{"id":40837,"date":"2016-10-06T15:00:58","date_gmt":"2016-10-06T20:00:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-junio-de-2008-celebracion-eucaristica-en-la-plaza-del-santuario-de-santa-maria-de-leuca\/"},"modified":"2016-10-06T15:00:58","modified_gmt":"2016-10-06T20:00:58","slug":"14-de-junio-de-2008-celebracion-eucaristica-en-la-plaza-del-santuario-de-santa-maria-de-leuca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-junio-de-2008-celebracion-eucaristica-en-la-plaza-del-santuario-de-santa-maria-de-leuca\/","title":{"rendered":"14 de junio de 2008: Celebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en la plaza del Santuario de Santa Mar\u00eda de Leuca"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2008\/index_puglia.html\">VISITA PASTORAL A SANTA MAR&Iacute;A DE LEUCA Y BRINDISI<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>MISA EN EL SANTUARIO DE SANTA MAR&Iacute;A &quot;DE FINIBUS TERRAE<\/b>&quot;<i><\/p>\n<p> <b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/p>\n<p> Santa Mar&iacute;a de Leuca <br \/> S&aacute;bado 14 de junio de 2008 <\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p>Mi visita a Puglia \u2014la segunda, despu&eacute;s del Congreso eucar&iacute;stico de Bari\u2014 comienza como peregrinaci&oacute;n mariana, en este borde extremo de Italia y de Europa, en el santuario de Santa Mar&iacute;a <i>de finibus terrae.<\/i> Con gran alegr&iacute;a os saludo afectuosamente a todos. Doy gracias con afecto al obispo, mons. Vito De Grisantis, por haberme invitado y por la cordial acogida. Saludo a los dem&aacute;s obispos de la regi&oacute;n, en particular al arzobispo metropolitano de Lecce, mons. Cosmo Francesco Ruppi, as&iacute; como a los presb&iacute;teros y di&aacute;conos, a las personas consagradas y a todos los fieles. Tambi&eacute;n saludo con gratitud al ministro Raffaele Fitto, en representaci&oacute;n del Gobierno italiano, y a las diversas autoridades civiles y militares presentes. <\/p>\n<p>En este lugar de tanta importancia hist&oacute;rica para el culto de la sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a, he querido que la liturgia estuviera dedicada a ella, Estrella del mar y Estrella de esperanza. &quot;<i>Ave maris stella, Dei Mater alma, atque semper virgo, felix caeli porta!<\/i>&quot;. Las palabras de este antiguo himno son un saludo que recuerda de alg&uacute;n modo el del &aacute;ngel en Nazaret. Todos los t&iacute;tulos marianos son como joyas y flores que han brotado del primer nombre con el que el mensajero celestial se dirigi&oacute; a la Virgen: &quot;Al&eacute;grate, llena de gracia&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 28). <\/p>\n<p>Lo hemos escuchado en el evangelio seg&uacute;n san Lucas, muy apropiado porque este santuario \u2014como lo atestigua la l&aacute;pida situada sobre la puerta central del atrio\u2014 est&aacute; dedicado a la Virgen sant&iacute;sima de la Anunciaci&oacute;n. Cuando Dios llam&oacute; a Mar&iacute;a &quot;llena de gracia&quot;, se encendi&oacute; para el g&eacute;nero humano la esperanza de salvaci&oacute;n: una hija de nuestro pueblo encontr&oacute; gracia a los ojos del Se&ntilde;or, que la escogi&oacute; para ser Madre del Redentor. En la sencillez de la casa de Mar&iacute;a, en una pobre aldea de Galilea, comenz&oacute; a realizarse la solemne profec&iacute;a de la salvaci&oacute;n: &quot;Pondr&eacute; enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: &eacute;l te pisar&aacute; la cabeza mientras t&uacute; acechas su calca&ntilde;ar&quot; (<i>Gn<\/i> 3, 15). <\/p>\n<p>Por eso, el pueblo cristiano ha hecho suyo el c&aacute;ntico de alabanza que los jud&iacute;os elevaron a Judit y que nosotros acabamos de rezar como salmo responsorial: &quot;&iexcl;Bendita seas, hija del Dios Alt&iacute;simo, m&aacute;s que todas las mujeres de la tierra!