{"id":40821,"date":"2016-10-06T15:00:38","date_gmt":"2016-10-06T20:00:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-septiembre-de-2008-celebracion-de-las-visperas-con-los-sacerdotes-religiosos-religiosas-seminaristas-y-diaconos-en-la-catedral-de-notre-dame-paris-2\/"},"modified":"2016-10-06T15:00:38","modified_gmt":"2016-10-06T20:00:38","slug":"12-de-septiembre-de-2008-celebracion-de-las-visperas-con-los-sacerdotes-religiosos-religiosas-seminaristas-y-diaconos-en-la-catedral-de-notre-dame-paris-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-septiembre-de-2008-celebracion-de-las-visperas-con-los-sacerdotes-religiosos-religiosas-seminaristas-y-diaconos-en-la-catedral-de-notre-dame-paris-2\/","title":{"rendered":"12 de septiembre de 2008: Celebraci\u00f3n de las V\u00edsperas con los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y di\u00e1conos en la Catedral de Notre-Dame (Par\u00eds)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2008\/index_francia.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO <br \/> A FRANCIA CON OCASI&Oacute;N DEL 150 ANIVERSARIO <br \/> DE LAS APARICIONES DE LOURDES<br \/> (12 &#8211; 15 DE SEPTIEMBRE DE 2008)<\/a> <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><b>CELEBRACI&Oacute;N DE LAS V&Iacute;SPERAS<br \/> EN LA CATEDRAL DE NOTRE-DAME<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/i><\/b><\/font><i><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\"><\/p>\n<p> Par&iacute;s, viernes 12 de septiembre<\/font><\/i><font color=\"#663300\" face=\"Times New Roman\"><i> de 2008 <\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos Hermanos Cardenales y Obispos,<br \/> Se&ntilde;ores Can&oacute;nigos del Cabildo Catedral,<br \/> Se&ntilde;ores Capellanes de Notre-Dame,<br \/> Queridos Sacerdotes y Di&aacute;conos,<br \/> Queridos amigos miembros de las Iglesias y comunidades eclesiales no cat&oacute;licas,<br \/> Queridos hermanos y hermanas<\/i>:<\/p>\n<p>Bendito sea Dios que nos permite encontrarnos en un lugar tan entra&ntilde;able para los parisinos, pero tambi&eacute;n para todos los franceses. Bendito sea Dios, que nos da la gracia de ofrecerle nuestra oraci&oacute;n vespertina para alabarlo como se merece con las palabras que la liturgia de la Iglesia ha heredado de la liturgia sinagogal celebrada por Cristo y sus primeros disc&iacute;pulos. S&iacute;, bendito sea Dios por venir en nuestro auxilio \u2013<i>in adiutorium nostrum<\/i>&#8211; y ayudarnos a realizar la ofrenda del sacrificio de nuestros labios.<\/p>\n<p>Estamos en la Iglesia Madre de la Di&oacute;cesis de Par&iacute;s, la catedral de Notre-Dame, que se yergue en el coraz&oacute;n de la <i>cit&eacute;<\/i> como un signo vivo de la presencia de Dios en medio de los hombres. Mi Predecesor Alejandro III puso la primera piedra, los Papas P&iacute;o VII y Juan Pablo II la honraron con su visita, y estoy feliz de seguir sus huellas, despu&eacute;s de haber estado aqu&iacute; hace un cuarto de siglo para dictar una conferencia sobre catequesis. Es dif&iacute;cil no dar gracias a Aquel que ha creado tanto la materia como el esp&iacute;ritu, por la belleza del edificio que nos acoge. Los cristianos de Lutecia ya hab&iacute;an construido una catedral dedicada a san Esteban, protom&aacute;rtir, pero, al quedar demasiado peque&ntilde;a, paulatinamente fue reemplazada, entre los siglos XII al XIV, por la que admiramos actualmente. La fe de la Edad Media edific&oacute; catedrales, y vuestros antepasados vinieron aqu&iacute; para alabar a Dios, encomendarle sus esperanzas y profesarle su amor. Grandes acontecimientos religiosos y civiles se desarrollaron en este santuario, en el que los arquitectos, los pintores, los escultores y los m&uacute;sicos aportaron lo mejor de s&iacute; mismos. Baste recordar, entre otros, los nombres del arquitecto Jean de Chelles, del pintor Charles Le Brun, del escultor Nicolas Coustou y de los