{"id":40895,"date":"2016-10-06T15:10:52","date_gmt":"2016-10-06T20:10:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-septiembre-de-2009-viaje-apostolico-a-la-republica-checa-santa-misa-en-la-festividad-liturgica-de-san-wenceslao-patrono-de-la-nacion-2\/"},"modified":"2016-10-06T15:10:52","modified_gmt":"2016-10-06T20:10:52","slug":"28-de-septiembre-de-2009-viaje-apostolico-a-la-republica-checa-santa-misa-en-la-festividad-liturgica-de-san-wenceslao-patrono-de-la-nacion-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-septiembre-de-2009-viaje-apostolico-a-la-republica-checa-santa-misa-en-la-festividad-liturgica-de-san-wenceslao-patrono-de-la-nacion-2\/","title":{"rendered":"28 de septiembre de 2009: Viaje apost\u00f3lico a la Rep\u00fablica Checa &#8211; Santa misa en la festividad lit\u00fargica de San Wenceslao, Patrono de la naci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2009\/index_repubblica-ceca.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO<br \/> DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<br \/> A LA REP&Uacute;BLICA CHECA<br \/> (26-28 DE SEPTIEMBRE DE 2009)<\/a><\/p>\n<p><font face=\"TmsRmn\"> <\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\"><\/font><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA EN LA FESTIVIDAD LIT&Uacute;RGICA <br \/> DE SAN WENCESLAO, PATRONO DE LA NACI&Oacute;N<\/b><\/font><\/p>\n<p><\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Explanada Melnik en Star&aacute; Boleslav<br \/> Lunes 28 de septiembre de 2009<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><b> (<a href=\"#\" onclick=\"window.open('http:\/\/vod.vatican.va\/registrazione28092009104329.mov','','height=260,width=320,left=200,top=200,resizable=0,scrollbars=0,toolbar=0,status=0');\">V&iacute;deo<\/a>)<\/b><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p><i><\/i><br \/>\n<b><\/b><br \/>\n<i> <\/i><\/p>\n<p align=\"left\"><i>Se&ntilde;ores cardenales; <br \/> venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; <br \/> queridos hermanos y hermanas; <br \/> queridos j&oacute;venes: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">Con gran alegr&iacute;a me encuentro con vosotros esta ma&ntilde;ana, mientras se encamina a la conclusi&oacute;n mi viaje apost&oacute;lico a la amada Rep&uacute;blica Checa. Dirijo a todos mi cordial saludo, en particular al cardenal arzobispo, a quien le agradezco las palabras que me ha dedicado en vuestro nombre al inicio de la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica. Mi saludo se extiende a los dem&aacute;s cardenales, a los obispos, a los sacerdotes y a las personas consagradas, a los representantes de los movimientos y de las asociaciones laicales y especialmente a los j&oacute;venes. Saludo con deferencia al se&ntilde;or presidente de la Rep&uacute;blica, a quien felicito cordialmente con ocasi&oacute;n de su onom&aacute;stico; felicitaci&oacute;n que me agrada dirigir a quienes llevan el nombre de Wenceslao y a todo el pueblo checo en el d&iacute;a de su fiesta nacional. <\/p>\n<p align=\"left\">Nos re&uacute;ne esta ma&ntilde;ana en torno al altar el recuerdo glorioso del m&aacute;rtir san Wenceslao, cuya reliquia he podido venerar antes de la santa misa en la bas&iacute;lica a &eacute;l dedicada. Derram&oacute; su sangre sobre vuestra tierra y, como acaba de recordar vuestro cardenal arzobispo, su &aacute;guila, que hab&eacute;is elegido como escudo de la actual visita, constituye el emblema hist&oacute;rico de la noble naci&oacute;n checa. Este gran santo, a quien os complace llamar &quot;eterno&quot; pr&iacute;ncipe de los checos, nos invita a seguir siempre y fielmente a Cristo, nos invita a ser santos. &Eacute;l mismo es modelo de santidad para todos, especialmente para cuantos gu&iacute;an el destino de las comunidades y de los pueblos. Pero nos preguntamos: &iquest;la santidad sigue