{"id":40817,"date":"2016-10-06T15:00:35","date_gmt":"2016-10-06T20:00:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-septiembre-de-2008-procesion-con-antorchas-en-la-plaza-del-rosario-lourdes-2\/"},"modified":"2016-10-06T15:00:35","modified_gmt":"2016-10-06T20:00:35","slug":"13-de-septiembre-de-2008-procesion-con-antorchas-en-la-plaza-del-rosario-lourdes-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-septiembre-de-2008-procesion-con-antorchas-en-la-plaza-del-rosario-lourdes-2\/","title":{"rendered":"13 de septiembre de 2008: Procesi\u00f3n con antorchas en la plaza del Rosario (Lourdes)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2008\/index_francia.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO <br \/> A FRANCIA CON OCASI&Oacute;N DEL 150 ANIVERSARIO <br \/> DE LAS APARICIONES DE LOURDES<br \/> (12 &#8211; 15 DE SEPTIEMBRE DE 2008)<\/a> <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>PROCESI&Oacute;N CON ANTORCHAS<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>H<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">OMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">Lourdes, Plaza del Rosario<br \/> <\/font><\/i><font color=\"#663300\"><i>S&aacute;bado 13 de septiembre de 2008<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Querido Monse&ntilde;or Perrier, Obispo de Tarbes y Lourdes,<br \/> queridos hermanos en el episcopado y el sacerdocio,<br \/> queridos peregrinos, queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p> Hace ciento cincuenta a&ntilde;os, el 11 de febrero de 1858, en el lugar llamado <i>la gruta de Massabielle<\/i>, apartada del pueblo, una simple muchacha de Lourdes, Bernadette Soubirous, vio una luz y, en la luz, una mujer joven <i> \u201chermosa, la m&aacute;s hermosa\u201d<\/i>. La mujer le habl&oacute; con dulzura y bondad, respeto y confianza: <i>\u201c<\/i>Me hablaba de Usted (narra Bernadette)&#8230;<i> <\/i>&iquest;Querr&aacute; Usted venir aqu&iacute; durante quince d&iacute;as? (le pregunta la Se&ntilde;ora)&#8230; Me mir&oacute; como una persona que habla a otra persona<i>\u201d<\/i>. En la conversaci&oacute;n, en el di&aacute;logo impregnado de delicadeza, la Se&ntilde;ora le encarga transmitir algunos mensajes muy simples sobre la oraci&oacute;n, la penitencia y la conversi&oacute;n. No es de extra&ntilde;ar que Mar&iacute;a fuera hermosa, porque, en las apariciones del 25 de marzo de 1858, ella misma revela su nombre de este modo: \u201cYo soy la Inmaculada Concepci&oacute;n\u201d. <\/p>\n<p> Contemplemos tambi&eacute;n nosotros a esta Mujer vestida de sol de la que nos habla la Escritura (cf. <i>Ap<\/i> 12,1). La Sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a, la Mujer gloriosa del Apocalipsis, lleva sobre su cabeza una corona de doce estrellas que representan las doce tribus de Israel, todo el pueblo de Dios, toda la comuni&oacute;n de los santos, y a sus pies la Luna, imagen de la muerte y la mortalidad. Mar&iacute;a ha dejado atr&aacute;s la muerte, est&aacute; completamente revestida de vida, la vida de su Hijo, Cristo resucitado. As&iacute; es signo de la victoria del amor, de la bondad y de Dios, dando a nuestro mundo la esperanza que necesita. Volvamos esta noche la mirada hacia Mar&iacute;a, tan gloriosa y tan humana, dej&aacute;ndola que nos lleve a Dios que es el vencedor.<\/p>\n<p> Muchos fueron testigos: el encuentro con el rostro luminoso de Bernadette conmov&iacute;a los corazones y las miradas. Tanto durante las apariciones mismas como cuando las contaba, su rostro era radiante. Bernadette estaba transida ya por la luz de Massabielle. La vida cotidiana de la familia Soubirous estaba hecha de dolor y miseria, de enfermedad e incomprensi&oacute;n, de rechazo y pobreza. Aunque no faltara amor y calor en el trato familiar, era dif&iacute;cil vivir en aquella especie de mazmorra. Sin embargo, las sombras terrenas no imped&iacute;an que la luz del cielo brillara. <i>\u201c<\/i>La luz brilla en la tiniebla<i>\u201d<\/i> (<i>Jn<\/i> 1, 5).