organistas Louis Vierne y Pierre Cochereau. El arte, camino hacia Dios, y la oraci&oacute;n coral, alabanza de la Iglesia al Creador, ayudaron a Paul Claudel, que asist&iacute;a a las V&iacute;speras del d&iacute;a de Navidad de 1886, a encontrar el camino hacia una experiencia personal de Dios. Es significativo que Dios haya iluminado su alma precisamente durante el canto del <i>Magnificat, <\/i>en el que la Iglesia escucha el canto de la Virgen Mar&iacute;a, Patrona de estas tierras, que recuerda al mundo que el Todopoderoso ha enaltecido a los humildes (cf. <i>Lc<\/i> 1,52). Teatro de conversiones menos conocidas, pero no menos reales, c&aacute;tedra donde predicadores del Evangelio, como los Padres Lacordaire, Monsabr&eacute; y Samson, supieron transmitir la llama de su pasi&oacute;n a los auditorios m&aacute;s variados, la catedral de Notre-Dame permanece con raz&oacute;n como uno de los monumentos m&aacute;s c&eacute;lebres del patrimonio de vuestro pa&iacute;s. Las reliquias del <i>Lignum Crucis<\/i> y de la corona de espinas, que acabo de venerar, como es costumbre desde San Luis, han encontrado hoy un cofre digno de ellas, que constituye la ofrenda del esp&iacute;ritu humano al Amor creador.<\/p>\n<p>Bajo las b&oacute;vedas de esta hist&oacute;rica catedral, testigo de la constante comunicaci&oacute;n que Dios ha querido entablar entre los hombres y &Eacute;l, la Palabra acaba de resonar bajo estas b&oacute;vedas para ser la materia de nuestro sacrificio vespertino,&nbsp; evidenciado por la ofrenda del incienso que hace visible la alabanza a Dios. Providencialmente, las palabras del salmista describen la emoci&oacute;n de nuestra alma con una precisi&oacute;n que no nos habr&iacute;amos atrevido a imaginar: \u201c&iexcl;Qu&eacute; alegr&iacute;a cuando me dijeron: \u2018Vamos a la casa del Se&ntilde;or\u2019!\u201d (<i>Sal<\/i> 121,1). <i>Laetatus sum in his quae dicta sunt mihi<\/i>: el gozo del salmista, contenido en estas palabras del salmo, se expande en nuestros corazones y suscita en ellos un eco profundo. Alegr&iacute;a en ir a la casa del Se&ntilde;or, porque, los Padres nos lo han ense&ntilde;ado, esta casa no es m&aacute;s que el s&iacute;mbolo concreto de la Jerusal&eacute;n de arriba, la que desciende hacia nosotros (cf. <i>Ap<\/i> 21,2) para ofrecernos la m&aacute;s bella de las moradas. \u201cSi moramos en ella \u2013escribe san Hilario de Poitiers\u2013, somos conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, porque es la casa de Dios\u201d (<i>Tratado sobre los salmos<\/i>, 121,2). Y San Agust&iacute;n reafirma: \u201cEste salmo aspira a la Jerusal&eacute;n celeste. Es uno de los c&aacute;nticos graduales, que no se compusieron para bajar, sino para subir. En nuestro exilio, suspiramos, en la patria gozaremos; pero a veces, durante nuestro exilio, nos encontramos con compa&ntilde;eros que han visto la ciudad santa y que nos invitan a correr hacia ella\u201d (<i>Comentario sobre los salmos<\/i>, 121, 2). Queridos amigos, durante estas v&iacute;speras, nos unimos con el pensamiento y la oraci&oacute;n a las innumerables voces de los que han cantado este salmo, aqu&iacute; mismo, antes que nosotros, desde hace siglos y siglos. Nos unimos a los peregrinos que sub&iacute;an a Jerusal&eacute;n y las gradas de su templo, nos unimos a los millares de hombres y mujeres que comprendieron que su peregrinaci&oacute;n en la tierra encuentra su meta en el cielo, en la Jerusal&eacute;n eterna, y que confiaron en Cristo como gu&iacute;a. &iexcl;Qu&eacute; gozo, pues, saber que estamos rodeados por tan gran muchedumbre de testigos!