{"id":40906,"date":"2016-10-06T15:11:10","date_gmt":"2016-10-06T20:11:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-junio-de-2009-solemnidad-del-sagrado-corazon-de-jesus-segundas-visperas-inauguracion-del-ano-sacerdotal\/"},"modified":"2016-10-06T15:11:10","modified_gmt":"2016-10-06T20:11:10","slug":"19-de-junio-de-2009-solemnidad-del-sagrado-corazon-de-jesus-segundas-visperas-inauguracion-del-ano-sacerdotal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-junio-de-2009-solemnidad-del-sagrado-corazon-de-jesus-segundas-visperas-inauguracion-del-ano-sacerdotal\/","title":{"rendered":"19 de junio de 2009: Solemnidad del Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas: Segundas V\u00edsperas &#8211; Inauguraci\u00f3n del A\u00f1o sacerdotal"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2009\/20090619_apertura_anno-sac.pdf\"> REZO DE LAS SEGUNDAS V&Iacute;SPERAS <br \/> DE LA SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZ&Oacute;N DE JES&Uacute;S<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/special\/anno_sac\/index_sp.html\">INAUGURACI&Oacute;N DEL A&Ntilde;O SACERDOTAL <br \/> EN EL 150&deg; ANIVERSARIO DE LA MUERTE <br \/> DE SAN JUAN MAR&Iacute;A VIANNEY<\/a> <\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Viernes 19 de junio de 2009 <\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas<\/i>: <\/p>\n<p align=\"left\">En la ant&iacute;fona del Magn&iacute;ficat dentro de poco cantaremos: &quot;Nos acogi&oacute; el Se&ntilde;or en su seno y en su coraz&oacute;n&quot;, &quot;<i>Suscepit nos Dominus in sinum et cor suum<\/i>&quot;. En el Antiguo Testamento se habla veintis&eacute;is veces del coraz&oacute;n de Dios, considerado como el &oacute;rgano de su voluntad: el hombre es juzgado en referencia al coraz&oacute;n de Dios. A causa del dolor que su coraz&oacute;n siente por los pecados del hombre, Dios decide el diluvio, pero despu&eacute;s se conmueve ante la debilidad humana y perdona. Luego hay un pasaje del Antiguo Testamento en el que el tema del coraz&oacute;n de Dios se expresa de manera muy clara: se encuentra en el cap&iacute;tulo 11 del libro del profeta Oseas, donde los primeros vers&iacute;culos describen la dimensi&oacute;n del amor con el que el Se&ntilde;or se dirigi&oacute; a Israel en el alba de su historia: &quot;Cuando Israel era ni&ntilde;o, yo lo am&eacute;, y de Egipto llam&eacute; a mi hijo&quot; (v. 1). En realidad, a la incansable predilecci&oacute;n divina Israel responde con indiferencia e incluso con ingratitud. &quot;Cuanto m&aacute;s los llamaba \u2014se ve obligado a constatar el Se&ntilde;or\u2014, m&aacute;s se alejaban de m&iacute;&quot; (v. 2). Sin embargo, no abandona a Israel en manos de sus enemigos, pues &quot;mi coraz&oacute;n \u2014dice el Creador del universo\u2014 se conmueve en mi interior, y a la vez se estremecen mis entra&ntilde;as&quot; (v. 8). <\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;El coraz&oacute;n de Dios se estremece de compasi&oacute;n! En esta solemnidad del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s la Iglesia presenta a nuestra contemplaci&oacute;n este misterio, el misterio del coraz&oacute;n de un Dios que se conmueve y derrama todo su amor sobre la humanidad. Un amor misterioso, que en los textos del Nuevo Testamento se nos revela como inconmensurable pasi&oacute;n de Dios por el hombre. No se rinde ante la ingratitud, ni siquiera ante el rechazo del pueblo que se ha escogido; m&aacute;s a&uacute;n, con infinita misericordia env&iacute;a al mundo a su Hijo unig&eacute;nito para que cargue sobre s&iacute; el destino del amor destruido; para que, derrotando el poder del mal y de la muerte, restituya la dignidad de hijos a los seres humanos esclavizados por el pecado. Todo esto a caro precio: el Hijo unig&eacute;nito del Padre se inmola en la cruz: &quot;Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los am&oacute; hasta el extremo&quot; <i>(Jn<\/i> 13, 1). S&iacute;mbolo de este amor que va m&aacute;s