{"id":40832,"date":"2016-10-06T15:00:52","date_gmt":"2016-10-06T20:00:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-julio-de-2008-santa-misa-con-los-obispos-australianos-con-los-seminaristas-y-con-los-novicios-y-las-novicias-consagracion-del-nuevo-altar-en-la-catedral-de-santa-maria-sydney\/"},"modified":"2016-10-06T15:00:52","modified_gmt":"2016-10-06T20:00:52","slug":"19-de-julio-de-2008-santa-misa-con-los-obispos-australianos-con-los-seminaristas-y-con-los-novicios-y-las-novicias-consagracion-del-nuevo-altar-en-la-catedral-de-santa-maria-sydney","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-julio-de-2008-santa-misa-con-los-obispos-australianos-con-los-seminaristas-y-con-los-novicios-y-las-novicias-consagracion-del-nuevo-altar-en-la-catedral-de-santa-maria-sydney\/","title":{"rendered":"19 de julio de 2008: Santa Misa con los obispos australianos, con los seminaristas y con los novicios y las novicias. Consagraci\u00f3n del nuevo altar en la catedral de Santa Mar\u00eda (Sydney)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2008\/outside\/documents\/australia.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO <br \/> DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI<br \/> A SYDNEY (AUSTRALIA) CON OCASI&Oacute;N DE LA <br \/> XXIII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD<br \/> (13 &#8211; 21 DE JULIO DE 2008)<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA CON LOS OBISPOS AUSTRALIANOS, <br \/> CON LOS SEMINARISTAS Y CON LOS NOVICIOS Y LAS NOVICIAS<\/b> <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Catedral de Santa Mar&iacute;a, Sydney<br \/> S&aacute;bado 19 de julio de 2008 <\/font><\/i><\/p>\n<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p> Me complace saludar en esta noble catedral a mis hermanos obispos y sacerdotes, a los di&aacute;conos, a los consagrados y a los laicos de la Archidi&oacute;cesis de Sydney. De un modo especial dirijo mi saludo a los seminaristas y a los j&oacute;venes religiosos que est&aacute;n con nosotros. Como los j&oacute;venes israelitas de la primera lectura de hoy, ellos son un signo de esperanza y de renovaci&oacute;n para el Pueblo de Dios; y, tambi&eacute;n como aquellos, tienen igualmente el deber de edificar la casa de Dios para las pr&oacute;ximas generaciones. Mientras admiramos este magn&iacute;fico edificio, &iquest;c&oacute;mo no pensar en la muchedumbre de sacerdotes, religiosos y fieles laicos que, cada uno a su manera, han contribuido a construir la Iglesia en Australia? Pienso particularmente en las familias de colonos a las que el Padre Jerem&iacute;as O\u2019Flynn confi&oacute; el Sant&iacute;simo Sacramento en el momento de partir, un &laquo;peque&ntilde;o reba&ntilde;o&raquo; que tuvo en gran estima aquel tesoro precioso y lo conserv&oacute;, entreg&aacute;ndolo a las generaciones posteriores que edificaron este gran tabern&aacute;culo para gloria de Dios. Alegr&eacute;monos por su fidelidad y perseverancia, y dediqu&eacute;monos a continuar sus esfuerzos por la difusi&oacute;n del Evangelio, la conversi&oacute;n de los corazones y el crecimiento de la Iglesia en la santidad, la unidad y la caridad.