{"id":40813,"date":"2016-10-06T15:00:31","date_gmt":"2016-10-06T20:00:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-septiembre-de-2008-santa-misa-con-los-enfermos-en-la-basilica-de-nuestra-senora-del-rosario-lourdes-2\/"},"modified":"2016-10-06T15:00:31","modified_gmt":"2016-10-06T20:00:31","slug":"15-de-septiembre-de-2008-santa-misa-con-los-enfermos-en-la-basilica-de-nuestra-senora-del-rosario-lourdes-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-septiembre-de-2008-santa-misa-con-los-enfermos-en-la-basilica-de-nuestra-senora-del-rosario-lourdes-2\/","title":{"rendered":"15 de septiembre de 2008: Santa Misa con los enfermos en la Bas\u00edlica de Nuestra Se\u00f1ora del Rosario (Lourdes)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2008\/index_francia.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO <br \/> A FRANCIA CON OCASI&Oacute;N DEL 150 ANIVERSARIO <br \/> DE LAS APARICIONES DE LOURDES<br \/> (12 &#8211; 15 DE SEPTIEMBRE DE 2008)<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA CON LOS ENFERMOS&nbsp;<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, Lourdes<br \/> Lunes 15 de septiembre de 2008<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,<br \/> queridos enfermos, acompa&ntilde;antes, y quienes los acogen,<br \/> queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Ayer celebramos la Cruz de Cristo, instrumento de nuestra salvaci&oacute;n, que nos revela en toda su plenitud la misericordia de nuestro Dios. En efecto, la Cruz es donde se manifiesta de manera perfecta la compasi&oacute;n de Dios con nuestro mundo. Hoy, al celebrar la memoria de Nuestra Se&ntilde;ora de los Dolores, contemplamos a Mar&iacute;a que comparte la compasi&oacute;n de su Hijo por los pecadores. Como afirma san Bernardo, la Madre de Cristo entr&oacute; en la Pasi&oacute;n de su Hijo por su compasi&oacute;n (cf. <i>Serm&oacute;n en el domingo de la infraoctava de la Asunci&oacute;n<\/i>). Al pie de la Cruz se cumple la profec&iacute;a de Sime&oacute;n de que su coraz&oacute;n de madre ser&iacute;a traspasado (cf. <i>Lc<\/i> 2,35) por el suplicio infligido al Inocente, nacido de su carne. Igual que Jes&uacute;s llor&oacute; (cf. <i>Jn<\/i> 11,35), tambi&eacute;n Mar&iacute;a ciertamente llor&oacute; ante el cuerpo lacerado de su Hijo. Sin embargo, su discreci&oacute;n nos impide medir el abismo de su dolor; la hondura de esta aflicci&oacute;n queda solamente sugerida por el s&iacute;mbolo tradicional de las siete espadas. Se puede decir, como de su Hijo Jes&uacute;s, que este sufrimiento la ha guiado tambi&eacute;n a Ella a la perfecci&oacute;n (cf. <i>Hb<\/i> 2,10), para hacerla capaz de asumir la nueva misi&oacute;n espiritual que su Hijo le encomienda poco antes de expirar (cf. <i>Jn<\/i> 19,30): convertirse en la Madre de Cristo en sus miembros. En esta hora, a trav&eacute;s de la figura del disc&iacute;pulo a quien amaba, Jes&uacute;s presenta a cada uno de sus disc&iacute;pulos a su Madre, dici&eacute;ndole: \u201cAh&iacute; tienes a tu hijo\u201d (<i>Jn<\/i> 19,26-27).<\/p>\n<p align=\"left\">Mar&iacute;a est&aacute; hoy en el gozo y la gloria de la Resurrecci&oacute;n. Las l&aacute;grimas que derram&oacute; al pie de la Cruz se han transformado en una sonrisa que ya nada podr&aacute; extinguir, permaneciendo intacta, sin embargo, su compasi&oacute;n maternal por nosotros. Lo atestigua la intervenci&oacute;n ben&eacute;fica de la Virgen Mar&iacute;a en el curso de la historia y no cesa de suscitar una inquebrantable confianza en Ella; la oraci&oacute;n <i>Acordaos, &iexcl;oh piados&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a! <\/i>expresa bien este sentimiento. Mar&iacute;a ama a cada uno de sus hijos, prestando una atenci&oacute;n particular a quienes, como su Hijo en la hora de su Pasi&oacute;n, est&aacute;n sumidos en el dolor; los ama simplemente porque son sus hijos, seg&uacute;n la voluntad de Cristo en la Cruz.