{"id":40834,"date":"2016-10-06T15:00:54","date_gmt":"2016-10-06T20:00:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-junio-de-2008-celebracion-de-las-primeras-visperas-de-la-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo-con-ocasion-de-la-apertura-del-ano-paulino-basilica-de-san-pablo-extramuros\/"},"modified":"2016-10-06T15:00:54","modified_gmt":"2016-10-06T20:00:54","slug":"28-de-junio-de-2008-celebracion-de-las-primeras-visperas-de-la-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo-con-ocasion-de-la-apertura-del-ano-paulino-basilica-de-san-pablo-extramuros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-junio-de-2008-celebracion-de-las-primeras-visperas-de-la-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo-con-ocasion-de-la-apertura-del-ano-paulino-basilica-de-san-pablo-extramuros\/","title":{"rendered":"28 de junio de 2008: Celebraci\u00f3n de las primeras V\u00edsperas de la solemnidad de San Pedro y San Pablo con ocasi\u00f3n de la apertura del A\u00f1o paulino (Bas\u00edlica de San Pablo extramuros)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N DE LAS PRIMERAS V&Iacute;SPERAS <br \/> DE LA SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO <br \/> CON OCASI&Oacute;N DE LA INAUGURACI&Oacute;N DEL A&Ntilde;O PAULINO <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica de San Pablo extramuros<br \/> S&aacute;bado 28 de junio de 2008 <\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">\n<p><i>Santidad y delegados fraternos; <br \/> se&ntilde;ores cardenales; <br \/> venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; <br \/> queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p>Estamos reunidos junto a la tumba de san Pablo, que naci&oacute;, hace dos mil a&ntilde;os, en Tarso de Cilicia, en la actual Turqu&iacute;a. &iquest;Qui&eacute;n era este Pablo? En el templo de Jerusal&eacute;n, ante la multitud agitada que quer&iacute;a matarlo, se presenta a s&iacute; mismo con estas palabras: &quot;Yo soy jud&iacute;o, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad (Jerusal&eacute;n), instruido a los pies de Gamaliel en la estricta observancia de la Ley de nuestros padres; estaba lleno de celo por Dios&#8230;&quot; (<i>Hch<\/i> 22, 3). Al final de su camino, dir&aacute; de s&iacute; mismo: &quot;Yo he sido constituido&#8230; maestro de los gentiles en la fe y en la verdad&quot; (<i>1 Tm<\/i> 2, 7; cf. <i>2 Tm<\/i> 1, 11). <\/p>\n<p>Maestro de los gentiles, ap&oacute;stol y heraldo de Jesucristo: as&iacute; se define a s&iacute; mismo con una mirada retrospectiva al itinerario de su vida. Pero su mirada no se dirige solamente al pasado. &quot;Maestro de los gentiles&quot;: esta expresi&oacute;n se abre al futuro, a todos los pueblos y a todas las generaciones. San Pablo no es para nosotros una figura del pasado, que recordamos con veneraci&oacute;n. Tambi&eacute;n para nosotros es maestro, ap&oacute;stol y heraldo de Jesucristo. <\/p>\n<p>Por tanto, no estamos reunidos para reflexionar sobre una historia pasada, irrevocablemente superada. San Pablo quiere hablar con nosotros hoy. Por eso he querido convocar este &quot;A&ntilde;o paulino&quot; especial: para escucharlo y aprender ahora de &eacute;l, como nuestro maestro, &quot;la fe y la verdad&quot; en las que se arraigan las razones de la unidad entre los disc&iacute;pulos de Cristo. En esta perspectiva he querido encender, para este bimilenario del nacimiento del Ap&oacute;stol, una &quot;llama paulina&quot; especial, que permanecer&aacute; encendida durante todo el a&ntilde;o en un brasero particular puesto en el atrio de cuatro p&oacute;rticos de la bas&iacute;lica. <\/p>\n<p>Para solemnizar este acontecimiento he inaugurado tambi&eacute;n la as&iacute; llamada &quot;puerta paulina&quot;, por la que he entrado en la bas&iacute;lica acompa&ntilde;ado por el Patriarca de Constantinopla, por el cardenal arcipreste y por otras autoridades religiosas. Para m&iacute; es motivo de &iacute;ntima alegr&iacute;a que la inauguraci&oacute;n del &quot;A&ntilde;o paulino&quot; asuma un car&aacute;cter ecum&eacute;nico peculiar por la presencia de numerosos delegados y representantes de otras Iglesias y comunidades eclesiales, a quienes acojo con coraz&oacute;n abierto. <\/p>\n<p>Saludo en primer lugar a Su Santidad el Patriarca Bartolom&eacute; I y a los miembros de la delegaci&oacute;n que lo acompa&ntilde;a, as&iacute; como al numeroso grupo de laicos que desde varias partes del mundo han venido a Roma para vivir con &eacute;l y con todos nosotros estos momentos de oraci&oacute;n y de reflexi&oacute;n. Saludo a los delegados fraternos de las Iglesias que tienen un v&iacute;nculo particular con el ap&oacute;stol san Pablo -Jerusal&eacute;n, Antioqu&iacute;a, Chipre y Grecia- y forman el ambiente geogr&aacute;fico de la vida del Ap&oacute;stol antes de su llegada a Roma. Saludo cordialmente a los hermanos de las diversas Iglesias y comunidades eclesiales de Oriente y Occidente, as&iacute; como a todos vosotros que hab&eacute;is querido participar en este solemne inicio del &quot;A&ntilde;o&quot; dedicado al Ap&oacute;stol de los gentiles. <\/p>\n<p>Por consiguiente, estamos aqu&iacute; reunidos para interrogarnos sobre el gran Ap&oacute;stol de los gentiles. No s&oacute;lo nos preguntamos: &iquest;Qui&eacute;n <i>era<\/i> san Pablo? Sobre todo nos preguntamos: &iquest;Qui&eacute;n <i>es<\/i> san Pablo? &iquest;Qu&eacute; me dice a m&iacute;? En esta hora, al inicio del &quot;A&ntilde;o paulino&quot; que estamos inaugurando, quiero elegir del rico testimonio del Nuevo Testamento tres textos en los que se manifiesta su fisonom&iacute;a interior, lo espec&iacute;fico de su car&aacute;cter. <\/p>\n<p>En la <i>carta a los G&aacute;latas<\/i> nos dio una profesi&oacute;n de fe muy personal, en la que abre su coraz&oacute;n ante los lectores de todos los tiempos y revela cu&aacute;l es la motivaci&oacute;n m&aacute;s &iacute;ntima de su vida. &quot;Vivo en la fe del Hijo de Dios, que me am&oacute; y se entreg&oacute; a s&iacute; mismo por m&iacute;&quot; (<i>Ga<\/i> 2, 20). Todo lo que hace san Pablo parte de este centro. Su fe es la experiencia de ser amado por Jesucristo de un modo totalmente personal; es la conciencia de que Cristo no afront&oacute; la muerte por algo an&oacute;nimo, sino por amor a &eacute;l -a san Pablo-, y que, como Resucitado, lo sigue amando, es decir, que Cristo se entreg&oacute; por &eacute;l. Su fe consiste en ser conquistado por el amor de Jesucristo, un amor que lo conmueve en lo m&aacute;s &iacute;ntimo y lo transforma. Su fe no es una teor&iacute;a, una opini&oacute;n sobre Dios y sobre el mundo. Su fe es el impacto del amor de Dios en su coraz&oacute;n. Y as&iacute; esta misma fe es amor a Jesucristo. <\/p>\n<p>Muchos presentan a san Pablo como un hombre combativo que sabe usar la espada de la palabra. De hecho, en su camino de ap&oacute;stol no faltaron las disputas. No busc&oacute; una armon&iacute;a superficial. En la primera de su <i>Cartas<\/i>, la que dirigi&oacute; a los <i>Tesalonicenses<\/i>, &eacute;l mismo dice: &quot;Tuvimos la valent&iacute;a de predicaros el Evangelio de Dios entre frecuentes luchas&#8230; Como sab&eacute;is, nunca nos presentamos con palabras aduladoras&quot; (<i>1 Ts<\/i> 2, 2. 