{"id":40847,"date":"2016-10-06T15:01:13","date_gmt":"2016-10-06T20:01:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-abril-de-2008-homilia-durante-la-santa-misa-celebrada-en-el-nationals-stadium-de-washington\/"},"modified":"2016-10-06T15:01:13","modified_gmt":"2016-10-06T20:01:13","slug":"17-de-abril-de-2008-homilia-durante-la-santa-misa-celebrada-en-el-nationals-stadium-de-washington","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-abril-de-2008-homilia-durante-la-santa-misa-celebrada-en-el-nationals-stadium-de-washington\/","title":{"rendered":"17 de abril de 2008: Homil\u00eda durante la Santa Misa celebrada en el Nationals Stadium de Washington"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2008\/index_stati-uniti.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO <br \/> A LOS ESTADOS UNIDOS DE AM&Eacute;RICA <br \/> Y VISITA A LA SEDE <br \/>DE LA ORGANIZACI&Oacute;N DE LA NACIONES UNIDAS<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b> <font color=\"#663300\">SANTA MISA<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><b><i><font size=\"4\" color=\"#663300\">MIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>Nationals Stadium de Washington, D.C.<br \/> Jueves 17 de abril de 2008<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas en Cristo<\/i><\/p>\n<p> \u201cPaz a ustedes\u201d (<i>Jn<\/i> 20,19). Con estas palabras, las primeras que el Se&ntilde;or resucitado dirigi&oacute; a sus disc&iacute;pulos, les saludo a todos en el j&uacute;bilo de este tiempo pascual. Ante todo, doy gracias a Dios por la gracia de estar entre ustedes. Agradezco en particular al Arzobispo Wuerl por sus amables palabras de bienvenida. <\/p>\n<p> Nuestra Misa de hoy retrotrae a la Iglesia en los Estados Unidos a sus ra&iacute;ces en el cercano Maryland y recuerda el 200 aniversario del primer cap&iacute;tulo de su considerable crecimiento: la divisi&oacute;n que hizo mi predecesor el Papa P&iacute;o VII de la Di&oacute;cesis originaria de Baltimore y la instauraci&oacute;n de las Di&oacute;cesis de Boston, Bardstown, ahora Louisville, Nueva York y Filadelfia. Doscientos a&ntilde;os despu&eacute;s, la Iglesia en Am&eacute;rica tiene buenos motivos para alabar la capacidad de las generaciones pasadas de aglutinar grupos de inmigrantes muy diferentes en la unidad de la fe cat&oacute;lica y en el esfuerzo com&uacute;n por difundir el Evangelio. Al mismo tiempo, la Comunidad cat&oacute;lica en este Pa&iacute;s, consciente de su rica multiplicidad, ha apreciado cada vez m&aacute;s plenamente la importancia de que cada individuo y grupo aporte su propio don particular al conjunto. Ahora la Iglesia en los Estados Unidos est&aacute; llamada a mirar hacia el futuro, firmemente arraigada en la fe transmitida por las generaciones anteriores y dispuesta a afrontar nuevos desaf&iacute;os \u2013desaf&iacute;os no menos exigentes de los que afrontaron vuestros antepasados\u2013 con la esperanza que nace del amor de Dios derramado en nuestros corazones por el Esp&iacute;ritu Santo. (cf. <i>Rm<\/i> 5,5). <\/p>\n<p> En el ejercicio de mi ministerio de Sucesor de Pietro, he venido a Am&eacute;rica para confirmaros, queridos hermanos y hermanas, en la fe de los Ap&oacute;stoles (cf. <i>Lc<\/i> 22,32). He venido para proclamar de nuevo, como lo hizo san Pedro el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, que Jesucristo es Se&ntilde;or y Mes&iacute;as, resucitado de la muerte, sentado a la derecha del Padre en la gloria y constituido juez de vivos y muertos (cf. <i>Hch<\/i> 2,14ss). He venido para reiterar la llamada urgente de los Ap&oacute;stoles a la conversi&oacute;n para el perd&oacute;n de los pecados y para implorar al Se&ntilde;or una nueva efusi&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo