{"id":40846,"date":"2016-10-06T15:01:11","date_gmt":"2016-10-06T20:01:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-abril-de-2008-santa-misa-con-los-sacerdotes-los-religiosos-y-las-religiosas-en-la-catedral-de-san-patricio-de-nueva-york\/"},"modified":"2016-10-06T15:01:11","modified_gmt":"2016-10-06T20:01:11","slug":"19-de-abril-de-2008-santa-misa-con-los-sacerdotes-los-religiosos-y-las-religiosas-en-la-catedral-de-san-patricio-de-nueva-york","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-abril-de-2008-santa-misa-con-los-sacerdotes-los-religiosos-y-las-religiosas-en-la-catedral-de-san-patricio-de-nueva-york\/","title":{"rendered":"19 de abril de 2008: Santa Misa con los sacerdotes, los religiosos y las religiosas en la Catedral de San Patricio de Nueva York"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2008\/index_stati-uniti.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO <br \/> A LOS ESTADOS UNIDOS DE AM&Eacute;RICA <br \/> Y VISITA A LA SEDE <br \/>DE LA ORGANIZACI&Oacute;N DE LA NACIONES UNIDAS<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b> <font color=\"#663300\">MISA VOTIVA POR LA IGLESIA UNIVERSAL<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><b><i><font size=\"4\" color=\"#663300\">MIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>Catedral de San Patricio, Nueva York<br \/> S&aacute;bado 19 de abril de 2008<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas en Cristo<\/i>:<\/p>\n<p>Saludo con gran afecto en el Se&ntilde;or a todos vosotros que represent&aacute;is a los Obispos, sacerdotes y di&aacute;conos, a los hombres y mujeres de vida consagrada, y a los seminaristas de los Estados Unidos. Agradezco al Cardenal Egan la cordial bienvenida y felicitaci&oacute;n que ha expresado en nombre vuestro, al inicio del cuarto a&ntilde;o de mi Pontificado. Me alegra celebrar esta Misa con vosotros que hab&eacute;is sido elegidos por el Se&ntilde;or, que hab&eacute;is respondido a su llamado y que dedic&aacute;is vuestra vida a la b&uacute;squeda de la santidad, a la difusi&oacute;n del Evangelio y a la edificaci&oacute;n de la Iglesia en la fe, en la esperanza y en el amor.<\/p>\n<p>Reunidos en esta hist&oacute;rica catedral, &iquest;c&oacute;mo no recordar a los innumerables hombres y mujeres que os han precedido, que han trabajado por el crecimiento de la Iglesia en los Estados Unidos, dej&aacute;ndonos un patrimonio duradero de fe y de obras buenas? En la primera lectura de hoy hemos visto c&oacute;mo los Ap&oacute;stoles, con la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo, salieron de la sala del piso superior para anunciar las grandes obras de Dios a personas de toda naci&oacute;n y lengua. En este pa&iacute;s la misi&oacute;n de la Iglesia ha conllevado siempre atraer a la gente \u201cde todas las naciones de la tierra\u201d (<i>Hch<\/i> 2,5) hacia una unidad espiritual enriqueciendo el Cuerpo de Cristo con la multiplicidad de sus dones. Al mismo tiempo que damos gracias por estas preciosas bendiciones del pasado y consideramos los desaf&iacute;os del futuro, queremos implorar de Dios la gracia de un nuevo Pentecost&eacute;s para la Iglesia en Am&eacute;rica. &iexcl;Que desciendan sobre todos los presentes lenguas como de fuego, fundiendo el amor ardiente a Dios y al pr&oacute;jimo con el celo por la propagaci&oacute;n del Reino de Dios!