{"id":40870,"date":"2016-10-06T15:10:15","date_gmt":"2016-10-06T20:10:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-noviembre-de-2009-visita-pastoral-a-brescia-y-concesio-concelebracion-eucaristica-en-la-plaza-de-pablo-vi-de-brescia\/"},"modified":"2016-10-06T15:10:15","modified_gmt":"2016-10-06T20:10:15","slug":"8-de-noviembre-de-2009-visita-pastoral-a-brescia-y-concesio-concelebracion-eucaristica-en-la-plaza-de-pablo-vi-de-brescia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-noviembre-de-2009-visita-pastoral-a-brescia-y-concesio-concelebracion-eucaristica-en-la-plaza-de-pablo-vi-de-brescia\/","title":{"rendered":"8 de noviembre de 2009: Visita pastoral a Brescia y Concesio &#8211; Concelebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en la Plaza de Pablo VI de Brescia"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2009\/index_brescia.html\">VISITA PASTORAL A BRESCIA Y CONCESIO<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA <\/b> <\/font><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">Atrio de la catedral de Brescia<br \/> Domingo 8 de noviembre de 2009 <\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">Es grande mi alegr&iacute;a al poder partir con vosotros el pan de la Palabra de Dios y de la Eucarist&iacute;a aqu&iacute;, en el coraz&oacute;n de la di&oacute;cesis de Brescia, donde naci&oacute; y recibi&oacute; su formaci&oacute;n juvenil el siervo de Dios Giovanni Battista Montini, Papa Pablo VI. Os saludo a todos con afecto y os agradezco vuestra cordial acogida. Doy las gracias en particular al obispo, monse&ntilde;or Luciano Monari, por las palabras que me ha dirigido al inicio de la celebraci&oacute;n, y con &eacute;l saludo a los cardenales, a los obispos, a los sacerdotes y los di&aacute;conos, a los religiosos y las religiosas, y a todos los agentes pastorales. Doy las gracias al alcalde por sus palabras y su regalo, y a las dem&aacute;s autoridades civiles y militares. Dirijo un saludo especial a los enfermos que se encuentran dentro de la catedral. <\/p>\n<p align=\"left\">En el centro de la liturgia de la Palabra de este domingo, trig&eacute;simo segundo del tiempo ordinario, encontramos el personaje de la viuda pobre, o m&aacute;s bien, nos encontramos ante el gesto que realiza al echar en el tesoro del templo las &uacute;ltimas monedas que le quedan. Un gesto que, gracias a la mirada atenta de Jes&uacute;s, se ha convertido en proverbial: &quot;el &oacute;bolo de la viuda&quot; es sin&oacute;nimo de la generosidad de quien da sin reservas lo poco que posee. Ahora bien, antes quisiera subrayar la importancia del ambiente en el que se desarrolla ese episodio evang&eacute;lico, es decir, el templo de Jerusal&eacute;n, centro religioso del pueblo de Israel y el coraz&oacute;n de toda su vida. El templo es el lugar del culto p&uacute;blico y solemne, pero tambi&eacute;n de la peregrinaci&oacute;n, de los ritos tradicionales y de las disputas rab&iacute;nicas, como las que refiere el Evangelio entre Jes&uacute;s y los rabinos de aquel tiempo, en las que, sin embargo, Jes&uacute;s ense&ntilde;a con una autoridad singular, la del Hijo de Dios. Pronuncia juicios severos, como hemos escuchado, sobre los escribas, a causa de su hipocres&iacute;a, pues mientras ostentan gran religiosidad, se aprovechan de la gente pobre imponi&eacute;ndoles obligaciones que ellos mismos no observan. En suma, Jes&uacute;s muestra su afecto por el templo como casa de oraci&oacute;n, pero precisamente por eso quiere purificarlo de usos impropios, m&aacute;s a&uacute;n, quiere revelar su significado m&aacute;s profundo, vinculado