{"id":40790,"date":"2016-10-06T14:57:02","date_gmt":"2016-10-06T19:57:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-2007-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/"},"modified":"2016-10-06T14:57:02","modified_gmt":"2016-10-06T19:57:02","slug":"6-de-enero-de-2007-solemnidad-de-la-epifania-del-senor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-2007-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/","title":{"rendered":"6 de enero de 2007: Solemnidad de la Epifan\u00eda del Se\u00f1or"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SOLEMNIDAD DE LA EPIFAN&Iacute;A DEL SE&Ntilde;OR<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<br \/><\/font><\/b><br \/>Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/>S&aacute;bado 6 de enero de 2007<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; <\/i><\/p>\n<p>Celebramos con alegr&iacute;a la solemnidad de la Epifan&iacute;a, &quot;manifestaci&oacute;n&quot; de Cristo a los gentiles, representados por los Magos, misteriosos personajes llegados de Oriente. Celebramos a Cristo, meta de la peregrinaci&oacute;n de los pueblos en b&uacute;squeda de la salvaci&oacute;n. En la primera lectura hemos escuchado al profeta, inspirado por Dios, que contempla a Jerusal&eacute;n como un faro de luz, que, en medio de las tinieblas y de la niebla de la tierra, orienta el camino de todos los pueblos. La gloria del Se&ntilde;or resplandece sobre la ciudad santa y atrae ante todo a sus hijos deportados y dispersos, pero al mismo &nbsp;tiempo tambi&eacute;n a las naciones paganas, que de todas las partes acuden a Si&oacute;n como a una patria com&uacute;n, enriqueci&eacute;ndola con sus bienes (cf. <i>Is<\/i> 60, 1-6). <\/p>\n<p>En la segunda lectura se nos ha propuesto nuevamente lo que el ap&oacute;stol san Pablo escribi&oacute; a los Efesios, es decir, que la convergencia de jud&iacute;os y gentiles, por iniciativa amorosa de Dios, en la &uacute;nica Iglesia de Cristo era &quot;el misterio&quot; manifestado en la plenitud de los tiempos, la &quot;gracia&quot; de que Dios lo hab&iacute;a hecho ministro (cf. <i>Ef<\/i> 3, 2-3.&nbsp;5-6). Dentro de poco, en el Prefacio cantaremos:&nbsp; &quot;Hoy en Cristo, luz de los pueblos, has revelado a los pueblos el misterio de nuestra salvaci&oacute;n&quot;. <\/p>\n<p>Han transcurrido veinte siglos desde que ese misterio fue revelado y realizado en Cristo, pero a&uacute;n no se ha cumplido plenamente. Mi amado predecesor Juan Pablo II, al inicio de su enc&iacute;clica sobre la misi&oacute;n de la Iglesia, escribi&oacute; que &quot;a finales del segundo milenio despu&eacute;s de su venida, una mirada global a la humanidad demuestra que esta misi&oacute;n se halla todav&iacute;a en los comienzos&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0040\/__P2.HTM\">Redemptoris missio<\/a><\/i>, 1). Surgen espont&aacute;neamente algunas preguntas:&nbsp; &iquest;en qu&eacute; sentido, hoy, Cristo es a&uacute;n <i>lumen gentium<\/i>, luz de los pueblos? &iquest;En qu&eacute; punto est&aacute; \u2014si se puede hablar as&iacute;\u2014 este itinerario universal de los pueblos hacia &eacute;l? &iquest;Est&aacute; en una fase de progreso o de retroceso? Y tambi&eacute;n:&nbsp; &iquest;qui&eacute;nes son hoy los Magos? &iquest;C&oacute;mo podemos interpretar, pensando en el mundo actual, a estos misteriosos personajes evang&eacute;licos? <\/p>\n<p>Para responder a estos interrogantes, quisiera volver a lo que los padres del concilio Vaticano II dijeron al respecto. Y quiero a&ntilde;adir que, inmediatamente despu&eacute;s del Concilio, el siervo de Dios Pablo VI, hace cuarenta a&ntilde;os, exactamente el 26 de marzo de 1967, dedic&oacute; al desarrollo de los pueblos la enc&iacute;clica <i> <a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\"> Populorum progressio<\/a><\/i>. <\/p>\n<p>En verdad,&nbsp;todo