{"id":40801,"date":"2016-10-06T15:00:20","date_gmt":"2016-10-06T20:00:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-noviembre-de-2008-misa-en-sufragio-de-los-cardenales-y-obispos-fallecidos-durante-el-ano-2\/"},"modified":"2016-10-06T15:00:20","modified_gmt":"2016-10-06T20:00:20","slug":"3-de-noviembre-de-2008-misa-en-sufragio-de-los-cardenales-y-obispos-fallecidos-durante-el-ano-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-noviembre-de-2008-misa-en-sufragio-de-los-cardenales-y-obispos-fallecidos-durante-el-ano-2\/","title":{"rendered":"3 de noviembre de 2008: Misa en sufragio de los cardenales y obispos fallecidos durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA POR LOS CARDENALES Y OBISPOS <br \/> FALLECIDOS EN EL &Uacute;LTIMO A&Ntilde;O<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> Lunes 3 de noviembre de 200<\/font><\/i><font color=\"#663300\"><i>8<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Se&ntilde;ores cardenales; <br \/> venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; <br \/> queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente de la Conmemoraci&oacute;n lit&uacute;rgica de todos los fieles difuntos, nos hemos reunido hoy, seg&uacute;n una hermosa tradici&oacute;n, para celebrar el sacrificio eucar&iacute;stico en sufragio de nuestros hermanos cardenales y obispos que han abandonado este mundo durante el &uacute;ltimo a&ntilde;o. Nuestra oraci&oacute;n est&aacute; animada y confortada por el misterio de la comuni&oacute;n de los santos, misterio que en estos d&iacute;as hemos contemplado nuevamente con el fin de comprenderlo, acogerlo y vivirlo cada vez m&aacute;s intensamente. <\/p>\n<p>En esta comuni&oacute;n recordamos con gran afecto a los se&ntilde;ores cardenales Stephen Fumio Hamao, Alfons Maria Stickler, Alo&iacute;sio Lorscheider, Peter Poreku Dery, Adolfo Antonio Su&aacute;rez Rivera, Ernesto Corripio Ahumada, Alfonso L&oacute;pez Trujillo, Bernardin Gantin, Antonio Innocenti y Antonio Jos&eacute; Gonz&aacute;lez Zum&aacute;rraga. Creemos y sentimos que est&aacute;n vivos en el Dios de los vivos. Y con ellos recordamos tambi&eacute;n a cada uno de los arzobispos y obispos que en los &uacute;ltimos doce meses han pasado de este mundo a la casa del Padre. Queremos orar por todos, dej&aacute;ndonos iluminar la mente y el coraz&oacute;n por la Palabra de Dios que acabamos de escuchar. <\/p>\n<p>La primera lectura \u2014un pasaje del libro de la Sabidur&iacute;a (<i>Sb<\/i> 4, 7-15)\u2014 nos ha recordado que la verdadera ancianidad venerable no es s&oacute;lo la edad avanzada, sino la sabidur&iacute;a y una existencia pura, sin malicia. Y si el Se&ntilde;or llama a s&iacute; a un justo antes de tiempo, es porque sobre &eacute;l tiene un plan de predilecci&oacute;n que nosotros no conocemos: la muerte prematura de una persona a la que amamos es una invitaci&oacute;n a no limitarnos a vivir de modo mediocre, sino a tender lo antes posible hacia la plenitud de la vida. En el texto de la Sabidur&iacute;a hay una vena parad&oacute;jica que encontramos tambi&eacute;n en el pasaje evang&eacute;lico (cf. <i>Mt<\/i> 11, 25-30). <\/p>\n<p>En ambas lecturas hay un contraste entre lo que aparece a la mirada superficial de los hombres y lo que, en cambio, ven los ojos de Dios. El mundo considera afortunado a quien vive muchos a&ntilde;os, pero Dios no mira la edad, sino la rectitud del coraz&oacute;n. El mundo da cr&eacute;dito a los &quot;sabios&quot; y a los &quot;doctos&quot;, mientras que Dios siente predilecci&oacute;n por los &quot;peque&ntilde;os&quot;. La ense&ntilde;anza general que se deriva de esto es que hay dos dimensiones de la realidad: una m&aacute;s profunda, verdadera y eterna; y la otra, marcada por la finitud, la provisionalidad y la apariencia. <\/p>\n<p>Ahora bien, es importante subrayar que estas dos dimensiones no se siguen en simple sucesi&oacute;n temporal, como si la vida verdadera comenzara s&oacute;lo despu&eacute;s de la muerte. En realidad, la vida verdadera, la vida eterna, comienza ya en este mundo, aun dentro de la precariedad de las circunstancias de la historia; la vida eterna comienza en la medida en que nos abrimos al misterio de Dios y lo acogemos en medio de nosotros. Dios es el Se&ntilde;or de la vida y en &eacute;l &quot;vivimos, nos movemos y existimos&quot; (<i>Hch<\/i> 17, 28), como dijo san Pablo en el Are&oacute;pago de Atenas. <\/p>\n<p>Dios es la verdadera sabidur&iacute;a que no envejece, es la riqueza aut&eacute;ntica que no se marchita, es la felicidad a la que aspira en profundidad el coraz&oacute;n de todo hombre. Esta verdad, que recorre los Libros sapienciales y vuelve a aparecer en el Nuevo Testamento, se cumple en la existencia y en la ense&ntilde;anza de Jes&uacute;s. En la perspectiva de la sabidur&iacute;a evang&eacute;lica, la muerte misma es portadora de una ense&ntilde;anza saludable, porque obliga a mirar cara a cara la realidad, impulsa a reconocer la caducidad de lo que parece grande y fuerte a los ojos del mundo. Ante la muerte pierde inter&eacute;s todo motivo de orgullo humano y, en cambio, resalta lo que vale de verdad. Todo acaba, todos en este mundo estamos de