all&aacute; de la muerte es su costado atravesado por una lanza. A este respecto, un testigo ocular, el ap&oacute;stol san Juan, afirma: &quot;Uno de los soldados le atraves&oacute; el costado con una lanza y al instante sali&oacute; sangre y agua&quot; (<i>Jn<\/i> 19, 34). <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas, os doy las gracias porque, respondiendo a mi invitaci&oacute;n, hab&eacute;is venido en gran n&uacute;mero a esta celebraci&oacute;n con la que entramos en el A&ntilde;o sacerdotal. Saludo a los se&ntilde;ores cardenales y a los obispos, en particular al cardenal prefecto y al secretario de la Congregaci&oacute;n para el clero, as&iacute; como a sus colaboradores, y al obispo de Ars. Saludo a los sacerdotes y a los seminaristas de los diversos colegios de Roma; a los religiosos, a las religiosas y a todos los fieles. Dirijo un saludo especial <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2009\/june\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20090619_ignace-youssif.html\">a Su Beatitud Ignace Youssif Younan<\/a>, patriarca de Antioqu&iacute;a de los sirios, que ha venido a Roma para encontrarse conmigo y manifestar p&uacute;blicamente la &quot;<i>ecclesiastica communio<\/i>&quot; que le he concedido. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas, deteng&aacute;monos a contemplar juntos el Coraz&oacute;n traspasado del Crucificado. En la lectura breve, tomada de la carta de san Pablo a los Efesios, acabamos de escuchar una vez m&aacute;s que &quot;Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos am&oacute;, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivific&oacute; juntamente con Cristo (&#8230;) y con &eacute;l nos resucit&oacute; y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jes&uacute;s&quot; (<i>Ef<\/i> 2, 4-6). Estar en Cristo Jes&uacute;s significa ya sentarse en los cielos. En el Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s se expresa el n&uacute;cleo esencial del cristianismo; en Cristo se nos revela y entrega toda la novedad revolucionaria del Evangelio: el Amor que nos salva y nos hace vivir ya en la eternidad de Dios. El evangelista san Juan escribe: &quot;Tanto am&oacute; Dios al mundo que dio a su Hijo &uacute;nico, para que todo el que crea en &eacute;l no perezca, sino que tenga vida eterna&quot; (<i>Jn <\/i>3, 16). Su Coraz&oacute;n divino llama entonces a nuestro coraz&oacute;n; nos invita a salir de nosotros mismos y a abandonar nuestras seguridades humanas para fiarnos de &eacute;l y, siguiendo su ejemplo, a hacer de nosotros mismos un don de amor sin reservas. <\/p>\n<p align=\"left\">Aunque es verdad que la invitaci&oacute;n de Jes&uacute;s a &quot;permanecer en su amor&quot; (cf. <i>Jn<\/i> 15, 9) se dirige a todo bautizado, en la fiesta del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, Jornada de santificaci&oacute;n sacerdotal, esa invitaci&oacute;n resuena con mayor fuerza para nosotros, los sacerdotes, de modo particular esta tarde, <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/special\/anno_sac\/index_sp.html\">solemne inicio del A&ntilde;o sacerdotal<\/a>, que he convocado con ocasi&oacute;n del 150&deg; aniversario de la muerte del santo cura de Ars. Me viene inmediatamente a la mente una hermosa y conmovedora afirmaci&oacute;n suya, recogida en el <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/ESL0022\/__P4Z.HTM\"> <i>Catecismo de la Iglesia cat&oacute;lica<\/i>:<\/a> &quot;El sacerdocio es el amor del Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s&quot; (n.1589). <\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;C&oacute;mo no recordar con conmoci&oacute;n que de este Coraz&oacute;n ha brotado directamente el don de nuestro ministerio sacerdotal? &iquest;C&oacute;mo olvidar que los presb&iacute;teros hemos sido consagrados para servir, humilde y autorizadamente, al sacerdocio com&uacute;n de los fieles? Nuestra misi&oacute;n es indispensable para la Iglesia y para el mundo, que exige fidelidad plena a