&quot; (<i>Jdt<\/i> 13, 18). Sin violencia, pero con la d&oacute;cil valent&iacute;a de su &quot;s&iacute;&quot;, la Virgen nos ha librado no de un enemigo terreno, sino del antiguo adversario, dando un cuerpo humano a Aquel que le aplastar&iacute;a la cabeza una vez para siempre. <\/p>\n<p>Precisamente por eso, en el mar de la vida y de la historia, Mar&iacute;a resplandece como Estrella de esperanza. No brilla con luz propia, sino que refleja la de Cristo, Sol que apareci&oacute; en el horizonte de la humanidad; de este modo, siguiendo la Estrella de Mar&iacute;a, podemos orientarnos durante el viaje y mantener la ruta hacia Cristo, especialmente en los momentos oscuros y tempestuosos. <\/p>\n<p>El ap&oacute;stol Pedro conoci&oacute; bien esta experiencia, pues la vivi&oacute; personalmente. Una noche, mientras con los dem&aacute;s disc&iacute;pulos estaba atravesando el lago de Galilea, se vio sorprendido por una tempestad. Su barca, a merced de las olas, ya no lograba avanzar. Jes&uacute;s se acerc&oacute; en ese momento caminando sobre las aguas, e invit&oacute; a Pedro a bajar de la barca y a caminar hacia &eacute;l. Pedro dio algunos pasos entre las olas, pero luego comenz&oacute; a hundirse y entonces grit&oacute;: &quot;Se&ntilde;or, &iexcl;s&aacute;lvame!&quot; (cf. <i>Mt<\/i> 14, 24-33). <\/p>\n<p>Este episodio fue un signo de la prueba que Pedro deb&iacute;a afrontar en el momento de la pasi&oacute;n de Jes&uacute;s. Cuando el Se&ntilde;or fue arrestado, tuvo miedo y lo neg&oacute; tres veces. Fue vencido por la tempestad. Pero cuando su mirada se cruz&oacute; con la de Cristo, la misericordia de Dios lo volvi&oacute; a asir y, haci&eacute;ndole derramar l&aacute;grimas, lo levant&oacute; de su ca&iacute;da. <\/p>\n<p>He querido evocar la historia de san Pedro, porque s&eacute; que este lugar y toda vuestra Iglesia est&aacute;n particularmente vinculados al Pr&iacute;ncipe de los Ap&oacute;stoles. Como record&oacute; al inicio el obispo, seg&uacute;n la tradici&oacute;n, a &eacute;l se remonta el primer anuncio del Evangelio en esta tierra. El Pescador, &quot;pescado&quot; por Jes&uacute;s, ech&oacute; las redes tambi&eacute;n aqu&iacute;, y nosotros hoy damos gracias por haber sido objeto de esta &quot;pesca milagrosa&quot;, que dura ya dos mil a&ntilde;os, una pesca que, como escribe precisamente san Pedro, &quot;nos ha llamado de las tinieblas a su admirable luz (de Dios)&quot; (<i>1 P<\/i> 2, 9). <\/p>\n<p>Para convertirse en pescadores con Cristo es necesario antes ser &quot;pescados&quot; por &eacute;l. San Pedro es testigo de esta realidad, al igual que san Pablo, gran convertido, de cuyo nacimiento dentro de pocos d&iacute;as inauguraremos el bimilenario. Como Sucesor de san Pedro y obispo de la Iglesia fundada sobre la sangre de estos dos eminentes Ap&oacute;stoles, he venido a confirmaros en la fe en Jesucristo, &uacute;nico Salvador del hombre y del mundo. <\/p>\n<p>La fe de san Pedro y la fe de Mar&iacute;a se unen en este santuario. Aqu&iacute; se puede constatar el doble principio de la experiencia cristiana: el mariano y el petrino. Ambos, juntos, os ayudar&aacute;n, queridos hermanos y hermanas, a &quot;recomenzar desde Cristo&quot;, a renovar vuestra fe, para que responda a las exigencias de nuestro tiempo. Mar&iacute;a os ense&ntilde;a a permanecer siempre a la escucha del Se&ntilde;or en el silencio de la oraci&oacute;n, a acoger con disponibilidad generosa su palabra con el profundo deseo de entregaros vosotros mismos a Dios, de entregarle vuestra vida concreta, para que su Verbo eterno, con la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo, pueda &quot;encarnarse&quot; tambi&eacute;n hoy en nuestra historia. <\/p>\n<p>Mar&iacute;a os ayudar&aacute; a seguir a Jes&uacute;s con fidelidad, a uniros a &eacute;l en la ofrenda del sacrificio, a llevar en el coraz&oacute;n la alegr&iacute;a de