{"id":40894,"date":"2016-10-06T15:10:51","date_gmt":"2016-10-06T20:10:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-octubre-de-2009-santa-misa-para-la-apertura-de-la-ii-asamblea-especial-para-africa-del-sinodo-de-los-obispos-2\/"},"modified":"2016-10-06T15:10:51","modified_gmt":"2016-10-06T20:10:51","slug":"4-de-octubre-de-2009-santa-misa-para-la-apertura-de-la-ii-asamblea-especial-para-africa-del-sinodo-de-los-obispos-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-octubre-de-2009-santa-misa-para-la-apertura-de-la-ii-asamblea-especial-para-africa-del-sinodo-de-los-obispos-2\/","title":{"rendered":"4 de octubre de 2009: Santa Misa para la apertura de la II Asamblea especial para \u00c1frica del S\u00ednodo de los Obispos"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"TmsRmn\" color=\"#663300\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2009\/20091004.pdf\"> CAPILLA PAPAL PARA LA APERTURA DE LA <br \/> II ASAMBLEA ESPECIAL PARA &Aacute;FRICA <br \/> DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS <\/a><\/p>\n<p><\/font><br \/>\n<i> <\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b>HO<\/b><\/font><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/b> <\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Domingo 4 de octubre de 2009 <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\" size=\"2\"><b> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2009\/20091004\/index.html\"> Im&aacute;genes de la celebraci&oacute;n<\/a><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; <br \/> ilustres se&ntilde;ores y se&ntilde;oras;<br \/> queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\"><i>Pax vobis!<\/i> <i>&#8211;<\/i> &iexcl;Paz a vosotros! Con este saludo lit&uacute;rgico me dirijo a todos vosotros, reunidos en la bas&iacute;lica vaticana, donde hace quince a&ntilde;os, el 10 de abril de 1994, el siervo de Dios Juan Pablo II abri&oacute; la primera Asamblea especial para &Aacute;frica del S&iacute;nodo de los obispos. El hecho de que hoy nos encontremos aqu&iacute; para inaugurar la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/synod\/index_sp.htm\">segunda<\/a> significa que aquel fue un acontecimiento ciertamente hist&oacute;rico, pero no aislado. Fue el punto de llegada de un camino, que a continuaci&oacute;n prosigui&oacute;, y que ahora llega a una nueva y significativa etapa de verificaci&oacute;n y de relanzamiento. Alabemos al Se&ntilde;or por ello. <\/p>\n<p align=\"left\">Doy mi m&aacute;s cordial bienvenida a los miembros de la Asamblea sinodal, que concelebran conmigo esta santa Eucarist&iacute;a, a los expertos y a los oyentes, en particular a cuantos provienen de la tierra africana. Saludo con especial reconocimiento al secretario general del S&iacute;nodo y a sus colaboradores. Me alegra mucho la presencia entre nosotros de Su Santidad Abuna Paulos, patriarca de la Iglesia ortodoxa Tewahedo de Etiop&iacute;a, a quien doy las gracias cordialmente, y de los delegados fraternos de las dem&aacute;s Iglesias y de las comunidades eclesiales. Me complace tambi&eacute;n acoger a las autoridades civiles y a los se&ntilde;ores embajadores que han querido participar en este momento; saludo con afecto a los sacerdotes, a las religiosas y los religiosos, a los representantes de organismos, movimientos y asociaciones, y al coro congol&eacute;s que, junto con la Capilla Sixtina, anima nuestra celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica. <\/p>\n<p align=\"left\">Las lecturas b&iacute;blicas de este domingo hablan del matrimonio. Pero, m&aacute;s estrictamente, hablan del proyecto de la creaci&oacute;n, del origen y, por lo tanto, de Dios. En este plano converge tambi&eacute;n la segunda lectura, tomada de la <i> Carta a los Hebreos<\/i>, donde dice: &quot;Tanto el santificador \u2014es decir, Jesucristo\u2014 como los santificados \u2014es decir, los hombres\u2014 <i>tienen todos el mismo origen<\/i>. Por eso no se averg&uuml;enza de llamarles hermanos&quot; (<i>Hb<\/i> 2, 11). As&iacute; pues, del conjunto de las lecturas destaca de manera evidente el primado de Dios Creador, con la perenne validez de su impronta originaria y la precedencia absoluta de su se&ntilde;or&iacute;o, ese se&ntilde;or&iacute;o que los ni&ntilde;os saben acoger mejor que los adultos, por lo que Jes&uacute;s los indica como modelo para entrar en el reino de los cielos (cf. <i>Mc<\/i> 10, 