{"id":40831,"date":"2016-10-06T15:00:47","date_gmt":"2016-10-06T20:00:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-julio-de-2008-santa-misa-de-la-xxiii-jornada-mundial-de-la-juventud-en-el-hipodromo-de-randwick-sydney-2\/"},"modified":"2016-10-06T15:00:47","modified_gmt":"2016-10-06T20:00:47","slug":"20-de-julio-de-2008-santa-misa-de-la-xxiii-jornada-mundial-de-la-juventud-en-el-hipodromo-de-randwick-sydney-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-julio-de-2008-santa-misa-de-la-xxiii-jornada-mundial-de-la-juventud-en-el-hipodromo-de-randwick-sydney-2\/","title":{"rendered":"20 de julio de 2008: Santa Misa de la XXIII Jornada Mundial de la Juventud en el hip\u00f3dromo de Randwick (Sydney)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\">&nbsp;<font color=\"#663300\"><a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2008\/outside\/documents\/australia.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO <br \/> DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI<br \/> A SYDNEY (AUSTRALIA) CON OCASI&Oacute;N DE LA <br \/> XXIII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD<br \/> (13 &#8211; 21 DE JULIO DE 2008)<\/a>&nbsp; <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA <br \/> PARA LA XXIII JORNADA MUNDIAL DE LA <\/font><\/b><font color=\"#663300\"><b>JUVENTUD<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\" size=\"4\"><b><i>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">Hip&oacute;dromo de Randwick<br \/> Domingo 20<\/font><\/i><font color=\"#663300\" face=\"Times New Roman\"><i> de julio de 2008 <\/i><\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos amigos:<\/i><\/p>\n<p>&laquo;Cuando el Esp&iacute;ritu Santo descienda sobre vosotros, recibir&eacute;is fuerza&raquo; (<i>Hch<\/i> 1,8). Hemos visto cumplida esta promesa. En el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, como hemos escuchado en la primera lectura, el Se&ntilde;or resucitado, sentado a la derecha del Padre, envi&oacute; el Esp&iacute;ritu Santo a sus disc&iacute;pulos reunidos en el cen&aacute;culo. Por la fuerza de este Esp&iacute;ritu, Pedro y los Ap&oacute;stoles fueron a predicar el Evangelio hasta los confines de la tierra. En cada &eacute;poca y en cada lengua, la Iglesia contin&uacute;a proclamando en todo el mundo las maravillas de Dios e invita a todas las naciones y pueblos a la fe, a la esperanza y a la vida nueva en Cristo.<\/p>\n<p>En estos d&iacute;as, tambi&eacute;n yo he venido, como Sucesor de san Pedro, a esta estupenda tierra de Australia. He venido a confirmaros en vuestra fe, j&oacute;venes hermanas y hermanos m&iacute;os, y a abrir vuestros corazones al poder del Esp&iacute;ritu de Cristo y a la riqueza de sus dones. Oro para que esta gran asamblea, que congrega a j&oacute;venes de &laquo;todas las naciones de la tierra&raquo; (<i>Hch<\/i> 2,5), se transforme en un nuevo cen&aacute;culo. Que el fuego del amor de Dios descienda y llene vuestros corazones para uniros cada vez m&aacute;s al Se&ntilde;or y a su Iglesia y enviaros, como nueva generaci&oacute;n de Ap&oacute;stoles, a llevar a Cristo al mundo.<\/p>\n<p>&laquo;Cuando el Esp&iacute;ritu Santo descienda sobre vosotros, recibir&eacute;is fuerza&raquo;. Estas palabras del Se&ntilde;or resucitado tienen un significado especial para los j&oacute;venes que ser&aacute;n confirmados, sellados con el don del Esp&iacute;ritu Santo, durante esta Santa Misa. Pero estas palabras est&aacute;n dirigidas tambi&eacute;n a cada uno de nosotros, es decir, a todos los que han recibido el don del Esp&iacute;ritu de reconciliaci&oacute;n y de la vida nueva en el Bautismo, que lo han acogido en sus corazones como su ayuda y gu&iacute;a en la Confirmaci&oacute;n, y que crecen cotidianamente en sus dones de gracia mediante la Santa Eucarist&iacute;a. En efecto el Esp&iacute;ritu Santo desciende nuevamente en cada Misa, invocado en la plegaria solemne de la Iglesia, no s&oacute;lo para transformar nuestros dones del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre del Se&ntilde;or, sino tambi&eacute;n para transformar nuestras vidas, para hacer de nosotros, con su fuerza, &laquo;un solo cuerpo y un solo esp&iacute;ritu en Cristo&raquo;.