{"id":40833,"date":"2016-10-06T15:00:53","date_gmt":"2016-10-06T20:00:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-junio-de-2008-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo\/"},"modified":"2016-10-06T15:00:53","modified_gmt":"2016-10-06T20:00:53","slug":"29-de-junio-de-2008-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-junio-de-2008-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo\/","title":{"rendered":"29 de junio de 2008: Solemnidad de San Pedro y San Pablo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA EN LA SOLEMNIDAD DE LOS AP&Oacute;STOLES SAN PEDRO Y SAN PABLO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;AS DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <br \/> Y DEL PATRIARCA ECUM&Eacute;NICO <a href=\"#HOMIL%C3%8DA_DE_SU_SANTIDAD_BARTOLOM%C3%89_I_\">BARTOLOM&Eacute; I<\/a> <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Domingo 29 de junio de 2008 <\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Santidad y delegados fraternos; <br \/> se&ntilde;ores cardenales; <br \/> venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; <br \/> queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p>Desde los tiempos m&aacute;s antiguos, la Iglesia de Roma celebra la solemnidad de los grandes ap&oacute;stoles san Pedro y san Pablo como una &uacute;nica fiesta en el mismo d&iacute;a, el 29 de junio. Con su martirio se convirtieron en hermanos; juntos son los fundadores de la nueva Roma cristiana. Como tales los celebra el himno de las segundas V&iacute;speras, que se remonta a san Paulino de Aquileya (+806): <i>&quot;O Roma felix<\/i>. Dichosa t&uacute;, Roma, purpurada por la sangre preciosa de tan grandes Ap&oacute;stoles, que aventajas a cuanto hay de bello en el mundo, no tanto por tu fama, cuanto por los m&eacute;ritos de los santos, que martirizaste con espada sanguinaria&quot;. <\/p>\n<p>La sangre de los m&aacute;rtires no clama venganza, sino que reconcilia. No se presenta como acusaci&oacute;n, sino como &quot;luz &aacute;urea&quot;, seg&uacute;n las palabras del himno de las primeras V&iacute;speras: se presenta como fuerza del amor que supera el odio y la violencia, fundando as&iacute; una nueva ciudad, una nueva comunidad. Por su martirio, san Pedro y san Pablo ahora forman parte de Roma: en virtud de su martirio tambi&eacute;n san Pedro se convirti&oacute; para siempre en ciudadano romano. Mediante el martirio, mediante su fe y su amor, los dos Ap&oacute;stoles indican d&oacute;nde est&aacute; la verdadera esperanza, y son fundadores de un nuevo tipo de ciudad, que debe formarse continuamente en medio de la antigua ciudad humana, que sigue amenazada por las fuerzas contrarias del pecado y del ego&iacute;smo de los hombres. <\/p>\n<p>En virtud de su martirio, san Pedro y san Pablo est&aacute;n unidos para siempre con una relaci&oacute;n rec&iacute;proca. Una imagen preferida de la iconograf&iacute;a cristiana es el abrazo de los dos Ap&oacute;stoles en camino hacia el martirio. Podemos decir que su mismo martirio, en lo m&aacute;s profundo, es la realizaci&oacute;n de un abrazo fraterno. Mueren por el &uacute;nico Cristo y, en el testimonio por el que dan la vida, son uno. <\/p>\n<p>En los escritos del Nuevo Testamento podemos seguir, por decirlo as&iacute;, el desarrollo de su abrazo, de este formar unidad en el testimonio y en la misi&oacute;n. Todo comienza cuando san Pablo, tres a&ntilde;os despu&eacute;s de su conversi&oacute;n, va a Jerusal&eacute;n &quot;para conocer a