<\/p>\n<p>En la segunda lectura de esta ma&ntilde;ana san Pablo nos recuerda que la unidad espiritual \u2013 aquella unidad que reconcilia y enriquece la diversidad \u2013 tiene su origen y su modelo supremo en la vida del Dios uno y trino. La Trinidad, como comuni&oacute;n de amor y libertad infinita, hace nacer incesantemente la vida nueva en la obra de la creaci&oacute;n y redenci&oacute;n. La Iglesia, como \u201cpueblo unido por la unidad del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 4), est&aacute; llamada a proclamar el don de la vida, a proteger la vida y a promover una cultura de la vida. Aqu&iacute;, en esta catedral, nuestro recuerdo se dirige naturalmente al testimonio heroico por el Evangelio de la vida, dado por los difuntos Cardenales Cooke y O\u2019Connor. La proclamaci&oacute;n de la vida, de la vida abundante, debe ser el centro de la nueva evangelizaci&oacute;n. Pues la verdadera vida \u2013 nuestra salvaci&oacute;n \u2013 se encuentra s&oacute;lo en la reconciliaci&oacute;n, en la libertad y en el amor que son dones gratuitos de Dios.<\/p>\n<p>&Eacute;ste es el mensaje de esperanza que estamos llamados a anunciar y encarnar en un mundo en el que egocentrismo, avidez, violencia y cinismo parecen sofocar muy a menudo el crecimiento fr&aacute;gil de la gracia en el coraz&oacute;n de la gente. San Ireneo comprendi&oacute; con gran profundidad que la exhortaci&oacute;n de Mois&eacute;s al pueblo de Israel: \u201cElige la vida\u201d (<i>Dt<\/i> 30,19) era la raz&oacute;n m&aacute;s profunda para nuestra obediencia a todos los mandamientos de Dios (cf. <i>Adv. Haer.<\/i> IV, 16, 2-5). Quiz&aacute;s hemos perdido de vista que en una sociedad en la que la Iglesia parece a muchos que es legalista e \u201cinstitucional\u201d, nuestro desaf&iacute;o m&aacute;s urgente es comunicar la alegr&iacute;a que nace de la fe y de la experiencia del amor de Dios.<\/p>\n<p>Soy particularmente feliz que nos hayamos reunido en la catedral de San Patricio. Este lugar, quiz&aacute;s m&aacute;s que cualquier otro templo de Estados Unidos, es conocido y amado como \u201cuna casa de oraci&oacute;n para todos los pueblos\u201d (cf. <i>Is<\/i> 56,7; <i>Mc<\/i> 11,17). Cada d&iacute;a miles de hombres, mujeres y ni&ntilde;os entran por sus puertas y encuentran la paz dentro de sus muros. El Arzobispo John Hughes \u2013como nos ha recordado el Cardenal Egan\u2013 fue el promotor de la construcci&oacute;n de este venerable edificio; quiso erigirlo en puro estilo g&oacute;tico. Quer&iacute;a que esta catedral recordase a la joven Iglesia en Am&eacute;rica la gran tradici&oacute;n espiritual de la que era heredera, y que la inspirase a llevar lo mejor de este patrimonio en la edificaci&oacute;n del Cuerpo de Cristo en este pa&iacute;s. Quisiera llamar vuestra atenci&oacute;n sobre algunos aspectos de esta bell&iacute;sima estructura, que me parece que puede servir como punto de partida para una reflexi&oacute;n sobre nuestras vocaciones particulares dentro de la unidad del Cuerpo m&iacute;stico.<\/p>\n<p>El primer aspecto se refiere a los ventanales con vidrieras historiadas que inundan el ambiente interior con una luz m&iacute;stica. Vistos desde fuera, estos ventanales parecen oscuros, recargados y hasta l&uacute;gubres. Pero cuando se entra en el templo, de improviso toman vida; al reflejar la luz que las atraviesa revelan todo su esplendor. Muchos escritores \u2013aqu&iacute; en Am&eacute;rica podemos recordar a Nathaniel Hawthorne\u2013 han usado la imagen de estas vidrieras historiada para ilustrar el misterio de la Iglesia misma. Solamente desde dentro, desde la experiencia de fe y de vida eclesial, es como vemos a la Iglesia tal como es verdaderamente: llena de gracia, esplendorosa por su belleza, adornada por m&uacute;ltiples dones del Esp&iacute;ritu. Una consecuencia de esto es que nosotros, que vivimos la vida de gracia en la comuni&oacute;n de la Iglesia, estamos llamados a atraer dentro de este misterio de luz a toda la gente.