{"id":40767,"date":"2016-10-06T14:56:25","date_gmt":"2016-10-06T19:56:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-junio-de-2007-celebracion-eucaristica-en-la-basilica-inferior-de-san-francisco\/"},"modified":"2016-10-06T14:56:25","modified_gmt":"2016-10-06T19:56:25","slug":"17-de-junio-de-2007-celebracion-eucaristica-en-la-basilica-inferior-de-san-francisco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-junio-de-2007-celebracion-eucaristica-en-la-basilica-inferior-de-san-francisco\/","title":{"rendered":"17 de junio de 2007: Celebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en la Bas\u00edlica Inferior de San Francisco"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL<br \/> DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI A AS&Iacute;S <br \/> CON OCASI&Oacute;N DEL VIII CENTENARIO <br \/> DE LA CONVERSI&Oacute;N DE SAN FRANCISCO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA<\/b> <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDCITO XVI<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\"> <\/font><\/i><\/b> <\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Plaza inferior de la Bas&iacute;lica de San Francisco<br \/> Domingo 17 de junio de 2007 <\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i>&nbsp; <\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; nos dice hoy el Se&ntilde;or, mientras celebramos la Eucarist&iacute;a en el sugestivo escenario de esta plaza, en la que convergen ocho siglos de santidad, de devoci&oacute;n, de arte y de cultura, vinculados al nombre de san Francisco de As&iacute;s? Hoy aqu&iacute;&nbsp;todo&nbsp;habla&nbsp;de conversi&oacute;n, como nos ha recordado mons. Domenico Sorrentino, a quien agradezco de coraz&oacute;n las amables palabras que me ha dirigido. <\/p>\n<p>Saludo tambi&eacute;n a toda la Iglesia de As&iacute;s-Nocera Umbra-Gualdo Tadino, as&iacute; como a los pastores de las Iglesias de Umbr&iacute;a. Saludo y expreso mi agradecimiento al cardenal Attilio Nicora, mi legado para las dos bas&iacute;licas papales de esta ciudad. Dirijo un saludo afectuoso a los hijos de san Francisco, aqu&iacute; presentes con sus ministros generales de las diversas &Oacute;rdenes. Saludo asimismo al presidente del Gobierno y a todas las autoridades civiles que han querido honrarnos con su presencia. <\/p>\n<p>Hablar de conversi&oacute;n significa penetrar &nbsp;en &nbsp;el n&uacute;cleo del mensaje cristiano y a la vez en las ra&iacute;ces de la existencia humana. La palabra de Dios que se acaba de proclamar nos ilumina, poni&eacute;ndonos &nbsp;ante &nbsp;los ojos <i>tres figuras de convertidos<\/i>. <\/p>\n<p>La primera es la de David. El pasaje que se refiere a &eacute;l, tomado del segundo libro de Samuel, nos presenta uno de los di&aacute;logos m&aacute;s dram&aacute;ticos del Antiguo Testamento. En el centro de este di&aacute;logo est&aacute; un veredicto tajante, con el que la palabra de Dios, proferida por el profeta Nat&aacute;n, pone al descubierto a un rey que hab&iacute;a alcanzado la cumbre de su &eacute;xito pol&iacute;tico, pero que hab&iacute;a ca&iacute;do tambi&eacute;n en lo m&aacute;s bajo de su vida moral. <\/p>\n<p>Para captar la tensi&oacute;n dram&aacute;tica de este di&aacute;logo, es preciso tener presente el horizonte hist&oacute;rico y teol&oacute;gico en el que se sit&uacute;a. Se trata de un horizonte marcado por la historia de amor con la que Dios elige a Israel como su pueblo, entablando con &eacute;l una alianza y preocup&aacute;ndose de asegurarle tierra y libertad. David es un eslab&oacute;n de esta historia de solicitud constante de Dios por su pueblo. Es elegido en un momento dif&iacute;cil y es puesto al lado del rey Sa&uacute;l, para convertirse en su sucesor. El plan de Dios ata&ntilde;e tambi&eacute;n a su