{"id":40858,"date":"2016-10-06T15:01:30","date_gmt":"2016-10-06T20:01:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-febrero-de-2008-statio-y-procesion-penitencial-desde-la-basilica-de-san-anselmo-a-la-basilica-de-santa-sabina-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-las-cenizas\/"},"modified":"2016-10-06T15:01:30","modified_gmt":"2016-10-06T20:01:30","slug":"6-de-febrero-de-2008-statio-y-procesion-penitencial-desde-la-basilica-de-san-anselmo-a-la-basilica-de-santa-sabina-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-las-cenizas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-febrero-de-2008-statio-y-procesion-penitencial-desde-la-basilica-de-san-anselmo-a-la-basilica-de-santa-sabina-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-las-cenizas\/","title":{"rendered":"6 de febrero de 2008: Statio y procesi\u00f3n penitencial desde la Bas\u00edlica de San Anselmo a la Bas\u00edlica de Santa Sabina &#8211; Santa Misa, bendici\u00f3n e imposici\u00f3n de las cenizas"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>STATIO<\/i> Y PROCESI&Oacute;N PENITENCIAL DESDE LA IGLESIA DE SAN ANSELMO <br \/> A LA BAS&Iacute;LICA DE SANTA SABINA EN EL AVENTINO <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">SANTA MISA, BENDICI&Oacute;N E IMPOSICI&Oacute;N DE LA CENIZA <\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica de Santa Sabina <br \/> Mi&eacute;rcoles de Ceniza, 6 de febrero de 2008 <\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>Si el Adviento es, por excelencia, el tiempo que nos invita a esperar en el Dios que viene, la Cuaresma nos renueva en la esperanza en Aquel que nos hace pasar de la muerte a la vida. Ambos son tiempos de purificaci&oacute;n \u2014lo manifiesta tambi&eacute;n el color lit&uacute;rgico que tienen en com&uacute;n\u2014, pero de modo especial la Cuaresma, toda ella orientada al misterio de la Redenci&oacute;n, se define como &laquo;camino de aut&eacute;ntica conversi&oacute;n&raquo; (<i>Oraci&oacute;n colecta<\/i>). <\/p>\n<p>Al inicio de este itinerario penitencial, quiero reflexionar brevemente sobre la oraci&oacute;n y el sufrimiento como aspectos caracter&iacute;sticos del tiempo lit&uacute;rgico cuaresmal. A la pr&aacute;ctica de la limosna ya dediqu&eacute; el <i> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/lent\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20071030_lent-2008.html\"> Mensaje para la Cuaresma<\/a><\/i>, publicado la semana pasada. <\/p>\n<p>En la enc&iacute;clica <i> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi.html\"> Spe salvi<\/a><\/i> puse de relieve que la oraci&oacute;n y el sufrimiento, juntamente con el obrar y el juicio, son &laquo;lugares de aprendizaje y de ejercicio de la esperanza&raquo;. Por tanto, podr&iacute;amos afirmar que el <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/liturgical_year\/lent\/index-lent2008_sp.htm\">tiempo cuaresmal<\/a>, precisamente porque invita a la oraci&oacute;n, a la penitencia y al ayuno, constituye una ocasi&oacute;n providencial para hacer m&aacute;s viva y firme nuestra esperanza. <\/p>\n<p>La oraci&oacute;n alimenta la esperanza, porque nada expresa mejor la realidad de Dios en nuestra vida que orar con fe. Incluso en la soledad de la prueba m&aacute;s dura, nada ni nadie pueden impedir que nos dirijamos al Padre &laquo;en lo secreto&raquo; de nuestro coraz&oacute;n, donde s&oacute;lo &eacute;l &laquo;ve&raquo;, como dice Jes&uacute;s en el Evangelio (cf. <i>Mt <\/i>6, 4.&nbsp;6.