<\/p>\n<p> Lourdes es uno de los lugares que Dios ha elegido para reflejar un destello especial de su belleza, por ello la importancia aqu&iacute; del s&iacute;mbolo de la luz. Desde la cuarta aparici&oacute;n, Bernadette, al llegar a la gruta, encend&iacute;a cada ma&ntilde;ana una vela bendecida y la ten&iacute;a en la mano izquierda mientras se aparec&iacute;a la Virgen. Muy pronto, la gente comenz&oacute; a dar a Bernadette una vela para que la pusiera en tierra al fondo de la gruta. Por eso muy pronto, algunos comenzaron a poner velas en este lugar de luz y de paz. La misma Madre de Dios hizo saber que le agradaba este homenaje de miles de antorchas que, desde entonces, mantienen iluminada sin cesar, para su gloria, la roca de la aparici&oacute;n. Desde entonces, ante la gruta, d&iacute;a y noche, verano e invierno, un enramado ardiente brilla rodeado de las oraciones de los peregrinos y enfermos, que expresan sus preocupaciones y necesidades, pero sobre todo su fe y su esperanza. <\/p>\n<p> Al venir en peregrinaci&oacute;n aqu&iacute;, a Lourdes, queremos entrar, siguiendo a Bernadette, en esta extraordinaria cercan&iacute;a <i>entre el cielo y la tierra<\/i> que nunca ha faltado y que se consolida sin cesar. Hay que destacar que, durante las apariciones, Bernadette reza el Rosario bajo la mirada de Mar&iacute;a, que se une a ella en el momento de la doxolog&iacute;a. Este hecho confirma en realidad el car&aacute;cter profundamente teoc&eacute;ntrico de la oraci&oacute;n del Rosario. Cuando rezamos el Rosario, Mar&iacute;a nos ofrece su coraz&oacute;n y su mirada para contemplar la vida de su Hijo, Jesucristo. Mi venerado Predecesor Juan Pablo II vino aqu&iacute;, a Lourdes, en dos ocasiones. Sabemos cu&aacute;nto se apoyaba su oraci&oacute;n en la intercesi&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;a, tanto en su vida como en su ministerio. Como muchos de sus Predecesores en la sede de Pedro, tambi&eacute;n &eacute;l promovi&oacute; vivamente la oraci&oacute;n del Rosario; lo hizo, entre otras, de una forma muy singular, enriqueciendo el Santo Rosario con la meditaci&oacute;n de los Misterios Luminosos. Est&aacute;n representados en los nuevos mosaicos de la fachada de la Bas&iacute;lica inaugurados el a&ntilde;o pasado. Como con todos los acontecimientos de la vida de Cristo que Ella <i>\u201c<\/i>conservaba medit&aacute;ndolos en su coraz&oacute;n\u201d (cf. <i>Lc<\/i> 2,19), Mar&iacute;a nos hace comprender todas las etapas del ministerio p&uacute;blico como parte integrante de la revelaci&oacute;n de la gloria de Dios. Lourdes, tierra de luz, sigue siendo una escuela para aprender a rezar el Rosario, que inicia al disc&iacute;pulo de Jes&uacute;s, bajo la mirada de su Madre, en un di&aacute;logo cordial y verdadero con su Maestro. <\/p>\n<p> Por boca de Bernadette, o&iacute;mos a la Virgen Mar&iacute;a que nos pide <i>venir aqu&iacute; en procesi&oacute;n<\/i> para orar con fervor y sencillez. La procesi&oacute;n de las antorchas hace presente ante nuestros ojos de carne el misterio de la oraci&oacute;n: en la comuni&oacute;n de la Iglesia, que une a los elegidos del cielo y a los peregrinos de la tierra, la luz brota del di&aacute;logo entre el hombre y su Se&ntilde;or, y se abre un camino luminoso en la historia humana, incluidos sus momentos m&aacute;s oscuros. Esta