<\/p>\n<p> Nos disponemos a celebrar la dedicaci&oacute;n del nuevo altar de esta venerable catedral. Como nos recuerda de forma elocuente el frontal esculpido, todo altar es s&iacute;mbolo de Jesucristo, presente en su Iglesia como sacerdote, v&iacute;ctima y altar (cf. <i>Prefacio pascual V<\/i>). Crucificado, sepultado y resucitado de entre los muertos, devuelto a la vida en el Esp&iacute;ritu y sentado a la derecha del Padre, Cristo ha sido constituido nuestro Sumo Sacerdote, que intercede por nosotros eternamente. En la liturgia de la Iglesia, y sobre todo en el sacrificio de la Misa ofrecido en los altares del mundo, &Eacute;l nos invita, como miembros de su Cuerpo M&iacute;stico, a compartir su auto-oblaci&oacute;n. &Eacute;l nos llama, como pueblo sacerdotal de la nueva y eterna Alianza, a ofrecer en uni&oacute;n con &Eacute;l nuestros sacrificios cotidianos para la salvaci&oacute;n del mundo.<\/p>\n<p> En la liturgia de hoy, la Iglesia nos recuerda que, como este altar, tambi&eacute;n nosotros fuimos consagrados, puestos &laquo;aparte&raquo; para el servicio de Dios y la edificaci&oacute;n de su Reino. Sin embargo, con mucha frecuencia nos encontramos inmersos en un mundo que quisiera dejar a Dios &laquo;aparte&raquo;. En nombre de la libertad y la autonom&iacute;a humana, se pasa en silencio sobre el nombre de Dios, la religi&oacute;n se reduce a devoci&oacute;n personal y se elude la fe en los &aacute;mbitos p&uacute;blicos. A veces, dicha mentalidad, tan diametralmente opuesta a la esencia del Evangelio, puede ofuscar incluso nuestra propia comprensi&oacute;n de la Iglesia y de su misi&oacute;n. Tambi&eacute;n nosotros podemos caer en la tentaci&oacute;n de reducir la vida de fe a una cuesti&oacute;n de mero sentimiento, debilitando as&iacute; su poder de inspirar una visi&oacute;n coherente del mundo y un di&aacute;logo riguroso con otras muchas visiones que compiten en la conquista de las mentes y los corazones de nuestros contempor&aacute;neos.<\/p>\n<p> Y, sin embargo, la historia, tambi&eacute;n la de nuestro tiempo, nos demuestra que la cuesti&oacute;n de Dios jam&aacute;s puede ser silenciada y que la indiferencia respecto a la dimensi&oacute;n religiosa de la existencia humana acaba disminuyendo y traicionando al hombre mismo. &iquest;No es quiz&aacute;s &eacute;ste el mensaje proclamado por la maravillosa arquitectura de esta catedral? &iquest;No es quiz&aacute;s &eacute;ste el misterio de la fe que se anuncia desde este altar en cada celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a? La fe nos ense&ntilde;a que en Cristo Jes&uacute;s, Verbo encarnado, logramos comprender la grandeza de nuestra propia humanidad, el misterio de nuestra vida en la tierra y el sublime destino que nos aguarda en el cielo (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 24). La fe nos ense&ntilde;a tambi&eacute;n que somos criaturas de Dios, hechas a su imagen y semejanza, dotadas de una dignidad inviolable y llamadas a la vida eterna. All&iacute; donde se empeque&ntilde;ece al hombre, el mundo que nos rodea queda mermado, pierde su significado &uacute;ltimo y falla su objetivo. Lo que brota de ah&iacute; es una cultura no de la vida, sino de la muerte. &iquest;C&oacute;mo se puede considerar a esto un &laquo;progreso&raquo;? Al contrario, es un paso atr&aacute;s, una forma de retroceso, que en &uacute;ltimo t&eacute;rmino seca las fuentes mismas de la vida, tanto de las personas como de toda la sociedad.<\/p>\n<p> Sabemos que al final \u2013como vio claramente san Ignacio de Loyola\u2013 el &uacute;nico patr&oacute;n verdadero con el cual se puede medir toda realidad humana es la Cruz y su mensaje de amor inmerecido que triunfa sobre el mal, el pecado y la muerte, que crea vida nueva y alegr&iacute;a perpetua. La Cruz revela que &uacute;nicamente nos encontramos a nosotros mismos cuando entregamos nuestras vidas, acogemos el amor de Dios como don gratuito y actuamos para llevar a todo hombre y mujer a la belleza del amor y a la luz de la verdad que salvan al mundo.