{"id":40904,"date":"2016-10-06T15:11:07","date_gmt":"2016-10-06T20:11:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-junio-de-2009-solemnidad-de-los-apostoles-san-pedro-y-san-pablo-primeras-visperas-de-la-solemnidad-y-clausura-del-ano-paulino\/"},"modified":"2016-10-06T15:11:07","modified_gmt":"2016-10-06T20:11:07","slug":"28-de-junio-de-2009-solemnidad-de-los-apostoles-san-pedro-y-san-pablo-primeras-visperas-de-la-solemnidad-y-clausura-del-ano-paulino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-junio-de-2009-solemnidad-de-los-apostoles-san-pedro-y-san-pablo-primeras-visperas-de-la-solemnidad-y-clausura-del-ano-paulino\/","title":{"rendered":"28 de junio de 2009: Solemnidad de los Ap\u00f3stoles San Pedro y San Pablo &#8211; Primeras V\u00edsperas de la Solemnidad y clausura del A\u00f1o Paulino"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"TmsRmn\"> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2009\/20090628_primi-vespri.pdf\"> PRIMERAS V&Iacute;SPERAS CON OCASI&Oacute;N DE LA CLAUSURA <br \/> DEL A&Ntilde;O PAULINO<\/a><\/font><\/b><\/p>\n<p><\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/various\/basiliche\/san_paolo\/index_sp.html\"> Bas&iacute;lica de San Pablo extramuros <\/a> <br \/> Domingo<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"> 28 de junio de 2009<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Se&ntilde;ores cardenales; <br \/> venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; <br \/> ilustres miembros de la delegaci&oacute;n del Patriarcado ecum&eacute;nico; <br \/> queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">Dirijo a cada uno mi saludo cordial. Saludo en particular al cardenal arcipreste de esta bas&iacute;lica y a sus colaboradores; saludo al abad y a la comunidad mon&aacute;stica benedictina; saludo asimismo a la delegaci&oacute;n del Patriarcado ecum&eacute;nico de Constantinopla. <\/p>\n<p align=\"left\">El a&ntilde;o conmemorativo del nacimiento de san Pablo se concluye esta tarde. Nos encontramos reunidos junto a la tumba del Ap&oacute;stol, cuyo sarc&oacute;fago, conservado bajo el altar papal, recientemente ha sido objeto de un esmerado an&aacute;lisis cient&iacute;fico: en el sarc&oacute;fago, que nunca hab&iacute;a sido abierto en muchos siglos, se realiz&oacute; una peque&ntilde;&iacute;sima perforaci&oacute;n para introducir una sonda especial, mediante la cual se descubrieron rastros de un valioso tejido de lino te&ntilde;ido de p&uacute;rpura, laminado con oro coronario, y de un tejido de color azul con fibras de lino. Tambi&eacute;n se constat&oacute; la presencia de granos de incienso rojo y de sustancias prote&iacute;nicas y calc&aacute;reas. Adem&aacute;s, se comprob&oacute; que algunos fragmentos &oacute;seos muy peque&ntilde;os, sometidos al examen del carbono 14 por expertos que desconoc&iacute;an su procedencia, pertenec&iacute;an a una persona que vivi&oacute; entre los siglos I y II. Eso parece confirmar la tradici&oacute;n un&aacute;nime y concorde, seg&uacute;n la cual se trata de los restos mortales del ap&oacute;stol san Pablo. <\/p>\n<p align=\"left\">Todo esto embarga nuestro coraz&oacute;n de profunda emoci&oacute;n. Durante estos meses muchas personas han seguido los caminos que el Ap&oacute;stol recorri&oacute; durante su vida, tanto los exteriores como sobre todo los interiores: el camino de Damasco hacia el encuentro con el Resucitado; los caminos del mundo mediterr&aacute;neo, que recorri&oacute; con la antorcha del Evangelio, encontrando oposiciones y adhesiones, hasta el martirio, por el cual pertenece para siempre a la Iglesia de Roma. A ella le dirigi&oacute; tambi&eacute;n su carta m&aacute;s grande e importante. <\/p>\n<p align=\"left\">El A&ntilde;o paulino se concluye, pero estar en camino juntamente con san Pablo, alcanzar con &eacute;l y gracias a &eacute;l el conocimiento de Jes&uacute;s, y ser iluminados y