{"id":40772,"date":"2016-10-06T14:56:35","date_gmt":"2016-10-06T19:56:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-mayo-de-2007-canonizacion-del-beato-fray-galvao-en-el-campo-de-marte-de-sao-paulo\/"},"modified":"2016-10-06T14:56:35","modified_gmt":"2016-10-06T19:56:35","slug":"11-de-mayo-de-2007-canonizacion-del-beato-fray-galvao-en-el-campo-de-marte-de-sao-paulo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-mayo-de-2007-canonizacion-del-beato-fray-galvao-en-el-campo-de-marte-de-sao-paulo\/","title":{"rendered":"11 de mayo de 2007: Canonizaci\u00f3n del beato Fray Galv\u00e3o en el Campo de Marte de S\u00e3o Paulo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO <br \/> DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI <br \/> A BRASIL CON OCASI&Oacute;N DE LA V CONFERENCIA GENERAL<br \/> DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>MISA DE CANONIZACI&Oacute;N <br \/> DE FRAY ANTONIO DE SANTA ANA GALV&Atilde;O<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <\/font><\/b><\/p>\n<p> &quot;Campo de Marte&quot;, S&atilde;o Paulo<br \/> Viernes 11 de mayo de 2007 <\/font> <\/i><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Se&ntilde;ores cardenales; <br \/> se&ntilde;or arzobispo de S&atilde;o Paulo y obispos de Brasil y de Am&eacute;rica Latina;<br \/> distinguidas autoridades;<br \/> hermanas y hermanos en Cristo:&nbsp;<\/i> <\/p>\n<p>&quot;Bendigo al Se&ntilde;or en todo momento; su alabanza est&aacute; siempre en mi boca&quot; (<i>Sal<\/i> 33, 2). <\/p>\n<p>1.&nbsp;Alegr&eacute;monos en el Se&ntilde;or, en este d&iacute;a en el que contemplamos otra de las maravillas de Dios que, por su admirable providencia, nos permite gustar un vestigio de su presencia en este acto de entrega de Amor representado en el santo sacrificio del altar. <\/p>\n<p>S&iacute;, no podemos menos de alabar a nuestro Dios. Alab&eacute;moslo todos, pueblos de Brasil y de Am&eacute;rica; cantemos al Se&ntilde;or sus maravillas, porque ha hecho grandes cosas en favor nuestro. Hoy, la divina Sabidur&iacute;a permite que nos encontremos alrededor de su altar en actitud de alabanza y de acci&oacute;n de gracias por habernos concedido la gracia de la canonizaci&oacute;n de <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/saints\/ns_lit_doc_20070511_frei-galvao_sp.html\">fray Antonio de Santa Ana Galv&atilde;o<\/a>. <\/p>\n<p>Quiero agradecer las afectuosas palabras del arzobispo de S&atilde;o Paulo, mons. Odilo Scherer, que se ha hecho portavoz de todos vosotros, y la solicitud de su predecesor, el cardenal Cl&aacute;udio Hummes, que promovi&oacute; con tanto empe&ntilde;o la causa del padre Galv&atilde;o. Agradezco la presencia de cada uno de vosotros, tanto la de los habitantes de esta gran ciudad como la de los que han venido de otras ciudades y naciones. Me alegra que, a trav&eacute;s de los medios de comunicaci&oacute;n, mis palabras y las expresiones de mi afecto puedan entrar en cada casa y en cada coraz&oacute;n. Tened la certeza de que el Papa os ama, y os ama porque Jesucristo os ama. <\/p>\n<p>En esta solemne celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica se ha proclamado el pasaje del Evangelio en el que Jes&uacute;s, en actitud de arrobamiento interior, proclama:&nbsp; &quot;Yo te bendigo, Padre, Se&ntilde;or del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos y las revelaste a los peque&ntilde;os&quot; (<i>Mt<\/i> 11, 25). Por eso, me siento feliz porque la elevaci&oacute;n de fray Galv&atilde;o a los altares quedar&aacute; para siempre enmarcada en la liturgia que hoy la Iglesia nos ofrece. <\/p>\n<p>Saludo con afecto a toda la comunidad franciscana y, de modo especial, a las monjas concepcionistas que, desde el Monasterio de la Luz, de la capital del Estado de S&atilde;o Paulo, irradian la espiritualidad y el carisma del primer brasile&ntilde;o elevado a la gloria de los altares. <\/p>\n<p>2.