descendencia, vinculada al proyecto mesi&aacute;nico, que tendr&aacute; en Cristo, &quot;hijo de David&quot;, su plena realizaci&oacute;n. <\/p>\n<p>De este modo, la figura de David es imagen de grandeza hist&oacute;rica y a la vez religiosa. Por eso, con esa grandeza contrasta mucho m&aacute;s la bajeza en la que cae cuando, cegado de pasi&oacute;n por Bersab&eacute;, se la arrebata a su esposo, uno de sus m&aacute;s fieles guerreros, y ordena fr&iacute;amente que sea asesinado. Es un acto estremecedor:&nbsp; &iquest;c&oacute;mo puede un elegido de Dios caer tan bajo? Realmente, el hombre es grandeza y miseria. Es grandeza, porque lleva en s&iacute; la imagen de Dios y es objeto de su amor; y es miseria, porque puede hacer mal uso de la libertad, su gran privilegio, acabando por volverse contra su Creador. <\/p>\n<p>El veredicto de Dios sobre David, pronunciado por Nat&aacute;n, ilumina las fibras &iacute;ntimas de la conciencia, donde no cuentan los ej&eacute;rcitos, el poder, la opini&oacute;n p&uacute;blica, sino donde estamos a solas con Dios. &quot;T&uacute; eres ese hombre&quot;. Estas palabras desvelan a David su culpabilidad. Profundamente afectado por estas palabras, el rey siente un arrepentimiento sincero y se abre al ofrecimiento de la misericordia. Es el camino de la conversi&oacute;n. <\/p>\n<p>Hoy es san Francisco quien nos invita a seguir este camino, como David. Por lo que narran sus bi&oacute;grafos, en sus a&ntilde;os juveniles nada permite pensar en ca&iacute;das tan graves como la del antiguo rey de Israel. Pero el mismo Francisco, en el <i> Testamento<\/i> redactado en los &uacute;ltimos meses de su vida, considera sus primeros veinticinco a&ntilde;os como un tiempo en que &quot;viv&iacute;a en los pecados&quot; (cf. <i>2 Test<\/i> 1:&nbsp; <i>FF<\/i> 110). M&aacute;s all&aacute; de las expresiones concretas, consideraba pecado concebir su vida y organizarla totalmente centrada en &eacute;l mismo, siguiendo vanos sue&ntilde;os de gloria terrena. Cuando era el &quot;rey de las fiestas&quot; entre los j&oacute;venes de As&iacute;s (cf. <i>2 Cel <\/i>I, 3, 7:&nbsp; <i>FF<\/i> 588), no le faltaba una natural generosidad de esp&iacute;ritu. Pero esa generosidad estaba muy lejos del amor cristiano que se entrega sin reservas a los dem&aacute;s. <\/p>\n<p>Como &eacute;l mismo recuerda, le resultaba <i>amargo <\/i>ver a los leprosos. El pecado le imped&iacute;a vencer la repugnancia f&iacute;sica para reconocer en ellos a hermanos que era preciso amar. La conversi&oacute;n lo llev&oacute; a practicar la misericordia y a la vez le alcanz&oacute; misericordia. Servir a los leprosos, llegando incluso a besarlos, no s&oacute;lo fue un gesto de filantrop&iacute;a, una conversi&oacute;n \u2014por decirlo as&iacute;\u2014 &quot;social&quot;, sino una aut&eacute;ntica experiencia religiosa, nacida de la iniciativa de la gracia y del amor de Dios:&nbsp; &quot;El Se&ntilde;or \u2014dice\u2014 me llev&oacute; hasta ellos&quot; (<i>2 Test<\/i> 2:&nbsp; <i> FF<\/i> 110). Fue entonces cuando la amargura se transform&oacute; en &quot;dulzura de alma y de cuerpo&quot; (<i>2 Test<\/i> 3:&nbsp; <i>FF<\/i> 110). <\/p>\n<p>S&iacute;, mis queridos hermanos y hermanas, convertirnos al amor es pasar de la amargura a la &quot;dulzura&quot;, de la tristeza a la alegr&iacute;a verdadera. El hombre es realmente &eacute;l mismo, y se realiza plenamente, en la medida en que vive con Dios y de Dios, reconoci&eacute;ndolo y am&aacute;ndolo en sus hermanos. <br \/> En el pasaje de la <i>carta a los G&aacute;latas<\/i> destaca otro aspecto del camino de conversi&oacute;n. Nos lo explica otro gran convertido, el ap&oacute;stol san Pablo. El contexto de sus palabras es el debate que surgi&oacute; en la comunidad primitiva:&nbsp; en ella muchos cristianos