Cefas&quot; (<i>Ga<\/i> 1, 18). Catorce a&ntilde;os despu&eacute;s, sube de nuevo a Jerusal&eacute;n para exponer &quot;a las personas m&aacute;s notables&quot; el Evangelio que proclama, para saber &quot;si corr&iacute;a o hab&iacute;a corrido en vano&quot; (<i>Ga<\/i> 2, 2). Al final de este encuentro, Santiago, Cefas y Juan le tienden la mano, confirmando as&iacute; la comuni&oacute;n que los une en el &uacute;nico Evangelio de Jesucristo (cf. <i>Ga<\/i> 2, 9). Un hermoso signo de este abrazo interior que se profundiza, que se desarrolla a pesar de la diferencia de temperamentos y tareas, es el hecho de que los colaboradores mencionados al final de la <i>primera carta de san Pedro<\/i> -Silvano y Marcos-, tambi&eacute;n son &iacute;ntimos colaboradores de san Pablo. Al tener los mismos colaboradores, se manifiesta de modo muy concreto la comuni&oacute;n de la &uacute;nica Iglesia, el abrazo de los grandes Ap&oacute;stoles. <\/p>\n<p>San Pedro y san Pablo se encontraron al menos dos veces en Jerusal&eacute;n; al final, el camino de ambos desemboc&oacute; en Roma. &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Sucedi&oacute; s&oacute;lo por casualidad? &iquest;Ese hecho contiene un mensaje duradero? San Pablo lleg&oacute; a Roma como prisionero, pero, al mismo tiempo, como ciudadano romano que, tras su detenci&oacute;n en Jerusal&eacute;n, precisamente en cuanto tal hab&iacute;a recurrido al emperador, a cuyo tribunal fue llevado. Pero en un sentido a&uacute;n m&aacute;s profundo, san Pablo vino voluntariamente a Roma. <\/p>\n<p>Con la m&aacute;s importante de sus <i>Cartas<\/i> ya se hab&iacute;a acercado interiormente a esta ciudad: hab&iacute;a dirigido a la Iglesia en Roma el escrito que, m&aacute;s que cualquier otro, es la s&iacute;ntesis de todo su anuncio y de su fe. En el saludo inicial de la <i>Carta<\/i> dice que todo el mundo habla de la fe de los cristianos de Roma y que, por tanto, esta fe es conocida por doquier por su ejemplaridad (cf. <i>Rm<\/i> 1, 8). Y escribe tambi&eacute;n: &quot;Pues no quiero que ignor&eacute;is, hermanos, las muchas veces que me propuse ir a vosotros, pero hasta el presente me he visto impedido&quot; (<i>Rm<\/i> 1, 13). Al final de la <i>Carta<\/i> retoma este tema, hablando de su proyecto de ir a Espa&ntilde;a. &quot;Cuando me dirija a Espa&ntilde;a&#8230;, espero veros al pasar, y ser encaminado por vosotros hacia all&aacute;, despu&eacute;s de haber disfrutado un poco de vuestra compa&ntilde;&iacute;a&quot; (<i>Rm<\/i> 15, 24). &quot;Y bien s&eacute; que, al ir a vosotros, lo har&eacute; con la plenitud de las bendiciones de Cristo&quot; (<i>Rm<\/i> 15, 29). <\/p>\n<p>Aqu&iacute; resultan evidentes dos cosas: Roma es para san Pablo una etapa en su camino hacia Espa&ntilde;a, es decir, seg&uacute;n su concepto del mundo, hacia el borde extremo de la tierra. Considera su misi&oacute;n como la realizaci&oacute;n de la tarea recibida de Cristo de llevar el Evangelio hasta los &uacute;ltimos confines del mundo. En este itinerario est&aacute; Roma. Dado que por lo general san Pablo va solamente a los lugares en los que el Evangelio a&uacute;n no ha sido anunciado, Roma constituye una excepci&oacute;n. All&iacute; encuentra una Iglesia de cuya fe habla el mundo. Ir a Roma forma parte de la universalidad de su misi&oacute;n como enviado a todos los pueblos. El camino hacia Roma, que ya antes de realizar concretamente su viaje ha recorrido en su interior con su <i>Carta<\/i>, es parte integrante de su tarea de llevar el Evangelio a