<\/p>\n<p> En esta verdad \u2013el misterio de la fe\u2013 es en la que hemos sido consagrados (cf. <i>Jn<\/i> 17,17-19), y en esta verdad es en la que estamos llamados a crecer, con la ayuda de la gracia de Dios, en fidelidad cotidiana a su palabra, en la comuni&oacute;n vivificante de la Iglesia. Y, sin embargo, qu&eacute; dif&iacute;cil es este camino de consagraci&oacute;n. Exige una continua &laquo;conversi&oacute;n&raquo;, un morir sacrificial a s&iacute; mismos que es la condici&oacute;n para pertenecer plenamente a Dios, una transformaci&oacute;n de la mente y del coraz&oacute;n que conduce a la verdadera libertad y a una nueva amplitud de miras. La liturgia de hoy nos ofrece un s&iacute;mbolo elocuente de aquella transformaci&oacute;n espiritual progresiva a la que cada uno de nosotros est&aacute; invitado. La aspersi&oacute;n del agua, la proclamaci&oacute;n de la Palabra de Dios, la invocaci&oacute;n de todos los Santos, la plegaria de consagraci&oacute;n, la unci&oacute;n y la purificaci&oacute;n del altar, su revestimiento de blanco y su ornato de luz, todos estos ritos nos invitan a revivir nuestra propia consagraci&oacute;n bautismal. Nos invitan a rechazar el pecado y sus seducciones, y a beber cada vez m&aacute;s profundamente del manantial vivificante de la gracia de Dios.<\/p>\n<p> Queridos amigos, que esta celebraci&oacute;n, en presencia del Sucesor de Pedro, sea un momento de renovada dedicaci&oacute;n y de renovaci&oacute;n de toda la Iglesia en Australia. Deseo hacer aqu&iacute; un inciso para reconocer la verg&uuml;enza que todos hemos sentido a causa de los abusos sexuales a menores por parte de algunos sacerdotes y religiosos de esta Naci&oacute;n. Verdaderamente, me siento profundamente disgustado por el dolor y el sufrimiento que han padecido las v&iacute;ctimas y les aseguro que, como su Pastor, tambi&eacute;n yo comparto su aflicci&oacute;n. Estos delitos, que constituyen una grave traici&oacute;n a la confianza, deben ser condenados de modo inequ&iacute;voco. &Eacute;stos han provocado gran dolor y han da&ntilde;ado el testimonio de la Iglesia. Os pido a todos que apoy&eacute;is y ayud&eacute;is a vuestros Obispos, y que colabor&eacute;is con ellos en combatir este mal. Las v&iacute;ctimas deben recibir compasi&oacute;n y asistencia, y los responsables de estos males deben ser llevados ante la justicia. Es una prioridad urgente promover un ambiente m&aacute;s seguro y m&aacute;s sano, especialmente para los j&oacute;venes. En estos d&iacute;as, marcados por la celebraci&oacute;n de la Jornada Mundial de la Juventud, estamos invitados a reflexionar sobre el precioso tesoro que nos ha sido confiado en nuestros j&oacute;venes, y c&oacute;mo gran parte de la misi&oacute;n de la Iglesia en este Pa&iacute;s ha estado dedicada a su educaci&oacute;n y cuidado. Mientras la Iglesia en Australia contin&uacute;a con esp&iacute;ritu evang&eacute;lico afrontando eficazmente este serio reto pastoral, me uno a vosotros en la oraci&oacute;n para que este tiempo de purificaci&oacute;n traiga consigo sanaci&oacute;n, reconciliaci&oacute;n y una fidelidad cada vez m&aacute;s grande a las exigencias morales del Evangelio.