{"id":40839,"date":"2016-10-06T15:01:02","date_gmt":"2016-10-06T20:01:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-mayo-de-2008-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-santa-misa-y-procesion-eucaristica\/"},"modified":"2016-10-06T15:01:02","modified_gmt":"2016-10-06T20:01:02","slug":"22-de-mayo-de-2008-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-santa-misa-y-procesion-eucaristica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-mayo-de-2008-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-santa-misa-y-procesion-eucaristica\/","title":{"rendered":"22 de mayo de 2008: Solemnidad del Sant\u00edsimo Cuerpo y Sangre de Cristo &#8211; Santa Misa y procesi\u00f3n eucar\u00edstica"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA Y PROCESI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA <br \/> A LA BAS&Iacute;LICA DE SANTA MAR&Iacute;A LA MAYOR<br \/> EN LA SOLEMNIDAD DEL SANT&Iacute;SIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO<\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b> <\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Atrio de la Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n<br \/> Jueves 22 de mayo de 2008 <\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; <\/i> <\/p>\n<p>Despu&eacute;s del tiempo fuerte del a&ntilde;o lit&uacute;rgico, que, centr&aacute;ndose en la Pascua se prolonga durante tres meses \u2014primero los cuarenta d&iacute;as de la Cuaresma y luego los cincuenta d&iacute;as del Tiempo pascual\u2014, la liturgia nos hace celebrar tres fiestas que tienen un car&aacute;cter &quot;sint&eacute;tico&quot;:&nbsp; la Sant&iacute;sima Trinidad, el <i>Corpus Christi <\/i>y, por &uacute;ltimo, el Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s. <\/p>\n<p>&iquest;Cu&aacute;l es el significado espec&iacute;fico de la solemnidad de hoy, del Cuerpo y la Sangre de Cristo? Nos lo manifiesta la celebraci&oacute;n misma que estamos realizando, con el desarrollo de sus gestos fundamentales:&nbsp; ante todo, nos hemos <i>reunido <\/i>alrededor del altar del Se&ntilde;or para <i>estar juntos en su presencia<\/i>; luego, tendr&aacute; lugar la procesi&oacute;n, es decir, <i>caminar con el Se&ntilde;or<\/i>; y, por &uacute;ltimo, <i>arrodillarse ante el Se&ntilde;or, <\/i>la adoraci&oacute;n, que comienza ya en la misa y acompa&ntilde;a toda la procesi&oacute;n, pero que culmina en el momento final de la bendici&oacute;n eucar&iacute;stica, cuando todos nos postremos ante Aquel que se inclin&oacute; hasta nosotros y dio la vida por nosotros. Reflexionemos brevemente sobre estas tres actitudes para que sean realmente expresi&oacute;n de nuestra fe y de nuestra vida. <\/p>\n<p>As&iacute; pues, el primer acto es el de <i>reunirse <\/i>en la presencia del Se&ntilde;or. Es lo que antiguamente se llamaba &quot;<i>statio<\/i>&quot;. Imaginemos por un momento que en toda Roma s&oacute;lo existiera este altar, y que se invitara a todos los cristianos de la ciudad a reunirse aqu&iacute; para celebrar al Salvador, muerto y resucitado. Esto nos permite hacernos una idea de los or&iacute;genes de la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, en Roma y en otras muchas ciudades a las que llegaba el mensaje evang&eacute;lico:&nbsp; en cada Iglesia particular hab&iacute;a un solo obispo y en torno a &eacute;l, en torno a la Eucarist&iacute;a celebrada por &eacute;l, se constitu&iacute;a la comunidad, &uacute;nica, pues era uno solo el C&aacute;liz bendecido y era uno solo el Pan partido, como hemos escuchado en las palabras del ap&oacute;stol san Pablo en la segunda lectura (cf. <i>1 Co<\/i> 10, 16-17). <\/p>\n<p>Viene a la mente otra famosa expresi&oacute;n de san Pablo:&nbsp; &quot;Ya no hay jud&iacute;o ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jes&uacute;s&quot; (<i>Ga<\/i> 3, 28). &quot;Todos vosotros sois uno&quot;. En estas palabras se percibe la verdad y la fuerza de la revoluci&oacute;n cristiana, la revoluci&oacute;n m&aacute;s profunda de la historia