{"id":40856,"date":"2016-10-06T15:01:27","date_gmt":"2016-10-06T20:01:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-marzo-de-2008-santa-misa-en-el-xxv-aniversario-del-centro-internacional-juvenil-san-lorenzo\/"},"modified":"2016-10-06T15:01:27","modified_gmt":"2016-10-06T20:01:27","slug":"9-de-marzo-de-2008-santa-misa-en-el-xxv-aniversario-del-centro-internacional-juvenil-san-lorenzo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-marzo-de-2008-santa-misa-en-el-xxv-aniversario-del-centro-internacional-juvenil-san-lorenzo\/","title":{"rendered":"9 de marzo de 2008: Santa Misa en el XXV aniversario del Centro Internacional Juvenil San Lorenzo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <b><font color=\"#663300\">SANTA MISA EN EL XXV ANIVERSARIO <br \/>DEL CENTRO INTERNACIONAL JUVENIL SAN LORENZO<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font color=\"#663300\" size=\"4\"><i>HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI<\/i><\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>Iglesia de San Lorenzo in Piscibus, Roma<br \/> V Domingo de Cuaresma 9 de marzo de 2008<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">\n<p><i>Se&ntilde;ores cardenales; <br \/> venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; <br \/> queridos hermanos y hermanas:<\/i> <\/p>\n<p>Para m&iacute; es una gran alegr&iacute;a poder conmemorar juntamente con vosotros, en esta hermosa iglesia rom&aacute;nica, el 25&deg; aniversario del Centro internacional juvenil San Lorenzo, que el amado Papa Juan Pablo II quiso instituir cerca de la bas&iacute;lica de San Pedro e inaugur&oacute; el 13 de marzo de 1983. La santa misa que se celebra aqu&iacute; todos los viernes por la tarde constituye para muchos j&oacute;venes, que vienen de varias partes del mundo para estudiar en las universidades romanas, una importante cita espiritual y una significativa ocasi&oacute;n para tomar contacto con cardenales y obispos de la Curia romana, as&iacute; como con obispos de los cinco continentes de paso por Roma para su visita <i>ad limina. <\/i> <\/p>\n<p>Como hab&eacute;is recordado, tambi&eacute;n yo vine aqu&iacute; muchas veces a celebrar la Eucarist&iacute;a cuando era prefecto de la Congregaci&oacute;n para la doctrina de la fe, y fue siempre una hermosa experiencia encontrarme con chicos y chicas de tantas regiones de la tierra para quienes este centro es un importante punto de acogida y de referencia. <\/p>\n<p>Y precisamente a vosotros, queridos j&oacute;venes, dirijo ante todo mi cordial saludo, agradeci&eacute;ndoos la acogida entusiasta que me hab&eacute;is dispensado. Saludo, asimismo, a todos los que hab&eacute;is querido participar en esta celebraci&oacute;n, a la vez solemne y familiar. Saludo en especial a los se&ntilde;ores cardenales y a los prelados presentes. Permitidme que entre ellos cite en particular al cardenal Paul Josef Cordes, titular de esta iglesia de San Lorenzo in Piscibus, y al cardenal Stanislaw Rylko, presidente del Consejo pontificio para los laicos, a quien agradezco las amables palabras de bienvenida que me ha dirigido al inicio de la santa misa, juntamente con los dos portavoces de los j&oacute;venes. <\/p>\n<p>Saludo a mons. Josef Clemens, secretario del Consejo pontificio, al equipo de j&oacute;venes, sacerdotes y seminaristas que animan este centro bajo la gu&iacute;a de la secci&oacute;n de j&oacute;venes de ese dicasterio, y a todos los que de diferentes maneras brindan su colaboraci&oacute;n. Me refiero a las asociaciones, a los movimientos y a las comunidades aqu&iacute; representadas, con una menci&oacute;n especial para la Comunidad del Emmanuel, que desde hace veinte a&ntilde;os coordina con gran fidelidad las diversas iniciativas y ha creado una Escuela de misi&oacute;n en Roma, de la que provienen algunos de los j&oacute;venes aqu&iacute; presentes. Saludo tambi&eacute;n a los capellanes y a los voluntarios que han trabajado aqu&iacute; en estos veinticinco a&ntilde;os al servicio de la juventud. A todos y a cada uno va mi