Cristo y uni&oacute;n incesante con &eacute;l, o sea, permanecer en su amor; esto exige que busquemos constantemente la santidad, el permanecer en su amor, como hizo san Juan Mar&iacute;a Vianney. <\/p>\n<p align=\"left\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/letters\/2009\/documents\/hf_ben-xvi_let_20090616_anno-sacerdotale.html\">En la carta que os he dirigido con motivo de este A&ntilde;o jubilar especial<\/a>, queridos hermanos sacerdotes, he puesto de relieve algunos aspectos que caracterizan nuestro ministerio, haciendo referencia al ejemplo y a la ense&ntilde;anza del santo cura de Ars, modelo y protector de todos nosotros los sacerdotes, y en particular de los p&aacute;rrocos. Espero que esta carta os ayude e impulse a hacer de este a&ntilde;o una ocasi&oacute;n propicia para crecer en la intimidad con Jes&uacute;s, que cuenta con nosotros, sus ministros, para difundir y consolidar su reino, para difundir su amor, su verdad. Y, por tanto, &quot;a ejemplo del santo cura de Ars \u2014as&iacute; conclu&iacute;a mi carta\u2014, dejaos conquistar por &Eacute;l y ser&eacute;is tambi&eacute;n vosotros, en el mundo de hoy, mensajeros de esperanza, reconciliaci&oacute;n y paz&quot;. <\/p>\n<p align=\"left\">Dejarse conquistar totalmente por Cristo. Este fue el objetivo de toda la vida de san Pablo, al que hemos dirigido nuestra atenci&oacute;n durante el A&ntilde;o paulino, que ya est&aacute; a punto de concluir; y esta fue la meta de todo el ministerio del santo cura de Ars, a quien invocaremos de modo especial durante el A&ntilde;o sacerdotal. Que este sea tambi&eacute;n el objetivo principal de cada uno de nosotros. Para ser ministros al servicio del Evangelio es ciertamente &uacute;til y necesario el estudio, con una esmerada y permanente formaci&oacute;n teol&oacute;gica y pastoral, pero m&aacute;s necesaria a&uacute;n es la &quot;ciencia del amor&quot;, que s&oacute;lo se aprende de &quot;coraz&oacute;n a coraz&oacute;n&quot; con Cristo. &Eacute;l nos llama a partir el pan de su amor, a perdonar los pecados y a guiar al reba&ntilde;o en su nombre. Precisamente por este motivo no debemos alejarnos nunca del manantial del Amor que es su Coraz&oacute;n traspasado en la cruz. <\/p>\n<p align=\"left\">S&oacute;lo as&iacute; podremos cooperar eficazmente al misterioso &quot;designio del Padre&quot;, que consiste en &quot;hacer de Cristo el coraz&oacute;n del mundo&quot;. Designio que se realiza en la historia en la medida en que Jes&uacute;s se convierte en el Coraz&oacute;n de los corazones humanos, comenzando por aquellos que est&aacute;n llamados a estar m&aacute;s cerca de &eacute;l, precisamente los sacerdotes. Las &quot;promesas sacerdotales&quot;, que pronunciamos el d&iacute;a de nuestra ordenaci&oacute;n y que renovamos cada a&ntilde;o, el Jueves santo, en la Misa Crismal, nos vuelven a recordar este constante compromiso. <\/p>\n<p align=\"left\">Incluso nuestras carencias, nuestros l&iacute;mites y debilidades deben volvernos a conducir al Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s. Si es verdad que los pecadores, al contemplarlo, deben sentirse impulsados por &eacute;l al necesario &quot;dolor de los pecados&quot; que los vuelva a conducir al Padre, esto vale a&uacute;n m&aacute;s para los ministros sagrados. A este respecto, &iquest;c&oacute;mo olvidar que nada hace sufrir m&aacute;s a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, que los pecados de sus pastores, sobre todo de aquellos que se convierten en &quot;ladrones de las ovejas&quot; (cf. <i>Jn<\/i> 10, 1 ss), ya sea porque las desv&iacute;an con sus doctrinas privadas, ya sea porque las atan con lazos de pecado y de muerte? Tambi&eacute;n se dirige a nosotros, queridos sacerdotes, el llamamiento a la conversi&oacute;n y a recurrir a la Misericordia divina; asimismo, debemos dirigir con humildad una s&uacute;plica apremiante e incesante al Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s para que nos preserve del terrible peligro de da&ntilde;ar