paso. S&oacute;lo Dios tiene vida en s&iacute; mismo; &eacute;l es la vida. Nuestra vida es participada, dada &quot;ab alio&quot;; por eso un hombre s&oacute;lo puede llegar a la vida eterna a causa de la relaci&oacute;n particular que el Creador le ha dado consigo. Pero Dios, viendo que el hombre se hab&iacute;a alejado de &eacute;l, dio un paso m&aacute;s, cre&oacute; una nueva relaci&oacute;n entre &eacute;l y nosotros, de la que habla la segunda lectura de la liturgia de hoy. &Eacute;l, Cristo, &quot;dio su vida por nosotros&quot; (<i>1 Jn<\/i> 3, 16). <\/p>\n<p>Si Dios \u2014escribe san Juan\u2014 nos ha amado gratuitamente, tambi&eacute;n nosotros podemos y, por tanto, debemos dejarnos implicar en este movimiento oblativo, haciendo de nosotros mismos un don gratuito para los dem&aacute;s. De esta forma conocemos a Dios como &eacute;l nos conoce; de esta forma habitamos en &eacute;l como &eacute;l ha querido habitar en nosotros, y pasamos de la muerte a la vida (cf. <i>1 Jn<\/i> 3, 14) como Jesucristo, que venci&oacute; a la muerte con su resurrecci&oacute;n, gracias al poder glorioso del amor del Padre celestial. <\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, esta Palabra de vida y de esperanza nos conforta profundamente ante el misterio de la muerte, de modo especial cuando afecta a las personas que m&aacute;s queremos. El Se&ntilde;or nos asegura hoy que nuestros hermanos difuntos, por quienes oramos especialmente en esta santa misa, han pasado de la muerte a la vida porque eligieron a Cristo, acogieron su yugo suave (cf. <i>Mt<\/i> 11, 29) y se consagraron al servicio de los hermanos. Por eso, aun cuando deban expiar su parte de pena debida a la fragilidad humana \u2014que a todos nos marca, ayud&aacute;ndonos a ser humildes\u2014, la fidelidad a Cristo les permite entrar en la libertad de los hijos de Dios. <\/p>\n<p>As&iacute; pues, si nos ha entristecido separarnos de ellos, y nos duele su ausencia, la fe nos conforta &iacute;ntimamente al pensar que, como sucedi&oacute; al Se&ntilde;or Jes&uacute;s, y siempre gracias a &eacute;l, la muerte ya no tiene poder sobre ellos (cf. <i>Rm<\/i> 6, 9). Pasando, en esta vida, a trav&eacute;s del Coraz&oacute;n misericordioso de Cristo, han entrado &quot;en un lugar de descanso&quot; (<i>Sb<\/i> 4, 7). Y ahora nos complace pensar en ellos en compa&ntilde;&iacute;a de los santos, finalmente liberados de las amarguras de esta vida, y sentimos tambi&eacute;n nosotros el deseo de unirnos un d&iacute;a a tan feliz compa&ntilde;&iacute;a. <\/p>\n<p>En el salmo responsorial hemos repetido estas consoladoras palabras: &quot;Dicha y gracia me acompa&ntilde;ar&aacute;n todos los d&iacute;as de mi vida; mi morada ser&aacute; la casa del Se&ntilde;or a lo largo de los d&iacute;as&quot; (<i>Sal<\/i> 23, 6). S&iacute;, esperamos que el buen Pastor haya acogido a estos hermanos nuestros, por quienes celebramos el sacrificio divino, al ocaso de su jornada terrena y los haya introducido en su intimidad bienaventurada. El aceite bendecido \u2014del que se habla en el Salmo (v. 5)\u2014 se puso tres veces sobre su cabeza y una vez sobre sus manos; el c&aacute;liz (<i>ib<\/i>.) glorioso de Jes&uacute;s sacerdote tambi&eacute;n fue su c&aacute;liz, que alzaron d&iacute;a tras d&iacute;a, alabando el nombre del Se&ntilde;or. Ahora han llegado a las praderas del cielo, donde los signos dejan paso a la realidad. <\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, unamos nuestra oraci&oacute;n com&uacute;n y elev&eacute;mosla al Padre de toda bondad y misericordia para que, por intercesi&oacute;n de Mar&iacute;a sant&iacute;sima, el encuentro con el fuego de su amor purifique pronto a estos amigos nuestros ya difuntos de toda imperfecci&oacute;n y los transforme para alabanza de su gloria. Y oremos para que nosotros, peregrinos en la tierra, mantengamos siempre orientados los ojos y el coraz&oacute;n hacia la meta &uacute;ltima a la que aspiramos, la casa del Padre, el cielo. As&iacute; sea. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA POR LOS CARDENALES Y OBISPOS FALLECIDOS EN EL &Uacute;LTIMO A&Ntilde;O HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana Lunes 3 de noviembre de 2008 &nbsp; Se&ntilde;ores cardenales; venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; queridos hermanos y hermanas: Al d&iacute;a siguiente de la Conmemoraci&oacute;n lit&uacute;rgica de todos los fieles difuntos, nos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-noviembre-de-2008-misa-en-sufragio-de-los-cardenales-y-obispos-fallecidos-durante-el-ano-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab3 de noviembre de 2008: Misa en sufragio de los cardenales y obispos fallecidos durante el a\u00f1o\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40801","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40801","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40801"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40801\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40801"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40801"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40801"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}