5). <\/p>\n<p>Para &eacute;l la verdad era demasiado grande como para estar dispuesto a sacrificarla en aras de un &eacute;xito externo. Para &eacute;l, la verdad que hab&iacute;a experimentado en el encuentro con el Resucitado bien merec&iacute;a la lucha, la persecuci&oacute;n y el sufrimiento. Pero lo que lo motivaba en lo m&aacute;s profundo era el hecho de ser amado por Jesucristo y el deseo de transmitir a los dem&aacute;s este amor. San Pablo era un hombre capaz de amar, y todo su obrar y sufrir s&oacute;lo se explican a partir de este centro. Los conceptos fundamentales de su anuncio &uacute;nicamente se comprenden sobre esta base. <\/p>\n<p>Tomemos solamente una de sus palabras-clave: la libertad. La experiencia de ser amado hasta el fondo por Cristo le hab&iacute;a abierto los ojos sobre la verdad y sobre el camino de la existencia humana; aquella experiencia lo abarcaba todo. San Pablo era libre como hombre amado por Dios que, en virtud de Dios, era capaz de amar juntamente con &eacute;l. Este amor es ahora la &quot;ley&quot; de su vida, y precisamente as&iacute; es la libertad de su vida. Habla y act&uacute;a movido por la responsabilidad del amor. Libertad y responsabilidad est&aacute;n aqu&iacute; inseparablemente unidas. Por estar en la responsabilidad del amor, es libre; por ser alguien que ama, vive totalmente en la responsabilidad de este amor y no considera la libertad como un pretexto para el arbitrio y el ego&iacute;smo. <\/p>\n<p>Con ese mismo esp&iacute;ritu san Agust&iacute;n formul&oacute; la frase que luego se hizo famosa: &quot;<i>Dilige et quod vis fac<\/i>&quot; (<i>Tract. In 1 Jo <\/i>7, 7-8), &quot;Ama y haz lo que quieras&quot;. Quien ama a Cristo como lo amaba san Pablo, verdaderamente puede hacer lo que quiera, porque su amor est&aacute; unido a la voluntad de Cristo y, de este modo, a la voluntad de Dios; porque su voluntad est&aacute; anclada en la verdad y porque su voluntad ya no es simplemente su voluntad, arbitrio del yo aut&oacute;nomo, sino que est&aacute; integrada en la libertad de Dios y de ella recibe el camino por recorrer. <\/p>\n<p>En la b&uacute;squeda de la fisonom&iacute;a interior de san Pablo quisiera recordar, en segundo lugar, las palabras que Cristo resucitado le dirigi&oacute; en el camino de Damasco. Primero el Se&ntilde;or le dice: &quot;Saulo, Saulo, &iquest;por qu&eacute; me persigues?&quot;. Ante la pregunta: &quot;&iquest;Qui&eacute;n eres, Se&ntilde;or?&quot;, recibe como respuesta: &quot;Yo soy Jes&uacute;s, a quien t&uacute; persigues&quot; (<i>Hch<\/i> 9, 4 s). Persiguiendo a la Iglesia, Pablo persegu&iacute;a a Jes&uacute;s mismo. &quot;T&uacute; <i>me <\/i>persigues&quot;. Jes&uacute;s se identifica con la Iglesia en un solo sujeto. <\/p>\n<p>En el fondo, en esta exclamaci&oacute;n del Resucitado, que transform&oacute; la vida de Saulo, se halla contenida toda la doctrina sobre la Iglesia como Cuerpo de Cristo. Cristo no se retir&oacute; al cielo, dejando en la tierra una multitud de seguidores que llevan adelante &quot;su causa&quot;. La Iglesia no es una asociaci&oacute;n que quiere promover cierta causa. En