humana, que se experimenta precisamente alrededor de la Eucarist&iacute;a:&nbsp; aqu&iacute; se re&uacute;nen, en la presencia del Se&ntilde;or, personas de edad, sexo, condici&oacute;n &nbsp;social e ideas pol&iacute;ticas diferentes. <\/p>\n<p>La Eucarist&iacute;a no puede ser nunca un hecho privado, reservado a personas escogidas seg&uacute;n afinidades o amistad. La Eucarist&iacute;a es un culto p&uacute;blico, que no tiene nada de esot&eacute;rico, de exclusivo. Nosotros, esta tarde, no hemos elegido con qui&eacute;n quer&iacute;amos reunirnos; hemos venido y nos encontramos unos junto a otros, unidos por la fe y llamados a convertirnos en un &uacute;nico cuerpo, compartiendo el &uacute;nico Pan que es Cristo. Estamos unidos m&aacute;s all&aacute; de nuestras diferencias de nacionalidad, de profesi&oacute;n, de clase social, de ideas pol&iacute;ticas:&nbsp; nos abrimos los unos a los otros para convertirnos en una sola cosa a partir de &eacute;l. Esta ha sido, desde los inicios, la caracter&iacute;stica del cristianismo, realizada visiblemente alrededor de la Eucarist&iacute;a, y es necesario velar siempre para que las tentaciones del particularismo, aunque sea de buena fe, no vayan de hecho en sentido opuesto. Por tanto, el <i>Corpus Christi <\/i>ante todo nos recuerda que ser cristianos &nbsp;quiere decir reunirse desde todas &nbsp;las &nbsp;partes para estar en la presencia del &nbsp;&uacute;nico Se&ntilde;or y ser uno en &eacute;l y con &eacute;l. <\/p>\n<p>El segundo aspecto constitutivo es <i>caminar con el Se&ntilde;or<\/i>. Es la realidad manifestada por la procesi&oacute;n, que viviremos juntos despu&eacute;s de la santa misa, como &nbsp;su &nbsp;prolongaci&oacute;n natural, avanzando tras Aquel que es el Camino. Con el don de s&iacute; mismo en la Eucarist&iacute;a, el Se&ntilde;or Jes&uacute;s nos libra de nuestras &quot;par&aacute;lisis&quot;, nos levanta y nos hace &quot;<i>pro-cedere<\/i>&quot;, es &nbsp;decir, &nbsp;nos hace dar un paso adelante, y luego otro, y de este modo nos pone en camino, con la fuerza de este &nbsp;Pan &nbsp;de &nbsp;la vida. Como le sucedi&oacute; al profeta &nbsp;El&iacute;as, &nbsp;que &nbsp;se hab&iacute;a refugiado en el desierto por miedo a sus enemigos, y hab&iacute;a decidido dejarse morir (cf. <i>1 R<\/i> 19, 1-4). Pero Dios lo despert&oacute; y le puso a su lado una torta reci&eacute;n cocida:&nbsp; &quot;Lev&aacute;ntate y come \u2014le dijo\u2014, porque el camino es demasiado largo para ti&quot; (<i>1 R<\/i> 19, 5.&nbsp;7). <\/p>\n<p>La procesi&oacute;n del <i>Corpus Christi <\/i>nos ense&ntilde;a que la Eucarist&iacute;a nos quiere librar de todo abatimiento y desconsuelo, quiere volver a levantarnos para que podamos reanudar el camino con la fuerza que Dios nos da mediante Jesucristo. Es la experiencia del pueblo de Israel en el &eacute;xodo de Egipto, la larga peregrinaci&oacute;n a trav&eacute;s del desierto, de la que nos ha hablado la primera lectura. Una experiencia que para Israel es constitutiva, pero que resulta ejemplar para toda la humanidad. <\/p>\n<p>De hecho, la expresi&oacute;n &quot;no s&oacute;lo de pan vive el hombre, sino que el hombre vive de todo lo que sale de la boca del Se&ntilde;or&quot; (<i>Dt<\/i> 8, 3) es una afirmaci&oacute;n universal, que se refiere a todo hombre en cuanto hombre. Cada uno puede hallar su propio camino, si se encuentra con Aquel que es Palabra y Pan de vida, y se deja guiar por su amigable presencia. Sin el Dios-con-nosotros, el Dios cercano, &iquest;c&oacute;mo podemos afrontar la peregrinaci&oacute;n de la existencia, ya sea individualmente ya sea como sociedad y familia de los pueblos? <\/p>\n<p>La Eucarist&iacute;a es el sacramento del Dios que no nos deja solos en el camino, sino que nos acompa&ntilde;a y nos indica la direcci&oacute;n. En efecto, no basta avanzar; es necesario ver hacia d&oacute;nde vamos. No basta el &quot;progreso&quot;, si no hay criterios de referencia. M&aacute;s a&uacute;n, si nos salimos del camino, corremos el riesgo