{"id":40765,"date":"2016-10-06T14:56:23","date_gmt":"2016-10-06T19:56:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-junio-de-2007-exequias-del-card-angelo-felici\/"},"modified":"2016-10-06T14:56:23","modified_gmt":"2016-10-06T19:56:23","slug":"19-de-junio-de-2007-exequias-del-card-angelo-felici","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-junio-de-2007-exequias-del-card-angelo-felici\/","title":{"rendered":"19 de junio de 2007: Exequias del Card. Angelo Felici"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\" size=\"4\"><i>HOMIL&Iacute;A DEL PAPA BENEDICTO XVI <br \/> EN LA MISA DE EXEQUIAS DEL CARDENAL ANGELO FELICI<\/i><\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Martes 19 de junio de 2007<\/font> <\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p>En el evangelio acabamos de escuchar estas palabras de Cristo:&nbsp; &quot;El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitar&eacute; en el &uacute;ltimo d&iacute;a&quot; (<i>Jn<\/i> 6, 54). Estas palabras iluminan nuestra fe y sostienen nuestra esperanza en el momento triste y solemne que estamos viviendo, mientras, reunidos en torno al altar, nos disponemos a despedir con sentimientos de afecto y viva gratitud a nuestro venerado hermano el cardenal Angelo Felici. <\/p>\n<p>Con &eacute;l y por &eacute;l queremos confesar, con particular intensidad, nuestra convicci&oacute;n de que en la Eucarist&iacute;a participamos misteriosamente en la muerte y resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or, creyendo firmemente que Dios ha preparado para sus siervos buenos y fieles el premio de la vida que no tendr&aacute; fin. <\/p>\n<p>Esta es la fe que gui&oacute; la larga y fecunda existencia sacerdotal del cardenal Felici. Con esta fe celebr&oacute; el divino sacrificio, buscando en la Eucarist&iacute;a la referencia constante de su itinerario espiritual; con esta fe encontr&oacute; en la Eucarist&iacute;a la fuerza para desempe&ntilde;ar su celoso trabajo en la vi&ntilde;a del Se&ntilde;or. <\/p>\n<p>Esperamos que ahora el Padre lo haya acogido en su casa para participar en el banquete del cielo. Congregados en torno al altar, oremos para que este hermano nuestro en el sacerdocio vea cara a cara a Jesucristo, su Se&ntilde;or (cf. <i>1 Co<\/i> 13, 12), a quien en la tierra se esforz&oacute; por servir con amor. <\/p>\n<p>En este momento resuena en nuestra alma &nbsp;con singular eco la exhortaci&oacute;n del ap&oacute;stol san Juan:&nbsp; &quot;En esto hemos conocido &nbsp;el &nbsp;amor:&nbsp; &nbsp;en &nbsp;que &nbsp;&eacute;l dio su vida &nbsp;por nosotros. Tambi&eacute;n nosotros debemos dar la vida por los hermanos&quot; (<i>1 Jn<\/i> 3, 16). Podr&iacute;amos decir que estas palabras sintetizan de modo eficaz la raz&oacute;n profunda que orient&oacute; la vida y el ministerio eclesial del cardenal Felici.<\/p>\n<p>Originario de la antigua y noble ciudad de Segni, el adolescente Angelo Felici respondi&oacute; con prontitud a la llamada del Se&ntilde;or y fue acogido en el Pontificio Colegio Leoniano de Anagni, donde realiz&oacute; los estudios de filosof&iacute;a y teolog&iacute;a. Inmediatamente despu&eacute;s de recibir el subdiaconado, fue orientado a la Pontificia Academia Eclesi&aacute;stica y el 4 de abril de 1942, antes de cumplir veintitr&eacute;s a&ntilde;os, recibi&oacute; la ordenaci&oacute;n sacerdotal. <\/p>\n<p>Su formaci&oacute;n intelectual prosigui&oacute; entonces en el campo jur&iacute;dico:&nbsp; frecuent&oacute; los cursos <i>utriusque iuris<\/i> del Ateneo Lateranense y luego pas&oacute; a la Universidad Gregoriana, donde consigui&oacute; el doctorado en derecho can&oacute;nico. <\/p>\n<p>En la pr&aacute;ctica, su sacerdocio se dedic&oacute; completamente al servicio de la Sede apost&oacute;lica, colaborando estrechamente con el Sucesor de Pedro. El 1 de julio de 1945 entr&oacute; en la Secretar&iacute;a de Estado; logr&oacute; una notable experiencia en lo que ata&ntilde;e a las relaciones de la Santa Sede con los Estados, trabajando primero con el cardenal Tardini y luego con el cardenal Cicognani. Por esta competencia y por su demostrada fidelidad, el siervo de Dios Pablo VI lo nombr&oacute; subsecretario de la que se llamaba entonces Congregaci&oacute;n para los Asuntos eclesi&aacute;sticos extraordinarios. <\/p>\n<p>Durante ese mismo per&iacute;odo, adem&aacute;s del servicio a la Santa Sede, ense&ntilde;&oacute; estilo diplom&aacute;tico a los alumnos de la Pontificia Academia Eclesi&aacute;stica hasta que, en julio de 1967, fue nombrado arzobispo y enviado como pro-nuncio