su resurrecci&oacute;n y a vivir con constante docilidad al Esp&iacute;ritu de Pentecost&eacute;s. De modo complementario, tambi&eacute;n san Pedro os ense&ntilde;ar&aacute; a sentir y a creer con la Iglesia, firmes en la fe cat&oacute;lica; os llevar&aacute; a gustar y sentir celo por la unidad, por la comuni&oacute;n; a tener la alegr&iacute;a de caminar juntamente con los pastores; y, al mismo tiempo, os comunicar&aacute; el anhelo de la misi&oacute;n, de compartir el Evangelio con todos, de hacer que llegue hasta los &uacute;ltimos confines de la tierra. <\/p>\n<p>&quot;<i>De finibus terrae<\/i>&quot;: el nombre de este lugar santo es muy hermoso y sugestivo, porque evoca una de las &uacute;ltimas palabras de Jes&uacute;s a sus disc&iacute;pulos. Situado entre Europa y el Mediterr&aacute;neo, entre Occidente y Oriente, nos recuerda que la Iglesia no tiene confines, es universal. Y los confines geogr&aacute;ficos, culturales y &eacute;tnicos, como tambi&eacute;n los confines religiosos, son para la Iglesia una invitaci&oacute;n a la evangelizaci&oacute;n en la perspectiva de la &quot;comuni&oacute;n de las diversidades&quot;. <\/p>\n<p>La Iglesia naci&oacute; en Pentecost&eacute;s; naci&oacute; universal; y su vocaci&oacute;n es hablar todas las lenguas del mundo. Seg&uacute;n la vocaci&oacute;n y misi&oacute;n originaria revelada a Abraham, la Iglesia existe para ser una bendici&oacute;n en beneficio de todos los pueblos de la tierra (cf. <i>Gn<\/i> 12, 1-3); para ser, como dice el concilio ecum&eacute;nico Vaticano II, signo e instrumento de unidad para todo el g&eacute;nero humano (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 1). <\/p>\n<p>La Iglesia que est&aacute; en Puglia posee una marcada vocaci&oacute;n a ser puente entre pueblos y culturas. En efecto, esta tierra y este santuario son una &quot;avanzada&quot; en esa direcci&oacute;n, y me ha alegrado mucho constatar, tanto en la carta de vuestro obispo como tambi&eacute;n hoy en sus palabras, cu&aacute;n viva es entre vosotros esta sensibilidad y c&oacute;mo la sent&iacute;s de modo positivo, con genuino esp&iacute;ritu evang&eacute;lico. <\/p>\n<p>Queridos amigos, sabemos bien, porque el Se&ntilde;or Jes&uacute;s fue muy claro al respecto, que la eficacia del testimonio depende de la intensidad del amor. De nada vale proyectarse hasta los confines de la tierra si antes no nos amamos y ayudamos los unos a los otros en el seno de la comunidad cristiana. Por eso, la exhortaci&oacute;n del ap&oacute;stol san Pablo, que hemos escuchado en la segunda lectura (cf. <i>Col<\/i> 3, 12-17), es fundamental no s&oacute;lo para vuestra vida de familia eclesial, sino tambi&eacute;n para vuestro compromiso de animaci&oacute;n de la realidad social. <\/p>\n<p>Efectivamente, en un contexto que tiende a fomentar cada vez m&aacute;s el individualismo, el primer servicio de la Iglesia consiste en educar en el sentido social, en la atenci&oacute;n al pr&oacute;jimo, en la solidaridad, impulsando a compartir. La Iglesia, dotada como est&aacute; por su Se&ntilde;or de una carga espiritual que se renueva continuamente, puede ejercer un influjo positivo tambi&eacute;n en el &aacute;mbito social, porque promueve una humanidad renovada y relaciones abiertas y constructivas, respetando y sirviendo en primer lugar a los &uacute;ltimos y a los m&aacute;s d&eacute;biles.<\/p>\n<p>Aqu&iacute;, en Salento, como en todo el sur de Italia, las comunidades eclesiales son lugares donde las generaciones j&oacute;venes pueden aprender la esperanza, no como utop&iacute;a, sino como confianza tenaz en la fuerza del bien. El bien vence y, aunque a veces puede parecer derrotado por el atropello y la astucia, en realidad sigue actuando en el silencio y en la discreci&oacute;n, dando frutos a largo plazo.