<\/p>\n<p align=\"left\">El salmista, vislumbrando de lejos este v&iacute;nculo maternal que une a la Madre de Cristo con el pueblo creyente, profetiza a prop&oacute;sito de la Virgen Mar&iacute;a que \u201clos m&aacute;s ricos del pueblo buscan tu sonrisa\u201d (<i>Sal<\/i> 44,13). De este modo, movidos por la Palabra inspirada de la Escritura, los cristianos han buscado siempre la sonrisa de Nuestra Se&ntilde;ora, esa sonrisa que los artistas en la Edad Media han sabido representar y resaltar tan prodigiosamente. Este sonre&iacute;r de Mar&iacute;a es para todos; pero se dirige muy especialmente a quienes sufren, para que encuentren en Ella consuelo y sosiego. Buscar la sonrisa de Mar&iacute;a no es sentimentalismo devoto o desfasado, sino m&aacute;s bien la expresi&oacute;n justa de la relaci&oacute;n viva y profundamente humana que nos une con la que Cristo nos ha dado como Madre.<\/p>\n<p align=\"left\">Desear contemplar la sonrisa de la Virgen no es dejarse llevar por una imaginaci&oacute;n descontrolada. La Escritura misma nos la desvela en los labios de Mar&iacute;a cuando entona el <i>Magnificat: <\/i>\u201cProclama mi alma la grandeza del Se&ntilde;or, se alegra mi esp&iacute;ritu en Dios, mi Salvador\u201d (<i>Lc<\/i> 1,46-47). Cuando la Virgen Mar&iacute;a da gracias a Dios nos convierte en testigos. Mar&iacute;a, anticipadamente, comparte con nosotros, sus futuros hijos, la alegr&iacute;a que vive su coraz&oacute;n, para que se convierta tambi&eacute;n en la nuestra. Cada vez que se recita el <i>Magnificat <\/i>nos hace testigos de su sonrisa. Aqu&iacute;, en Lourdes, durante la aparici&oacute;n del mi&eacute;rcoles, 3 de marzo de 1858, Bernadette contempla de un modo totalmente particular esa sonrisa de Mar&iacute;a. &Eacute;sa fue la primera respuesta que la Hermosa Se&ntilde;ora dio a la joven vidente que quer&iacute;a saber su identidad. Antes de presentarse a ella algunos d&iacute;as m&aacute;s tarde como <i>\u201c<\/i>la Inmaculada Concepci&oacute;n<i>\u201d<\/i>, Mar&iacute;a le dio a conocer primero su sonrisa, como si fuera la puerta de entrada m&aacute;s adecuada para la revelaci&oacute;n de su misterio.<\/p>\n<p align=\"left\">En la sonrisa que nos dirige la m&aacute;s destacada de todas las criaturas, se refleja nuestra dignidad de hijos de Dios, la dignidad que nunca abandona a quienes est&aacute;n enfermos. Esta sonrisa, reflejo verdadero de la ternura de Dios, es fuente de esperanza inquebrantable. Sabemos que, por desgracia, el sufrimiento padecido rompe los equilibrios mejor asentados de una vida, socava los cimientos fuertes de la confianza, llegando incluso a veces a desesperar del sentido y el valor de la vida. Es un combate que el hombre no puede afrontar por s&iacute; solo, sin la ayuda de la gracia divina. Cuando la palabra no sabe ya encontrar vocablos adecuados, es necesaria una presencia amorosa; buscamos entonces no s&oacute;lo la cercan&iacute;a de los parientes o de aquellos a quienes nos unen lazos de amistad, sino tambi&eacute;n la proximidad de los m&aacute;s &iacute;ntimos por el v&iacute;nculo de la fe. Y &iquest;qui&eacute;n m&aacute;s &iacute;ntimo que Cristo y su Sant&iacute;sima Madre, la Inmaculada? Ellos son, m&aacute;s que nadie, capaces de entendernos y apreciar la dureza de la lucha contra el mal y el sufrimiento. La Carta a los Hebreos dice de Cristo, que &Eacute;l no s&oacute;lo<i> \u201c<\/i>no es incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros<i>\u201d<\/i> (cf. <i>Hb<\/i> 4,15). Quisiera decir humildemente a los que sufren y a los que luchan, y est&aacute;n tentados de dar la espalda a la vida: &iexcl;Volveos a Mar&iacute;a! En la sonrisa de la Virgen est&aacute; misteriosamente escondida la fuerza para continuar la lucha contra la enfermedad y a favor de la vida. Tambi&eacute;n junto a Ella se encuentra la gracia de aceptar sin miedo ni amargura el dejar este mundo, a la hora que Dios quiera.<\/p>\n<p align=\"left\">Qu&eacute; acertada fue la intuici&oacute;n de esa hermosa figura espiritual francesa, Dom Jean-Baptiste Chautard, quien en <i>El alma de todo apostolado,<\/i> propon&iacute;a al cristiano fervoroso encontrarse frecuentemente con la Virgen Mar&iacute;a <i>\u201c<\/i>con la mirada<i>\u201d.