{"id":40809,"date":"2016-10-06T15:00:28","date_gmt":"2016-10-06T20:00:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-octubre-de-2008-santa-misa-por-el-pontifice-pio-xii-en-el-50-aniversario-de-su-muerte-2\/"},"modified":"2016-10-06T15:00:28","modified_gmt":"2016-10-06T20:00:28","slug":"9-de-octubre-de-2008-santa-misa-por-el-pontifice-pio-xii-en-el-50-aniversario-de-su-muerte-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-octubre-de-2008-santa-misa-por-el-pontifice-pio-xii-en-el-50-aniversario-de-su-muerte-2\/","title":{"rendered":"9 de octubre de 2008: Santa Misa por el Pont\u00edfice P\u00edo XII en el 50\u00b0 aniversario de su muerte"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA DE SUFRAGIO EN 50&deg; ANIVERSARIO DE LA MUERTE <br \/> DEL SIERVO DE DIOS P&Iacute;O XII<\/font><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <i> <b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <i> <font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> Jueves 9 de octubre de 2008<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Se&ntilde;ores cardenales; <br \/> venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; <br \/> queridos hermanos y hermanas:<\/i> <\/p>\n<p>El pasaje del libro del Sir&aacute;cida y el pr&oacute;logo de la primera carta de san Pedro, proclamados como primera y segunda lecturas, nos ofrecen significativos elementos de reflexi&oacute;n en esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, durante la cual recordamos a mi venerado predecesor el siervo de Dios P&iacute;o XII. Han trascurrido exactamente cincuenta a&ntilde;os desde su muerte, que tuvo lugar en las primeras horas del 9 de octubre de 1958. El Sir&aacute;cida, como hemos escuchado, ha recordado a todos los que se proponen seguir al Se&ntilde;or que tienen que prepararse para afrontar pruebas, dificultades y sufrimientos. Para no sucumbir a ellos \u2014advierte\u2014 se necesita un coraz&oacute;n recto y constante, hacen falta la fidelidad a Dios y la paciencia, unidas a una inflexible determinaci&oacute;n de mantenerse en el camino del bien. El sufrimiento afina el coraz&oacute;n del disc&iacute;pulo del Se&ntilde;or, como se purifica el oro en el fuego. &quot;Todo lo que te sobrevenga, ac&eacute;ptalo \u2014escribe el autor sagrado\u2014; y en las humillaciones s&eacute; paciente, porque en el fuego se purifica el oro, y los que agradan a Dios, en el horno de la humillaci&oacute;n&quot; (<i>Si<\/i> 2, 4-5). <\/p>\n<p>San Pedro, por su parte, en el pasaje que hemos escuchado, dirigi&eacute;ndose a los cristianos de las comunidades de Asia menor que se ve&iacute;an &quot;afligidos con diversas pruebas&quot;, va incluso m&aacute;s all&aacute;: les pide que, a pesar de ello, &quot;rebosen de alegr&iacute;a&quot; (<i>1 P<\/i> 1, 6). En efecto, la prueba es necesaria \u2014observa\u2014 &quot;a fin de que la calidad probada de vuestra fe, m&aacute;s preciosa que el oro perecedero que es probado por el fuego, se convierta en motivo de alabanza, de gloria y de honor, en la revelaci&oacute;n de Jesucristo&quot; (<i>1 P<\/i> 1, 7). Y luego, por segunda vez, los exhorta a rebosar de alegr&iacute;a, incluso a exultar &quot;de alegr&iacute;a inefable y gloriosa&quot; (v. 8). La raz&oacute;n profunda de este gozo espiritual est&aacute; en el amor a Jes&uacute;s y en la certeza de su presencia invisible. &Eacute;l hace inquebrantables la fe y la esperanza de los creyentes, incluso en las fases m&aacute;s complicadas y duras de su existencia. <\/p>\n<p>A la luz de estos textos b&iacute;blicos podemos leer la vida terrena del Papa Pacelli y su largo servicio a la Iglesia, que comenz&oacute; en 1901 durante el pontificado de Le&oacute;n XIII y continu&oacute; con san P&iacute;o