{"id":40905,"date":"2016-10-06T15:11:08","date_gmt":"2016-10-06T20:11:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-junio-de-2009-visita-pastoral-a-san-giovanni-rotondo-concelebracion-eucaristica-en-la-iglesia-de-san-pio-de-pietrelcina\/"},"modified":"2016-10-06T15:11:08","modified_gmt":"2016-10-06T20:11:08","slug":"21-de-junio-de-2009-visita-pastoral-a-san-giovanni-rotondo-concelebracion-eucaristica-en-la-iglesia-de-san-pio-de-pietrelcina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-junio-de-2009-visita-pastoral-a-san-giovanni-rotondo-concelebracion-eucaristica-en-la-iglesia-de-san-pio-de-pietrelcina\/","title":{"rendered":"21 de junio de 2009: Visita pastoral a San Giovanni Rotondo &#8211; Concelebraci\u00f3n eucar\u00edstica en la iglesia de San P\u00edo de Pietrelcina"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2009\/index_san-giovanni-rotondo.html\"> VISITA PASTORAL A SAN GIOVANNI ROTONDO<\/a><font color=\"#663300\"> <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Atrio de la iglesia de San P&iacute;o de Pietrelcina <br \/> Domingo 21 de junio de 2009<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">En el coraz&oacute;n de mi peregrinaci&oacute;n a este lugar, donde todo habla de la vida y de la santidad del <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/saints\/ns_lit_doc_20020616_padre-pio_sp.html\">padre P&iacute;o de Pietrelcina<\/a>, tengo la alegr&iacute;a de celebrar para vosotros y con vosotros la Eucarist&iacute;a, misterio que constituy&oacute; el centro de toda su existencia: el origen de su vocaci&oacute;n, la fuerza de su testimonio, la consagraci&oacute;n de su sacrificio. Con gran afecto os saludo a todos vosotros, aqu&iacute; congregados en gran n&uacute;mero, y a cuantos se han unido a nosotros mediante la radio y la televisi&oacute;n. <br \/> Saludo, en primer lugar, al arzobispo Domenico Umberto D&#8217;Ambrosio, que, despu&eacute;s de a&ntilde;os de servicio fiel a esta comunidad diocesana, se dispone a asumir el cuidado pastoral de la archidi&oacute;cesis de Lecce. Tambi&eacute;n le agradezco cordialmente que se haya hecho int&eacute;rprete de vuestros sentimientos. Saludo a los dem&aacute;s obispos concelebrantes. Dirijo un saludo especial a los frailes capuchinos, en particular al ministro general, fray Mauro J&ouml;hri, al definitorio general, al ministro provincial, al padre guardi&aacute;n del convento, al rector del santuario y a la Fraternidad capuchina de San Giovanni Rotondo. <\/p>\n<p align=\"left\">Asimismo, saludo y doy las gracias a cuantos dan su contribuci&oacute;n al servicio del santuario y de las obras vinculadas a &eacute;l; saludo a las autoridades civiles y militares; saludo a los sacerdotes, a los di&aacute;conos, a los dem&aacute;s religiosos y religiosas, y a todos los fieles. Dirijo un saludo afectuoso a cuantos est&aacute;n en la Casa Alivio del Sufrimiento, a las personas solas y a todos los habitantes de vuestra ciudad. <\/p>\n<p align=\"left\">Acabamos de escuchar el pasaje evang&eacute;lico de la tempestad calmada, que ha ido acompa&ntilde;ado por un breve pero incisivo texto del <i>libro de Job<\/i>, en el que Dios se revela como el Se&ntilde;or del mar. Jes&uacute;s increpa al viento y ordena al mar que se calme, lo interpela como si se identificara con el poder diab&oacute;lico. En la Biblia, seg&uacute;n lo que nos dicen la primera lectura y el Salmo 107, el mar se considera como un elemento amenazador, ca&oacute;tico, potencialmente destructivo, que s&oacute;lo Dios, el Creador, puede dominar, gobernar y silenciar. <\/p>\n<p align=\"left\">Sin embargo, hay otra fuerza, una fuerza positiva, que mueve al mundo, capaz de transformar y renovar a las criaturas: la fuerza del &quot;amor de Cristo&quot; (<i>2 Co<\/i> 5, 14), como la llama san Pablo