{"id":40823,"date":"2016-10-06T15:00:40","date_gmt":"2016-10-06T20:00:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-septiembre-de-2008-funeral-del-cardenal-antonio-innocenti-2\/"},"modified":"2016-10-06T15:00:40","modified_gmt":"2016-10-06T20:00:40","slug":"10-de-septiembre-de-2008-funeral-del-cardenal-antonio-innocenti-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-septiembre-de-2008-funeral-del-cardenal-antonio-innocenti-2\/","title":{"rendered":"10 de septiembre de 2008: Funeral del Cardenal Antonio Innocenti"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">FUNERAL DEL CARDENAL ANTONIO INNOCENTI<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Mi&eacute;rcoles 10 de septiembre de 2008<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Se&ntilde;ores cardenales; <br \/> venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; <br \/> queridos hermanos y hermanas:&nbsp;<\/i><\/p>\n<p>Os hab&eacute;is reunido en torno al altar del Se&ntilde;or para acompa&ntilde;ar con la celebraci&oacute;n del sacrificio eucar&iacute;stico, en el que se revive el misterio pascual, al querido cardenal Antonio Innocenti en su &uacute;ltimo viaje. Al dirigiros a cada uno mi cordial saludo, expreso mi agradecimiento en particular al cardenal Sodano que, como decano del Colegio cardenalicio, ha presidido la santa misa de exequias. Todos recordamos con afecto a nuestro querido hermano y esto hace que nuestra oraci&oacute;n sea a&uacute;n m&aacute;s ferviente y sentida. Sobre todo nos anima la fe en el Se&ntilde;or resucitado, que es fuente de vida eterna para todos los que creen en &eacute;l y lo siguen con amor. <\/p>\n<p>El cardenal Innocenti tuvo una larga vida, consagrada al servicio del Se&ntilde;or:&nbsp; ya en los primeros a&ntilde;os de su adolescencia comenz&oacute; su seguimiento de Jes&uacute;s, entrando en el seminario episcopal de Fi&eacute;sole. Nos complace pensarlo a la luz de la hermosa frase del Sir&aacute;cida, contenida en el inicio de la primera lectura:&nbsp; &quot;Hijo, si te llegas a servir al Se&ntilde;or, prepara tu alma para la prueba. Endereza tu coraz&oacute;n, mant&eacute;nte firme, y no te aceleres en la hora de la adversidad&quot; (<i>Si<\/i> 2, 1-2). <\/p>\n<p>Como le sucedi&oacute; a Jes&uacute;s, toda la vida de los que est&aacute;n llamados a seguirlo m&aacute;s de cerca es un combate espiritual, que se libra y se vence correspondiendo generosa y alegremente a la gracia de Dios y a su inquebrantable fidelidad. &quot;Conf&iacute;ate a &eacute;l, y &eacute;l, a su vez, te cuidar&aacute;&quot; (<i>Si<\/i> 2, 6), exhorta el Sir&aacute;cida. Y prosigue:&nbsp; &quot;Los que tem&eacute;is al Se&ntilde;or, confiaos a &eacute;l&quot; (<i>Si<\/i> 2, 8). Pero, al mismo tiempo, sugiere actitudes de sabidur&iacute;a:&nbsp; &quot;Todo lo que te sobrevenga, ac&eacute;ptalo, y en los reveses de tu humillaci&oacute;n s&eacute; paciente, porque en el fuego se purifica el oro; y los aceptos a Dios, en el honor de la humillaci&oacute;n&quot; (<i>Si<\/i> 2, 4-5).<\/p>\n<p>Fe y sabidur&iacute;a de vida, &iacute;ntimamente unidas, caracterizan el estilo del disc&iacute;pulo del Se&ntilde;or y, de modo particular, de su ministro ordenado, hasta llegar a la conformaci&oacute;n plena, que el ap&oacute;stol san Pablo confesaba de s&iacute; mismo:&nbsp; &quot;<i>Mihi vivere Christus est<\/i>&quot; (<i>Flp<\/i> 1, 21). Con la extraordinaria concisi&oacute;n que le inspiraba el Esp&iacute;ritu Santo, san Pablo resume en estas palabras la forma perfecta &nbsp;de la existencia cristiana:&nbsp; consiste en &nbsp;estar &nbsp;con &nbsp;Jes&uacute;s, estar en &eacute;l hasta el punto de que esta comuni&oacute;n rebasa el umbral de la separaci&oacute;n entre la vida terrena y el m&aacute;s all&aacute;, de forma que la muerte misma del cuerpo ya no es una p&eacute;rdida, sino &quot;una ganancia&quot; (<i>Flp <\/i>1, 21). <\/p>\n<p>Naturalmente, se trata de una meta que de alg&uacute;n modo tenemos siempre por delante, pero que, sin embargo, ya podemos anticipar, como el Ap&oacute;stol, en esta vida, especialmente gracias al sacramento de la Eucarist&iacute;a, v&iacute;nculo real de comuni&oacute;n con Cristo muerto y resucitado. Si la Eucarist&iacute;a llega a ser la forma de nuestra existencia, entonces para nosotros verdaderamente vivir es Cristo y morir equivale a pasar plenamente a &eacute;l y a la vida trinitaria de Dios, donde tambi&eacute;n ser&aacute; plena la comuni&oacute;n con nuestros hermanos. <\/p>\n<p>&quot;El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en m&iacute;, y yo en &eacute;l. (&#8230;) El que come este pan vivir&aacute; para siempre&quot; (<i>Jn<\/i> 6, 56.58). Estas palabras del Se&ntilde;or, que han resonado en esta liturgia, son luz de fe y de esperanza, y confieren a nuestra oraci&oacute;n