13-15). Ahora bien, el reconocimiento del se&ntilde;or&iacute;o absoluto de Dios es ciertamente uno de los rasgos relevantes y unificadores de la cultura africana. Naturalmente en &Aacute;frica existen m&uacute;ltiples y diversas culturas, pero todas parecen concordar en este punto: Dios es el Creador y la fuente de la vida. Pero la vida, como sabemos bien, se manifiesta primariamente en la uni&oacute;n entre el hombre y la mujer y en el nacimiento de los hijos; por tanto, la ley divina, inscrita en la naturaleza, es m&aacute;s fuerte y preeminente que cualquier ley humana, seg&uacute;n la afirmaci&oacute;n clara y concisa de Jes&uacute;s: &quot;Lo que Dios uni&oacute;, que no lo separe el hombre&quot; (<i>Mc<\/i> 10, 9). La perspectiva no es ante todo moral: antes que al deber, se refiere al ser, al orden inscrito en la creaci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas, en este sentido la liturgia de la Palabra de hoy \u2014m&aacute;s all&aacute; de la primera impresi&oacute;n\u2014 se revela especialmente adecuada para acompa&ntilde;ar la apertura de una Asamblea sinodal dedicada a &Aacute;frica. Quiero subrayar en particular algunos aspectos que emergen con fuerza y que interpelan el trabajo que nos espera. El primero, ya mencionado: el primado de Dios, Creador y Se&ntilde;or. El segundo: el matrimonio. El tercero: los ni&ntilde;os. Sobre el primer aspecto, &Aacute;frica es depositaria de un tesoro inestimable para el mundo entero: su profundo sentido de Dios, que he podido percibir directamente en los encuentros con los obispos africanos en visita <i>ad limina<\/i> y m&aacute;s todav&iacute;a en el reciente <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2009\/index_camerun-angola.html\">viaje apost&oacute;lico a Camer&uacute;n y Angola<\/a>, del que conservo un grato y emocionante recuerdo. Es precisamente a esta peregrinaci&oacute;n en tierra africana a la que desear&iacute;a remitirme, porque en aquellos d&iacute;as abr&iacute; idealmente esta Asamblea sinodal, <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/homilies\/2009\/documents\/hf_ben-xvi_hom_20090319_instrlabor-africa.html\">entregando el <i>Instrumentum laboris<\/i> a los presidentes de las Conferencias episcopales<\/a> y a los m&aacute;ximos responsables de los S&iacute;nodos de los obispos de las Iglesias orientales cat&oacute;licas. <\/p>\n<p align=\"left\">Cuando se habla de tesoros de &Aacute;frica, enseguida se piensa en los recursos en los que su territorio es rico y que desgraciadamente se han convertido y a veces siguen siendo motivo de explotaci&oacute;n, de conflictos y de corrupci&oacute;n. En cambio la Palabra de Dios nos hace contemplar otro patrimonio: el espiritual y cultural, que la humanidad necesita m&aacute;s todav&iacute;a que las materias primas. &quot;Pues \u2014dir&iacute;a Jes&uacute;s \u2014&iquest;de qu&eacute; le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?&quot; (<i>Mc<\/i> 8, 36). Desde este punto de vista, &Aacute;frica representa un inmenso &quot;pulm&oacute;n&quot; espiritual para una humanidad que se halla en crisis de fe y esperanza. Pero este &quot;pulm&oacute;n&quot; puede enfermar. Y por el momento al menos dos peligrosas patolog&iacute;as est&aacute;n haciendo mella en &eacute;l: ante todo, una enfermedad ya extendida en el mundo occidental, es decir, el materialismo pr&aacute;ctico, combinado con el pensamiento relativista y nihilista. Sin entrar en el an&aacute;lisis de la g&eacute;nesis de estos males del esp&iacute;ritu, es indiscutible que a veces el llamado &quot;primer&quot; mundo ha exportado, y sigue exportando, residuos espirituales t&oacute;xicos que contagian a las poblaciones de otros continentes, en especial las africanas. En este sentido el colonialismo, ya concluido en el plano pol&iacute;tico, jam&aacute;s ha acabado del todo. Pero precisamente en esta misma perspectiva hay que se&ntilde;alar un segundo &quot;virus&quot; que podr&iacute;a afectar tambi&eacute;n a &Aacute;frica, o sea, el fundamentalismo religioso, mezclado con intereses pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos. Grupos que se remiten a diferentes pertenencias religiosas se est&aacute;n difundiendo en el continente africano; lo hacen en nombre de Dios, pero seg&uacute;n una l&oacute;gica opuesta a la divina, es decir, ense&ntilde;ando y practicando no el amor y el respeto a la libertad, sino la intolerancia