{"id":40841,"date":"2016-10-06T15:01:04","date_gmt":"2016-10-06T20:01:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-mayo-de-2008-concelebracion-eucaristica-en-la-plaza-de-la-vittoria-de-genova\/"},"modified":"2016-10-06T15:01:04","modified_gmt":"2016-10-06T20:01:04","slug":"18-de-mayo-de-2008-concelebracion-eucaristica-en-la-plaza-de-la-vittoria-de-genova","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-mayo-de-2008-concelebracion-eucaristica-en-la-plaza-de-la-vittoria-de-genova\/","title":{"rendered":"18 de mayo de 2008: Concelebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en la Plaza de la Vittoria de G\u00e9nova"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2008\/index_savona-genova.html\">VISITA PASTORAL A SAVONA Y G&Eacute;NOVA<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN PLAZA DE LA VICTORIA DE G&Eacute;NOVA<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Solemnidad de la Sant&iacute;sima Trinidad<br \/> Dom<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\">ingo 18 de mayo de 2008<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; <\/i><\/p>\n<p>Al final de una intensa jornada pasada en vuestra ciudad, nos volvemos a congregar en torno al altar para celebrar la Eucarist&iacute;a, en la solemnidad de la Sant&iacute;sima Trinidad. Desde esta c&eacute;ntrica plaza de la Victoria, en la que nos hemos reunido para nuestra acci&oacute;n coral de alabanza y acci&oacute;n de gracias a Dios, con la que se concluye mi visita pastoral, env&iacute;o mi m&aacute;s cordial saludo a toda la comunidad civil y eclesial de G&eacute;nova. <\/p>\n<p>Saludo con afecto, en primer lugar, al arzobispo, cardenal Angelo Bagnasco, a quien agradezco la cortes&iacute;a con que me ha acogido y las cordiales palabras que me ha dirigido al inicio de la santa misa. Saludo, asimismo, al cardenal Tarcisio Bertone, mi secretario de Estado, que fue pastor de esta antigua y noble Iglesia, y le agradezco sinceramente su cercan&iacute;a espiritual y su valiosa colaboraci&oacute;n. Saludo tambi&eacute;n al obispo auxiliar, mons. Luigi Ernesto Palletti, a los obispos de Liguria y a los dem&aacute;s prelados. <\/p>\n<p>Dirijo un deferente saludo a las autoridades civiles, a las que expreso mi agradecimiento por su acogida y por el apoyo efectivo que han prestado a la preparaci&oacute;n y al desarrollo de esta peregrinaci&oacute;n apost&oacute;lica. En particular, saludo al ministro Claudio Scajola, en representaci&oacute;n del nuevo Gobierno, que precisamente en estos d&iacute;as ha asumido sus plenas funciones al servicio de la amada naci&oacute;n italiana. <\/p>\n<p>Saludo y expreso mi agradecimiento a los sacerdotes, a los religiosos y a las religiosas, a los di&aacute;conos, a los laicos comprometidos, a los seminaristas y a los j&oacute;venes. A todos vosotros, queridos hermanos y hermanas, dirijo un saludo afectuoso. Saludo tambi&eacute;n a quienes no han podido estar aqu&iacute; presentes, y de modo especial a los enfermos, a las personas solas y a quienes atraviesan dificultades. Encomiendo al Se&ntilde;or a la ciudad de G&eacute;nova y a todos sus habitantes en esta solemne concelebraci&oacute;n eucar&iacute;stica que, como todos los domingos, nos invita a participar de modo comunitario en la doble mesa:&nbsp; la de la Palabra de verdad y la del Pan de vida eterna. <\/p>\n<p>En la primera lectura (cf. <i>Ex<\/i> 34, 4-9) escuchamos un texto b&iacute;blico que nos presenta la revelaci&oacute;n del nombre de Dios. Es Dios mismo, el Eterno, el Invisible, quien lo proclama, pasando ante Mois&eacute;s en la nube, en el monte Sina&iacute;. Y su nombre es:&nbsp; &quot;El Se&ntilde;or, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en gracia y fidelidad&quot; (<i>Ex<\/i> 34, 6). San Juan, en el Nuevo Testamento, resume esta expresi&oacute;n en una sola palabra:&nbsp; &quot;Amor&quot; (<i>1 Jn<\/i> 4, 8.