{"id":40811,"date":"2016-10-06T15:00:29","date_gmt":"2016-10-06T20:00:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-octubre-de-2008-inauguracion-de-la-xii-asamblea-general-ordinaria-del-sinodo-de-los-obispos-2\/"},"modified":"2016-10-06T15:00:29","modified_gmt":"2016-10-06T20:00:29","slug":"5-de-octubre-de-2008-inauguracion-de-la-xii-asamblea-general-ordinaria-del-sinodo-de-los-obispos-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-octubre-de-2008-inauguracion-de-la-xii-asamblea-general-ordinaria-del-sinodo-de-los-obispos-2\/","title":{"rendered":"5 de octubre de 2008: Inauguraci\u00f3n de la XII Asamblea general ordinaria del S\u00ednodo de los Obispos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">INAUGURACI&Oacute;N DE LA XII ASAMBLEA GENERAL <br \/> ORDINARIA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica de San Pablo extramuros<br \/> Domingo 5 de octubre de 200<\/font><\/i><font color=\"#663300\"><i>8<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; <br \/> queridos hermanos y hermanas:<\/i> <\/p>\n<p>La primera lectura, tomada del libro del profeta Isa&iacute;as, as&iacute; como la p&aacute;gina del evangelio seg&uacute;n san Mateo, han propuesto a nuestra asamblea lit&uacute;rgica una sugestiva imagen aleg&oacute;rica de la Sagrada Escritura: la imagen de la vi&ntilde;a, de la que ya hemos o&iacute;do hablar los domingos precedentes. El pasaje inicial del relato evang&eacute;lico hace referencia al &quot;c&aacute;ntico de la vi&ntilde;a&quot;, que encontramos en Isa&iacute;as. Se trata de un canto ambientado en el contexto oto&ntilde;al de la vendimia: una peque&ntilde;a obra maestra de la poes&iacute;a jud&iacute;a, que deb&iacute;a resultar muy familiar a los oyentes de Jes&uacute;s y gracias a la cual, como gracias a otras referencias de los profetas (cf. <i>Os<\/i> 10, 1; <i>Jr<\/i> 2, 21; <i>Ez<\/i> 17, 3-10; 19, 10-14; <i>Sal<\/i> 79, 9-17), se comprend&iacute;a bien que la vi&ntilde;a indicaba a Israel. Dios dedica a su vi&ntilde;a, al pueblo que ha elegido, los mismos cuidados que un esposo fiel reserva a su esposa (cf. <i>Ez<\/i> 16, 1-14; <i>Ef<\/i> 5, 25-33). <\/p>\n<p>Por tanto, la imagen de la vi&ntilde;a, junto con la de las bodas, describe el proyecto divino de la salvaci&oacute;n y se presenta como una conmovedora alegor&iacute;a de la alianza de Dios con su pueblo. En el evangelio, Jes&uacute;s retoma el c&aacute;ntico de Isa&iacute;as, pero lo adapta a sus oyentes y a la nueva hora de la historia de la salvaci&oacute;n. M&aacute;s que en la vi&ntilde;a pone el acento en los vi&ntilde;adores, a quienes los &quot;servidores&quot; del propietario piden, en su nombre, el fruto del arrendamiento. Pero los servidores son maltratados e incluso asesinados. <\/p>\n<p>&iquest;C&oacute;mo no pensar en las vicisitudes del pueblo elegido y en la suerte reservada a los profetas enviados por Dios? Al final, el propietario de la vi&ntilde;a hace un &uacute;ltimo intento: manda a su propio hijo, convencido de que al menos a &eacute;l lo escuchar&aacute;n. En cambio, sucede lo contrario: los vi&ntilde;adores lo asesinan precisamente porque es el hijo, es decir, el heredero, convencidos de quedarse f&aacute;cilmente con la vi&ntilde;a. Por tanto, se trata de un salto de calidad con respecto a la acusaci&oacute;n de violaci&oacute;n de la justicia social, como aparece en el c&aacute;ntico de Isa&iacute;as. Aqu&iacute; vemos claramente c&oacute;mo el desprecio de la orden impartida por el propietario se transforma en desprecio de &eacute;l: no es una simple desobediencia de un precepto divino, es un verdadero rechazo de Dios: aparece el misterio de la cruz. <\/p>\n<p>Lo que denuncia esta p&aacute;gina evang&eacute;lica interpela nuestro modo de pensar y de actuar. No habla s&oacute;lo de la &quot;hora&quot; de Cristo, del misterio de la cruz en aquel momento, sino de la presencia de la cruz en todos los tiempos. De modo especial, interpela a los pueblos que han recibido el