&nbsp;18). <\/p>\n<p>Vienen a la mente dos momentos de la existencia terrena de Jes&uacute;s, que se sit&uacute;an uno al inicio y otro casi al final de su vida p&uacute;blica:&nbsp; los cuarenta d&iacute;as en el desierto, sobre los cuales est&aacute; calcado el tiempo cuaresmal, y la agon&iacute;a en Getseman&iacute;. Ambos son esencialmente momentos de oraci&oacute;n. Oraci&oacute;n en di&aacute;logo con el Padre, a solas, de t&uacute; a t&uacute;, en el desierto; oraci&oacute;n llena de &laquo;angustia mortal&raquo; en el Huerto de los Olivos. Pero en ambas circunstancias, orando, Cristo desenmascara los enga&ntilde;os del tentador y lo derrota. As&iacute;, la oraci&oacute;n se muestra como la primera y principal &laquo;arma&raquo; para &laquo;afrontar victoriosamente el combate contra las fuerzas del mal&raquo; (<i>Oraci&oacute;n colecta). <\/i> <\/p>\n<p>La oraci&oacute;n de Cristo alcanza su culmen en la cruz, expres&aacute;ndose en las &uacute;ltimas palabras que recogieron los evangelistas. Cuando parece lanzar un grito de desesperaci&oacute;n:&nbsp; &laquo;Dios m&iacute;o, Dios m&iacute;o, &iquest;por qu&eacute; me has abandonado&raquo; (<i>Mt<\/i> 27, 46; <i>Mc<\/i> 15, 34; cf. <i>Sal<\/i> 21, 1), en realidad Cristo hace suya la invocaci&oacute;n del que, asediado por sus enemigos, sin escapatoria, s&oacute;lo tiene a Dios para dirigirse y, por encima de todas las posibilidades humanas, experimenta su gracia y su salvaci&oacute;n. <\/p>\n<p>Con esas palabras del Salmo, primero de un hombre abrumado por el sufrimiento y, despu&eacute;s, del pueblo de Dios inmerso en sus sufrimientos por la aparente ausencia de Dios, Jes&uacute;s hace suyo ese grito de la humanidad que sufre por la aparente ausencia de Dios y lleva este grito al coraz&oacute;n del Padre. Al orar as&iacute; en esta &uacute;ltima soledad, junto con toda la humanidad, nos abre el coraz&oacute;n de Dios. <\/p>\n<p>As&iacute; pues, no hay contradicci&oacute;n entre esas palabras del Salmo 21 y las palabras llenas de confianza filial:&nbsp; &laquo;Padre, en tus manos encomiendo mi esp&iacute;ritu&raquo; (<i>Lc<\/i> 23, 46; cf. <i>Sal<\/i> 30, 6). Tambi&eacute;n estas palabras est&aacute;n tomadas de un Salmo, el 30, imploraci&oacute;n dram&aacute;tica de una persona que, abandonada por todos, se pone segura en manos de Dios. <\/p>\n<p>La oraci&oacute;n de s&uacute;plica llena de esperanza es, por tanto, el <i> leit motiv<\/i> de la Cuaresma y nos hace experimentar a Dios como &uacute;nica ancla de salvaci&oacute;n. Aun cuando sea colectiva, la oraci&oacute;n del pueblo de Dios es voz de un solo coraz&oacute;n y de una sola alma; es di&aacute;logo &laquo;de t&uacute; a t&uacute;&raquo;, como la conmovedora imploraci&oacute;n de la reina Ester cuando su pueblo estaba a punto de ser exterminado:&nbsp; &laquo;Mi Se&ntilde;or y Dios nuestro, t&uacute; eres &uacute;nico. Ven en mi socorro, que estoy sola y no tengo socorro sino en ti, y mi vida est&aacute; en gran peligro&raquo; (<i>Est<\/i> 4, 17 l). Ante un &laquo;gran peligro&raquo; hace falta una esperanza m&aacute;s grande, y esta esperanza es s&oacute;lo la que puede contar con Dios. <\/p>\n<p>La oraci&oacute;n es un crisol en el que nuestras expectativas y aspiraciones son expuestas a la luz de la palabra de Dios, se sumergen en el di&aacute;logo con Aquel que es la verdad y salen purificadas de mentiras ocultas y componendas &nbsp;con diversas formas de ego&iacute;smo (cf.