{"id":40807,"date":"2016-10-06T15:00:26","date_gmt":"2016-10-06T20:00:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-octubre-de-2008-misa-de-canonizacion-de-cayetano-errico-maria-bernarda-butler-alfonsa-de-la-inmaculada-concepcion-y-narcisa-de-jesus-martillo-moran-2\/"},"modified":"2016-10-06T15:00:26","modified_gmt":"2016-10-06T20:00:26","slug":"12-de-octubre-de-2008-misa-de-canonizacion-de-cayetano-errico-maria-bernarda-butler-alfonsa-de-la-inmaculada-concepcion-y-narcisa-de-jesus-martillo-moran-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-octubre-de-2008-misa-de-canonizacion-de-cayetano-errico-maria-bernarda-butler-alfonsa-de-la-inmaculada-concepcion-y-narcisa-de-jesus-martillo-moran-2\/","title":{"rendered":"12 de octubre de 2008: Misa de canonizaci\u00f3n de Cayetano Errico, Mar\u00eda Bernarda B\u00fctler, Alfonsa de la Inmaculada Concepci\u00f3n y Narcisa de Jes\u00fas Martillo Mor\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"TmsRmn\"> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA DE CANONIZACI&Oacute;N DE LOS BEATOS<\/font><\/p>\n<p> <i> <\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font size=\"4\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/saints\/2008\/ns_lit_doc_20081012_errico_sp.html\"> Cayetano Errico<\/a> <\/font><\/b>(1791-1860)<br \/> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/saints\/2008\/ns_lit_doc_20081012_verena_sp.html\"> <b><font size=\"4\"> Mar&iacute;a Bernada <\/font><\/b> <font size=\"4\">(Verena<b>) B&uuml;tler<\/b><\/font><\/a><font size=\"4\"><b> <\/b> <\/font>(1848-1924)<br \/> <b><font size=\"4\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/saints\/2008\/ns_lit_doc_20081012_alfonsa_sp.html\">Alfonsa de la Inmaculada Concepci&oacute;n<\/a> <br \/> <\/font><\/b><font size=\"4\">(Anna Muttathupadathu) <\/font>(1910-1946)<br \/> <b><font size=\"4\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/saints\/2008\/ns_lit_doc_20081012_narcisa_sp.html\">Narcisa de Jes&uacute;s Martillo Mor&aacute;n<\/a> <\/font><\/b>(1832-1869)<\/p>\n<p> <\/font><br \/>\n<i> <\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">Plaza de San Pedro<br \/> Domingo 12 de octubre de 2008<\/font><b><\/b><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i> <\/p>\n<p>Hoy, se propone a la veneraci&oacute;n de la Iglesia universal cuatro nuevas figuras de santos: <i>Cayetano Errico, Mar&iacute;a Bernarda B&uuml;tler, Alfonsa de la Inmaculada Concepci&oacute;n y Narcisa de Jes&uacute;s Martillo Mor&aacute;n. <\/i>La liturgia nos las presenta con la imagen evang&eacute;lica de los invitados que participan en el banquete revestidos con el traje nupcial. La imagen del banquete se encuentra tambi&eacute;n en la primera lectura y en otras p&aacute;ginas de la Biblia: es una imagen jubilosa, porque el banquete acompa&ntilde;a la celebraci&oacute;n de una boda, la Alianza de amor entre Dios y su pueblo. Hacia esta Alianza los profetas del Antiguo Testamento orientaron constantemente la espera de Israel. <br \/> En una &eacute;poca marcada por pruebas de todo tipo, cuando se corr&iacute;a el peligro de que las dificultades desalentaran al pueblo elegido, se elev&oacute; la voz tranquilizadora del profeta Isa&iacute;as: &quot;En este monte, el Se&ntilde;or de los ej&eacute;rcitos \u2014afirma\u2014 preparar&aacute; para todos los pueblos un convite de manjares frescos, (&#8230;) de buenos vinos: manjares suculentos, vinos generosos&quot; (<i>Is<\/i> 25, 6). Dios pondr&aacute; fin a la tristeza y a la verg&uuml;enza de su pueblo, que finalmente podr&aacute; vivir feliz