{"id":40860,"date":"2016-10-06T15:01:33","date_gmt":"2016-10-06T20:01:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-enero-de-2008-clausura-de-la-semana-de-oracion-por-la-unidad-de-los-cristianos\/"},"modified":"2016-10-06T15:01:33","modified_gmt":"2016-10-06T20:01:33","slug":"25-de-enero-de-2008-clausura-de-la-semana-de-oracion-por-la-unidad-de-los-cristianos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-enero-de-2008-clausura-de-la-semana-de-oracion-por-la-unidad-de-los-cristianos\/","title":{"rendered":"25 de enero de 2008: Clausura de la Semana de oraci\u00f3n por la unidad de los cristianos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N DE LAS V&Iacute;SPERAS <br \/>EN LA FIESTA DE LA CONVERSI&Oacute;N DE SAN PABLO<br \/>COMO CONCLUSI&Oacute;N DE LA SEMANA DE ORACI&Oacute;N <br \/>PARA LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>H<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">OMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica de San Pablo extramuros<br \/> Viernes 25 de enero de 2008<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>La fiesta de la Conversi&oacute;n de San Pablo nos pone nuevamente en la presencia de este gran Ap&oacute;stol, escogido por Dios para ser su &quot;testigo ante todos los hombres&quot; (<i>Hch<\/i> 22, 15). Para Saulo de Tarso el momento del encuentro con Cristo resucitado en el camino de Damasco marc&oacute; el cambio decisivo de su vida. Se realiz&oacute; entonces su completa transformaci&oacute;n, una aut&eacute;ntica conversi&oacute;n espiritual. En un instante, por intervenci&oacute;n divina, el encarnizado perseguidor de la Iglesia de Dios se encontr&oacute; a s&iacute; mismo ciego, inmerso en la oscuridad, pero con el coraz&oacute;n invadido por una gran luz, que lo llevar&iacute;a en poco tiempo a ser un ardiente ap&oacute;stol del Evangelio. <\/p>\n<p>San Pablo siempre tuvo la certeza de que s&oacute;lo la gracia divina hab&iacute;a podido realizar una conversi&oacute;n semejante. Cuando hab&iacute;a dado ya lo mejor de s&iacute;, dedic&aacute;ndose incansablemente a la predicaci&oacute;n del Evangelio, escribi&oacute; con renovado fervor: &quot;He trabajado m&aacute;s que todos ellos. Pero no yo, sino la gracia de Dios que est&aacute; conmigo&quot; (<i>1 Co<\/i> 15, 10). Sin embargo, incansable como si la obra de la misi&oacute;n dependiera enteramente de sus esfuerzos, san Pablo estuvo siempre animado por la profunda convicci&oacute;n de que toda su fuerza proced&iacute;a de la gracia de Dios que actuaba en &eacute;l. <\/p>\n<p>Esta tarde, las palabras del Ap&oacute;stol sobre la relaci&oacute;n entre esfuerzo humano y gracia divina resuenan llenas de un significado muy particular. Al concluir la Semana de oraci&oacute;n por la unidad de los cristianos, somos a&uacute;n m&aacute;s conscientes de que la obra del restablecimiento de la unidad, que requiere nuestra energ&iacute;a y nuestro esfuerzo, es en cualquier caso infinitamente superior a nuestras posibilidades. La unidad con Dios y con nuestros hermanos y hermanas es un don que viene de lo alto, que brota de la comuni&oacute;n de amor entre el Padre, el Hijo y el Esp&iacute;ritu Santo, y que en ella se incrementa y se perfecciona. <\/p>\n<p>No est&aacute; en nuestro poder decidir cu&aacute;ndo o c&oacute;mo se realizar&aacute; plenamente esta unidad. S&oacute;lo Dios podr&aacute; hacerlo. Como san Pablo, tambi&eacute;n nosotros ponemos nuestra esperanza y nuestra confianza &quot;en la gracia de Dios que est&aacute; con nosotros&quot;. Queridos hermanos y hermanas, esto es lo que quiere implorar la oraci&oacute;n que elevamos juntos al Se&ntilde;or, para que sea &eacute;l quien nos ilumine y sostenga en nuestra b&uacute;squeda constante de la unidad. <\/p>\n<p>As&iacute;, asume su valor m&aacute;s pleno la exhortaci&oacute;n de san Pablo a los cristianos de Tesal&oacute;nica: &quot;Orad sin cesar&quot; (<i>1 Ts<\/i> 5, 17), que se ha escogido como tema de la Semana de oraci&oacute;n de este a&ntilde;o. El Ap&oacute;stol conoce bien a esa comunidad, nacida de su actividad misionera, y alberga grandes esperanzas respecto de ella. Conoce tanto sus m&eacute;ritos como sus debilidades. En efecto, entre sus miembros no faltan comportamientos, actitudes y debates que pueden crear tensiones y conflictos, y san Pablo interviene para ayudar a la comunidad a caminar en la unidad y en la paz. <\/p>\n<p>En la conclusi&oacute;n de la carta, con una bondad casi paterna, a&ntilde;ade una serie de exhortaciones muy concretas, invitando a los cristianos a fomentar la