{"id":40797,"date":"2016-10-06T15:00:17","date_gmt":"2016-10-06T20:00:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-noviembre-de-2008-visita-pastoral-a-la-basilica-de-san-lorenzo-extramuros-con-ocasion-del-1750-aniversario-del-martirio-del-santo-diacono-2\/"},"modified":"2016-10-06T15:00:17","modified_gmt":"2016-10-06T20:00:17","slug":"30-de-noviembre-de-2008-visita-pastoral-a-la-basilica-de-san-lorenzo-extramuros-con-ocasion-del-1750-aniversario-del-martirio-del-santo-diacono-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-noviembre-de-2008-visita-pastoral-a-la-basilica-de-san-lorenzo-extramuros-con-ocasion-del-1750-aniversario-del-martirio-del-santo-diacono-2\/","title":{"rendered":"30 de noviembre de 2008: Visita pastoral a la Bas\u00edlica de San Lorenzo extramuros con ocasi\u00f3n del 1750 aniversario del martirio del santo di\u00e1cono"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA BAS&Iacute;LICA DE SAN LORENZO EXTRAMUROS<br \/> CON OCASI&Oacute;N DEL 1750&deg; ANIVERSARIO DEL MARTIRIO <br \/> DEL SANTO DI&Aacute;CONO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/liturgical_year\/advent\/2008\/i_sunday_sp.htm\">I Domingo de Adviento<\/a>, 30 de noviembre de 2008<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p>Con este primer domingo de Adviento entramos en el tiempo de cuatro semanas con que inicia un nuevo a&ntilde;o lit&uacute;rgico y que nos prepara inmediatamente para la fiesta de la Navidad, memoria de la encarnaci&oacute;n de Cristo en la historia. Pero el mensaje espiritual de Adviento es m&aacute;s profundo y ya nos proyecta hacia la vuelta gloriosa del Se&ntilde;or, al final de nuestra historia. <i>Adventus<\/i> es palabra latina que podr&iacute;a traducirse por &quot;llegada&quot;, &quot;venida&quot;, &quot;presencia&quot;. En el lenguaje del mundo antiguo era un t&eacute;rmino t&eacute;cnico que indicaba la llegada de un funcionario, en particular la visita de reyes o emperadores a las provincias, pero tambi&eacute;n pod&iacute;a utilizarse para la aparici&oacute;n de una divinidad, que sal&iacute;a de su morada oculta y as&iacute; manifestaba su poder divino: su presencia se celebraba solemnemente en el culto. <\/p>\n<p>Los cristianos, al adoptar el t&eacute;rmino &quot;Adviento&quot;, quisieron expresar la relaci&oacute;n especial que los un&iacute;a a Cristo crucificado y resucitado. &Eacute;l es el Rey que, al entrar en esta pobre provincia llamada tierra, nos ha hecho el don de su visita y, despu&eacute;s de su resurrecci&oacute;n y ascensi&oacute;n al cielo, ha querido permanecer siempre con nosotros: percibimos su misteriosa presencia en la asamblea lit&uacute;rgica. <\/p>\n<p>En efecto, al celebrar la Eucarist&iacute;a, proclamamos que &eacute;l no se ha retirado del mundo y no nos ha dejado solos, y, aunque no lo podamos ver y tocar como sucede con las realidades materiales y sensibles, siempre est&aacute; <i>con<\/i> nosotros y <i> entre<\/i> nosotros; m&aacute;s a&uacute;n, est&aacute; <i>en <\/i>nosotros, porque puede atraer a s&iacute; y comunicar su vida a todo creyente que le abra el coraz&oacute;n. Por tanto, Adviento significa hacer memoria de la primera venida del Se&ntilde;or en la carne, pensando ya en su vuelta definitiva; y, al mismo tiempo, significa reconocer que Cristo presente en medio de nosotros se hace nuestro compa&ntilde;ero de viaje en la vida de la Iglesia, que celebra su misterio. <\/p>\n<p>Esta certeza, queridos hermanos y hermanas, alimentada por la escucha de la Palabra de Dios, deber&iacute;a ayudarnos a ver el mundo de una manera diversa, a interpretar cada uno de los acontecimientos de la vida y de la historia como palabras que Dios nos dirige, como signos de su amor que nos garantizan su cercan&iacute;a en todas las situaciones; en particular, esta certeza deber&iacute;a prepararnos para acogerlo cuando &quot;de nuevo venga con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendr&aacute; fin&quot;, como repetiremos dentro de poco en el <i>Credo<\/i>. En esta perspectiva, el Adviento es para todos los cristianos un tiempo de espera y de esperanza, un tiempo privilegiado de escucha y de reflexi&oacute;n, con tal de que se dejen guiar por la liturgia, que invita a salir al encuentro del Se&ntilde;or que viene. <\/p>\n<p>&quot;&iexcl;Ven, Se&ntilde;or Jes&uacute;s!