el&nbsp;concilio Vaticano&nbsp;II se sinti&oacute; impulsado por el anhelo de anunciar a la humanidad contempor&aacute;nea a Cristo, luz del mundo. En el coraz&oacute;n de la Iglesia, comenzando por el v&eacute;rtice de su jerarqu&iacute;a, brot&oacute; con fuerza, suscitado por el Esp&iacute;ritu Santo, el deseo de una <i>nueva epifan&iacute;a de Cristo en el mundo<\/i>, un mundo que la &eacute;poca moderna hab&iacute;a transformado profundamente y que por primera vez en la historia se encontraba ante el desaf&iacute;o de una civilizaci&oacute;n global, donde el centro ya no pod&iacute;a ser Europa y ni siquiera lo que llamamos Occidente y Norte del mundo. <\/p>\n<p>Resultaba necesario establecer un nuevo orden mundial pol&iacute;tico y econ&oacute;mico, pero al mismo tiempo y sobre todo espiritual y cultural, es decir, un renovado humanismo. Con creciente evidencia se impon&iacute;a esta constataci&oacute;n:&nbsp; un nuevo orden mundial econ&oacute;mico y pol&iacute;tico no funciona si no hay una renovaci&oacute;n espiritual, si no podemos acercarnos de nuevo a Dios y encontrar a Dios en medio de nosotros. <\/p>\n<p>Ya antes del concilio Vaticano II, conciencias iluminadas de pensadores cristianos hab&iacute;an intuido y afrontado este desaf&iacute;o de cambio de &eacute;poca. Pues bien, al inicio del tercer milenio nos encontramos de lleno en esta fase de la historia humana, que ya se ha caracterizado con la palabra &quot;globalizaci&oacute;n&quot;. <\/p>\n<p>Por otra parte, hoy nos damos cuenta de cu&aacute;n f&aacute;cil es perder de vista los t&eacute;rminos de este mismo desaf&iacute;o, precisamente porque estamos implicados en &eacute;l. Este peligro aumenta en gran medida por la inmensa expansi&oacute;n de los medios de comunicaci&oacute;n social, los cuales, aunque por una parte multiplican indefinidamente las informaciones, por otra parecen debilitar nuestra capacidad de s&iacute;ntesis cr&iacute;tica. <\/p>\n<p>La solemnidad que hoy celebramos puede ofrecernos esta perspectiva, a partir de la manifestaci&oacute;n de un Dios que se revel&oacute; en la historia como luz del mundo, para guiar e introducir por fin a la humanidad en la tierra prometida, donde reinan la libertad, la justicia y la paz. Y somos cada vez m&aacute;s conscientes de que por nosotros mismos no podemos promover la justicia y la paz, si no se nos manifiesta la luz de un Dios que nos muestra su rostro, que se nos presenta en el pesebre de Bel&eacute;n, que se nos presenta en la cruz. <\/p>\n<p>As&iacute; pues, &iquest;qui&eacute;nes son los &quot;Magos&quot; de hoy, y en qu&eacute; punto est&aacute; su &quot;viaje&quot; y nuestro &quot;viaje&quot;? Volvamos, queridos hermanos y hermanas, a aquel momento de especial gracia que fue la conclusi&oacute;n del concilio Vaticano II, el 8 de diciembre de 1965, cuando los padres conciliares dirigieron a toda la humanidad algunos &quot;Mensajes&quot;. El primero estaba dirigido &quot;<a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/speeches\/1965\/documents\/hf_p-vi_spe_19651208_epilogo-concilio-governanti.html\">a los gobernantes<\/a>&quot;; el segundo, &quot;<a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/speeches\/1965\/documents\/hf_p-vi_spe_19651208_epilogo-concilio-intelletuali.html\">a los hombres del pensamiento y de la ciencia<\/a>&quot;. Son dos categor&iacute;as de personas que, en cierto modo, podemos ver representadas en los personajes evang&eacute;licos de los Magos. <\/p>\n<p>Quisiera ahora a&ntilde;adir una tercera, a la cual el Concilio no dirigi&oacute; ning&uacute;n mensaje, pero le dedic&oacute; mucha atenci&oacute;n en la declaraci&oacute;n conciliar <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651028_nostra-aetate_sp.html\"> Nostra aetate<\/a><\/i>. Me refiero a los l&iacute;deres espirituales de las grandes religiones no cristianas. Por tanto, a dos mil a&ntilde;os