al cumplimiento de su misterio mismo, el misterio de su muerte y resurrecci&oacute;n, en la que &eacute;l mismo se convierte en el Templo nuevo y definitivo, el lugar en el que se encuentran Dios y el hombre, el Creador y su criatura. <\/p>\n<p align=\"left\">El episodio del &oacute;bolo de la viuda se enmarca en ese contexto y nos lleva, a trav&eacute;s de la mirada de Jes&uacute;s, a fijar la atenci&oacute;n en un detalle que se puede escapar pero que es decisivo: el gesto de una viuda, muy pobre, que echa en el tesoro del templo dos moneditas. Tambi&eacute;n a nosotros Jes&uacute;s nos dice, como en aquel d&iacute;a a los disc&iacute;pulos: &iexcl;Prestad atenci&oacute;n! Mirad bien lo que hace esa viuda, pues su gesto contiene una gran ense&ntilde;anza; expresa la caracter&iacute;stica fundamental de quienes son las &quot;piedras vivas&quot; de este nuevo Templo, es decir, la entrega completa de s&iacute; al Se&ntilde;or y al pr&oacute;jimo; la viuda del Evangelio, al igual que la del Antiguo Testamento, lo da todo, se da a s&iacute; misma, y se pone en las manos de Dios, por el bien de los dem&aacute;s. Este es el significado perenne de la oferta de la viuda pobre, que Jes&uacute;s exalta porque da m&aacute;s que los ricos, quienes ofrecen parte de lo que les sobra, mientras que ella da todo lo que ten&iacute;a para vivir (cf. <i>Mc<\/i> 12, 44), y as&iacute; se da a s&iacute; misma. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos amigos, a partir de esta imagen evang&eacute;lica, deseo meditar brevemente sobre el misterio de la Iglesia, del templo vivo de Dios, y de esta manera rendir homenaje a la memoria del gran Papa Pablo VI, que consagr&oacute; a la Iglesia toda su vida. La Iglesia es un organismo espiritual concreto que prolonga en el espacio y en el tiempo la oblaci&oacute;n del Hijo de Dios, un sacrificio aparentemente insignificante respecto a las dimensiones del mundo y de la historia, pero decisivo a los ojos de Dios. Como dice la <i>carta a los Hebreos<\/i>, tambi&eacute;n en el texto que acabamos de escuchar, a Dios le bast&oacute; el sacrificio de Jes&uacute;s, ofrecido &quot;una sola vez&quot;, para salvar al mundo entero (cf. <i>Hb<\/i> 9, 26.28), porque en esa &uacute;nica oblaci&oacute;n est&aacute; condensado todo el amor del Hijo de Dios hecho hombre, como en el gesto de la viuda se concentra todo el amor de aquella mujer a Dios y a los hermanos: no le falta nada y no se le puede a&ntilde;adir nada. La Iglesia, que nace incesantemente de la Eucarist&iacute;a, de la entrega de Jes&uacute;s, es la continuaci&oacute;n de este don, de esta sobreabundancia que se expresa en la pobreza, del todo que se ofrece en el fragmento. Es el Cuerpo de Cristo que se entrega totalmente, Cuerpo partido y compartido, en constante adhesi&oacute;n a la voluntad de su Cabeza. Me alegra saber que est&aacute;is profundizando en la naturaleza eucar&iacute;stica de la Iglesia, guiados por la carta pastoral de vuestro obispo. <\/p>\n<p align=\"left\">Esta es la Iglesia que el siervo de Dios Pablo VI am&oacute; con amor apasionado y trat&oacute; de hacer comprender y amar con todas sus fuerzas. Releamos su &quot;<a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/speeches\/1978\/august\/document\/hf_p-vi_spe_19780806_meditazione-morte.html\">Meditaci&oacute;n ante la muerte<\/a>&quot;, donde, en la parte conclusiva, habla de la Iglesia. &quot;Puedo decir \u2014escribe\u2014 que siempre la he amado&#8230; y que para ella, no para otra cosa, me parece haber vivido. Pero quisiera que la Iglesia lo supiese&quot;. Es el tono de un coraz&oacute;n palpitante, que