&quot;: esta ferviente invocaci&oacute;n de la comunidad cristiana de los or&iacute;genes debe ser tambi&eacute;n, queridos amigos, nuestra aspiraci&oacute;n constante, la aspiraci&oacute;n de la Iglesia de todas las &eacute;pocas, que anhela y se prepara para el encuentro con su Se&ntilde;or. &quot;&iexcl;Ven hoy, Se&ntilde;or!&quot;; ilum&iacute;nanos, danos la paz, ay&uacute;danos a vencer la violencia. &iexcl;Ven, Se&ntilde;or! rezamos precisamente en estas semanas. &quot;Se&ntilde;or, &iexcl;que brille tu rostro y nos salve!&quot;: hemos rezado as&iacute;, hace unos instantes, con las palabras del salmo responsorial. Y el profeta Isa&iacute;as, en la primera lectura, nos ha revelado que el rostro de nuestro Salvador es el de un padre tierno y misericordioso, que cuida de nosotros en todas las circunstancias, porque somos obra de sus manos: &quot;T&uacute;, Se&ntilde;or, eres nuestro padre, tu nombre de siempre es &quot;Nuestro redentor&quot;&quot; (<i>Is<\/i> 63,16). <\/p>\n<p>Nuestro Dios es un padre dispuesto a perdonar a los pecadores arrepentidos y a acoger a los que conf&iacute;an en su misericordia (cf. <i>Is<\/i> 64, 4). Nos hab&iacute;amos alejado de &eacute;l a causa del pecado, cayendo bajo el dominio de la muerte, pero &eacute;l ha tenido piedad de nosotros y por su iniciativa, sin ning&uacute;n m&eacute;rito de nuestra parte, decidi&oacute; salir a nuestro encuentro, enviando a su Hijo &uacute;nico como nuestro Redentor. Ante un misterio de amor tan grande brota espont&aacute;neamente nuestro agradecimiento, y nuestra invocaci&oacute;n se hace m&aacute;s confiada: &quot;Mu&eacute;stranos, Se&ntilde;or, hoy, en nuestro tiempo, en todas las partes del mundo, tu misericordia; haz que sintamos tu presencia y danos tu salvaci&oacute;n&quot; (cf. <i>Aleluya<\/i>). <\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, el pensamiento de la presencia de Cristo y de su venida cierta al final de los tiempos es muy significativo en vuestra bas&iacute;lica, junto al monumental cementerio del Verano, donde descansan, en espera de la resurrecci&oacute;n, muchos de nuestros queridos difuntos. &iexcl;Cu&aacute;ntas veces, en este templo, se celebran liturgias f&uacute;nebres! &iexcl;Cu&aacute;ntas veces resuenan, llenas de consuelo, las palabras de la liturgia: &quot;En Cristo, tu Hijo, nuestro salvador, brilla la esperanza de nuestra feliz resurrecci&oacute;n, y aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad&quot;! (cf. <i> Prefacio de difuntos<\/i>, I). <\/p>\n<p>Pero vuestra monumental bas&iacute;lica, que nos lleva a pensar en la primitiva, que el emperador Constantino mand&oacute; construir y que despu&eacute;s se transform&oacute; hasta asumir su fisonom&iacute;a actual, habla sobre todo del glorioso martirio de san Lorenzo, archidi&aacute;cono del Papa san Sixto II y su fiduciario en la administraci&oacute;n de los bienes de la comunidad. Hoy he venido a celebrar la santa Eucarist&iacute;a para unirme a vosotros al rendirle homenaje en una circunstancia muy singular, con ocasi&oacute;n del A&ntilde;o jubilar laurentino, proclamado para conmemorar el 1750&deg; aniversario del nacimiento al cielo del santo di&aacute;cono. <\/p>\n<p>La historia nos confirma cu&aacute;n glorioso es el nombre de este santo, ante cuyo sepulcro estamos reunidos. Su solicitud por los pobres, el generoso servicio que prest&oacute; a la Iglesia de Roma en