{"id":40794,"date":"2016-10-06T15:00:15","date_gmt":"2016-10-06T20:00:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-diciembre-de-2008-misa-de-nochebuena\/"},"modified":"2016-10-06T15:00:15","modified_gmt":"2016-10-06T20:00:15","slug":"24-de-diciembre-de-2008-misa-de-nochebuena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-diciembre-de-2008-misa-de-nochebuena\/","title":{"rendered":"24 de diciembre de 2008: Misa de Nochebuena"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA DE NOCHEBUENA <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SE&Ntilde;OR<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> 25 de diciembre de 2008 <\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas<\/i><\/p>\n<p>&laquo;&iquest;Qui&eacute;n como el Se&ntilde;or, Dios nuestro, que se eleva en su trono y se abaja para mirar al cielo y a la tierra?&raquo;. As&iacute; canta Israel en uno de sus Salmos (113 [112],5s), en el que exalta al mismo tiempo la grandeza de Dios y su ben&eacute;vola cercan&iacute;a a los hombres. Dios reside en lo alto, pero se inclina hacia abajo&#8230; Dios es inmensamente grande e inconmensurablemente por encima de nosotros. Esta es la primera experiencia del hombre. La distancia parece infinita. El Creador del universo, el que gu&iacute;a todo, est&aacute; muy lejos de nosotros: as&iacute; parece inicialmente. Pero luego viene la experiencia sorprendente: Aqu&eacute;l que no tiene igual, que &laquo;se eleva en su trono&raquo;, mira hacia abajo, se inclina hacia abajo. &Eacute;l nos ve y me ve. Este mirar hacia abajo es m&aacute;s que una mirada desde lo alto. El mirar de Dios es un obrar. El hecho que &Eacute;l me ve, me mira, me transforma a m&iacute; y al mundo que me rodea. As&iacute;, el Salmo prosigue inmediatamente: &laquo;Levanta del polvo al desvalido&#8230;&raquo;. Con su mirar hacia abajo, &Eacute;l me levanta, me toma ben&eacute;volamente de la mano y me ayuda a subir, precisamente yo, de abajo hacia arriba. &laquo;Dios se inclina&raquo;. Esta es una palabra prof&eacute;tica. En la noche de Bel&eacute;n, esta palabra ha adquirido un sentido completamente nuevo. El inclinarse de Dios ha asumido un realismo inaudito y antes inimaginable. &Eacute;l se inclina: viene abajo, precisamente &Eacute;l, como un ni&ntilde;o, incluso hasta la miseria del establo, s&iacute;mbolo toda necesidad y estado de abandono de los hombres. Dios baja realmente. Se hace un ni&ntilde;o y pone en la condici&oacute;n de dependencia total propia de un ser humano reci&eacute;n nacido. El Creador que tiene todo en sus manos, del que todos nosotros dependemos, se hace peque&ntilde;o y necesitado del amor humano. Dios est&aacute; en el establo. En el antiguo Testamento el templo fue considerado algo as&iacute; como el escabel de Dios; el arca sagrada como el lugar en que &Eacute;l, de modo misterioso, estaba presente entre los hombres. As&iacute; se sab&iacute;a que sobre el templo, ocultamente, estaba la nube de la gloria de Dios. Ahora, est&aacute; sobre el establo. Dios est&aacute; en la nube de la miseria de un ni&ntilde;o sin posada: qu&eacute; nube impenetrable y, no obstante, nube de la gloria. En efecto, &iquest;de qu&eacute; otro modo podr&iacute;a aparecer m&aacute;s grande y m&aacute;s pura su predilecci&oacute;n por el hombre, su preocupaci&oacute;n por &eacute;l? La nube del ocultaci&oacute;n, de la pobreza del ni&ntilde;o totalmente necesitado de amor, es al mismo tiempo la nube de la gloria. Porque nada puede ser m&aacute;s sublime, m&aacute;s grande, que el amor que se inclina de este modo, que desciende, que se hace dependiente. La gloria del verdadero Dios se hace visible cuando se abren los ojos del coraz&oacute;n ante del establo de Bel&eacute;n.<\/p>\n<p>El relato de la Natividad seg&uacute;n San Lucas, que acabamos de escuchar en el pasaje evang&eacute;lico, nos dice que Dios, en primer lugar, ha levantado un poco el velo que lo ocultaba ante personas de muy baja condici&oacute;n, ante personas que en la gran sociedad eran m&aacute;s bien despreciadas: ante los pastores que velaban sus reba&ntilde;os en los campos de las cercan&iacute;as de Bel&eacute;n. Lucas nos dice que estas personas &laquo;velaban&raquo;. Podemos sentirnos as&iacute; atra&iacute;dos de nuevo por un motivo central del mensaje de Jes&uacute;s, en el que, repetidamente y con urgencia creciente hasta el Huerto de los Olivos, aparece la invitaci&oacute;n a la vigilancia, a permanecer despiertos para