{"id":40784,"date":"2016-10-06T14:56:52","date_gmt":"2016-10-06T19:56:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-marzo-2007-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-santa-felicidad-e-hijos-martires\/"},"modified":"2016-10-06T14:56:52","modified_gmt":"2016-10-06T19:56:52","slug":"25-marzo-2007-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-santa-felicidad-e-hijos-martires","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-marzo-2007-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-santa-felicidad-e-hijos-martires\/","title":{"rendered":"25 marzo 2007: Visita pastoral a la parroquia romana de Santa Felicidad e Hijos, m\u00e1rtires"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\" style=\"text-align:center\"> <font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA<br \/> DE SANTA FELICIDAD E HIJOS, M&Aacute;RTIRES<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\" size=\"4\"><i>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/i><\/font><\/b><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\" style=\"text-align:center\"><i> <font color=\"#663300\">Domingo 25 de marzo de 2007<\/font><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\" style=\"text-align:left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas de la parroquia de Santa Felicidad e Hijos, m&aacute;rtires<\/i>:&nbsp; <\/p>\n<p>He venido de buen grado a visitaros en este V domingo de Cuaresma, llamado tambi&eacute;n domingo de Pasi&oacute;n. Os dirijo a todos mi cordial saludo. Ante todo, saludo al cardenal vicario y al obispo auxiliar, monse&ntilde;or Enzo Dieci. Saludo tambi&eacute;n con afecto a los padres vocacionistas, a quienes est&aacute; encomendada la parroquia desde su nacimiento, en 1958, y de modo especial a vuestro p&aacute;rroco, don Eusebio Mosca, al que agradezco las hermosas palabras con las que me ha presentado brevemente la realidad de vuestra comunidad. <\/p>\n<p>Saludo asimismo a los dem&aacute;s sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas, a los catequistas, a los laicos comprometidos y a todos los que colaboran de diversas maneras en las m&uacute;ltiples actividades de la parroquia \u2014pastorales, educativas y de promoci&oacute;n humana\u2014, dirigidas con atenci&oacute;n prioritaria a los ni&ntilde;os, a los j&oacute;venes y a las familias. <\/p>\n<p>Saludo a la comunidad filipina, bastante numerosa en vuestro territorio, que se re&uacute;ne aqu&iacute; todos los domingos para la santa misa celebrada en su lengua. Extiendo mi saludo a todos los habitantes del barrio Fidene \u2014son numerosos\u2014, formado en gran parte por personas que provienen de otras regiones de Italia y de diversos pa&iacute;ses del mundo. <\/p>\n<p>Aqu&iacute;, como en otras partes, ciertamente no faltan situaciones problem&aacute;ticas, tanto en el campo material como en el moral, situaciones que requieren de vosotros, queridos amigos, un compromiso constante de testimoniar que el amor de Dios, que se manifest&oacute; plenamente en Cristo crucificado y resucitado, abraza de modo concreto a todos, sin distinci&oacute;n de raza y cultura. Esta es, en el fondo, la misi&oacute;n de toda comunidad &nbsp;parroquial, llamada a anunciar el Evangelio y a ser lugar de acogida y de escucha, de formaci&oacute;n y de comuni&oacute;n fraterna, de di&aacute;logo y de perd&oacute;n. <\/p>\n<p>&iquest;C&oacute;mo puede mantenerse fiel a este mandato una comunidad cristiana? &iquest;C&oacute;mo puede llegar a ser cada vez m&aacute;s una familia de hermanos animados por el Amor? La palabra de Dios que acabamos de escuchar, y que resuena con singular elocuencia en nuestro