el &aacute;mbito de la ayuda y de la caridad, y su fidelidad al Papa, que lo impuls&oacute; a querer seguirlo en la suprema prueba del martirio y el testimonio heroico de la sangre, que dio s&oacute;lo pocos d&iacute;as despu&eacute;s, son hechos universalmente conocidos. <\/p>\n<p>San Le&oacute;n Magno, en una hermosa homil&iacute;a, comenta as&iacute; el atroz martirio de este &quot;ilustre h&eacute;roe&quot;: &quot;Las llamas no pudieron vencer la caridad de Cristo; y el fuego que lo quemaba por fuera era m&aacute;s d&eacute;bil del que ard&iacute;a dentro de &eacute;l&quot;. Y a&ntilde;ade: &quot;El Se&ntilde;or quiso exaltar hasta tal punto su nombre glorioso en todo el mundo que, desde Oriente hasta Occidente, en el resplandor viv&iacute;simo de la luz irradiada por los m&aacute;s grandes di&aacute;conos, la misma gloria que recibi&oacute; Jerusal&eacute;n por Esteban toc&oacute; tambi&eacute;n a Roma por los m&eacute;ritos de Lorenzo&quot; (<i>Homil&iacute;a<\/i> 85, 4: <i>PL<\/i> 54, 486). <\/p>\n<p>Este a&ntilde;o se conmemora el 50&deg; aniversario de la muerte del siervo de Dios Papa P&iacute;o XII y esto nos trae a la memoria un acontecimiento particularmente dram&aacute;tico en la historia plurisecular de vuestra bas&iacute;lica, que tuvo lugar durante la segunda guerra mundial, cuando, exactamente el 19 de julio de 1943, un violento bombardeo caus&oacute; grav&iacute;simos da&ntilde;os al edificio y a todo el barrio, sembrando muerte y destrucci&oacute;n. Jam&aacute;s podr&aacute; borrarse de la memoria de la historia el gesto generoso realizado en aquella ocasi&oacute;n por mi venerado predecesor, que corri&oacute; inmediatamente a socorrer y consolar a la poblaci&oacute;n duramente afectada, entre los escombros a&uacute;n humeantes. <\/p>\n<p>Adem&aacute;s, no olvido que esta misma bas&iacute;lica conserva las urnas de otras dos grandes personalidades; en efecto, en el hipogeo est&aacute;n expuestos a la veneraci&oacute;n de los fieles los restos mortales del beato P&iacute;o IX, mientras que en el atrio se halla la tumba de Alcide De Gasperi, gu&iacute;a sabio y equilibrado de Italia en los dif&iacute;ciles a&ntilde;os de la reconstrucci&oacute;n posb&eacute;lica y, al mismo tiempo, insigne estadista capaz de mirar a Europa con una amplia visi&oacute;n cristiana. <\/p>\n<p>Mientras nos hallamos reunidos aqu&iacute; en oraci&oacute;n, me complace saludaros con afecto a todos vosotros, en particular al cardenal vicario, al monse&ntilde;or vicegerente, que es tambi&eacute;n abad comendatario de la bas&iacute;lica, al obispo auxiliar del sector norte y a vuestro p&aacute;rroco, padre Bruno Mustacchio, al que agradezco las amables palabras que me ha dirigido al inicio de la celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica. <\/p>\n<p>Saludo al ministro general de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos y a los hermanos de la comunidad que prestan su servicio con celo y dedicaci&oacute;n, acogiendo a los numerosos peregrinos, ayudando con caridad a los pobres y testimoniando la esperanza en Cristo resucitado a quienes van a visitar el cementerio del Verano. Os aseguro mi aprecio y, sobre todo, mi recuerdo en la oraci&oacute;n. <br \/> Saludo, asimismo, a los diversos grupos comprometidos en la animaci&oacute;n de la catequesis, de la liturgia y de la caridad; a los miembros de los dos coros polif&oacute;nicos; y a la Tercera Orden Franciscana local y regional. Tambi&eacute;n me ha complacido saber que desde hace algunos a&ntilde;os se encuentra aqu&iacute; el &quot;laboratorio misionero diocesano&quot; para formar a las comunidades parroquiales en la conciencia misionera, y me uno de buen grado a vosotros deseando que esta iniciativa de nuestra di&oacute;cesis contribuya a suscitar una valiente acci&oacute;n pastoral misionera, que lleve el anuncio del amor misericordioso