procedentes del juda&iacute;smo tend&iacute;an a unir la salvaci&oacute;n a la realizaci&oacute;n de las obras de la antigua Ley, desvirtuando as&iacute; la novedad de Cristo y la universalidad de su mensaje. <\/p>\n<p>San Pablo se sit&uacute;a como testigo y pregonero de la gracia. En el camino de Damasco, el rostro resplandeciente y la voz fuerte de Cristo lo hab&iacute;an arrancado de su celo violento de perseguidor y hab&iacute;an encendido en &eacute;l un nuevo celo por el Crucificado, que reconcilia en su cruz a los que est&aacute;n cerca y a los que est&aacute;n lejos (cf. <i>Ef<\/i> 2, 11-22). San Pablo hab&iacute;a comprendido que en Cristo toda la ley est&aacute; &nbsp;cumplida y que quien sigue a Cristo se une a &eacute;l y cumple la ley. Llevar a Cristo, y con Cristo al &uacute;nico Dios, a todas las naciones se hab&iacute;a convertido en su misi&oacute;n. En efecto, Cristo &quot;es nuestra paz:&nbsp; el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba&#8230;&quot; (<i>Ef<\/i> 2, 14)<\/p>\n<p>Su personal&iacute;sima confesi&oacute;n de amor expresa al mismo tiempo la esencia com&uacute;n de la vida cristiana:&nbsp; &quot;La vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me am&oacute; y se entreg&oacute; a s&iacute; mismo por m&iacute;&quot; (<i>Ga<\/i> 2, 20). Y &iquest;c&oacute;mo se puede responder a este amor sino abrazando a Cristo crucificado, hasta vivir de su misma vida? &quot;Estoy crucificado con Cristo y ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en m&iacute;&quot; (<i>Ga<\/i> 2, 19-20). <\/p>\n<p>Al decir que est&aacute; crucificado con Cristo, san Pablo no s&oacute;lo alude a su nuevo nacimiento en el bautismo, sino a toda su vida al servicio de Cristo. Este nexo con su vida apost&oacute;lica se pone claramente de manifiesto en las palabras conclusivas de su defensa de la libertad cristiana al final de la <i>carta a los G&aacute;latas<\/i>:&nbsp; &quot;En adelante nadie me moleste, pues llevo sobre mi cuerpo los estigmas de Jes&uacute;s&quot; (<i>Ga<\/i> 6, 17). <\/p>\n<p>Es la primera vez, en la historia del cristianismo, que aparecen las palabras &quot;estigmas de Jes&uacute;s&quot;. En la disputa sobre el modo correcto de ver y de vivir el Evangelio, al final, no deciden los argumentos de nuestro pensamiento; lo que decide es la realidad de la vida, la comuni&oacute;n vivida y sufrida con Jes&uacute;s, no s&oacute;lo en las ideas o en las palabras, sino hasta en lo m&aacute;s profundo de la existencia, implicando tambi&eacute;n el cuerpo, la carne. <\/p>\n<p>Los cardenales recibidos en una larga historia de pasi&oacute;n son el testimonio de la presencia de la cruz de Jes&uacute;s en el cuerpo de san Pablo, son sus estigmas. As&iacute; puede decir que no es la circuncisi&oacute;n la que lo salva:&nbsp; los estigmas son la consecuencia de su bautismo, la expresi&oacute;n de su morir con Jes&uacute;s d&iacute;a a d&iacute;a, la se&ntilde;al segura de ser una nueva criatura (cf. <i>Ga<\/i> 6, 15). <\/p>\n<p>Por lo dem&aacute;s, al utilizar la palabra &quot;estigmas&quot;, san Pablo alude a la costumbre antigua de grabar en la piel del esclavo el sello de su propietario. As&iacute; el esclavo era &quot;estigmatizado&quot; como propiedad de su amo y quedaba bajo su protecci&oacute;n. La se&ntilde;al de la cruz, grabada en largas pasiones en la piel de san Pablo, es su orgullo:&nbsp; lo legitima como verdadero esclavo de Jes&uacute;s, protegido por el amor del Se&ntilde;or. <\/p>\n<p>Queridos amigos, san Francisco de As&iacute;s nos repite hoy todas estas palabras de san Pablo con la fuerza de su testimonio. Desde que el rostro de los leprosos, amados por amor a Dios, le hizo intuir de alg&uacute;n modo el misterio de la &quot;<i>k&eacute;nosis<\/i>&quot; (cf. <i>Flp<\/i> 2, 7), el abajamiento