apost&oacute;lico a los Pa&iacute;ses Bajos, donde estuvo nueve a&ntilde;os. En el a&ntilde;o 1976 fue nombrado representante pontificio en Portugal. Despu&eacute;s de tres a&ntilde;os pas&oacute; a Par&iacute;s, donde acogi&oacute; tres veces al amado Papa Juan Pablo II con ocasi&oacute;n de sus peregrinaciones apost&oacute;licas a Francia. <\/p>\n<p>Llamado a Roma, en 1988, fue creado cardenal, del t&iacute;tulo de los santos Blas y Carlos en los Catinari, y fue nombrado prefecto de la Congregaci&oacute;n para las causas de los santos, servicio que el querido y venerado cardenal Felici llev&oacute; a cabo hasta 1995, ocupando seguidamente el cargo de presidente de la Pontificia Comisi&oacute;n &quot;Ecclesia Dei&quot; hasta el a&ntilde;o 2000. <\/p>\n<p>Me complace recordar aqu&iacute; que el siervo de Dios Juan Pablo II le escribi&oacute; con ocasi&oacute;n de su 50&deg; aniversario de sacerdocio y 25&deg; de episcopado, poniendo de relieve el escrupuloso sentido del deber que lo distingu&iacute;a y su sol&iacute;cita ejecuci&oacute;n de las directrices al afrontar los problemas y los asuntos p&uacute;blicos de la Iglesia universal. <\/p>\n<p>Todo su ministerio episcopal \u2014afirmaba el Papa\u2014 estuvo dedicado al bien de los fieles, a la misi&oacute;n ben&eacute;fica de los Romanos Pont&iacute;fices y de la Sede apost&oacute;lica. Ahora queremos dar gracias al Se&ntilde;or por la abundante cosecha de frutos apost&oacute;licos que, con la ayuda de la gracia divina, pudo recoger en los diversos &aacute;mbitos de su iluminada y valiosa actividad pastoral y diplom&aacute;tica. Pedimos al buen Pastor que, reconociendo la caridad con que el cardenal Felici actu&oacute; durante su larga vida terrena, lo admita a contemplar la luz radiante de su Rostro glorioso. <\/p>\n<p>As&iacute; pues, mientras nos disponemos a despedir a este venerado hermano nuestro, las palabras del libro de la Sabidur&iacute;a que se acaban de proclamar deben reavivar en nuestro coraz&oacute;n la luz de la confianza en el Dios de la vida:&nbsp; &quot;Las almas de los justos est&aacute;n en las manos de Dios&quot; (<i>Sb<\/i> 3, 1). S&iacute;, las almas de los amigos de Dios descansan en la paz de su coraz&oacute;n. Esta certeza, que hemos de alimentar siempre, nos debe servir de aviso constante para permanecer vigilantes en la oraci&oacute;n y para perseverar con humildad y fidelidad en el trabajo al servicio de la Iglesia. S&oacute;lo en Dios encuentra descanso el alma del justo; s&oacute;lo quien conf&iacute;a en &eacute;l no quedar&aacute; confundido para siempre. &quot;<i>In te, Domine, speravi, non confundar in aeternum<\/i>&quot;. <\/p>\n<p>Seguramente el cardenal Angelo Felici esper&oacute; la muerte y se prepar&oacute; para ella con este esp&iacute;ritu y con esta conciencia. Entre sus objetos personales se encontr&oacute; un conmovedor testimonio. Una imagencita, que representa a la <i>Mater Salvatoris<\/i>, venerada en la capilla del Pontificio Colegio Leoniano \u2014donde estudi&oacute; en su juventud\u2014, tiene en la parte posterior esta invocaci&oacute;n:&nbsp; &quot;En ti, Se&ntilde;or, espero, y en tu sant&iacute;sima Madre; que no quede confundido para siempre&quot;. <\/p>\n<p>&iexcl;Cu&aacute;ntas veces habr&aacute; repetido las palabras de esta oraci&oacute;n, escrita de su pu&ntilde;o y letra en previsi&oacute;n de su muerte! Podemos considerarlas como el testamento espiritual que nos deja:&nbsp; palabras que, mejor que cualquier otra consideraci&oacute;n, nos ayudan hoy a reflexionar y a orar. <\/p>\n<p>El cardenal Angelo Felici consagr&oacute; su vida y su muerte a la Madre del Salvador y precisamente a ella queremos entregar su alma. Que Mar&iacute;a, a quien este hermano nuestro am&oacute; e invoc&oacute; como Madre tierna y sol&iacute;cita, lo reciba ahora entre sus brazos como hijo amad&iacute;simo y lo acompa&ntilde;e al encuentro con Cristo, que &quot;con su victoria nos redime de la muerte y nos llama consigo a una vida nueva&quot; (cf. V Prefacio de difuntos). Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2007 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp; <font color=\"#663300\">&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL PAPA BENEDICTO XVI EN LA MISA DE EXEQUIAS DEL CARDENAL ANGELO FELICI Martes 19 de junio de 2007 &nbsp; En el evangelio acabamos de escuchar estas palabras de Cristo:&nbsp; &quot;El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitar&eacute; en el &uacute;ltimo d&iacute;a&quot; (Jn 6, 54). 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