&nbsp;16). Lo atestigua tambi&eacute;n el pasaje evang&eacute;lico de hoy:&nbsp; &quot;Tanto am&oacute; Dios al mundo que le entreg&oacute; a su Hijo &uacute;nico&quot; (<i>Jn<\/i> 3, 16). <\/p>\n<p>As&iacute; pues, este nombre expresa claramente que el Dios de la Biblia no es una especie de <i>m&oacute;nada<\/i> encerrada en s&iacute; misma y satisfecha de su propia autosuficiencia, sino que es vida que quiere comunicarse, es apertura, relaci&oacute;n. Palabras como &quot;misericordioso&quot;, &quot;compasivo&quot;, &quot;rico en clemencia&quot;, nos hablan de una relaci&oacute;n, en particular de un Ser vital que se ofrece, que quiere colmar toda laguna, toda falta, que quiere dar y perdonar, que desea entablar un v&iacute;nculo firme y duradero. <\/p>\n<p>La sagrada Escritura no conoce otro Dios que el Dios de la alianza, el cual cre&oacute; el mundo para derramar su amor sobre todas las criaturas (cf. <i>Misal Romano<\/i>, plegaria eucar&iacute;stica IV), y se eligi&oacute; un pueblo para sellar con &eacute;l un pacto nupcial, a fin de que se convirtiera en una bendici&oacute;n para todas las naciones, convirtiendo as&iacute; a la humanidad entera en una gran familia (cf. <i>Gn<\/i> 12, 1-3; <i>Ex<\/i> 19, 3-6). Esta revelaci&oacute;n de Dios se deline&oacute; plenamente en el Nuevo Testamento, gracias a la palabra de Cristo. Jes&uacute;s nos manifest&oacute; el rostro de Dios, uno en esencia y trino en personas:&nbsp; Dios es Amor, Amor Padre, Amor Hijo y Amor Esp&iacute;ritu Santo. Y, precisamente en nombre de este Dios, el ap&oacute;stol san Pablo saluda a la comunidad de Corinto y nos saluda a todos nosotros:&nbsp; &quot;La gracia del Se&ntilde;or Jesucristo, el amor de Dios (Padre) y la comuni&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo est&eacute;n con todos vosotros&quot; (<i>2 Co<\/i> 13, 13). <\/p>\n<p>Por consiguiente, el contenido principal de estas lecturas se refiere a Dios. En efecto, la fiesta de hoy nos invita a contemplarlo a &eacute;l, el Se&ntilde;or; nos invita a subir, en cierto sentido, al &quot;monte&quot;, como hizo Mois&eacute;s. A primera vista esto parece alejarnos del mundo y de sus problemas, pero en realidad se descubre que precisamente conociendo a Dios m&aacute;s de cerca se reciben tambi&eacute;n las indicaciones fundamentales para nuestra vida:&nbsp; como sucedi&oacute; a Mois&eacute;s que, al subir al Sina&iacute; y permanecer en la presencia de Dios, recibi&oacute; la ley grabada en las tablas de piedra, en las que el pueblo encontr&oacute; una gu&iacute;a para seguir adelante, para encontrar la libertad y para formarse como pueblo en libertad y justicia. Del nombre de Dios depende nuestra historia; de la luz de su rostro depende nuestro camino. <\/p>\n<p>De esta realidad de Dios, que &eacute;l mismo nos ha dado a conocer revel&aacute;ndonos su &quot;nombre&quot;, es decir, su rostro, deriva una imagen determinada de hombre, a saber, el concepto de persona. Si Dios es unidad dialogal, ser en relaci&oacute;n, la criatura humana, hecha a su imagen y semejanza, refleja esa constituci&oacute;n. Por tanto, est&aacute; llamada a realizarse en el di&aacute;logo, en el coloquio, en el encuentro. Es un ser en relaci&oacute;n. <\/p>\n<p>En particular, Jes&uacute;s nos revel&oacute; que el hombre es esencialmente &quot;hijo&quot;, criatura que vive en relaci&oacute;n con Dios Padre, y, as&iacute;, en relaci&oacute;n con todos sus hermanos y hermanas. El hombre no se realiza en una autonom&iacute;a absoluta, creyendo err&oacute;neamente ser Dios, sino, al contrario, reconoci&eacute;ndose hijo, criatura abierta, orientada a Dios y a los hermanos, en cuyo rostro encuentra la imagen del Padre com&uacute;n. <\/p>\n<p>Se ve claramente que esta concepci&oacute;n de Dios y del hombre est&aacute; en la base de un modelo correspondiente de comunidad humana y, por tanto, de sociedad. Es un modelo anterior