en comuni&oacute;n con &eacute;l. Dios no abandona jam&aacute;s a su pueblo: por esto el profeta invita al j&uacute;bilo: &quot;Ah&iacute; ten&eacute;is a nuestro Dios: esperamos que nos salve (&#8230;); nos regocijamos y nos alegramos por su salvaci&oacute;n&quot; (v. 9). <\/p>\n<p>Si la primera lectura exalta la fidelidad de Dios a su promesa, el Evangelio, con la par&aacute;bola del banquete nupcial, nos hace reflexionar sobre la respuesta humana. Algunos invitados de la primera hora rechazaron la invitaci&oacute;n, porque estaban ocupados en distintos asuntos; otros incluso despreciaron la invitaci&oacute;n del rey, provocando un castigo que cay&oacute; no s&oacute;lo sobre ellos, sino sobre toda la ciudad. Sin embargo, el rey no se desanima y env&iacute;a a sus siervos a buscar a otros comensales para llenar la sala de su banquete. De esta forma, el rechazo de los primeros tiene como efecto que la invitaci&oacute;n se extienda a todos, con una predilecci&oacute;n especial por los pobres y los desheredados. Es lo que ocurri&oacute; en el Misterio pascual: la supremac&iacute;a del mal ha sido derrotada por la omnipotencia del amor de Dios. El se&ntilde;or resucitado ya puede invitar a todos al banquete del gozo pascual, proporcionando &eacute;l mismo a los comensales el vestido nupcial, s&iacute;mbolo del don gratuito de la gracia santificante. <\/p>\n<p>Pero a la generosidad de Dios tiene que responder la libre adhesi&oacute;n del hombre. Este es precisamente el camino generoso que recorrieron tambi&eacute;n quienes hoy veneramos como santos. En el bautismo recibieron el traje nupcial de la gracia divina, lo conservaron puro o lo purificaron y lo volvieron espl&eacute;ndido durante su vida mediante los sacramentos. Ahora participan en el banquete nupcial del cielo. El banquete de la Eucarist&iacute;a, al que el Se&ntilde;or nos invita cada d&iacute;a y en el que debemos participar con el traje nupcial de su gracia, es una anticipaci&oacute;n de la fiesta final del cielo. Si este vestido alguna vez se mancha o se desgarra con el pecado, la bondad de Dios no nos rechaza ni nos abandona a nuestro destino, sino que con el sacramento de la Reconciliaci&oacute;n nos ofrece la posibilidad de recuperar en su integridad el traje nupcial necesario para la fiesta. <br \/> El ministerio de la Reconciliaci&oacute;n es, por tanto, un ministerio siempre actual. A &eacute;l se dedic&oacute; con diligencia, asiduidad y paciencia, sin negarse jam&aacute;s a ejercerlo y sin escatimar esfuerzos, el sacerdote Cayetano Errico, fundador de la congregaci&oacute;n de los Misioneros de los Sagrados Corazones de Jes&uacute;s y de Mar&iacute;a. De esta forma se inscribe entre las figuras extraordinarias de presb&iacute;teros que, incansables, han hecho del confesonario el lugar para dispensar la misericordia de Dios, ayudando a los hombres a encontrarse a s&iacute; mismos, a luchar contra el pecado y a avanzar en el camino de la vida espiritual. <\/p>\n<p>La calle y el confesonario fueron los lugares privilegiados de la acci&oacute;n pastoral de este nuevo santo. La calle le permit&iacute;a encontrarse con personas a las que sol&iacute;a dirigir su habitual invitaci&oacute;n: &quot;Dios te quiere, &iquest;cu&aacute;ndo nos vemos?