percibir llegada de Dios y estar preparados para ella. Por tanto, tambi&eacute;n aqu&iacute; la palabra significa quiz&aacute;s algo m&aacute;s que el simple estar materialmente despiertos durante la noche. Fueron realmente personas en alerta, en las que estaba vivo el sentido de Dios y de su cercan&iacute;a. Personas que estaban a la espera de Dios y que no se resignaban a su aparente lejan&iacute;a de su vida cotidiana. A un coraz&oacute;n vigilante se le puede dirigir el mensaje de la gran alegr&iacute;a: en esta noche os ha nacido el Salvador. S&oacute;lo el coraz&oacute;n vigilante es capaz de creer en el mensaje. S&oacute;lo el coraz&oacute;n vigilante puede infundir el &aacute;nimo de encaminarse para encontrar a Dios en las condiciones de un ni&ntilde;o en el establo. Roguemos en esta hora al Se&ntilde;or que nos ayude tambi&eacute;n a nosotros a convertirnos en personas vigilantes.<\/p>\n<p>San Lucas nos cuenta, adem&aacute;s, que los pastores mismos estaban &laquo;envueltos&raquo; en la gloria de Dios, en la nube de luz, que se encontraron en el &iacute;ntimo resplandor de esta gloria. Envueltos por la nube santa escucharon el canto de alabanza de los &aacute;ngeles: &laquo;Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Dios ama&raquo;. Y, &iquest;qui&eacute;nes son estos hombres de su benevolencia sino los peque&ntilde;os, los vigilantes, los que est&aacute;n a la espera, que esperan en la bondad de Dios y lo buscan mirando hacia &Eacute;l desde lejos?<\/p>\n<p>En los Padres de la Iglesia se puede encontrar un comentario sorprendente sobre el canto con el que los &aacute;ngeles saludan al Redentor. Hasta aquel momento \u2013dicen los Padres\u2013 los &aacute;ngeles conoc&iacute;an a Dios en la grandeza del universo, en la l&oacute;gica y la belleza del cosmos que provienen de &Eacute;l y que lo reflejan. Hab&iacute;an escuchado, por decirlo as&iacute;, el canto de alabanza callado de la creaci&oacute;n y lo hab&iacute;an transformado en m&uacute;sica del cielo. Pero ahora hab&iacute;a ocurrido algo nuevo, incluso sobrecogedor para ellos. Aqu&eacute;l de quien habla el universo, el Dios que sustenta todo y lo tiene en su mano, &Eacute;l mismo hab&iacute;a entrado en la historia de los hombres, se hab&iacute;a hecho uno que act&uacute;a y que sufre en la historia. De la gozosa turbaci&oacute;n suscitada por este acontecimiento inconcebible, de esta segunda y nueva manera en que Dios ha manifestado \u2013dicen los Padres\u2013 surgi&oacute; un canto nuevo, una estrofa que el Evangelio de Navidad ha conservado para nosotros: &laquo;Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Dios ama&raquo;. Tal vez podemos decir que, seg&uacute;n la estructura de la poes&iacute;a jud&iacute;a, este doble vers&iacute;culo, en sus dos partes, dice en el fondo lo mismo, pero desde un punto de vista diferente. La gloria de Dios est&aacute; en lo m&aacute;s alto de los cielos, pero esta altura de Dios se encuentra ahora en el establo: lo que era bajo se ha hecho sublime. Su gloria est&aacute; en la tierra, es la gloria de la humildad y del amor. Y tambi&eacute;n: la gloria de Dios es la paz. Donde est&aacute; &Eacute;l, all&iacute; hay paz. &Eacute;l est&aacute; donde los hombres no pretenden hacer aut&oacute;nomamente de la tierra el para&iacute;so, sirvi&eacute;ndose para ello de la violencia. &Eacute;l est&aacute; con las personas del coraz&oacute;n vigilante; con los humildes y con los que corresponden a su elevaci&oacute;n, a la elevaci&oacute;n de la humildad y el amor. A estos da su paz, porque por medio de ellos entre la paz en este mundo.<\/p>\n<p>El te&oacute;logo medieval Guillermo de S. Thierry dijo una vez: Dios ha visto que su grandeza \u2013a partir de Ad&aacute;n\u2013 provocaba resistencia; que el hombre se siente limitado en su ser &eacute;l mismo y amenazado en su libertad. Por lo tanto, Dios ha elegido una nueva v&iacute;a. Se ha hecho un ni&ntilde;o. Se ha hecho dependiente y d&eacute;bil, necesitado de nuestro amor. Ahora \u2013dice ese Dios que se ha hecho ni&ntilde;o\u2013 ya no pod&eacute;is tener miedo de m&iacute;, ya s&oacute;lo pod&eacute;is amarme.