{"id":40850,"date":"2016-10-06T15:01:17","date_gmt":"2016-10-06T20:01:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-marzo-de-2008-vigilia-pascual\/"},"modified":"2016-10-06T15:01:17","modified_gmt":"2016-10-06T20:01:17","slug":"22-de-marzo-de-2008-vigilia-pascual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-marzo-de-2008-vigilia-pascual\/","title":{"rendered":"22 de marzo de 2008: Vigilia Pascual"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N DE LA VIGILIA PASCUAL <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\"> DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica de San Pedro <br \/>S&aacute;bado Santo 22 de marzo de 2008<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\">\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i><\/p>\n<p>En su discurso de despedida, Jes&uacute;s anunci&oacute; a los disc&iacute;pulos su inminente muerte y resurrecci&oacute;n con una frase misteriosa: &laquo;Me voy y vuelvo a vuestro lado&raquo; (<i>Jn<\/i> 14, 28). Morir es partir. Aunque el cuerpo del difunto a&uacute;n permanece, &eacute;l personalmente se march&oacute; hacia lo desconocido y nosotros no podemos seguirlo (cf. <i>Jn<\/i> 13, 36). Pero en el caso de Jes&uacute;s existe una novedad &uacute;nica que cambia el mundo. En nuestra muerte el partir es algo definitivo; no hay retorno. Jes&uacute;s, en cambio, dice de su muerte: &laquo;Me voy y vuelvo a vuestro lado&raquo;. Precisamente al irse, regresa. Su marcha inaugura un modo totalmente nuevo y m&aacute;s grande de su presencia. Con su muerte entra en el amor del Padre. Su muerte es un acto de amor. Ahora bien, el amor es inmortal. Por este motivo su partida se transforma en un retorno, en una forma de presencia que llega hasta lo m&aacute;s profundo y no acaba nunca. <\/p>\n<p>En su vida terrena Jes&uacute;s, como todos nosotros, estaba sujeto a las condiciones externas de la existencia corp&oacute;rea: a un lugar determinado y a un tiempo determinado. La corporeidad pone l&iacute;mites a nuestra existencia. No podemos estar simult&aacute;neamente en dos lugares diferentes. Nuestro tiempo est&aacute; destinado a acabarse. Entre el yo y el t&uacute; est&aacute; el muro de la alteridad. Ciertamente, por el amor podemos entrar, de alg&uacute;n modo, en la existencia del otro. Sin embargo, queda la barrera infranqueable de que somos diversos. <\/p>\n<p>En cambio, Jes&uacute;s, que por el acto de amor ha sido transformado totalmente, est&aacute; libre de esas barreras y l&iacute;mites. No s&oacute;lo es capaz de atravesar las puertas exteriores cerradas, como nos narran los Evangelios (cf. <i>Jn <\/i>20, 19). Tambi&eacute;n puede atravesar la puerta interior entre el yo y el t&uacute;, la puerta cerrada entre el ayer y el hoy, entre el pasado y el porvenir. Cuando, en el d&iacute;a de su entrada solemne en Jerusal&eacute;n, un grupo de griegos pidi&oacute; verlo, Jes&uacute;s respondi&oacute; con la par&aacute;bola del grano de trigo que, para dar mucho fruto, tiene que morir. De ese modo predijo su propio destino: no quer&iacute;a limitarse a hablar unos minutos con algunos griegos. A trav&eacute;s de su cruz, de su partida, de su muerte como el grano de trigo, llegar&iacute;a realmente a los griegos, de modo que ellos pudieran verlo y tocarlo por la fe. <\/p>\n<p>Su partida se convierte en un venir en el modo universal de la presencia del Resucitado ayer, hoy y siempre. &Eacute;l viene tambi&eacute;n hoy y abraza todos los tiempos y todos los lugares. Ahora puede superar tambi&eacute;n el muro de la alteridad que separa el yo del t&uacute;. Esto sucedi&oacute; a san Pablo, que describe el proceso de su conversi&oacute;n y su bautismo con las