{"id":40892,"date":"2016-10-06T15:10:48","date_gmt":"2016-10-06T20:10:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-octubre-de-2009-santa-misa-para-la-clausura-de-la-ii-asamblea-especial-para-africa-del-sinodo-de-los-obispos-2\/"},"modified":"2016-10-06T15:10:48","modified_gmt":"2016-10-06T20:10:48","slug":"25-de-octubre-de-2009-santa-misa-para-la-clausura-de-la-ii-asamblea-especial-para-africa-del-sinodo-de-los-obispos-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-octubre-de-2009-santa-misa-para-la-clausura-de-la-ii-asamblea-especial-para-africa-del-sinodo-de-los-obispos-2\/","title":{"rendered":"25 de octubre de 2009: Santa misa para la clausura de la II Asamblea especial para \u00c1frica del S\u00ednodo de los Obispos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" face=\"TmsRmn\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2009\/20091025.pdf\">CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA PARA LA CLAUSURA<\/a> <br \/> DE LA II ASAMBLEA ESPECIAL PARA &Aacute;FRICA <br \/> DEL <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/synod\/index_sp.htm\">S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS<\/a><\/font><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b>HO<\/b><\/font><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/b> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> Domingo 25 de octubre de 2009 <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><\/b><font color=\"#663300\" size=\"2\"><b><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2009\/20091025\/index.html\">Im&aacute;genes de la celebraci&oacute;n<\/a><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Venerados hermanos; <br \/> queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">He aqu&iacute; un mensaje de esperanza para &Aacute;frica: lo acabamos de escuchar de la Palabra de Dios. Es el mensaje que el Se&ntilde;or de la historia no se cansa de renovar para la humanidad oprimida y sometida de cada &eacute;poca y de cada tierra, desde que revel&oacute; a Mois&eacute;s su voluntad sobre los israelitas esclavos en Egipto: &quot;He visto la aflicci&oacute;n de mi pueblo en Egipto; he escuchado su clamor (&#8230;); conozco sus sufrimientos. He bajado para librarlo (&#8230;) y para subirlo de esta tierra a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel&quot; (<i>Ex<\/i> 3, 7-8). &iquest;Cu&aacute;l es esta tierra? &iquest;No es el Reino de la reconciliaci&oacute;n, de la justicia y de la paz, al que est&aacute; llamada la humanidad entera? El designio de Dios no cambia. Es lo mismo que profetiz&oacute; Jerem&iacute;as, en los magn&iacute;ficos or&aacute;culos denominados &quot;Libro de la consolaci&oacute;n&quot;, del que est&aacute; tomada la primera lectura de hoy. Es un anuncio de esperanza para el pueblo de Israel, postrado por la invasi&oacute;n del ej&eacute;rcito de Nabucodonosor, por la devastaci&oacute;n del Jerusal&eacute;n y del Templo, y por la deportaci&oacute;n a Babilonia. Un mensaje de alegr&iacute;a para el &quot;resto&quot; de los hijos de Jacob, que anuncia un futuro para ellos, porque el Se&ntilde;or los volver&aacute; a conducir a su tierra, a trav&eacute;s de un camino recto y f&aacute;cil. Las personas necesitadas de apoyo, como el ciego y el cojo, la mujer embarazada y la parturienta, experimentar&aacute;n la fuerza y la ternura del Se&ntilde;or: &eacute;l es un padre para Israel, dispuesto a cuidar de &eacute;l como su primog&eacute;nito (cf. <i>Jr <\/i>31, 7-9). <\/p>\n<p align=\"left\">El designio de Dios no cambia. A trav&eacute;s de los siglos y de las vicisitudes de la historia, apunta siempre a la misma meta: el Reino de la libertad y de la paz para todos. Y esto implica su predilecci&oacute;n por cuantos est&aacute;n privados de libertad y de paz, por cuantos han visto violada su dignidad de personas humanas. Pensamos en particular en los hermanos y hermanas que en &Aacute;frica sufren pobreza, enfermedades, injusticias, guerras y violencias, y emigraciones forzadas. Estos hijos predilectos del Padre celestial son como el ciego del Evangelio, Bartimeo, que &quot;mendigaba sentado junto al camino&quot; (<i>Mc<\/i> 10, 46) a las puertas de Jeric&oacute;. Precisamente por ese camino pasa Jes&uacute;s Nazareno. Es el camino que lleva a Jerusal&eacute;n, donde se consumar&aacute; la Pascua, <i>su<\/i> Pascua sacrificial, a la que se encamina el Mes&iacute;as <i>por nosotros<\/i>. Es el camino de<i> su<\/i> &eacute;xodo que es tambi&eacute;n el <i>nuestro<\/i>: el &uacute;nico camino que lleva a la tierra de la reconciliaci&oacute;n, de la justicia y de la paz. En ese camino el Se&ntilde;or encuentra a Bartimeo, que ha perdido la vista. Sus caminos se cruzan, se convierten en un &uacute;nico camino. &quot;&iexcl;Hijo de David, Jes&uacute;s, ten compasi&oacute;n de m&iacute;!