<\/p>\n<p>Con estos pensamientos nos acercamos en esta noche al Ni&ntilde;o de Bel&eacute;n, a ese Dios que ha querido hacerse ni&ntilde;o por nosotros. En cada ni&ntilde;o hay un reverbero del ni&ntilde;o de Bel&eacute;n. Cada ni&ntilde;o reclama nuestro amor. Pensemos por tanto en esta noche de modo particular tambi&eacute;n en aquellos ni&ntilde;os a los que se les niega el amor de los padres. A los ni&ntilde;os de la calle que no tienen el don de un hogar dom&eacute;stico. A los ni&ntilde;os que son utilizados brutalmente como soldados y convertidos en instrumentos de violencia, en lugar de poder ser portadores de reconciliaci&oacute;n y de paz. A los ni&ntilde;os heridos en lo m&aacute;s profundo del alma por medio de la industria de la pornograf&iacute;a y todas las otras formas abominables de abuso. El Ni&ntilde;o de Bel&eacute;n es un nuevo llamamiento que se nos dirige a hacer todo lo posible con el fin de que termine la tribulaci&oacute;n de estos ni&ntilde;os; a hacer todo lo posible para que la luz de Bel&eacute;n toque el coraz&oacute;n de los hombres. Solamente a trav&eacute;s de la conversi&oacute;n de los corazones, solamente por un cambio en lo &iacute;ntimo del hombre se puede superar la causa de todo este mal, se puede vencer el poder del maligno. S&oacute;lo si los hombres cambian, cambia el mundo y, para cambiar, los hombres necesitan la luz que viene de Dios, de esa luz que de modo tan inesperado ha entrado en nuestra noche.<\/p>\n<p>Y hablando del Ni&ntilde;o de Bel&eacute;n pensemos tambi&eacute;n en el pueblo que lleva el nombre de Bel&eacute;n; pensemos en aquel pa&iacute;s en el que Jes&uacute;s ha vivido y que tanto ha amado. Y roguemos para que all&iacute; se haga la paz. Que cesen el odio y la violencia. Que se abra el camino de la comprensi&oacute;n rec&iacute;proca, se produzca una apertura de los corazones que abra las fronteras. Qu&eacute; venga la paz que cantaron los &aacute;ngeles en aquella noche.<\/p>\n<p>En el Salmo 96 [95] Israel, y con &eacute;l la Iglesia, alaban la grandeza de Dios que se manifiesta en la creaci&oacute;n. Todas las criaturas est&aacute;n llamadas a unirse a este canto de alabanza, y en &eacute;l se encuentra tambi&eacute;n una invitaci&oacute;n: &laquo;Aclamen los &aacute;rboles del bosque delante del Se&ntilde;or, que ya llega&raquo;, (12s.). La Iglesia lee tambi&eacute;n este Salmo como una profec&iacute;a y, a la vez, como una tarea. La venida de Dios en Bel&eacute;n fue silenciosa. Solamente los pastores que velaban fueron envueltos por unos momentos en el esplendor luminoso de su llegada y pudieron escuchar una parte de aquel canto nuevo nacido de la maravilla y de la alegr&iacute;a de los &aacute;ngeles por la llegada de Dios. Este venir silencioso de la gloria de Dios contin&uacute;a a trav&eacute;s de los siglos. Donde hay fe, donde su palabra se anuncia y se escucha, Dios re&uacute;ne a los hombres y se entrega a ellos en su Cuerpo, los transforma en su Cuerpo. &Eacute;l &laquo;viene&raquo;. Y, as&iacute;, el coraz&oacute;n de los hombres se despierta. El canto nuevo de los &aacute;ngeles se convierte en canto de los hombres que, a lo largo de los siglos y de manera siempre nueva, cantan la llegada de Dios como ni&ntilde;o y, se alegran desde lo m&aacute;s profundo de su ser. Y los &aacute;rboles del bosque van hacia &Eacute;l y exultan. El &aacute;rbol en Plaza de san Pedro habla de &Eacute;l, quiere transmitir su esplendor y decir: S&iacute;, &Eacute;l ha venido y los &aacute;rboles del bosque lo aclaman. Los &aacute;rboles en las ciudades y en las casas deber&iacute;an ser algo m&aacute;s que una costumbre festiva: ellos se&ntilde;alan a Aqu&eacute;l que es la raz&oacute;n de nuestra alegr&iacute;a, al Dios que viene, el Dios que por nosotros se ha hecho ni&ntilde;o. El canto de alabanza, en lo m&aacute;s profundo, habla en fin de Aqu&eacute;l que es el &aacute;rbol de la vida mismo reencontrado. En la fe en &Eacute;l recibimos la vida. En el sacramento de la Eucarist&iacute;a &Eacute;l se nos da, da una vida que llega hasta la eternidad. En estos momentos nosotros nos sumamos al canto de alabanza de la creaci&oacute;n, y nuestra alabanza es al mismo tiempo una plegaria: S&iacute;, Se&ntilde;or, haz vernos algo del esplendor de tu gloria. Y da la paz en la tierra. Haznos hombres y mujeres de tu paz. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE NOCHEBUENA SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SE&Ntilde;OR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana 25 de diciembre de 2008 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas &laquo;&iquest;Qui&eacute;n como el Se&ntilde;or, Dios nuestro, que se eleva en su trono y se abaja para mirar al cielo y a la tierra?&raquo;. 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