a cualquier reglamentaci&oacute;n normativa, jur&iacute;dica, institucional, e incluso anterior a las especificaciones culturales. Un modelo de humanidad como familia, transversal a todas las civilizaciones, que los cristianos expresamos afirmando que todos los hombres son hijos de Dios y, por consiguiente, todos son hermanos. Se trata de una verdad que desde el principio est&aacute; detr&aacute;s de nosotros y, al mismo tiempo, est&aacute; permanentemente delante de nosotros, como un proyecto al que siempre debemos tender en toda construcci&oacute;n social. <\/p>\n<p>El magisterio de la Iglesia, que se ha desarrollado precisamente a partir de esta visi&oacute;n de Dios y del hombre, es muy rico. Basta recorrer los cap&iacute;tulos m&aacute;s importantes de la doctrina social de la Iglesia, a la que han dado aportaciones sustanciales mis venerados predecesores, de modo especial en los &uacute;ltimos ciento veinte a&ntilde;os, haci&eacute;ndose int&eacute;rpretes autorizados y gu&iacute;as del movimiento social de inspiraci&oacute;n cristiana. <\/p>\n<p>Aqu&iacute; quiero mencionar s&oacute;lo la reciente <i>Nota pastoral <\/i>del Episcopado italiano &quot;Regenerados para una esperanza viva:&nbsp; testigos del gran &quot;s&iacute;&quot; de Dios al hombre&quot;, del 29 de junio de 2007. Esta <i>Nota<\/i> propone dos prioridades:&nbsp; ante todo, la opci&oacute;n del &quot;primado de Dios&quot;:&nbsp; toda la vida y obra de la Iglesia dependen de poner a Dios en el primer lugar, pero no a un Dios gen&eacute;rico, sino al Se&ntilde;or, con su nombre y su rostro, al Dios de la alianza, que hizo salir al pueblo de la esclavitud de Egipto, resucit&oacute; a Cristo de entre los muertos y quiere llevar a la humanidad a la libertad en la paz y en la justicia. <\/p>\n<p>La otra opci&oacute;n es la de poner en el centro a la persona y la unidad de su existencia, en los diversos &aacute;mbitos en los que se realiza:&nbsp; la vida afectiva, el trabajo y la fiesta, su propia fragilidad, la tradici&oacute;n, la ciudadan&iacute;a. El Dios uno y trino y la persona en relaci&oacute;n:&nbsp; estas son las dos referencias que la Iglesia tiene la misi&oacute;n de ofrecer a todas las generaciones humanas, como servicio para la construcci&oacute;n de una sociedad libre y solidaria. Ciertamente, la Iglesia lo hace con su doctrina, pero sobre todo mediante el testimonio, que por algo es la tercera opci&oacute;n fundamental del Episcopado italiano:&nbsp; testimonio personal y comunitario, en el que convergen vida espiritual, misi&oacute;n pastoral y dimensi&oacute;n cultural. <\/p>\n<p>En una sociedad que tiende a la globalizaci&oacute;n y al individualismo, la Iglesia est&aacute; llamada a dar el testimonio de la <i>koinon&iacute;a<\/i>, de la comuni&oacute;n. Esta realidad no viene &quot;de abajo&quot;, sino de un misterio que, por decirlo as&iacute;, tiene sus &quot;ra&iacute;ces en el cielo&quot;, precisamente en Dios uno y trino. &Eacute;l, en s&iacute; mismo, es el di&aacute;logo eterno de amor que en Jesucristo se nos ha comunicado, que ha entrado en el tejido de la humanidad y de la historia, para llevarlas a la plenitud. <\/p>\n<p>He aqu&iacute; precisamente la gran s&iacute;ntesis del concilio Vaticano II:&nbsp; La Iglesia, misterio de comuni&oacute;n, &quot;es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la uni&oacute;n &iacute;ntima con Dios y de la unidad de todo el g&eacute;nero humano&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 1). Tambi&eacute;n aqu&iacute;, en esta gran ciudad, al igual que en su territorio, la comunidad eclesial, con sus diversos problemas humanos y sociales, hoy como ayer es ante todo el signo, pobre pero verdadero, de Dios Amor, cuyo nombre est&aacute; impreso en el ser profundo de toda persona y en toda experiencia de aut&eacute;ntica sociabilidad y solidaridad. <\/p>\n<p>Despu&eacute;s de estas