de Dios en la carne del Hijo del hombre, y desde que la voz del Crucifijo de San Dami&aacute;n le puso en su coraz&oacute;n el programa de su vida:&nbsp; &quot;Ve, Francisco, y repara mi casa&quot; (<i>2 Cel<\/i> I, 6, 10:&nbsp; <i>FF<\/i> 593), su camino no fue m&aacute;s que el esfuerzo diario de configurarse con Cristo. Se enamor&oacute; de Cristo. Las llagas del Crucificado hirieron su coraz&oacute;n, antes de marcar su cuerpo en la Verna. Por eso pudo decir con san Pablo:&nbsp;&quot;Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en m&iacute;&quot; (<i>Ga<\/i> 2, 20). <\/p>\n<p>Llegamos ahora al coraz&oacute;n evang&eacute;lico de la palabra de Dios de hoy. Jes&uacute;s mismo, en el pasaje del evangelio de san Lucas que se acaba de leer, nos explica el dinamismo de la aut&eacute;ntica conversi&oacute;n, se&ntilde;al&aacute;ndonos como modelo a la mujer pecadora rescatada por el amor. Se debe reconocer que esta mujer actu&oacute; con gran osad&iacute;a. Su modo de comportarse ante Jes&uacute;s, ba&ntilde;ando con l&aacute;grimas sus pies y sec&aacute;ndolos con sus cabellos, bes&aacute;ndolos y ungi&eacute;ndolos con perfume, ten&iacute;a que escandalizar a quienes contemplaban a personas de su condici&oacute;n con la mirada despiadada de un juez. <\/p>\n<p>Impresiona, por el contrario, la ternura con que Jes&uacute;s trata a esta mujer, a la que tantos explotaban y todos juzgaban. Ella encontr&oacute;, por fin, en Jes&uacute;s unos ojos puros, un coraz&oacute;n capaz de amar sin explotar. En la mirada y en el coraz&oacute;n de Jes&uacute;s recibi&oacute; la revelaci&oacute;n de Dios Amor. <\/p>\n<p>Para evitar equ&iacute;vocos, conviene notar que la misericordia de Jes&uacute;s no se manifiesta poniendo entre par&eacute;ntesis la ley moral. Para Jes&uacute;s el bien es bien y el mal es mal. La misericordia no cambia la naturaleza del pecado, pero lo quema en un fuego de amor. Este efecto purificador y sanador se realiza si hay en el hombre una correspondencia de amor, que implica el reconocimiento de la ley de Dios, el arrepentimiento sincero, el prop&oacute;sito de una vida nueva. A la pecadora del Evangelio se le perdon&oacute; mucho porque am&oacute; mucho. En Jes&uacute;s Dios viene a darnos amor y a pedirnos amor. <\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, &iquest;qu&eacute; fue <i>la vida de Francisco convertido <\/i> sino un gran acto de amor? Lo manifiestan sus fervientes oraciones, llenas de contemplaci&oacute;n y de alabanza, su tierno abrazo al Ni&ntilde;o divino en Greccio, su contemplaci&oacute;n de la pasi&oacute;n en la Verna, su &quot;vivir seg&uacute;n la forma del santo Evangelio&quot; (<i>2 Test<\/i> 14:&nbsp; <i>FF<\/i> 116), su elecci&oacute;n de la pobreza y su b&uacute;squeda de Cristo en el rostro de los pobres. <\/p>\n<p>Esta es su conversi&oacute;n a Cristo, hasta el deseo de &quot;transformarse&quot; en &eacute;l, llegando a ser su imagen acabada, que explica su manera t&iacute;pica de vivir, en virtud de la cual se nos presenta tan actual, incluso respecto de los grandes temas de nuestro tiempo, como la b&uacute;squeda de la paz, la salvaguardia de la naturaleza y la promoci&oacute;n del di&aacute;logo entre todos los hombres. San Francisco es un aut&eacute;ntico maestro en estas cosas. Pero lo es <i>a partir de Cristo<\/i>, pues Cristo es &quot;nuestra paz&quot; (cf. <i>Ef<\/i> 2, 14). Cristo es el principio mismo del cosmos, porque en &eacute;l todo ha sido hecho (cf. <i>Jn <\/i>1, 3). Cristo es la verdad divina, el &quot;<i>Logos<\/i>&quot; eterno, en el que todo &quot;<i>dia-logos<\/i>&quot; en el tiempo tiene su &uacute;ltimo fundamento. San Francisco encarna profundamente esta verdad &quot;cristol&oacute;gica&quot; que est&aacute; en la ra&iacute;z de la existencia humana, del cosmos