<\/p>\n<p> Deseo ahora dirigir una especial palabra de afecto y aliento a los seminaristas y j&oacute;venes religiosos que est&aacute;n aqu&iacute;. Queridos amigos, con gran generosidad os est&aacute;is encaminando por una senda de especial consagraci&oacute;n, enraizada en vuestro Bautismo y emprendida como respuesta a la llamada personal del Se&ntilde;or. Os hab&eacute;is comprometido, de modos diversos, a aceptar la invitaci&oacute;n de Cristo a seguirlo, a dejar todo atr&aacute;s y a dedicar vuestra vida a buscar la santidad y a servir a su pueblo.<\/p>\n<p> En el Evangelio de hoy el Se&ntilde;or nos llama a &laquo;creer en la luz&raquo; (cf. <i> Jn<\/i> 12,36). Estas palabras tienen un significado especial para vosotros, queridos j&oacute;venes seminaristas y religiosos. Son una invitaci&oacute;n a confiar en la verdad de la Palabra de Dios y a esperar firmemente en sus promesas. Nos invitan a ver con los ojos de la fe la obra inefable de su gracia a nuestro alrededor, tambi&eacute;n en estos tiempos sombr&iacute;os en los que todos nuestros esfuerzos parecen ser vanos. Dejad que este altar, con la imagen imponente de Cristo, Siervo sufriente, sea una inspiraci&oacute;n constante para vosotros. Hay ciertamente momentos en que cualquier disc&iacute;pulo siente el calor y el peso de la jornada (cf. <i>Mt<\/i> 20,12), y la dificultad para dar un testimonio prof&eacute;tico en un mundo que puede parecer sordo a las exigencias de la Palabra de Dios. No teng&aacute;is miedo. Creed en la luz. Tomad en serio la verdad que hemos escuchado hoy en la segunda lectura: &laquo;Jesucristo es el mismo ayer, y hoy y siempre&raquo; (<i>Hb<\/i> 13,8). La luz de la Pascua sigue derrotando las tinieblas.<\/p>\n<p> El Se&ntilde;or nos llama a caminar en la luz (cf. <i>Jn<\/i> 12,35). Cada uno de vosotros ha emprendido la m&aacute;s grande y la m&aacute;s gloriosa de las batallas, la de ser consagrados en la verdad, la de crecer en la virtud, la de alcanzar la armon&iacute;a entre pensamientos e ideales, por una parte, y palabras y obras, por otra. Adentraos con sinceridad y de modo profundo en la disciplina y en el esp&iacute;ritu de vuestros programas de formaci&oacute;n. Caminad cada d&iacute;a en la luz de Cristo mediante la fidelidad a la oraci&oacute;n personal y lit&uacute;rgica, alimentados por la meditaci&oacute;n de la Palabra inspirada por Dios. A los Padres de la Iglesia les gustaba ver en las Escrituras un para&iacute;so espiritual, un jard&iacute;n donde podemos caminar libremente con Dios, admirando la belleza y la armon&iacute;a de su plan salv&iacute;fico, mientras da fruto en nuestra propia vida, en la vida de la Iglesia y a lo largo de toda la historia. Por tanto, que la plegaria y la meditaci&oacute;n de la Palabra de Dios sean l&aacute;mpara que ilumina, purifica y gu&iacute;a vuestros pasos en el camino que os ha indicado el Se&ntilde;or. Haced de la celebraci&oacute;n diaria de la Eucarist&iacute;a el centro de vuestra vida. En cada Misa, cuando el Cuerpo y la Sangre del Se&ntilde;or sean alzados al final de la liturgia eucar&iacute;stica, elevad vuestro coraz&oacute;n y vuestra vida por Cristo, con &Eacute;l y en &Eacute;l, en la unidad del Esp&iacute;ritu Santo, como sacrificio amoroso a Dios nuestro Padre.