<\/i> S&iacute;, buscar la sonrisa de la Virgen Mar&iacute;a no es un infantilismo piadoso, es la aspiraci&oacute;n, dice el salmo 44, de los que son \u201clos m&aacute;s ricos del pueblo\u201d (44,13). \u201cLos m&aacute;s ricos\u201d se entiende en el orden de la fe, los que tienen mayor madurez espiritual y saben reconocer precisamente su debilidad y su pobreza ante Dios. En una manifestaci&oacute;n tan simple de ternura como la sonrisa, nos damos cuenta de que nuestra &uacute;nica riqueza es el amor que Dios nos regala y que pasa por el coraz&oacute;n de la que ha llegado a ser nuestra Madre. Buscar esa sonrisa es ante todo acoger la gratuidad del amor; es tambi&eacute;n saber provocar esa sonrisa con nuestros esfuerzos por vivir seg&uacute;n la Palabra de su Hijo amado, del mismo modo que un ni&ntilde;o trata de hacer brotar la sonrisa de su madre haciendo lo que le gusta. Y sabemos lo que agrada a Mar&iacute;a por las palabras que dirigi&oacute; a los sirvientes de Can&aacute;: \u201cHaced lo que &Eacute;l os diga\u201d (<i>Jn<\/i> 2,5).<\/p>\n<p align=\"left\">La sonrisa de Mar&iacute;a es una fuente de agua viva. \u201cEl que cree en m&iacute; -dice Jes&uacute;s- de sus entra&ntilde;as manar&aacute;n torrentes de agua viva\u201d (<i>Jn<\/i> 7,38). Mar&iacute;a es la que ha cre&iacute;do, y, de su seno, han brotado r&iacute;os de agua viva para irrigar la historia de la humanidad. La fuente que Mar&iacute;a indic&oacute; a Bernadette aqu&iacute;, en Lourdes, es un humilde signo de esta realidad espiritual. De su coraz&oacute;n de creyente y de Madre brota un agua viva que purifica y cura. Al sumergirse en las piscinas de Lourdes cu&aacute;ntos no han descubierto y experimentado la dulce maternidad de la Virgen Mar&iacute;a, junt&aacute;ndose a Ella par unirse m&aacute;s al Se&ntilde;or. En la secuencia lit&uacute;rgica de esta memoria de Nuestra Se&ntilde;ora la Virgen de los Dolores, se honra a Mar&iacute;a con el t&iacute;tulo de <i>Fons amoris<\/i>, \u201cFuente de amor\u201d. En efecto, del coraz&oacute;n de Mar&iacute;a brota un amor gratuito que suscita como respuesta un amor filial, llamado a acrisolarse constantemente. Como toda madre, y m&aacute;s que toda madre, Mar&iacute;a es la educadora del amor. Por eso tantos enfermos vienen aqu&iacute;, a Lourdes, a beber en la \u201cFuente de amor\u201d y para dejarse guiar hacia la &uacute;nica fuente de salvaci&oacute;n, su Hijo, Jes&uacute;s, el Salvador.<\/p>\n<p align=\"left\">Cristo dispensa su salvaci&oacute;n mediante los sacramentos y de manera muy especial, a los que sufren enfermedades o tienen una discapacidad, a trav&eacute;s de la gracia de la Unci&oacute;n de los Enfermos. Para cada uno, el sufrimiento es siempre un extra&ntilde;o. Su presencia nunca se puede domesticar. Por eso es dif&iacute;cil de soportar y, m&aacute;s dif&iacute;cil a&uacute;n -como lo han hecho algunos grandes testigos de la santidad de Cristo- acogerlo como ingrediente de nuestra vocaci&oacute;n o, como lo ha formulado Bernadette, aceptar \u201csufrir todo en silencio para agradar a Jes&uacute;s\u201d. Para poder decir esto hay que haber recorrido un largo camino en uni&oacute;n con Jes&uacute;s. Desde ese momento, en compensaci&oacute;n, es posible confiar en la misericordia de Dios tal como se manifiesta por la gracia del Sacramento de los Enfermos. Bernadette misma, durante una vida a menudo marcada por la enfermedad, recibi&oacute; este sacramento en cuatro ocasiones. La gracia propia del mismo consiste en acoger en s&iacute; a Cristo m&eacute;dico. Sin embargo, Cristo no es m&eacute;dico al estilo de mundo. Para curarnos, &Eacute;l no permanece fuera del sufrimiento padecido; lo alivia viniendo a habitar en quien est&aacute; afectado por la enfermedad, para llevarla consigo y vivirla junto con el enfermo. La presencia de Cristo consigue romper el aislamiento que causa el dolor. El hombre ya no est&aacute; solo con su desdicha, sino conformado a Cristo que se ofrece al Padre, como miembro sufriente de Cristo y participando, en &Eacute;l, al nacimiento de la nueva creaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Sin la ayuda del Se&ntilde;or, el yugo de la enfermedad y el sufrimiento es cruelmente pesado. Al recibir la Unci&oacute;n de los Enfermos, no queremos otro yugo que el de Cristo, fortalecidos con la promesa que nos hizo de que su yugo ser&aacute; suave y su carga ligera (cf. <i>Mt<\/i> 11,30). Invito a los que recibir&aacute;n la Unci&oacute;n de los Enfermos durante esta Misa a entrar en una esperanza como &eacute;sta.