{"id":40836,"date":"2016-10-06T15:00:57","date_gmt":"2016-10-06T20:00:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-junio-de-2008-celebracion-eucaristica-en-el-muelle-de-san-apolinar-en-el-puerto-de-brindisi\/"},"modified":"2016-10-06T15:00:57","modified_gmt":"2016-10-06T20:00:57","slug":"15-de-junio-de-2008-celebracion-eucaristica-en-el-muelle-de-san-apolinar-en-el-puerto-de-brindisi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-junio-de-2008-celebracion-eucaristica-en-el-muelle-de-san-apolinar-en-el-puerto-de-brindisi\/","title":{"rendered":"15 de junio de 2008: Celebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en el muelle de San Apolinar, en el Puerto de Brindisi"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2008\/index_puglia.html\">VISITA PASTORAL A SANTA MAR&Iacute;A DE LEUCA Y BRINDISI<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">MISA EN EL MUELLE DE SAN APOLINAR EN EL PUERTO BRINDISI <\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Domingo 15 de junio de 2008<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; <\/i> <\/p>\n<p>En el centro de mi visita a Brindisi celebramos, en el d&iacute;a del Se&ntilde;or, el misterio que es fuente y cumbre de toda la vida de la Iglesia. Celebramos a Cristo en la Eucarist&iacute;a, el mayor don que ha brotado de su Coraz&oacute;n divino y humano, el Pan de vida partido y compartido, para que lleguemos a ser uno con &eacute;l y entre nosotros. <\/p>\n<p>Os saludo con afecto a todos los que os hab&eacute;is dado cita en este lugar tan simb&oacute;lico, el puerto, que evoca los viajes misioneros de san Pedro y san Pablo. Veo con alegr&iacute;a a numerosos j&oacute;venes, que han animado la vigilia esta noche, prepar&aacute;ndose a la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica. Tambi&eacute;n os saludo a vosotros, que particip&aacute;is espiritualmente a trav&eacute;s de la radio y la televisi&oacute;n. <\/p>\n<p>Dirijo un saludo particular al pastor de esta amada Iglesia, mons. Rocco Talucci, agradeci&eacute;ndole las palabras que ha pronunciado al inicio de la santa misa. Saludo asimismo a los dem&aacute;s obispos de Puglia, que han querido estar aqu&iacute; con nosotros en comuni&oacute;n fraterna de sentimientos. Me alegra en especial la presencia del metropolita Gennadios, al que expreso mi cordial saludo, extendi&eacute;ndolo a todos los hermanos ortodoxos y de las dem&aacute;s confesiones, desde esta Iglesia de Brindisi que, por su vocaci&oacute;n ecum&eacute;nica, nos invita a orar y comprometernos en favor de la unidad plena de todos los cristianos. <\/p>\n<p>Saludo con gratitud a las autoridades civiles y militares que participan en esta liturgia, con los mejores deseos para su servicio. Mi saludo afectuoso va tambi&eacute;n a los presb&iacute;teros y a los di&aacute;conos, a las religiosas y a los religiosos, as&iacute; como a todos los fieles. Dirijo un saludo especial a los enfermos del hospital y a los reclusos de la c&aacute;rcel, a los que aseguro un recuerdo en mi oraci&oacute;n. &iexcl;Gracia y paz de parte del Se&ntilde;or a cada uno y a toda la ciudad de Brindisi! <\/p>\n<p>Los textos b&iacute;blicos que hemos escuchado en este und&eacute;cimo domingo del tiempo ordinario nos ayudan a comprender la realidad de la Iglesia:&nbsp; la primera lectura (cf. <i>Ex<\/i> 19, 2-6) evoca la alianza establecida en el monte Sina&iacute; durante el &eacute;xodo de Egipto; el pasaje evang&eacute;lico (cf. <i>Mt<\/i> 9,&nbsp;3610,&nbsp;8) recoge la llamada y la misi&oacute;n de los doce Ap&oacute;stoles. Aqu&iacute; se nos presenta la &quot;constituci&oacute;n&quot; de la Iglesia. &iquest;C&oacute;mo no percibir la invitaci&oacute;n impl&iacute;cita que se dirige a cada comunidad a renovarse en su vocaci&oacute;n y en su impulso misionero? <\/p>\n<p>En la primera lectura, el autor sagrado narra el pacto de Dios con Mois&eacute;s y con Israel en el Sina&iacute;. Es una de las grandes etapas de la historia de la salvaci&oacute;n, uno de los momentos que trascienden la historia misma, en los que el conf&iacute;n entre Antiguo y Nuevo Testamento desaparece