anuncio del Evangelio. Si contemplamos la historia, nos vemos obligados a constatar a menudo la frialdad y la rebeli&oacute;n de cristianos incoherentes. Como consecuencia de esto, Dios, aun sin faltar jam&aacute;s a su promesa de salvaci&oacute;n, ha tenido que recurrir con frecuencia al castigo. <\/p>\n<p>En este contexto resulta espont&aacute;neo pensar en el primer anuncio del Evangelio, del que surgieron comunidades cristianas inicialmente florecientes, que despu&eacute;s desaparecieron y hoy s&oacute;lo se las recuerda en los libros de historia. &iquest;No podr&iacute;a suceder lo mismo en nuestra &eacute;poca? Naciones que en otro tiempo eran ricas en fe y en vocaciones ahora est&aacute;n perdiendo su identidad bajo el influjo delet&eacute;reo y destructor de una cierta cultura moderna. Hay quien, habiendo decidido que &quot;Dios ha muerto&quot;, se declara a s&iacute; mismo &quot;dios&quot;, consider&aacute;ndose el &uacute;nico art&iacute;fice de su destino, el propietario absoluto del mundo. <\/p>\n<p>Desembaraz&aacute;ndose de Dios, y sin esperar de &eacute;l la salvaci&oacute;n, el hombre cree que puede hacer lo que se le antoje y que puede ponerse como la &uacute;nica medida de s&iacute; mismo y de su obrar. Pero cuando el hombre elimina a Dios de su horizonte, cuando declara &quot;muerto&quot; a Dios, &iquest;es verdaderamente m&aacute;s feliz? &iquest;Se hace verdaderamente m&aacute;s libre? Cuando los hombres se proclaman propietarios absolutos de s&iacute; mismos y due&ntilde;os &uacute;nicos de la creaci&oacute;n, &iquest;pueden construir de verdad una sociedad donde reinen la libertad, la justicia y la paz? &iquest;No sucede m&aacute;s bien \u2014como lo demuestra ampliamente la cr&oacute;nica diaria\u2014 que se difunden el arbitrio del poder, los intereses ego&iacute;stas, la injusticia y la explotaci&oacute;n, la violencia en todas sus manifestaciones? Al final, el hombre se encuentra m&aacute;s solo y la sociedad m&aacute;s dividida y confundida. <\/p>\n<p>Pero en las palabras de Jes&uacute;s hay una promesa: la vi&ntilde;a no ser&aacute; destruida. Mientras abandona a su suerte a los vi&ntilde;adores infieles, el propietario no renuncia a su vi&ntilde;a y la conf&iacute;a a otros servidores fieles. Esto indica que, si en algunas regiones la fe se debilita hasta extinguirse, siempre habr&aacute; otros pueblos dispuestos a acogerla. Precisamente por eso Jes&uacute;s, citando el salmo 117: &quot;La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular&quot; (v. 22), asegura que su muerte no ser&aacute; la derrota de Dios. Tras su muerte no permanecer&aacute; en la tumba; m&aacute;s a&uacute;n, precisamente lo que parecer&aacute; ser una derrota total marcar&aacute; el inicio de una victoria definitiva. A su dolorosa pasi&oacute;n y muerte en la cruz seguir&aacute; la gloria de la resurrecci&oacute;n. Entonces, la vi&ntilde;a continuar&aacute; produciendo uva y el due&ntilde;o la arrendar&aacute; &quot;a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo&quot; (<i>Mt<\/i> 21, 41). <\/p>\n<p>La imagen de la vi&ntilde;a, con sus implicaciones morales, doctrinales y espirituales aparecer&aacute; de nuevo en el discurso de la &uacute;ltima Cena, cuando, al despedirse de los Ap&oacute;stoles, el Se&ntilde;or dir&aacute;: &quot;Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el vi&ntilde;ador. Todo sarmiento que en m&iacute; no da fruto, lo corta; y todo el que da fruto, lo limpia, para que d&eacute; m&aacute;s fruto&quot; (<i>Jn<\/i> 15, 1-2). Por consiguiente, a partir del acontecimiento pascual la historia de la salvaci&oacute;n experimentar&aacute; un viraje decisivo, y sus protagonistas ser&aacute;n los &quot;otros labradores&quot; que, injertados como brotes elegidos en Cristo, verdadera vid, dar&aacute;n frutos abundantes de vida eterna (cf. <i>Oraci&oacute;n colecta<\/i>). Entre estos &quot;labradores&quot; estamos tambi&eacute;n nosotros, injertados en Cristo, que quiso convertirse &eacute;l mismo en la &quot;verdadera vid&quot;. Pidamos al Se&ntilde;or, que nos da su sangre, que se nos da a s&iacute; mismo en la Eucarist&iacute;a, que nos ayude a &quot;dar fruto&quot; para la vida eterna y para nuestro tiempo. <\/p>\n<p>El mensaje consolador que recogemos de estos textos b&iacute;blicos es la certeza de que el mal y la muerte no tienen la &uacute;ltima palabra, sino que al final vence Cristo. &iexcl;Siempre! La Iglesia no se cansa de proclamar esta buena nueva, como sucede tambi&eacute;n hoy, en esta bas&iacute;lica dedicada al Ap&oacute;stol de los gentiles, el primero en difundir el Evangelio en vastas regiones de Asia menor y Europa. Renovaremos de modo significativo este anuncio durante la XII Asamblea general ordinaria del S&iacute;nodo de los obispos, que tiene como tema: &quot;La Palabra de Dios en la vida y en la misi&oacute;n de la Iglesia&quot;. <\/p>\n<p>Aqu&iacute; quiero saludaros con afecto cordial a todos vosotros, venerados padres sinodales, y a quienes particip&aacute;is en este encuentro como expertos, auditores e invitados especiales. Adem&aacute;s, me alegra acoger a los delegados fraternos de las otras Iglesias y comunidades eclesiales. Al secretario general del S&iacute;nodo de los obispos y a sus colaboradores les expreso la gratitud de todos nosotros por el arduo trabajo que han realizado durante estos meses, as&iacute; como nuestros buenos deseos ante las fatigas que les esperan en las pr&oacute;ximas semanas. <\/p>\n<p>Cuando Dios habla, siempre pide una respuesta; su acci&oacute;n de salvaci&oacute;n requiere la cooperaci&oacute;n humana; su amor espera correspondencia. Que no suceda jam&aacute;s, queridos hermanos y hermanas, lo que relata el texto b&iacute;blico aprop&oacute;sito de la vi&ntilde;a: &quot;Esper&oacute; que diese uvas, pero dio agrazones&quot; (<i>Is<\/i> 5, 2). S&oacute;lo la Palabra de Dios puede cambiar en profundidad el coraz&oacute;n del hombre; por eso, es importante que tanto los creyentes como las comunidades entren en una intimidad cada vez mayor con ella. La Asamblea sinodal dirigir&aacute; su atenci&oacute;n a esta verdad fundamental para la vida y la misi&oacute;n de la Iglesia. Alimentarse con la palabra de Dios es para ella la tarea primera y fundamental. En efecto, si el anuncio del Evangelio constituye su raz&oacute;n de ser y su misi&oacute;n, es indispensable que la Iglesia conozca y viva lo que anuncia, para que su predicaci&oacute;n sea cre&iacute;ble, a pesar de las debilidades y las pobrezas de los hombres que la componen. Sabemos, adem&aacute;s, que el anuncio de la Palabra, siguiendo a Cristo, tiene como contenido el reino de Dios (cf. <i>Mc<\/i> 1, 14-15), pero el reino de Dios es la persona misma de Jes&uacute;s, que con sus palabras y sus obras ofrece la salvaci&oacute;n a los hombres de todas las &eacute;pocas. Es interesante al respecto la consideraci&oacute;n de san Jer&oacute;nimo: &quot;El que no conoce las Escrituras no conoce la fuerza de Dios ni su sabidur&iacute;a. Ignorar las Escrituras significa ignorar a Cristo&quot; (<i>Pr&oacute;logo al comentario del profeta Isa&iacute;as<\/i>: <i>PL<\/i> 24, 17). <\/p>\n<p>En este A&ntilde;o paulino oiremos resonar con particular urgencia el grito del Ap&oacute;stol de los gentiles: &quot;&iexcl;Ay de m&iacute; si no predicara el Evangelio!&quot; (<i>1 Co<\/i> 9, 16); grito que para todo cristiano se convierte en invitaci&oacute;n insistente a ponerse al servicio de Cristo. &quot;La mies es mucha&quot; (<i>Mt<\/i> 9, 37), repite tambi&eacute;n hoy el Maestro divino: muchos a&uacute;n no se han encontrado con &eacute;l y est&aacute;n a la espera del primer anuncio de su Evangelio; otros, a pesar de haber recibido una formaci&oacute;n cristiana, han perdido el entusiasmo y s&oacute;lo conservan un contacto superficial con la Palabra de Dios; y otros se han alejado de la pr&aacute;ctica de la fe y necesitan una nueva evangelizaci&oacute;n. Adem&aacute;s, no faltan personas de