&quot;, grita el ciego con confianza. Replica Jes&uacute;s: &quot;&iexcl;Llamadlo!&quot;, y a&ntilde;ade: &quot;&iquest;Qu&eacute; quieres que te haga?&quot;. Dios es luz y creador de la luz. El hombre es hijo de la luz, est&aacute; hecho para ver la luz, pero ha perdido la vista, y se ve obligado a mendigar. Junto a &eacute;l pasa el Se&ntilde;or, que se ha hecho mendigo por nosotros: sediento de nuestra fe y de nuestro amor. &quot;&iquest;Qu&eacute; quieres que te haga?&quot;. Dios lo sabe, pero pregunta; quiere que sea el hombre quien hable. Quiere que el hombre se ponga de pie, que encuentre el valor de pedir lo que le corresponde por su dignidad. El Padre quiere o&iacute;r de la voz misma de su hijo la libre voluntad de ver de nuevo la luz, la luz para la que lo ha creado. &quot;Rabbun&iacute;, &iexcl;que vea!&quot;. Y Jes&uacute;s le dice: &quot;Vete, tu fe te ha salvado. Y al instante recobr&oacute; la vista y lo segu&iacute;a por el camino&quot; (<i>Mc<\/i> 10, 51-52). <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos, demos gracias porque este &quot;misterioso encuentro entre nuestra pobreza y la grandeza&quot; de Dios se ha realizado tambi&eacute;n en la Asamblea sinodal para &Aacute;frica que hoy concluye. Dios ha renovado su llamada: &quot;&iexcl;&Aacute;nimo! &iexcl;Lev&aacute;ntate!&quot; (<i>Mc<\/i> 10, 49). Y tambi&eacute;n la Iglesia que est&aacute; en &Aacute;frica, a trav&eacute;s de sus pastores, llegados de todos los pa&iacute;ses del continente, de Madagascar y de las dem&aacute;s islas, ha acogido el mensaje de esperanza y la luz para avanzar por el camino que lleva al reino de Dios. &quot;Vete, tu fe te ha salvado&quot; (<i>Mc<\/i> 10, 52). S&iacute;, la fe en Jesucristo \u2014cuando se entiende bien y se practica\u2014 gu&iacute;a a los hombres y a los pueblos a la libertad en la verdad o, por usar las tres palabras del tema sinodal, a la reconciliaci&oacute;n, a la justicia y a la paz. Bartimeo que, curado, sigue a Jes&uacute;s por el camino, es imagen de la humanidad que, iluminada por la fe, se pone en camino hacia la tierra prometida. Bartimeo se convierte a su vez en testigo de la luz, narrando y demostrando en primera persona que hab&iacute;a sido curado, renovado y regenerado. Esto es la Iglesia en el mundo: comunidad de personas reconciliadas, art&iacute;fices de justicia y de paz; &quot;sal y luz&quot; en medio de la sociedad de los hombres y de las naciones. Por eso el S&iacute;nodo ha reafirmado con fuerza \u2014y lo ha manifestado\u2014 que la Iglesia es familia de Dios, en la que no pueden subsistir divisiones de tipo &eacute;tnico, ling&uuml;&iacute;stico o cultural. Testimonios conmovedores nos han mostrado que, incluso en los momentos m&aacute;s tenebrosos de la historia humana, el Esp&iacute;ritu Santo act&uacute;a y transforma los corazones de las v&iacute;ctimas y de los perseguidores para que se reconozcan hermanos. La Iglesia reconciliada es una poderosa levadura de reconciliaci&oacute;n en cada pa&iacute;s y en todo el continente africano. <\/p>\n<p align=\"left\">La segunda lectura nos ofrece otra perspectiva: la Iglesia, comunidad que sigue a Cristo por el camino del amor, tiene una forma<i> sacerdotal<\/i>. La categor&iacute;a del sacerdocio, como clave de interpretaci&oacute;n del misterio de Cristo, y en consecuencia de la Iglesia, fue introducida en el Nuevo Testamento por el autor de la <i>Carta a los Hebreos<\/i>. Su intuici&oacute;n parte del Salmo 110, citado en el pasaje de hoy, donde el Se&ntilde;or Dios, con juramento solemne, asegura al Mes&iacute;as: &quot;Tu eres sacerdote eterno, seg&uacute;n el rito de Melquisedec&quot; (v. 4). Esa referencia recuerda otra, tomada del Salmo 2, en la que el Mes&iacute;as anuncia el decreto del Se&ntilde;or que dice de &eacute;l: &quot;Tu eres mi hijo, yo te he engendrado hoy&quot; (v. 7). De estos textos deriva la atribuci&oacute;n a Jesucristo del car&aacute;cter sacerdotal, no en sentido gen&eacute;rico, sino m&aacute;s bien &quot;seg&uacute;n el rito de Melquisedec&quot;, es decir, el sacerdocio