sobre la Iglesia en este Pa&iacute;s. Como hemos o&iacute;do en este tiempo pascual, la Iglesia ha nacido de los dones del Esp&iacute;ritu Santo: el arrepentimiento y la fe en el Se&ntilde;or resucitado. Ella se ve impulsada por el mismo Esp&iacute;ritu en cada &eacute;poca a llevar la buena nueva de nuestra reconciliaci&oacute;n con Dios en Cristo a hombres y a mujeres de toda raza, lengua y naci&oacute;n (cf. <i>Ap<\/i> 5,9). <\/p>\n<p> Las lecturas de la Misa de hoy nos invitan a considerar el crecimiento de la Iglesia en Am&eacute;rica como un cap&iacute;tulo en la historia m&aacute;s grande de la expansi&oacute;n de la Iglesia despu&eacute;s de la venida del Esp&iacute;ritu Santo en Pentecost&eacute;s. En estas lecturas vemos la uni&oacute;n inseparable entre el Se&ntilde;or resucitado y el don del Esp&iacute;ritu para el perd&oacute;n de los pecados y el misterio de la Iglesia. Cristo ha constituido su Iglesia sobre el fundamento de los Ap&oacute;stoles (cf. <i>Ap<\/i> 21,14), como comunidad estructurada visible, que es a la vez comuni&oacute;n espiritual, cuerpo m&iacute;stico animado por los m&uacute;ltiples dones del Esp&iacute;ritu y sacramento de salvaci&oacute;n para toda la humanidad (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 8). La Iglesia est&aacute; llamada en todo tiempo y lugar a crecer en la unidad mediante una constante conversi&oacute;n a Cristo, cuya obra redentora es proclamada por los Sucesores de los Ap&oacute;stoles y celebrada en los sacramentos. Por otro lado, esta unidad comporta una \u201cexpansi&oacute;n continua\u201d, porque el Esp&iacute;ritu incita a los creyentes a proclamar \u201clas grandes obras de Dios\u201d y a invitar a todas las gentes a entrar en la comunidad de los salvados mediante la sangre de Cristo y que han recibido la vida nueva en su Esp&iacute;ritu. <\/p>\n<p>Ruego tambi&eacute;n para que este aniversario significativo en la vida de la Iglesia en los Estados Unidos y la presencia del Sucesor de Pedro entre vosotros sean para todos los cat&oacute;licos una ocasi&oacute;n para reafirmar su unidad en la fe apost&oacute;lica, para ofrecer a sus contempor&aacute;neos una raz&oacute;n convincente de la esperanza que los inspira (cf. <i>1 P<\/i> 3,15) y para renovar su celo misionero al servicio de la difusi&oacute;n del Reino de Dios. <\/p>\n<p> El mundo necesita el testimonio. &iquest;Qui&eacute;n puede negar que el momento actual sea decisivo no s&oacute;lo para la Iglesia en Am&eacute;rica, sino tambi&eacute;n para la sociedad en su conjunto? Es un tiempo lleno de grandes promesas, pues vemos c&oacute;mo la familia humana se acomuna de diversos modos, haci&eacute;ndose cada vez m&aacute;s interdependiente. Al mismo tiempo, sin embargo, percibimos signos evidentes de un quebrantamiento preocupante de los fundamentos mismos de la sociedad: signos de alienaci&oacute;n, ira y contraposici&oacute;n en muchos contempor&aacute;neos nuestros; aumento de la violencia, debilitamiento del sentido moral, vulgaridad en las relaciones sociales y creciente olvido de Cristo y de Dios. Tambi&eacute;n la Iglesia ve signos de grandes promesas en sus numerosas parroquias s&oacute;lidas y en los movimientos vivaces, en el entusiasmo por la fe demostrada por muchos j&oacute;venes, en el n&uacute;mero de los que cada a&ntilde;o abrazan la fe cat&oacute;lica y en un inter&eacute;s cada vez m&aacute;s grande por la oraci&oacute;n y por la catequesis. Pero, al mismo tiempo, percibe a menudo con dolor que hay divisi&oacute;n y contrastes en su seno, descubriendo tambi&eacute;n el hecho desconcertante de que tantos bautizados, en lugar de actuar como fermento espiritual en el mundo, se inclinan a adoptar actitudes contrarias a la