{"id":40793,"date":"2016-10-06T15:00:14","date_gmt":"2016-10-06T20:00:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-2008-visperas-de-la-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-y-te-deum-2\/"},"modified":"2016-10-06T15:00:14","modified_gmt":"2016-10-06T20:00:14","slug":"31-de-diciembre-de-2008-visperas-de-la-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-y-te-deum-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-2008-visperas-de-la-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-y-te-deum-2\/","title":{"rendered":"31 de diciembre de 2008: V\u00edsperas de la solemnidad de Santa Mar\u00eda, Madre de Dios y Te Deum"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">V&Iacute;SPERAS DE LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS, <br \/>Y CANTO DEL &quot;TE DEUM&quot; <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica Vaticana<br \/>31 de diciembre de 2008 <\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p>El a&ntilde;o que termina y el que se anuncia en el horizonte est&aacute;n puestos bajo la mirada y la bendici&oacute;n de la sant&iacute;sima Madre de Dios. Tambi&eacute;n la escultura art&iacute;stica de madera pol&iacute;croma situada aqu&iacute;, junto al altar, que la representa en el trono con el Ni&ntilde;o que bendice, nos recuerda su presencia maternal. Celebramos las primeras V&iacute;speras de esta solemnidad mariana, y en ellas son numerosas las referencias lit&uacute;rgicas al misterio de la maternidad divina de la Virgen. <\/p>\n<p>&quot;<i>O admirabile commercium<\/i>! &iexcl;Qu&eacute; admirable intercambio!&quot;. As&iacute; comienza la ant&iacute;fona del primer salmo, y luego prosigue: &quot;El Creador del g&eacute;nero humano, tomando cuerpo y alma, nace de una virgen&quot;. &quot;Cuando naciste inefablemente de la Virgen, se cumplieron las Escrituras&quot;, proclama la ant&iacute;fona del segundo salmo, del que se hacen eco las palabras de la tercera ant&iacute;fona, que nos ha introducido en el c&aacute;ntico tomado de la carta de san Pablo a los Efesios: &quot;Reconocemos tu virginidad admirablemente conservada. Madre de Dios, intercede por nosotros&quot;. La maternidad divina de Mar&iacute;a tambi&eacute;n se pone de relieve en la lectura breve que se acaba de proclamar y que vuelve a proponer los conocidos vers&iacute;culos de la carta a los G&aacute;latas: &quot;Cuando se cumpli&oacute; el tiempo, envi&oacute; Dios a su Hijo, nacido de una mujer (&#8230;), para que recibi&eacute;ramos el ser hijos por adopci&oacute;n&quot; (<i>Ga<\/i> 4, 4-5). Y tambi&eacute;n en el tradicional <i>Te Deum<\/i>, que elevaremos al final de nuestra celebraci&oacute;n ante el Sant&iacute;simo Sacramento solemnemente expuesto a nuestra adoraci&oacute;n, cantaremos: &quot;<i>Tu, ad liberandum suscepturus hominem, non horruisti Virginis uterum<\/i>&quot;, en espa&ntilde;ol: &quot;T&uacute;, oh Cristo, naciste de la Virgen Madre por la salvaci&oacute;n del hombre&quot;. <\/p>\n<p>As&iacute; pues, esta tarde todo nos invita a dirigir la mirada hacia la mujer que &quot;acogi&oacute; en su coraz&oacute;n y en su cuerpo al Verbo de Dios y dio la Vida al mundo&quot;; y precisamente por esto \u2014recuerda el concilio Vaticano II\u2014 &quot;es reconocida y venerada como verdadera Madre de Dios&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>, <\/i>53). El Nacimiento de Cristo, que conmemoramos en estos d&iacute;as, est&aacute; totalmente iluminado por la luz de Mar&iacute;a y, mientras nos detenemos en el bel&eacute;n a contemplar al Ni&ntilde;o, la mirada no puede dejar de dirigirse tambi&eacute;n hacia la Madre, que con su &quot;s&iacute;&quot; hizo