sumo y eterno, cuyo origen no es humano sino divino. Si todo sumo sacerdote &quot;es tomado de entre los hombres y est&aacute; puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios&quot; (<i>Hb<\/i> 5, 1), solo &eacute;l, Cristo, el Hijo de Dios, posee un sacerdocio que se identifica con su propia Persona, un sacerdocio singular y trascendente, del que depende la salvaci&oacute;n universal. Cristo ha transmitido su sacerdocio a la Iglesia mediante el Esp&iacute;ritu Santo; por lo tanto, la Iglesia tiene en s&iacute; misma, en cada miembro, en virtud del Bautismo, un car&aacute;cter sacerdotal. Pero el sacerdocio de Jesucristo \u2014este es un aspecto decisivo\u2014 ya no es principalmente ritual, sino existencial. La dimensi&oacute;n del rito no queda abolida, pero, como se manifiesta claramente en la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a, toma significado del misterio pascual, que lleva a cumplimiento los sacrificios antiguos y los supera. As&iacute; nacen a la vez un nuevo sacrificio, un nuevo sacerdocio y tambi&eacute;n un nuevo templo, y los tres coinciden con el misterio de Jesucristo. La Iglesia, unida a &eacute;l mediante los sacramentos, prolonga su acci&oacute;n salv&iacute;fica, permitiendo a los hombres ser curados por la fe, como el ciego Bartimeo. As&iacute; la comunidad eclesial, siguiendo las huellas de su Maestro y Se&ntilde;or, est&aacute; llamada a recorrer decididamente el camino del servicio, a compartir hasta el fondo la condici&oacute;n de los hombres y las mujeres de su tiempo, para testimoniar a todos el amor de Dios y as&iacute; sembrar esperanza. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos amigos, este mensaje de salvaci&oacute;n la Iglesia lo transmite conjugando siempre la evangelizaci&oacute;n y la promoci&oacute;n humana. Tomemos, por ejemplo, la hist&oacute;rica enc&iacute;clica <i> <a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a>: <\/i>lo que el siervo de Dios Pablo VI elabor&oacute; en forma de reflexi&oacute;n los misioneros lo han realizado y lo siguen realizando sobre el terreno, promoviendo un desarrollo respetuoso de las culturas locales y del medio ambiente, seg&uacute;n una l&oacute;gica que ahora, despu&eacute;s de m&aacute;s de 40 a&ntilde;os, parece la &uacute;nica que puede permitir a los pueblos africanos salir de la esclavitud del hambre y de las enfermedades. Esto significa transmitir el anuncio de esperanza seg&uacute;n una &quot;forma sacerdotal&quot;, es decir, viviendo en primera persona el Evangelio, intentando traducirlo en proyectos y realizaciones coherentes con el principio din&aacute;mico fundamental, que es el amor. En estas tres semanas, la II Asamblea especial para &Aacute;frica del S&iacute;nodo de los obispos ha confirmado lo que mi venerado predecesor Juan Pablo II ya hab&iacute;a puesto de relieve, y que yo tambi&eacute;n quise profundizar en la reciente enc&iacute;clica <i> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html\">Caritas in veritate<\/a>: <\/i>es necesario renovar el modelo de desarrollo global, de modo que sea capaz de &quot;incluir a todos los pueblos y no solamente a los adecuadamente dotados&quot; (<a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#39\">n. 39<\/a>). Todo lo que la doctrina social de la Iglesia ha sostenido siempre desde su visi&oacute;n del hombre y de la sociedad, hoy lo requiere tambi&eacute;n de la globalizaci&oacute;n (cf. <i>ib<\/i>.). Esta \u2014conviene recordarlo\u2014 no se ha de entender de forma fatalista, como si sus din&aacute;micas fueran producidas por fuerzas an&oacute;nimas impersonales e independientes de la voluntad humana. La globalizaci&oacute;n es una realidad humana y como tal modificable seg&uacute;n los diversos enfoques culturales. La Iglesia trabaja con su concepci&oacute;n personalista y comunitaria, para orientar el proceso en t&eacute;rminos de relacionalidad, de fraternidad y de participaci&oacute;n (cf. <i>ib<\/i>.,<a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#42\"> 42<\/a>). <\/p>\n<p align=\"left\">&quot;&iexcl;&Aacute;nimo, lev&aacute;ntate!