afectuoso saludo. <\/p>\n<p>Pasemos ahora al evangelio de este d&iacute;a, dedicado a un tema importante y fundamental: &iquest;qu&eacute; es la vida?, &iquest;qu&eacute; es la muerte?, &iquest;c&oacute;mo vivir?, &iquest;c&oacute;mo morir? Con el fin de ayudarnos a comprender mejor este misterio de la vida y la respuesta de Jes&uacute;s, san Juan usa para esta &uacute;nica realidad de la vida dos palabras diferentes, indicando las diversas dimensiones de la realidad llamada &quot;vida&quot;: la palabra <i>b&iacute;os<\/i> y la palabra <i>zo&eacute;<\/i>. <i>B&iacute;os<\/i>, como se comprende f&aacute;cilmente, significa este gran biocosmos, esta biosfera, que va desde las c&eacute;lulas primitivas hasta los organismos m&aacute;s organizados, m&aacute;s desarrollados, este gran &aacute;rbol de la vida, en el que se han desarrollado todas las posibilidades de la realidad <i>b&iacute;os<\/i>. A este &aacute;rbol de la vida pertenece el hombre; forma parte de este cosmos de la vida que comienza con un milagro: en la materia inerte se desarrolla un centro vital; la realidad que llamamos organismo. <\/p>\n<p>Pero el hombre, aun formando parte de este gran biocosmos, lo trasciende, porque tambi&eacute;n forma parte de la realidad que san Juan llama <i>zo&eacute;<\/i>. Es un nuevo nivel de la vida, en el que el ser se abre al conocimiento. Ciertamente, el hombre es siempre hombre con toda su dignidad, incluso en estado de coma o en la fase de embri&oacute;n, pero si s&oacute;lo vive biol&oacute;gicamente no se realizan ni desarrollan todas las potencialidades de su ser. El hombre est&aacute; llamado a abrirse a nuevas dimensiones. Es un ser que conoce. Desde luego, tambi&eacute;n los animales conocen, pero s&oacute;lo las cosas que les interesan para su vida biol&oacute;gica. El conocimiento del hombre va m&aacute;s all&aacute;; quiere conocerlo todo, toda la realidad, la realidad en su totalidad; quiere saber qu&eacute; es su ser y qu&eacute; es el mundo. Tiene sed de conocimiento del infinito; quiere llegar a la fuente de la vida; quiere beber de esta fuente, encontrar la vida misma. <\/p>\n<p>As&iacute; hemos tocado una segunda dimensi&oacute;n: el hombre no es s&oacute;lo un ser que conoce; tambi&eacute;n vive en relaci&oacute;n de amistad, de amor. Adem&aacute;s de la dimensi&oacute;n del conocimiento de la verdad y del ser, existe, inseparable de esta, la dimensi&oacute;n de la relaci&oacute;n, del amor. Y aqu&iacute; el hombre se acerca m&aacute;s a la fuente de la vida, de la que quiere beber para tener la vida en abundancia, para tener la vida misma. <\/p>\n<p>Podr&iacute;amos decir que toda la ciencia es una gran lucha por la vida; lo es, sobre todo, la medicina. En definitiva, la medicina es un esfuerzo por oponerse a la muerte, es b&uacute;squeda de inmortalidad. Pero, &iquest;podemos encontrar una medicina que nos asegure la inmortalidad? Esta es precisamente la cuesti&oacute;n del evangelio de hoy. Tratemos de imaginar que la medicina llegue a encontrar la receta contra la muerte, la receta de la inmortalidad. Incluso en ese caso, se tratar&iacute;a de una medicina que se situar&iacute;a dentro de la biosfera, una medicina ciertamente &uacute;til tambi&eacute;n para nuestra vida espiritual y humana, pero de por s&iacute; una medicina confinada dentro de la biosfera. <\/p>\n<p>Es f&aacute;cil imaginar lo que suceder&iacute;a si la vida biol&oacute;gica del hombre no tuviera fin, si fuera inmortal: nos encontrar&iacute;amos en un mundo envejecido, en un mundo lleno de viejos, en un mundo que no dejar&iacute;a espacio a los j&oacute;venes, un mundo en el que no se renovar&iacute;a la vida. As&iacute; comprendemos que este no puede ser el tipo de inmortalidad al que aspiramos; esta no es la posibilidad de beber en la fuente de la vida, que todos deseamos. <\/p>\n<p>Precisamente en este punto, en el que, por una parte, comprendemos que no podemos esperar una prolongaci&oacute;n infinita de la vida biol&oacute;gica y sin embargo, por otra, deseamos beber en la fuente de la vida