reflexiones, queridos hermanos, os dejo algunas exhortaciones particulares. Cuidad la formaci&oacute;n espiritual y catequ&iacute;stica, una formaci&oacute;n &quot;sustanciosa&quot;, m&aacute;s necesaria que nunca para vivir bien la vocaci&oacute;n cristiana en el mundo de hoy. Lo digo a los adultos y a los j&oacute;venes:&nbsp; cultivad una fe pensada, capaz de dialogar en profundidad con todos, con los hermanos no cat&oacute;licos, con los no cristianos y los no creyentes. Ayudad generosamente a los pobres y los d&eacute;biles, seg&uacute;n la praxis originaria de la Iglesia, inspir&aacute;ndoos siempre y sacando fuerza de la Eucarist&iacute;a, fuente perenne de la caridad. <\/p>\n<p>Animo con afecto especial a los seminaristas y a los j&oacute;venes implicados en un camino vocacional:&nbsp; no teng&aacute;is miedo; m&aacute;s a&uacute;n, sentid el atractivo de las opciones definitivas, de un itinerario formativo serio y exigente. S&oacute;lo el alto grado del discipulado fascina y da alegr&iacute;a. Exhorto a todos a crecer en la dimensi&oacute;n misionera, que es co-esencial para la comuni&oacute;n, pues la Trinidad es, al mismo tiempo, unidad y misi&oacute;n:&nbsp; cuanto m&aacute;s intenso sea el amor, tanto m&aacute;s fuerte ser&aacute; el impulso a extenderse, a dilatarse, a comunicarse. <\/p>\n<p>Iglesia de G&eacute;nova, mantente unida y s&eacute; misionera, para anunciar a todos la alegr&iacute;a de la fe y la belleza de ser familia de Dios. Mi pensamiento se extiende a la ciudad entera, a todos los genoveses y a cuantos viven y trabajan en este territorio. Queridos amigos, mirad al futuro con confianza y esforzaos por construirlo juntos, evitando sectarismos y particularismos, poniendo el bien com&uacute;n por encima de los intereses particulares, por m&aacute;s leg&iacute;timos que sean. <\/p>\n<p>Quiero concluir con un deseo que tomo tambi&eacute;n de la estupenda oraci&oacute;n de Mois&eacute;s que hemos escuchado en la primera lectura:&nbsp; el Se&ntilde;or camine siempre en medio de vosotros y haga de vosotros su herencia (cf. <i>Ex<\/i> 34, 9). Que os lo obtenga la intercesi&oacute;n de Mar&iacute;a sant&iacute;sima, a la que los genoveses, tanto en la patria como en el mundo entero, invocan como Virgen de la Guardia. Que con su ayuda y con la de los santos patronos de vuestra amada ciudad y regi&oacute;n, vuestra fe y vuestras obras sean siempre para alabanza y gloria de la sant&iacute;sima Trinidad. Siguiendo el ejemplo de los santos de esta tierra, sed una comunidad misionera:&nbsp; a la escucha de Dios y al servicio de los hombres. Am&eacute;n<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\">&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A SAVONA Y G&Eacute;NOVA CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN PLAZA DE LA VICTORIA DE G&Eacute;NOVA HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Solemnidad de la Sant&iacute;sima Trinidad Domingo 18 de mayo de 2008 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; Al final de una intensa jornada pasada en vuestra ciudad, nos volvemos a congregar en torno al altar &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-mayo-de-2008-concelebracion-eucaristica-en-la-plaza-de-la-vittoria-de-genova\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab18 de mayo de 2008: Concelebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en la Plaza de la Vittoria de G\u00e9nova\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40841","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40841","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40841"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40841\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40841"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40841"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40841"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}