&quot;. As&iacute; el Se&ntilde;or de la vida y de la esperanza se dirige hoy a la Iglesia y a las poblaciones africanas, al t&eacute;rmino de estas semanas de reflexi&oacute;n sinodal. Lev&aacute;ntate, Iglesia en &Aacute;frica, familia de Dios, porque te llama el Padre celestial a quien tus antepasados invocaban como Creador antes de conocer su cercan&iacute;a misericordiosa, que se revel&oacute; en su Hijo unig&eacute;nito, Jesucristo. Emprende el camino de una nueva evangelizaci&oacute;n con la valent&iacute;a que procede del Esp&iacute;ritu Santo. La urgente acci&oacute;n evangelizadora, de la que tanto se ha hablado en estos d&iacute;as, conlleva tambi&eacute;n un apremiante llamamiento a la reconciliaci&oacute;n, condici&oacute;n indispensable para instaurar en &Aacute;frica relaciones de justicia entre los hombres y para construir una paz justa y duradera en el respeto de cada individuo y de cada pueblo; una paz que necesita y se abre a la aportaci&oacute;n de todas las personas de buena voluntad m&aacute;s all&aacute; de sus respectivas pertenencias religiosas, &eacute;tnicas, ling&uuml;&iacute;sticas, culturales y sociales. En esta ardua misi&oacute;n t&uacute;, Iglesia peregrina en el &Aacute;frica del tercer milenio, no est&aacute;s sola. Te acompa&ntilde;a con la oraci&oacute;n y la solidaridad activa toda la Iglesia cat&oacute;lica, y desde el cielo te acompa&ntilde;an los santos y las santas africanos que han dado testimonio de plena fidelidad a Cristo con la vida, a veces hasta el martirio. <\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;&Aacute;nimo! Lev&aacute;ntate, continente africano, tierra que acogi&oacute; al Salvador del mundo cuando de ni&ntilde;o tuvo que refugiarse con Jos&eacute; y Mar&iacute;a en Egipto para salvar su vida de la persecuci&oacute;n del rey Herodes. Acoge con renovado entusiasmo el anuncio del Evangelio para que el rostro de Cristo ilumine con su esplendor las m&uacute;ltiples culturas y lenguajes de tus poblaciones. Mientras ofrece el pan de la Palabra y de la Eucarist&iacute;a, la Iglesia se esfuerza por lograr, con todos los medios de que dispone, que a ning&uacute;n africano le falte el pan de cada d&iacute;a. Por esto, junto a la obra de primera urgencia de la evangelizaci&oacute;n, los cristianos participan activamente en las intervenciones de promoci&oacute;n humana. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos padres sinodales, al t&eacute;rmino de estas reflexiones, deseo dirigiros mi saludo m&aacute;s cordial, agradeci&eacute;ndoos vuestra edificante participaci&oacute;n. De regreso a casa, vosotros, pastores de la Iglesia en &Aacute;frica, llevad mi bendici&oacute;n a vuestras comunidades. Transmitid a todos el llamamiento que ha resonado con frecuencia en este S&iacute;nodo a la reconciliaci&oacute;n, a la justicia y a la paz. Mientras concluye la Asamblea sinodal no puedo dejar de renovar mi vivo reconocimiento al secretario general del S&iacute;nodo de los obispos y a todos sus colaboradores. Asimismo expreso mi agradecimiento a los coros de la comunidad nigeriana de Roma y del Colegio et&iacute;ope, que contribuyen a la animaci&oacute;n de esta liturgia. Y, por &uacute;ltimo, quiero dar las gracias a cuantos han acompa&ntilde;ado los trabajos sinodales con la oraci&oacute;n. Que la Virgen Mar&iacute;a os recompense a todos y cada uno, y obtenga a la Iglesia en &Aacute;frica crecer en todos los lugares de ese gran continente, difundiendo por doquier la &quot;sal&quot; y la &quot;luz&quot; del Evangelio. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2009 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA PARA LA CLAUSURA DE LA II ASAMBLEA ESPECIAL PARA &Aacute;FRICA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana Domingo 25 de octubre de 2009 Im&aacute;genes de la celebraci&oacute;n &nbsp; Venerados hermanos; queridos hermanos y hermanas: He aqu&iacute; un mensaje de esperanza para &Aacute;frica: lo acabamos de escuchar de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-octubre-de-2009-santa-misa-para-la-clausura-de-la-ii-asamblea-especial-para-africa-del-sinodo-de-los-obispos-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab25 de octubre de 2009: Santa misa para la clausura de la II Asamblea especial para \u00c1frica del S\u00ednodo de los Obispos\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40892","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40892","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40892"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40892\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40892"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40892"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40892"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}