verdad del Evangelio. <\/p>\n<p> \u201cSe&ntilde;or, manda tu Esp&iacute;ritu y renueva la faz de la tierra\u201d (cf. <i>Sal<\/i> 104,30). Las palabras del Salmo responsorial de hoy son una plegaria que, siempre y en todo lugar, brota del coraz&oacute;n de la Iglesia. Nos recuerdan que el Esp&iacute;ritu Santo ha sido infundido como primicia de una nueva creaci&oacute;n, de \u201ccielos nuevos y tierra nueva\u201d (cf. <i>2 P<\/i> 3,13; <i>Ap<\/i> 21, 1) en los que reinar&aacute; la paz de Dios y la familia humana ser&aacute; reconciliada en la justicia y en el amor. Hemos o&iacute;do decir a san Pablo que toda la creaci&oacute;n \u201cgime\u201d hasta a hoy, en espera de la verdadera libertad, que es el don de Dios para sus hijos (cf. <i>Rm<\/i> 8,21-22), una libertad que nos hace capaces de vivir conforme a su voluntad. Oremos hoy insistentemente para que la Iglesia en Am&eacute;rica sea renovada en este mismo Esp&iacute;ritu y ayudada en su misi&oacute;n de anunciar el Evangelio a un mundo que tiene nostalgia de una genuina libertad (cf. <i>Jn<\/i> 8,32), de una felicidad aut&eacute;ntica y del cumplimiento de sus aspiraciones m&aacute;s profundas.<\/p>\n<p> Deseo en este momento dirigir una palabra particular de gratitud y est&iacute;mulo a todos los que han acogido el desaf&iacute;o del Concilio Vaticano II, tantas veces repetido por el Papa Juan Pablo II, y han dedicado su vida a la nueva evangelizaci&oacute;n. Doy las gracias a mis hermanos Obispos, a los sacerdotes y di&aacute;conos, a los religiosos y religiosas, a los padres, maestros y catequistas. La fidelidad y el valor con que la Iglesia en este Pa&iacute;s lograr&aacute; afrontar los retos de una cultura cada vez m&aacute;s secularizada y materialista depender&aacute; en gran parte de vuestra fidelidad personal al transmitir el tesoro de nuestra fe cat&oacute;lica. Los j&oacute;venes necesitan ser ayudados para discernir la v&iacute;a que conduce a la verdadera libertad: la v&iacute;a de una sincera y generosa imitaci&oacute;n de Cristo, la v&iacute;a de la entrega a la justicia y a la paz. Se ha progresado mucho en el desarrollo de programas s&oacute;lidos para la catequesis, pero queda por hacer todav&iacute;a mucho m&aacute;s para formar los corazones y las mentes de los j&oacute;venes en el conocimiento y en el amor del Dios. Los desaf&iacute;os que se nos presentan exigen una instrucci&oacute;n amplia y sana en la verdad de la fe. Pero requieren cultivar tambi&eacute;n un modo de pensar, una \u201ccultura\u201d intelectual que sea aut&eacute;nticamente cat&oacute;lica, que conf&iacute;a en la armon&iacute;a profunda entre fe y raz&oacute;n, y dispuesta a llevar la riqueza de la visi&oacute;n de la fe en contacto con las cuestiones urgentes que conciernen el futuro de la sociedad americana. <\/p>\n<p> Queridos amigos, mi visita en los Estados Unidos quiere ser un testimonio de \u201cCristo, esperanza nuestra\u201d. Los americanos han sido siempre un pueblo de esperanza: vuestros antepasados vinieron a este Pa&iacute;s con la expectativa de encontrar una nueva libertad y nuevas oportunidades, y la extensi&oacute;n de territorios inexplorados les inspir&oacute; la esperanza de poder empezar completamente de nuevo, creando una nueva naci&oacute;n sobre nuevos fundamentos. Ciertamente, &eacute;sta no ha sido la experiencia de todos los habitantes de este Pa&iacute;s; baste pensar en las injusticias sufridas por las poblaciones americanas nativas y de los que fueron tra&iacute;dos de &Aacute;frica por la fuerza como esclavos. Pero la esperanza, la esperanza en el futuro, forma parte hondamente del car&aacute;cter americano. Y la virtud cristiana de la esperanza \u2013la esperanza derramada en nuestro coraz&oacute;n por el Esp&iacute;ritu