{"id":40863,"date":"2016-10-06T15:01:37","date_gmt":"2016-10-06T20:01:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-de-2008-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios\/"},"modified":"2016-10-06T15:01:37","modified_gmt":"2016-10-06T20:01:37","slug":"1-de-enero-de-2008-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-de-2008-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios\/","title":{"rendered":"1 de enero de 2008: Solemnidad de Santa Mar\u00eda, Madre de Dios"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE LA MADRE DE DIOS<br \/>XLI JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Martes 1 de enero de 2008 <\/font> <\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; <\/i> <\/p>\n<p>Hoy comenzamos un a&ntilde;o nuevo y nos lleva de la mano la esperanza cristiana. Lo comenzamos invocando sobre &eacute;l la bendici&oacute;n divina e implorando, por intercesi&oacute;n de Mar&iacute;a, Madre de Dios, el don de la paz para nuestras familias, para nuestras ciudades y para el mundo entero. <\/p>\n<p>Con este deseo os saludo a todos vosotros, aqu&iacute; presentes, comenzando por los ilustres embajadores del Cuerpo diplom&aacute;tico acreditado ante la Santa Sede, que han venido para participar en esta celebraci&oacute;n con ocasi&oacute;n de la Jornada mundial de la paz. Saludo al cardenal Tarcisio Bertone, mi secretario de Estado, al cardenal Renato Raffaele Martino y a todos los componentes del Consejo pontificio Justicia y paz. A ellos, en particular, les expreso mi gratitud por su compromiso de difundir el <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20071208_xli-world-day-peace.html\">Mensaje para la Jornada mundial de la paz<\/a>, que este a&ntilde;o tiene como tema:&nbsp; &quot;Familia humana, comunidad de paz&quot;. <\/p>\n<p>La paz. En la primera lectura, tomada del libro de los N&uacute;meros, hemos escuchado la invocaci&oacute;n:&nbsp; &quot;El Se&ntilde;or te conceda la paz&quot; (<i>Nm<\/i> 6, 26). El Se&ntilde;or conceda la paz a cada uno de vosotros, a vuestras familias y al mundo entero. Todos aspiramos a vivir en paz, pero la paz verdadera, la que anunciaron los &aacute;ngeles en la noche de Navidad, no es conquista del hombre o fruto de acuerdos pol&iacute;ticos; es ante todo don divino, que es preciso implorar constantemente y, al mismo tiempo, compromiso que es necesario realizar con paciencia, siempre d&oacute;ciles a los mandatos del Se&ntilde;or. <\/p>\n<p>Este a&ntilde;o, en el Mensaje para esta Jornada mundial de la paz puse de relieve la &iacute;ntima relaci&oacute;n que existe entre la familia y la construcci&oacute;n de la paz en el mundo. La familia natural, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, es &quot;cuna de la vida y del amor&quot; y &quot;la primera e insustituible educadora de la paz&quot;. Precisamente por eso la familia es &quot;la principal &quot;agencia&quot; de paz&quot; y &quot;la&nbsp;negaci&oacute;n o&nbsp;restricci&oacute;n&nbsp;de&nbsp;los&nbsp;derechos de la familia, al oscurecer la verdad sobre el hombre, <i>amenaza los &nbsp;fundamentos mismos de la paz<\/i>&quot; (cf. nn. 1-5). Dado que la humanidad es una &quot;gran familia&quot;, si quiere vivir en paz, no puede por menos de inspirarse en esos valores, sobre los cuales se funda y se apoya la comunidad familiar. <\/p>\n<p>La providencial coincidencia de varias celebraciones nos impulsa este a&ntilde;o a un esfuerzo a&uacute;n mayor para realizar la paz en el mundo. Hace sesenta a&ntilde;os, en 1948, la Asamblea general de las Naciones Unidas hizo p&uacute;blica la &quot;Declaraci&oacute;n universal de derechos humanos&quot;. Hace cuarenta a&ntilde;os, mi venerado predecesor Pablo VI celebr&oacute; la primera Jornada mundial de la paz. Este a&ntilde;o, adem&aacute;s, recordaremos el 25&deg; aniversario de la adopci&oacute;n por parte de la Santa Sede de la &quot;<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/pontifical_councils\/family\/documents\/rc_pc_family_doc_19831022_family-rights_sp.html\">Carta de los derechos de la familia<\/a>&quot;. &quot;A la luz de estas significativas efem&eacute;rides \u2014cito aqu&iacute; lo que escrib&iacute; precisamente al concluir el Mensaje\u2014, invito a todos los hombres y mujeres a tomar una conciencia m&aacute;s clara de la pertenencia com&uacute;n a la &uacute;nica familia humana y a comprometerse para que la convivencia en la tierra refleje cada vez m&aacute;s esta convicci&oacute;n, de la cual depende la