y se manifiesta el plan perenne del Dios de la alianza:&nbsp; el plan de salvar &nbsp;a &nbsp;todos &nbsp;los &nbsp;hombres mediante la santificaci&oacute;n de un pueblo, al que Dios propone convertirse en &quot;su propiedad personal entre todos los pueblos&quot; (<i>Ex<\/i> 19, 5). <\/p>\n<p>En esta perspectiva el pueblo est&aacute; llamado a ser una &quot;naci&oacute;n santa&quot;, no s&oacute;lo en sentido moral, sino antes a&uacute;n y sobre todo en su misma realidad ontol&oacute;gica, en su ser de pueblo. Ya en el Antiguo Testamento, a trav&eacute;s de los acontecimientos salv&iacute;ficos, se fue manifestando poco a poco c&oacute;mo se deb&iacute;a entender la identidad de este pueblo; y luego se revel&oacute; plenamente con la venida de Jesucristo. <\/p>\n<p>El pasaje evang&eacute;lico de hoy nos presenta un momento decisivo de esa revelaci&oacute;n. Cuando Jes&uacute;s llam&oacute; a los Doce, quer&iacute;a referirse simb&oacute;licamente a las tribus de Israel, que se remontan a los doce hijos de Jacob. Por eso, al poner en el centro de su nueva comunidad a los Doce, dio a entender que vino a cumplir el plan del Padre celestial, aunque solamente&nbsp;en&nbsp;Pentecost&eacute;s aparecer&aacute; el rostro nuevo de la Iglesia:&nbsp; cuando los Doce, &quot;llenos del Esp&iacute;ritu Santo&quot; (<i>Hch<\/i> 2, 3-4), proclamar&aacute;n el Evangelio hablando en todas las lenguas. Entonces se manifestar&aacute; la Iglesia universal, reunida en un solo Cuerpo, cuya Cabeza es Cristo resucitado, y&nbsp;al mismo tiempo enviada por &eacute;l a todas las naciones, hasta los &uacute;ltimos confines de la tierra (cf. <i>Mt<\/i> 28, 20). <\/p>\n<p>El estilo de Jes&uacute;s es inconfundible:&nbsp; es el estilo caracter&iacute;stico de Dios, que suele realizar las cosas m&aacute;s grandes de modo pobre y humilde. Frente a la solemnidad de los relatos de alianza del libro del &Eacute;xodo, en los Evangelios se encuentran gestos humildes y discretos, pero que contienen una gran fuerza de renovaci&oacute;n. Es la l&oacute;gica del reino de Dios, representada \u2014no casualmente\u2014 por la peque&ntilde;a semilla que se transforma en un gran &aacute;rbol (cf. <i>Mt<\/i> 13, 31-32). El pacto del Sina&iacute; estuvo acompa&ntilde;ado de se&ntilde;ales c&oacute;smicas que aterraban a los israelitas; en cambio, los inicios de la Iglesia en Galilea carecen de esas manifestaciones, reflejan la mansedumbre y la compasi&oacute;n del coraz&oacute;n de Cristo, pero anuncian otra lucha, otra convulsi&oacute;n, la que suscitan las potencias del mal. <\/p>\n<p>Como hemos escuchado, a los Doce &quot;les dio autoridad para expulsar esp&iacute;ritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia&quot; (<i>Mt<\/i> 10, 1). Los Doce deber&aacute;n cooperar con Jes&uacute;s en la instauraci&oacute;n del reino de Dios, es decir, en su se&ntilde;or&iacute;o ben&eacute;fico, portador de vida, y de vida en abundancia, para la humanidad entera. En definitiva, la Iglesia, como Cristo y juntamente con &eacute;l, est&aacute; llamada y ha sido enviada a instaurar el Reino de vida y a destruir el dominio de la muerte, para que triunfe en el mundo la vida de Dios, para que triunfe Dios, que es Amor. <\/p>\n<p>Esta obra de Cristo siempre es silenciosa; no es espectacular. Precisamente en la humildad de ser Iglesia, de vivir cada d&iacute;a el Evangelio, crece el gran &aacute;rbol de la vida verdadera. Con estos inicios humildes, el Se&ntilde;or nos anima para que, tambi&eacute;n en la humildad de la Iglesia de hoy, en la pobreza de nuestra vida cristiana, podamos ver su presencia y tener as&iacute; la valent&iacute;a de salir a su encuentro y de hacer presente en esta tierra su amor, que es una fuerza de paz y de vida verdadera. <\/p>\n<p>As&iacute; pues, el plan de Dios consiste en difundir en la humanidad y en todo el cosmos su amor, fuente de vida. No es un proceso espectacular; es un proceso humilde, pero que entra&ntilde;a la verdadera fuerza del futuro y de la historia. Por consiguiente, es un proyecto que el Se&ntilde;or quiere realizar respetando nuestra libertad, porque el