<\/p>\n<p>Pero, &iquest;qu&eacute; es este &laquo;poder&raquo; del Esp&iacute;ritu Santo? Es el poder de la vida de Dios. Es el poder del mismo Esp&iacute;ritu que se cern&iacute;a sobre las aguas en el alba de la creaci&oacute;n y que, en la plenitud de los tiempos, levant&oacute; a Jes&uacute;s de la muerte. Es el poder que nos conduce, a nosotros y a nuestro mundo, hacia la llegada del Reino de Dios. En el Evangelio de hoy, Jes&uacute;s anuncia que ha comenzado una nueva era, en la cual el Esp&iacute;ritu Santo ser&aacute; derramado sobre toda la humanidad (cf. <i>Lc<\/i> 4,21). &Eacute;l mismo, concebido por obra del Esp&iacute;ritu Santo y nacido de la Virgen Mar&iacute;a, vino entre nosotros para traernos este Esp&iacute;ritu. Como fuente de nuestra vida nueva en Cristo, el Esp&iacute;ritu Santo es tambi&eacute;n, de un modo muy verdadero, el alma de la Iglesia, el amor que nos une al Se&ntilde;or y entre nosotros y la luz que abre nuestros ojos para ver las maravillas de la gracia de Dios que nos rodean.<\/p>\n<p>Aqu&iacute; en Australia, esta &laquo;gran tierra meridional del Esp&iacute;ritu Santo&raquo;, todos nosotros hemos tenido una experiencia inolvidable de la presencia y del poder del Esp&iacute;ritu en la belleza de la naturaleza. Nuestros ojos se han abierto para ver el mundo que nos rodea como es verdaderamente: &laquo;colmado&raquo;, como dice el poeta, &laquo;de la grandeza de Dios&raquo;, repleto de la gloria de su amor creativo. Tambi&eacute;n aqu&iacute;, en esta gran asamblea de j&oacute;venes cristianos provenientes de todo el mundo, hemos tenido una experiencia elocuente de la presencia y de la fuerza del Esp&iacute;ritu en la vida de la Iglesia. Hemos visto la Iglesia como es verdaderamente: Cuerpo de Cristo, comunidad viva de amor, en la que hay gente de toda raza, naci&oacute;n y lengua, de cualquier edad y lugar, en la unidad nacida de nuestra fe en el Se&ntilde;or resucitado.<\/p>\n<p>La fuerza del Esp&iacute;ritu Santo jam&aacute;s cesa de llenar de vida a la Iglesia. A trav&eacute;s de la gracia de los Sacramentos de la Iglesia, esta fuerza fluye tambi&eacute;n en nuestro interior, como un r&iacute;o subterr&aacute;neo que nutre el esp&iacute;ritu y nos atrae cada vez m&aacute;s cerca de la fuente de nuestra verdadera vida, que es Cristo. San Ignacio de Antioqu&iacute;a, que muri&oacute; m&aacute;rtir en Roma al comienzo del siglo segundo, nos ha dejado una descripci&oacute;n espl&eacute;ndida de la fuerza del Esp&iacute;ritu que habita en nosotros. &Eacute;l ha hablado del Esp&iacute;ritu como de una fuente de agua viva que surge en su coraz&oacute;n y susurra: &laquo;Ven, ven al Padre&raquo; (cf.<i> A los Romanos,<\/i> 6,1-9).<\/p>\n<p>Sin embargo, esta fuerza, la gracia del Esp&iacute;ritu Santo, no es algo que podamos merecer o conquistar; podemos s&oacute;lo recibirla como puro don. El amor de Dios puede derramar su fuerza s&oacute;lo cuando le permitimos cambiarnos por dentro. Debemos permitirle penetrar en la dura costra de nuestra indiferencia, de nuestro cansancio espiritual, de nuestro ciego conformismo con el esp&iacute;ritu de nuestro tiempo. S&oacute;lo entonces podemos permitirle encender nuestra imaginaci&oacute;n y modelar nuestros deseos m&aacute;s profundos. Por esto es tan importante la oraci&oacute;n: la plegaria cotidiana, la privada en la quietud de nuestros corazones y ante el Sant&iacute;simo Sacramento, y la oraci&oacute;n lit&uacute;rgica en el coraz&oacute;n de la Iglesia. &Eacute;sta es pura receptividad de la gracia de Dios, amor en acci&oacute;n, comuni&oacute;n con el Esp&iacute;ritu que habita en nosotros y nos lleva, por Jes&uacute;s y en la Iglesia, a nuestro Padre celestial. En la potencia de su Esp&iacute;ritu, Jes&uacute;s est&aacute; siempre presente en nuestros corazones, esperando serenamente que nos dispongamos en el silencio junto a &Eacute;l para sentir su voz, permanecer en su amor y recibir &laquo;la fuerza que proviene de lo alto&raquo;, una fuerza que nos permite ser sal y luz para nuestro mundo.