{"id":40840,"date":"2016-10-06T15:01:03","date_gmt":"2016-10-06T20:01:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-mayo-de-2008-concelebracion-eucaristica-en-la-plaza-del-popolo-de-savona\/"},"modified":"2016-10-06T15:01:03","modified_gmt":"2016-10-06T20:01:03","slug":"17-de-mayo-de-2008-concelebracion-eucaristica-en-la-plaza-del-popolo-de-savona","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-mayo-de-2008-concelebracion-eucaristica-en-la-plaza-del-popolo-de-savona\/","title":{"rendered":"17 de mayo de 2008: Concelebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en la Plaza del Popolo  de Savona"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2008\/index_savona-genova.html\">VISITA PASTORAL A SAVONA Y G&Eacute;NOVA<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN LA PLAZA DEL PUEBLO DE SAVONA<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><i><font color=\"#663300\"><\/p>\n<p> S&aacute;bado 17 de mayo de 2008<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i><\/p>\n<p>Es una gran alegr&iacute;a para m&iacute; encontrarme en medio de vosotros y celebrar para vosotros la Eucarist&iacute;a, en la fiesta solemne de la Sant&iacute;sima Trinidad. Saludo con afecto a vuestro pastor, monse&ntilde;or Vittorio Lupi, al que agradezco las palabras con que, al inicio de la celebraci&oacute;n, me ha presentado a la comunidad diocesana, y a&uacute;n m&aacute;s, los sentimientos de caridad y de esperanza pastoral que ha manifestado. Agradezco tambi&eacute;n al se&ntilde;or alcalde el saludo cordial que me ha dirigido en nombre de toda la ciudad. Saludo a las autoridades civiles, a los sacerdotes, a los religiosos, a los di&aacute;conos y a los responsables de asociaciones, movimientos y comunidades eclesiales. A todos renuevo en Cristo mi augurio de gracia y de paz. <\/p>\n<p>En esta solemnidad, la liturgia nos invita a alabar a Dios no s&oacute;lo por una maravilla realizada por &eacute;l, sino sobre todo por c&oacute;mo es &eacute;l; por la belleza y la bondad de su ser, del que deriva su obrar. Se nos invita a contemplar, por decirlo as&iacute;, el Coraz&oacute;n de Dios, su realidad m&aacute;s profunda, que es la de ser Unidad en la Trinidad, suma y profunda comuni&oacute;n de amor y de vida. Toda la sagrada Escritura nos habla de &eacute;l. M&aacute;s a&uacute;n, es &eacute;l mismo quien nos habla de s&iacute; en las Escrituras y se revela como Creador del universo y Se&ntilde;or de la historia. <\/p>\n<p>Hoy hemos escuchado un pasaje del libro del &Eacute;xodo en el que \u2014algo del todo excepcional\u2014 Dios proclama incluso su propio nombre. Lo hace en presencia de Mois&eacute;s, con el que hablaba cara a cara, como con un amigo. &iquest;Y cu&aacute;l es este nombre de Dios? Es siempre conmovedor escucharlo: &quot;Se&ntilde;or, Se&ntilde;or, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en gracia y fidelidad&quot; (<i>Ex<\/i> 34, 6). Son palabras humanas, pero sugeridas y casi pronuncias por el Esp&iacute;ritu Santo. Nos dicen la verdad sobre Dios: eran verdaderas ayer, son verdaderas hoy y ser&aacute;n verdaderas siempre; nos permiten ver con los ojos de la mente el rostro del Invisible, nos dicen el nombre del Inefable. Este nombre es Misericordia, Gracia, Fidelidad. <\/p>\n<p>Queridos amigos, al encontrarme aqu&iacute;, en Savona, no puedo menos de alegrarme con vosotros por el hecho de que este es precisamente el nombre con el que se present&oacute; la Virgen Mar&iacute;a cuando se apareci&oacute;, el 18 de marzo de 1536, a un campesino, hijo de esta tierra. &quot;Virgen de la Misericordia&quot; es el t&iacute;tulo con el que se la venera \u2014desde hace algunos a&ntilde;os tambi&eacute;n tenemos una imagen suya en los jardines vaticanos\u2014. Pero Mar&iacute;a no hablaba de s&iacute; misma, nunca habla de s&iacute; misma, sino siempre de Dios, y lo hizo con este nombre tan antiguo y siempre nuevo: misericordia, que es sin&oacute;nimo de amor, de gracia. <\/p>\n<p>Aqu&iacute; radica toda la esencia del cristianismo, porque es la esencia de Dios mismo. Dios es