todas las gentes, de fundar la Iglesia cat&oacute;lica, universal. Para &eacute;l, ir a Roma es expresi&oacute;n de la catolicidad de su misi&oacute;n. Roma debe manifestar la fe a todo el mundo, debe ser el lugar del encuentro en la &uacute;nica fe. <\/p>\n<p>Pero, &iquest;por qu&eacute; vino a Roma san Pedro? Sobre esto el Nuevo Testamento no dice nada de modo directo. Sin embargo, nos da alguna pista. El <i>Evangelio seg&uacute;n san Marcos, <\/i>que podemos considerar como un reflejo de la predicaci&oacute;n de san Pedro, est&aacute; &iacute;ntimamente orientado al momento en el que el centuri&oacute;n romano, ante la muerte de Jesucristo en la cruz, dice: &quot;Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios&quot; (<i>Mc<\/i> 15, 39). Junto a la cruz se revela el misterio de Jesucristo. Bajo la cruz nace la Iglesia de los gentiles: el centuri&oacute;n del pelot&oacute;n romano de ejecuci&oacute;n reconoce en Cristo al Hijo de Dios. <\/p>\n<p>Los <i>Hechos de los Ap&oacute;stoles<\/i> describen como etapa decisiva para el ingreso del Evangelio en el mundo de los paganos el episodio de Cornelio, el centuri&oacute;n de la cohorte It&aacute;lica. Por orden de Dios, manda a alguien a llamar a san Pedro, y este, tambi&eacute;n siguiendo una orden divina, va a la casa del centuri&oacute;n y predica. Mientras est&aacute; hablando, el Esp&iacute;ritu Santo desciende sobre la comunidad dom&eacute;stica reunida, y san Pedro dice: &quot;&iquest;Acaso puede alguien negar el agua del bautismo a estos que han recibido el Esp&iacute;ritu Santo como nosotros?&quot; (<i>Hch<\/i> 10, 47). <\/p>\n<p>As&iacute;, en el concilio de los Ap&oacute;stoles, san Pedro intercede por la Iglesia de los paganos, que no necesitan la Ley, porque Dios &quot;purific&oacute; sus corazones con la fe&quot; (<i>Hch<\/i> 15, 9). Ciertamente, en la <i>carta a los G&aacute;latas<\/i> san Pablo dice que Dios dio a Pedro la fuerza para el ministerio apost&oacute;lico entre los circuncisos, mientras que a &eacute;l, Pablo, para el ministerio entre los paganos (cf. <i>Ga <\/i>2, 8).<i> <\/i>Pero esta asignaci&oacute;n s&oacute;lo pod&iacute;a estar en vigor mientras Pedro permanec&iacute;a con los Doce en Jerusal&eacute;n, con la esperanza de que todo Israel se adhiriera a Cristo. Ante un desarrollo ulterior, los Doce reconocieron la hora en la que tambi&eacute;n ellos deb&iacute;an dirigirse al mundo entero, para anunciarle el Evangelio. <\/p>\n<p>San Pedro, que seg&uacute;n la orden de Dios hab&iacute;a sido el primero en abrir la puerta a los paganos, deja ahora la presidencia de la Iglesia cristiano-jud&iacute;a a Santiago el Menor, para dedicarse a su verdadera misi&oacute;n: el ministerio para la unidad de la &uacute;nica Iglesia de Dios formada por jud&iacute;os y paganos. Como hemos visto, entre las caracter&iacute;sticas de la Iglesia, el deseo de san Pablo de venir a Roma subraya sobre todo la palabra <i>catholica<\/i>. El camino de san Pedro hacia Roma, como representante de los pueblos del mundo, se rige sobre todo por la palabra <i>una<\/i>: su tarea consiste en crear <i>la unidad <\/i>de la <i>catholica<\/i>, de la Iglesia formada por jud&iacute;os y paganos, de la Iglesia de todos los pueblos. <\/p>\n<p>Esta es la misi&oacute;n permanente de san Pedro: hacer que la Iglesia no se identifique jam&aacute;s con una sola naci&oacute;n, con una sola cultura o con un solo Estado. Que sea siempre la Iglesia de todos. Que re&uacute;na a la humanidad por encima de todas las fronteras y, en