<\/p>\n<p> De este modo, queridos j&oacute;venes seminaristas y religiosos, llegar&eacute;is a ser altares vivientes, sobre los cuales el amor sacrificial de Cristo se hace presente como inspiraci&oacute;n y fuente de alimento espiritual para cuantos encontr&eacute;is. Abrazando la llamada del Se&ntilde;or a seguirlo en castidad, pobreza y obediencia, hab&eacute;is emprendido el viaje de un discipulado radical que os har&aacute; &laquo;signo de contradicci&oacute;n&raquo; (cf. <i>Lc<\/i> 2,34) para muchos de vuestros contempor&aacute;neos. Conformad cotidianamente vuestra vida a la auto-oblaci&oacute;n amorosa del Se&ntilde;or mismo en obediencia a la voluntad del Padre. As&iacute; descubrir&eacute;is la libertad y la alegr&iacute;a que pueden atraer a otros a ese Amor que va m&aacute;s all&aacute; de cualquier otro amor como su fuente y su cumplimiento &uacute;ltimo. No olvid&eacute;is jam&aacute;s que la castidad por el Reino significa abrazar una vida completamente dedicada al amor, a un amor que os hace capaces de dedicaros vosotros mismos sin reservas al servicio de Dios, para estar plenamente presentes entre los hermanos y hermanas, especialmente entre los necesitados. Los tesoros m&aacute;s grandes que compart&iacute;s con otros j&oacute;venes \u2013vuestro idealismo, la generosidad, el tiempo y las energ&iacute;as\u2013 son los verdaderos sacrificios que pondr&eacute;is sobre el altar del Se&ntilde;or. Que teng&aacute;is siempre en cuenta este magn&iacute;fico carisma que Dios os ha dado para su gloria y para la edificaci&oacute;n de la Iglesia.<\/p>\n<p> Queridos amigos, permitidme que concluya estas reflexiones dirigiendo vuestra atenci&oacute;n hacia la gran vidriera del coro de esta catedral. En ella, la Virgen, Reina del Cielo, est&aacute; representada sobre el trono con majestad, al lado de su divino Hijo. El artista ha representado a Mar&iacute;a como la nueva Eva, que ofrece a Cristo, nuevo Ad&aacute;n, una manzana. Este gesto simboliza que Ella ha invertido la desobediencia de nuestros progenitores, ofreciendo el rico fruto que la gracia de Dios ha dado en su vida y los primeros frutos de la humanidad redimida y glorificada, que Ella ha precedido en la gloria del para&iacute;so. Pidamos a Mar&iacute;a, Auxilio de los cristianos, que sostenga a la Iglesia en Australia en la fidelidad a la gracia mediante la cual el Se&ntilde;or crucificado contin&uacute;a atrayendo hacia s&iacute; a toda la creaci&oacute;n y a todo coraz&oacute;n humano (cf. <i>Jn<\/i> 12,32). Que el poder del Esp&iacute;ritu Santo consagre a los fieles de esta tierra en la verdad, produzca abundantes frutos de santidad y de justicia para la redenci&oacute;n del mundo y gu&iacute;e a toda la humanidad hacia la plenitud de vida alrededor de aquel altar donde, en la gloria de la liturgia celestial, seremos invitados a cantar las alabanzas de Dios eternamente. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI A SYDNEY (AUSTRALIA) CON OCASI&Oacute;N DE LA XXIII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD (13 &#8211; 21 DE JULIO DE 2008) SANTA MISA CON LOS OBISPOS AUSTRALIANOS, CON LOS SEMINARISTAS Y CON LOS NOVICIOS Y LAS NOVICIAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Catedral de Santa Mar&iacute;a, Sydney S&aacute;bado &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-julio-de-2008-santa-misa-con-los-obispos-australianos-con-los-seminaristas-y-con-los-novicios-y-las-novicias-consagracion-del-nuevo-altar-en-la-catedral-de-santa-maria-sydney\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab19 de julio de 2008: Santa Misa con los obispos australianos, con los seminaristas y con los novicios y las novicias. 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