palabras: &laquo;Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en m&iacute;&raquo; (<i>Ga <\/i>2, 20). Con la llegada del Resucitado, san Pablo obtuvo una identidad nueva. Su yo cerrado se abri&oacute;. Ahora vive en comuni&oacute;n con Jesucristo en el gran yo de los creyentes que se han convertido \u2014como &eacute;l afirma\u2014 en &laquo;uno en Cristo&raquo; (<i>Ga<\/i> 3, 28). <\/p>\n<p>Queridos amigos, as&iacute; se pone de manifiesto que las palabras misteriosas que pronunci&oacute; Jes&uacute;s en el Cen&aacute;culo ahora \u2014mediante el bautismo\u2014 se hacen de nuevo presentes para vosotros. En el bautismo el Se&ntilde;or entra en vuestra vida por la puerta de vuestro coraz&oacute;n. Nosotros no estamos ya uno junto a otro o uno contra otro. &Eacute;l atraviesa todas estas puertas. Esta es la realidad del bautismo: &eacute;l, el Resucitado, viene, viene a vosotros y une su vida a la vuestra, introduci&eacute;ndoos en el fuego vivo de su amor. Form&aacute;is una unidad; s&iacute;, sois uno con &eacute;l y de este modo sois uno entre vosotros. <\/p>\n<p>En un primer momento esto puede parecer muy te&oacute;rico y poco realista. Pero cuanto m&aacute;s viv&aacute;is la vida de bautizados, tanto m&aacute;s podr&eacute;is experimentar la verdad de estas palabras. En realidad, las personas bautizadas y creyentes nunca son extra&ntilde;as las unas para las otras. Pueden separarnos continentes, culturas, estructuras sociales o tambi&eacute;n distancias hist&oacute;ricas. Pero cuando nos encontramos nos conocemos en el mismo Se&ntilde;or, en la misma fe, en la misma esperanza, en el mismo amor, que nos conforman. Entonces experimentamos que el fundamento de nuestra vida es el mismo. Experimentamos que en lo m&aacute;s profundo de nosotros mismos estamos enraizados en la misma identidad, a partir de la cual todas las diversidades exteriores, por m&aacute;s grandes que sean, resultan secundarias. Los creyentes no son nunca totalmente extra&ntilde;os el uno para el otro. Estamos en comuni&oacute;n a causa de nuestra identidad m&aacute;s profunda: Cristo en nosotros. As&iacute; la fe es una fuerza de paz y reconciliaci&oacute;n en el mundo; la lejan&iacute;a ha sido superada, pues estamos unidos en el Se&ntilde;or (cf. <i>Ef<\/i> 2, 13). <\/p>\n<p>Esta naturaleza &iacute;ntima del bautismo, como don de una nueva identidad, es representada por la Iglesia en el sacramento a trav&eacute;s de elementos sensibles. El elemento fundamental del bautismo es el agua. En segundo lugar viene la luz, que en la liturgia de la Vigilia pascual destaca con gran eficacia. Reflexionemos brevemente sobre estos dos elementos. <\/p>\n<p>En el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de la <i>carta a los Hebreos<\/i> se encuentra una afirmaci&oacute;n sobre Cristo en la que el agua no aparece directamente, pero que, por su relaci&oacute;n con el Antiguo Testamento, deja traslucir el misterio del agua y su sentido simb&oacute;lico. All&iacute; se lee: &laquo;El Dios de la paz hizo volver de entre los muertos al gran Pastor de las ovejas en virtud de la sangre de la alianza eterna&raquo; (cf. <i>Hb<\/i> 13, 20). Esta frase guarda relaci&oacute;n con unas palabras del <i>libro de Isa&iacute;as<\/i>, en las que Mois&eacute;s es calificado como el pastor que el Se&ntilde;or ha hecho salir del agua, del mar (cf. <i>Is <\/i>63, 11). Jes&uacute;s se presenta ahora como el nuevo y definitivo Pastor que lleva a cabo lo que Mois&eacute;s hizo: nos saca de las aguas letales del mar, de las aguas de la muerte. <\/p>\n<p>En este contexto podemos recordar que Mois&eacute;s fue colocado por su madre en una cesta en el Nilo. Luego, por providencia divina, fue