y de la historia. <\/p>\n<p>No puedo olvidar, en este contexto, la iniciativa de mi predecesor, de santa memoria, Juan Pablo II, el cual quiso reunir aqu&iacute;, en 1986, a los representantes de las confesiones cristianas y de las diversas religiones del mundo, para un <i> encuentro de oraci&oacute;n por la paz<\/i>. Fue una intuici&oacute;n prof&eacute;tica y un momento de gracia, como reafirm&eacute; hace algunos meses en mi carta al obispo de esta ciudad con ocasi&oacute;n del vig&eacute;simo aniversario de ese acontecimiento. <\/p>\n<p>La decisi&oacute;n de celebrar ese encuentro en As&iacute;s estaba sugerida precisamente por el testimonio de san Francisco como hombre de paz, al que tantos miran con simpat&iacute;a incluso desde otras posiciones culturales y religiosas. Al mismo tiempo, la luz del <i>Poverello<\/i> sobre esa iniciativa era una garant&iacute;a de autenticidad cristiana, ya que su vida y su mensaje se apoyan tan visiblemente en la opci&oacute;n de Cristo, que rechazan <i>a priori <\/i>cualquier tentaci&oacute;n de indiferentismo religioso, que no tiene nada que ver con el aut&eacute;ntico di&aacute;logo interreligioso. <\/p>\n<p>El &quot;esp&iacute;ritu de As&iacute;s&quot;, que desde ese acontecimiento se sigue difundiendo por el mundo, se opone al esp&iacute;ritu de violencia, al abuso de la religi&oacute;n como pretexto para la violencia. As&iacute;s nos dice que la fidelidad a la propia convicci&oacute;n religiosa, sobre todo la fidelidad a Cristo crucificado y resucitado, no se manifiesta con violencia e intolerancia, sino con un sincero respeto a los dem&aacute;s, con el di&aacute;logo, con un anuncio que apela a la libertad y a la raz&oacute;n, con el compromiso por la paz y la reconciliaci&oacute;n. <\/p>\n<p>No podr&iacute;a ser actitud evang&eacute;lica ni franciscana no lograr conjugar la acogida, el di&aacute;logo y el respeto a todos con la certeza de fe que todo cristiano, al igual que el santo de As&iacute;s, debe cultivar, anunciando a Cristo como camino, verdad y vida del hombre (cf. <i>Jn<\/i> 14, 6), &uacute;nico Salvador del mundo. <\/p>\n<p>Que san Francisco de As&iacute;s obtenga a esta Iglesia particular, a las Iglesias que est&aacute;n en Umbr&iacute;a, a toda la Iglesia que est&aacute; en Italia, de la que &eacute;l, juntamente con santa Catalina de Siena, es patrono, y a todos los que en el mundo se remiten a &eacute;l, la gracia de una aut&eacute;ntica y plena conversi&oacute;n al amor de Cristo. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2007 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\">&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI A AS&Iacute;S CON OCASI&Oacute;N DEL VIII CENTENARIO DE LA CONVERSI&Oacute;N DE SAN FRANCISCO CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDCITO XVI Plaza inferior de la Bas&iacute;lica de San Francisco Domingo 17 de junio de 2007 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; &iquest;Qu&eacute; nos dice hoy el Se&ntilde;or, mientras celebramos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-junio-de-2007-celebracion-eucaristica-en-la-basilica-inferior-de-san-francisco\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab17 de junio de 2007: Celebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en la Bas\u00edlica Inferior de San Francisco\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40767","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40767","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40767"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40767\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40767"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40767"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40767"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}