medio de las divisiones de este mundo, haga presente la paz de Dios, la fuerza reconciliadora de su amor. Gracias a la t&eacute;cnica, que es igual por doquier, gracias a la red mundial de informaciones, como tambi&eacute;n gracias a la uni&oacute;n de intereses comunes, existen hoy en el mundo nuevos modos de unidad, que sin embargo generan tambi&eacute;n nuevos contrastes y dan nuevo impulso a los antiguos. En medio de esta unidad externa, basada en las cosas materiales, tenemos gran necesidad de unidad interior, que proviene de la paz de Dios, unidad de todos los que, mediante Jesucristo, se han convertido en hermanos y hermanas. Esta es la misi&oacute;n permanente de san Pedro y tambi&eacute;n la tarea particular encomendada a la Iglesia de Roma. <\/p>\n<p>Queridos hermanos en el episcopado, quiero dirigirme ahora a vosotros que hab&eacute;is venido a Roma para recibir el palio como s&iacute;mbolo de vuestra dignidad y de vuestra responsabilidad de arzobispos en la Iglesia de Jesucristo. El palio ha sido tejido con lana de oveja, que el Obispo de Roma bendice todos los a&ntilde;os en la fiesta de la C&aacute;tedra de san Pedro, apart&aacute;ndolas, por decirlo as&iacute;, para que se transformen en un s&iacute;mbolo para la grey de Cristo, que apacent&aacute;is. <\/p>\n<p>Cuando se nos impone el palio sobre los hombros, ese gesto nos recuerda al pastor que pone sobre sus hombros la oveja perdida, la cual por s&iacute; sola ya no encuentra el camino a casa, y la devuelve al redil. Los Padres de la Iglesia vieron en esta oveja la imagen de toda la humanidad, de toda la naturaleza humana, que se ha perdido y ya no encuentra el camino a casa. El Pastor que la devuelve a casa solamente puede ser el <i>Logos<\/i>, la Palabra eterna de Dios mismo. En la encarnaci&oacute;n, &eacute;l nos puso a todos -la oveja &quot;hombre&quot;- sobre sus hombros. &Eacute;l, la Palabra eterna, el verdadero Pastor de la humanidad, nos lleva; en su humanidad, nos lleva a cada uno de nosotros sobre sus hombros. Por el camino de la cruz nos llev&oacute; a casa, nos lleva a casa. Pero tambi&eacute;n quiere tener hombres que &quot;lleven&quot; juntamente con &eacute;l. <\/p>\n<p>Ser pastores en la Iglesia de Cristo significa participar en esta tarea, que el palio nos recuerda. Cuando nos revestimos con &eacute;l, Cristo nos pregunta: &quot;&iquest;Llevas tambi&eacute;n t&uacute;, conmigo, a aquellos que me pertenecen? &iquest;Los llevas a m&iacute;, a Jesucristo?&quot;. Y entonces nos viene a la mente el relato del env&iacute;o de Pedro por parte del Resucitado. Cristo resucitado une inseparablemente la orden: &quot;Apacienta mis ovejas&quot; a la pregunta: &quot;&iquest;Me amas m&aacute;s que estos?&quot;. Cada vez que nos revestimos con el palio del pastor de la grey de Cristo deber&iacute;amos escuchar esta pregunta: &quot;&iquest;Me amas?&quot;, y deber&iacute;amos dejarnos interrogar sobre el suplemento de amor que espera del pastor. <\/p>\n<p>As&iacute;, el palio se convierte en s&iacute;mbolo de nuestro amor al Pastor Cristo y de nuestro amar con &eacute;l; se convierte en s&iacute;mbolo de la llamada a amar a los hombres como &eacute;l, con &eacute;l: a los que est&aacute;n en busca, a los que se plantean interrogantes, a los que se sienten seguros de s&iacute; mismos y a los humildes, a los sencillos y a los grandes; se convierte en s&iacute;mbolo de la llamada a amarlos a todos con la fuerza de Cristo y con vistas a Cristo, para que puedan encontrarlo a &eacute;l y en &eacute;l