sigue diciendo: &quot;Quisiera finalmente abarcarla toda en su historia, en su designio divino, en su destino final, en su compleja, total y unitaria composici&oacute;n, en su consistencia humana e imperfecta, en sus desdichas y sufrimientos, en las debilidades y en las miserias de tantos hijos suyos, en sus aspectos menos simp&aacute;ticos y en su esfuerzo perenne de fidelidad, de amor, de perfecci&oacute;n y de caridad. Cuerpo m&iacute;stico de Cristo. Querr&iacute;a \u2014contin&uacute;a el Papa\u2014 abrazarla, saludarla, amarla en cada uno de los seres que la componen, en cada obispo y sacerdote que la asiste y la gu&iacute;a, en cada alma que la vive y la ilustra; bendecirla&quot;. Y a ella le dirige las &uacute;ltimas palabras como si se tratara de la esposa de toda la vida: &quot;Y, &iquest;qu&eacute; dir&eacute; a la Iglesia, a la que debo todo y que fue m&iacute;a? Las bendiciones de Dios vengan sobre ti; ten conciencia de tu naturaleza y de tu misi&oacute;n; ten sentido de las necesidades verdaderas y profundas de la humanidad; y camina pobre, es decir, libre, fuerte y amorosa hacia Cristo&quot; (<i>L&#8217;Osservatore Romano, <\/i>edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 12 de agosto de 1979, p. 12). <\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Qu&eacute; se puede a&ntilde;adir a palabras tan elevadas e intensas? S&oacute;lo quisiera subrayar esta &uacute;ltima visi&oacute;n de la Iglesia &quot;pobre y libre&quot;, que recuerda la figura evang&eacute;lica de la viuda. As&iacute; debe ser la comunidad eclesial para que logre hablar a la humanidad contempor&aacute;nea. En todas las etapas de su vida, desde los primeros a&ntilde;os de sacerdocio hasta el pontificado, Giovanni Battista Montini se interes&oacute; de modo muy especial por el encuentro y el di&aacute;logo de la Iglesia con la humanidad de nuestro tiempo. Dedic&oacute; todas sus energ&iacute;as al servicio de una Iglesia lo m&aacute;s conforme posible a su Se&ntilde;or Jesucristo, de modo que, al encontrarse con ella, el hombre contempor&aacute;neo pudiera encontrarse con Jes&uacute;s, porque de &eacute;l tiene necesidad absoluta. Este es el anhelo profundo del concilio Vaticano II, al que corresponde la reflexi&oacute;n del Papa Pablo VI sobre la Iglesia. &Eacute;l quiso exponer de forma program&aacute;tica algunos de sus aspectos m&aacute;s importantes en su primera enc&iacute;clica, <i> <a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_06081964_ecclesiam.html\">Ecclesiam suam<\/a>, <\/i>del 6 de agosto de 1964, cuando a&uacute;n no hab&iacute;an visto la luz las constituciones conciliares <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a> <\/i>y <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>.<\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">Con aquella primera enc&iacute;clica el Pont&iacute;fice se propon&iacute;a explicar a todos la importancia de la Iglesia para la salvaci&oacute;n de la humanidad, y al mismo tiempo, la exigencia de entablar entre la comunidad eclesial y la sociedad una relaci&oacute;n de mutuo conocimiento y amor (cf. <i>Enchiridion Vaticanum, <\/i>2, p. 199, n. 164). &quot;Conciencia&quot;, &quot;renovaci&oacute;n&quot;, &quot;di&aacute;logo&quot;: estas son las tres palabras elegidas por Pablo VI para expresar sus &quot;pensamientos&quot; dominantes \u2014como &eacute;l los define\u2014 al comenzar su ministerio petrino, y las tres se refieren a la Iglesia. Ante todo, la exigencia de que profundice la conciencia de s&iacute; misma: origen, naturaleza, misi&oacute;n, destino final; en segundo lugar, su necesidad de renovarse y purificarse contemplando el modelo que es Cristo; y, por &uacute;ltimo, el problema de sus relaciones con el mundo moderno (cf. <i>ib.