de caer en un precipicio, o de alejarnos m&aacute;s r&aacute;pidamente de la meta. Dios nos ha creado libres, pero no nos ha dejado solos:&nbsp; se ha hecho &eacute;l mismo &quot;camino&quot; y ha venido a caminar juntamente con nosotros a fin de que nuestra libertad tenga el criterio para discernir la senda correcta y recorrerla. <\/p>\n<p>Al llegar a este punto, no se puede menos de pensar en el inicio del &quot;Dec&aacute;logo&quot;, los diez mandamientos, donde est&aacute; escrito:&nbsp; &quot;Yo, el Se&ntilde;or, soy tu Dios, que te he sacado del pa&iacute;s de Egipto, de la casa de servidumbre. No habr&aacute; para ti otros dioses delante&nbsp;de m&iacute;&quot; (<i>Ex<\/i> 20, 2-3). Aqu&iacute; encontramos el tercer elemento constitutivo del <i>Corpus Christi<\/i>:&nbsp; arrodillarse en adoraci&oacute;n ante el Se&ntilde;or. Adorar al Dios de Jesucristo, que se hizo pan partido por amor, es el remedio m&aacute;s v&aacute;lido y radical contra las idolatr&iacute;as de ayer y hoy. Arrodillarse ante la Eucarist&iacute;a es una profesi&oacute;n de libertad:&nbsp; quien se inclina ante Jes&uacute;s no puede y no debe postrarse ante ning&uacute;n poder terreno, por m&aacute;s fuerte que sea. Los cristianos s&oacute;lo nos arrodillamos ante Dios, ante el Sant&iacute;simo Sacramento, porque sabemos y creemos que en &eacute;l est&aacute; presente el &uacute;nico Dios verdadero, que ha creado el mundo y lo ha amado hasta el punto de entregar a su Hijo &uacute;nico (cf. <i>Jn<\/i> 3, 16). <\/p>\n<p>Nos postramos ante Dios que primero se ha inclinado hacia el hombre, como buen Samaritano, para socorrerlo y devolverle la vida, y se ha arrodillado ante nosotros para lavar nuestros pies sucios. Adorar el Cuerpo de Cristo quiere decir creer que all&iacute;, en ese pedazo de pan, se encuentra realmente Cristo, el cual da verdaderamente sentido a la vida, al inmenso universo y a la criatura m&aacute;s peque&ntilde;a, a toda la historia humana y a la existencia m&aacute;s breve. La adoraci&oacute;n es oraci&oacute;n que prolonga la celebraci&oacute;n y la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica; en ella el alma sigue aliment&aacute;ndose:&nbsp; se alimenta de amor, de verdad, de paz; se alimenta de esperanza, pues Aquel ante el cual nos postramos no nos juzga, no nos aplasta, sino que nos libera y nos transforma. <\/p>\n<p>Por eso, reunirnos, caminar, adorar, nos llena de alegr&iacute;a. Haciendo nuestra la actitud de adoraci&oacute;n de Mar&iacute;a, a la que recordamos de modo especial en este mes de mayo, oramos por nosotros y por todos; oramos por todas las personas que viven en esta ciudad, para que te conozcan a ti, Padre, y al que enviaste, Jesucristo, a fin de tener as&iacute; la vida en abundancia. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA Y PROCESI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA A LA BAS&Iacute;LICA DE SANTA MAR&Iacute;A LA MAYOR EN LA SOLEMNIDAD DEL SANT&Iacute;SIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Atrio de la Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n Jueves 22 de mayo de 2008 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; Despu&eacute;s del tiempo fuerte del a&ntilde;o &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-mayo-de-2008-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-santa-misa-y-procesion-eucaristica\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab22 de mayo de 2008: Solemnidad del Sant\u00edsimo Cuerpo y Sangre de Cristo &#8211; Santa Misa y procesi\u00f3n eucar\u00edstica\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40839","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40839","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40839"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40839\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40839"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40839"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40839"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}