<i> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi.html\"> Spe salvi<\/a><\/i>, 33). Sin la dimensi&oacute;n de la oraci&oacute;n, el yo humano acaba por encerrarse en s&iacute; mismo, y la conciencia, que deber&iacute;a ser eco de la voz de Dios, corre el peligro de reducirse a un espejo del yo, de forma que el coloquio interior se transforma en un mon&oacute;logo, dando pie a mil auto-justificaciones. <\/p>\n<p>Por eso, la oraci&oacute;n es garant&iacute;a de apertura a los dem&aacute;s. Quien se abre a Dios y a sus exigencias, al mismo tiempo se abre a los dem&aacute;s, a los hermanos que llaman a la puerta de su coraz&oacute;n y piden escucha, atenci&oacute;n, perd&oacute;n, a veces correcci&oacute;n, pero siempre con caridad fraterna. La verdadera oraci&oacute;n nunca es egoc&eacute;ntrica; siempre est&aacute; centrada en los dem&aacute;s. Como tal, lleva al que ora al &laquo;&eacute;xtasis&raquo; de la caridad, a la capacidad de salir de s&iacute; mismo para hacerse pr&oacute;jimo de los dem&aacute;s en el servicio humilde y desinteresado. <\/p>\n<p>La verdadera oraci&oacute;n es el motor del mundo, porque lo tiene abierto a Dios. Por eso, sin oraci&oacute;n no hay esperanza, sino s&oacute;lo espejismos. En efecto, no es la presencia de Dios lo que aliena al hombre, sino su ausencia:&nbsp; sin el verdadero Dios, Padre de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, las esperanzas se transforman en espejismos, que llevan a evadirse de la realidad. En cambio, hablar con Dios, permanecer en su presencia, dejarse iluminar y purificar por su palabra, nos introduce en el coraz&oacute;n de la realidad, en el &iacute;ntimo Motor del devenir c&oacute;smico; por decirlo as&iacute;, nos introduce en el coraz&oacute;n palpitante del universo. <\/p>\n<p>En conexi&oacute;n arm&oacute;nica con la oraci&oacute;n, tambi&eacute;n el ayuno y la limosna pueden considerarse lugares de aprendizaje y ejercicio de la esperanza cristiana. Los santos Padres y los escritores antiguos sol&iacute;an subrayar que estas tres dimensiones de la vida evang&eacute;lica son inseparables, se fecundan rec&iacute;procamente y llevan tanto mayor fruto cuanto m&aacute;s se corroboran mutuamente. Gracias a la acci&oacute;n conjunta de la oraci&oacute;n, el ayuno y la limosna, la Cuaresma forma a los cristianos para ser hombres y mujeres de esperanza, a ejemplo de los santos. <\/p>\n<p>Ahora quiero reflexionar brevemente tambi&eacute;n sobre el sufrimiento, pues, como escrib&iacute; en la enc&iacute;clica <i> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi.html\"> Spe salvi<\/a><\/i>, &laquo;la grandeza de la humanidad est&aacute; determinada esencialmente por su relaci&oacute;n con el sufrimiento y con el que sufre. Esto es v&aacute;lido tanto para el individuo como para la sociedad&raquo; (n. 38). La Pascua, hacia la cual se orienta la Cuaresma, es el misterio que da sentido al sufrimiento humano, partiendo de la sobreabundancia de la com-pasi&oacute;n de Dios, realizada en Jesucristo. <\/p>\n<p>Por consiguiente, el camino cuaresmal, al estar totalmente impregnado de la luz pascual, nos hace revivir lo que aconteci&oacute; en el coraz&oacute;n divino-humano de Cristo mientras sub&iacute;a a Jerusal&eacute;n por &uacute;ltima vez, para ofrecerse a s&iacute; mismo en expiaci&oacute;n (cf. <i>Is<\/i> 53, 10). A medida que Jes&uacute;s se acercaba a la cruz, el sufrimiento y la muerte bajaban como tinieblas, pero tambi&eacute;n se avivaba la llama del amor. En efecto, el sufrimiento de Cristo est&aacute; totalmente iluminado por la luz del amor (cf. <i> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi.html\"> Spe salvi<\/a><\/i>, 38):&nbsp; el amor del Padre que permite al Hijo afrontar con confianza su &uacute;ltimo &laquo;bautismo&raquo;, como &eacute;l mismo define el culmen de su misi&oacute;n (cf. <i>Lc<\/i> 12, 50). <\/p>\n<p>Ese bautismo de dolor y de amor, Jes&uacute;s lo recibi&oacute; por nosotros, por toda la humanidad. Sufri&oacute; por la verdad y la justicia, trayendo a la historia de los hombres el evangelio del sufrimiento, que es la otra cara del evangelio del amor. Dios no puede padecer, pero puede y quiere com-padecer. Por la pasi&oacute;n de Cristo puede entrar en todo sufrimiento humano la <i>con-solatio<\/i>, &laquo;el consuelo del amor participado de Dios y as&iacute; aparece la estrella de la esperanza&raquo; (<i><a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi.html\">Spe salvi<\/a><\/i>, 39). <\/p>\n<p>Al igual que sucede con respecto a la oraci&oacute;n, tambi&eacute;n por lo que ata&ntilde;e al sufrimiento la historia de la Iglesia est&aacute; llena de testigos que se entregaron sin medida por los dem&aacute;s, a costa de duros sufrimientos. Cuanto mayor es la esperanza que nos anima, tanto mayor es tambi&eacute;n en nosotros la capacidad de sufrir por amor de la verdad y del bien, ofreciendo con alegr&iacute;a las peque&ntilde;as y grandes pruebas de cada d&iacute;a e insert&aacute;ndolas en el gran com-padecer de Cristo (cf. <i>ib.<\/i>, 40). <\/p>\n<p>Que en este camino de perfecci&oacute;n evang&eacute;lica nos ayude Mar&iacute;a, cuyo coraz&oacute;n inmaculado, juntamente con el de su Hijo, fue traspasado por la espada del dolor. Precisamente en estos d&iacute;as, recordando el 150&deg; aniversario de las apariciones de la Virgen en Lourdes, se nos invita a meditar en el misterio de la participaci&oacute;n de Mar&iacute;a en los dolores de la humanidad. Al mismo tiempo se nos exhorta a encontrar consuelo en el &laquo;tesoro de compasi&oacute;n&raquo; (<i>ib.<\/i>) de la Iglesia, al que ella contribuy&oacute; m&aacute;s que cualquier otra criatura. <\/p>\n<p>Iniciemos, por tanto, la Cuaresma en uni&oacute;n espiritual con Mar&iacute;a, que &laquo;avanz&oacute; en la peregrinaci&oacute;n de la fe&raquo; siguiendo a su Hijo (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a><\/i>, 58) y siempre precede a los disc&iacute;pulos en el itinerario hacia la luz pascual. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>STATIO Y PROCESI&Oacute;N PENITENCIAL DESDE LA IGLESIA DE SAN ANSELMO A LA BAS&Iacute;LICA DE SANTA SABINA EN EL AVENTINO SANTA MISA, BENDICI&Oacute;N E IMPOSICI&Oacute;N DE LA CENIZA HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de Santa Sabina Mi&eacute;rcoles de Ceniza, 6 de febrero de 2008 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Si el Adviento es, por &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-febrero-de-2008-statio-y-procesion-penitencial-desde-la-basilica-de-san-anselmo-a-la-basilica-de-santa-sabina-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-las-cenizas\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab6 de febrero de 2008: Statio y procesi\u00f3n penitencial desde la Bas\u00edlica de San Anselmo a la Bas\u00edlica de Santa Sabina &#8211; Santa Misa, bendici\u00f3n e imposici\u00f3n de las cenizas\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40858","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40858","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40858"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40858\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40858"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40858"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40858"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}