Uno en cuanto que es todo y s&oacute;lo Amor, pero, precisamente por ser Amor es apertura, acogida, di&aacute;logo; y en su relaci&oacute;n con nosotros, hombres pecadores, es misericordia, compasi&oacute;n, gracia, perd&oacute;n. Dios ha creado todo para la existencia, y su voluntad es siempre y solamente vida. <\/p>\n<p>Para quien se encuentra en peligro, es salvaci&oacute;n. Acabamos de escucharlo en el evangelio de san Juan: &quot;Tanto am&oacute; Dios al mundo que le entreg&oacute; a su Hijo &uacute;nico, para que no perezca ninguno de los que creen en &eacute;l, sino que tengan vida eterna&quot; (<i>Jn<\/i> 3, 16). En este entregarse de Dios en la persona del Hijo act&uacute;a toda la Trinidad: el Padre, que pone a nuestra disposici&oacute;n lo que m&aacute;s ama; el Hijo que, de acuerdo con el Padre, se despoja de su gloria para entregarse a nosotros; y el Esp&iacute;ritu, que sale del sereno abrazo divino para inundar los desiertos de la humanidad. Para esta obra de su misericordia, Dios, disponi&eacute;ndose a tomar nuestra carne, quiso necesitar un &quot;s&iacute;&quot; humano, el &quot;s&iacute;&quot; de una mujer que se convirtiera en la Madre de su Verbo encarnado, Jes&uacute;s, el Rostro humano de la Misericordia divina. As&iacute;, Mar&iacute;a lleg&oacute; a ser, y es para siempre, la &quot;Madre de la Misericordia&quot;, como se dio a conocer tambi&eacute;n aqu&iacute;, en Savona. <\/p>\n<p>A lo largo de la historia de la Iglesia, la Virgen Mar&iacute;a no ha hecho m&aacute;s que invitar a sus hijos a volver a Dios, a encomendarse a &eacute;l en la oraci&oacute;n, a llamar con insistencia confiada a la puerta de su Coraz&oacute;n misericordioso. En verdad, &eacute;l no desea sino derramar en el mundo la sobreabundancia de su gracia. &quot;Misericordia y no justicia&quot;, implor&oacute; Mar&iacute;a, sabiendo que su Hijo Jes&uacute;s ciertamente la escuchar&iacute;a, pero de igual modo consciente de la necesidad de conversi&oacute;n del coraz&oacute;n de los pecadores. Por eso, invit&oacute; a la oraci&oacute;n y a la penitencia. <\/p>\n<p>Por tanto, mi visita a Savona, en el d&iacute;a de la Sant&iacute;sima Trinidad, es ante todo una peregrinaci&oacute;n, mediante Mar&iacute;a, a los manantiales de la fe, de la esperanza y del amor. Una peregrinaci&oacute;n que es tambi&eacute;n memoria y homenaje a mi venerado predecesor P&iacute;o VII, cuya dram&aacute;tica historia est&aacute; indisolublemente unida a esta ciudad y a su santuario mariano. A distancia de dos siglos, vengo a renovar la expresi&oacute;n de la gratitud de la Santa Sede y de toda la Iglesia por la fe, el amor y la valent&iacute;a con que vuestros conciudadanos sostuvieron al Papa en la residencia forzada que le impuso Napole&oacute;n Bonaparte en esta ciudad. Se conservan numerosos testimonios de las muestras de solidaridad dadas al Pont&iacute;fice por los savoneses, a veces incluso corriendo riesgos personales. Son acontecimientos que hoy los savoneses pueden recordar con sano orgullo. <\/p>\n<p>Como ha observado con raz&oacute;n vuestro obispo, aquella p&aacute;gina oscura de la historia de Europa ha llegado a ser, por la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo, rica en gracias y ense&ntilde;anzas, tambi&eacute;n para nuestros d&iacute;as. Nos ense&ntilde;a la valent&iacute;a para afrontar los desaf&iacute;os del mundo: el materialismo, el relativismo, el laicismo, sin ceder jam&aacute;s a componendas, dispuestos a pagar personalmente con tal de permanecer fieles al Se&ntilde;or y a su Iglesia. <\/p>\n<p>El ejemplo de serena firmeza que dio el Papa P&iacute;o VII nos invita a conservar inalterada en las pruebas la confianza en Dios, conscientes de que &eacute;l, aunque permita que su Iglesia pase por momentos dif&iacute;ciles, no la abandona jam&aacute;s. Las vicisitudes que vivi&oacute; ese gran Pont&iacute;fice en vuestra tierra nos invitan a confiar siempre en la intercesi&oacute;n y en la asistencia materna de Mar&iacute;a sant&iacute;sima. <\/p>\n<p>La aparici&oacute;n de la Virgen, en un momento