<\/p>\n<p>Esta es la renovaci&oacute;n social cristiana, basada en la transformaci&oacute;n de las conciencias, en la formaci&oacute;n moral, en la oraci&oacute;n; s&iacute;, porque la oraci&oacute;n da fuerza para creer y luchar por el bien, incluso cuando humanamente se siente la tentaci&oacute;n del desaliento y de dar marcha atr&aacute;s. Las iniciativas que el obispo cit&oacute; al inicio \u2014la de las religiosas Marcelinas y la de los padres Trinitarios\u2014, y las dem&aacute;s que est&aacute;is llevando a cabo en vuestro territorio, son signos elocuentes de este estilo t&iacute;picamente eclesial de promoci&oacute;n humana y social. <\/p>\n<p>Al mismo tiempo, aprovechando la ocasi&oacute;n de la presencia de las autoridades civiles, me complace recordar que la comunidad cristiana no puede y no quiere nunca suplantar las leg&iacute;timas y necesarias competencias de las instituciones; m&aacute;s a&uacute;n, las estimula y las sostiene en sus tareas, y se propone siempre colaborar con ellas para el bien de todos, comenzando por las situaciones m&aacute;s problem&aacute;ticas y dif&iacute;ciles. <\/p>\n<p>Por &uacute;ltimo, mi pensamiento vuelve a la Virgen sant&iacute;sima. Desde este santuario de Santa Mar&iacute;a <i>de finibus terrae<\/i> deseo dirigirme en peregrinaci&oacute;n espiritual a los diversos santuarios marianos de Salento, aut&eacute;nticas joyas engarzadas en esta pen&iacute;nsula lanzada como un puente sobre el mar. La piedad mariana de las poblaciones se form&oacute; bajo el admirable influjo de la devoci&oacute;n basiliana a la <i> Theot&oacute;kos, <\/i>una devoci&oacute;n cultivada despu&eacute;s por los hijos de san Benito, de santo Domingo, de san Francisco, y expresada en hermos&iacute;simas iglesias y sencillas ermitas, que es preciso cuidar y conservar como signo de la rica herencia religiosa y civil de vuestro pueblo. <\/p>\n<p>As&iacute; pues, nos dirigimos una vez m&aacute;s a ti, Virgen Mar&iacute;a, que permaneciste intr&eacute;pida al pie de la cruz de tu Hijo. T&uacute; eres modelo de fe y de esperanza en la fuerza de la verdad y del bien. Con palabras del antiguo himno, te invocamos: &quot;Rompe los lazos de los oprimidos, devuelve la luz a los ciegos, aleja de nosotros todo mal, pide para nosotros todo bien&quot;. Y, ensanchando la mirada al horizonte donde el cielo y el mar se unen, queremos encomendarte a los pueblos que se asoman al Mediterr&aacute;neo y a los del mundo entero, invocando para todos desarrollo y paz: &quot;Danos d&iacute;as de paz, vela sobre nuestro camino, haz que veamos a tu Hijo, llenos de alegr&iacute;a en el cielo&quot;. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\"> <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A SANTA MAR&Iacute;A DE LEUCA Y BRINDISI MISA EN EL SANTUARIO DE SANTA MAR&Iacute;A &quot;DE FINIBUS TERRAE&quot; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Santa Mar&iacute;a de Leuca S&aacute;bado 14 de junio de 2008 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Mi visita a Puglia \u2014la segunda, despu&eacute;s del Congreso eucar&iacute;stico de Bari\u2014 comienza como peregrinaci&oacute;n &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-junio-de-2008-celebracion-eucaristica-en-la-plaza-del-santuario-de-santa-maria-de-leuca\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab14 de junio de 2008: Celebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en la plaza del Santuario de Santa Mar\u00eda de Leuca\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40837","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40837","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40837"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40837\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40837"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40837"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40837"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}