coraz&oacute;n durante este tiempo cuaresmal, nos recuerda que nuestra peregrinaci&oacute;n terrena est&aacute; llena de dificultades y pruebas, como el camino del pueblo elegido a lo largo del desierto antes de llegar a la tierra prometida. Pero, como asegura Isa&iacute;as en la primera lectura, la intervenci&oacute;n divina puede facilitarlo, transformando el p&aacute;ramo en un pa&iacute;s confortable y rico en aguas (cf. <i>Is<\/i> 43, 19-20). <\/p>\n<p>El salmo responsorial se hace eco del profeta:&nbsp; a la vez que recuerda la alegr&iacute;a del regreso del exilio babil&oacute;nico, invoca al Se&ntilde;or para que intervenga en favor de los &quot;cautivos&quot;, que al ir van llorando, pero vuelven llenos de j&uacute;bilo, porque Dios est&aacute; presente y, como en el pasado, har&aacute; tambi&eacute;n en el futuro &quot;grandes haza&ntilde;as en favor nuestro&quot;. <\/p>\n<p>Esta misma confianza, esta esperanza en que despu&eacute;s de tiempos dif&iacute;ciles el Se&ntilde;or manifieste siempre su presencia y su amor, debe animar a toda comunidad cristiana a la que su Se&ntilde;or ha dotado de abundantes provisiones espirituales para atravesar el desierto de este mundo y transformarlo en un vergel florido. Estas provisiones son la escucha d&oacute;cil de su Palabra, los sacramentos y todos los dem&aacute;s recursos espirituales de la liturgia y de la oraci&oacute;n personal. En definitiva, la verdadera provisi&oacute;n es su amor. El amor que impuls&oacute; a Jes&uacute;s a inmolarse por nosotros nos transforma y nos capacita para seguirlo fielmente. <\/p>\n<p>En la l&iacute;nea de lo que la liturgia nos propuso el domingo pasado, la p&aacute;gina evang&eacute;lica de hoy nos ayuda a comprender que s&oacute;lo el amor de Dios puede cambiar desde dentro la existencia del hombre y, en consecuencia, de toda sociedad, porque s&oacute;lo su amor infinito lo libra del pecado, que es la ra&iacute;z de todo mal. Si es verdad que Dios es justicia, no hay que olvidar que es, sobre todo, amor:&nbsp; si odia el pecado, es porque ama infinitamente a toda persona humana. Nos ama a cada uno de nosotros, y su fidelidad es tan profunda que no se desanima ni siquiera ante nuestro rechazo. Hoy, en particular, Jes&uacute;s nos invita a la conversi&oacute;n interior:&nbsp; nos explica por qu&eacute; perdona, y nos ense&ntilde;a a hacer que el perd&oacute;n recibido y dado a los hermanos sea el &quot;pan nuestro de cada d&iacute;a&quot;. <\/p>\n<p>El pasaje evang&eacute;lico narra el episodio de la mujer ad&uacute;ltera en dos escenas sugestivas:&nbsp; en la primera, asistimos a una disputa entre Jes&uacute;s, los escribas y fariseos acerca de una mujer sorprendida en flagrante adulterio y, seg&uacute;n la prescripci&oacute;n contenida en el libro del Lev&iacute;tico (cf. <i>Lv<\/i> 20, 10), condenada a la lapidaci&oacute;n. En la segunda escena se desarrolla un breve y conmovedor di&aacute;logo entre Jes&uacute;s y la pecadora. Los despiadados acusadores de la mujer, citando la ley de Mois&eacute;s, provocan a Jes&uacute;s \u2014lo llaman &quot;maestro&quot; (<i>Did&aacute;skale<\/i>)\u2014, pregunt&aacute;ndole si est&aacute; bien lapidarla. Conocen su misericordia y su amor a los pecadores, y sienten curiosidad por ver c&oacute;mo resolver&aacute; este caso que, seg&uacute;n la ley mosaica, no dejaba lugar a dudas. <\/p>\n<p>Pero Jes&uacute;s se pone inmediatamente de parte de la mujer; en primer lugar, escribiendo en la tierra palabras misteriosas, que el evangelista no revela, pero queda impresionado por ellas; y despu&eacute;s, pronunciando la frase que se ha hecho famosa:&nbsp; &quot;Aquel de vosotros que