{"id":40827,"date":"2016-10-06T15:00:43","date_gmt":"2016-10-06T20:00:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-septiembre-de-2008-misa-de-consagracion-del-nuevo-altar-de-la-catedral-de-albano\/"},"modified":"2016-10-06T15:00:43","modified_gmt":"2016-10-06T20:00:43","slug":"21-de-septiembre-de-2008-misa-de-consagracion-del-nuevo-altar-de-la-catedral-de-albano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-septiembre-de-2008-misa-de-consagracion-del-nuevo-altar-de-la-catedral-de-albano\/","title":{"rendered":"21 de septiembre de 2008: Misa de consagraci\u00f3n del nuevo altar de la Catedral de Albano"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA DE CONSAGRACI&Oacute;N DEL NUEVO ALTAR DE LA CATEDRAL DE ALBANO <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Domingo 21 de septiembre de 2008 <\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; <\/i> <\/p>\n<p>La celebraci&oacute;n de hoy es muy rica en s&iacute;mbolos y la Palabra de Dios que se ha proclamado nos ayuda a comprender el significado y el valor de lo que estamos realizando. En la primera lectura hemos escuchado el relato de la purificaci&oacute;n del Templo y de la dedicaci&oacute;n &nbsp;del &nbsp;nuevo altar de los holocaustos por obra de Judas Macabeo en el a&ntilde;o 164 antes de Cristo, tres a&ntilde;os despu&eacute;s de que el Templo fuera profanado por Ant&iacute;oco Epifanes (cf. <i>1 M<\/i> 4, 52-59). En recuerdo de aquel acontecimiento se instituy&oacute; la fiesta de la Dedicaci&oacute;n, que duraba ocho d&iacute;as. Esa fiesta, unida inicialmente al Templo a donde el pueblo iba en procesi&oacute;n para ofrecer sacrificios, tambi&eacute;n se engalanaba con la iluminaci&oacute;n de las casas y sobrevivi&oacute;, bajo esta forma, despu&eacute;s de la destrucci&oacute;n de Jerusal&eacute;n. <\/p>\n<p>El autor sagrado subraya con raz&oacute;n la alegr&iacute;a y la felicidad que caracterizaron aquel acontecimiento. Pero, queridos hermanos y hermanas, &iexcl;cu&aacute;nto m&aacute;s grande debe ser nuestra alegr&iacute;a al saber que sobre el altar que nos disponemos a consagrar se ofrecer&aacute; cada d&iacute;a el sacrificio de Cristo; sobre este altar &eacute;l seguir&aacute; inmol&aacute;ndose, en el sacramento de la Eucarist&iacute;a, por nuestra salvaci&oacute;n y por la de todo el mundo! En el misterio eucar&iacute;stico, que se renueva en todos los altares, Jes&uacute;s se hace realmente presente. Su presencia es din&aacute;mica; nos abraza para hacernos suyos, para configurarnos con &eacute;l; nos atrae con la fuerza de su amor, haci&eacute;ndonos salir de nosotros mismos para unirnos a &eacute;l, haci&eacute;ndonos uno con &eacute;l. <\/p>\n<p>La presencia real de Cristo hace de cada uno de nosotros su &quot;casa&quot;, y todos juntos formamos su Iglesia, el edificio espiritual del que habla san Pedro. &quot;Acerc&aacute;ndoos a &eacute;l, piedra viva desechada por los hombres, pero elegida, preciosa ante Dios \u2014escribe el Ap&oacute;stol\u2014, tambi&eacute;n vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcci&oacute;n de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediaci&oacute;n de Jesucristo&quot; (<i>1 P<\/i> 2, 4-5). Casi desarrollando esta hermosa met&aacute;fora, san Agust&iacute;n observa que, mediante la fe, los hombres son como tablas y piedras tomadas de bosques y montes para la construcci&oacute;n; mediante el bautismo, la catequesis y la predicaci&oacute;n, son tallados, labrados y escuadrados; pero s&oacute;lo se convierten en casa de Dios cuando se unen unos a otros mediante la caridad. Cuando &nbsp;los &nbsp;creyentes se unen entre s&iacute; dentro de un cierto orden, yuxtaponi&eacute;ndose y combin&aacute;ndose estrechamente en la caridad, entonces se convierten de verdad en casa de Dios, y no hay peligro de que se desplome (cf. <i>Serm.