instauraci&oacute;n de una paz verdadera y duradera&quot; (<i>L&#8217;Osservatore Romano<\/i>, edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 14 de diciembre de 2007, p. 5). <\/p>\n<p>Nuestro pensamiento se dirige ahora, naturalmente, a la Virgen Mar&iacute;a, a la que hoy invocamos como Madre de Dios. Fue el Papa Pablo VI quien traslad&oacute; al d&iacute;a 1 de enero la fiesta de la Maternidad divina de Mar&iacute;a, que antes ca&iacute;a el 11 de octubre. En efecto, antes de la reforma lit&uacute;rgica realizada despu&eacute;s del concilio Vaticano II, en el primer d&iacute;a del a&ntilde;o se celebraba la memoria de la circuncisi&oacute;n de Jes&uacute;s en el octavo d&iacute;a despu&eacute;s de su nacimiento \u2014como signo de sumisi&oacute;n a la ley, su inserci&oacute;n oficial en el pueblo elegido\u2014 y el domingo siguiente se celebraba la fiesta del nombre de Jes&uacute;s. <\/p>\n<p>De esas celebraciones encontramos algunas huellas en la p&aacute;gina evang&eacute;lica que acabamos de proclamar, en la que san Lucas refiere que, ocho d&iacute;as despu&eacute;s de su nacimiento, el Ni&ntilde;o fue circuncidado y le pusieron el nombre de Jes&uacute;s, &quot;el que le dio el &aacute;ngel antes de ser concebido en el seno de su madre&quot; (<i>Lc <\/i>2, 21). Por tanto, esta solemnidad, adem&aacute;s de ser una fiesta mariana muy significativa, conserva tambi&eacute;n un fuerte contenido cristol&oacute;gico, porque, podr&iacute;amos decir, antes que a la Madre, ata&ntilde;e precisamente al Hijo, a Jes&uacute;s, verdadero Dios y verdadero hombre. <br \/> Al misterio de la maternidad divina de Mar&iacute;a, la <i>Theotokos<\/i>, hace referencia el ap&oacute;stol san Pablo en la carta a los G&aacute;latas. &quot;Al llegar la plenitud de los tiempos \u2014escribe\u2014 envi&oacute; Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley&quot; (<i>Ga<\/i> 4, 4). En pocas palabras se encuentran sintetizados el misterio de la encarnaci&oacute;n del Verbo eterno y la maternidad divina de Mar&iacute;a:&nbsp; el gran privilegio de la Virgen consiste precisamente en ser Madre del Hijo, que es Dios. <\/p>\n<p>As&iacute; pues, ocho d&iacute;as despu&eacute;s de la Navidad, esta fiesta mariana encuentra su lugar m&aacute;s l&oacute;gico y adecuado. En efecto, en la noche de Bel&eacute;n, cuando &quot;dio a luz a su hijo primog&eacute;nito&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 7), se cumplieron las profec&iacute;as relativas al Mes&iacute;as. &quot;Una virgen concebir&aacute; y dar&aacute; a luz un hijo&quot;, hab&iacute;a anunciado Isa&iacute;as (<i>Is<\/i> 7, 14). &quot;Concebir&aacute;s en tu seno y dar&aacute;s a luz un hijo&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 31), dijo a Mar&iacute;a el &aacute;ngel Gabriel. Y tambi&eacute;n un &aacute;ngel del Se&ntilde;or \u2014narra el evangelista san Mateo\u2014, apareci&eacute;ndose en sue&ntilde;os a Jos&eacute;, lo tranquiliz&oacute; dici&eacute;ndole:&nbsp; &quot;No temas tomar contigo a Mar&iacute;a tu mujer, porque lo engendrado en ella es del Esp&iacute;ritu Santo. Dar&aacute; a luz un hijo&quot; (<i>Mt<\/i> 1, 20-21). <\/p>\n<p>El t&iacute;tulo de Madre de Dios es, juntamente con el de Virgen santa, el m&aacute;s antiguo y constituye el fundamento de todos los dem&aacute;s t&iacute;tulos con los que Mar&iacute;a ha sido venerada y sigue siendo invocada de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, tanto en Oriente como en Occidente. Al misterio de su maternidad divina hacen referencia muchos himnos y numerosas oraciones de la tradici&oacute;n cristiana, como por ejemplo una ant&iacute;fona mariana del tiempo navide&ntilde;o, el <i>Alma Redemptoris Mater<\/i>, con la que oramos as&iacute;:&nbsp; &quot;<i>Tu quae genuisti, natura mirante, tuum sanctum Genitorem, Virgo prius ac posterius<\/i>&quot;, &quot;T&uacute;, ante el asombro de toda la creaci&oacute;n, engendraste a tu Creador, Madre siempre virgen&quot;. <\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, contemplemos hoy a Mar&iacute;a, Madre siempre virgen del Hijo unig&eacute;nito del Padre. Aprendamos de ella a acoger al Ni&ntilde;o que por nosotros naci&oacute; en Bel&eacute;n. Si en el Ni&ntilde;o nacido de ella reconocemos al Hijo eterno de Dios y lo acogemos como nuestro &uacute;nico Salvador, podemos ser llamados, y seremos realmente, hijos de Dios:&nbsp; hijos en el Hijo. El Ap&oacute;stol escribe:&nbsp; &quot;Envi&oacute; Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibi&eacute;ramos