transformados por el Evangelio como &eacute;l, siempre formar&aacute; parte de la existencia cristiana. Y, superando el &aacute;mbito de los creyentes, san Pablo seguir&aacute; siendo siempre &quot;maestro de los gentiles&quot;, que quiere llevar el mensaje del Resucitado a todos los hombres, porque Cristo los conoce y ama a todos, pues muri&oacute; y resucit&oacute; por todos ellos. Por eso, queremos escucharlo tambi&eacute;n en este momento en que iniciamos solemnemente la fiesta de los dos Ap&oacute;stoles unidos entre s&iacute; por un v&iacute;nculo muy estrecho. <\/p>\n<p align=\"left\">Forma parte de la estructura de las cartas de san Pablo el hecho de que, siempre con referencia al lugar y a la situaci&oacute;n particular, explican ante todo el misterio de Cristo, nos ense&ntilde;an la fe. En una segunda parte sigue la aplicaci&oacute;n a nuestra vida: &iquest;Qu&eacute; consecuencias derivan de esta fe? &iquest;C&oacute;mo modela nuestra existencia cada d&iacute;a? En la <i>carta a los Romanos<\/i>, esta segunda parte comienza con el cap&iacute;tulo doce, en los primeros dos vers&iacute;culos del cual el Ap&oacute;stol resume inmediatamente el n&uacute;cleo esencial de la existencia cristiana. &iquest;Qu&eacute; nos dice san Pablo a nosotros en ese pasaje? <\/p>\n<p align=\"left\">Ante todo afirma, como dato fundamental, que con Cristo ha comenzado un nuevo modo de venerar a Dios, un nuevo culto. Este culto consiste en que el hombre vivo se convierte &eacute;l mismo en adoraci&oacute;n, en &quot;sacrificio&quot; incluso en su propio cuerpo. Ya no ofrecemos a Dios cosas; es nuestra misma existencia la que debe transformarse en alabanza de Dios. Pero, &iquest;c&oacute;mo se realiza esto? En el vers&iacute;culo segundo encontramos la respuesta: &quot;No os acomod&eacute;is al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovaci&oacute;n de vuestro modo de pensar, de forma que pod&aacute;is distinguir cu&aacute;l es la voluntad de Dios&quot; (<i>Rm<\/i> 12, 2). <\/p>\n<p align=\"left\">Las dos palabras decisivas de este vers&iacute;culo son: &quot;transformar&quot; y &quot;renovar&quot;. Debemos llegar a ser hombres nuevos, transformados en un modo nuevo de existencia. El mundo siempre anda buscando novedades, porque con raz&oacute;n nunca se siente satisfecho de la realidad concreta. San Pablo nos dice: el mundo no puede renovarse sin hombres nuevos. S&oacute;lo si hay hombres nuevos habr&aacute; tambi&eacute;n un mundo nuevo, un mundo renovado y mejor. Lo primero es la renovaci&oacute;n del hombre. Esto vale para cada persona. El mundo s&oacute;lo ser&aacute; nuevo si nosotros mismos llegamos a ser nuevos. Esto significa tambi&eacute;n que no basta adaptarse a la situaci&oacute;n actual. <\/p>\n<p align=\"left\">El Ap&oacute;stol nos exhorta a un inconformismo. En esta misma carta dice que no hay que someterse al esquema de la &eacute;poca actual. Volveremos a abordar este punto al reflexionar sobre el segundo texto que quiero meditar con vosotros esta tarde. El &quot;no&quot; del Ap&oacute;stol es claro y tambi&eacute;n convincente para cualquiera que observe el &quot;esquema&quot; de nuestro mundo. Pero &iquest;c&oacute;mo podemos llegar a ser nuevos? &iquest;Somos realmente capaces de lograrlo? Con las palabras &quot;llegar a ser nuevo&quot; san Pablo alude a su propia conversi&oacute;n, a su encuentro con Cristo resucitado, del cual dice en la <i>segunda carta a los Corintios<\/i>: &quot;El que est&aacute; en Cristo, es una nueva creaci&oacute;n; pas&oacute; lo viejo, todo es nuevo&quot; (<i>2 Co<\/i> 5, 17). <\/p>\n<p align=\"left\">Ese encuentro con Cristo lo transform&oacute; hasta tal punto que dice al respecto: &quot;He muerto&quot; (<i>Ga <\/i>2, 19; cf. <i>Rm<\/i> 6). Ha llegado a ser nuevo, otro, porque ya no vive para s&iacute; mismo y en virtud de s&iacute; mismo, sino para Cristo y en &eacute;l. Sin embargo, con el paso de