est&eacute; sin pecado (usa el t&eacute;rmino <i>anam&aacute;rtetos<\/i>, que en el Nuevo Testamento solamente aparece aqu&iacute;), que le arroje la primera piedra&quot; (<i>Jn<\/i> 8, 7) y comience la lapidaci&oacute;n. San Agust&iacute;n, comentando el evangelio de san Juan, observa que &quot;el Se&ntilde;or, en su respuesta, respeta la Ley y no renuncia a su mansedumbre&quot;. Y a&ntilde;ade que con sus palabras obliga a los acusadores a entrar en su interior y, mir&aacute;ndose a s&iacute; mismos, a descubrir que tambi&eacute;n ellos son pecadores. Por lo cual, &quot;golpeados por estas palabras como por una flecha gruesa como una viga, se fueron uno tras otro&quot; (<i>In Io. Ev. tract.<\/i> 33, 5). <\/p>\n<p>As&iacute; pues, uno tras otro, los acusadores que hab&iacute;an querido provocar a Jes&uacute;s se van, &quot;comenzando por los m&aacute;s viejos&quot;. Cuando todos se marcharon, el divino Maestro se qued&oacute; solo con la mujer. El comentario de san Agust&iacute;n es conciso y eficaz:&nbsp; <i>&quot;relicti sunt duo:&nbsp; misera et misericordia&quot;, <\/i>&quot;quedaron s&oacute;lo ellos &nbsp;dos:&nbsp; la miserable y la misericordia&quot; (<i>ib.<\/i>). <\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, deteng&aacute;monos a contemplar esta escena, donde se encuentran frente a frente la miseria del hombre y la misericordia divina, una mujer acusada de un gran pecado y Aquel que, aun sin tener pecado, carg&oacute; con nuestros pecados, con los pecados del mundo entero. &Eacute;l, que se hab&iacute;a puesto a escribir en la tierra, alza ahora los ojos y encuentra los de la mujer. No pide explicaciones. No es ir&oacute;nico cuando le pregunta:&nbsp; &quot;Mujer, &iquest;d&oacute;nde est&aacute;n? &iquest;Nadie te ha condenado?&quot; (<i>Jn<\/i> 8, 10). Y su respuesta es conmovedora:&nbsp; &quot;Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques m&aacute;s&quot; (<i>Jn<\/i> 8, 11). San Agust&iacute;n, en su comentario, observa:&nbsp; &quot;El Se&ntilde;or condena el pecado, no al pecador. En efecto, si hubiera tolerado el pecado, habr&iacute;a dicho:&nbsp; &quot;Tampoco yo te condeno; vete y vive como quieras&#8230; Por grandes que sean tus pecados, yo te librar&eacute; de todo castigo y de todo sufrimiento&quot;. Pero no dijo eso&quot; (<i>In Io. Ev. tract.<\/i> 33, 6). Dice:&nbsp; &quot;Vete y no peques m&aacute;s&quot;. <\/p>\n<p>Queridos amigos, la palabra de Dios que hemos escuchado nos ofrece indicaciones concretas para nuestra vida. Jes&uacute;s no entabla con sus interlocutores una discusi&oacute;n te&oacute;rica sobre el pasaje de la ley de Mois&eacute;s:&nbsp; no le interesa ganar una disputa acad&eacute;mica a prop&oacute;sito de una interpretaci&oacute;n de la ley mosaica; su objetivo es salvar un alma y revelar que la salvaci&oacute;n s&oacute;lo se encuentra en el amor de Dios. Para esto vino a la tierra, por esto morir&aacute; en la cruz y el Padre lo resucitar&aacute; al tercer d&iacute;a. Jes&uacute;s vino para decirnos que quiere que todos vayamos al para&iacute;so, y que el infierno, del que se habla poco en nuestro tiempo, existe y es eterno para los que cierran el coraz&oacute;n a su amor. <\/p>\n<p>Por tanto, tambi&eacute;n en este episodio comprendemos que nuestro verdadero enemigo es el apego al pecado, que puede llevarnos al fracaso de nuestra existencia. Jes&uacute;s despide a la mujer ad&uacute;ltera con esta consigna:&nbsp; &quot;Vete, y en adelante no peques m&aacute;s&quot;. Le concede el perd&oacute;n, para que &quot;en adelante&quot; no peque m&aacute;s. En un episodio an&aacute;logo, el de la pecadora arrepentida, que encontramos en el evangelio