X, Benedicto XV y P&iacute;o XI. Estos textos b&iacute;blicos nos ayudan sobre todo a comprender cu&aacute;l fue la fuente de la que sac&oacute; valor y paciencia en su ministerio pontificio, realizado durante los atormentados a&ntilde;os de la segunda guerra mundial y el per&iacute;odo siguiente, no menos complejo, de la reconstrucci&oacute;n y de las dif&iacute;ciles relaciones internacionales que pasaron a la historia con el significativo nombre de &quot;guerra fr&iacute;a&quot;. <\/p>\n<p>&quot;<i>Miserere mei Deus, secundum magnam misericordiam tuam<\/i>&quot;. Con esta invocaci&oacute;n del Salmo 50 comienza P&iacute;o XII su testamento. Y sigue: &quot;Estas palabras, que, consciente de no ser digno y de no estar a la altura, pronunci&eacute; en el momento en que acept&eacute;, temblando, mi elecci&oacute;n a Sumo Pont&iacute;fice, con mayor fundamento las repito ahora&quot;. En ese momento faltaban dos a&ntilde;os para su muerte. Abandonarse en las manos misericordiosas de Dios: esta fue la actitud que cultiv&oacute; constantemente este venerado predecesor m&iacute;o, &uacute;ltimo de los Papas nacidos en Roma y perteneciente a una familia vinculada desde hac&iacute;a muchos a&ntilde;os a la Santa Sede. En Alemania, donde llev&oacute; a cabo su misi&oacute;n de nuncio apost&oacute;lico, primero en Munich y luego en Berl&iacute;n hasta 1929, dej&oacute; tras de s&iacute; un grato recuerdo, sobre todo por haber colaborado con Benedicto XV en el intento de detener &quot;la in&uacute;til matanza&quot; de la gran guerra, y por haber percibido desde el principio el peligro que constitu&iacute;a la monstruosa ideolog&iacute;a nacionalsocialista con su perniciosa ra&iacute;z antisemita y anticat&oacute;lica. Creado cardenal en diciembre de 1929, y nombrado poco despu&eacute;s secretario de Estado, durante nueve a&ntilde;os fue fiel colaborador de P&iacute;o XI, en una &eacute;poca marcada por los totalitarismos: el fascista, el nazi y el comunista sovi&eacute;tico, condenados respectivamente en las enc&iacute;clicas <i> <a href=\"\/content\/pius-xi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_19310629_non-abbiamo-bisogno.html\">Non abbiamo bisogno<\/a>, <a href=\"\/content\/pius-xi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_14031937_mit-brennender-sorge.html\">Mit brennender Sorge<\/a> <\/i>y <i> <a href=\"\/content\/pius-xi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_19370319_divini-redemptoris.html\">Divini Redemptoris<\/a><\/i>. <\/p>\n<p>&quot;El que escucha mi palabra y cree (&#8230;) tiene vida eterna&quot; (<i>Jn <\/i>5, 24). Esta afirmaci&oacute;n de Jes&uacute;s, que hemos escuchado en el Evangelio, nos hace pensar en los momentos m&aacute;s duros del pontificado de P&iacute;o XII cuando, al darse cuenta de que fallaban todas las certezas humanas, sent&iacute;a gran necesidad, tambi&eacute;n mediante un constante esfuerzo asc&eacute;tico, de adherirse a Cristo, &uacute;nica certeza que no falla. La Palabra de Dios se convert&iacute;a as&iacute; en luz de su camino, un camino en el que el Papa Pacelli consol&oacute; a desplazados y perseguidos, tuvo que secar l&aacute;grimas de dolor y llorar las innumerables v&iacute;ctimas de la guerra. S&oacute;lo Cristo es verdadera esperanza del hombre; s&oacute;lo confiando en &eacute;l el coraz&oacute;n humano puede abrirse al amor que vence al odio. <\/p>\n<p>Esta certeza acompa&ntilde;&oacute; a P&iacute;o XII en su ministerio de Sucesor de Pedro, ministerio que comenz&oacute; precisamente cuando se adensaban sobre Europa y sobre el resto del mundo las nubes amenazadoras de una nueva guerra mundial, que intent&oacute; evitar por todos los medios: &quot;El peligro es inminente, pero todav&iacute;a hay