en la <i>segunda carta a los Corintios<\/i>; por tanto, esencialmente no es una fuerza c&oacute;smica, sino divina, trascendente. Act&uacute;a tambi&eacute;n sobre el cosmos, pero, en s&iacute; mismo, el amor de Cristo es &quot;otro&quot; tipo de poder, y el Se&ntilde;or manifest&oacute; esta alteridad trascendente en su Pascua, en la &quot;santidad&quot; del &quot;camino&quot; que eligi&oacute; para liberarnos del dominio del mal, como hab&iacute;a sucedido con el &eacute;xodo de Egipto, cuando hizo salir a los jud&iacute;os atravesando las aguas del mar Rojo. &quot;Dios m&iacute;o \u2014exclama el salmista\u2014, tus caminos son santos (&#8230;). Te abriste camino por las aguas, un vado por las aguas caudalosas&quot; (<i>Sal<\/i> 77, 14.20). En el misterio pascual, Jes&uacute;s pas&oacute; a trav&eacute;s del abismo de la muerte, porque Dios quiso renovar as&iacute; el universo: mediante la muerte y resurrecci&oacute;n de su Hijo, &quot;muerto por todos&quot;, para que todos puedan vivir &quot;por aquel que muri&oacute; y resucit&oacute; por ellos&quot; (<i>2 Co<\/i> 5, 15), y para que no vivan s&oacute;lo para s&iacute; mismos. <\/p>\n<p align=\"left\">El gesto solemne de calmar el mar tempestuoso es claramente un signo del se&ntilde;or&iacute;o de Cristo sobre las potencias negativas e induce a pensar en su divinidad: &quot;&iquest;Qui&eacute;n es este \u2014se preguntan asombrados y atemorizados los disc&iacute;pulos\u2014, que hasta el viento y las aguas le obedecen?&quot; (<i>Mc<\/i> 4, 41). Su fe a&uacute;n no es firme; se est&aacute; formando; es una mezcla de miedo y confianza; por el contrario, el abandono confiado de Jes&uacute;s al Padre es total y puro. Por eso, por este poder del amor, puede dormir durante la tempestad, totalmente seguro en los brazos de Dios. Pero llegar&aacute; el momento en el que tambi&eacute;n Jes&uacute;s experimentar&aacute; miedo y angustia: cuando llegue su hora, sentir&aacute; sobre s&iacute; todo el peso de los pecados de la humanidad, como una gran ola que est&aacute; punto de abatirse sobre &eacute;l. Esa s&iacute; que ser&aacute; una tempestad terrible, no c&oacute;smica, sino espiritual. Ser&aacute; el &uacute;ltimo asalto, el asalto extremo del mal contra el Hijo de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">Sin embargo, en esa hora Jes&uacute;s no dud&oacute; del poder de Dios Padre y de su cercan&iacute;a, aunque tuvo que experimentar plenamente la distancia que existe entre el odio y el amor, entre la mentira y la verdad, entre el pecado y la gracia. Experiment&oacute; en s&iacute; mismo de modo desgarrador este drama, especialmente en Getseman&iacute;, antes de ser arrestado y, despu&eacute;s, durante toda la Pasi&oacute;n, hasta su muerte en la cruz. En esa hora Jes&uacute;s, por una parte, estaba totalmente unido al Padre, plenamente abandonado <i>en <\/i>&eacute;l; y, por otra, al ser solidario con los pecadores, estaba como separado y se sinti&oacute; como abandonado <i>por<\/i> &eacute;l. <\/p>\n<p align=\"left\">Algunos santos han vivido personalmente de modo intenso esta experiencia de Jes&uacute;s. El padre P&iacute;o de Pietrelcina es uno de ellos. Un hombre sencillo, de or&iacute;genes humildes, &quot;conquistado por Cristo&quot; (<i>Flp<\/i> 3, 12) \u2014como escribe de s&iacute; el ap&oacute;stol san Pablo\u2014 para convertirlo en un instrumento elegido del poder perenne de su cruz: poder de amor a las almas, de perd&oacute;n y reconciliaci&oacute;n, de paternidad espiritual y de solidaridad activa con los que sufren. Los estigmas que marcaron su cuerpo lo unieron &iacute;ntimamente al Crucificado resucitado. Aut&eacute;ntico seguidor de san Francisco de As&iacute;s, hizo suya, como el <i>Poverello, <\/i>la experiencia del ap&oacute;stol san Pablo, tal como la describe