&nbsp;Damos gracias a Dios por los continuos beneficios alcanzados por el poderoso influjo evangelizador que el Esp&iacute;ritu Santo imprimi&oacute; en tantas almas a trav&eacute;s de fray Galv&atilde;o. El carisma franciscano, evang&eacute;licamente vivido, ha producido frutos significativos a trav&eacute;s de su testimonio de ferviente adorador de la Eucarist&iacute;a, de prudente y sabio gu&iacute;a de las almas que lo buscaban y de gran devoto de la Inmaculada Concepci&oacute;n de Mar&iacute;a, de la que se consideraba &quot;hijo y esclavo perpetuo&quot;. <\/p>\n<p>Dios sale a nuestro encuentro, &quot;trata de atraernos, llegando hasta la &uacute;ltima Cena, hasta el Coraz&oacute;n traspasado en la cruz, hasta las apariciones del Resucitado y las grandes obras mediante las cuales &eacute;l, por la acci&oacute;n de los Ap&oacute;stoles, ha guiado el caminar de la Iglesia naciente&quot; (<i><a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html\">Deus caritas est<\/a><\/i>, 17). Se revela a trav&eacute;s de su Palabra, en los sacramentos, especialmente en la Eucarist&iacute;a. Por eso, la vida de la Iglesia es esencialmente eucar&iacute;stica. El Se&ntilde;or, en su amorosa providencia, nos dej&oacute; una se&ntilde;al visible de su presencia. <\/p>\n<p>Cuando contemplamos en la santa misa al Se&ntilde;or, elevado por el sacerdote, despu&eacute;s de la consagraci&oacute;n del pan y del vino, o cuando lo adoramos con devoci&oacute;n expuesto en la Custodia, renovamos nuestra fe con profunda humildad, como hac&iacute;a fray Galv&atilde;o en &quot;<i>laus perennis<\/i>&quot;, en actitud constante de adoraci&oacute;n. En la sagrada Eucarist&iacute;a est&aacute; contenido todo el bien espiritual de la Iglesia, o sea, Cristo mismo, nuestra Pascua, el Pan vivo que baj&oacute; del cielo vivificado por el Esp&iacute;ritu Santo y vivificante porque da la vida a los hombres. <\/p>\n<p>Esta misteriosa e inefable manifestaci&oacute;n del amor de Dios a la humanidad ocupa un lugar privilegiado en el coraz&oacute;n de los cristianos. Deben poder conocer la fe de la Iglesia, a trav&eacute;s de sus ministros ordenados, por la ejemplaridad con que estos cumplen los ritos prescritos, que en la liturgia eucar&iacute;stica indican siempre el centro de toda la obra de evangelizaci&oacute;n. Por su parte, los fieles deben tratar de recibir y venerar el sant&iacute;simo Sacramento con piedad y devoci&oacute;n, deseando acoger al Se&ntilde;or Jes&uacute;s con fe y recurriendo, cada vez que sea necesario, al sacramento de la Reconciliaci&oacute;n para purificar el alma de todo pecado grave. <\/p>\n<p>3.&nbsp;Es significativo el ejemplo de fray Galv&atilde;o por su disponibilidad para servir al pueblo siempre que se le ped&iacute;a. Ten&iacute;a fama de consejero, pacificador de las almas y de las familias, dispensador de caridad especialmente en favor de los pobres y de los enfermos. Era muy buscado para las confesiones, pues era celoso, sabio y prudente. Una caracter&iacute;stica de quien ama de verdad es no querer que el Amado sea agraviado; por eso, la conversi&oacute;n de los pecadores era la gran pasi&oacute;n de nuestro santo. La hermana Helena Maria, que fue la primera &quot;religiosa&quot; destinada a iniciar el &quot;<i>Recolhimento de Nossa Senhora da Concei&ccedil;&atilde;o<\/i>&quot;, testimoni&oacute; lo que dijo fray Galv&atilde;o:&nbsp; &quot;Rezad para que Dios nuestro Se&ntilde;or, con su poderoso brazo, saque a los pecadores del abismo miserable de las culpas en que se encuentran&quot;. Que esa delicada recomendaci&oacute;n nos sirva de est&iacute;mulo para reconocer en la Misericordia divina el camino que lleva a la reconciliaci&oacute;n con Dios y con el pr&oacute;jimo y a la paz de nuestra conciencia. <\/p>\n<p>4.