tiempo. Con la paz, nada est&aacute; perdido. Todo puede perderse con la guerra&quot;, exclam&oacute; en su mensaje por radio del 24 de agosto de 1939 (<i>AAS<\/i>, XXXI, 1939, p. 334). <\/p>\n<p>La guerra puso de relieve el amor que albergaba por su &quot;Roma amada&quot;, un amor testimoniado por la intensa obra de caridad que promovi&oacute; en defensa de los perseguidos, sin distinci&oacute;n alguna de religi&oacute;n, etnia, nacionalidad o ideolog&iacute;a pol&iacute;tica. Cuando, tras la ocupaci&oacute;n de la ciudad, le aconsejaron repetidas veces que dejara el Vaticano para ponerse a salvo, su respuesta fue siempre id&eacute;ntica y decidida: &quot;No dejar&eacute; Roma y mi puesto, aunque tuviese que morir&quot; (cf. <i> Summarium, <\/i>p. 186). Los familiares y otros testigos hablaron tambi&eacute;n de privaciones de alimento, calefacci&oacute;n, ropa y comodidades, a las que se someti&oacute; voluntariamente para compartir las condiciones de la gente duramente probada por los bombardeos y las consecuencias de la guerra (cf. A. Tornielli, <i>Pio XII, Un uomo sul trono di Pietro<\/i>). Y &iquest;c&oacute;mo olvidar el <a href=\"\/content\/pius-xii\/es\/speeches\/1942\/documents\/hf_p-xii_spe_19421224_radiomessage-christmas.html\">mensaje navide&ntilde;o<\/a> pronunciado por radio en diciembre de 1942? Con la voz quebrada por la emoci&oacute;n deplor&oacute; la situaci&oacute;n de los &quot;centenares de miles de personas, las cuales, sin culpa alguna, a veces s&oacute;lo por razones de nacionalidad o raza, est&aacute;n destinadas a la muerte o a un progresivo deterioro&quot; (<i>AAS<\/i>, XXXV, 1943, p. 23), con una clara referencia a la deportaci&oacute;n y al exterminio perpetrado contra los jud&iacute;os. <\/p>\n<p>A menudo actu&oacute; de manera secreta y silenciosa, precisamente porque, consciente de las situaciones concretas de ese complejo momento hist&oacute;rico, intu&iacute;a que s&oacute;lo de ese modo se pod&iacute;a evitar lo peor y salvar el mayor n&uacute;mero posible de jud&iacute;os. Debido a estas intervenciones, recibi&oacute; numerosos y un&aacute;nimes testimonios de gratitud al final de la guerra, as&iacute; como en el momento de su muerte, de las m&aacute;s altas autoridades del mundo jud&iacute;o, como, por ejemplo, de la ministra de Asuntos exteriores de Israel Golda Meir, que escribi&oacute; lo siguiente: &quot;Cuando el martirio m&aacute;s espantoso golpe&oacute; a nuestro pueblo, durante los diez a&ntilde;os de terror nazi, la voz del Pont&iacute;fice se elev&oacute; en favor de las v&iacute;ctimas&quot;, y concluy&oacute; con emoci&oacute;n: &quot;Nosotros lloramos la p&eacute;rdida de un gran servidor de la paz&quot;. <\/p>\n<p>Lamentablemente, el debate hist&oacute;rico, no siempre sereno, sobre la figura del siervo de Dios P&iacute;o XII, ha descuidado algunos aspectos de su poli&eacute;drico pontificado. Fueron much&iacute;simos los discursos, las alocuciones y los mensajes que dirigi&oacute; a cient&iacute;ficos, m&eacute;dicos y exponentes de los m&aacute;s variados grupos profesionales, algunos de los cuales conservan todav&iacute;a hoy una extraordinaria actualidad y siguen siendo un punto seguro de referencia. Pablo VI, que fue su fiel colaborador durante muchos a&ntilde;os, lo describi&oacute; como un erudito, un estudioso atento, abierto a los modernos caminos de la investigaci&oacute;n y de la cultura, con una fidelidad siempre firme y coherente tanto a los principios de la racionalidad humana como al intangible dep&oacute;sito de las verdades de la fe. Lo consideraba un precursor del concilio Vaticano II (cf. <i>&Aacute;ngelus <\/i>del 10 de marzo de 1974). <\/p>\n<p>En esta perspectiva, muchos documentos suyos merecer&iacute;an ser