<\/p>\n<p>Nuestra peregrinaci&oacute;n hacia la ciudad santa no ser&iacute;a posible, si no se hiciera como Iglesia, semilla y prefiguraci&oacute;n de la Jerusal&eacute;n de arriba. \u201cSi el Se&ntilde;or no construye la casa, en vano se cansan los alba&ntilde;iles\u201d (Sal 126,1). Qui&eacute;n es este Se&ntilde;or sino Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo. Fue &Eacute;l quien fund&oacute; la Iglesia, quien la ha edificado sobre la roca, sobre la fe del Ap&oacute;stol Pedro. Como dice tambi&eacute;n san Agust&iacute;n: \u201cEs el Se&ntilde;or Jesucristo quien construye su propia casa. Muchos son los que trabajan en la construcci&oacute;n, pero, si &Eacute;l no construye, en vano se cansan los alba&ntilde;iles\u201d (<i>Comentarios sobre los salmos<\/i>, 126,2). Ahora bien, queridos amigos, Agust&iacute;n se plantea la cuesti&oacute;n de saber qui&eacute;nes son los alba&ntilde;iles, y &eacute;l mismo responde: \u201cTodos los que predican la palabra de Dios en la Iglesia, los dispensadores de los misterios de Dios. Todos nos esforzamos, todos trabajamos, todos construimos ahora\u201d; pero es s&oacute;lo Dios quien, en nosotros, \u201cedifica, quien exhorta, quien amonesta, quien abre el entendimiento, quien os conduce a las verdades de la fe\u201d (<i>Ibid<\/i>.). &iexcl;Qu&eacute; maravilla reviste nuestra actividad al servicio de la divina Palabra! Somos instrumentos del Esp&iacute;ritu; Dios tiene la humildad de pasar a trav&eacute;s de nosotros para sembrar su Palabra. Llegamos a ser su voz despu&eacute;s de haber vuelto el o&iacute;do a su boca. Ponemos su Palabra en nuestros labios para ofrecerla al mundo. La ofrenda de nuestra plegaria le es agradable y le sirve para comunicarse con todos los que nos encontramos. En verdad, como dice Pablo a los Efesios: \u201c&Eacute;l nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales\u201d (1,3), ya que nos ha escogido para ser sus testigos hasta los confines de la tierra y nos ha elegido antes de nuestra concepci&oacute;n, por un don misterioso de su gracia.<\/p>\n<p>Su Palabra, el Verbo, que desde siempre esta junto a &Eacute;l (cf. <i>Jn<\/i> 1,1), naci&oacute; de una mujer, nacido bajo la Ley, \u201cpara rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibi&eacute;ramos el ser hijos por adopci&oacute;n (<i>Ga<\/i> 4,4-5). El Hijo de Dios se encarn&oacute; en el seno de una Mujer, de una Virgen. Vuestra catedral es un himno vivo de piedra y de luz para alabanza de este acto &uacute;nico de la historia humana: la Palabra eterna de Dios entrando en la historia de los hombres en la plenitud de los tiempos para rescatarlos por la ofrenda de s&iacute; mismo en el sacrificio de la Cruz. Las liturgias de la tierra, ordenadas todas ellas a la celebraci&oacute;n de un Acto &uacute;nico de la historia, no alcanzar&aacute;n jam&aacute;s a expresar totalmente su infinita densidad. En efecto, la belleza de los ritos nunca ser&aacute; lo suficientemente esmerada, lo suficientemente cuidada, elaborada, porque nada es demasiado bello para Dios, que es la Hermosura infinita. Nuestras liturgias de la tierra no podr&aacute;n ser m&aacute;s que un p&aacute;lido reflejo de la liturgia, que se celebra en la Jerusal&eacute;n de arriba, meta de nuestra peregrinaci&oacute;n en la tierra. Que nuestras celebraciones, sin embargo, se le parezcan lo m&aacute;s posible y la hagan presentir.<\/p>\n<p>Desde ahora, la Palabra de Dios nos ha sido dada para ser el alma de nuestro apostolado, el alma de nuestra vida de sacerdotes. Cada ma&ntilde;ana, la Palabra nos despierta. Cada ma&ntilde;ana, el Se&ntilde;or mismo nos \u201cespabila el o&iacute;do\u201d (<i>Is<\/i> 50,5) para los salmos del Oficio de Lecturas y Laudes. A lo largo de la jornada, la Palabra de Dios se convierte en la materia de la oraci&oacute;n de toda la Iglesia, que desea as&iacute; dar testimonio de su fidelidad a Cristo. Seg&uacute;n la c&eacute;lebre f&oacute;rmula de san Jer&oacute;nimo, que ser&aacute; retomada por la XII Asamblea del S&iacute;nodo de los Obispos, en el pr&oacute;ximo mes de octubre: \u201cIgnorar las Escrituras es ignorar a Cristo\u201d (<i>Pr&oacute;logo del comentario a Isa&iacute;as<\/i>). Queridos hermanos sacerdotes, no teng&aacute;is miedo de dedicar mucho tiempo a la lectura, a la meditaci&oacute;n de la Escritura y al rezo del Oficio divino. Casi sin saberlo, la Palabra le&iacute;da y meditada en la Iglesia act&uacute;a sobre vosotros y os transforma. Como manifestaci&oacute;n de la Sabidur&iacute;a de Dios, si se transforma en la \u201ccompa&ntilde;era\u201d de vuestra vida, ser&aacute; vuestra \u201ccompa&ntilde;era en la prosperidad\u201d, vuestro \u201calivio en las preocupaciones y tristezas\u201d (<i>Sab<\/i> 8,9).