en sus cartas: &quot;Estoy crucificado con Cristo: y ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en m&iacute;&quot; (<i>Ga<\/i> 2, 19-20); o tambi&eacute;n: &quot;La muerte est&aacute; actuando en nosotros, y la vida en vosotros&quot; (<i>2 Co<\/i> 4, 12). <\/p>\n<p align=\"left\">Esto no significa alienaci&oacute;n, p&eacute;rdida de la personalidad: Dios no anula nunca lo humano, sino que lo transforma con su Esp&iacute;ritu y lo orienta al servicio de su designio de salvaci&oacute;n. El padre P&iacute;o conserv&oacute; sus dones naturales, y tambi&eacute;n su temperamento, pero ofreci&oacute; todo a Dios, que pudo servirse libremente de &eacute;l para prolongar la obra de Cristo: anunciar el Evangelio, perdonar los pecados y curar a los enfermos en el cuerpo y en el alma. <\/p>\n<p align=\"left\">Como sucedi&oacute; con Jes&uacute;s, el padre P&iacute;o tuvo que librar la verdadera lucha, el combate radical, no contra enemigos terrenos, sino contra el esp&iacute;ritu del mal (cf. <i>Ef<\/i> 6, 12). Las &quot;tempestades&quot; m&aacute;s fuertes que lo amenazaban eran los asaltos del diablo, de los cuales se defendi&oacute; con &quot;la armadura de Dios&quot;, con &quot;el escudo de la fe&quot; y &quot;la espada del Esp&iacute;ritu, que es la Palabra de Dios&quot; (<i>Ef<\/i> 6, 11. 16. 17). Permaneciendo unido a Jes&uacute;s, siempre tuvo ante s&iacute; la profundidad del drama humano; por eso se entreg&oacute; a s&iacute; mismo y ofreci&oacute; sus numerosos sufrimientos, y se gast&oacute; por el cuidado y el alivio de los enfermos, signo privilegiado de la misericordia de Dios, de su reino que viene, m&aacute;s a&uacute;n, que ya est&aacute; en el mundo, de la victoria del amor y de la vida sobre el pecado y la muerte. Guiar a las almas y aliviar el sufrimiento: as&iacute; se puede resumir la misi&oacute;n de san P&iacute;o de Pietrelcina, como dijo de &eacute;l tambi&eacute;n el siervo de Dios Papa Pablo VI: &quot;Era un hombre de oraci&oacute;n y de sufrimiento&quot; (<i>Discurso a los padres capitulares capuchinos<\/i>, 20 de febrero de 1971). <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos amigos, frailes menores capuchinos, miembros de los grupos de oraci&oacute;n y fieles todos de San Giovanni Rotondo, vosotros sois los herederos del padre P&iacute;o, y la herencia que os ha dejado es la santidad. En una de sus cartas escribi&oacute;: &quot;Parece que Jes&uacute;s no tiene otra curaci&oacute;n para mis manos sino la de santificar vuestra alma&quot; (<i>Epist. <\/i>II, p.155). Su primera preocupaci&oacute;n, su anhelo sacerdotal y paterno, fue siempre que las personas volvieran a Dios, que experimentaran su misericordia y, renovadas interiormente, redescubrieran la belleza y la alegr&iacute;a de ser cristianas, de vivir en comuni&oacute;n con Jes&uacute;s, de pertenecer a su Iglesia y practicar el Evangelio. El padre P&iacute;o atra&iacute;a hacia el camino de la santidad con su testimonio, indicando con su ejemplo el &quot;binario&quot; que lleva a ella: la oraci&oacute;n y la caridad. <\/p>\n<p align=\"left\">Ante todo, la <i>oraci&oacute;n<\/i>. Como todos los grandes hombres de Dios, el padre P&iacute;o se convirti&oacute; &eacute;l mismo en oraci&oacute;n, en cuerpo y alma. Sus jornadas eran un rosario vivido, es decir, una continua meditaci&oacute;n y asimilaci&oacute;n de los misterios de Cristo en uni&oacute;n espiritual con la Virgen Mar&iacute;a. As&iacute; se explica la singular presencia en &eacute;l de dones sobrenaturales y de sentido pr&aacute;ctico humano. Y todo ten&iacute;a su culmen en la celebraci&oacute;n de la santa misa: en ella se un&iacute;a plenamente al Se&ntilde;or muerto y resucitado. <\/p>\n<p align=\"left\">De la oraci&oacute;n, como de una fuente siempre viva, brotaba la <i>caridad.