recordados, pero me limito a citar s&oacute;lo algunos. Con la enc&iacute;clica <i>Mystici Corporis, <\/i>publicada el 29 de junio de 1943 mientras la guerra a&uacute;n arreciaba, &eacute;l describ&iacute;a las relaciones espirituales y visibles que unen a los hombres con el Verbo encarnado y propon&iacute;a incluir en esa perspectiva todos los temas principales de la eclesiolog&iacute;a, ofreciendo por primera vez una s&iacute;ntesis dogm&aacute;tica y teol&oacute;gica, que ser&iacute;a la base de la constituci&oacute;n dogm&aacute;tica conciliar <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>. <\/p>\n<p>Pocos meses despu&eacute;s, el 20 de septiembre de 1943, con la enc&iacute;clica <i> <a href=\"\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_30091943_divino-afflante-spiritu.html\">Divino afflante Spiritu<\/a> <\/i>estableci&oacute; las normas doctrinales para el estudio de la Sagrada Escritura, poniendo de relieve su importancia y su papel en la vida cristiana. Se trata de un documento que testimonia una gran apertura a la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica de los textos b&iacute;blicos. &iquest;C&oacute;mo no recordar esta enc&iacute;clica mientras se est&aacute;n desarrollando los trabajos del S&iacute;nodo que tiene como tema precisamente: &quot;La Palabra de Dios en la vida y en la misi&oacute;n de la Iglesia&quot;? Se debe a la intuici&oacute;n prof&eacute;tica de P&iacute;o XII la puesta en marcha de un serio estudio de las caracter&iacute;sticas de la historiograf&iacute;a antigua, para comprender mejor la naturaleza de los libros sagrados, sin debilitar ni negar su valor hist&oacute;rico. Un estudio profundo de los &quot;g&eacute;neros literarios&quot;, cuya finalidad era comprender mejor lo que el autor sagrado quiso decir, hasta el a&ntilde;o 1943 se miraba con cierta sospecha, debido entre otras razones a los abusos que se hab&iacute;an producido. <\/p>\n<p>La enc&iacute;clica reconoc&iacute;a su justa aplicaci&oacute;n, declarando leg&iacute;timo su uso no s&oacute;lo para el estudio del Antiguo Testamento, sino tambi&eacute;n del Nuevo. &quot;Hoy, adem&aacute;s, este arte \u2014explic&oacute; el Papa\u2014 que suele llamarse cr&iacute;tica textual y en las ediciones de los autores profanos se emplea con gran aprobaci&oacute;n y tambi&eacute;n con frutos, se aplica con pleno derecho a los Libros sagrados precisamente por la reverencia debida a la Palabra de Dios&quot;. Y a&ntilde;ade: &quot;El objetivo de ese arte es devolver al texto sagrado, con la mayor precisi&oacute;n posible, su contenido originario, limpi&aacute;ndolo de las deformaciones introducidas por los errores de los copistas y liber&aacute;ndolo de las glosas y lagunas, de la trasposici&oacute;n de palabras, de las repeticiones y de otros defectos de todo g&eacute;nero, que en los escritos transmitidos a mano durante muchos siglos suelen infiltrarse&quot; (<i>AAS, <\/i> XXXV, 1943, p. 336). <\/p>\n<p>La tercera enc&iacute;clica que quiero mencionar es la <i>Mediator Dei, <\/i>dedicada a la liturgia, publicada el 20 de noviembre de 1947. Con este documento el siervo de Dios impuls&oacute; el movimiento lit&uacute;rgico, insistiendo en el &quot;elemento esencial del culto&quot;, que &quot;debe ser el interior: de hecho, \u2014escribi&oacute;\u2014 es necesario vivir siempre en Cristo, dedicarse por completo a &eacute;l, para que en &eacute;l, con &eacute;l y por &eacute;l se d&eacute; gloria al Padre. La sagrada liturgia requiere que estos dos elementos est&eacute;n &iacute;ntimamente unidos. (&#8230;) De otra forma, la religi&oacute;n se convierte en un formalismo sin fundamento y sin contenido&quot;. <\/p>\n<p>Adem&aacute;s, no podemos menos de mencionar el impulso