de san Lucas (cf. <i> Lc<\/i> 7, 36-50), acoge y dice &quot;vete en paz&quot; a una mujer que se hab&iacute;a arrepentido. Aqu&iacute;, en cambio, la ad&uacute;ltera recibe simplemente el perd&oacute;n de modo incondicional. En ambos casos \u2014el de la pecadora arrepentida y el de la ad&uacute;ltera\u2014 el mensaje es &uacute;nico. En un caso se subraya que no hay perd&oacute;n sin arrepentimiento, sin deseo del perd&oacute;n, sin apertura de coraz&oacute;n al perd&oacute;n. Aqu&iacute; se pone de relieve que s&oacute;lo el perd&oacute;n divino y su amor recibido con coraz&oacute;n abierto y sincero nos dan la fuerza para resistir al mal y &quot;no pecar m&aacute;s&quot;, para dejarnos conquistar por el amor de Dios, que se convierte en nuestra fuerza. De este modo, la actitud de Jes&uacute;s se transforma en un modelo a seguir por toda comunidad, llamada a hacer del amor y del perd&oacute;n el coraz&oacute;n palpitante de su vida. <\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, en el camino cuaresmal que estamos recorriendo y que se acerca r&aacute;pidamente a su fin, nos debe acompa&ntilde;ar la certeza de que Dios no nos abandona jam&aacute;s y que su amor es manantial de alegr&iacute;a y de paz; es la fuerza que nos impulsa poderosamente por el camino de la santidad y, si es necesario, tambi&eacute;n hasta el martirio. Eso es lo que les sucedi&oacute; a los hijos y despu&eacute;s a su valiente madre, santa Felicidad, patronos de vuestra parroquia. <\/p>\n<p>Que, por su intercesi&oacute;n, el Se&ntilde;or os conceda encontraros cada vez m&aacute;s profundamente con Cristo y seguirlo con d&oacute;cil fidelidad, para que, como sucedi&oacute; al ap&oacute;stol san Pablo, tambi&eacute;n vosotros pod&aacute;is proclamar con sinceridad:&nbsp; &quot;Juzgo que todo es p&eacute;rdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jes&uacute;s, mi Se&ntilde;or, por quien perd&iacute; todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo&quot; (<i>Flp<\/i> 3, 8). <\/p>\n<p>Que el ejemplo y la intercesi&oacute;n de estos santos sean para vosotros un est&iacute;mulo constante a seguir el sendero del Evangelio sin titubeos y sin componendas. Que os obtenga esta generosa fidelidad la Virgen Mar&iacute;a, a quien ma&ntilde;ana contemplaremos en el misterio de la Anunciaci&oacute;n y a la que os encomiendo a todos vosotros y a toda la poblaci&oacute;n de este barrio de Fidene. Am&eacute;n <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2007 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE SANTA FELICIDAD E HIJOS, M&Aacute;RTIRES HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Domingo 25 de marzo de 2007 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas de la parroquia de Santa Felicidad e Hijos, m&aacute;rtires:&nbsp; He venido de buen grado a visitaros en este V domingo de Cuaresma, llamado tambi&eacute;n domingo de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-marzo-2007-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-santa-felicidad-e-hijos-martires\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab25 marzo 2007: Visita pastoral a la parroquia romana de Santa Felicidad e Hijos, m\u00e1rtires\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40784","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40784","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40784"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40784\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40784"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40784"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40784"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}