posible el don de la Redenci&oacute;n. Por eso, el tiempo de Navidad conlleva una profunda connotaci&oacute;n mariana; el nacimiento de Jes&uacute;s, hombre-Dios y la maternidad divina de Mar&iacute;a son realidades inseparables entre s&iacute;; el misterio de Mar&iacute;a y el misterio del Hijo unig&eacute;nito de Dios que se hace hombre forman un &uacute;nico misterio, donde uno ayuda a comprender mejor el otro. <\/p>\n<p>Mar&iacute;a, Madre de Dios Theot&oacute;kos, <i>Dei Genetrix<\/i>. Desde la antig&uuml;edad, la Virgen ha sido honrada con este t&iacute;tulo. En Occidente, sin embargo, durante muchos siglos no se encuentra una fiesta espec&iacute;fica dedicada a la maternidad divina de Mar&iacute;a. La introdujo en la Iglesia latina el Papa P&iacute;o xi en 1931, con ocasi&oacute;n del XV centenario del concilio de &Eacute;feso, y la estableci&oacute; el 11 de octubre. En esta fecha comenz&oacute;, en 1962, el concilio ecum&eacute;nico Vaticano II. Fue despu&eacute;s el siervo de Dios Pablo VI, en 1969, retomando una antigua tradici&oacute;n, quien fij&oacute; esta solemnidad el 1 de enero. Y en la exhortaci&oacute;n apost&oacute;lica <i> <a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19740202_marialis-cultus.html\">Marialis cultus<\/a>, <\/i>del 2 de febrero de 1974, explic&oacute; el motivo de esta elecci&oacute;n y su conexi&oacute;n con la Jornada mundial de la paz. &quot;En la nueva ordenaci&oacute;n del per&iacute;odo navide&ntilde;o nos parece que la atenci&oacute;n com&uacute;n se debe dirigir a la renovada solemnidad de la Maternidad de Mar&iacute;a, (&#8230;) que est&aacute; destinada a celebrar la parte que tuvo Mar&iacute;a en el misterio de la salvaci&oacute;n y a exaltar la singular dignidad de que goza la Madre santa (&#8230;), y es, asimismo, ocasi&oacute;n propicia para renovar la adoraci&oacute;n al reci&eacute;n nacido Pr&iacute;ncipe de la paz, para escuchar de nuevo el jubiloso anuncio ang&eacute;lico (cf. <i>Lc<\/i> 2, 14), para implorar de Dios, por mediaci&oacute;n de la Reina de la paz, el don supremo de la paz&quot; (<i>L&#8217;Osservatore Romano, <\/i>edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 24 de marzo de 1974, p.2). <\/p>\n<p>Esta tarde queremos poner en las manos de la Madre celestial de Dios nuestro himno coral de acci&oacute;n de gracias al Se&ntilde;or por los beneficios que nos ha concedido abundantemente en los &uacute;ltimos doce meses. El primer sentimiento que nace espont&aacute;neamente esta tarde en el coraz&oacute;n es precisamente el de alabanza y acci&oacute;n de gracias a Aquel que nos hace el don del tiempo, oportunidad preciosa de hacer el bien; a&ntilde;adamos la petici&oacute;n de perd&oacute;n por no haberlo quiz&aacute;s empleado siempre &uacute;tilmente. Me alegra compartir esta acci&oacute;n de gracias con vosotros, queridos hermanos y hermanas, que represent&aacute;is a toda nuestra comunidad diocesana, a la que dirijo mi saludo cordial, extendi&eacute;ndolo a todos los habitantes de Roma. Dirijo un saludo particular al cardenal vicario y al alcalde, que han comenzado este a&ntilde;o sus diversas misiones \u2014el primero, espiritual y religiosa; el segundo, civil y administrativa\u2014 al servicio de esta ciudad nuestra. Mi saludo se extiende a los obispos auxiliares, a los sacerdotes, a las personas consagradas y a los numerosos fieles laicos congregados aqu&iacute;, as&iacute; como a las autoridades presentes. <\/p>\n<p>Al venir al mundo, el Verbo eterno del Padre nos revel&oacute; la cercan&iacute;a de Dios y la verdad &uacute;ltima sobre el hombre y sobre su destino eterno; vino a quedarse con nosotros para ser nuestro apoyo