&nbsp;Unidos al Se&ntilde;or en la comuni&oacute;n suprema de la Eucarist&iacute;a y reconciliados con &eacute;l y con nuestro pr&oacute;jimo, seremos portadores de la paz que el mundo no puede dar. &iquest;Podr&aacute;n los hombres y mujeres de este mundo encontrar la paz si no toman conciencia de la necesidad de reconciliarse con Dios, con el pr&oacute;jimo y consigo mismos? En este sentido, fue muy significativo lo que la c&aacute;mara del Senado de S&atilde;o Paulo escribi&oacute; al ministro provincial de los franciscanos al final del siglo XVIII, definiendo a fray Galv&atilde;o un &quot;hombre de paz y de caridad&quot;. &iquest;Qu&eacute; nos pide el Se&ntilde;or?:&nbsp; &quot;Amaos unos a otros como yo os he amado&quot;. Pero inmediatamente a&ntilde;ade:&nbsp; &quot;Dad fruto y que vuestro fruto permanezca&quot; (cf. <i>Jn <\/i>15, 12.16). &iquest;Y qu&eacute; fruto nos pide, sino el de saber amar, inspir&aacute;ndonos en el ejemplo del santo de Guaratinguet&aacute;? <\/p>\n<p>La fama de su inmensa caridad no ten&iacute;a l&iacute;mites. Personas de toda la naci&oacute;n iban a ver a fray Galv&atilde;o, que a todos acog&iacute;a paternalmente. Se trataba de pobres, enfermos del cuerpo y del esp&iacute;ritu, que le imploraban ayuda. <\/p>\n<p>Jes&uacute;s abre su coraz&oacute;n y nos revela el centro de todo su mensaje redentor:&nbsp; &quot;Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos&quot; (<i>Jn<\/i> 15, 13). &Eacute;l mismo am&oacute; hasta dar su vida por nosotros en la cruz. Tambi&eacute;n la acci&oacute;n de la Iglesia y de los cristianos en la sociedad debe poseer esta misma inspiraci&oacute;n. Las iniciativas de pastoral social, si se orientan al bien de los pobres y de los enfermos, llevan en s&iacute; mismas este sello divino. El Se&ntilde;or cuenta con nosotros y nos llama amigos, pues s&oacute;lo a los que amamos de esta manera somos capaces de darles la vida proporcionada por Jes&uacute;s con su gracia. <\/p>\n<p>Como sabemos, la V Conferencia general del Episcopado latinoamericano tendr&aacute; como tema fundamental:&nbsp; &quot;Disc&iacute;pulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en &eacute;l tengan vida&quot;. &iquest;C&oacute;mo no ver, entonces, la necesidad de escuchar con renovado fervor la llamada, para responder generosamente a los desaf&iacute;os que debe afrontar la Iglesia en Brasil y en Am&eacute;rica Latina? <\/p>\n<p>5.&nbsp;&quot;Venid a m&iacute; todos los que est&aacute;is fatigados y agobiados, y yo os dar&eacute; descanso&quot;, dice el Se&ntilde;or en el Evangelio, (<i>Mt<\/i> 11, 28). Esta es la recomendaci&oacute;n final que el Se&ntilde;or nos dirige. &iquest;C&oacute;mo no ver aqu&iacute; el sentimiento paterno y a la vez materno de Dios hacia todos sus hijos? Mar&iacute;a, la Madre de Dios y Madre nuestra, se encuentra particularmente unida a nosotros en este momento. Fray Galv&atilde;o afirm&oacute; con voz prof&eacute;tica la verdad de la <i>Inmaculada Concepci&oacute;n. <\/i>Ella, la <i>Tota Pulchra<\/i>, la Virgen pur&iacute;sima, que concibi&oacute; en su seno al Redentor de los hombres y fue preservada de toda mancha original, quiere ser el sello definitivo de nuestro encuentro con Dios, nuestro Salvador. No hay fruto de la gracia en la historia de la salvaci&oacute;n que no tenga como instrumento necesario la mediaci&oacute;n de Nuestra Se&ntilde;ora. <\/p>\n<p>De hecho, este santo se entreg&oacute; de modo irrevocable a la Madre de Jes&uacute;s desde su juventud, deseando pertenecerle para siempre y escogiendo a la Virgen Mar&iacute;a como Madre y Protectora de sus hijas espirituales. <\/p>\n<p>Queridos amigos y amigas, &iexcl;qu&eacute; bello ejemplo nos dej&oacute; fray Galv&atilde;o! &iexcl;Cu&aacute;n actuales son para nosotros, que vivimos en una &eacute;poca tan llena de hedonismo, las palabras escritas en la f&oacute;rmula de su consagraci&oacute;n:&nbsp; &quot;Qu&iacute;tame la vida antes de que ofenda a tu bendito Hijo, mi Se&ntilde;or&quot;. Son