siendo actual en nuestros d&iacute;as? &iquest;O no es m&aacute;s bien un tema poco atractivo e importante? &iquest;No se buscan hoy m&aacute;s el &eacute;xito y la gloria de los hombres? Pero, &iquest;cu&aacute;nto dura y cu&aacute;nto vale el &eacute;xito terreno? <\/p>\n<p align=\"left\">El siglo pasado \u2014y de ello ha sido testigo vuestra tierra\u2014 contempl&oacute; la ca&iacute;da de no pocos poderosos, que parec&iacute;an haber llegado a alturas casi inalcanzables. De repente se encontraron privados de su poder. Quien ha negado y sigue negando a Dios y, en consecuencia, no respeta al hombre, parece tener vida f&aacute;cil y conseguir un &eacute;xito material. Pero basta raspar en la superficie para constatar que, en estas personas, hay tristeza e insatisfacci&oacute;n. S&oacute;lo quien conserva en el coraz&oacute;n el santo &quot;temor de Dios&quot; tiene confianza tambi&eacute;n en el hombre y gasta su existencia para construir un mundo m&aacute;s justo y fraterno. Hoy se necesitan personas que sean &quot;creyentes&quot; y &quot;cre&iacute;bles&quot;, dispuestas a defender en todo &aacute;mbito de la sociedad los principios e ideales cristianos en los que se inspira su acci&oacute;n. Esta es la santidad, vocaci&oacute;n universal de todos los bautizados, que impulsa a cumplir el propio deber con fidelidad y valent&iacute;a, mirando no al propio inter&eacute;s ego&iacute;sta, sino al bien com&uacute;n, y buscando en cada momento la voluntad divina. <\/p>\n<p align=\"left\">En la p&aacute;gina evang&eacute;lica hemos escuchado, al respecto, palabras muy claras: &quot;&iquest;De qu&eacute; le sirve al hombre \u2014afirma Jes&uacute;s\u2014 ganar el mundo entero si pierde la propia vida?&quot; (<i>Mt <\/i>16, 26). As&iacute; nos estimula a considerar que el valor aut&eacute;ntico de la existencia humana no se mide s&oacute;lo seg&uacute;n bienes terrenos e intereses pasajeros, porque no son las realidades materiales las que apagan la sed profunda de sentido y de felicidad que existe en el coraz&oacute;n de toda persona. Por eso Jes&uacute;s no duda en proponer a sus disc&iacute;pulos la senda &quot;estrecha&quot; de la santidad: &quot;Quien pierda su propia vida por mi causa, la encontrar&aacute;&quot; (v. 25). Y con decisi&oacute;n nos repite esta ma&ntilde;ana: &quot;Si alguno quiere venir en pos de m&iacute;, que se niegue a s&iacute; mismo, cargue con su cruz y me siga&quot; (v. 24). Ciertamente es un lenguaje duro, dif&iacute;cil de aceptar y poner en pr&aacute;ctica, pero el testimonio de los santos y de las santas asegura que es posible para todos si hay confianza y entrega a Cristo. Su ejemplo alienta a quien se dice cristiano a ser cre&iacute;ble, o sea, coherente con los principios y la fe que profesa. No basta, en efecto, con parecer buenos y honrados; hay que serlo realmente. Y bueno y honrado es aquel que no cubre con su yo la luz de Dios, no se pone delante &eacute;l mismo, sino que deja que se transparente Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">Esta es la lecci&oacute;n de vida de san Wenceslao, que tuvo el valor de anteponer el reino de los cielos a la fascinaci&oacute;n del poder terreno. Su mirada jam&aacute;s se separ&oacute; de Jesucristo, quien padeci&oacute; por nosotros, dej&aacute;ndonos un ejemplo, para que sigamos sus huellas, como escribe san Pedro en la segunda lectura que se acaba de proclamar. Como d&oacute;cil disc&iacute;pulo del Se&ntilde;or, el joven soberano Wenceslao se mantuvo fiel a las ense&ntilde;anzas evang&eacute;licas que le hab&iacute;a impartido su santa abuela, la m&aacute;rtir Ludmila. Sigui&eacute;ndolas, antes a&uacute;n de comprometerse en la edificaci&oacute;n de una convivencia pac&iacute;fica dentro de la patria y con los pa&iacute;ses lim&iacute;trofes, se esforz&oacute; por propagar la fe cristiana, llamando a sacerdotes y construyendo