procesi&oacute;n es un momento de gran alegr&iacute;a eclesial, pero tambi&eacute;n de gravedad: las intenciones que presentamos subrayan nuestra profunda comuni&oacute;n con todos los que sufren. Pensamos en las v&iacute;ctimas inocentes que padecen la violencia, la guerra, el terrorismo, la penuria, o que sufren las consecuencias de la injusticia, de las plagas, de las calamidades, del odio y de la opresi&oacute;n, de la violaci&oacute;n de su dignidad humana y de sus derechos fundamentales, de su libertad de actuar y de pensar. Pensamos tambi&eacute;n en quienes tienen arduos problemas familiares o en quienes sufren por el desempleo, la enfermedad, la discapacidad, la soledad o por su situaci&oacute;n de inmigrantes. No quiero olvidar a los que sufren a causa del nombre de Cristo y que mueren por &Eacute;l. <\/p>\n<p> Mar&iacute;a nos ense&ntilde;a a orar, a hacer de nuestra plegaria un acto de amor a Dios y de caridad fraterna. Al orar con Mar&iacute;a, nuestro coraz&oacute;n acoge a los que sufren. &iquest;C&oacute;mo es posible que nuestra vida no se transforme de inmediato? &iquest;C&oacute;mo nuestro ser y nuestra vida entera pueden dejar de convertirse en lugar de hospitalidad para nuestro pr&oacute;jimo? Lourdes es un lugar de luz, porque es un lugar de comuni&oacute;n, esperanza y conversi&oacute;n. <\/p>\n<p> Al caer la noche, hoy Jes&uacute;s nos dice: \u201cTened encendidas vuestras l&aacute;mparas\u201d (cf. <i>Lc<\/i> 12,35); la l&aacute;mpara de la fe, de la oraci&oacute;n, de la esperanza y del amor. El gesto de caminar de noche llevando la luz, habla con fuerza a nuestra intimidad m&aacute;s honda, toca nuestro coraz&oacute;n y es m&aacute;s elocuente que cualquier palabra dicha u o&iacute;da. El gesto resume por s&iacute; solo nuestra condici&oacute;n de cristianos en camino: necesitamos la luz y, a la vez, estamos llamados a ser luz. El pecado nos hace ciegos, nos impide proponernos como gu&iacute;a para nuestros hermanos, y nos lleva a desconfiar de ellos para dejarnos guiar. Necesitamos ser iluminados y repetimos la s&uacute;plica del ciego Bartimeo: <i>\u201c<\/i>Maestro, que pueda ver<i>\u201d<\/i> (<i>Mc<\/i> 10, 51). Haz que vea el pecado que me encadena, pero sobre todo, Se&ntilde;or, que vea tu gloria. Sabemos que nuestra oraci&oacute;n ya ha sido escuchada y damos gracias porque, como dice San Pablo en su Carta a los Efesios, \u201cCristo ser&aacute; tu luz\u201d (<i>Ef<\/i> 5,14), y San Pedro y a&ntilde;ade: \u201c[Dios] os llam&oacute; a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa\u201d (<i>1 P<\/i> 2,9). <\/p>\n<p> A nosotros, que no somos la luz, Cristo puede decirnos a partir de ahora: <i>\u201c<\/i>Vosotros sois la luz del mundo<i>\u201d<\/i> (<i>Mt<\/i> 5,14), encomend&aacute;ndonos la tarea de hacer brillar la luz de la caridad. Como escribe el Ap&oacute;stol san Juan: <i>\u201c<\/i>El que ama a su hermano, permanece en la luz, y no hay nada que lo haga caer<i>\u201d<\/i> (<i>1 Jn<\/i> 2,10). Vivir el amor cristiano es al mismo tiempo hacer entrar en el mundo la luz de Dios e indicar su verdadero origen. As&iacute; lo dice San Le&oacute;n Magno: \u201cEn efecto, todo el que vive p&iacute;a y castamente en la Iglesia, que aspira a las cosas de lo alto y no a las de la tierra (cf. <i>Col<\/i> 3,2), es en cierto modo como la luz celeste; en cuanto observa &eacute;l mismo el fulgor de una vida santa, muestra a muchos, como una estrella, el camino hacia Dios\u201d (<i>Serm&oacute;n<\/i> III, 5). <\/p>\n<p> En este santuario de Lourdes al que vuelven sus ojos los cristianos de todo el mundo desde que la Virgen Mar&iacute;a hizo brillar la esperanza y el amor al dar el primer puesto