amor, por su propia naturaleza, no se puede imponer. Por tanto, la Iglesia es, en Cristo, el espacio de acogida y de mediaci&oacute;n del amor de Dios. Desde esta perspectiva se ve claramente c&oacute;mo la <i>santidad<\/i> y el <i> car&aacute;cter misionero<\/i> de la Iglesia constituyen dos caras de la misma medalla:&nbsp; s&oacute;lo en cuanto santa, es decir, en cuanto llena del amor divino, la Iglesia puede cumplir su misi&oacute;n; y precisamente en funci&oacute;n de esa tarea Dios la eligi&oacute; y santific&oacute; como su propiedad personal. <\/p>\n<p>Por tanto, nuestro primer deber, precisamente para sanar a este mundo, es ser santos, conformes a Dios. De este modo obra en nosotros una fuerza santificadora y transformadora que act&uacute;a tambi&eacute;n sobre los dem&aacute;s, sobre la historia. En el binomio &quot;santidad-misi&oacute;n&quot; \u2014la santidad siempre es fuerza que transforma a los dem&aacute;s\u2014 se est&aacute; centrando vuestra comunidad eclesial, queridos hermanos y hermanas, durante este tiempo del S&iacute;nodo diocesano. <\/p>\n<p>Al respecto, es &uacute;til tener presente que los doce Ap&oacute;stoles no eran hombres perfectos, elegidos por su vida moral y religiosa irreprensible. Ciertamente, eran creyentes, llenos de entusiasmo y de celo, pero al mismo tiempo estaban marcados por sus l&iacute;mites humanos, a veces incluso graves. As&iacute; pues, Jes&uacute;s no los llam&oacute; por ser ya santos, completos, perfectos, sino para que lo fueran, para que se transformaran a fin de transformar as&iacute; la historia. Lo mismo sucede con nosotros y con todos los cristianos. <\/p>\n<p>En la segunda lectura hemos escuchado la s&iacute;ntesis del ap&oacute;stol san Pablo:&nbsp; &quot;La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todav&iacute;a pecadores, muri&oacute; por nosotros&quot; (<i>Rm<\/i> 5, 8). La Iglesia es la comunidad de los pecadores que creen en el amor de Dios y se dejan transformar por &eacute;l; as&iacute; llegan a ser santos y santifican el mundo. <\/p>\n<p>A la luz de esta providencial palabra de Dios, tengo hoy la alegr&iacute;a de confirmar el camino de vuestra Iglesia. Es un camino de santidad y de misi&oacute;n, sobre el que vuestro arzobispo os ha invitado a reflexionar en su reciente carta pastoral; es un camino que &eacute;l ha verificado ampliamente en el transcurso de la visita pastoral y que ahora quiere promover mediante el S&iacute;nodo diocesano. <\/p>\n<p>El pasaje evang&eacute;lico de hoy nos sugiere el estilo de la misi&oacute;n, es decir, la actitud interior que se traduce en vida real. No puede menos de ser el estilo de Jes&uacute;s:&nbsp; el estilo de la &quot;compasi&oacute;n&quot;. El evangelista lo pone de relieve atrayendo la atenci&oacute;n hacia el modo como Cristo mira a la muchedumbre:&nbsp; &quot;Al verla, sinti&oacute; compasi&oacute;n de ella, porque estaban fatigados y deca&iacute;dos como ovejas sin pastor&quot; (<i>Mt<\/i> 9, 36). Y, despu&eacute;s de la llamada de los Doce, vuelve esta actitud en el mandato que les da de dirigirse &quot;a las ovejas perdidas de la casa de Israel&quot; (<i>Mt<\/i> 10, 6). <\/p>\n<p>En esas expresiones se refleja el amor de Cristo por los hombres, especialmente por los peque&ntilde;os y los pobres. La compasi&oacute;n cristiana no tiene nada que ver con el pietismo, con el asistencialismo. M&aacute;s bien, es sin&oacute;nimo de solidaridad, de compartir, y est&aacute; animada por la esperanza. &iquest;No nacen de la esperanza las palabras que Jes&uacute;s dice a los Ap&oacute;stoles:&nbsp; &quot;Id proclamando que el reino de los cielos est&aacute; cerca&quot;? (<i>Mt<\/i> 10, 7). Esta esperanza se funda en la venida de Cristo y, en definitiva, coincide con su Persona y con su misterio de salvaci&oacute;n \u2014donde est&aacute; &eacute;l est&aacute; el reino de Dios, est&aacute; la novedad del mundo\u2014, como lo recordaba bien en su t&iacute;tulo la cuarta Asamblea eclesial italiana, celebrada en Verona:&nbsp; Cristo resucitado es la &quot;esperanza del mundo&quot;. <\/p>\n<p>Tambi&eacute;n vosotros, queridos hermanos y hermanas