para gozar de una vida sin fin, precisamente en este punto interviene el Se&ntilde;or y nos habla en el evangelio diciendo: &quot;Yo soy la resurrecci&oacute;n y la vida. El que cree en m&iacute;, aunque muera, vivir&aacute;; y todo el que vive y cree en m&iacute;, no morir&aacute; jam&aacute;s&quot; (<i>Jn<\/i> 11, 25-26). &quot;Yo soy la resurrecci&oacute;n&quot;: beber en la fuente de la vida es entrar en comuni&oacute;n con el amor infinito que es la fuente de la vida. Al encontrar a Cristo, entramos en contacto, m&aacute;s a&uacute;n, en comuni&oacute;n con la vida misma y ya hemos cruzado el umbral de la muerte, porque estamos en contacto, m&aacute;s all&aacute; de la vida biol&oacute;gica, con la vida verdadera. <\/p>\n<p>Los Padres de la Iglesia llamaron a la Eucarist&iacute;a <i>medicina de inmortalidad.<\/i> Y lo es, porque en la Eucarist&iacute;a entramos en contacto, m&aacute;s a&uacute;n, en comuni&oacute;n con el cuerpo resucitado de Cristo, entramos en el espacio de la vida ya resucitada, de la vida eterna. Entramos en comuni&oacute;n con ese cuerpo que est&aacute; animado por la vida inmortal y as&iacute; estamos ya desde ahora y para siempre en el espacio de la vida misma. As&iacute;, este evangelio es tambi&eacute;n una profunda interpretaci&oacute;n de lo que es la Eucarist&iacute;a y nos invita a vivir realmente de la Eucarist&iacute;a para poder ser transformados en la comuni&oacute;n del amor. Esta es la verdadera vida. <\/p>\n<p>En el evangelio de san Juan el Se&ntilde;or dice: &quot;Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia&quot; (<i>Jn<\/i> 10, 10). Vida en abundancia no es, como algunos piensan, consumir todo, tener todo, poder hacer todo lo que se quiera. En ese caso vivir&iacute;amos para las cosas muertas, vivir&iacute;amos para la muerte. Vida en abundancia es estar en comuni&oacute;n con la verdadera vida, con el amor infinito. As&iacute; entramos realmente en la abundancia de la vida y nos convertimos en portadores de la vida tambi&eacute;n para los dem&aacute;s. <\/p>\n<p>Los prisioneros de guerra que estuvieron en Rusia durante diez a&ntilde;os o m&aacute;s, expuestos al fr&iacute;o y al hambre, despu&eacute;s de volver dijeron: &quot;Pude sobrevivir porque sab&iacute;a que me esperaban. Sab&iacute;a que hab&iacute;a personas que me esperaban, sab&iacute;a que yo era necesario y esperado&quot;. Este amor que los esperaba fue la medicina eficaz de la vida contra todos los males. <\/p>\n<p>En realidad, hay alguien que nos espera a todos. El Se&ntilde;or nos espera; y no s&oacute;lo nos espera: est&aacute; presente y nos tiende la mano. Aceptemos la mano del Se&ntilde;or y pid&aacute;mosle que nos conceda vivir realmente, vivir la abundancia de la vida, para poder as&iacute; comunicar tambi&eacute;n a nuestros contempor&aacute;neos la verdadera vida, la vida en abundancia. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN EL XXV ANIVERSARIO DEL CENTRO INTERNACIONAL JUVENIL SAN LORENZO HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Iglesia de San Lorenzo in Piscibus, Roma V Domingo de Cuaresma 9 de marzo de 2008 Se&ntilde;ores cardenales; venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; queridos hermanos y hermanas: Para m&iacute; es una gran alegr&iacute;a &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-marzo-de-2008-santa-misa-en-el-xxv-aniversario-del-centro-internacional-juvenil-san-lorenzo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab9 de marzo de 2008: Santa Misa en el XXV aniversario del Centro Internacional Juvenil San Lorenzo\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40856","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40856","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40856"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40856\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40856"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40856"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40856"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}