<\/p>\n<p>No es un cometido f&aacute;cil en un mundo que es propenso a mirar \u201cdesde fuera\u201d a la Iglesia, igual que a aquellos ventanales: un mundo que siente profundamente una necesidad espiritual, pero que encuentra dif&iacute;cil \u201centrar en el\u201d misterio de la Iglesia. Tambi&eacute;n para algunos de nosotros, desde dentro, la luz de la fe puede amortiguarse por la rutina y el esplendor de la Iglesia puede ofuscarse por los pecados y las debilidades de sus miembros. La ofuscaci&oacute;n puede originarse por los obst&aacute;culos encontrados en una sociedad que, a veces, parece haber olvidado a Dios e irritarse ante las exigencias m&aacute;s elementales de la moral cristiana. Vosotros, que hab&eacute;is consagrado vuestra vida para dar testimonio del amor de Cristo y para la edificaci&oacute;n de su Cuerpo, sab&eacute;is por vuestro contacto diario con el mundo que nos rodea, cuantas veces se siente la tentaci&oacute;n de ceder a la frustraci&oacute;n, a la desilusi&oacute;n e incluso al pesimismo sobre el futuro. En una palabra: no siempre es f&aacute;cil ver la luz del Esp&iacute;ritu a nuestro alrededor, el esplendor del Se&ntilde;or resucitado que ilumina nuestra vida e infunde nueva esperanza en su victoria sobre el mundo (cf. <i>Jn<\/i> 16,33).<\/p>\n<p>Sin embargo, la palabra de Dios nos recuerda que, en la fe, vemos los cielos abiertos y la gracia del Esp&iacute;ritu Santo que ilumina a la Iglesia y que lleva una esperanza segura a nuestro mundo. \u201cSe&ntilde;or, Dios m&iacute;o\u201d, canta el salmista, \u201cenv&iacute;as tu aliento y los creas, y repueblas la faz de la tierra\u201d (<i>Sal<\/i> 104,30). Estas palabras evocan la primera creaci&oacute;n, cuando \u201cel Aliento de Dios se cern&iacute;a sobre la faz de las aguas\u201d (<i>Gn<\/i> 1,2). Y ellas impulsan nuestra mirada hacia la nueva creaci&oacute;n, hacia Pentecost&eacute;s, cuando el Esp&iacute;ritu Santo descendi&oacute; sobre los Ap&oacute;stoles e instaur&oacute; la Iglesia como primicia de la humanidad redimida (cf. <i>Jn<\/i> 20,22-23). Estas palabras nos invitan a una fe cada vez m&aacute;s profunda en la potencia infinita de Dios, que transforma toda situaci&oacute;n humana, crea vida desde la muerte e ilumina tambi&eacute;n la noche m&aacute;s oscura. Y nos hacen pensar en otra bell&iacute;sima frase de san Ireneo: \u201cDonde est&aacute; la Iglesia, all&iacute; est&aacute; el Esp&iacute;ritu de Dios; donde est&aacute; el Esp&iacute;ritu de Dios, all&iacute; est&aacute; la Iglesia y toda gracia\u201d (<i>Adv.<\/i> <i>Haer. <\/i>III, 24,1).<\/p>\n<p>Esto me lleva a otra reflexi&oacute;n sobre la arquitectura de este templo. Como todas las catedrales g&oacute;ticas, tiene una estructura muy compleja, cuyas proporciones precisas y armoniosas simbolizan la unidad de la creaci&oacute;n de Dios. Los artistas medievales a menudo representaban a Cristo, la Palabra creadora de Dios, como un \u201caparejador\u201d celestial con el comp&aacute;s en mano, que ordena el cosmos con infinita sabidur&iacute;a y determinaci&oacute;n. Esta imagen, &iquest;no nos hace pensar quiz&aacute;s en la necesidad de ver todas las cosas con los ojos de la fe para, de este modo, poder comprenderlas en su perspectiva m&aacute;s aut&eacute;ntica, en la unidad del plan eterno de Dios? Esto requiere, como sabemos, una continua conversi&oacute;n y el esfuerzo de \u201crenovarnos en el esp&iacute;ritu de nuestra mente\u201d (cf. <i>Ef<\/i> 4,23) para conseguir una mentalidad nueva y espiritual. Exige tambi&eacute;n el desarrollo de aquellas virtudes que hacen a cada uno de nosotros capaz de crecer en santidad y dar frutos espirituales en el propio estado de vida. Esta constante conversi&oacute;n \u201cintelectual\u201d, &iquest;acaso no es tan necesaria como la conversi&oacute;n \u201cmoral\u201d para nuestro crecimiento en la fe, para nuestro