{"id":40774,"date":"2016-10-06T14:56:38","date_gmt":"2016-10-06T19:56:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-abril-de-2007-concelebracion-eucaristica-con-los-obispos-de-lombardia-los-sacerdotes-de-la-diocesis-y-una-representacion-de-los-padres-agustinos-en-pavia\/"},"modified":"2016-10-06T14:56:38","modified_gmt":"2016-10-06T19:56:38","slug":"22-de-abril-de-2007-concelebracion-eucaristica-con-los-obispos-de-lombardia-los-sacerdotes-de-la-diocesis-y-una-representacion-de-los-padres-agustinos-en-pavia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-abril-de-2007-concelebracion-eucaristica-con-los-obispos-de-lombardia-los-sacerdotes-de-la-diocesis-y-una-representacion-de-los-padres-agustinos-en-pavia\/","title":{"rendered":"22 de abril de 2007: Concelebraci\u00f3n eucar\u00edstica con los obispos de Lombard\u00eda, los sacerdotes de la Di\u00f3cesis y una representaci\u00f3n de los Padres Agustinos en Pav\u00eda"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A VIG&Eacute;VANO Y PAV&Iacute;A<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/p>\n<p> Pav&iacute;a, domingo 22 de abril de 2007<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i>&nbsp; <\/p>\n<p>Ayer por la tarde me encontr&eacute; con la comunidad diocesana de Vig&eacute;vano, y el centro de mi visita pastoral fue la <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/homilies\/2007\/documents\/hf_ben-xvi_hom_20070421_vigevano.html\">concelebraci&oacute;n eucar&iacute;stica en la plaza Ducal<\/a>; hoy tengo la alegr&iacute;a de visitar vuestra di&oacute;cesis, y tambi&eacute;n aqu&iacute; el momento culminante de nuestro encuentro es la santa misa. Saludo con afecto a los hermanos en el episcopado que concelebran conmigo:&nbsp; el cardenal Dionigi Tettamanzi, arzobispo de Mil&aacute;n; el pastor de vuestra di&oacute;cesis, monse&ntilde;or Giovanni Giudici; el obispo em&eacute;rito, monse&ntilde;or Giovanni Volta; y los dem&aacute;s prelados de Lombard&iacute;a. <\/p>\n<p>Agradezco la presencia de los representantes del Gobierno y de las administraciones locales. Dirijo mi saludo cordial a los sacerdotes, a los di&aacute;conos, a los religiosos y a las religiosas, a los responsables de las asociaciones laicales, a los j&oacute;venes, a los enfermos y a todos los fieles, y extiendo mi saludo a toda la poblaci&oacute;n de esta antigua y noble ciudad y de la di&oacute;cesis. <\/p>\n<p>En el tiempo pascual la Iglesia nos presenta, domingo tras domingo, alg&uacute;n pasaje de la predicaci&oacute;n con que los Ap&oacute;stoles, en particular san Pedro, despu&eacute;s de la Pascua invitaban a Israel a la fe en Jesucristo, el Resucitado, fundando as&iacute; la Iglesia. En la lectura de hoy, los Ap&oacute;stoles est&aacute;n ante el Sanedr&iacute;n, ante la instituci&oacute;n que, habiendo declarado a Jes&uacute;s reo de muerte, no pod&iacute;a tolerar que ese Jes&uacute;s, mediante la predicaci&oacute;n de los Ap&oacute;stoles, comenzara ahora a actuar nuevamente; no pod&iacute;a tolerar que su fuerza sanadora se manifestara de nuevo y, en torno a este nombre, se reunieran personas que cre&iacute;an en &eacute;l como el Redentor prometido. <\/p>\n<p>La acusaci&oacute;n que se imputa a los Ap&oacute;stoles es:&nbsp; &quot;Quer&eacute;is hacer que caiga sobre nosotros la sangre de ese hombre&quot;. San Pedro responde a esa acusaci&oacute;n con una breve catequesis sobre la esencia de la fe cristiana:&nbsp; &quot;No, no queremos hacer que su sangre caiga sobre vosotros. El efecto de la muerte y resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s es totalmente diverso. Dios lo hizo &quot;jefe y salvador&quot; de todos, tambi&eacute;n de vosotros, de su pueblo Israel&quot;. &iquest;Y a d&oacute;nde conduce este &quot;jefe&quot;?, &iquest;qu&eacute; trae este &quot;salvador&quot;? &Eacute;l, dice san