insustituible, especialmente en las inevitables dificultades de cada d&iacute;a. Y esta tarde la Virgen misma nos recuerda qu&eacute; gran regalo nos ha hecho Jes&uacute;s con su nacimiento, qu&eacute; precioso &quot;tesoro&quot; constituye para nosotros su Encarnaci&oacute;n. En su Nacimiento Jes&uacute;s viene a ofrecer su Palabra como l&aacute;mpara que gu&iacute;a nuestros pasos; viene a ofrecerse a s&iacute; mismo; y en nuestra existencia cotidiana debemos saber dar raz&oacute;n de &eacute;l, nuestra esperanza cierta, conscientes de que &quot;el misterio del hombre s&oacute;lo se esclarece verdaderamente en el misterio del Verbo encarnado&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>, <\/i>22). <\/p>\n<p>La presencia de Cristo es un don que debemos compartir con todos. A esto se dirige el esfuerzo que la comunidad diocesana est&aacute; llevando a cabo para la formaci&oacute;n de los agentes pastorales, a fin de que sean capaces de responder a los desaf&iacute;os que la cultura moderna plantea a la fe cristiana. La presencia de numerosas y cualificadas instituciones acad&eacute;micas en Roma y las numerosas iniciativas promovidas por las parroquias nos hacen mirar con confianza al futuro del cristianismo en esta ciudad. Como sab&eacute;is bien, el encuentro con Cristo renueva la existencia personal y nos ayuda a contribuir a la construcci&oacute;n de una sociedad justa y fraterna. <\/p>\n<p>Como creyentes, podemos dar una gran contribuci&oacute;n tambi&eacute;n para superar la actual emergencia educativa. Por eso, es sumamente &uacute;til que crezca la sinergia entre las familias, la escuela y las parroquias para una evangelizaci&oacute;n profunda y para una valiente promoci&oacute;n humana, capaces de comunicar al mayor n&uacute;mero posible de personas la riqueza que brota del encuentro con Cristo. As&iacute; pues, animo a todos los componentes de nuestra di&oacute;cesis a proseguir el camino emprendido, realizando juntos el programa del a&ntilde;o pastoral actual, que mira precisamente a &quot;educar en la esperanza mediante la oraci&oacute;n, la acci&oacute;n y el sufrimiento&quot;. <\/p>\n<p>En nuestro tiempo, marcado por la inseguridad y la preocupaci&oacute;n por el futuro, es necesario experimentar la presencia viva de Cristo. Mar&iacute;a, Estrella de la esperanza, es quien nos conduce a &eacute;l. Ella, con su amor materno, es quien puede guiar a Jes&uacute;s especialmente a los j&oacute;venes, los cuales llevan imborrable en su coraz&oacute;n el interrogante sobre el sentido de la existencia humana. S&eacute; que diversos grupos de padres, reuni&eacute;ndose para profundizar en su vocaci&oacute;n, buscan nuevos caminos para ayudar a sus hijos a responder a los grandes interrogantes existenciales. Les exhorto cordialmente, al igual que a toda la comunidad cristiana, a dar testimonio a las nuevas generaciones de la alegr&iacute;a que brota del encuentro con Jes&uacute;s, el cual, al nacer en Bel&eacute;n, no vino a quitarnos algo, sino a d&aacute;rnoslo todo. <\/p>\n<p>En la Noche de Navidad tuve un recuerdo especial para los ni&ntilde;os; esta tarde, en cambio, quiero dedicar mi atenci&oacute;n sobre todo a los j&oacute;venes. Queridos j&oacute;venes, responsables del futuro de esta ciudad nuestra, no teng&aacute;is miedo de la tarea apost&oacute;lica que el Se&ntilde;or os conf&iacute;a; no dud&eacute;is en elegir un estilo de vida que no siga la mentalidad hedonista actual. El Esp&iacute;ritu Santo os asegura la fuerza necesaria para dar testimonio de la alegr&iacute;a de la fe y de la belleza de ser cristianos. Las crecientes necesidades de la evangelizaci&oacute;n requieren numerosos obreros