&quot;, y en el confesonario les hac&iacute;a posible el encuentro con la misericordia del Padre celestial. &iexcl;Cu&aacute;ntas heridas del alma san&oacute; de esta forma! &iexcl;A cu&aacute;ntas personas llev&oacute; a reconciliarse con Dios mediante el sacramento del perd&oacute;n! De este modo, san Cayetano Errico se transform&oacute; en un especialista de la &quot;ciencia&quot; del perd&oacute;n, y se preocup&oacute; de ense&ntilde;arla a sus misioneros, a quienes aconsejaba: &quot;Dios, que no quiere la muerte del pecador, siempre es m&aacute;s misericordioso que sus ministros; por eso, sed lo m&aacute;s misericordiosos que pod&aacute;is, porque encontrar&eacute;is misericordia en Dios&quot;. <\/p>\n<p>Mar&iacute;a Bernarda B&uuml;tler, que naci&oacute; en Auw, en el cant&oacute;n suizo de Argovia, siendo a&uacute;n muy joven, vivi&oacute; la experiencia de un amor profundo al Se&ntilde;or. Como dijo, &quot;es casi imposible de explicar a quienes a&uacute;n no lo han experimentado personalmente&quot;. Este amor llev&oacute; a Verena B&uuml;tler, como se llamaba entonces, a entrar en el monasterio de las capuchinas de Mar&iacute;a Auxiliadora en Altst&auml;tten, donde a los 21 a&ntilde;os hizo su profesi&oacute;n religiosa. A los 40 a&ntilde;os recibi&oacute; su vocaci&oacute;n misionera y se fue a Ecuador y luego a Colombia. Por su vida y su compromiso en favor del pr&oacute;jimo, el 29 de octubre de 1995 mi venerado predecesor Juan Pablo ii la elev&oacute; a los altares como beata. <\/p>\n<p>La Madre Mar&iacute;a Bernarda, una figura muy recordada y querida, sobre todo en Colombia, entendi&oacute; a fondo que la fiesta que el Se&ntilde;or ha preparado para todos los pueblos est&aacute; representada de modo muy particular por la Eucarist&iacute;a. En ella el mismo Cristo nos recibe como amigos y se nos entrega en la mesa del pan y de la palabra, entrando en &iacute;ntima comuni&oacute;n con cada uno. Esta es la fuente y el pilar de la espiritualidad de esta nueva santa, as&iacute; como de su impulso misionero, que la llev&oacute; a dejar su patria natal, Suiza, para abrirse a otros horizontes evangelizadores en Ecuador y Colombia. En las serias adversidades que tuvo que afrontar, incluido el exilio, llev&oacute; impresa en su coraz&oacute;n la exclamaci&oacute;n del salmo que hemos o&iacute;do hoy: &quot;Aunque camine por ca&ntilde;adas oscuras, nada temo, porque t&uacute; vas conmigo&quot; (<i>Sal <\/i>22, 4). De este modo, d&oacute;cil a la Palabra de Dios, siguiendo el ejemplo de Mar&iacute;a, hizo como los criados de que nos habla el relato del Evangelio que hemos escuchado: fue por doquier proclamando que el Se&ntilde;or invita a todos a su fiesta. As&iacute; hac&iacute;a part&iacute;cipes a los dem&aacute;s del amor de Dios al que ella dedic&oacute; con fidelidad y gozo toda su vida. <\/p>\n<p>&quot;El Se&ntilde;or eliminar&aacute; la muerte para siempre. El Se&ntilde;or Dios enjugar&aacute; las l&aacute;grimas de todos los rostros&quot; (<i>Is<\/i> 25, 8). Estas palabras del profeta Isa&iacute;as contienen la promesa que sostuvo a Alfonsa de la Inmaculada Concepci&oacute;n en una vida de extremo sufrimiento f&iacute;sico y espiritual. Esta mujer excepcional, que hoy se ofrece al pueblo de India como su primera santa canonizada, estaba convencida de que su cruz era el verdadero medio para llegar al banquete que el Padre hab&iacute;a preparado para ella. Aceptando la invitaci&oacute;n a la fiesta de boda y adorn&aacute;ndose con el vestido de la gracia de Dios por medio de la oraci&oacute;n y el sufrimiento, conform&oacute; su vida a la de Cristo y ahora goza del &quot;banquete de manjares suculentos y vinos generosos&quot; del reino de los cielos (cf. <i>Is <\/i>25, 6). Escribi&oacute;: &quot;Yo considero que un d&iacute;a sin sufrimientos es un d&iacute;a perdido&quot;. Imit&eacute;mosla llevando nuestras propias cruces para poder gozar