de sufragio un fundamento s&oacute;lido y seguro, el fundamento sobre el que el cardenal Innocenti construy&oacute; su vida. <\/p>\n<p>Originario de Poppi, en la di&oacute;cesis de Fi&eacute;sole, provincia de Arezzo, recibi&oacute; la ordenaci&oacute;n sacerdotal en 1938 y, despu&eacute;s de una significativa experiencia pastoral en el mundo del trabajo, fue enviado a Roma para especializarse en teolog&iacute;a y derecho. Al volver a su di&oacute;cesis, ense&ntilde;&oacute; en el seminario y acompa&ntilde;&oacute; al obispo en las visitas pastorales durante la segunda guerra mundial. En ese dram&aacute;tico per&iacute;odo se distingui&oacute; por su abnegaci&oacute;n y su generosidad en ayudar a la gente y salvar a los que estaban destinados a la deportaci&oacute;n. Por eso tambi&eacute;n &eacute;l fue arrestado y condenado al fusilamiento; sin embargo, cuando ya se encontraba delante del pelot&oacute;n de ejecuci&oacute;n, fue revocada la orden. <\/p>\n<p>Despu&eacute;s de la guerra complet&oacute; sus estudios teol&oacute;gicos en Roma. El sustituto de la Secretar&iacute;a de Estado, mons. Giovanni Battista Montini, lo invit&oacute; a frecuentar la Academia eclesi&aacute;stica pontificia. As&iacute; entr&oacute; en el servicio diplom&aacute;tico de la Santa Sede. Prest&oacute; su servicio en varios pa&iacute;ses de &Aacute;frica, de Europa y del Oriente pr&oacute;ximo, sin olvidar nunca su profunda y genuina inspiraci&oacute;n sacerdotal, prodig&aacute;ndose en favor de los hermanos, infundiendo valor y alimentando en todos la fe y la esperanza cristiana. <\/p>\n<p>Nombrado representante pontificio en Paraguay, recibi&oacute; la ordenaci&oacute;n episcopal en 1968. A continuaci&oacute;n fue llamado nuevamente a Roma para asumir el cargo de secretario de la Congregaci&oacute;n para los sacramentos y el culto divino. Sucesivamente, en 1980, fue &nbsp;enviado como nuncio apost&oacute;lico a Espa&ntilde;a, donde acogi&oacute; dos veces a mi venerado predecesor Juan Pablo II en visita pastoral. Este mismo Papa, en mayo de 1985, lo cre&oacute; cardenal y desde ese momento nuestro querido hermano se insert&oacute; a&uacute;n m&aacute;s profundamente en la vida de la Iglesia de Roma. Con un t&iacute;tulo nuevo y m&aacute;s elevado, sigui&oacute; prestando su apreciada colaboraci&oacute;n al Sumo Pont&iacute;fice como prefecto de la Congregaci&oacute;n para el clero, presidente de la Comisi&oacute;n pontificia para la conservaci&oacute;n del patrimonio art&iacute;stico e hist&oacute;rico de la Iglesia, y de la Comisi&oacute;n pontificia &quot;Ecclesia Dei&quot;. <\/p>\n<p>Me complace concluir esta breve reflexi&oacute;n refiri&eacute;ndome al lema episcopal del cardenal Antonio Innocenti:&nbsp; &quot;<i>Lucem spero fide<\/i>&quot;. Palabras muy apropiadas en este momento; palabras que, como explicaba a las personas cercanas a &eacute;l, siempre llev&oacute; en su coraz&oacute;n desde que, siendo adolescente, recibi&oacute; el don de la vocaci&oacute;n sacerdotal. Ahora que ha cruzado ya el &uacute;ltimo umbral, pidamos para que la fe y la esperanza dejen espacio a la realidad &quot;mayor de todas&quot;, la caridad, &quot;que no acaba nunca&quot; (<i>1 Co<\/i> 13, 8.13). <\/p>\n<p>Demos gracias por el don de haberlo conocido y por todos los beneficios que, en &eacute;l y mediante &eacute;l, ha concedido el Se&ntilde;or a la santa Iglesia. A la vez que invocamos por este hermano nuestro la intercesi&oacute;n materna de la sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a, encomendemos su alma elegida al Padre de la vida, para que la acoja en su reino de luz y de paz. <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>FUNERAL DEL CARDENAL ANTONIO INNOCENTI HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de San Pedro Mi&eacute;rcoles 10 de septiembre de 2008 &nbsp; Se&ntilde;ores cardenales; venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; queridos hermanos y hermanas:&nbsp; Os hab&eacute;is reunido en torno al altar del Se&ntilde;or para acompa&ntilde;ar con la celebraci&oacute;n del sacrificio eucar&iacute;stico, en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-septiembre-de-2008-funeral-del-cardenal-antonio-innocenti-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab10 de septiembre de 2008: Funeral del Cardenal Antonio Innocenti\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40823","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40823","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40823"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40823\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40823"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40823"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40823"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}