<\/p>\n<p align=\"left\">El Concilio Vaticano II present&oacute; a Mar&iacute;a como la figura en la que se resume todo el misterio de la Iglesia (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 63-65). Su trayectoria personal representa el camino de la Iglesia, invitada a estar completamente atenta a las personas que sufren. Dirijo un afectuoso saludo a los miembros del Cuerpo m&eacute;dico y de enfermer&iacute;a, as&iacute; como a todos los que, de diverso modo, en los hospitales u otras instituciones, contribuyen al cuidado de los enfermos con competencia y generosidad. Quisiera tambi&eacute;n decir a todos los encargados de la acogida, a los camilleros y acompa&ntilde;antes que, de todas las di&oacute;cesis de Francia y de m&aacute;s lejos a&uacute;n, acompa&ntilde;an durante todo el a&ntilde;o a los enfermos que vienen en peregrinaci&oacute;n a Lourdes, que su servicio es precioso. Son el brazo de la Iglesia servidora. Deseo, en fin, animar a los que, en nombre de su fe, acogen y visitan a los enfermos, sobre todo en los hospitales, en las parroquias o, como aqu&iacute;, en los santuarios. Que, como portadores de la misericordia de Dios (cf. <i>Mt<\/i> 25, 39-40), sientan en esta misi&oacute;n tan delicada e importante el apoyo efectivo y fraterno de sus comunidades. En este sentido, saludo de modo particular, y doy las gracias tambi&eacute;n, a mis hermanos en el Episcopado, los Obispos franceses, los Obispos de otros lugares y los sacerdotes, los cuales acompa&ntilde;an a los enfermos y a los hombres tocados por el sufrimiento en el mundo. Gracias por vuestro servicio al Se&ntilde;or que esta sufriendo.<\/p>\n<p align=\"left\">El servicio de caridad que hac&eacute;is es un servicio mariano. Mar&iacute;a os conf&iacute;a su sonrisa para que os convirt&aacute;is vosotros mismos, fieles a su Hijo, en fuente de agua viva. Lo que hac&eacute;is, lo hac&eacute;is en nombre de la Iglesia, de la que Mar&iacute;a es la imagen m&aacute;s pura. &iexcl;Que llev&eacute;is a todos su sonrisa!<\/p>\n<p align=\"left\">Al concluir, quiero sumarme a las oraciones de los peregrinos y de los enfermos y retomar con vosotros un fragmento de la oraci&oacute;n a Mar&iacute;a propuesta para la celebraci&oacute;n de este Jubileo:<\/p>\n<blockquote>\n<p align=\"left\">\u201cPorque eres la sonrisa de Dios, el reflejo de la luz de Cristo, la morada del Esp&iacute;ritu Santo, <br \/> porque escogiste a Bernadette en su miseria, <br \/> porque eres la estrella de la ma&ntilde;ana, la puerta del cielo y la primera criatura resucitada, <br \/> Nuestra Se&ntilde;ora de Lourdes, <br \/> junto con nuestros hermanos y hermanas cuyo cuerpo y coraz&oacute;n est&aacute;n doloridos, te decimos: ruega por nosotros\u201d.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A FRANCIA CON OCASI&Oacute;N DEL 150 ANIVERSARIO DE LAS APARICIONES DE LOURDES (12 &#8211; 15 DE SEPTIEMBRE DE 2008) SANTA MISA CON LOS ENFERMOS&nbsp; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, Lourdes Lunes 15 de septiembre de 2008 &nbsp; Queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-septiembre-de-2008-santa-misa-con-los-enfermos-en-la-basilica-de-nuestra-senora-del-rosario-lourdes-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab15 de septiembre de 2008: Santa Misa con los enfermos en la Bas\u00edlica de Nuestra Se\u00f1ora del Rosario (Lourdes)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40813","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40813","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40813"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40813\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40813"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40813"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40813"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}