<\/i> 336). <\/p>\n<p>Por tanto, el amor de Cristo, la caridad &quot;que no acaba nunca&quot; (<i>1 Co<\/i> 13, 8), es la energ&iacute;a espiritual que une a todos los que participan en el mismo sacrificio y se alimentan del &uacute;nico Pan partido para la salvaci&oacute;n del mundo. En efecto, &iquest;es posible comulgar con el Se&ntilde;or si no comulgamos entre nosotros? As&iacute; pues, no podemos presentarnos ante el altar de Dios divididos, separados unos de otros. Este altar, sobre el que dentro de poco se renovar&aacute; el sacrificio del Se&ntilde;or, ha de ser para vosotros, queridos hermanos y hermanas, una invitaci&oacute;n constante al amor; deb&eacute;is acercaros siempre a &eacute;l con el coraz&oacute;n dispuesto a acoger el amor y a difundirlo, a recibir el perd&oacute;n y a concederlo. <\/p>\n<p>A este prop&oacute;sito, el relato evang&eacute;lico que acaba de proclamarse (cf. <i>Mt<\/i> 5, 23-24) nos ofrece una importante lecci&oacute;n de vida. Es un llamamiento, breve pero apremiante, a la reconciliaci&oacute;n fraterna, reconciliaci&oacute;n indispensable para presentar dignamente la ofrenda ante el altar; una exhortaci&oacute;n que retoma la ense&ntilde;anza ya bien presente en la predicaci&oacute;n prof&eacute;tica. En efecto, tambi&eacute;n los profetas denunciaban con vigor la inutilidad de los actos de culto realizados sin las correspondientes disposiciones morales, especialmente en las relaciones con el pr&oacute;jimo (cf. <i>Is<\/i> 1, 10-20; <i>Am<\/i> 5, 21-27; <i>Mi<\/i> 6, 6-8). Por tanto, cada vez que os acerqu&eacute;is al altar para la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, deb&eacute;is abrir vuestro coraz&oacute;n al perd&oacute;n y a la reconciliaci&oacute;n fraterna, dispuestos a aceptar las excusas de quienes os han herido; dispuestos, por vuestra parte, a perdonar. <\/p>\n<p>En la liturgia romana el sacerdote, una vez realizada la ofrenda del pan y del vino, inclinado hacia el altar reza en voz baja:&nbsp; &quot;Acepta, Se&ntilde;or, nuestro coraz&oacute;n contrito y nuestro esp&iacute;ritu humilde; que este sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia&quot;. As&iacute;, se prepara para entrar, con toda la asamblea de los fieles, en el coraz&oacute;n del misterio eucar&iacute;stico, en el coraz&oacute;n de la liturgia celestial a la que hace referencia la segunda lectura, tomada del Apocalipsis. San Juan presenta a un &aacute;ngel que ofrece &quot;muchos perfumes para unirlos a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro colocado delante del trono&quot; (<i>Ap<\/i> 8, 3). <\/p>\n<p>En cierto modo, el altar del sacrificio se convierte en el punto de encuentro entre el cielo y la tierra; el centro \u2014podr&iacute;amos decir\u2014 de la &uacute;nica Iglesia que es celestial y al mismo tiempo peregrina en la tierra, donde, en medio de las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, los disc&iacute;pulos del Se&ntilde;or anuncian su pasi&oacute;n y su muerte hasta que vuelva en la gloria (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 8). M&aacute;s a&uacute;n, cada celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica anticipa ya la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre el mundo, y muestra en el misterio el esplendor de la Iglesia, &quot;esposa inmaculada del Cordero inmaculado, esposa a la que Cristo am&oacute; y se entreg&oacute; por ella para santificarla&quot; (<i>ib.<\/i>, n. 6). <\/p>\n<p>El rito que nos disponemos a llevar a cabo en esta catedral, que hoy admiramos en su renovada belleza y que con raz&oacute;n quer&eacute;is hacer cada vez m&aacute;s bella y acogedora, suscita en nosotros estas reflexiones. Este compromiso os implica a todos y exige, en primer lugar, que toda la comunidad diocesana crezca en la caridad y en la entrega apost&oacute;lica y misionera. En concreto, se trata de testimoniar con la vida vuestra fe en Cristo y la confianza total que deposit&aacute;is en &eacute;l. Tambi&eacute;n se trata de cultivar la comuni&oacute;n eclesial, que es ante todo un don, una gracia, fruto del amor libre y gratuito de Dios, es decir, algo divinamente eficaz, siempre presente y operante en la historia, m&aacute;s all&aacute; de