<\/p>\n<p>En su Ascensi&oacute;n, el Se&ntilde;or resucitado dijo a sus disc&iacute;pulos: &laquo;Ser&eacute;is mis testigos\u2026 hasta los confines del mundo&raquo; (<i>Hch<\/i> 1,8). Aqu&iacute;, en Australia, damos gracias al Se&ntilde;or por el don de la fe, que ha llegado hasta nosotros como un tesoro transmitido de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n en la comuni&oacute;n de la Iglesia. Aqu&iacute;, en Ocean&iacute;a, damos gracias de un modo especial a todos aquellos misioneros, sacerdotes y religiosos comprometidos, padres y abuelos cristianos, maestros y catequistas, que han edificado la Iglesia en estas tierras. Testigos como la Beata Mary Mackillop, San Peter Chanel, el Beato Peter To Rot y muchos otros. La fuerza del Esp&iacute;ritu, manifestada en sus vidas, est&aacute; todav&iacute;a activa en las iniciativas beneficiosas que han dejado en la sociedad que han plasmado y que ahora se os conf&iacute;a a vosotros.<\/p>\n<p>Queridos j&oacute;venes, permitidme que os haga una pregunta. &iquest;Qu&eacute; dejar&eacute;is vosotros a la pr&oacute;xima generaci&oacute;n? &iquest;Est&aacute;is construyendo vuestras vidas sobre bases s&oacute;lidas? &iquest;Est&aacute;is construyendo algo que durar&aacute;? &iquest;Est&aacute;is viviendo vuestras vidas de modo que dej&eacute;is espacio al Esp&iacute;ritu en un mundo que quiere olvidar a Dios, rechazarlo incluso en nombre de un falso concepto de libertad? &iquest;C&oacute;mo est&aacute;is usando los dones que se os han dado, la &laquo;fuerza&raquo; que el Esp&iacute;ritu Santo est&aacute; ahora dispuesto a derramar sobre vosotros? &iquest;Qu&eacute; herencia dejar&eacute;is a los j&oacute;venes que os suceder&aacute;n? &iquest;Qu&eacute; os distinguir&aacute;?<\/p>\n<p>La fuerza del Esp&iacute;ritu Santo no s&oacute;lo nos ilumina y nos consuela. Nos encamina hacia el futuro, hacia la venida del Reino de Dios. &iexcl;Qu&eacute; visi&oacute;n magn&iacute;fica de una humanidad redimida y renovada descubrimos en la nueva era prometida por el Evangelio de hoy! San Lucas nos dice que Jesucristo es el cumplimiento de todas las promesas de Dios, el Mes&iacute;as que posee en plenitud el Esp&iacute;ritu Santo para comunicarlo a la humanidad entera. La efusi&oacute;n del Esp&iacute;ritu de Cristo sobre la humanidad es prenda de esperanza y de liberaci&oacute;n contra todo aquello que nos empobrece. Dicha efusi&oacute;n ofrece de nuevo la vista al ciego, libera a los oprimidos y genera unidad en y con la diversidad (cf. <i>Lc<\/i> 4,18-19; <i>Is<\/i> 61,1-2). Esta fuerza puede crear un mundo nuevo: puede &laquo;renovar la faz de la tierra&raquo; (cf. <i>Sal<\/i> 104,30).<\/p>\n<p>Fortalecida por el Esp&iacute;ritu y provista de una rica visi&oacute;n de fe, una nueva generaci&oacute;n de cristianos est&aacute; invitada a contribuir a la edificaci&oacute;n de un mundo en el que la vida sea acogida, respetada y cuidada amorosamente, no rechazada o temida como una amenaza y por ello destruida. Una nueva era en la que el amor no sea ambicioso ni ego&iacute;sta, sino puro, fiel y sinceramente libre, abierto a los otros, respetuoso de su dignidad, un amor que promueva su bien e irradie gozo y belleza. Una nueva era en la cual la esperanza nos libere de la superficialidad, de la apat&iacute;a y el ego&iacute;smo que degrada nuestras almas y envenena las relaciones humanas. Queridos j&oacute;venes amigos, el Se&ntilde;or os est&aacute; pidiendo ser profetas de esta nueva era, mensajeros de su amor, capaces de atraer a la gente hacia el Padre y de construir un futuro de esperanza para toda la humanidad.<\/p>\n<p>El mundo tiene necesidad de esta renovaci&oacute;n. En muchas de nuestras sociedades, junto a la prosperidad material, se est&aacute; expandiendo el desierto espiritual: un vac&iacute;o interior, un miedo indefinible, un larvado sentido de desesperaci&oacute;n. &iquest;Cu&aacute;ntos de nuestros semejantes han cavado aljibes agrietados y vac&iacute;os (cf. <i>Jr<\/i> 2,13) en una b&uacute;squeda desesperada de significado, de ese significado &uacute;ltimo que s&oacute;lo puede ofrecer el amor? &Eacute;ste es el don grande y liberador que el Evangelio lleva consigo: &eacute;l revela nuestra dignidad de hombres y mujeres creados a imagen y semejanza de Dios. Revela la llamada sublime de la humanidad, que es la de encontrar la propia plenitud en el amor. &Eacute;l revela la verdad sobre el hombre, la verdad sobre la vida.