tr&aacute;gico de la historia de Savona, y la experiencia tremenda que afront&oacute; aqu&iacute; el Sucesor de Pedro, concurren a transmitir a las generaciones cristianas de nuestro tiempo un mensaje de esperanza, nos animan a tener confianza en los instrumentos de la gracia que el Se&ntilde;or pone a nuestra disposici&oacute;n en cada situaci&oacute;n. Y, entre estos medios de salvaci&oacute;n, quiero recordar ante todo la oraci&oacute;n: la oraci&oacute;n personal, familiar y comunitaria. <\/p>\n<p>En esta fiesta de la Trinidad deseo subrayar la dimensi&oacute;n de alabanza, de contemplaci&oacute;n, de adoraci&oacute;n. Pienso en las familias j&oacute;venes, y quiero invitarlas a no tener miedo de experimentar, desde los primeros a&ntilde;os de matrimonio, un estilo sencillo de oraci&oacute;n dom&eacute;stica, favorecido por la presencia de ni&ntilde;os peque&ntilde;os, muy predispuestos a dirigirse espont&aacute;neamente al Se&ntilde;or y a la Virgen. Exhorto a las parroquias y a las asociaciones a dedicar tiempo y espacio a la oraci&oacute;n, porque las actividades son pastoralmente est&eacute;riles si no est&aacute;n precedidas, acompa&ntilde;adas y sostenidas constantemente por la oraci&oacute;n. <\/p>\n<p>&iquest;Y qu&eacute; decir de la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, especialmente de la misa dominical? El d&iacute;a del Se&ntilde;or ocupa con raz&oacute;n el centro de la atenci&oacute;n pastoral de los obispos italianos: es preciso redescubrir la ra&iacute;z cristiana del domingo, a partir de la celebraci&oacute;n del Se&ntilde;or resucitado, encontrado en la palabra de Dios y reconocido en la fracci&oacute;n del Pan eucar&iacute;stico. Y luego tambi&eacute;n se ha de revalorizar el sacramento de la Reconciliaci&oacute;n como medio fundamental para el crecimiento espiritual y para poder afrontar con fuerza y valent&iacute;a los desaf&iacute;os actuales. <\/p>\n<p>Junto con la oraci&oacute;n y los sacramentos, otros instrumentos inseparables de crecimiento son las obras de caridad, que se han de practicar con fe viva. Sobre este aspecto de la vida cristiana quise reflexionar tambi&eacute;n en la enc&iacute;clica <i> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html\">Deus caritas est<\/a>. <\/i>En el mundo moderno, que a menudo hace de la belleza y de la eficiencia f&iacute;sica un ideal que se ha de perseguir de cualquier modo, como cristianos estamos llamados a encontrar el rostro de Jesucristo, &quot;el m&aacute;s hermoso de los hijos de Ad&aacute;n&quot; (<i>Sal<\/i> 45, 3), precisamente en las personas que sufren y en las marginadas. Por desagracia, hoy son numerosas las emergencias morales y materiales que nos preocupan. A este prop&oacute;sito, aprovecho de buen grado esta ocasi&oacute;n para dirigir un saludo a los detenidos y al personal del centro penitenciario &quot;San Agust&iacute;n&quot; de Savona, que viven desde hace tiempo una situaci&oacute;n particularmente dif&iacute;cil. Tambi&eacute;n saludo con afecto a los enfermos que est&aacute;n en el hospital, en las cl&iacute;nicas o en sus domicilios particulares. <\/p>\n<p>Deseo dirigiros unas palabras en particular a vosotros, queridos sacerdotes, para expresaros mi aprecio por vuestro trabajo silencioso y por la ardua fidelidad con que lo llev&aacute;is a cabo. Queridos hermanos en Cristo, creed siempre en la eficacia de vuestro servicio sacerdotal diario. Es muy valioso a los ojos de Dios y de los fieles; su valor no puede cuantificarse en cifras y estad&iacute;sticas: s&oacute;lo conoceremos sus resultados en el Para&iacute;so. Muchos de vosotros sois de edad avanzada: esto me hace pensar en aquel estupendo pasaje del profeta Isa&iacute;as, que dice: &quot;Los j&oacute;venes se cansan, se fatigan; los adultos tropiezan y vacilan; mientras que a los que esperan en el Se&ntilde;or &eacute;l les renovar&aacute; el vigor; subir&aacute;n con alas como de &aacute;guilas; correr&aacute;n sin fatigarse y andar&aacute;n sin cansarse&quot; (<i>Is<\/i> 40, 30-31). <\/p>\n<p>Junto con los di&aacute;conos que est&aacute;n al