a aquellos a quienes debemos salvar. <\/p>\n<p align=\"left\">Hace poco he podido venerar, en la capilla del Coro, la reliquia del santo cura de Ars: su coraz&oacute;n. Un coraz&oacute;n inflamado de amor divino, que se conmov&iacute;a al pensar en la dignidad del sacerdote y hablaba a los fieles con un tono conmovedor y sublime, afirmando que &quot;despu&eacute;s de Dios, el sacerdote lo es todo&#8230; &Eacute;l mismo no se entender&aacute; bien sino en el cielo&quot; (cf. <i> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/letters\/2009\/documents\/hf_ben-xvi_let_20090616_anno-sacerdotale.html\">Carta para el A&ntilde;o sacerdotal<\/a><\/i>). Cultivemos queridos hermanos, esta misma conmoci&oacute;n, ya sea para cumplir nuestro ministerio con generosidad y entrega, ya sea para conservar en el alma un verdadero &quot;temor de Dios&quot;: el temor de poder privar de tanto bien, por nuestra negligencia o culpa, a las almas que nos han sido encomendadas, o \u2014&iexcl;Dios no lo quiera!\u2014 de poderlas da&ntilde;ar. <\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia necesita sacerdotes santos; ministros que ayuden a los fieles a experimentar el amor misericordioso del Se&ntilde;or y sean sus testigos convencidos. En la adoraci&oacute;n eucar&iacute;stica, que seguir&aacute; a la celebraci&oacute;n de las V&iacute;speras, pediremos al Se&ntilde;or que inflame el coraz&oacute;n de cada presb&iacute;tero con la &quot;caridad pastoral&quot; capaz de configurar su &quot;yo&quot; personal al de Jes&uacute;s sacerdote, para poderlo imitar en la entrega m&aacute;s completa. <\/p>\n<p align=\"left\">Que nos obtenga esta gracia la Virgen Mar&iacute;a, cuyo Inmaculado Coraz&oacute;n contemplaremos ma&ntilde;ana con viva fe. El santo cura de Ars sent&iacute;a una filial devoci&oacute;n hacia ella, hasta el punto de que en 1836, antes de la proclamaci&oacute;n del dogma de la Inmaculada Concepci&oacute;n, ya hab&iacute;a consagrado su parroquia a Mar&iacute;a &quot;concebida sin pecado&quot;. Y mantuvo la costumbre de renovar a menudo esta ofrenda de la parroquia a la sant&iacute;sima Virgen, ense&ntilde;ando a los fieles que &quot;basta con dirigirse a ella para ser escuchados&quot;, por el simple motivo de que ella &quot;desea sobre todo vernos felices&quot;. <\/p>\n<p align=\"left\">Que nos acompa&ntilde;e la Virgen sant&iacute;sima, nuestra Madre, en el A&ntilde;o sacerdotal que hoy iniciamos, a fin de que podamos ser gu&iacute;as firmes e iluminados para los fieles que el Se&ntilde;or encomienda a nuestro cuidado pastoral. &iexcl;Am&eacute;n! <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2009 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>REZO DE LAS SEGUNDAS V&Iacute;SPERAS DE LA SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZ&Oacute;N DE JES&Uacute;S INAUGURACI&Oacute;N DEL A&Ntilde;O SACERDOTAL EN EL 150&deg; ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE SAN JUAN MAR&Iacute;A VIANNEY HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de San Pedro Viernes 19 de junio de 2009 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: En la ant&iacute;fona del Magn&iacute;ficat &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-junio-de-2009-solemnidad-del-sagrado-corazon-de-jesus-segundas-visperas-inauguracion-del-ano-sacerdotal\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab19 de junio de 2009: Solemnidad del Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas: Segundas V\u00edsperas &#8211; Inauguraci\u00f3n del A\u00f1o sacerdotal\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40906","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40906","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40906"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40906\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40906"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40906"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40906"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}