<\/p>\n<p>\u201cLa Palabra de Dios es viva y eficaz; m&aacute;s tajante que espada de doble filo\u201d, como escribe el autor de la Carta a los Hebreos (4,12). A vosotros, queridos seminaristas, que os prepar&aacute;is para recibir el Sacramento del Orden, para participar en el triple oficio de ense&ntilde;ar, regir y santificar, esta Palabra se os entrega como un bien precioso. Gracias a ella, medit&aacute;ndola cotidianamente, entr&aacute;is en la vida misma de Cristo que est&aacute;is llamados a proclamar a vuestro alrededor. Con su Palabra, el Se&ntilde;or Jes&uacute;s instituy&oacute; el Sacramento de su Cuerpo y su Sangre; con su Palabra, cur&oacute; a los enfermos, expuls&oacute; a los demonios, perdon&oacute; los pecados; por su Palabra, revel&oacute; a los hombres los misterios escondidos del Reino. Est&aacute;is destinados a ser depositarios de esta Palabra eficaz, que hace lo que dice. Conservad siempre el gusto por la Palabra de Dios. Aprended, por su medio, a amar a todos los que encontr&eacute;is en vuestro camino. Nadie sobra en la Iglesia, nadie. Todo el mundo puede y debe encontrar su lugar.<\/p>\n<p>Y vosotros, queridos Di&aacute;conos, colaboradores eficaces de los Obispos y Sacerdotes, continuad amando la Palabra de Dios: proclam&aacute;is el Evangelio en la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica; lo coment&aacute;is en la catequesis a vuestros hermanos y hermanas; ponedlo en el centro de vuestra vida, de vuestro servicio al pr&oacute;jimo, de toda vuestra diacon&iacute;a. Sin buscar sustituir a los presb&iacute;teros, sino ayud&aacute;ndolos con amistad y eficacia, sed testigos vivos del poder infinito de la divina Palabra.<\/p>\n<p>Por un t&iacute;tulo especial, los religiosos, las religiosas y todas las personas consagradas viven de la Sabidur&iacute;a de Dios, expresada en su Palabra. La profesi&oacute;n de los consejos evang&eacute;licos os ha configurado, queridos consagrados, con Aquel que, por nosotros, se hizo pobre, obediente y casto. Vuestra &uacute;nica riqueza \u2013la &uacute;nica, verdaderamente, que traspasar&aacute; los siglos y el dintel de la muerte\u2013 es la Palabra del Se&ntilde;or. &Eacute;l ha dicho: \u201cEl cielo y la tierra pasar&aacute;n, pero mis palabras no pasar&aacute;n\u201d (<i>Mt <\/i>24,35). Vuestra obediencia es, etimol&oacute;gicamente, una escucha, ya que el vocablo \u201cobedecer\u201d viene del lat&iacute;n <i>obaudire<\/i>,<i> <\/i> que significa tender el o&iacute;do hacia algo o alguien. Obedeciendo, volv&eacute;is vuestra alma hacia Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida (cf. <i>Jn<\/i> 14,6) y que os dice, como san Benito ense&ntilde;aba a sus monjes: \u201cEscucha, hijo m&iacute;o, las instrucciones del maestro y prepara el o&iacute;do de tu coraz&oacute;n\u201d (<i>Regla de San Benito,<\/i> Pr&oacute;logo). En fin, dejaos purificar cada d&iacute;a por Aquel que nos dice: \u201cA todo sarmiento que da fruto, [mi Padre] lo poda, para que d&eacute; m&aacute;s fruto\u201d (<i>Jn<\/i> 15,2). La pureza de la divina Palabra es el modelo de vuestra propia castidad; garant&iacute;a de fecundidad espiritual.