute;cil de aceptar para la gente a la que Jes&uacute;s hablaba? &iquest;Qu&eacute; sigue si&eacute;ndolo tambi&eacute;n para mucha gente hoy en d&iacute;a? Es dif&iacute;cil de aceptar el hecho de que pretende ser no s&oacute;lo uno de los profetas, sino el Hijo de Dios, y reivindica la autoridad misma de Dios. Escuch&aacute;ndolo predicar, vi&eacute;ndolo sanar a los enfermos, evangelizar a los peque&ntilde;os y a los pobres, y reconciliar a los pecadores, los disc&iacute;pulos llegaron poco a poco a comprender que era el Mes&iacute;as en el sentido m&aacute;s alto del t&eacute;rmino, es decir, no s&oacute;lo un hombre enviado por Dios, sino Dios mismo hecho hombre. <\/p>\n<p>Claramente, todo esto era m&aacute;s grande que ellos, superaba su capacidad de comprender. Pod&iacute;an expresar su fe con los t&iacute;tulos de la tradici&oacute;n jud&iacute;a:&nbsp; &quot;Cristo&quot;, &quot;Hijo de Dios&quot;, &quot;Se&ntilde;or&quot;. Pero para aceptar verdaderamente la realidad, en cierto modo deb&iacute;an redescubrir esos t&iacute;tulos en su verdad m&aacute;s profunda:&nbsp; Jes&uacute;s mismo con su vida nos revel&oacute; su sentido pleno, siempre sorprendente, incluso parad&oacute;jico con respecto a las concepciones corrientes. Y la fe de los disc&iacute;pulos debi&oacute; adecuarse progresivamente. Esta fe se nos presenta como una peregrinaci&oacute;n que tiene su origen en la experiencia del Jes&uacute;s hist&oacute;rico y encuentra su fundamento en el misterio pascual, pero despu&eacute;s debe seguir avanzando gracias a la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo. Esta ha sido tambi&eacute;n la fe de la Iglesia a lo largo de la historia; y esta es tambi&eacute;n nuestra fe, la fe de los cristianos de hoy. S&oacute;lidamente fundada en la &quot;roca&quot; de Pedro, es una peregrinaci&oacute;n hacia la plenitud de &nbsp;la &nbsp;verdad &nbsp;que el pescador de Galilea profes&oacute; con convicci&oacute;n apasionada:&nbsp; &quot;T&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo&quot; (<i>Mt<\/i> 16, 16). <\/p>\n<p>En la profesi&oacute;n de fe de Pedro, queridos hermanos y hermanas, podemos sentir que todos somos uno, a pesar de las divisiones que a lo largo de los siglos han lacerado la unidad de la Iglesia, con consecuencias que perduran todav&iacute;a. En nombre de san Pedro y san Pablo renovemos hoy, junto con nuestros hermanos venidos de Constantinopla \u2014a los que &nbsp;agradezco una vez m&aacute;s su presencia en nuestra celebraci&oacute;n\u2014, el compromiso de acoger a fondo el deseo de Cristo, que quiere que estemos plenamente unidos. <\/p>\n<p>Con los arzobispos concelebrantes acojamos el don y la responsabilidad de la comuni&oacute;n entre la Sede de Pedro y las Iglesias metropolitanas encomendadas a su solicitud pastoral. <\/p>\n<p>Que nos gu&iacute;e y acompa&ntilde;e siempre con su intercesi&oacute;n la sant&iacute;sima Madre de Dios:&nbsp; su fe indefectible, que sostuvo la fe de Pedro y de los dem&aacute;s Ap&oacute;stoles, siga sosteniendo la de las generaciones cristianas, nuestra misma fe:&nbsp; <i>Reina de los Ap&oacute;stoles, ruega por nosotros<\/i>. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2007 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp; <font color=\"#663300\">&nbsp;&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN LA SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana Viernes 29 de junio de 2007 &nbsp; El Papa salud&oacute; a la asamblea e introdujo la celebraci&oacute;n con estas palabras: Hermanos y hermanas amados por el Se&ntilde;or y amados en Cristo tambi&eacute;n por m&iacute;, Siervo de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-junio-de-2007-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab29 de junio de 2007: Solemnidad de San Pedro y San Pablo\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40761","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40761","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40761"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40761\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40761"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40761"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40761"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}