en la vi&ntilde;a del Se&ntilde;or: no dud&eacute;is en responderle con prontitud si os llama. La sociedad necesita ciudadanos que no se preocupen s&oacute;lo de sus propios intereses, porque, como record&eacute; el d&iacute;a de Navidad, &quot;si cada uno piensa s&oacute;lo en sus propios intereses, el mundo se encamina a la ruina&quot; (<a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/urbi\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20081225_urbi.html\">Mensaje &quot;Urbi et orbi&quot;<\/a>: <i>L&#8217;Osservatore Romano, <\/i>edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 26 de diciembre de 2008, p. 20). <\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, este a&ntilde;o se cierra con la conciencia de una crisis econ&oacute;mica y social creciente, que ya afecta al mundo entero; una crisis que requiere de todos m&aacute;s sobriedad y solidaridad para ayudar especialmente a las personas y las familias con dificultades m&aacute;s graves. La comunidad cristiana se est&aacute; ya comprometiendo, y s&eacute; que la C&aacute;ritas diocesana y las dem&aacute;s organizaciones ben&eacute;ficas hacen lo posible, pero es necesaria la colaboraci&oacute;n de todos, porque nadie puede pensar en construir por s&iacute; solo su propia felicidad. <\/p>\n<p>Aunque en el horizonte se ciernen no pocas sombras sobre nuestro futuro, no debemos tener miedo. Nuestra gran esperanza como creyentes es la vida eterna en la comuni&oacute;n de Cristo y de toda la familia de Dios. Esta gran esperanza nos da la fuerza para afrontar y superar las dificultades de la vida en este mundo. Esta tarde, la presencia maternal de Mar&iacute;a nos asegura que Dios no nos abandona nunca, si nos entregamos a &eacute;l y seguimos sus ense&ntilde;anzas. As&iacute; pues, con filial afecto y confianza encomendemos a Mar&iacute;a las esperanzas y los anhelos, as&iacute; como los temores y las dificultades que llevamos en el coraz&oacute;n, mientras despedimos el a&ntilde;o 2008 y nos preparamos para acoger el 2009. Ella, la Virgen Madre, nos ofrece al Ni&ntilde;o que yace en el pesebre como nuestra esperanza segura. Llenos de confianza, podremos entonces cantar al concluir el <i>Te Deum<\/i>: &quot;<i>In te, Domine, speravi: non confundar in aeternum<\/i>&quot;, &quot;T&uacute;, Se&ntilde;or, eres nuestra esperanza, no quedaremos confundidos eternamente&quot;. S&iacute;, Se&ntilde;or, en ti esperamos, hoy y siempre; t&uacute; eres nuestra esperanza. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>V&Iacute;SPERAS DE LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS, Y CANTO DEL &quot;TE DEUM&quot; HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana31 de diciembre de 2008 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: El a&ntilde;o que termina y el que se anuncia en el horizonte est&aacute;n puestos bajo la mirada y la bendici&oacute;n de la sant&iacute;sima &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-2008-visperas-de-la-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-y-te-deum-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab31 de diciembre de 2008: V\u00edsperas de la solemnidad de Santa Mar\u00eda, Madre de Dios y Te Deum\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40793","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40793","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40793"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40793\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40793"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40793"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40793"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}