<\/i> El amor que llevaba en su coraz&oacute;n y transmit&iacute;a a los dem&aacute;s rebosaba ternura, siempre atento a las situaciones reales de las personas y de las familias. Sent&iacute;a la predilecci&oacute;n del Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s especialmente por los enfermos y los que sufr&iacute;an, y precisamente de esa predilecci&oacute;n surgi&oacute; y tom&oacute; forma el proyecto de una gran obra dedicada al &quot;alivio del sufrimiento&quot;. No se puede entender ni interpretar adecuadamente esa instituci&oacute;n si se la separa de su fuente inspiradora, que es la caridad evang&eacute;lica, animada a su vez por la oraci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos, hoy el padre P&iacute;o vuelve a proponer todo esto a nuestra atenci&oacute;n. Los peligros del activismo y la secularizaci&oacute;n est&aacute;n siempre presentes; por eso, mi visita tambi&eacute;n tiene la finalidad de confirmaros en la fidelidad a la misi&oacute;n heredada de vuestro amad&iacute;simo padre. Muchos de vosotros, religiosos, religiosas y laicos, est&aacute;is tan absorbidos por las miles de tareas que conlleva el servicio a los peregrinos o a los enfermos del hospital, que corr&eacute;is el riesgo de descuidar lo &uacute;nico verdaderamente necesario: escuchar a Cristo para cumplir la voluntad de Dios. Cuando os deis cuenta de que corr&eacute;is este riesgo, mirad al padre P&iacute;o: su ejemplo, sus sufrimientos; e invocad su intercesi&oacute;n, para que os obtenga del Se&ntilde;or la luz y la fuerza que necesit&aacute;is para proseguir su misma misi&oacute;n impregnada de amor a Dios y de caridad fraterna. Y que desde el cielo siga ejerciendo la exquisita paternidad espiritual que lo caracteriz&oacute; durante su existencia terrena; que siga acompa&ntilde;ando a sus hermanos, a sus hijos espirituales y toda la obra que inici&oacute;. <\/p>\n<p align=\"left\">Que, juntamente con san Francisco y la Virgen, a la que tanto am&oacute; e hizo amar en este mundo, vele sobre todos vosotros y os proteja siempre. Y entonces, incluso en medio de las tempestades que puedan levantarse repentinamente, podr&eacute;is experimentar el soplo del Esp&iacute;ritu Santo, que es m&aacute;s fuerte que cualquier viento contrario e impulsa la barca de la Iglesia y a cada uno de nosotros. Por eso debemos vivir siempre con serenidad y cultivar en el coraz&oacute;n la alegr&iacute;a, dando gracias al Se&ntilde;or. &quot;Es eterna su misericordia&quot; (<i>Salmo responsorial<\/i>). Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2009 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A SAN GIOVANNI ROTONDO CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Atrio de la iglesia de San P&iacute;o de Pietrelcina Domingo 21 de junio de 2009 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: En el coraz&oacute;n de mi peregrinaci&oacute;n a este lugar, donde todo habla de la vida y de la santidad del padre &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-junio-de-2009-visita-pastoral-a-san-giovanni-rotondo-concelebracion-eucaristica-en-la-iglesia-de-san-pio-de-pietrelcina\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab21 de junio de 2009: Visita pastoral a San Giovanni Rotondo &#8211; Concelebraci\u00f3n eucar\u00edstica en la iglesia de San P\u00edo de Pietrelcina\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40905","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40905","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40905"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40905\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40905"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40905"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40905"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}