actitud correcta que se plantean preguntas esenciales sobre el sentido de la vida y de la muerte, preguntas a las que s&oacute;lo Cristo pude dar respuestas satisfactorias. En esos casos es indispensable que los cristianos de todos los continentes est&eacute;n preparados para responder a quienes les pidan raz&oacute;n de su esperanza (cf. <i>1 P<\/i> 3, 15), anunciando con alegr&iacute;a la Palabra de Dios y viviendo sin componendas el Evangelio. <\/p>\n<p>Venerados y queridos hermanos, que el Se&ntilde;or nos ayude a interrogarnos juntos, durante las pr&oacute;ximas semanas de trabajos sinodales, sobre c&oacute;mo hacer cada vez m&aacute;s eficaz el anuncio del Evangelio en nuestro tiempo. Todos comprobamos cu&aacute;n necesario es poner en el centro de nuestra vida la Palabra de Dios, acoger a Cristo como nuestro &uacute;nico Redentor, como Reino de Dios en persona, para hacer que su luz ilumine todos los &aacute;mbitos de la humanidad: la familia, la escuela, la cultura, el trabajo, el tiempo libre y los dem&aacute;s sectores de la sociedad y de nuestra vida. <\/p>\n<p>Al participar en la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, experimentamos siempre el &iacute;ntimo v&iacute;nculo que existe entre el anuncio de la Palabra de Dios y el sacrificio eucar&iacute;stico: es el mismo Misterio que se ofrece a nuestra contemplaci&oacute;n. Por eso &quot;la Iglesia \u2014como puso de relieve el concilio Vaticano II\u2014 siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo, sobre todo en la sagrada liturgia, y nunca ha cesado de tomar y repartir a sus fieles el pan de vida que ofrece la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html\">Dei Verbum<\/a>, <\/i>21). El Concilio concluye con raz&oacute;n: &quot;Como la vida de la Iglesia se desarrolla por la participaci&oacute;n asidua del misterio eucar&iacute;stico, as&iacute; es de esperar que recibir&aacute; nuevo impulso de vida espiritual con la redoblada devoci&oacute;n a la Palabra de Dios, &quot;que dura para siempre&quot;&quot; (<i>ib., <\/i>26). <\/p>\n<p>Que el Se&ntilde;or nos conceda acercarnos con fe a la doble mesa de la Palabra y del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Que nos obtenga este don Mar&iacute;a sant&iacute;sima, que &quot;guardaba todas estas cosas y las meditaba en su coraz&oacute;n&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 19). Que ella nos ense&ntilde;e a escuchar las Escrituras y a meditarlas en un proceso interior de maduraci&oacute;n, que jam&aacute;s separe la inteligencia del coraz&oacute;n. Que tambi&eacute;n nos ayuden los santos, en particular el ap&oacute;stol san Pablo, a quien durante este a&ntilde;o estamos descubriendo cada vez m&aacute;s como intr&eacute;pido testigo y heraldo de la Palabra de Dios. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\"><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>INAUGURACI&Oacute;N DE LA XII ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de San Pablo extramuros Domingo 5 de octubre de 2008 &nbsp; Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; queridos hermanos y hermanas: La primera lectura, tomada del libro del profeta Isa&iacute;as, as&iacute; como la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-octubre-de-2008-inauguracion-de-la-xii-asamblea-general-ordinaria-del-sinodo-de-los-obispos-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab5 de octubre de 2008: Inauguraci\u00f3n de la XII Asamblea general ordinaria del S\u00ednodo de los Obispos\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40811","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40811","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40811"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40811\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40811"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40811"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40811"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}