Pedro, conduce a la conversi&oacute;n, crea el espacio y la posibilidad de recapacitar, de arrepentirse, de recomenzar. Y da el perd&oacute;n de los pecados, nos introduce en una correcta relaci&oacute;n con Dios y, de este modo, en una correcta relaci&oacute;n de cada uno consigo mismo y con los dem&aacute;s. <\/p>\n<p>Esta breve catequesis de Pedro no val&iacute;a s&oacute;lo para el Sanedr&iacute;n. Nos habla a todos, puesto que Jes&uacute;s, el Resucitado, vive tambi&eacute;n hoy. Y para todas las generaciones, para todos los hombres, es el &quot;jefe&quot; que precede en el camino, el que muestra el camino, y el &quot;salvador&quot; que justifica nuestra vida. Las dos palabras &quot;conversi&oacute;n&quot; y &quot;perd&oacute;n de los pecados&quot;, correspondientes a los dos t&iacute;tulos de Cristo &quot;jefe&quot; y &quot;salvador&quot;, son las palabras clave de la catequesis de san Pedro, palabras que en esta hora quieren llegar tambi&eacute;n a nuestro coraz&oacute;n. Y &iquest;qu&eacute; quieren decir? <\/p>\n<p>El camino que debemos seguir, el camino que Jes&uacute;s nos indica, se llama &quot;conversi&oacute;n&quot;. Pero &iquest;qu&eacute; es? &iquest;Qu&eacute; es necesario hacer? En toda vida la conversi&oacute;n tiene su forma propia, porque todo hombre es algo nuevo y nadie es una copia de otro. Pero a lo largo de la historia del cristianismo el Se&ntilde;or nos ha mandado modelos de conversi&oacute;n que, si los contemplamos, nos pueden orientar. Por eso podr&iacute;amos contemplar al mismo san Pedro, a quien el Se&ntilde;or en el Cen&aacute;culo le dijo:&nbsp; &quot;Y t&uacute;, una vez convertido, confirma a tus hermanos&quot; (<i>Lc<\/i> 22, 32). Podr&iacute;amos contemplar a san Pablo como a un gran convertido. <\/p>\n<p>La ciudad de Pav&iacute;a habla de uno de los m&aacute;s grandes convertidos de la historia de la Iglesia:&nbsp; san Aurelio Agust&iacute;n. Muri&oacute; el 28 de agosto del a&ntilde;o 430 en la ciudad portuaria de Hipona, en &Aacute;frica, entonces rodeada y asediada por los v&aacute;ndalos. Tras gran confusi&oacute;n de una historia agitada, el rey de los longobardos consigui&oacute; sus restos mortales para la ciudad de Pav&iacute;a, de forma que ahora &eacute;l pertenece de modo particular a esta ciudad, y en ella y desde ella nos habla a todos, a la humanidad entera, pero de manera especial a todos nosotros. <\/p>\n<p>En su libro <i>Las Confesiones<\/i>, san Agust&iacute;n ilustr&oacute; de modo conmovedor el camino de su conversi&oacute;n, que alcanz&oacute; su meta con el bautismo que le administr&oacute; el obispo san Ambrosio en la catedral de Mil&aacute;n. Quien lee <i>Las Confesiones <\/i> puede compartir el camino que Agust&iacute;n, en una larga lucha interior, debi&oacute; recorrer para recibir finalmente, en la noche de Pascua del a&ntilde;o 387, en la pila bautismal, el sacramento que marc&oacute; el gran cambio de su vida. <\/p>\n<p>Siguiendo atentamente el desarrollo de la vida de san Agust&iacute;n se puede ver que su conversi&oacute;n no fue un acontecimiento sucedido en un momento determinado, sino un camino. Y se puede ver que este camino no hab&iacute;a terminado en la pila bautismal. Como antes del bautismo, tambi&eacute;n despu&eacute;s de &eacute;l la vida de Agust&iacute;n sigui&oacute; siendo, aunque de modo diverso, un camino de conversi&oacute;n, hasta en su &uacute;ltima enfermedad, cuando hizo colgar en la pared los salmos penitenciales para tenerlos siempre delante de los ojos; cuando no quiso recibir la Eucarist&iacute;a, para recorrer una vez m&aacute;s la senda de la penitencia y recibir la salvaci&oacute;n de las manos de Cristo como don de la misericordia de Dios. As&iacute;, podemos hablar con raz&oacute;n de las &quot;conversiones&quot; de Agust&iacute;n que, de hecho, fueron una &uacute;nica gran