los a&ntilde;os, vio que tambi&eacute;n este proceso de renovaci&oacute;n y transformaci&oacute;n contin&uacute;a durante toda la vida. Llegamos a ser nuevos si nos dejamos aferrar y modelar por el Hombre nuevo: Jesucristo. &Eacute;l <i>es<\/i> el Hombre nuevo por excelencia. En &eacute;l se ha hecho realidad la nueva existencia humana, y nosotros de verdad podemos llegar a ser nuevos si nos ponemos en sus manos y nos dejamos modelar por &eacute;l. <\/p>\n<p align=\"left\">San Pablo aclara m&aacute;s a&uacute;n este proceso de &quot;renovaci&oacute;n&quot; diciendo que llegamos a ser nuevos si transformamos nuestro modo de pensar. Lo que aqu&iacute; se traduce por &quot;modo de pensar&quot; es la palabra griega \u201c<i>nous<\/i>\u201d. Es una palabra compleja. Se puede traducir con &quot;esp&iacute;ritu&quot;, &quot;sentimientos&quot;, &quot;raz&oacute;n&quot; y precisamente con &quot;modo de pensar&quot;. Nuestra raz&oacute;n debe llegar a ser nueva. Esto nos sorprende. Tal vez pod&iacute;amos esperar que se refiriera m&aacute;s bien a alguna actitud: lo que deber&iacute;amos cambiar en nuestro obrar. Pero no. La renovaci&oacute;n debe llegar hasta el fondo. Debe cambiar desde sus cimientos nuestro modo de ver el mundo, de comprender la realidad, todo nuestro modo de pensar. El pensamiento del hombre viejo, el modo de pensar com&uacute;n se orienta por lo general hacia la posesi&oacute;n, el bienestar, la influencia, el &eacute;xito, la fama, etc., pero de este modo tiene un alcance muy limitado. As&iacute;, el propio &quot;yo&quot; sigue estando, en definitiva, en el centro del mundo. <\/p>\n<p align=\"left\">Debemos aprender a pensar de manera m&aacute;s profunda. En la segunda parte de la frase, san Pablo nos explica lo que significa eso: es preciso aprender a comprender la voluntad de Dios, de modo que sea ella la que modele nuestra voluntad, para que tambi&eacute;n nosotros queramos lo que quiere Dios, para que reconozcamos que Dios quiere lo bello y lo bueno. Por tanto, se trata de un viraje en nuestra orientaci&oacute;n espiritual de fondo. Dios debe entrar en el horizonte de nuestro pensamiento: lo que &eacute;l quiere y el modo seg&uacute;n el cual ha ideado el mundo y me ha ideado a m&iacute;. Debemos aprender a compartir el pensar y el querer de Jesucristo. As&iacute; seremos hombres nuevos en los que emerge un mundo nuevo. <\/p>\n<p align=\"left\">En dos pasajes de la <i>carta a los Efesios <\/i>san Pablo ilustra ulteriormente el mismo pensamiento de una renovaci&oacute;n necesaria de nuestro ser persona humana. Por eso quiero reflexionar brevemente en ellos. En el cap&iacute;tulo cuarto de esa carta el Ap&oacute;stol nos dice que con Cristo debemos alcanzar la edad adulta, una fe madura. Ya no podemos seguir siendo &quot;ni&ntilde;os llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina&quot; (<i>Ef<\/i> 4, 14). San Pablo desea que los cristianos tengan una fe madura, una &quot;fe adulta&quot;. <\/p>\n<p align=\"left\">En los &uacute;ltimos decenios la palabra &quot;fe adulta&quot; se ha convertido en un eslogan generalizado. A menudo se entiende como la actitud de quien ya no escucha a la Iglesia y a sus pastores, sino que elige aut&oacute;nomamente lo que quiere creer y no creer, o sea, una fe fabricada por cada uno. Y se la presenta como &quot;valent&iacute;a&quot; de expresarse contra el Magisterio de la Iglesia. Sin embargo, en realidad, para eso no hace falta valent&iacute;a, porque siempre se puede estar seguro de obtener el aplauso p&uacute;blico. Para lo que de verdad se requiere valent&iacute;a es para adherirse a la fe de la Iglesia, aunque esta fe est&eacute; en contraposici&oacute;n con el &quot;esquema&quot; del mundo contempor&aacute;neo. Este es el inconformismo de la fe que san Pablo llama una &quot;fe adulta&quot;. Esta es la fe que &eacute;l quiere. En cambio, considera infantil el correr tras los vientos y las