juntamente con ella en el para&iacute;so. <\/p>\n<p>La joven laica ecuatoriana Narcisa de Jes&uacute;s Martillo Mor&aacute;n nos ofrece un ejemplo acabado de respuesta pronta y generosa a la invitaci&oacute;n que el Se&ntilde;or nos hace a participar de su amor. Ya desde una edad muy temprana, al recibir el sacramento de la Confirmaci&oacute;n, sinti&oacute; clara en su coraz&oacute;n la llamada a vivir una vida de santidad y de entrega a Dios. Para secundar con docilidad la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo en su alma, busc&oacute; siempre el consejo y la gu&iacute;a de buenos y expertos sacerdotes, considerando la direcci&oacute;n espiritual como uno de los medios m&aacute;s eficaces para llegar a la santificaci&oacute;n. Santa Narcisa de Jes&uacute;s nos muestra un camino de perfecci&oacute;n cristiana asequible a todos los fieles. A pesar de las abundantes y extraordinarias gracias recibidas, su existencia transcurri&oacute; con gran sencillez, dedicada a su trabajo como costurera y a su apostolado como catequista. En su amor apasionado a Jes&uacute;s, que la llev&oacute; a emprender un camino de intensa oraci&oacute;n y mortificaci&oacute;n, y a identificarse cada vez m&aacute;s con el misterio de la cruz, nos ofrece un testimonio atrayente y un ejemplo acabado de una vida totalmente dedicada a Dios y a los hermanos. <\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, agradezcamos al Se&ntilde;or el don de la santidad, que hoy resplandece en la Iglesia con especial belleza. Jes&uacute;s nos invita a cada uno a seguirlo, como estos santos, por el camino de la cruz, para recibir luego como herencia la vida eterna que &eacute;l nos regal&oacute; muriendo por nosotros. Que su ejemplo nos aliente; sus ense&ntilde;anzas nos orienten y animen; y su intercesi&oacute;n nos sostenga en las fatigas cotidianas, para que tambi&eacute;n nosotros lleguemos un d&iacute;a a compartir con ellos y con todos los santos la alegr&iacute;a del banquete eterno en la Jerusal&eacute;n celestial. <\/p>\n<p>Que nos obtenga esta gracia sobre todo Mar&iacute;a, Reina de todos los santos, a la que en este mes de octubre veneramos con particular devoci&oacute;n. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA DE CANONIZACI&Oacute;N DE LOS BEATOS Cayetano Errico (1791-1860) Mar&iacute;a Bernada (Verena) B&uuml;tler (1848-1924) Alfonsa de la Inmaculada Concepci&oacute;n (Anna Muttathupadathu) (1910-1946) Narcisa de Jes&uacute;s Martillo Mor&aacute;n (1832-1869) HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Plaza de San Pedro Domingo 12 de octubre de 2008 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Hoy, se propone a la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-octubre-de-2008-misa-de-canonizacion-de-cayetano-errico-maria-bernarda-butler-alfonsa-de-la-inmaculada-concepcion-y-narcisa-de-jesus-martillo-moran-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab12 de octubre de 2008: Misa de canonizaci\u00f3n de Cayetano Errico, Mar\u00eda Bernarda B\u00fctler, Alfonsa de la Inmaculada Concepci\u00f3n y Narcisa de Jes\u00fas Martillo Mor\u00e1n\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40807","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40807","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40807"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40807\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40807"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40807"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40807"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}