sacado de las aguas, llevado de la muerte a la vida, y as&iacute; \u2014salvado &eacute;l mismo de las aguas de la muerte\u2014 pudo conducir a los dem&aacute;s haci&eacute;ndolos pasar a trav&eacute;s del mar de la muerte. Jes&uacute;s descendi&oacute; por nosotros a las aguas oscuras de la muerte. Pero, como nos dice la <i>carta a los Hebreos<\/i>, en virtud de su sangre fue arrancado de la muerte: su amor se uni&oacute; al del Padre y as&iacute;, desde la profundidad de la muerte, pudo subir a la vida. Ahora nos eleva de las aguas de la muerte a la vida verdadera. <\/p>\n<p>S&iacute;, esto es lo que ocurre en el bautismo: &eacute;l nos atrae hac&iacute;a s&iacute;, nos atrae a la vida verdadera. Nos conduce por el mar de la historia, a menudo tan oscuro, en cuyas confusiones y peligros frecuentemente corremos el riesgo de hundirnos. En el bautismo nos toma de la mano, nos conduce por el camino que atraviesa el Mar Rojo de este tiempo y nos introduce en la vida eterna, en la vida verdadera y justa. Apretemos su mano. Pase lo que pase, no soltemos su mano. Caminemos, pues, por la senda que conduce a la vida. <\/p>\n<p>En segundo lugar est&aacute; el s&iacute;mbolo de la luz y del fuego. San Gregorio de Tours, en el siglo IV, narra la costumbre, que se ha mantenido durante mucho tiempo en ciertas partes, de tomar el fuego nuevo para la celebraci&oacute;n de la Vigilia pascual directamente del sol a trav&eacute;s de un cristal: as&iacute; se recib&iacute;a la luz y el fuego nuevamente del cielo para encender luego todas las luces y fuegos del a&ntilde;o. Se trata de un s&iacute;mbolo de lo que celebramos en la Vigilia pascual. Con la radicalidad de su amor, en el que el coraz&oacute;n de Dios y el coraz&oacute;n del hombre se han entrelazado, Jesucristo ha tomado verdaderamente la luz del cielo y la ha tra&iacute;do a la tierra: la luz de la verdad y el fuego del amor que transforma el ser del hombre. &Eacute;l ha tra&iacute;do la luz, y ahora sabemos qui&eacute;n es Dios y c&oacute;mo es Dios. As&iacute; tambi&eacute;n sabemos c&oacute;mo est&aacute;n las cosas con respecto al hombre; qu&eacute; somos y para qu&eacute; existimos. <\/p>\n<p>Ser bautizados significa que el fuego de esta luz ha penetrado hasta lo m&aacute;s &iacute;ntimo de nosotros mismos. Por esto, en la Iglesia antigua, al bautismo se le llamaba tambi&eacute;n el sacramento de la iluminaci&oacute;n: la luz de Dios entra en nosotros; as&iacute; nos convertimos nosotros mismos en hijos de la luz. No queremos dejar que se apague esta luz de la verdad que nos indica el camino. Queremos protegerla frente a todas las fuerzas que pretenden extinguirla para arrojarnos en la oscuridad sobre Dios y sobre nosotros mismos. La oscuridad, de vez en cuando, puede parecer c&oacute;moda. Puedo esconderme y pasar mi vida durmiendo. Pero nosotros no hemos sido llamados a las tinieblas, sino a la luz. <\/p>\n<p>En las promesas bautismales, por decirlo as&iacute;, encendemos nuevamente a&ntilde;o tras a&ntilde;o esta luz: s&iacute;, creo que el mundo y mi vida no provienen del azar, sino de la Raz&oacute;n eterna y del Amor eterno; han sido creados por Dios omnipotente. S&iacute;, creo que en Jesucristo, en su encarnaci&oacute;n, en su cruz y resurrecci&oacute;n, se ha manifestado el Rostro de Dios; que en &eacute;l Dios est&aacute; presente entre nosotros, nos une y nos conduce hacia nuestra meta, hacia el Amor eterno. S&iacute;, creo que el Esp&iacute;ritu Santo nos da la Palabra de verdad e ilumina nuestro coraz&oacute;n. Creo que en la comuni&oacute;n de la Iglesia nos convertimos todos en un solo Cuerpo con el Se&ntilde;or y as&iacute; caminamos hacia la resurrecci&oacute;n y la