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n la Iglesia tiene necesidad de renovaci&oacute;n. Tiene necesidad de vuestra fe, vuestro idealismo y vuestra generosidad, para poder ser siempre joven en el Esp&iacute;ritu (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>,<\/i> 4). En la segunda lectura de hoy, el ap&oacute;stol Pablo nos recuerda que cada cristiano ha recibido un don que debe ser usado para edificar el Cuerpo de Cristo. La Iglesia tiene especialmente necesidad del don de los j&oacute;venes, de todos los j&oacute;venes. Tiene necesidad de crecer en la fuerza del Esp&iacute;ritu que tambi&eacute;n ahora os infunde gozo a vosotros, j&oacute;venes, y os anima a servir al Se&ntilde;or con alegr&iacute;a. Abrid vuestro coraz&oacute;n a esta fuerza. Dirijo esta invitaci&oacute;n de modo especial a los que el Se&ntilde;or llama a la vida sacerdotal y consagrada. No teng&aacute;is miedo de decir vuestro &laquo;s&iacute;&raquo; a Jes&uacute;s, de encontrar vuestra alegr&iacute;a en hacer su voluntad, entreg&aacute;ndoos completamente para llegar a la santidad y haciendo uso de vuestros talentos al servicio de los otros.<\/p>\n<p>Dentro de poco celebraremos el sacramento de la Confirmaci&oacute;n. El Esp&iacute;ritu Santo descender&aacute; sobre los candidatos; ellos ser&aacute;n &laquo;sellados&raquo; con el don del Esp&iacute;ritu y enviados para ser testigos de Cristo. &iquest;Qu&eacute; significa recibir la &laquo;sello&raquo; del Esp&iacute;ritu Santo? Significa ser marcados indeleblemente, inalterablemente cambiados, significa ser nuevas criaturas. Para los que han recibido este don, ya nada puede ser lo mismo. Estar &laquo;bautizados&raquo; en el Esp&iacute;ritu significa estar enardecidos por el amor de Dios. Haber &laquo;bebido&raquo; del Esp&iacute;ritu (cf. <i>1 Co<\/i> 12,13) significa haber sido refrescados por la belleza del designio de Dios para nosotros y para el mundo, y llegar a ser nosotros mismos una fuente de frescor para los otros. Ser &laquo;sellados con el Esp&iacute;ritu&raquo; significa adem&aacute;s no tener miedo de defender a Cristo, dejando que la verdad del Evangelio impregne nuestro modo de ver, pensar y actuar, mientras trabajamos por el triunfo de la civilizaci&oacute;n del amor.<\/p>\n<p>Al elevar nuestra oraci&oacute;n por los confirmandos, pedimos tambi&eacute;n que la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo reavive la gracia de la Confirmaci&oacute;n de cada uno de nosotros. Que el Esp&iacute;ritu derrame sus dones abundantemente sobre todos los presentes, sobre la ciudad de Sydney, sobre esta tierra de Australia y sobre todas sus gentes. Que cada uno de nosotros sea renovado en el esp&iacute;ritu de sabidur&iacute;a e inteligencia, el esp&iacute;ritu de consejo y fortaleza, esp&iacute;ritu de ciencia y piedad, esp&iacute;ritu de admiraci&oacute;n y santo temor de Dios.<\/p>\n<p>Que por la amorosa intercesi&oacute;n de Mar&iacute;a, Madre de la Iglesia, esta XXIII Jornada Mundial de la Juventud sea vivida como un nuevo cen&aacute;culo, de forma que todos nosotros, enardecidos con el fuego del amor del Esp&iacute;ritu Santo, continuemos proclamando al Se&ntilde;or resucitado y atrayendo a cada coraz&oacute;n hacia &Eacute;l. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>El Santo Padre, despu&eacute;s de la homil&iacute;a, dirigi&oacute; saludos a los j&oacute;venes en italiano, franc&eacute;s, alem&aacute;n, espa&ntilde;ol y portugu&eacute;s)<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Saludo de coraz&oacute;n a los j&oacute;venes de lengua italiana y extiendo mi saludo afectuoso a todos los que son originarios de Italia y viven en Australia. Al final de esta extraordinaria experiencia de Iglesia, que nos ha hecho vivir un renovado Pentecost&eacute;s, volved a casa robustecidos con la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo. Sed testigos de Cristo resucitado, esperanza de los j&oacute;venes y de toda la familia humana. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos j&oacute;venes de lengua francesa, el Esp&iacute;ritu Santo es la fuente del mensaje de Jesucristo y de su acci&oacute;n salv&iacute;fica. Habla al coraz&oacute;n con un lenguaje que cada uno comprende. La variedad de dones del Esp&iacute;ritu Santo os hace comprender la riqueza de gracias que hay en Dios. Ojal&aacute; que os abr&aacute;is a su soplo. Permitid su acci&oacute;n en vosotros y en vuestro entorno. As&iacute; vivir&eacute;is en Dios y testimoniar&eacute;is que Cristo es el Salvador que espera el mundo. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos j&oacute;venes de lengua alemana, tambi&eacute;n a vosotros os saludo con afecto. El Esp&iacute;ritu Santo es Esp&iacute;ritu de comuni&oacute;n y fuente de comprensi&oacute;n y comunicaci&oacute;n. Hablad a los dem&aacute;s de vuestras esperanzas y de vuestros ideales; hablad de Dios y con Dios. El hombre que vive en el amor a Dios y en el amor al pr&oacute;jimo es feliz. Que el Esp&iacute;ritu de Dios os gu&iacute;e por la senda de la paz. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos j&oacute;venes de lengua espa&ntilde;ola, en Cristo se cumplen todas las promesas de salvaci&oacute;n verdadera para la humanidad. &Eacute;l tiene para cada uno de vosotros un proyecto de amor en el que se encuentra el sentido y la plenitud de la vida, y espera de todos vosotros que hag&aacute;is fructificar los dones que os ha dado, siendo sus testigos de palabra y con el propio ejemplo. No lo defraud&eacute;is. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos j&oacute;venes de lengua portuguesa, queridos amigos en Cristo, ya sab&eacute;is que Jes&uacute;s no os deja solos. Dijo:&nbsp; &quot;Yo pedir&eacute; al Padre y os dar&aacute; otro Par&aacute;clito, para que est&eacute; con vosotros para siempre, el Esp&iacute;ritu de la verdad (&#8230;) Vosotros lo conoc&eacute;is, porque mora con vosotros y en vosotros est&aacute;&quot; (<i>Jn<\/i>&nbsp;14, 16-17). Es verdad. Sobre vosotros ha bajado una lengua de fuego de Pentecost&eacute;s:&nbsp; es vuestro sello de cristianos. Pero no deb&eacute;is guardarlo s&oacute;lo para vosotros, pues &quot;a cada cual se le otorga la manifestaci&oacute;n del Esp&iacute;ritu para provecho com&uacute;n&quot; (<i>1 Co<\/i> 12, 7). Llevad este fuego santo a todos los rincones de la tierra. Nada ni nadie lo podr&aacute; apagar, pues ha bajado del cielo. Esta es vuestra fuerza, queridos j&oacute;venes amigos. Por eso, vivid del Esp&iacute;ritu y para el Esp&iacute;ritu.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;VIAJE APOST&Oacute;LICO DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI A SYDNEY (AUSTRALIA) CON OCASI&Oacute;N DE LA XXIII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD (13 &#8211; 21 DE JULIO DE 2008)&nbsp; CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA PARA LA XXIII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Hip&oacute;dromo de Randwick Domingo 20 de julio de 2008 &nbsp; Queridos amigos: &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-julio-de-2008-santa-misa-de-la-xxiii-jornada-mundial-de-la-juventud-en-el-hipodromo-de-randwick-sydney-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab20 de julio de 2008: Santa Misa de la XXIII Jornada Mundial de la Juventud en el hip\u00f3dromo de Randwick (Sydney)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40831","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40831","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40831"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40831\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40831"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40831"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40831"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}