{"id":40764,"date":"2016-10-06T14:56:23","date_gmt":"2016-10-06T19:56:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-junio-de-2007-primeras-visperas-de-la-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo-2\/"},"modified":"2016-10-06T14:56:23","modified_gmt":"2016-10-06T19:56:23","slug":"28-de-junio-de-2007-primeras-visperas-de-la-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-junio-de-2007-primeras-visperas-de-la-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo-2\/","title":{"rendered":"28 de junio de 2007: Primeras V\u00edsperas de la solemnidad de San Pedro y San Pablo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N DE LAS PRIMERAS V&Iacute;SPERAS<br \/> DE LA SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica papal de San Pablo extramuros<br \/> Jueves 28 de junio de 2007<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Se&ntilde;ores cardenales; <br \/> venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; <br \/> queridos hermanos y hermanas:&nbsp; <\/i> <\/p>\n<p>En estas primeras V&iacute;speras de la solemnidad de San Pedro y San Pablo recordamos con gratitud a estos dos Ap&oacute;stoles, cuya sangre, junto con la de tantos otros testigos del Evangelio, ha fecundado la Iglesia de Roma. En su recuerdo, me alegra saludaros a todos vosotros, queridos hermanos y hermanas:&nbsp; al se&ntilde;or cardenal arcipreste y a los dem&aacute;s cardenales y obispos presentes, al padre abad y a la comunidad benedictina a la que est&aacute; encomendada esta bas&iacute;lica, a los eclesi&aacute;sticos, a las religiosas, a los religiosos y a los fieles laicos aqu&iacute; reunidos. <\/p>\n<p>Dirijo un saludo particular a la delegaci&oacute;n del Patriarcado ecum&eacute;nico de Constantinopla, que devuelve la visita de la delegaci&oacute;n de la Santa Sede a Estambul, con ocasi&oacute;n de la fiesta de San Andr&eacute;s. Como dije hace unos d&iacute;as, estos encuentros e iniciativas no constituyen s&oacute;lo un intercambio de cortes&iacute;a entre Iglesias, sino que quieren expresar el compromiso com&uacute;n de hacer todo lo posible para apresurar el tiempo de la plena comuni&oacute;n entre el Oriente y el Occidente cristianos. <\/p>\n<p>Con estos sentimientos, saludo con deferencia a los metropolitas Emmanuel y Gennadios, enviados por el querido hermano Bartolom&eacute; I, al que dirijo un saludo agradecido y cordial. Esta bas&iacute;lica, donde han tenido lugar acontecimientos de profundo significado ecum&eacute;nico, nos recuerda cu&aacute;n importante es orar juntos para implorar el don de la unidad, la unidad por la que san Pedro y san Pablo entregaron su vida hasta el supremo sacrificio de su sangre. <\/p>\n<p>Una antiqu&iacute;sima tradici&oacute;n, que se remonta a los tiempos apost&oacute;licos, narra que precisamente a poca distancia de este lugar tuvo lugar su &uacute;ltimo encuentro antes del martirio:&nbsp; los dos se habr&iacute;an abrazado, bendici&eacute;ndose rec&iacute;procamente. Y en el portal mayor de esta bas&iacute;lica est&aacute;n representados juntos, con las escenas del martirio de ambos. Por tanto, desde el inicio, la tradici&oacute;n cristiana ha considerado a san Pedro y san Pablo inseparables uno del otro, aunque cada uno tuvo una misi&oacute;n diversa que cumplir:&nbsp; san Pedro fue el primero en confesar la fe en Cristo; san Pablo obtuvo el don de poder profundizar su riqueza. San Pedro fund&oacute; la primera comunidad de cristianos provenientes del pueblo elegido; san Pablo se convirti&oacute; en el ap&oacute;stol de los gentiles. Con carismas diversos trabajaron por una &uacute;nica causa:&nbsp; la construcci&oacute;n de la Iglesia de Cristo. <\/p>\n<p>En el Oficio divino, la liturgia ofrece a nuestra meditaci&oacute;n este conocido texto &nbsp;de san Agust&iacute;n:&nbsp; &quot;En un solo d&iacute;a se celebra la fiesta de dos ap&oacute;stoles. Pero tambi&eacute;n ellos eran uno. Aunque fueron martirizados en d&iacute;as diversos, eran uno. San Pedro fue el primero; lo sigui&oacute; san Pablo. (&#8230;) Por &nbsp;eso, &nbsp;celebramos este d&iacute;a &nbsp;de &nbsp;fiesta, &nbsp;consagrado para nosotros por la sangre de los Ap&oacute;stoles&quot; (<i>Disc.<\/i> 295, 7. 8). Y san Le&oacute;n Magno comenta:&nbsp; &quot;Con respecto a sus m&eacute;ritos y sus virtudes, mayores de lo que se pueda decir, nada debemos pensar que los oponga, nada que los divida, porque la elecci&oacute;n los hizo similares, la prueba semejantes y la muerte iguales&quot; (<i>In natali apostol.