vida eterna. El Se&ntilde;or nos ha dado la luz de la verdad. Al mismo tiempo esta luz es tambi&eacute;n fuego, fuerza de Dios, una fuerza que no destruye, sino que quiere transformar nuestro coraz&oacute;n, para que seamos realmente hombres de Dios y para que su paz act&uacute;e en este mundo. <\/p>\n<p>En la Iglesia antigua exist&iacute;a la costumbre de que el obispo o el sacerdote, despu&eacute;s de la homil&iacute;a, exhortara a los creyentes exclamando: &laquo;<i>Conversi ad Dominum<\/i>&raquo;, &laquo;Volveos ahora hacia el Se&ntilde;or&raquo;. Eso significaba ante todo que ellos se volv&iacute;an hacia el este, en la direcci&oacute;n por donde sale el sol como signo de Cristo que vuelve, a cuyo encuentro vamos en la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a. Donde, por alguna raz&oacute;n, eso no era posible, dirig&iacute;an su mirada a la imagen de Cristo en el &aacute;bside o a la cruz, para orientarse interiormente hacia el Se&ntilde;or. Porque, en definitiva, se trataba de este hecho interior: de la <i>conversio<\/i>, de dirigir nuestra alma hacia Jesucristo y, de ese modo, hacia el Dios vivo, hacia la luz verdadera. <\/p>\n<p>Adem&aacute;s, se hac&iacute;a tambi&eacute;n otra exclamaci&oacute;n que a&uacute;n hoy, antes del Canon, se dirige a la comunidad creyente: &laquo;<i>Sursum corda<\/i>&raquo;, &laquo;Levantemos el coraz&oacute;n&raquo;, fuera de la mara&ntilde;a de nuestras preocupaciones, de nuestros deseos, de nuestras angustias, de nuestra distracci&oacute;n. Levantad vuestro coraz&oacute;n, vuestra interioridad. Con ambas exclamaciones se nos exhorta de alguna manera a renovar nuestro bautismo. <i>Conversi ad Dominum<\/i>: siempre debemos apartarnos de los caminos equivocados, en los que tan a menudo nos movemos con nuestro pensamiento y nuestras obras. Siempre tenemos que dirigirnos a &eacute;l, que es el camino, la verdad y la vida. Siempre hemos de ser &laquo;convertidos&raquo;, dirigir toda la vida a Dios. Y siempre tenemos que dejar que nuestro coraz&oacute;n sea sustra&iacute;do de la fuerza de gravedad, que lo atrae hacia abajo, y levantarlo interiormente hacia lo alto: hacia la verdad y el amor. <\/p>\n<p>En esta hora damos gracias al Se&ntilde;or, porque en virtud de la fuerza de su palabra y de los santos sacramentos nos indica el itinerario correcto y atrae hacia lo alto nuestro coraz&oacute;n. Y lo pedimos as&iacute;: S&iacute;, Se&ntilde;or, haz que nos convirtamos en personas pascuales, hombres y mujeres de la luz, llenos del fuego de tu amor. Am&eacute;n<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font><\/p>\n<p align=\"center\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DE LA VIGILIA PASCUAL HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de San Pedro S&aacute;bado Santo 22 de marzo de 2008 Queridos hermanos y hermanas: En su discurso de despedida, Jes&uacute;s anunci&oacute; a los disc&iacute;pulos su inminente muerte y resurrecci&oacute;n con una frase misteriosa: &laquo;Me voy y vuelvo a vuestro lado&raquo; (Jn 14, 28). &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-marzo-de-2008-vigilia-pascual\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab22 de marzo de 2008: Vigilia Pascual\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40850","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40850","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40850"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40850\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40850"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40850"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40850"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}