a los enfermos, los pobres y los peque&ntilde;os, se nos invita a descubrir la sencillez de nuestra vocaci&oacute;n: <i>Basta con amar<\/i>. <\/p>\n<p> Ma&ntilde;ana, la celebraci&oacute;n de la Exaltaci&oacute;n de la Santa Cruz nos har&aacute; entrar precisamente en el coraz&oacute;n de este misterio. En esta vigilia, nuestra mirada se dirige hacia el signo de la Nueva Alianza en la que converge toda la vida de Jes&uacute;s. La Cruz constituye el supremo y perfecto acto de amor de Jes&uacute;s, que da la vida por sus amigos. <i>\u201c<\/i>As&iacute; tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el cree en &eacute;l tenga vida eterna<i>\u201d<\/i> (<i>Jn<\/i> 3, 14-15).<\/p>\n<p> Anunciada ya en los Cantos del Siervo de Dios, la muerte de Jes&uacute;s es una muerte que se convierte en luz para los pueblos; una muerte que, en relaci&oacute;n con la liturgia de expiaci&oacute;n, trae la reconciliaci&oacute;n, la muerte que marca el fin de la muerte. Desde entonces, la Cruz es signo de esperanza, el estandarte de la victoria de Jes&uacute;s <i>\u201c<\/i>Porque tanto am&oacute; Dios al mundo, que entreg&oacute; a su Hijo &uacute;nico, para que no perezca ninguno de los que creen en &eacute;l, sino que tengan vida eterna<i>\u201d<\/i> (<i>Jn<\/i> 3,16).Toda nuestra vida recibe luz, fuerza y esperanza por la Cruz. Por ella se revela toda la hondura de amor que encierra el designio original del Creador; por ella, todo es sanado y llevado a su plenitud. Por eso la vida en la fe en Cristo muerto y resucitado se convierte en luz. <\/p>\n<p> Las apariciones estuvieron rodeadas por la luz y Dios ha querido encender en la mirada de Bernadette una llama que ha convertido innumerables corazones. &iquest;Cu&aacute;ntos vienen aqu&iacute; para ver, esperando quiz&aacute;s secretamente recibir alguna gracia; despu&eacute;s, en el camino de regreso, habiendo hecho una experiencia espiritual de vida aut&eacute;nticamente eclesial, vuelven su mirada a Dios, a los otros y a s&iacute; mismos. Les llena una peque&ntilde;a llama con el nombre de esperanza, compasi&oacute;n, ternura. El encuentro discreto con Bernadette y la Virgen Mar&iacute;a puede cambiar una vida, pues est&aacute;n presentes en este lugar de Massabielle para llevarnos a Cristo que es nuestra vida, nuestra fuerza y nuestra luz. Que la Virgen Mar&iacute;a y Santa Bernadette os ayuden a vivir como hijos de la luz para ser testigos cada d&iacute;a en vuestra vida de que Cristo es nuestra luz, nuestra esperanza y nuestra vida.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A FRANCIA CON OCASI&Oacute;N DEL 150 ANIVERSARIO DE LAS APARICIONES DE LOURDES (12 &#8211; 15 DE SEPTIEMBRE DE 2008) PROCESI&Oacute;N CON ANTORCHAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Lourdes, Plaza del Rosario S&aacute;bado 13 de septiembre de 2008 &nbsp; Querido Monse&ntilde;or Perrier, Obispo de Tarbes y Lourdes, queridos hermanos en el episcopado y &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-septiembre-de-2008-procesion-con-antorchas-en-la-plaza-del-rosario-lourdes-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab13 de septiembre de 2008: Procesi\u00f3n con antorchas en la plaza del Rosario (Lourdes)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40817","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40817","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40817"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40817\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40817"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40817"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40817"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}