Santo, la esperanza que purifica y endereza de modo sobrenatural nuestras aspiraciones orient&aacute;ndolas hacia el Se&ntilde;or y su plan de salvaci&oacute;n\u2013, esta esperanza ha caracterizado tambi&eacute;n y sigue caracterizando la vida de la comunidad cat&oacute;lica en este Pa&iacute;s. <\/p>\n<p> En el contexto de esta esperanza nacida del amor y de la fidelidad de Dios reconozco el dolor que ha sufrido la Iglesia en Am&eacute;rica como consecuencia del abuso sexual de menores. Ninguna palabra m&iacute;a podr&iacute;a describir el dolor y el da&ntilde;o producido por dicho abuso. Es importante que se preste una cordial atenci&oacute;n pastoral a los que han sufrido. Tampoco puedo expresar adecuadamente el da&ntilde;o que se ha hecho dentro de la comunidad de la Iglesia. Ya se han hecho grandes esfuerzos para afrontar de manera honesta y justa esta tr&aacute;gica situaci&oacute;n y para asegurar que los ni&ntilde;os \u2013a los que nuestro Se&ntilde;or ama entra&ntilde;ablemente (cf. <i>Mc<\/i> 10,14), y que son nuestro tesoro m&aacute;s grande\u2013 puedan crecer en un ambiente seguro. Estos esfuerzos para proteger a los ni&ntilde;os han de continuar. Ayer habl&eacute; de esto con vuestros Obispos. Hoy animo a cada uno de ustedes a hacer cuanto les sea posible para promover la recuperaci&oacute;n y la reconciliaci&oacute;n, y para ayudar a los que han sido da&ntilde;ados. Les pido tambi&eacute;n que estimen a sus sacerdotes y los reafirmen en el excelente trabajo que hacen. Y, sobre todo, oren para que el Esp&iacute;ritu Santo derrame sus dones sobre la Iglesia, los dones que llevan a la conversi&oacute;n, al perd&oacute;n y el crecimiento en la santidad. <\/p>\n<p> San Pablo, como hemos escuchado en la segunda lectura, habla de una especie de oraci&oacute;n que brota de las profundidades de nuestros corazones con suspiros que son demasiado profundos para expresarlos con palabras, con \u201cgemidos\u201d (<i>Rm<\/i> 8,26) inspirados por el Esp&iacute;ritu. &Eacute;sta es una oraci&oacute;n que anhela, en medio de la tribulaci&oacute;n, el cumplimiento de las promesas de Dios. Es una plegaria de esperanza inagotable, pero tambi&eacute;n de paciente perseverancia y, a veces, acompa&ntilde;ada por el sufrimiento por la verdad. A trav&eacute;s de esta plegaria participamos en el misterio de la misma debilidad y sufrimiento de Cristo, mientras confiamos firmemente en la victoria de su Cruz. Que la Iglesia en Am&eacute;rica, con esta oraci&oacute;n, emprenda cada vez m&aacute;s el camino de la conversi&oacute;n y de la fidelidad al Evangelio. Y que todos los cat&oacute;licos experimenten el consuelo de la esperanza y los dones de la alegr&iacute;a y la fuerza infundidos por el Esp&iacute;ritu. <\/p>\n<p> En el relato evang&eacute;lico de hoy, el Se&ntilde;or resucitado otorga a los Ap&oacute;stoles el don del Esp&iacute;ritu Santo y les concede la autoridad para perdonar los pecados. Mediante el poder invencible de la gracia de Cristo, confiado a fr&aacute;giles ministros humanos, la Iglesia renace continuamente y se nos da a cada uno de nosotros la esperanza de un nuevo comienzo. Confiemos en el poder del Esp&iacute;ritu de inspirar conversi&oacute;n, curar cada herida, superar toda divisi&oacute;n y suscitar vida y libertades nuevas. &iexcl;Cu&aacute;nta necesidad tenemos de estos dones! &iexcl;Y qu&eacute; cerca los tenemos, particularmente en el Sacramento de la penitencia! La fuerza libertadora de este Sacramento, en el que nuestra sincera confesi&oacute;n del pecado encuentra la palabra misericordiosa de perd&oacute;n y paz de parte de Dios, necesita ser redescubierta y ralea propia de cada cat&oacute;lico. En gran parte la renovaci&oacute;n de la Iglesia en Am&eacute;rica y