<\/i>, 69, 6-7). <\/p>\n<p>En Roma, desde los primeros siglos, el v&iacute;nculo que une a san Pedro y san Pablo en la misi&oacute;n asumi&oacute; un significado muy espec&iacute;fico. Como la m&iacute;tica pareja de hermanos R&oacute;mulo y Remo, a los que se remontaba el nacimiento de Roma, as&iacute; san Pedro y san Pablo fueron considerados los fundadores de la Iglesia de Roma. A este prop&oacute;sito, dirigi&eacute;ndose a la ciudad, san Le&oacute;n Magno dice:&nbsp; &quot;Estos son tus santos padres, tus verdaderos pastores, que para hacerte digna del reino de los cielos, edificaron mucho mejor y m&aacute;s felizmente que los que pusieron los primeros cimientos de tus murallas&quot; (<i>Homil&iacute;as<\/i> 82, 7). <\/p>\n<p>Por tanto, aunque humanamente eran diversos, y aunque la relaci&oacute;n entre ellos no estuviera exenta de tensiones, san Pedro y san Pablo aparecen como los iniciadores de una nueva ciudad, como concreci&oacute;n de un modo nuevo y aut&eacute;ntico de ser hermanos, hecho posible por el Evangelio de Jesucristo. Por eso, se podr&iacute;a decir que hoy la Iglesia de Roma celebra el d&iacute;a de su nacimiento, ya que los dos Ap&oacute;stoles pusieron sus cimientos. Y, adem&aacute;s, Roma comprende hoy con mayor claridad cu&aacute;l es su misi&oacute;n y su grandeza. San Juan Cris&oacute;stomo &nbsp;escribe:&nbsp; &quot;El &nbsp;cielo no es tan espl&eacute;ndido &nbsp;cuando &nbsp;el sol difunde sus rayos como &nbsp;la &nbsp;ciudad de Roma, que irradia el esplendor de aquellas antorchas ardientes &nbsp;(san Pedro y san Pablo) por todo el mundo&#8230; Este es el motivo por el que amamos a esta ciudad&#8230; por estas dos columnas de la Iglesia&quot; (<i>Comm. a Rm<\/i> 32). <\/p>\n<p>Al ap&oacute;stol san Pedro lo recordaremos particularmente ma&ntilde;ana, celebrando el divino sacrificio en la bas&iacute;lica vaticana, edificada en el lugar donde sufri&oacute; el martirio. Esta tarde nuestra mirada se dirige a san Pablo, cuyas reliquias se custodian con gran veneraci&oacute;n en esta bas&iacute;lica. Al inicio de la <i>carta a los Romanos<\/i>, como acabamos de escuchar, saluda a la comunidad de Roma present&aacute;ndose como &quot;siervo de Cristo Jes&uacute;s, ap&oacute;stol por vocaci&oacute;n&quot; (<i>Rm<\/i> 1, 1). Utiliza el t&eacute;rmino siervo, en griego <i>doulos<\/i>, que indica una relaci&oacute;n de pertenencia total e incondicional a Jes&uacute;s, el Se&ntilde;or, y que traduce el hebreo <i>&#8216;ebed, <\/i>aludiendo as&iacute; a los grandes siervos que Dios eligi&oacute; y llam&oacute; para una misi&oacute;n importante y espec&iacute;fica. <\/p>\n<p>San Pablo tiene conciencia de que es &quot;ap&oacute;stol por vocaci&oacute;n&quot;, es decir, no por auto-candidatura ni por encargo humano, sino solamente por llamada y elecci&oacute;n divina. En su epistolario, el Ap&oacute;stol de los gentiles repite muchas veces que todo en su vida es fruto de la iniciativa gratuita y misericordiosa de Dios (cf. <i>1 Co<\/i> 15, 9-10; <i>2 Co<\/i> 4, 1; <i>Ga<\/i> 1, 15). Fue escogido &quot;para anunciar el Evangelio de Dios&quot; (<i>Rm<\/i> 1, 1), para propagar el anuncio de la gracia divina que reconcilia en Cristo al hombre con Dios, consigo mismo y con los dem&aacute;s. <\/p>\n<p>Por sus cartas sabemos que san Pablo no sab&iacute;a hablar muy bien; m&aacute;s a&uacute;n, compart&iacute;a con Mois&eacute;s y Jerem&iacute;as la falta de talento oratorio. &quot;Su presencia f&iacute;sica es pobre y su palabra despreciable&quot; (<i>2 Co<\/i> 10, 10), dec&iacute;an de &eacute;l sus adversarios. Por tanto, los extraordinarios resultados apost&oacute;licos que pudo conseguir no se deben atribuir a una brillante ret&oacute;rica o a refinadas estrategias apolog&eacute;ticas y misioneras. El &eacute;xito de su apostolado depende, sobre todo, de su compromiso personal al anunciar el Evangelio con total entrega a Cristo; entrega que no tem&iacute;a peligros, dificultades ni persecuciones:&nbsp; &quot;Ni la muerte ni la vida \u2014escribi&oacute; a los Romanos\u2014 ni los &aacute;ngeles ni los principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podr&aacute; separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jes&uacute;s Se&ntilde;or nuestro&quot; (<i>Rm<\/i> 8, 38-39). <\/p>\n<p>De aqu&iacute; podemos sacar una lecci&oacute;n muy importante para todos los cristianos. La acci&oacute;n de la Iglesia s&oacute;lo es cre&iacute;ble y eficaz en la medida