<\/i>, pp. 203-205, nn. 166-168). Queridos amigos \u2014y me dirijo de modo especial a los hermanos en el episcopado y en el sacerdocio\u2014, &iquest;c&oacute;mo no ver que la cuesti&oacute;n de la Iglesia, de su necesidad en el designio de salvaci&oacute;n y de su relaci&oacute;n con el mundo, sigue siendo hoy absolutamente central? M&aacute;s a&uacute;n, &iquest;c&oacute;mo no ver que el desarrollo de la secularizaci&oacute;n y de la globalizaci&oacute;n han radicalizado a&uacute;n m&aacute;s esta cuesti&oacute;n, ante el olvido de Dios, por una parte, y ante las religiones no cristianas, por otra? La reflexi&oacute;n del Papa Montini sobre la Iglesia es m&aacute;s actual que nunca; y m&aacute;s precioso es a&uacute;n el ejemplo de su amor a ella, inseparable de su amor a Cristo. &quot;El misterio de la Iglesia \u2014leemos en la enc&iacute;clica <i> <a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_06081964_ecclesiam.html\">Ecclesiam suam<\/a><\/i>\u2014 no es mero objeto de conocimiento teol&oacute;gico, sino que debe ser un hecho vivido, del cual el alma fiel, aun antes que un claro concepto, puede tener una como connatural experiencia&quot; (<i>ib.<\/i>, p. 229, n. 178). Esto presupone una robusta vida interior, que es &quot;el gran manantial de la espiritualidad de la Iglesia, su modo propio de recibir las irradiaciones del Esp&iacute;ritu de Cristo, expresi&oacute;n radical e insustituible de su actividad religiosa y social, e inviolable defensa y renaciente energ&iacute;a en su dif&iacute;cil contacto con el mundo profano&quot; (<i>ib., <\/i> p. 231, n. 179). Precisamente el cristiano abierto, la Iglesia abierta al mundo, tienen necesidad de una robusta vida interior. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos, &iexcl;qu&eacute; don tan inestimable para la Iglesia es la lecci&oacute;n del siervo de Dios Pablo VI! Y &iexcl;qu&eacute; alentador es cada vez aprender de su ejemplo! Es una lecci&oacute;n que afecta a todos y compromete a todos, seg&uacute;n los diferentes dones y ministerios que enriquecen al pueblo de Dios por la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo. En este A&ntilde;o sacerdotal me complace subrayar que esta lecci&oacute;n interesa y afecta de manera particular a los sacerdotes, a quienes el Papa Montini reserv&oacute; siempre un afecto y una atenci&oacute;n especiales. En la enc&iacute;clica sobre el celibato sacerdotal escribi&oacute;: &quot;&quot;Apresado por Cristo Jes&uacute;s&quot; (<i>Flp<\/i> 3, 12) hasta el abandono total de s&iacute; mismo en &eacute;l, el sacerdote se configura m&aacute;s perfectamente a Cristo tambi&eacute;n en el amor, con que el eterno Sacerdote ha amado a su cuerpo, la Iglesia, ofreci&eacute;ndose a s&iacute; mismo todo por ella. (&#8230;) La virginidad consagrada de los sagrados ministros manifiesta el amor virginal de Cristo a su Iglesia y la virginal y sobrenatural fecundidad de esta uni&oacute;n&quot; (<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_24061967_sacerdotalis.html\">Sacerdotalis caelibatus<\/a>, <\/i>26). Dedico estas palabras del gran Papa a los numerosos sacerdotes de la di&oacute;cesis de Brescia, aqu&iacute; bien representados, as&iacute; como a los j&oacute;venes que se est&aacute;n formando en el seminario. Y quisiera recordar tambi&eacute;n las palabras que Pablo VI dirigi&oacute; a los alumnos del Seminario Lombardo, el 7 de diciembre de 1968, mientras las dificultades del posconcilio se a&ntilde;ad&iacute;an