de distancia podemos reconocer en los Magos una suerte de prefiguraci&oacute;n de estas tres dimensiones constitutivas del humanismo moderno:&nbsp; la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica, la cient&iacute;fica y la religiosa. La Epifan&iacute;a nos lo muestra en estado de &quot;peregrinaci&oacute;n&quot;, o sea, en un movimiento de b&uacute;squeda, a menudo algo confusa, que en definitiva tiene su punto de llegada en Cristo, aunque algunas veces la estrella se oculta. <\/p>\n<p>Al mismo tiempo nos muestra a Dios que, a su vez, est&aacute; en peregrinaci&oacute;n hacia el hombre. No existe s&oacute;lo la peregrinaci&oacute;n del hombre hacia Dios; Dios mismo se ha puesto en camino hacia nosotros. En efecto, Jes&uacute;s no es sino Dios, que por decirlo as&iacute; sale de s&iacute; mismo para venir al encuentro de la humanidad. Por amor se ha hecho historia en nuestra historia; por amor ha venido a traernos el germen de la vida nueva (cf. <i>Jn<\/i> 3, 3-6) y a sembrarla en los surcos de nuestra tierra, para que germine, florezca y d&eacute; fruto. <\/p>\n<p>Hoy quisiera hacer m&iacute;os esos Mensajes conciliares, que no han perdido su actualidad. Por ejemplo, en el Mensaje a los gobernantes se lee:&nbsp; &quot;Es a vosotros a quienes toca ser sobre la tierra los promotores del orden y la paz entre los hombres. Pero no lo olvid&eacute;is:&nbsp; es Dios, el Dios vivo y verdadero, el que es el Padre de los hombres. Y es Cristo, su Hijo eterno, quien vino a dec&iacute;rnoslo y a ense&ntilde;arnos que todos somos hermanos. &Eacute;l es el gran artesano del orden y la paz sobre la tierra, porque es &eacute;l quien conduce la historia humana y el &uacute;nico que puede inclinar los corazones a renunciar a las malas pasiones que engendran la guerra y la desgracia&quot; (<i>Concilio Vaticano II, <\/i>BAC, Madrid 1968, p. 838). &iquest;C&oacute;mo no reconocer en estas palabras de los padres conciliares la huella luminosa del &uacute;nico camino que puede transformar la historia de las naciones y del mundo?<\/p>\n<p>Asimismo, en el &quot;Mensaje a los hombres del pensamiento y de la ciencia&quot; leemos:&nbsp; &quot;Continuad buscando sin cansaros, sin desesperar jam&aacute;s de la verdad&quot;. En efecto, el gran peligro consiste en perder el inter&eacute;s por la verdad y buscar s&oacute;lo el hacer, la eficiencia, el pragmatismo. &quot;Recordad \u2014prosiguen los padres conciliares\u2014 las palabras de uno de vuestros grandes amigos, san Agust&iacute;n:&nbsp; &quot;Busquemos con af&aacute;n de encontrar y encontremos con el deseo de buscar a&uacute;n m&aacute;s&quot;. Felices los que, poseyendo la verdad, la buscan m&aacute;s todav&iacute;a a fin de renovarla, profundizar en ella y ofrecerla a los dem&aacute;s. Felices los que, no habi&eacute;ndola encontrado, caminan hacia ella con un coraz&oacute;n sincero:&nbsp; que busquen la luz de ma&ntilde;ana con la luz de hoy, hasta la plenitud de la luz&quot; (<i>ib., <\/i>p. 640). <\/p>\n<p>Esto es lo que dec&iacute;an los dos Mensajes conciliares. Juntamente con los gobernantes de los pueblos, los investigadores y los cient&iacute;ficos, hoy es m&aacute;s necesario que nunca incluir a los representantes de las grandes tradiciones religiosas no cristianas, invit&aacute;ndolos a confrontarse con la luz de Cristo, que no vino a abolir, sino a cumplir lo que la mano de Dios ha escrito en la historia religiosa de las civilizaciones, especialmente en las &quot;grandes almas&quot;, que han contribuido a edificar la humanidad con su sabidur&iacute;a y sus ejemplos de virtud. Cristo es la luz, y la luz no puede oscurecerse; s&oacute;lo puede iluminar, aclarar, revelar. Por tanto, que nadie tenga miedo de Cristo y de su mensaje. Y si a lo largo de la historia los cristianos, por ser hombres limitados y pecadores, lo han traicionado a veces con sus comportamientos, esto hace resaltar a&uacute;n m&aacute;s que la luz es Cristo y que la Iglesia s&oacute;lo la refleja permaneciendo unida a &eacute;l. <\/p>\n<p>&quot;Hemos visto su estrella en oriente y venimos a adorarlo&quot; (<i>Aleluya<\/i>, cf.