discernimiento de los signos de los tiempos y para nuestra aportaci&oacute;n personal a la vida y misi&oacute;n de la Iglesia? <\/p>\n<p>Una de las grandes desilusiones que siguieron al Concilio Vaticano II, con su exhortaci&oacute;n a un mayor compromiso en la misi&oacute;n de la Iglesia para el mundo, pienso que haya sido para todos nosotros la experiencia de divisi&oacute;n entre diferentes grupos, distintas generaciones y diversos miembros de la misma familia religiosa. &iexcl;Podemos avanzar s&oacute;lo si fijamos juntos nuestra mirada en Cristo! Con la luz de la fe descubriremos entonces la sabidur&iacute;a y la fuerza necesarias para abrirnos hacia puntos de vista que no siempre coinciden del todo con nuestras ideas o nuestras suposiciones. As&iacute; podemos valorar los puntos de vista de otros, ya sean m&aacute;s j&oacute;venes o m&aacute;s ancianos que nosotros, y escuchar por fin \u201clo que el Esp&iacute;ritu nos dice\u201d a nosotros y a la Iglesia (cf. <i>Ap<\/i> 2, 7). De este modo caminaremos juntos hacia la verdadera renovaci&oacute;n espiritual que quer&iacute;a el Concilio, la &uacute;nica renovaci&oacute;n que puede reforzar la Iglesia en la santidad y en la unidad indispensable para la proclamaci&oacute;n eficaz del Evangelio en el mundo de hoy. <\/p>\n<p>&iquest;No ha sido quiz&aacute;s esta unidad de visi&oacute;n y de intentos \u2013basada en la fe y en el esp&iacute;ritu de continua conversi&oacute;n y sacrificio personal\u2013 el secreto del crecimiento sorprendente de la Iglesia en este pa&iacute;s? Basta pensar en la obra extraordinaria de aquel sacerdote americano ejemplar, el venerable Michael McGivney, cuya visi&oacute;n y celo le llevaron a la fundaci&oacute;n de los Caballeros de Col&oacute;n, o en la herencia espiritual de generaciones de religiosas, religiosos y sacerdotes que, silenciosamente, han dedicado su vida al servicio del pueblo de Dios en innumerables escuelas, hospitales y parroquias. <\/p>\n<p>Aqu&iacute;, en el contexto de nuestra necesidad de una perspectiva fundamentada en la fe, y de unidad y colaboraci&oacute;n en el trabajo de edificaci&oacute;n de la Iglesia, querr&iacute;a decir unas palabras sobre los abusos sexuales que han causado tantos sufrimientos. Ya he tenido ocasi&oacute;n de hablar de esto y del consiguiente da&ntilde;o para la comunidad de los fieles. Ahora deseo expresaros sencillamente, queridos sacerdotes y religiosos, mi cercan&iacute;a espiritual, al mismo tiempo que trat&aacute;is de responder con esperanza cristiana a los continuos desaf&iacute;os surgidos por esta situaci&oacute;n. Me siento unido a vosotros rezando para que &eacute;ste sea un tiempo de purificaci&oacute;n para cada uno y para cada Iglesia y comunidad religiosa, y tambi&eacute;n un tiempo de sanaci&oacute;n. Os animo tambi&eacute;n a colaborar con vuestros Obispos, que siguen trabajando eficazmente para resolver este problema. Que nuestro Se&ntilde;or Jesucristo conceda a la Iglesia en Am&eacute;rica un renovado sentido de unidad y decisi&oacute;n, mientras todos \u2013Obispos, clero, religiosos, religiosas y laicos\u2013 caminan en la esperanza y en el amor rec&iacute;proco y para la verdad. <\/p>\n<p>Queridos amigos, estas consideraciones me llevan a una &uacute;ltima observaci&oacute;n sobre esta gran catedral en la que nos encontramos. La unidad de una catedral g&oacute;tica, es sabido, no es la unidad est&aacute;tica de un templo cl&aacute;sico, sino una unidad nacida de la tensi&oacute;n din&aacute;mica de diferentes fuerzas que empujan la arquitectura hacia arriba, orient&aacute;ndola hacia el cielo. Aqu&iacute; podemos ver tambi&eacute;n un s&iacute;mbolo de la unidad de la Iglesia que es \u2013como nos ha dicho san Pablo\u2013 unidad