<\/p>\n<p>Con una confianza inquebrantable en el poder de Dios que nos ha salvado \u201cen esperanza\u201d (cf. <i>Rom<\/i> 8,24) y que quiere hacer de nosotros un solo reba&ntilde;o bajo el cayado de un solo pastor, Cristo Jes&uacute;s, ruego por la unidad de la Iglesia. Saludo de nuevo con respeto y afecto a los representantes de las Iglesias cristianas y de las comunidades eclesiales, que han venido a rezar fraternalmente V&iacute;speras con nosotros en esta catedral. El poder de la Palabra de Dios es tal que podemos todos tener confianza en &eacute;l, como siempre lo hizo san Pablo, nuestro intercesor privilegiado en este a&ntilde;o. Despidi&eacute;ndose en Mileto de los presb&iacute;teros de la ciudad de &Eacute;feso, no dud&oacute; en dejarlos en \u201cmanos de Dios y de su palabra, que es gracia\u201d (<i>Hch<\/i> 20,32), poni&eacute;ndolos en guardia contra toda forma de divisi&oacute;n. Pido ardientemente al Se&ntilde;or que crezca en nosotros el sentido de esta unidad de la Palabra de Dios, signo, prenda y garant&iacute;a de la unidad de la Iglesia: no un amor en la Iglesia sin amor a la Palabra, no una Iglesia sin unidad en torno a Cristo redentor, no frutos de redenci&oacute;n sin amor a Dios y al pr&oacute;jimo, seg&uacute;n los dos mandamientos que resumen toda la Escritura santa.<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, en Notre-Dame, tenemos el m&aacute;s hermoso ejemplo de fidelidad a la Palabra divina. Esta fidelidad lleg&oacute; hasta tal punto que se realiz&oacute; en la Encarnaci&oacute;n: \u201cAqu&iacute; est&aacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra\u201d (<i>Lc<\/i> 1,38), dijo Mar&iacute;a con una confianza absoluta. Nuestra oraci&oacute;n vespertina va a proclamar el <i>Magnificat<\/i> de Aquella a la que felicitan todas las generaciones, porque crey&oacute; en la realizaci&oacute;n de las palabras que le fueron dichas de parte del Se&ntilde;or (cf. <i>Lc<\/i> 1,45); Ella esper&oacute; contra toda esperanza en la resurrecci&oacute;n de su Hijo; am&oacute; a la humanidad hasta el punto que se le entreg&oacute; como su Madre (cf. <i>Jn<\/i> 19,27). De este modo, \u201cse pone de relieve que la Palabra de Dios es verdaderamente su propia casa, de la cual sale y entra con toda naturalidad. Habla y piensa con la Palabra de Dios; la Palabra de Dios se convierte en palabra suya, y su palabra nace de la Palabra de Dios\u201d (<i><a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html\">Deus caritas est<\/a><\/i>, n. 41). Podemos decirle con serenidad: \u201cSanta Mar&iacute;a, Madre de Dios, Madre nuestra, ens&eacute;&ntilde;anos a creer, esperar y amar contigo. Ind&iacute;canos el camino hacia su reino\u201d (<i><a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi.html\">Spe salvi<\/a><\/i>, n. 50). Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A FRANCIA CON OCASI&Oacute;N DEL 150 ANIVERSARIO DE LAS APARICIONES DE LOURDES (12 &#8211; 15 DE SEPTIEMBRE DE 2008) CELEBRACI&Oacute;N DE LAS V&Iacute;SPERAS EN LA CATEDRAL DE NOTRE-DAME HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Par&iacute;s, viernes 12 de septiembre de 2008 &nbsp; Queridos Hermanos Cardenales y Obispos, Se&ntilde;ores Can&oacute;nigos del Cabildo Catedral, Se&ntilde;ores &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-septiembre-de-2008-celebracion-de-las-visperas-con-los-sacerdotes-religiosos-religiosas-seminaristas-y-diaconos-en-la-catedral-de-notre-dame-paris-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab12 de septiembre de 2008: Celebraci\u00f3n de las V\u00edsperas con los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y di\u00e1conos en la Catedral de Notre-Dame (Par\u00eds)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40821","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40821","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40821"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40821\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40821"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40821"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40821"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}