encontrarse a s&iacute; mismos. <br \/> Pero el palio, que recib&iacute;s &quot;desde&quot; la tumba de san Pedro, tiene tambi&eacute;n un segundo significado, unido inseparablemente al primero. Puede ayudarnos a comprenderlo una palabra de la <i>primera carta de san Pedro<\/i>. En su exhortaci&oacute;n a los presb&iacute;teros a apacentar la grey de modo justo, san Pedro se califica a s&iacute; mismo <i>synpresb&yacute;teros<\/i>, con-presb&iacute;tero (cf. <i>1 P<\/i> 5, 1). Esta f&oacute;rmula contiene impl&iacute;citamente una afirmaci&oacute;n del principio de la sucesi&oacute;n apost&oacute;lica: los pastores que se suceden son pastores como &eacute;l, lo son juntamente con &eacute;l, pertenecen al ministerio com&uacute;n de los pastores de la Iglesia de Jesucristo, un ministerio que contin&uacute;a en ellos. <\/p>\n<p>Pero ese &quot;con&quot; tiene tambi&eacute;n otros dos significados. Expresa asimismo la realidad que indicamos hoy con la palabra &quot;colegialidad&quot; de los obispos. Todos nosotros somos con-presb&iacute;teros. Nadie es pastor &eacute;l solo. S&oacute;lo estamos en la sucesi&oacute;n de los Ap&oacute;stoles porque estamos en la comuni&oacute;n del Colegio, en el que tiene su continuaci&oacute;n el Colegio de los Ap&oacute;stoles. La comuni&oacute;n, el &quot;nosotros&quot; de los pastores forma parte del ser pastores, porque la grey es una sola, la &uacute;nica Iglesia de Jesucristo. <br \/> Y, por &uacute;ltimo, ese &quot;con&quot; remite tambi&eacute;n a la comuni&oacute;n con Pedro y con su sucesor como garant&iacute;a de unidad. As&iacute;, el palio nos habla de la catolicidad de la Iglesia, de la comuni&oacute;n universal entre el pastor y la grey. Y nos remite a la apostolicidad: a la comuni&oacute;n con la fe de los Ap&oacute;stoles, sobre la que est&aacute; fundada la Iglesia. Nos habla de la <i>Ecclesia una, catholica, apostolica <\/i> y, naturalmente, uni&eacute;ndonos a Cristo, nos habla precisamente tambi&eacute;n del hecho de que la Iglesia es <i>sancta<\/i> y nuestro actuar es un servicio a su santidad. <\/p>\n<p>Por &uacute;ltimo, esto me hace volver otra vez a san Pablo y a su misi&oacute;n. En el cap&iacute;tulo 15 de la <i>carta a los Romanos<\/i>, con una frase extraordinariamente hermosa, expres&oacute; lo esencial de su misi&oacute;n, as&iacute; como la raz&oacute;n m&aacute;s profunda de su deseo de venir a Roma. Sabe que est&aacute; llamado &quot;a ser para los gentiles <i>liturgo <\/i>de Jesucristo, ejerciendo como <i>sacerdote <\/i>el sagrado oficio del<i> <\/i> Evangelio de Dios, para que la oblaci&oacute;n de los gentiles sea agradable, santificada por el Esp&iacute;ritu Santo&quot;(<i>Rm<\/i> 15,16). S&oacute;lo en este vers&iacute;culo san Pablo usa la palabra <i>&laquo;hierourgein&raquo; <\/i>(administrar como sacerdote) junto con &laquo;<i>leitourg&oacute;s<\/i>&raquo; (liturgo): habla de la liturgia c&oacute;smica, en la que el mundo mismo de los hombres debe transformarse en adoraci&oacute;n a Dios, en oblaci&oacute;n en el Esp&iacute;ritu Santo. Cuando el mundo en su totalidad se transforme en liturgia de Dios, cuando su realidad se transforme en adoraci&oacute;n, entonces alcanzar&aacute; su meta, entonces estar&aacute; salvado. Este es el objetivo &uacute;ltimo de la misi&oacute;n apost&oacute;lica de san Pablo y de nuestra misi&oacute;n. A este ministerio nos llama el Se&ntilde;or. Roguemos en esta hora para que &eacute;l nos ayude a ejercerlo como es preciso y a convertirnos en verdaderos liturgos de