de un cuerpo vivo compuesto por muchos elementos diferentes, cada uno con su propia funci&oacute;n y su propia determinaci&oacute;n. Aqu&iacute; vemos tambi&eacute;n la necesidad de reconocer y respetar los dones de cada&nbsp; miembro del cuerpo como \u201cmanifestaci&oacute;n del Esp&iacute;ritu para provecho com&uacute;n\u201d (<i>1 Co<\/i> 12,7). Ciertamente, en la estructura de la Iglesia querida por Dios se ha de distinguir entre los dones jer&aacute;rquicos y los carism&aacute;ticos (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 4). Pero precisamente la variedad y riqueza de las gracias concedidas por el Esp&iacute;ritu nos invitan constantemente a discernir c&oacute;mo estos dones tienen que ser insertados correctamente en el servicio de la misi&oacute;n de la Iglesia. Vosotros, queridos sacerdotes, por medio de la ordenaci&oacute;n sacramental, hab&eacute;is sido conformados con Cristo, Cabeza del Cuerpo. Vosotros, queridos di&aacute;conos, hab&eacute;is sido ordenados para el servicio de este Cuerpo. Vosotros, queridos religiosos y religiosas, tanto los contemplativos como los dedicados al apostolado, hab&eacute;is consagrado vuestra vida a seguir al divino Maestro en el amor generoso y en plena fidelidad a su Evangelio. Todos vosotros que hoy llen&aacute;is esta catedral, as&iacute; como vuestros hermanos y hermanas ancianos, enfermos o jubilados que ofrecen sus oraciones y sus sacrificios para vuestro trabajo, est&aacute;is llamados a ser fuerzas de unidad dentro del Cuerpo de Cristo. A trav&eacute;s de vuestro testimonio personal y de vuestra fidelidad al ministerio o al apostolado que se os ha confiado prepar&aacute;is el camino al Esp&iacute;ritu. Ya que el Esp&iacute;ritu nunca deja de derramar sus abundantes dones, suscitar nuevas vocaciones y nuevas misiones, y de dirigir a la Iglesia \u2013como el Se&ntilde;or ha prometido en el fragmento evang&eacute;lico de esta ma&ntilde;ana\u2013 hacia la verdad plena (cf. <i>Jn<\/i> 16, 13).<\/p>\n<p>&iexcl;Dirijamos, pues, nuestra mirada hacia arriba! Y con gran humildad y confianza pidamos al Esp&iacute;ritu que cada d&iacute;a nos haga capaces de crecer en la santidad que nos har&aacute; piedras vivas del templo que &Eacute;l est&aacute; levantando justamente ahora en el mundo. Si tenemos que ser aut&eacute;nticas fuerzas de unidad, &iexcl;esforc&eacute;monos entonces en ser los primeros en buscar una reconciliaci&oacute;n interior a trav&eacute;s de la penitencia! &iexcl;Perdonemos las ofensas padecidas y dominemos todo sentimiento de rabia y de enfrentamiento! &iexcl;Esforc&eacute;monos en ser los primeros en demostrar la humildad y la pureza de coraz&oacute;n necesarias para acercarnos al esplendor de la verdad de Dios! En fidelidad al dep&oacute;sito de la fe confiado a los Ap&oacute;stoles (cf. <i>1 Tm<\/i> 6,20), &iexcl;esforc&eacute;monos en ser testigos alegres de la fuerza transformadora del Evangelio! <\/p>\n<p>&iexcl;Queridos hermanos y hermanas, de acuerdo con las tradiciones m&aacute;s nobles de la Iglesia en este pa&iacute;s, sed tambi&eacute;n los primeros amigos del pobre, del pr&oacute;fugo, del extranjero, del enfermo y de todos los que sufren! &iexcl;Actuad como faros de esperanza, irradiando la luz de Cristo en el mundo y animando a los j&oacute;venes a descubrir la belleza de una vida entregada enteramente al Se&ntilde;or y a su Iglesia! Dirijo este llamado de modo especial a los numerosos seminaristas y j&oacute;venes religiosas y religiosos aqu&iacute; presentes. Cada uno de vosotros tiene un lugar particular en mi coraz&oacute;n. No olvid&eacute;is nunca que est&aacute;is llamados a llevar adelante, con todo el entusiasmo y la alegr&iacute;a que os da el Esp&iacute;ritu, una obra que otros han