en que quienes forman parte de ella est&aacute;n dispuestos a pagar personalmente su fidelidad a Cristo, en cualquier circunstancia. Donde falta esta disponibilidad, falta el argumento decisivo de la verdad, del que la Iglesia misma depende. <\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, como en los inicios, tambi&eacute;n hoy Cristo necesita ap&oacute;stoles dispuestos a sacrificarse. Necesita testigos y m&aacute;rtires como san Pablo:&nbsp; un tiempo perseguidor violento de los cristianos, cuando en el camino de Damasco cay&oacute; en tierra, cegado por la luz divina, se pas&oacute; sin vacilaciones al Crucificado y lo sigui&oacute; sin volverse atr&aacute;s. Vivi&oacute; y trabaj&oacute; por Cristo; por &eacute;l sufri&oacute; y muri&oacute;. &iexcl;Qu&eacute; actual es su ejemplo! <\/p>\n<p>Precisamente por eso, me alegra anunciar oficialmente que al ap&oacute;stol san Pablo dedicaremos un a&ntilde;o jubilar especial, del 28 de junio de 2008 al 29 de junio de 2009, con ocasi&oacute;n del bimilenario de su nacimiento, que los historiadores sit&uacute;an entre los a&ntilde;os 7 y 10 d.C. Este &quot;A&ntilde;o paulino&quot; podr&aacute; celebrarse de modo privilegiado en Roma, donde desde hace veinte siglos se conserva bajo el altar papal de esta bas&iacute;lica el sarc&oacute;fago que, seg&uacute;n el parecer concorde de los expertos y seg&uacute;n una incontrovertible tradici&oacute;n, conserva los restos del ap&oacute;stol san Pablo. <\/p>\n<p>Por consiguiente, en la bas&iacute;lica papal y en la hom&oacute;nima abad&iacute;a benedictina contigua podr&aacute;n tener lugar una serie de acontecimientos lit&uacute;rgicos, culturales y ecum&eacute;nicos, as&iacute; como varias iniciativas pastorales y sociales, todas inspiradas en la espiritualidad paulina. Adem&aacute;s, se podr&aacute; dedicar atenci&oacute;n especial a las peregrinaciones que, desde varias partes, quieran acudir de forma penitencial a la tumba del Ap&oacute;stol para encontrar beneficio espiritual. <\/p>\n<p>Asimismo, se promover&aacute;n congresos de estudio y publicaciones especiales sobre textos paulinos, para dar a conocer cada vez mejor la inmensa riqueza de la ense&ntilde;anza contenida en ellos, verdadero patrimonio de la humanidad redimida por Cristo. Adem&aacute;s, en todas las partes del mundo se podr&aacute;n realizar iniciativas an&aacute;logas en las di&oacute;cesis, en los santuarios y en los lugares de culto, por obra de instituciones religiosas, de estudio o de ayuda que llevan el nombre de san Pablo o que se inspiran en su figura y en su ense&ntilde;anza. <\/p>\n<p>Por &uacute;ltimo, durante la celebraci&oacute;n de los diversos momentos del bimilenario paulino, se deber&aacute; cuidar con singular atenci&oacute;n otro aspecto particular:&nbsp; me refiero a la dimensi&oacute;n ecum&eacute;nica. El Ap&oacute;stol de los gentiles, que se dedic&oacute; particularmente a llevar la buena nueva a todos los pueblos, se comprometi&oacute; con todas sus fuerzas por la unidad y la concordia de todos los cristianos. Que &eacute;l nos gu&iacute;e y nos proteja en esta celebraci&oacute;n bimilenaria, ayud&aacute;ndonos a progresar en la b&uacute;squeda humilde y sincera de la plena unidad de todos los miembros del Cuerpo m&iacute;stico de Cristo. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2007 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\">&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DE LAS PRIMERAS V&Iacute;SPERAS DE LA SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica papal de San Pablo extramuros Jueves 28 de junio de 2007 &nbsp; Se&ntilde;ores cardenales; venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; queridos hermanos y hermanas:&nbsp; En estas primeras V&iacute;speras de la solemnidad &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-junio-de-2007-primeras-visperas-de-la-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab28 de junio de 2007: Primeras V\u00edsperas de la solemnidad de San Pedro y San Pablo\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40764","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40764","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40764"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40764\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40764"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40764"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40764"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}