y la violencia. <\/p>\n<p align=\"left\">En cuanto al tema del matrimonio, el texto del cap&iacute;tulo 2 del <i>Libro del G&eacute;nesis<\/i> ha recordado el perenne fundamento, que Jes&uacute;s mismo ha confirmado: &quot;Por ello dejar&aacute; el hombre a su padre y a su madre y se unir&aacute; a su mujer, y ser&aacute;n los dos una sola carne&quot; (<i>Gn<\/i> 2, 24). &iquest;C&oacute;mo no recordar el admirable ciclo de catequesis que el siervo de Dios Juan Pablo II dedic&oacute; a este tema, a partir de una ex&eacute;gesis muy profunda de este texto b&iacute;blico? Hoy, proponi&eacute;ndonoslo precisamente en la apertura del S&iacute;nodo, la liturgia nos ofrece la luz sobreabundante de la verdad revelada y encarnada de Cristo, con la cual se puede considerar la compleja tem&aacute;tica del matrimonio en el contexto africano eclesial y social. Pero tambi&eacute;n con respecto a este punto deseo recordar brevemente una idea que precede a toda reflexi&oacute;n e indicaci&oacute;n de tipo moral, y que enlaza de nuevo con el primado del sentido de lo sagrado y de Dios. El matrimonio, como la Biblia lo presenta, no existe fuera de la relaci&oacute;n con Dios. La vida conyugal entre el hombre y la mujer, y por lo tanto de la familia que de ella se genera, est&aacute; inscrita en la comuni&oacute;n con Dios y, a la luz del Nuevo Testamento, se transforma en imagen del Amor trinitario y sacramento de la uni&oacute;n de Cristo con la Iglesia. En la medida en que custodia y desarrolla su fe, &Aacute;frica hallar&aacute; inmensos recursos para dar en beneficio de la familia fundada en el matrimonio. <\/p>\n<p align=\"left\">Incluyendo en el pasaje evang&eacute;lico tambi&eacute;n el texto sobre Jes&uacute;s y los ni&ntilde;os (<i>Mc<\/i> 10, 13-15), la liturgia nos invita a tener presente desde ahora, en nuestra solicitud pastoral, la realidad de la infancia, que constituye una parte grande y por desgracia doliente de la poblaci&oacute;n africana. En la escena de Jes&uacute;s que acoge a los ni&ntilde;os, oponi&eacute;ndose con desd&eacute;n a los disc&iacute;pulos mismos que quer&iacute;an alejarlos, vemos la imagen de la Iglesia que en &Aacute;frica, y en cualquier otra parte de la tierra, manifiesta su maternidad sobre todo hacia los m&aacute;s peque&ntilde;os, tambi&eacute;n cuando no han nacido a&uacute;n. Como el Se&ntilde;or Jes&uacute;s, la Iglesia no ve en ellos principalmente destinatarios de asistencia, y todav&iacute;a menos de pietismo o de instrumentalizaci&oacute;n, sino a personas de pleno derecho, cuyo modo de ser indica el camino real para entrar en el reino de Dios, es decir, el de abandonarse sin condiciones a su amor. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos, estas indicaciones provenientes de la Palabra de Dios se insertan en el amplio horizonte de la Asamblea sinodal que hoy comienza, y que se enlaza con la dedicada anteriormente al continente africano, cuyos frutos fueron presentados por el Papa Juan Pablo II, de venerada memoria, en la exhortaci&oacute;n apost&oacute;lica <i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_14091995_ecclesia-in-africa.html\">Ecclesia in Africa<\/a><\/i>. Sigue siendo naturalmente v&aacute;lida y actual la tarea primaria de la evangelizaci&oacute;n, es m&aacute;s, de una nueva evangelizaci&oacute;n que tenga en cuenta los r&aacute;pidos cambios sociales de nuestra &eacute;poca y el fen&oacute;meno de la globalizaci&oacute;n mundial. Lo mismo se debe decir de la decisi&oacute;n pastoral de edificar la Iglesia como familia de Dios (cf. <i>ib.<\/i>, 63). En esta gran estela se sit&uacute;a la segunda Asamblea, cuyo tema es: &quot;La Iglesia en &Aacute;frica al servicio de la reconciliaci&oacute;n, de la justicia y de la paz. &quot;Vosotros sois la sal de la tierra&#8230; Vosotros sois la luz del mundo&quot; (<i>Mt<\/i> 5, 13.14)&quot;. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os la Iglesia cat&oacute;lica en &Aacute;frica ha conocido un gran dinamismo, y la Asamblea sinodal es ocasi&oacute;n para dar gracias al Se&ntilde;or por ello. Y puesto que el crecimiento de la comunidad eclesial en todos los campos implica tambi&eacute;n desaf&iacute;os <i>ad intra<\/i> y <i>ad extra<\/i>, el S&iacute;nodo es un momento propicio para replantearse la actividad pastoral y renovar el impulso de evangelizaci&oacute;n. Para ser luz del mundo y sal de la tierra hay que aspirar siempre a la &quot;medida elevada&quot; de la vida cristiana, es decir, a la santidad. Los pastores y todos los miembros de la comunidad eclesial est&aacute;n llamados a ser santos; los fieles laicos est&aacute;n llamados a difundir el buen olor de la santidad en la familia, en los lugares de trabajo, en la escuela y en cualquier otro &aacute;mbito social y pol&iacute;tico. Que la Iglesia en &Aacute;frica sea siempre una familia de aut&eacute;nticos disc&iacute;pulos de Cristo, donde la diferencia entre etnias se convierta en motivo y est&iacute;mulo para un rec&iacute;proco enriquecimiento humano y espiritual. <\/p>\n<p align=\"left\">Con su obra de evangelizaci&oacute;n y promoci&oacute;n humana, la Iglesia puede ciertamente aportar en &Aacute;frica una gran contribuci&oacute;n para toda la sociedad, que lamentablemente conoce en varios pa&iacute;ses pobreza, injusticias, violencias y guerras. La Iglesia, comunidad de personas reconciliadas con Dios y entre s&iacute;, tiene la vocaci&oacute;n de ser profec&iacute;a y fermento de reconciliaci&oacute;n entre los distintos grupos &eacute;tnicos, ling&uuml;&iacute;sticos y tambi&eacute;n religiosos, dentro de cada una de las naciones y en todo el continente. La reconciliaci&oacute;n, don de Dios que los hombres deben implorar y acoger, es fundamento estable para construir la paz, condici&oacute;n indispensable del aut&eacute;ntico progreso de los hombres y de la sociedad, seg&uacute;n el proyecto de justicia querido por Dios. As&iacute;, &Aacute;frica, abierta a la gracia redentora del Se&ntilde;or resucitado, ser&aacute; iluminada cada vez m&aacute;s por su luz y, dej&aacute;ndose guiar por el Esp&iacute;ritu Santo, se convertir&aacute; en una bendici&oacute;n para la Iglesia universal, aportando su propia y cualificada contribuci&oacute;n a la edificaci&oacute;n de un mundo m&aacute;s justo y fraterno. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos padres sinodales, gracias por la aportaci&oacute;n que cada uno de vosotros dar&aacute; a los trabajos de las pr&oacute;ximas semanas, que ser&aacute;n para nosotros una renovada experiencia de comuni&oacute;n fraterna que redundar&aacute; en beneficio de toda la Iglesia, especialmente en el contexto de este <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/special\/anno_sac\/index_sp.html\">A&ntilde;o sacerdotal.<\/a> Y a vosotros, queridos hermanos y hermanas, os ruego que nos acompa&ntilde;&eacute;is con vuestra oraci&oacute;n. Lo pido a los presentes; lo pido a los monasterios de clausura y a las comunidades religiosas extendidas en &Aacute;frica y en todas las partes del mundo, a las parroquias y a los movimientos, a los enfermos y a los que sufren: pido a todos que rec&eacute;is para que el Se&ntilde;or haga fruct&iacute;fera esta segunda Asamblea especial para &Aacute;frica del S&iacute;nodo de los obispos. Invocamos sobre ella la protecci&oacute;n de san Francisco de As&iacute;s, a quien hoy recordamos, de todos los santos y santas africanos y, de manera especial, de la sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a, Madre de la Iglesia y Nuestra Se&ntilde;ora de &Aacute;frica. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2009 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAPILLA PAPAL PARA LA APERTURA DE LA II ASAMBLEA ESPECIAL PARA &Aacute;FRICA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de San Pedro Domingo 4 de octubre de 2009 Im&aacute;genes de la celebraci&oacute;n &nbsp; Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; ilustres se&ntilde;ores y se&ntilde;oras; queridos hermanos y hermanas: &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-octubre-de-2009-santa-misa-para-la-apertura-de-la-ii-asamblea-especial-para-africa-del-sinodo-de-los-obispos-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab4 de octubre de 2009: Santa Misa para la apertura de la II Asamblea especial para \u00c1frica del S\u00ednodo de los Obispos\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40894","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40894","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40894"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40894\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40894"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40894"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40894"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}