participaci&oacute;n de todos, a sostener a los d&eacute;biles, a ser pacientes, a no devolver a nadie mal por mal, a buscar siempre el bien, a estar siempre alegres y a dar gracias a Dios en toda circunstancia (cf. <i>1 Ts<\/i> 5, 12-22). En el centro de estas exhortaciones pone el imperativo &quot;orad sin cesar&quot;. En efecto, las dem&aacute;s recomendaciones perder&iacute;an fuerza y coherencia si no estuvieran sostenidas por la oraci&oacute;n. La unidad con Dios y con los dem&aacute;s se construye ante todo mediante una vida de oraci&oacute;n, en la b&uacute;squeda constante de la &quot;voluntad de Dios en Cristo Jes&uacute;s con respecto a nosotros&quot; (cf. <i>1 Ts<\/i> 5, 18). <\/p>\n<p>La invitaci&oacute;n de san Pablo a los Tesalonicenses sigue siendo siempre actual. Frente a las debilidades y los pecados que impiden a&uacute;n la comuni&oacute;n plena de los cristianos, cada una de esas exhortaciones ha mantenido su pertinencia, pero eso es verdad de modo especial para el imperativo: &quot;orad sin cesar&quot;. &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a el movimiento ecum&eacute;nico sin la oraci&oacute;n personal o com&uacute;n, para que &quot;todos sean uno, como t&uacute;, Padre, en m&iacute; y yo en ti&quot;? (<i>Jn<\/i> 17, 21). &iquest;D&oacute;nde podremos encontrar el &quot;impulso suplementario&quot; de fe, caridad y esperanza que hoy necesita de modo particular nuestra b&uacute;squeda de la unidad? <\/p>\n<p>Nuestro anhelo de unidad no deber&iacute;a limitarse a ocasiones espor&aacute;dicas, sino que ha de formar parte integrante de toda nuestra vida de oraci&oacute;n. Los art&iacute;fices de la reconciliaci&oacute;n y de la unidad en todas las &eacute;pocas de la historia han sido hombres y mujeres formados en la palabra de Dios y en la oraci&oacute;n. Ha sido la oraci&oacute;n la que abri&oacute; el camino al movimiento ecum&eacute;nico tal como lo conocemos hoy. De hecho, desde mediados del siglo XVIII, surgieron varios movimientos de renovaci&oacute;n espiritual, deseosos de contribuir por medio de la oraci&oacute;n a la promoci&oacute;n de la unidad de los cristianos. Desde el inicio, grupos de cat&oacute;licos, animados por destacadas personalidades religiosas, participaron activamente en esas iniciativas. <\/p>\n<p>La oraci&oacute;n por la unidad fue apoyada tambi&eacute;n por mis venerados predecesores, como el Papa Le&oacute;n XIII, el cual, ya en el a&ntilde;o 1895, recomend&oacute; la introducci&oacute;n de una novena de oraci&oacute;n por la unidad de los cristianos. Estos esfuerzos, realizados seg&uacute;n las posibilidades de la Iglesia de ese tiempo, pretend&iacute;an hacer realidad la oraci&oacute;n pronunciada por Jes&uacute;s mismo en el Cen&aacute;culo: &quot;Que todos sean uno&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 21). Por tanto, no existe un ecumenismo aut&eacute;ntico que no hunda sus ra&iacute;ces en la oraci&oacute;n. <\/p>\n<p>Este a&ntilde;o celebramos el centenario del &quot;Octavario por la unidad de la Iglesia&quot;, que m&aacute;s tarde se convirti&oacute; en la &quot;Semana de oraci&oacute;n por la unidad de los cristianos&quot;. Hace cien a&ntilde;os, el padre Paul Wattson, entonces a&uacute;n ministro episcopaliano, ide&oacute; un octavario de oraci&oacute;n por la unidad, que se celebr&oacute; por primera vez en Graymoor (Nueva York) del 18 al 25 de enero de 1908. Esta tarde dirijo con gran alegr&iacute;a mi saludo al ministro general y a la delegaci&oacute;n internacional de los Hermanos y las Hermanas franciscanos del <i>Atonement<\/i>, congregaci&oacute;n fundada por el padre Paul Wattson y promotora de su herencia espiritual. <\/p>\n<p>En la d&eacute;cada de 1930, el octavario de oraci&oacute;n experiment&oacute; importantes adaptaciones sobre todo por obra del abad Paul Couturier, de Lyon, tambi&eacute;n &eacute;l gran promotor del ecumenismo espiritual. Su invitaci&oacute;n a &quot;orar por la unidad de la Iglesia tal como Cristo la quiere y con los medios que &eacute;l quiere&quot;, permiti&oacute; a cristianos de todas las tradiciones unirse en una sola plegaria por la unidad. Demos gracias a Dios por el gran movimiento de oraci&oacute;n que, desde hace cien a&ntilde;os, acompa&ntilde;a y sostiene a los creyentes en Cristo en su b&uacute;squeda de unidad. La barca del ecumenismo nunca habr&iacute;a zarpado del puerto si no hubiera sido movida por esta amplia corriente de oraci&oacute;n e impulsada por el soplo del Esp&iacute;ritu Santo. <\/p>\n<p>Conjuntamente con la Semana de oraci&oacute;n, muchas