notable que este Pont&iacute;fice dio a la actividad misionera de la Iglesia con las enc&iacute;clicas <i> <a href=\"\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_02061951_evangelii-praecones.html\">Evangelii praecones<\/a> <\/i>(1951) y <i> <a href=\"\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_21041957_fidei-donum.html\">Fidei donum<\/a> <\/i>(1957), poniendo de relieve el deber de toda comunidad de anunciar el Evangelio a las gentes, como el concilio Vaticano II har&aacute; con valiente vigor. Por lo dem&aacute;s, el Papa Pacelli demostr&oacute; su amor a las misiones desde el inicio de su pontificado cuando, en octubre de 1939, quiso consagrar personalmente a doce obispos de pa&iacute;ses de misi&oacute;n, entre los cuales un indio, un chino, un japon&eacute;s, el primer obispo africano y el primer obispo de Madagascar. Una de sus constantes preocupaciones pastorales fue, por &uacute;ltimo, la promoci&oacute;n del papel de los laicos, para que la comunidad eclesial pudiera aprovechar todos los recursos y las energ&iacute;as disponibles. Tambi&eacute;n por este motivo la Iglesia y el mundo le est&aacute;n agradecidos. <\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, mientras oramos para que contin&uacute;e felizmente la causa de beatificaci&oacute;n del siervo de Dios P&iacute;o XII, conviene recordar que la santidad fue su ideal, un ideal que propuso siempre a todos. Por eso impuls&oacute; las causas de beatificaci&oacute;n y de canonizaci&oacute;n de personas pertenecientes a pueblos diversos, representantes de todos los estados de vida, funciones y profesiones, reservando un gran espacio a las mujeres. <\/p>\n<p>Y precisamente indic&oacute; a Mar&iacute;a, la Mujer de la salvaci&oacute;n, como signo de esperanza cierta para la humanidad cuando proclam&oacute; el dogma de la Asunci&oacute;n durante el A&ntilde;o santo de 1950. En este mundo que, como entonces, est&aacute; afligido por preocupaciones y angustias por su futuro; en este mundo, donde, tal vez m&aacute;s que entonces, el alejamiento de muchos de la verdad y de la virtud deja entrever unos escenarios privados de esperanza, P&iacute;o XII nos invita a dirigir nuestra mirada a Mar&iacute;a elevada a la gloria celestial. Nos invita a invocarla con confianza, para que nos haga apreciar cada vez m&aacute;s el valor de la vida en la tierra y nos ayude a fijar la mirada en la meta verdadera a la que todos estamos destinados: la vida eterna que, como asegura Jes&uacute;s, posee ya quien escucha y sigue su palabra. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE SUFRAGIO EN 50&deg; ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL SIERVO DE DIOS P&Iacute;O XII HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana Jueves 9 de octubre de 2008 &nbsp; Se&ntilde;ores cardenales; venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; queridos hermanos y hermanas: El pasaje del libro del Sir&aacute;cida y el pr&oacute;logo de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-octubre-de-2008-santa-misa-por-el-pontifice-pio-xii-en-el-50-aniversario-de-su-muerte-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab9 de octubre de 2008: Santa Misa por el Pont\u00edfice P\u00edo XII en el 50\u00b0 aniversario de su muerte\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40809","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40809","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40809"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40809\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40809"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40809"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40809"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}