servicio de la di&oacute;cesis, vivid la comuni&oacute;n con el obispo y entre vosotros, manifest&aacute;ndola mediante una colaboraci&oacute;n activa, el apoyo rec&iacute;proco y una coordinaci&oacute;n pastoral com&uacute;n. Dad testimonio valiente y gozoso de vuestro servicio. Id en busca de la gente, como hac&iacute;a el Se&ntilde;or Jes&uacute;s: en la visita a las familias, en el contacto con los enfermos, en el di&aacute;logo con los j&oacute;venes, haci&eacute;ndoos presentes en todos los ambientes de trabajo y de vida. <\/p>\n<p>A vosotros, queridos religiosos y religiosas, adem&aacute;s de agradeceros vuestra presencia, os reafirmo que el mundo necesita vuestro testimonio y vuestra oraci&oacute;n. Vivid vuestra vocaci&oacute;n en la fidelidad diaria y haced de vuestra vida una ofrenda agradable a Dios: la Iglesia os est&aacute; agradecida y os alienta a perseverar en vuestro servicio. <\/p>\n<p>Naturalmente, quiero reservaros un saludo especial y afectuoso a vosotros, j&oacute;venes. Queridos amigos, poned vuestra juventud al servicio de Dios y de los hermanos. Seguir a Cristo implica siempre la audacia de ir contra corriente. Pero vale la pena: este es el camino de la verdadera realizaci&oacute;n personal y, por tanto, de la verdadera felicidad, pues con Cristo se experimenta que &quot;hay mayor felicidad en dar que en recibir&quot; (<i>Hch<\/i> 20, 35). Por eso, os animo a tomar en serio el ideal de la santidad. <\/p>\n<p>En una de sus obras, un famoso escritor franc&eacute;s nos ha dejado una frase que hoy quiero compartir con vosotros: &quot;Hay una sola tristeza: no ser santos&quot; (L&eacute;on Bloy, <i>La femme pauvre<\/i>, II, 27). Queridos j&oacute;venes, atreveos a comprometer vuestra vida en opciones valientes; naturalmente, no solos, sino con el Se&ntilde;or. Dad a esta ciudad el impulso y el entusiasmo que derivan de vuestra experiencia viva de fe, una experiencia que no mortifica las expectativas de la vida humana, sino que las exalta al participar en la misma experiencia de Cristo. <\/p>\n<p>Y esto vale tambi&eacute;n para los cristianos de m&aacute;s edad. A todos deseo que la fe en Dios uno y trino infunda en cada persona y en cada comunidad el fervor del amor y de la esperanza, la alegr&iacute;a de amarse entre hermanos y ponerse humildemente al servicio de los dem&aacute;s. Esta es la &quot;levadura&quot; que hace crecer a la humanidad, la luz que brilla en el mundo. <\/p>\n<p>Mar&iacute;a sant&iacute;sima, Madre de la Misericordia, juntamente con todos vuestros santos patronos, os ayude a encarnar en la vida diaria la exhortaci&oacute;n del Ap&oacute;stol que acabamos de escuchar. Con gran afecto la hago m&iacute;a: &quot;Alegraos; sed perfectos; animaos; tened un mismo sentir; vivid en paz, y el Dios de la caridad y de la paz estar&aacute; con vosotros&quot; (<i>2 Co<\/i> 13, 11). Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A SAVONA Y G&Eacute;NOVA CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN LA PLAZA DEL PUEBLO DE SAVONA HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI S&aacute;bado 17 de mayo de 2008 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Es una gran alegr&iacute;a para m&iacute; encontrarme en medio de vosotros y celebrar para vosotros la Eucarist&iacute;a, en la fiesta solemne de la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-mayo-de-2008-concelebracion-eucaristica-en-la-plaza-del-popolo-de-savona\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab17 de mayo de 2008: Concelebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en la Plaza del Popolo  de Savona\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40840","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40840","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40840"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40840\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40840"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40840"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40840"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}