la filiaci&oacute;n adoptiva&quot; (<i>Ga<\/i> 4, 4-5). <\/p>\n<p>El evangelista san Lucas repite varias veces que la Virgen meditaba silenciosamente esos acontecimientos extraordinarios en los que Dios la hab&iacute;a implicado. Lo hemos escuchado tambi&eacute;n en el breve pasaje evang&eacute;lico que la liturgia nos vuelve a proponer hoy. &quot;Mar&iacute;a conservaba todas estas cosas medit&aacute;ndolas en su coraz&oacute;n&quot; (<i>Lc <\/i>2, 19). El verbo griego usado, <i>sumb&aacute;llousa<\/i>, en su sentido literal significa &quot;poner juntamente&quot;, y hace pensar en un gran misterio que es preciso descubrir poco a poco. <\/p>\n<p>El Ni&ntilde;o que emite vagidos en el pesebre, aun siendo en apariencia semejante a todos los ni&ntilde;os del mundo, al mismo tiempo es totalmente diferente:&nbsp; es el Hijo de Dios, es Dios, verdadero Dios y verdadero hombre. Este misterio \u2014la encarnaci&oacute;n del Verbo y la maternidad divina de Mar&iacute;a\u2014 es grande y ciertamente no es f&aacute;cil de comprender con la sola inteligencia humana. <\/p>\n<p>Sin embargo, en la escuela de Mar&iacute;a podemos captar con el coraz&oacute;n lo que los ojos y la mente por s&iacute; solos no logran percibir ni pueden contener. En efecto, se trata de un don tan grande que s&oacute;lo con la fe podemos acoger, aun sin comprenderlo todo. Y es precisamente en este camino de fe donde Mar&iacute;a nos sale al encuentro, nos ayuda y nos gu&iacute;a. Ella es madre porque engendr&oacute; en la carne a Jes&uacute;s; y lo es porque se adhiri&oacute; totalmente a la voluntad del Padre. San Agust&iacute;n escribe:&nbsp; &quot;Ning&uacute;n valor hubiera tenido para ella la misma maternidad divina, si no hubiera llevado a Cristo en su coraz&oacute;n, con una suerte mayor que cuando lo concibi&oacute; en la carne&quot; (<i>De sancta Virginitate<\/i> 3, 3). Y en su coraz&oacute;n Mar&iacute;a sigui&oacute; conservando, &quot;poniendo juntamente&quot;, los acontecimientos sucesivos de los que fue testigo y protagonista, hasta la muerte en la cruz y la resurrecci&oacute;n de su Hijo Jes&uacute;s. <br \/> Queridos hermanos y hermanas, s&oacute;lo conservando en el coraz&oacute;n, es decir, poniendo juntamente y encontrando una unidad de todo lo que vivimos, podemos entrar, siguiendo a Mar&iacute;a, en el misterio de un Dios que por amor se hizo hombre y nos llama a seguirlo por la senda del amor, un amor que es preciso traducir cada d&iacute;a en un servicio generoso a los hermanos. <\/p>\n<p>Ojal&aacute; que el nuevo a&ntilde;o, que hoy comenzamos con confianza, sea un tiempo en el que progresemos en ese conocimiento del coraz&oacute;n, que es la sabidur&iacute;a de los santos. Oremos para que, como hemos escuchado en la primera lectura, el Se&ntilde;or &quot;ilumine su rostro sobre nosotros&quot; y nos &quot;sea propicio&quot; (cf. <i>Nm<\/i> 6, 25) y nos bendiga. <\/p>\n<p>Podemos estar seguros de que, si buscamos sin descanso su rostro, si no cedemos a la tentaci&oacute;n del desaliento y de la duda, si incluso en medio de las numerosas dificultades que encontramos permanecemos siempre anclados en &eacute;l, experimentaremos la fuerza de su amor y de su misericordia. El fr&aacute;gil Ni&ntilde;o que la Virgen muestra hoy al mundo nos haga agentes de paz, testigos de &eacute;l, Pr&iacute;ncipe de la paz. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2008 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\"> &nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE LA MADRE DE DIOSXLI JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Martes 1 de enero de 2008 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; Hoy comenzamos un a&ntilde;o nuevo y nos lleva de la mano la esperanza cristiana. Lo comenzamos invocando sobre &eacute;l la bendici&oacute;n divina e &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-de-2008-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab1 de enero de 2008: Solemnidad de Santa Mar\u00eda, Madre de Dios\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40863","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40863","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40863"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40863\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40863"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40863"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40863"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}