Jesucristo. Am&eacute;n. <\/p>\n<\/p>\n<p><font color=\"#663300\"><b><a name=\"HOMIL%C3%8DA_DE_SU_SANTIDAD_BARTOLOM%C3%89_I_\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BARTOLOM&Eacute; I<\/a><\/b><\/font><\/p>\n<p><i>Santidad:<\/i> <\/p>\n<p>Teniendo a&uacute;n viva la alegr&iacute;a y la emoci&oacute;n de la personal y bendita participaci&oacute;n de Su Santidad en la fiesta patronal de Constantinopla, en la memoria de san Andr&eacute;s ap&oacute;stol, &quot;el primer llamado&quot;, en noviembre de 2006, hemos salido &quot;con paso exultante&quot;, desde El Fanar de la nueva Roma, para venir donde usted, a fin de participar de su alegr&iacute;a en la fiesta patronal de la antigua Roma. Y hemos venido donde usted &quot;con la plenitud de la bendici&oacute;n del Evangelio de Cristo&quot; (<i>Rm<\/i> 15, 29), restituyendo el honor y el amor, festejando, juntamente con nuestro predilecto hermano en la tierra de Occidente, a &quot;los heraldos seguros e inspirados, los corifeos de los disc&iacute;pulos del Se&ntilde;or&quot;, los santos ap&oacute;stoles Pedro, hermano de Andr&eacute;s, y Pablo, estas dos inmensas columnas centrales de toda la Iglesia, elevadas hacia el cielo, las cuales, en esta hist&oacute;rica ciudad, dieron tambi&eacute;n la &uacute;ltima brillante confesi&oacute;n de Cristo: aqu&iacute; entregaron su alma al Se&ntilde;or con el martirio, uno con la cruz y otro con la espada, santific&aacute;ndola. <\/p>\n<p>Por tanto, saludamos con profund&iacute;simo y devoto amor, de parte de la sant&iacute;sima Iglesia de Constantinopla y de sus hijos dispersos por el mundo, a Su Santidad, querido hermano, augurando de coraz&oacute;n &quot;a cuantos est&aacute;n en Roma amados por Dios&quot; (<i>Rm<\/i> 1, 7) que gocen de buena salud, paz y prosperidad, y que progresen d&iacute;a y noche hacia la salvaci&oacute;n, &quot;fervientes en el esp&iacute;ritu, sirviendo al Se&ntilde;or, alegres en la esperanza, fuertes en la tribulaci&oacute;n, perseverantes en la oraci&oacute;n&quot; (<i>Rm<\/i> 12, 11-12). <\/p>\n<p>En ambas Iglesias, Santidad, honramos debidamente y veneramos tanto al que dio una confesi&oacute;n salv&iacute;fica de la divinidad de Cristo, san Pedro, como al vaso de elecci&oacute;n, san Pablo, que proclam&oacute; esta confesi&oacute;n y fe hasta los confines del universo, en medio de las dificultades y peligros m&aacute;s inimaginables. Desde el a&ntilde;o de salvaci&oacute;n 258, festejamos su memoria el 29 de junio, tanto en Occidente como en Oriente, donde en los d&iacute;as que preceden, seg&uacute;n la tradici&oacute;n de la Iglesia antigua, nos hemos preparado tambi&eacute;n por medio del ayuno, observado en su honor. Para subrayar m&aacute;s su igual valor, pero tambi&eacute;n por su peso en la Iglesia y en su obra regeneradora y salvadora durante los siglos, Oriente los honra habitualmente tambi&eacute;n a trav&eacute;s de un icono com&uacute;n, en el que o tienen en sus santas manos un peque&ntilde;o velero, que simboliza la Iglesia, o se abrazan el uno al otro y se intercambian el beso en Cristo. <\/p>\n<p>Precisamente este beso santo hemos venido a intercambiar con usted, Santidad, subrayando el ardiente deseo en Cristo y el amor, que sentimos profundamente unos de otros. <\/p>\n<p>El di&aacute;logo teol&oacute;gico entre nuestras Iglesias, &quot;en fe, verdad y amor&quot;, gracias a la ayuda divina, sigue adelante, m&aacute;s all&aacute; de las notables dificultades que subsisten y de los problemas ya conocidos. Verdaderamente deseamos