<i> Mt<\/i> 2, 2). Lo que nos maravilla siempre, al escuchar estas palabras de los Magos, es que se postraron en adoraci&oacute;n ante un simple ni&ntilde;o en brazos de su madre, no en el marco de un palacio real, sino en la pobreza de una caba&ntilde;a en Bel&eacute;n (cf.<i>&nbsp;Mt<\/i> 2, 11). &iquest;C&oacute;mo fue posible? &iquest;Qu&eacute; convenci&oacute; a los Magos de que aquel ni&ntilde;o era &quot;el rey de los jud&iacute;os&quot; y el rey de los pueblos? Ciertamente los persuadi&oacute; la se&ntilde;al de la estrella, que hab&iacute;an visto &quot;al salir&quot;, y que se hab&iacute;a parado precisamente encima de donde estaba el Ni&ntilde;o (cf. <i>Mt<\/i> 2, 9). Pero tampoco habr&iacute;a bastado la estrella, si los Magos no hubieran sido personas &iacute;ntimamente abiertas a la verdad. A diferencia del rey Herodes, obsesionado por sus deseos de poder y riqueza, los Magos se pusieron en camino hacia la meta de su b&uacute;squeda, y cuando la encontraron, aunque eran hombres cultos, se comportaron como los pastores de Bel&eacute;n:&nbsp; reconocieron la se&ntilde;al y adoraron al Ni&ntilde;o, ofreci&eacute;ndole los dones preciosos y simb&oacute;licos que hab&iacute;an llevado consigo. <\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, tambi&eacute;n nosotros deteng&aacute;monos idealmente ante el icono de la adoraci&oacute;n de los Magos. Encierra un mensaje exigente y siempre actual. Exigente y siempre actual ante todo para la Iglesia que, reflej&aacute;ndose en Mar&iacute;a, est&aacute; llamada a mostrar a los hombres a Jes&uacute;s, nada m&aacute;s que a Jes&uacute;s, pues &eacute;l lo es Todo y la Iglesia s&oacute;lo existe para permanecer unida a &eacute;l y para darlo a conocer al mundo. <\/p>\n<p>Que la Madre del Verbo encarnado nos ayude a ser d&oacute;ciles disc&iacute;pulos de su Hijo, Luz de los pueblos. El ejemplo de los Magos de entonces es una invitaci&oacute;n tambi&eacute;n para los Magos de hoy a abrir su mente y su coraz&oacute;n a Cristo y ofrecerle los dones de su b&uacute;squeda. A ellos, a todos los hombres de nuestro tiempo, quisiera repetirles hoy:&nbsp; no teng&aacute;is miedo de la luz de Cristo. Su luz es el esplendor de la verdad. Dejaos iluminar por &eacute;l, pueblos todos de la tierra; dejaos envolver por su amor y encontrar&eacute;is el camino de la paz. As&iacute; sea. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2007 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\"> <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNIDAD DE LA EPIFAN&Iacute;A DEL SE&Ntilde;OR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVIBas&iacute;lica de San PedroS&aacute;bado 6 de enero de 2007 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; Celebramos con alegr&iacute;a la solemnidad de la Epifan&iacute;a, &quot;manifestaci&oacute;n&quot; de Cristo a los gentiles, representados por los Magos, misteriosos personajes llegados de Oriente. Celebramos a Cristo, meta de la peregrinaci&oacute;n &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-2007-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab6 de enero de 2007: Solemnidad de la Epifan\u00eda del Se\u00f1or\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40790","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40790","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40790"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40790\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40790"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40790"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40790"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}