en el mundo depende de la renovaci&oacute;n de la regla de la penitencia y del crecimiento en la santidad: los dos es inspirado y realizadas por este Sacramento. <\/p>\n<p> \u201cEn esperanza fuimos salvados\u201d (<i>Rm<\/i> 8,24). Mientras la Iglesia en los Estados Unidos da gracias por las bendiciones de los doscientos a&ntilde;os pasados, invito a ustedes, a sus familias y cada parroquia y comunidad religiosa a confiar en el poder de la gracia para crear un futuro prometedor para el Pueblo de Dios en este Pa&iacute;s. En el nombre del Se&ntilde;or Jes&uacute;s les pido que eviten toda divisi&oacute;n y que trabajen con alegr&iacute;a para preparar v&iacute;a para &Eacute;l, fieles a su palabra y en constante conversi&oacute;n a su voluntad. Les exhorto, sobre todo, a seguir a siendo fermento de esperanza evang&eacute;lica en la sociedad americana, con el fin de llevar la luz y la verdad del Evangelio en la tarea de crear un mundo cada vez m&aacute;s justo y libre para las generaciones futuras. <\/p>\n<p> Quien tiene esperanza ha de vivir de otra manera (cf. <i> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi.html\">Spe Salvi<\/a><\/i>, 2). Que ustedes, mediante sus plegarias, el testimonio de su fe y la fecundidad de su caridad, indiquen el camino hacia ese horizonte inmenso de esperanza que Dios est&aacute; abriendo tambi&eacute;n hoy a su Iglesia, m&aacute;s a&uacute;n, a toda la humanidad: la visi&oacute;n de un mundo reconciliado y renovado en Jesucristo, nuestro Salvador. A &Eacute;l honor y gloria, ahora y siempre.<\/p>\n<p align=\"left\">Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Palabras del Santo Padre a los fieles de lengua espa&ntilde;ola<\/i><\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas de lengua espa&ntilde;ola: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\"> Deseo saludarles con las mismas palabras que Cristo Resucitado dirigi&oacute; a los ap&oacute;stoles: \u201cPaz a ustedes\u201d (<i>Jn<\/i> 20,19). Que la alegr&iacute;a de saber que el Se&ntilde;or ha triunfado sobre la muerte y el pecado les ayude a ser, all&aacute; donde se encuentren, testigos de su amor y sembradores de la esperanza que &Eacute;l vino a traernos y que jam&aacute;s defrauda. <\/p>\n<p align=\"left\">No se dejen vencer por el pesimismo, la inercia o los problemas. Antes bien, fieles a los compromisos que adquirieron en su bautismo, profundicen cada d&iacute;a en el conocimiento de Cristo y permitan que su coraz&oacute;n quede conquistado por su amor y por su perd&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia en los Estados Unidos, acogiendo en su seno a tantos de sus hijos emigrantes, ha ido creciendo gracias tambi&eacute;n a la vitalidad del testimonio de fe de los fieles de lengua espa&ntilde;ola. Por eso, el Se&ntilde;or les llama a seguir contribuyendo al futuro de la Iglesia en este Pa&iacute;s y a la difusi&oacute;n del Evangelio. S&oacute;lo si est&aacute;n unidos a Cristo y entre ustedes, su testimonio evangelizador ser&aacute; cre&iacute;ble y florecer&aacute; en copiosos frutos de paz y reconciliaci&oacute;n en medio de un mundo muchas veces marcado por divisiones y enfrentamientos. <\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia espera mucho de ustedes. No la defrauden en su donaci&oacute;n generosa. \u201cLo que han recibido gratis, denlo gratis\u201d (<i>Mt<\/i> 10,8). Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"center\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A LOS ESTADOS UNIDOS DE AM&Eacute;RICA Y VISITA A LA SEDE DE LA ORGANIZACI&Oacute;N DE LA NACIONES UNIDAS SANTA MISA HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Nationals Stadium de Washington, D.C. 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