conversi&oacute;n, primero buscando el rostro de Cristo y despu&eacute;s caminando con &eacute;l. <\/p>\n<p>Quisiera hablar brevemente de tres grandes etapas en este camino de conversi&oacute;n, de tres &quot;conversiones&quot;. <i>La primera conversi&oacute;n fundamental<\/i> fue el camino interior hacia el cristianismo, hacia el &quot;s&iacute;&quot; de la fe y del bautismo. &iquest;Cu&aacute;l fue el aspecto esencial de este camino? Agust&iacute;n, por una parte, era hijo de su tiempo, condicionado profundamente por las costumbres y las pasiones dominantes en &eacute;l, as&iacute; como por todos los interrogantes y problemas de un joven. Viv&iacute;a como todos los dem&aacute;s y, sin embargo, hab&iacute;a en &eacute;l algo diferente:&nbsp; fue siempre una persona que estaba en b&uacute;squeda. No se content&oacute; jam&aacute;s con la vida como se presentaba y como todos la viv&iacute;an. La cuesti&oacute;n de la verdad lo atormentaba siempre. Quer&iacute;a encontrar la verdad. Quer&iacute;a saber qu&eacute; es el hombre; de d&oacute;nde proviene el mundo; de d&oacute;nde venimos nosotros mismos, a d&oacute;nde vamos y c&oacute;mo podemos encontrar la vida verdadera. Quer&iacute;a encontrar la vida correcta, y no simplemente vivir a ciegas, sin sentido y sin meta. La pasi&oacute;n por la verdad es la verdadera palabra clave de su vida. Realmente, lo guiaba la pasi&oacute;n por la verdad. <\/p>\n<p>Y hay, adem&aacute;s, una peculiaridad. No le bastaba lo que no llevaba el nombre de Cristo. Como &eacute;l mismo nos dice, el amor &nbsp;a este nombre lo hab&iacute;a bebido con la leche materna (cf. <i>Las Confesiones <\/i>III, 4, 8). Y siempre hab&iacute;a cre&iacute;do \u2014unas veces vagamente, otras con m&aacute;s claridad\u2014 que Dios existe y se interesa por nosotros (cf. <i>Las Confesiones <\/i>VI, 5, 8). Pero la gran lucha interior de sus a&ntilde;os juveniles fue conocer verdaderamente a este Dios y familiarizarse realmente con Jesucristo y llegar a decirle &quot;s&iacute;&quot; con todas sus consecuencias. <\/p>\n<p>Nos cuenta que, a trav&eacute;s de la filosof&iacute;a plat&oacute;nica, hab&iacute;a aprendido y reconocido que &quot;en el principio estaba el Verbo&quot;, el <i>Logos<\/i>, la raz&oacute;n creadora. Pero la filosof&iacute;a, que le mostraba que el principio de todo es la raz&oacute;n creadora, no le indicaba ning&uacute;n camino para alcanzarlo; este <i>Logos<\/i> permanec&iacute;a lejano e intangible. S&oacute;lo en la fe de la Iglesia encontr&oacute; despu&eacute;s la segunda verdad esencial:&nbsp; el Verbo, el <i>Logos, <\/i>se hizo carne. Y as&iacute; nos toca y nosotros lo tocamos. A la humildad de la encarnaci&oacute;n de Dios debe corresponder \u2014este es el gran paso\u2014 la humildad de nuestra fe, que abandona la soberbia pedante y se inclina, entrando a formar parte de la comunidad del cuerpo de Cristo; que vive con la Iglesia y s&oacute;lo as&iacute; entra en comuni&oacute;n concreta, m&aacute;s a&uacute;n, corp&oacute;rea, con el Dios vivo. No creo necesario decir cu&aacute;nto nos ata&ntilde;e todo esto:&nbsp; ser personas que buscan, sin contentarse con lo que todos dicen y hacen. No apartar la mirada del Dios eterno y de Jesucristo. Aprender la humildad de la fe en la Iglesia corp&oacute;rea de Jesucristo, del <i>Logos <\/i>encarnado. <\/p>\n<p><i>La segunda conversi&oacute;n<\/i> de Agust&iacute;n nos la describe al final del segundo libro de <i>Las Confesiones<\/i> con las palabras:&nbsp; &quot;Aterrado por mis pecados, y por la carga de mi miseria, hab&iacute;a tratado en mi coraz&oacute;n &nbsp;y pensado huir a la soledad; pero &nbsp;t&uacute; &nbsp;me detuviste, y me animaste diciendo &nbsp;que Cristo muri&oacute; por todos, para &nbsp;que &nbsp;los que viven no vivan ya para s&iacute;, sino para Aquel que por ellos muri&oacute; (<i>2&nbsp;Co <\/i>5, 15)&quot; (<i>Las Confesiones <\/i>X, 43, 70). <\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a sucedido? Despu&eacute;s de su bautismo, Agust&iacute;n hab&iacute;a decidido volver a &Aacute;frica, donde hab&iacute;a fundado, junto con sus amigos, un peque&ntilde;o monasterio. Ahora su vida deb&iacute;a dedicarse totalmente a hablar con Dios y a la reflexi&oacute;n y contemplaci&oacute;n de la belleza y de la verdad de su Palabra. As&iacute;, pas&oacute; tres a&ntilde;os felices, durante los cuales cre&iacute;a haber llegado a la meta de su vida; en ese per&iacute;odo naci&oacute; una serie de valiosas obras filos&oacute;fico-teol&oacute;gicas. <\/p>\n<p>En 391, cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s de su bautismo, fue a la ciudad portuaria de Hipona para encontrarse con un amigo, a quien quer&iacute;a conquistar para su monasterio. Pero en la liturgia dominical, en la que particip&oacute; en la catedral, lo reconocieron. El obispo de la ciudad, un hombre proveniente de Grecia, que no hablaba bien el lat&iacute;n y ten&iacute;a dificultad para &nbsp;predicar, dijo en su homil&iacute;a que ten&iacute;a la intenci&oacute;n de elegir a un sacerdote para encomendarle tambi&eacute;n la tarea de predicaci&oacute;n. Inmediatamente la gente aferr&oacute; a Agust&iacute;n y a la fuerza lo llev&oacute; delante, para que fuera consagrado sacerdote al servicio de la ciudad. <\/p>\n<p>Inmediatamente despu&eacute;s de su consagraci&oacute;n forzada, Agust&iacute;n escribi&oacute; al obispo Valerio:&nbsp; &quot;Me sent&iacute; como uno que no sabe manejar el remo y a quien, sin embargo, le asignan el segundo lugar al tim&oacute;n&#8230; De ah&iacute; surgieron las l&aacute;grimas que algunos hermanos me vieron derramar en la ciudad durante mi ordenaci&oacute;n&quot; (<i>Epist. <\/i>21, 1 s). <\/p>\n<p>El hermoso sue&ntilde;o de vida contemplativa se hab&iacute;a esfumado; la vida de Agust&iacute;n hab&iacute;a cambiado fundamentalmente. Ahora ya no pod&iacute;a dedicarse s&oacute;lo a la meditaci&oacute;n en la soledad. Deb&iacute;a vivir con Cristo para todos. Deb&iacute;a traducir sus conocimientos y sus pensamientos sublimes en el pensamiento y en el lenguaje de la gente sencilla de su ciudad. No pudo escribir la gran obra filos&oacute;fica de toda una vida, con la que hab&iacute;a so&ntilde;ado. En su lugar, nos dej&oacute; algo m&aacute;s valioso:&nbsp; el Evangelio traducido al lenguaje de la vida diaria y de sus sufrimientos. <\/p>\n<p>As&iacute; describe lo que desde entonces constitu&iacute;a su vida diaria:&nbsp; &quot;Corregir a los indisciplinados, confortar a los pusil&aacute;nimes, sostener a los d&eacute;biles, confutar a los opositores&#8230;, estimular a los negligentes, frenar a los pendencieros, ayudar a los necesitados, liberar a los oprimidos, mostrar aprobaci&oacute;n a los buenos, tolerar a los malos y amar a todos&quot; (cf. <i>Serm.<\/i> 340, 3). &quot;Predicar continuamente, discutir, reprender, edificar, estar a disposici&oacute;n de todos, es una carga enorme, un gran peso, un trabajo inmenso&quot; (<i>Serm.<\/i> 339, 4). <\/p>\n<p>Esta fue la segunda conversi&oacute;n que este hombre, luchando y sufriendo, debi&oacute; realizar continuamente:&nbsp; estar all&iacute; siempre a disposici&oacute;n de todos, no buscando su propia perfecci&oacute;n; siempre, junto con Cristo, dar su vida para que los dem&aacute;s pudieran encontrarlo a &eacute;l, la verdadera vida. <\/p>\n<p>Hay una <i>tercera etapa decisiva en el camino de conversi&oacute;n <\/i>de san Agust&iacute;n. Despu&eacute;s de su ordenaci&oacute;n sacerdotal, hab&iacute;a pedido un per&iacute;odo de vacaciones para poder estudiar m&aacute;s a fondo las sagradas Escrituras. Su primer ciclo de homil&iacute;as, despu&eacute;s de esta pausa de reflexi&oacute;n, vers&oacute; sobre el Serm&oacute;n