de Dios a todos los rincones de Roma, implicando principalmente a los j&oacute;venes y a las familias. <\/p>\n<p>Por &uacute;ltimo, extiendo mi saludo a los habitantes del barrio, especialmente a los ancianos, a los enfermos, a las personas solas y en dificultades. Los recuerdo a todos y cada uno en esta santa misa. <\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, en este inicio del Adviento, el mejor mensaje que recibimos de san Lorenzo es el de la santidad. Nos repite que la santidad, es decir, el salir al encuentro de Cristo que viene continuamente a visitarnos, no pasa de moda; m&aacute;s a&uacute;n, con el paso del tiempo resplandece de modo luminoso y manifiesta la perenne tensi&oacute;n del hombre hacia Dios. Por tanto, que esta celebraci&oacute;n jubilar sea para vuestra comunidad parroquial ocasi&oacute;n para renovar vuestra adhesi&oacute;n a Cristo, para profundizar a&uacute;n m&aacute;s vuestro sentido de pertenencia a su Cuerpo m&iacute;stico, que es la Iglesia, y para vivir un compromiso constante de evangelizaci&oacute;n a trav&eacute;s de la caridad. Que san Lorenzo, testigo heroico de Cristo crucificado y resucitado, sea para cada uno ejemplo de d&oacute;cil adhesi&oacute;n a la voluntad divina, a fin de que, como el ap&oacute;stol san Pablo recordaba a los Corintios, tambi&eacute;n nosotros vivamos de modo que seamos &quot;irreprensibles&quot; en el d&iacute;a del Se&ntilde;or (cf. <i>1 Co<\/i> 1, 7-9). <\/p>\n<p>Prepararnos para la venida de Cristo es tambi&eacute;n la exhortaci&oacute;n que nos dirige el evangelio de hoy: &quot;&iexcl;Velad!&quot;, nos dice Jes&uacute;s en la breve par&aacute;bola del due&ntilde;o de casa que se va de viaje y no se sabe cu&aacute;ndo volver&aacute; (cf. <i>Mc<\/i> 13, 33-37). Velar significa seguir al Se&ntilde;or, elegir lo que Cristo eligi&oacute;, amar lo que &eacute;l am&oacute;, conformar la propia vida a la suya. Velar implica pasar cada instante de nuestro tiempo en el horizonte de su amor, sin dejarse abatir por las dificultades inevitables y los problemas diarios. As&iacute; hizo san Lorenzo y as&iacute; debemos hacer nosotros. Pidamos al Se&ntilde;or que nos conceda su gracia, para que el Adviento sea para todos un est&iacute;mulo a caminar en esta direcci&oacute;n. Que nos gu&iacute;en y nos acompa&ntilde;en con su intercesi&oacute;n Mar&iacute;a, la humilde Virgen de Nazaret, elegida por Dios para ser la Madre del Redentor; san Andr&eacute;s, cuya fiesta celebramos hoy; y san Lorenzo, ejemplo de intr&eacute;pida fidelidad cristiana hasta el martirio. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA BAS&Iacute;LICA DE SAN LORENZO EXTRAMUROS CON OCASI&Oacute;N DEL 1750&deg; ANIVERSARIO DEL MARTIRIO DEL SANTO DI&Aacute;CONO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI I Domingo de Adviento, 30 de noviembre de 2008 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Con este primer domingo de Adviento entramos en el tiempo de cuatro semanas con que inicia &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-noviembre-de-2008-visita-pastoral-a-la-basilica-de-san-lorenzo-extramuros-con-ocasion-del-1750-aniversario-del-martirio-del-santo-diacono-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab30 de noviembre de 2008: Visita pastoral a la Bas\u00edlica de San Lorenzo extramuros con ocasi\u00f3n del 1750 aniversario del martirio del santo di\u00e1cono\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40797","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40797","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40797"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40797\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40797"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40797"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40797"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}