toda apariencia contraria. Pero la comuni&oacute;n eclesial es tambi&eacute;n una tarea confiada a la responsabilidad de cada uno. Que el Se&ntilde;or os conceda vivir una comuni&oacute;n cada vez m&aacute;s convencida y activa, en colaboraci&oacute;n y con corresponsabilidad en todos los niveles:&nbsp; entre presb&iacute;teros, consagrados y laicos, entre las diversas comunidades cristianas de vuestro territorio y entre las diferentes asociaciones laicales. <\/p>\n<p>Saludo ahora cordialmente a vuestro obispo, monse&ntilde;or Marcello Semeraro, al que agradezco la invitaci&oacute;n y las amables palabras de bienvenida con las que ha querido acogerme en nombre de todos vosotros. Tambi&eacute;n deseo expresarle mis cordiales felicitaciones por el d&eacute;cimo aniversario de su consagraci&oacute;n episcopal. Dirijo un saludo especial al cardenal Angelo Sodano, decano del Colegio cardenalicio, titular de esta di&oacute;cesis suburbicaria, que hoy se une a nuestra alegr&iacute;a. Saludo a los dem&aacute;s prelados presentes, a los sacerdotes, a las personas consagradas, a los j&oacute;venes y a los ancianos, a las familias, a los ni&ntilde;os y a los enfermos, abrazando con afecto a todos los fieles de la comunidad diocesana espiritualmente aqu&iacute; reunida. Un saludo a las autoridades que nos honran con su presencia y, en primer lugar, al se&ntilde;or alcalde de Albano, al que tambi&eacute;n agradezco las amables palabras que me ha dirigido al inicio de la santa misa. Sobre todos invoco la protecci&oacute;n celestial de san Pancracio, titular de esta catedral, y del ap&oacute;stol san Mateo, cuya memoria celebra hoy la liturgia. <\/p>\n<p>En particular, invoco la intercesi&oacute;n materna de la sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a. Que en esta jornada, que corona los esfuerzos, los sacrificios y el empe&ntilde;o que hab&eacute;is puesto para dotar a la catedral de un renovado espacio lit&uacute;rgico, con intervenciones oportunas que han afectado a la c&aacute;tedra episcopal, al amb&oacute;n y al altar, la Virgen os obtenga poder escribir en nuestro tiempo otra p&aacute;gina de santidad diaria y popular, que se a&ntilde;ada a las que han marcado la vida de la Iglesia de Albano a lo largo de los siglos. <\/p>\n<p>Ciertamente, como ha recordado vuestro pastor, no faltan dificultades, desaf&iacute;os y problemas, pero tambi&eacute;n son grandes las esperanzas y las oportunidades para anunciar y testimoniar el amor de Dios. Que el Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or resucitado, que es el Esp&iacute;ritu de Pentecost&eacute;s, os abra a sus horizontes de esperanza y alimente en vosotros el impulso misionero hacia los vastos horizontes de la nueva evangelizaci&oacute;n. Oremos por esta intenci&oacute;n, prosiguiendo nuestra celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica. <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE CONSAGRACI&Oacute;N DEL NUEVO ALTAR DE LA CATEDRAL DE ALBANO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Domingo 21 de septiembre de 2008 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; La celebraci&oacute;n de hoy es muy rica en s&iacute;mbolos y la Palabra de Dios que se ha proclamado nos ayuda a comprender el significado y el valor &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-septiembre-de-2008-misa-de-consagracion-del-nuevo-altar-de-la-catedral-de-albano\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab21 de septiembre de 2008: Misa de consagraci\u00f3n del nuevo altar de la Catedral de Albano\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40827","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40827","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40827"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40827\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40827"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40827"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40827"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}