y oramos mucho por esto, para que se superen estas dificultades y para que desaparezcan los problemas lo m&aacute;s r&aacute;pidamente posible, a fin de alcanzar el objeto de deseo final, para gloria de Dios. <\/p>\n<p>Sabemos bien que tambi&eacute;n usted tiene este mismo deseo, como estamos seguros de que Su Santidad har&aacute; personalmente todo lo que est&eacute; de su parte, junto con sus ilustres colaboradores, para allanar perfectamente el camino, a fin de que los trabajos del di&aacute;logo logren su objetivo, con la ayuda de Dios. <\/p>\n<p>Santidad, hemos proclamado el a&ntilde;o 2008 &quot;A&ntilde;o del ap&oacute;stol san Pablo&quot;, como hace usted desde hoy hasta el a&ntilde;o pr&oacute;ximo, al cumplirse el bimilenario del nacimiento del gran Ap&oacute;stol. En el &aacute;mbito de las manifestaciones por este aniversario, en el que tambi&eacute;n hemos venerado el lugar preciso de su martirio, tenemos programadas entre otras cosas una sagrada peregrinaci&oacute;n a algunos monumentos de la actividad apost&oacute;lica del Ap&oacute;stol en Oriente, como &Eacute;feso, Perge y otras ciudades de Asia menor, pero tambi&eacute;n Rodas y Creta, a la localidad llamada &quot;Buenos Puertos&quot;. Est&eacute; seguro, Santidad, de que en este sagrado trayecto estar&aacute; presente tambi&eacute;n usted, caminando con nosotros en esp&iacute;ritu, y de que en cada lugar elevaremos una ardiente oraci&oacute;n por usted y por nuestros hermanos de la venerable Iglesia cat&oacute;lica romana, dirigiendo una fuerte s&uacute;plica e intercesi&oacute;n del divino Pablo al Se&ntilde;or por usted. <\/p>\n<p>Y ahora, venerando los padecimientos y la cruz de san Pedro y abrazando la cadena y los estigmas de san Pablo, honrando la confesi&oacute;n y el martirio y la venerada muerte de ambos por el nombre del Se&ntilde;or, que lleva verdaderamente a la Vida, glorificamos al Dios tres veces santo y le suplicamos que, por intercesi&oacute;n de sus Ap&oacute;stoles protocorifeos, nos conceda aqu&iacute; abajo a nosotros y a todos los hijos de todas partes del mundo de la Iglesia ortodoxa y cat&oacute;lica romana, la &quot;uni&oacute;n de la fe y la comuni&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo&quot; en el &quot;v&iacute;nculo de la paz&quot;, y all&aacute; arriba, en cambio, la vida eterna y la gran misericordia. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\"> <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA EN LA SOLEMNIDAD DE LOS AP&Oacute;STOLES SAN PEDRO Y SAN PABLO HOMIL&Iacute;AS DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Y DEL PATRIARCA ECUM&Eacute;NICO BARTOLOM&Eacute; I Bas&iacute;lica de San Pedro Domingo 29 de junio de 2008 &nbsp; Santidad y delegados fraternos; se&ntilde;ores cardenales; venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; queridos hermanos y hermanas: Desde &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-junio-de-2008-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab29 de junio de 2008: Solemnidad de San Pedro y San Pablo\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40833","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40833","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40833"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40833\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40833"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40833"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40833"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}