comunidades religiosas y mon&aacute;sticas han invitado y ayudado a sus miembros a &quot;orar sin cesar&quot; por la unidad de los cristianos. En esta ocasi&oacute;n, aqu&iacute; reunidos, recordamos en particular la vida y el testimonio de sor Mar&iacute;a Gabriela de la Unidad (1914-1936), religiosa trapense del monasterio de Grottaferrata (actualmente en Vitorchiano). Cuando su superiora, animada por el abad Paul Couturier, invit&oacute; a las hermanas a orar y a entregarse por la unidad de los cristianos, sor Mar&iacute;a Gabriela se sinti&oacute; inmediatamente comprometida y no dud&oacute; en dedicar su joven existencia a esta gran causa. <\/p>\n<p>Hoy mismo se cumple el vig&eacute;simo quinto aniversario de su beatificaci&oacute;n, llevada a cabo por mi predecesor el Papa Juan Pablo II. Ese acontecimiento tuvo lugar en esta bas&iacute;lica precisamente el 25 de enero de 1983, durante la celebraci&oacute;n de clausura de la Semana de oraci&oacute;n por la unidad. En su homil&iacute;a, el siervo de Dios subray&oacute; los tres elementos sobre los cuales se construye la b&uacute;squeda de la unidad: la conversi&oacute;n, la cruz y la oraci&oacute;n. Sobre estos tres elementos se apoyaron la vida y el testimonio de sor Mar&iacute;a Gabriela. Hoy como ayer, el ecumenismo tiene gran necesidad del inmenso &quot;monasterio invisible&quot; del que hablaba el abad Paul Couturier, es decir, de la amplia comunidad de cristianos de todas las tradiciones que, sin hacer ruido, oran y ofrecen su vida para que se realice la unidad. <\/p>\n<p>Adem&aacute;s, desde hace exactamente cuarenta a&ntilde;os, las comunidades cristianas de todo el mundo reciben para la Semana meditaciones y plegarias preparadas conjuntamente por la comisi&oacute;n &quot;Fe y constituci&oacute;n&quot; del Consejo mundial de Iglesias y por el Consejo pontificio para la promoci&oacute;n de la unidad de los cristianos. Esta feliz colaboraci&oacute;n ha permitido ampliar el vasto c&iacute;rculo de oraci&oacute;n y preparar sus contenidos de un modo m&aacute;s adecuado. <\/p>\n<p>Esta tarde, saludo cordialmente al reverendo doctor Samuel Kobia, secretario general del Consejo mundial de Iglesias, que ha venido a Roma para unirse a nosotros en el centenario de la Semana de oraci&oacute;n. Me alegra la presencia de los miembros del &quot;grupo mixto de trabajo&quot;, a quienes saludo con afecto. El grupo mixto es el instrumento de cooperaci&oacute;n entre la Iglesia cat&oacute;lica y el Consejo mundial de Iglesias en la b&uacute;squeda com&uacute;n de unidad. <\/p>\n<p>Y, como cada a&ntilde;o, tambi&eacute;n dirijo mi saludo fraterno a los obispos, a los sacerdotes, a los pastores de las diversas Iglesias y comunidades eclesiales que tienen aqu&iacute; en Roma sus representantes. Vuestra participaci&oacute;n en esta oraci&oacute;n es manifestaci&oacute;n palpable de los v&iacute;nculos que nos unen en Cristo Jes&uacute;s: &quot;Porque donde est&aacute;n dos o tres reunidos en mi nombre, all&iacute; estoy yo en medio de ellos&quot; (<i>Mt<\/i> 18, 20). <\/p>\n<p>En esta hist&oacute;rica bas&iacute;lica, el pr&oacute;ximo d&iacute;a 28 de junio, se inaugurar&aacute; el a&ntilde;o consagrado al testimonio y a la ense&ntilde;anza del ap&oacute;stol san Pablo. Que su incansable celo por construir el Cuerpo de Cristo en la unidad nos ayude a orar sin cesar por la unidad plena de todos los cristianos. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\"> <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DE LAS V&Iacute;SPERAS EN LA FIESTA DE LA CONVERSI&Oacute;N DE SAN PABLOCOMO CONCLUSI&Oacute;N DE LA SEMANA DE ORACI&Oacute;N PARA LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de San Pablo extramuros Viernes 25 de enero de 2008 Queridos hermanos y hermanas: La fiesta de la Conversi&oacute;n de San Pablo nos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-enero-de-2008-clausura-de-la-semana-de-oracion-por-la-unidad-de-los-cristianos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab25 de enero de 2008: Clausura de la Semana de oraci\u00f3n por la unidad de los cristianos\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40860","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40860","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40860"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40860\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40860"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40860"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40860"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}