empezado, un patrimonio que un d&iacute;a vosotros tendr&eacute;is que pasar tambi&eacute;n a una nueva generaci&oacute;n. &iexcl;Trabajad con generosidad y alegr&iacute;a, porque Aqu&eacute;l a quien serv&iacute;s es el Se&ntilde;or! <\/p>\n<p>Las agujas de las torres de la catedral de san Patricio han sido muy superadas por los rascacielos del tipo de Manhattan; sin embargo, en el coraz&oacute;n de esta metr&oacute;poli ajetreada ellas son un signo vivo que recuerda la constante nostalgia del esp&iacute;ritu humano de elevarse hacia Dios. En esta Celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica queremos dar gracias al Se&ntilde;or porque nos permite reconocerlo en la comuni&oacute;n de la Iglesia y colaborar con &Eacute;l, edificando su Cuerpo m&iacute;stico y llevando su palabra salvadora como buena nueva a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Y despu&eacute;s, cuando salgamos de este gran templo, caminemos como mensajeros de la esperanza en medio de esta ciudad y en todos aquellos lugares donde nos ha puesto la gracia de Dios. De este modo la Iglesia en Am&eacute;rica conocer&aacute; una nueva primavera en el Esp&iacute;ritu e indicar&aacute; el camino hacia aquella otra ciudad m&aacute;s grande, la nueva Jerusal&eacute;n, cuya luz es el Cordero (cf. <i>Ap<\/i> 21,23). Por esto Dios est&aacute; preparando tambi&eacute;n ahora un banquete de alegr&iacute;a y de vida infinitas para todos los pueblos. Am&eacute;n<br \/>&nbsp; <\/p>\n<p><i>Palabras improvisadas del Santo Padre al final de la celebraci&oacute;n de la Santa Misa<\/i><\/p>\n<p>En este momento no me queda m&aacute;s que agradecerles su amor a la Iglesia y a Nuestro Se&ntilde;or; agradecerles que tambi&eacute;n ofrezcan su amor al pobre Sucesor de San Pedro. Intentar&eacute; hacer todo lo posible para ser un digno sucesor de este gran Ap&oacute;stol, el cual era tambi&eacute;n un hombre con sus defectos y sus pecados, pero que al final sigue siendo la roca de la Iglesia. Con toda mi pobreza espiritual, tambi&eacute;n yo puedo ser ahora, por gracia del Se&ntilde;or, el Sucesor de Pedro. Ciertamente las plegarias y el amor de ustedes son lo que me da la certeza de que el Se&ntilde;or me ayudar&aacute; en mi ministerio. Les agradezco profundamente, pues, su amor, sus oraciones. En este momento, mi respuesta a todo lo que me han dado durante mi visita es la bendici&oacute;n que ahora les imparto al final de esta hermosa Celebraci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\">&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A LOS ESTADOS UNIDOS DE AM&Eacute;RICA Y VISITA A LA SEDE DE LA ORGANIZACI&Oacute;N DE LA NACIONES UNIDAS MISA VOTIVA POR LA IGLESIA UNIVERSAL HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Catedral de San Patricio, Nueva York S&aacute;bado 19 de abril de 2008 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas en Cristo: Saludo con gran afecto &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-abril-de-2008-santa-misa-con-los-sacerdotes-los-religiosos-y-las-religiosas-en-la-catedral-de-san-patricio-de-nueva-york\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab19 de abril de 2008: Santa Misa con los sacerdotes, los religiosos y las religiosas en la Catedral de San Patricio de Nueva York\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40846","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40846","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40846"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40846\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40846"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40846"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40846"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}