iglesias. <\/p>\n<p align=\"left\">En la primera &quot;narraci&oacute;n&quot; paleoeslava se lee que &quot;socorr&iacute;a a los ministros de Dios y embelleci&oacute; tambi&eacute;n muchas iglesias&quot; y que &quot;beneficiaba a los pobres, vest&iacute;a a los desnudos, daba de comer a los hambrientos, acog&iacute;a a los peregrinos, precisamente como quiere el Evangelio. No toleraba que se cometiera injusticia a las viudas, amaba a todos los hombres, fueran pobres o ricos&quot;. Aprendi&oacute; del Se&ntilde;or a ser &quot;misericordioso y piadoso&quot; (<i>Salmo responsorial<\/i>) y animado por esp&iacute;ritu evang&eacute;lico lleg&oacute; a perdonar incluso a su hermano, que hab&iacute;a atentado contra su vida. Por lo tanto, con raz&oacute;n lo invoc&aacute;is como &quot;heredero&quot; de vuestra naci&oacute;n y, en un canto que os es bien conocido, le ped&iacute;s que no permita que perezca. <\/p>\n<p align=\"left\">Wenceslao muri&oacute; m&aacute;rtir por Cristo. Es interesante observar que su hermano Boleslao, al matarlo, consigui&oacute; apoderarse del trono de Praga, pero la corona que a continuaci&oacute;n se impon&iacute;an en la cabeza sus sucesores no llevaba su nombre. Lleva, en cambio, el nombre de Wenceslao, como testimonio de que &quot;el trono del rey que juzga a los pobres en la verdad permanecer&aacute; eternamente&quot; (cf. <i>Oficio de lectura <\/i>del d&iacute;a). Este hecho se considera como una maravillosa intervenci&oacute;n de Dios, que jam&aacute;s abandona a sus fieles: &quot;El inocente vencido venci&oacute; al cruel vencedor, como Cristo en la cruz&quot; (cf. <i>La leyenda de san Wenceslao<\/i>), y la sangre del m&aacute;rtir no llam&oacute; al odio y la venganza, sino al perd&oacute;n y la paz. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas, en esta Eucarist&iacute;a demos gracias juntos al Se&ntilde;or por haber dado a vuestra patria y a la Iglesia este santo soberano. Oremos al mismo tiempo para que, como &eacute;l, tambi&eacute;n nosotros caminemos con paso &aacute;gil hacia la santidad. Ciertamente es dif&iacute;cil, pues la fe siempre est&aacute; expuesta a m&uacute;ltiples desaf&iacute;os, pero cuando uno se deja atraer por Dios, que es la Verdad, el camino se hace decidido, porque se experimenta la fuerza de su amor. Que nos obtenga esta gracia la intercesi&oacute;n de san Wenceslao y de los dem&aacute;s santos protectores de las tierras checas. Que nos proteja y nos asista siempre Mar&iacute;a, Reina de la paz y Madre del Amor. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2009 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A LA REP&Uacute;BLICA CHECA (26-28 DE SEPTIEMBRE DE 2009) SANTA MISA EN LA FESTIVIDAD LIT&Uacute;RGICA DE SAN WENCESLAO, PATRONO DE LA NACI&Oacute;N HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE Explanada Melnik en Star&aacute; Boleslav Lunes 28 de septiembre de 2009 (V&iacute;deo) &nbsp; Se&ntilde;ores cardenales; venerados hermanos en el episcopado y en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-septiembre-de-2009-viaje-apostolico-a-la-republica-checa-santa-misa-en-la-festividad-liturgica-de-san-wenceslao-patrono-de-la-nacion-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab28 de septiembre de 2009: Viaje apost\u00f3lico a la Rep\u00fablica Checa &#8211; Santa misa en la festividad lit\u00fargica de San Wenceslao, Patrono de la naci\u00f3n\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40895","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40895","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40895"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40895\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40895"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40895"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40895"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}