a los fermentos del mundo juvenil: &quot;Muchos \u2014dijo\u2014 esperan del Papa gestos clamorosos, intervenciones en&eacute;rgicas y decisivas. El Papa considera que tiene que seguir &uacute;nicamente la l&iacute;nea de la confianza en Jesucristo, a quien su Iglesia le interesa m&aacute;s que a nadie. &Eacute;l calmar&aacute; la tempestad&#8230; No se trata de una espera est&eacute;ril o inerte, sino m&aacute;s bien de una espera vigilante en la oraci&oacute;n. Esta es la condici&oacute;n que Jes&uacute;s escogi&oacute; para nosotros a fin de que &eacute;l pueda actuar en plenitud. Tambi&eacute;n el Papa necesita ayuda con la oraci&oacute;n&quot; (<i>Insegnamenti<\/i> VI, [1968], 1189). Queridos hermanos, que los ejemplos sacerdotales del siervo de Dios Giovanni Battista Montini os gu&iacute;en siempre, y que interceda por vosotros san Arc&aacute;ngel Tadini, a quien acabo de venerar en mi breve visita a Botticino. <\/p>\n<p align=\"left\">Al saludar y alentar a los sacerdotes, no puedo olvidar, especialmente aqu&iacute;, en Brescia, a los fieles laicos, que en esta tierra han demostrado una extraordinaria vitalidad de fe y de obras, en los diferentes campos del apostolado asociado y del compromiso social. En las &quot;Ense&ntilde;anzas&quot; de Pablo VI, queridos amigos de Brescia, pod&eacute;is encontrar indicaciones siempre valiosas para afrontar los desaf&iacute;os actuales, sobre todo la crisis econ&oacute;mica, la inmigraci&oacute;n y la educaci&oacute;n de los j&oacute;venes. Al mismo tiempo, el Papa Montini no perd&iacute;a ocasi&oacute;n para subrayar el primado de la dimensi&oacute;n contemplativa, es decir, el primado de Dios en la experiencia humana. Por ello, no se cansaba nunca de promover la vida consagrada, en la variedad de sus aspectos. &Eacute;l am&oacute; intensamente la multiforme belleza de la Iglesia, reconociendo en ella el reflejo de la infinita belleza de Dios, que se trasparenta en el rostro de Cristo. <\/p>\n<p align=\"left\">Oremos para que el fulgor de la belleza divina resplandezca en cada una de nuestras comunidades y la Iglesia sea signo luminoso de esperanza para la humanidad del tercer milenio. Que nos alcance esta gracia Mar&iacute;a, a quien Pablo VI quiso proclamar, al final del concilio ecum&eacute;nico Vaticano ii, Madre de la Iglesia. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2009 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A BRESCIA Y CONCESIO CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Atrio de la catedral de Brescia Domingo 8 de noviembre de 2009 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Es grande mi alegr&iacute;a al poder partir con vosotros el pan de la Palabra de Dios y de la Eucarist&iacute;a aqu&iacute;, en el coraz&oacute;n &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-noviembre-de-2009-visita-pastoral-a-brescia-y-concesio-concelebracion-eucaristica-en-la-plaza-de-pablo-vi-de-brescia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab8 de noviembre de 2009: Visita pastoral a Brescia y Concesio &#8211; Concelebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en la Plaza de Pablo VI de Brescia\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40870","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40870","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40870"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40870\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40870"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40870"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40870"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}