de la monta&ntilde;a; en &eacute;l explicaba el camino de la vida recta, &quot;de la vida perfecta&quot; indicada de modo nuevo por Cristo; la presentaba como una peregrinaci&oacute;n al monte santo de la palabra de Dios. En esas homil&iacute;as se puede percibir a&uacute;n todo el entusiasmo de la fe reci&eacute;n encontrada y vivida:&nbsp; la firme convicci&oacute;n de que el bautizado, viviendo totalmente seg&uacute;n el mensaje de Cristo, puede ser, precisamente, &quot;perfecto&quot;, seg&uacute;n el Serm&oacute;n de la monta&ntilde;a. <\/p>\n<p>Unos veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, Agust&iacute;n escribi&oacute; un libro titulado <i>Las Retractaciones<\/i>, en el que analiza de modo cr&iacute;tico las obras que hab&iacute;a publicado hasta ese momento, realizando correcciones donde, mientras tanto, hab&iacute;a aprendido cosas nuevas. Con respecto al ideal de la perfecci&oacute;n, en sus homil&iacute;as sobre el Serm&oacute;n de la monta&ntilde;a anota:&nbsp; &quot;Mientras tanto, he comprendido que s&oacute;lo uno es verdaderamente perfecto y que las palabras del Serm&oacute;n de la monta&ntilde;a s&oacute;lo se han realizado en uno solo:&nbsp; en Jesucristo mismo. Toda la Iglesia, en cambio, \u2014todos nosotros, incluidos los Ap&oacute;stoles\u2014, debemos orar cada d&iacute;a:&nbsp; &quot;Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden&quot;&quot; (cf. <i>Retract.<\/i> I, 19, 1-3). <\/p>\n<p>San Agust&iacute;n hab&iacute;a aprendido un &uacute;ltimo grado de humildad, no s&oacute;lo la humildad de insertar su gran pensamiento en la fe humilde de la Iglesia, no s&oacute;lo la humildad de traducir sus grandes conocimientos en la sencillez del anuncio, sino tambi&eacute;n la humildad de reconocer que &eacute;l mismo y toda la Iglesia peregrinante necesitaba y necesita continuamente la bondad misericordiosa de un Dios que perdona; y nosotros \u2014a&ntilde;ad&iacute;a\u2014 nos asemejamos a Cristo, el &uacute;nico Perfecto, en la medida m&aacute;s grande posible cuando somos como &eacute;l personas misericordiosas. <br \/> En esta hora demos gracias a Dios por la gran luz que irradia la sabidur&iacute;a y la humildad de san<\/p>\n<p>Agust&iacute;n, y pidamos al Se&ntilde;or que nos conceda a todos, d&iacute;a a d&iacute;a, la conversi&oacute;n necesaria, y as&iacute; nos conduzca a la verdadera vida. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2007 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\">&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A VIG&Eacute;VANO Y PAV&Iacute;A CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Pav&iacute;a, domingo 22 de abril de 2007 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; Ayer por la tarde me encontr&eacute; con la comunidad diocesana de Vig&eacute;vano, y el centro de mi visita pastoral fue la concelebraci&oacute;n eucar&iacute;stica en la plaza Ducal; hoy tengo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-abril-de-2007-concelebracion-eucaristica-con-los-obispos-de-lombardia-los-sacerdotes-de-la-diocesis-y-una-representacion-de-los-padres-agustinos-en-pavia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab22 de abril de 2007: Concelebraci\u00f3n eucar\u00edstica con los obispos de Lombard\u00eda, los sacerdotes de la Di\u00f3cesis y una representaci\u00f3n de los Padres Agustinos en Pav\u00eda\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40774","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40774","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40774"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40774\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40774"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40774"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40774"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}