corrientes de la &eacute;poca. <\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute;, por ejemplo, forma parte de la fe adulta comprometerse en favor de la inviolabilidad de la vida humana desde su primer momento, oponi&eacute;ndose radicalmente al principio de la violencia, de modo especial en defensa de las criaturas humanas m&aacute;s indefensas. Forma parte de la fe adulta reconocer el matrimonio entre un hombre y una mujer para toda la vida como ordenamiento del Creador, restablecido de nuevo por Cristo. La fe adulta no se deja zarandear de un lado a otro por cualquier corriente. Se opone a los vientos de la moda. Sabe que esos vientos no son el soplo del Esp&iacute;ritu Santo; sabe que el Esp&iacute;ritu de Dios se expresa y se manifiesta en la comuni&oacute;n con Jesucristo. <\/p>\n<p align=\"left\">Con todo, tampoco aqu&iacute; san Pablo se detiene en la negaci&oacute;n, sino que nos lleva al gran &quot;s&iacute;&quot;. Describe la fe madura, verdaderamente adulta, de un modo positivo con la expresi&oacute;n: &quot;Obrar seg&uacute;n la verdad en la caridad&quot; (<i>Ef<\/i> 4, 15). El nuevo modo de pensar, que nos da la fe, se dirige ante todo hacia la verdad. El poder del mal es la mentira. El poder de la fe, el poder de Dios, es la verdad. La verdad sobre el mundo y sobre nosotros mismos se hace visible cuando miramos a Dios. Y Dios se nos hace visible en el rostro de Jesucristo. Contemplando a Cristo reconocemos algo m&aacute;s: la verdad y la caridad son inseparables. En Dios ambas son inseparablemente una sola cosa: esta es precisamente la esencia de Dios. Por eso, para los cristianos, la verdad y la caridad van juntas. La caridad es la prueba de la verdad. Siempre deber&iacute;amos regularnos seg&uacute;n este criterio: que la verdad se transforme en caridad y la caridad nos lleve a la verdad. <\/p>\n<p align=\"left\">En el vers&iacute;culo de san Pablo encontramos otro pensamiento importante. El Ap&oacute;stol nos dice que, obrando seg&uacute;n la verdad en la caridad, contribuimos a hacer que el todo \u2014<i>ta panta<\/i>\u2014, el universo, crezca tendiendo hacia Cristo. San Pablo, bas&aacute;ndose en su fe, no s&oacute;lo se interesa por nuestra rectitud personal y por el crecimiento de la Iglesia. Se interesa por el universo: <i>ta panta<\/i>. La finalidad &uacute;ltima de la obra de Cristo es el universo, la transformaci&oacute;n del universo, de todo el mundo humano, de toda la creaci&oacute;n. Quien, juntamente con Cristo, sirve a la verdad en la caridad, contribuye al verdadero progreso del mundo. S&iacute;; aqu&iacute; se ve claramente que san Pablo conoce la idea de progreso. Para la humanidad, para el mundo, Cristo, su vivir, sufrir y resucitar fue el verdadero gran salto del progreso. Pero ahora el universo deber crecer con vistas a &eacute;l. El verdadero progreso del mundo se da donde aumenta la presencia de Cristo. All&iacute; el hombre llega a ser nuevo y as&iacute; tambi&eacute;n el mundo se hace nuevo. <\/p>\n<p align=\"left\">San Pablo nos pone de manifiesto eso mismo desde otra perspectiva. En el cap&iacute;tulo tercero de la <i>carta a los Efesios<\/i> nos habla de la necesidad de ser &quot;fortalecidos en el hombre interior&quot; (<i>Ef<\/i> 3, 16). As&iacute; retoma un tema que antes, en una situaci&oacute;n de tribulaci&oacute;n, hab&iacute;a tratado en la <i>segunda carta a los Corintios<\/i>: &quot;Aun cuando nuestro hombre exterior se va desmoronando, el hombre interior se va renovando de d&iacute;a en d&iacute;a&quot; (<i>2 Co<\/i> 4, 16). El hombre interior debe fortalecerse; es un imperativo muy apropiado para nuestro tiempo, en el que con mucha frecuencia los hombres se quedan interiormente vac&iacute;os y, por tanto, deben recurrir a promesas y narc&oacute;ticos, que luego tienen como consecuencia un aumento ulterior del sentido de vac&iacute;o en su interior. El vac&iacute;o interior, la debilidad