de esta antigua Iglesia de Brindisi, animados por la esperanza en la que hab&eacute;is sido salvados, sed signos e instrumentos de la compasi&oacute;n, de la misericordia de Cristo. Al obispo y a los presb&iacute;teros les repito con fervor las palabras del Maestro divino:&nbsp; &quot;Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis&quot; (<i>Mt<\/i> 10, 8). Este mandato se dirige tambi&eacute;n hoy en primer lugar a vosotros. El Esp&iacute;ritu que actuaba en Cristo y en los Doce es el mismo que act&uacute;a en vosotros y que os permite realizar entre vuestra gente, en este territorio, los signos del reino de amor, de justicia y de paz que viene, m&aacute;s a&uacute;n, que ya est&aacute; en el mundo. <\/p>\n<p>Pero, por la gracia del Bautismo y de la Confirmaci&oacute;n, todos los miembros del pueblo de Dios participan, de maneras diversas, en la misi&oacute;n de Jes&uacute;s. Pienso en las personas consagradas, que han hecho los votos de pobreza, virginidad y obediencia; pienso en los c&oacute;nyuges cristianos y en vosotros, fieles laicos, comprometidos en la comunidad eclesial y en &nbsp;la sociedad tanto de forma individual como en asociaciones. Queridos hermanos &nbsp;y &nbsp;hermanas, &nbsp;todos sois destinatarios &nbsp;del deseo de Jes&uacute;s de multiplicar los obreros de la mies del Se&ntilde;or (cf. <i>Mt<\/i> 9, 38). <\/p>\n<p>Este deseo, que debe convertirse en oraci&oacute;n, nos lleva a pensar, en primer lugar, en los seminaristas y en el nuevo seminario de esta archidi&oacute;cesis; nos hace considerar que la Iglesia es, en sentido amplio, un gran &quot;seminario&quot;, comenzando por la familia, hasta las comunidades parroquiales, las asociaciones y los movimientos de compromiso apost&oacute;lico. Todos, en la variedad de los carismas y de los ministerios, estamos llamados a trabajar en la vi&ntilde;a del Se&ntilde;or. <\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas de Brindisi, seguid por el camino emprendido con este esp&iacute;ritu. Que velen sobre vosotros vuestros patronos, san Leucio y san Oroncio, que llegaron de Oriente en el siglo II para regar esta tierra con el agua viva de la palabra de Dios. Las reliquias de san Teodoro de Amasea, veneradas en la catedral de Brindisi, os recuerden que dar la vida por Cristo es la predicaci&oacute;n m&aacute;s eficaz. San Lorenzo, hijo de esta ciudad, que siguiendo las huellas de san Francisco de As&iacute;s se convirti&oacute; en ap&oacute;stol de paz en una Europa desgarrada por guerras y discordias, os obtenga el don de una aut&eacute;ntica fraternidad. <\/p>\n<p>Os encomiendo a todos a la protecci&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;a, Madre de la esperanza y Estrella de la evangelizaci&oacute;n. Que os ayude la Virgen sant&iacute;sima a permanecer en el amor de Cristo, para que pod&aacute;is dar frutos abundantes para gloria de Dios Padre y para la salvaci&oacute;n del mundo. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A SANTA MAR&Iacute;A DE LEUCA Y BRINDISI MISA EN EL MUELLE DE SAN APOLINAR EN EL PUERTO BRINDISI HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Domingo 15 de junio de 2008 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; En el centro de mi visita a Brindisi celebramos, en el d&iacute;a del Se&ntilde;or, el misterio que es &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-junio-de-2008-celebracion-eucaristica-en-el-muelle-de-san-apolinar-en-el-puerto-de-brindisi\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab15 de junio de 2008: Celebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en el muelle de San Apolinar, en el Puerto de Brindisi\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40836","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40836","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40836"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40836\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40836"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40836"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40836"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}