ella no se trata de una causa. En ella se trata de la persona de Jesucristo, que tambi&eacute;n como Resucitado sigue siendo &quot;carne&quot;. Tiene &quot;carne y huesos&quot; (<i>Lc<\/i> 24, 39), como afirma en <i>el evangelio de san Lucas<\/i> el Resucitado ante los disc&iacute;pulos que cre&iacute;an que era un esp&iacute;ritu. Tiene un cuerpo. <\/p>\n<p>Est&aacute; presente personalmente en su Iglesia; &quot;Cabeza y Cuerpo&quot; forman un &uacute;nico sujeto, dir&aacute; san Agust&iacute;n. &quot;&iquest;No sab&eacute;is que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?&quot;, escribe san Pablo a los Corintios (<i>1 Co<\/i> 6, 15). Y a&ntilde;ade: del mismo modo que, seg&uacute;n el <i>libro del G&eacute;nesis<\/i>, el hombre y la mujer llegan a ser una sola carne, as&iacute; tambi&eacute;n Cristo con los suyos se convierte en un solo esp&iacute;ritu, es decir, en un &uacute;nico sujeto en el mundo nuevo de la resurrecci&oacute;n (cf. <i>1 Co<\/i> 6, 16 ss). <\/p>\n<p>En todo esto se refleja el misterio eucar&iacute;stico, en el que Cristo entrega continuamente su Cuerpo y hace de nosotros su Cuerpo: &quot;El pan que partimos &iquest;no es comuni&oacute;n con el cuerpo de Cristo? Porque el pan es uno, nosotros, aun siendo muchos, somos un solo cuerpo, pues todos participamos de ese &uacute;nico pan&quot; (<i>1 Co<\/i> 10, 16-17). <\/p>\n<p>En esta hora, no s&oacute;lo san Pablo, sino tambi&eacute;n el Se&ntilde;or mismo se dirige a nosotros con estas palabras: &iquest;C&oacute;mo hab&eacute;is podido desgarrar mi Cuerpo? Ante el rostro de Cristo, estas palabras se transforman al mismo tiempo en una petici&oacute;n urgente: cond&uacute;cenos nuevamente a la unidad desde todas las divisiones. Haz que hoy sea de nuevo realidad: Hay un solo pan, por eso nosotros, aun siendo muchos, somos un solo cuerpo. <\/p>\n<p>Para san Pablo, las palabras sobre la Iglesia como Cuerpo de Cristo no son una comparaci&oacute;n cualquiera. Van m&aacute;s all&aacute; de una comparaci&oacute;n. &quot;&iquest;Por qu&eacute; <i>me <\/i> persigues?&quot;. Cristo nos atrae continuamente dentro de su Cuerpo, edifica su Cuerpo a partir del centro eucar&iacute;stico, que para san Pablo es el centro de la existencia cristiana, en virtud del cual todos y cada uno podemos experimentar de un modo totalmente personal: &eacute;l <i>me <\/i>ha amado y se ha entregado por <i> m&iacute;<\/i>. <\/p>\n<p>Concluyo con unas de las &uacute;ltimas palabras de san Pablo, una exhortaci&oacute;n a Timoteo desde la c&aacute;rcel, poco antes de su muerte: &quot;Soporta conmigo los sufrimientos por el Evangelio&quot;, dice el Ap&oacute;stol a su disc&iacute;pulo (<i>2 Tm<\/i> 1, 8). Estas palabras, escritas por el Ap&oacute;stol como un testamento al final de su camino, remiten al inicio de su misi&oacute;n. Mientras Pablo, despu&eacute;s de su encuentro con el Resucitado, estaba ciego en su casa de Damasco, Anan&iacute;as recibi&oacute; la orden de ir a visitar al temido perseguidor e imponerle las manos para devolverle la vista. Ante la objeci&oacute;n de que Saulo era un perseguidor peligroso de los cristianos, Anan&iacute;as recibi&oacute; como respuesta: Este hombre debe llevar mi nombre ante los pueblos y los reyes. &quot;Yo le mostrar&eacute; todo lo que tendr&aacute; que padecer por mi nombre&quot; (<i>Hch<\/i> 9, 16). <\/p>\n<p>El encargo del anuncio y la llamada al sufrimiento por Cristo est&aacute;n inseparablemente unidos. La llamada a