del hombre interior, es uno de los grandes problemas de nuestro tiempo. <\/p>\n<p align=\"left\">Es preciso fortalecer la interioridad, la &quot;perceptividad&quot; del coraz&oacute;n, la capacidad de ver y comprender el mundo y al hombre desde dentro, con el coraz&oacute;n. Necesitamos una raz&oacute;n iluminada por el coraz&oacute;n, para aprender a obrar seg&uacute;n la verdad en la caridad. Ahora bien, esto no se realiza sin una relaci&oacute;n &iacute;ntima con Dios, sin la vida de oraci&oacute;n. Necesitamos el encuentro con Dios, que se nos da en los sacramentos. Y no podemos hablar a Dios en la oraci&oacute;n si no dejamos que hable antes &eacute;l mismo, si no lo escuchamos en la Palabra que nos ha dado. <\/p>\n<p align=\"left\">San Pablo, al respecto, nos dice: &quot;Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor, pod&aacute;is comprender con todos los santos cu&aacute;l es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento&quot; (<i>Ef<\/i> 3, 17-19). El amor ve m&aacute;s lejos que la sola raz&oacute;n; es lo que san Pablo nos dice con esas palabras. Y nos dice tambi&eacute;n que s&oacute;lo podemos conocer la amplitud del misterio de Cristo en la comuni&oacute;n con todos los santos, o sea, en la gran comunidad de todos los creyentes, y no contra ella o sin ella. Esta amplitud la define con palabras que quieren expresar las dimensiones del cosmos: la anchura y la longitud, la altura y la profundidad. <\/p>\n<p align=\"left\">El misterio de Cristo tiene una amplitud c&oacute;smica: no pertenece s&oacute;lo a un grupo determinado. Cristo crucificado abraza el universo entero en todas sus dimensiones. Toma el mundo en sus manos y lo eleva hacia Dios. Comenzando por san Ireneo de Lyon \u2014por tanto, desde el siglo II\u2014, los santos Padres vieron en las palabras &quot;anchura, longitud, altura y profundidad&quot; del amor de Cristo una alusi&oacute;n a la cruz. El amor de Cristo alcanz&oacute; en la cruz la profundidad m&aacute;s honda \u2014la noche de la muerte\u2014 y la altura suprema \u2014la altura de Dios mismo\u2014. Y tom&oacute; entre sus brazos la anchura y la longitud de la humanidad y del mundo en todas sus distancias. &Eacute;l siempre abraza el universo, nos abraza a todos nosotros. <\/p>\n<p align=\"left\">Pidamos al Se&ntilde;or que nos ayude a reconocer algo de la inmensidad de su amor. Pid&aacute;mosle que su amor y su verdad toquen nuestro coraz&oacute;n. Pidamos que Cristo habite en nuestro coraz&oacute;n y nos haga hombres nuevos, para que obremos seg&uacute;n la verdad en la caridad. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2009 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO PRIMERAS V&Iacute;SPERAS CON OCASI&Oacute;N DE LA CLAUSURA DEL A&Ntilde;O PAULINO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de San Pablo extramuros Domingo 28 de junio de 2009 &nbsp; Se&ntilde;ores cardenales; venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; ilustres miembros de la delegaci&oacute;n del Patriarcado ecum&eacute;nico; queridos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-junio-de-2009-solemnidad-de-los-apostoles-san-pedro-y-san-pablo-primeras-visperas-de-la-solemnidad-y-clausura-del-ano-paulino\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab28 de junio de 2009: Solemnidad de los Ap\u00f3stoles San Pedro y San Pablo &#8211; Primeras V\u00edsperas de la Solemnidad y clausura del A\u00f1o Paulino\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40904","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40904","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40904"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40904\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40904"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40904"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40904"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}