palabras fuertes, de un alma apasionada, que deber&iacute;an formar parte de la vida normal de todos los cristianos, tanto los consagrados como los no consagrados, y que despiertan deseos de fidelidad a Dios tanto dentro como fuera del matrimonio. El mundo necesita vidas l&iacute;mpidas, almas claras, inteligencias sencillas, que rechacen ser consideradas criaturas objeto de placer. Es necesario decir &quot;no&quot; a aquellos medios de comunicaci&oacute;n social que ridiculizan la santidad del matrimonio y la virginidad antes del casamiento. <\/p>\n<p>Precisamente ahora Nuestra Se&ntilde;ora es la mejor defensa contra los males que afligen la vida moderna; la devoci&oacute;n mariana es garant&iacute;a segura de protecci&oacute;n maternal y de amparo en la hora de la tentaci&oacute;n. Esta misteriosa presencia de la Virgen pur&iacute;sima se har&aacute; realidad cuando invoquemos la protecci&oacute;n y el auxilio de la Virgen Aparecida. Pongamos en sus manos sant&iacute;simas la vida de los sacerdotes y de los laicos consagrados, de los seminaristas y de todos los que han sido llamados a la vida religiosa. <\/p>\n<p>6.&nbsp;Queridos amigos, permitidme concluir evocando la Vigilia de oraci&oacute;n de Marienfeld en Alemania:&nbsp; ante una multitud de j&oacute;venes, present&eacute; a los santos de nuestra &eacute;poca como verdaderos reformadores. Y a&ntilde;ad&iacute;:&nbsp; &quot;S&oacute;lo de los santos, solo de Dios proviene la verdadera revoluci&oacute;n, el cambio decisivo del mundo&quot; (<a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2005\/august\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20050820_vigil-wyd.html\">Homil&iacute;a<\/a>, 20 de agosto de 2005:&nbsp; <i>L&#8217;Osservatore Romano, <\/i>edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 26 de agosto de 2005, p. 11). Esta es la invitaci&oacute;n que os hago hoy a todos vosotros, desde el primero hasta el &uacute;ltimo, en esta inmensa Eucarist&iacute;a. Dios dijo:&nbsp; &quot;Sed santos, como yo soy santo&quot; (<i>Lv<\/i> 11, 44). <\/p>\n<p>Demos gracias a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Esp&iacute;ritu Santo, de los cuales nos vienen, por intercesi&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;a, todas las bendiciones del cielo; de los cuales nos viene este don que, juntamente con la fe, es la mayor gracia que el Se&ntilde;or puede conceder a una criatura:&nbsp; el firme deseo de alcanzar la plenitud de la caridad, con la convicci&oacute;n de que la santidad no s&oacute;lo es posible, sino tambi&eacute;n necesaria a cada uno en su estado de vida, para revelar al mundo el verdadero rostro de Cristo, nuestro amigo. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2007 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI A BRASIL CON OCASI&Oacute;N DE LA V CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE MISA DE CANONIZACI&Oacute;N DE FRAY ANTONIO DE SANTA ANA GALV&Atilde;O HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI &quot;Campo de Marte&quot;, S&atilde;o Paulo Viernes 11 de mayo de 2007 &nbsp; Se&ntilde;ores cardenales; se&ntilde;or arzobispo de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-mayo-de-2007-canonizacion-del-beato-fray-galvao-en-el-campo-de-marte-de-sao-paulo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab11 de mayo de 2007: Canonizaci\u00f3n del beato Fray Galv\u00e3o en el Campo de Marte de S\u00e3o Paulo\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40772","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40772","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40772"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40772\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40772"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40772"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40772"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}