ser maestro de los gentiles es al mismo tiempo e intr&iacute;nsecamente una llamada al sufrimiento en la comuni&oacute;n con Cristo, que nos ha redimido mediante su Pasi&oacute;n. En un mundo en el que la mentira es poderosa, la verdad se paga con el sufrimiento. Quien quiera evitar el sufrimiento, mantenerlo lejos de s&iacute;, mantiene lejos la vida misma y su grandeza; no puede ser servidor de la verdad, y as&iacute; servidor de la fe. <\/p>\n<p>No hay amor sin sufrimiento, sin el sufrimiento de la renuncia a s&iacute; mismos, de la transformaci&oacute;n y purificaci&oacute;n del yo por la verdadera libertad. Donde no hay nada por lo que valga la pena sufrir, incluso la vida misma pierde su valor. La Eucarist&iacute;a, el centro de nuestro ser cristianos, se funda en el sacrificio de Jes&uacute;s por nosotros, naci&oacute; del sufrimiento del amor, que en la cruz alcanz&oacute; su culmen. Nosotros vivimos de este amor que se entrega. Este amor nos da la valent&iacute;a y la fuerza para sufrir con Cristo y por &eacute;l en este mundo, sabiendo que precisamente as&iacute; nuestra vida se hace grande, madura y verdadera. <\/p>\n<p>A la luz de todas las cartas de san Pablo, vemos c&oacute;mo se cumpli&oacute; en su camino de maestro de los gentiles la profec&iacute;a hecha a Anan&iacute;as en la hora de la llamada: &quot;Yo le mostrar&eacute; todo lo que tendr&aacute; que padecer por mi nombre&quot;. Su sufrimiento lo hace cre&iacute;ble como maestro de verdad, que no busca su propio inter&eacute;s, su propia gloria, su propia satisfacci&oacute;n personal, sino que se compromete por Aquel que nos am&oacute; y se entreg&oacute; a s&iacute; mismo por todos nosotros. <\/p>\n<p>En esta hora damos gracias al Se&ntilde;or porque llam&oacute; a san Pablo, transform&aacute;ndolo en luz de los gentiles y maestro de todos nosotros, y le pedimos: Conc&eacute;denos tambi&eacute;n hoy testigos de la Resurrecci&oacute;n, conquistados por tu amor y capaces de llevar la luz del Evangelio a nuestro tiempo. San Pablo, ruega por nosotros. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DE LAS PRIMERAS V&Iacute;SPERAS DE LA SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO CON OCASI&Oacute;N DE LA INAUGURACI&Oacute;N DEL A&Ntilde;O PAULINO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de San Pablo extramuros S&aacute;bado 28 de junio de 2008 Santidad y delegados fraternos; se&ntilde;ores cardenales; venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; queridos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-junio-de-2008-celebracion-de-las-primeras-visperas-de-la-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo-con-ocasion-de-la-apertura-del-ano-paulino-basilica-de-san-pablo-extramuros\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab28 de junio de 2008: Celebraci\u00f3n de las primeras V\u00edsperas de la solemnidad de San Pedro y San Pablo con ocasi\u00f3n de la apertura del A\u00f1o paulino (Bas\u00edlica de San Pablo extramuros)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40834","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40834","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40834"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40834\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40834"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40834"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40834"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}