{"id":40907,"date":"2016-10-06T15:11:11","date_gmt":"2016-10-06T20:11:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-junio-de-2009-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-santa-misa-y-procesion-eucaristica\/"},"modified":"2016-10-06T15:11:11","modified_gmt":"2016-10-06T20:11:11","slug":"11-de-junio-de-2009-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-santa-misa-y-procesion-eucaristica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-junio-de-2009-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-santa-misa-y-procesion-eucaristica\/","title":{"rendered":"11 de junio de 2009: Solemnidad del Sant\u00edsimo Cuerpo y Sangre de Cristo &#8211; Santa Misa y procesi\u00f3n eucar\u00edstica"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI<\/font><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/p>\n<p> Atrio de la bas&iacute;lica papal de San Juan de Letr&aacute;n<br \/> Jueves 11 de junio de 2009<\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><b>&quot;Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre&quot;. <\/b> <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas: <\/p>\n<p align=\"left\"> Estas palabras, que pronunci&oacute; Jes&uacute;s en la &uacute;ltima Cena, se repiten cada vez que se renueva el sacrificio eucar&iacute;stico. Las acabamos de escuchar en el evangelio de san Marcos, y resuenan con singular fuerza evocadora hoy, solemnidad del <i>Corpus Christi<\/i>. Nos llevan espiritualmente al Cen&aacute;culo, nos hacen revivir el clima espiritual de aquella noche cuando, al celebrar la Pascua con los suyos, el Se&ntilde;or anticip&oacute;, en el misterio, el sacrificio que se consumar&iacute;a al d&iacute;a siguiente en la cruz. De este modo, la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a se nos presenta como anticipaci&oacute;n y aceptaci&oacute;n por parte de Jes&uacute;s de su muerte. Al respecto escribe san Efr&eacute;n Sirio: Durante la cena Jes&uacute;s se inmol&oacute; a s&iacute; mismo; en la cruz fue inmolado por los dem&aacute;s (cf.<i> Himno sobre la crucifixi&oacute;n <\/i>3, 1). <\/p>\n<p align=\"left\"> &quot;Esta es mi sangre&quot;. Aqu&iacute; es clara la referencia al lenguaje que se empleaba en Israel para los sacrificios. Jes&uacute;s se presenta a s&iacute; mismo como el sacrificio verdadero y definitivo, en el cual se realiza la expiaci&oacute;n de los pecados que, en los ritos del Antiguo Testamento, no se hab&iacute;a cumplido nunca totalmente. A esta expresi&oacute;n le siguen otras dos muy significativas. Ante todo, Jesucristo dice que su sangre &quot;es derramada por muchos&quot; con una comprensible referencia a los cantos del Siervo de Dios, que se encuentran en el libro de Isa&iacute;as (cf. <i> Is<\/i> 53). Al a&ntilde;adir &quot;sangre de la alianza&quot;, Jes&uacute;s manifiesta adem&aacute;s que, gracias a su muerte, se cumple la profec&iacute;a de la nueva alianza fundada en la fidelidad y en el amor infinito del Hijo hecho hombre; una alianza, por tanto, m&aacute;s fuerte que todos los pecados de la humanidad. La antigua alianza hab&iacute;a sido sancionada en el Sina&iacute; con un rito de sacrificio de animales, como hemos escuchado en la primera lectura, y el pueblo elegido, librado de la esclavitud de Egipto, hab&iacute;a prometido cumplir todos los mandamientos dados por el Se&ntilde;or (cf. <i>Ex<\/i> 24, 3). <\/p>\n<p align=\"left\"> En verdad, desde el comienzo, con la construcci&oacute;n del becerro de oro, Israel fue incapaz de mantenerse fiel a esa promesa y as&iacute; al pacto sellado, que de hecho transgredi&oacute; muy a menudo, adaptando a su coraz&oacute;n de piedra la Ley que deber&iacute;a haberle ense&ntilde;ado el camino de la vida. Sin embargo, el Se&ntilde;or no falt&oacute; a su promesa y, por medio de los profetas, se preocup&oacute; de recordar la dimensi&oacute;n interior de la alianza y anunci&oacute; que iba a escribir una nueva en el coraz&oacute;n de sus fieles (cf. <i>Jr<\/i> 31, 33), transform&aacute;ndolos con el don del Esp&iacute;ritu (cf. <i>Ez<\/i> 36, 25-27). Y fue durante la &uacute;ltima Cena cuando estableci&oacute; con los disc&iacute;pulos esta nueva alianza, confirm&aacute;ndola no con sacrificios de animales, como ocurr&iacute;a en el pasado, sino con su sangre, que se convirti&oacute; en &quot;sangre de la nueva alianza&quot;. As&iacute; pues, la fund&oacute; sobre su propia obediencia, m&aacute;s fuerte, como dije, que todos nuestros pecados. <\/p>\n<p align=\"left\"> Esto se pone muy bien de manifiesto en la segunda lectura, tomada de la <i>carta a los Hebreos, <\/i>donde el autor sagrado declara que Jes&uacute;s es &quot;mediador de una nueva alianza&quot; (<i>Hb<\/i> 9, 15). Lo es gracias a su sangre o, con mayor exactitud, gracias a su inmolaci&oacute;n, que da pleno valor al derramamiento de su sangre. En la cruz Jes&uacute;s es al mismo tiempo v&iacute;ctima y sacerdote: v&iacute;ctima digna de Dios, porque no tiene mancha, y sumo sacerdote que se ofrece a s&iacute; mismo, bajo el impulso del Esp&iacute;ritu Santo, e intercede por toda la humanidad. As&iacute; pues, la cruz es misterio de amor y de salvaci&oacute;n que \u2014como dice la <i>carta a los Hebreos<\/i>\u2014 nos purifica de las &quot;obras muertas&quot;, es decir, de los pecados, y nos santifica esculpiendo la alianza nueva en nuestro coraz&oacute;n; la Eucarist&iacute;a, renovando el sacrificio de la cruz, nos hace capaces de vivir fielmente la comuni&oacute;n con Dios. <\/p>\n<p align=\"left\"> Queridos hermanos y hermanas, os saludo a todos con afecto, comenzando por el cardenal vicario y los dem&aacute;s cardenales y obispos presentes. Como el pueblo elegido, reunido en la asamblea del Sina&iacute;, tambi&eacute;n nosotros esta tarde queremos renovar nuestra fidelidad al Se&ntilde;or. Hace algunos d&iacute;as, al <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2009\/may\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20090526_convegno-diocesi-rm.html\">inaugurar la asamblea diocesana anual<\/a>, record&eacute; la importancia de permanecer, como Iglesia, a la escucha de la Palabra de Dios en la oraci&oacute;n y escrutando las Escrituras, especialmente con la pr&aacute;ctica de la <i>lectio divina, <\/i>es decir, de la lectura meditada y adorante de la Biblia. S&eacute; que se han promovido numerosas iniciativas al respecto en las parroquias, en los seminarios, en las comunidades religiosas, en las cofrad&iacute;as, en las asociaciones y los movimientos apost&oacute;licos, que enriquecen a nuestra comunidad diocesana. <\/p>\n<p align=\"left\"> A los miembros de estos m&uacute;ltiples organismos eclesiales les dirijo mi saludo fraterno. Vuestra presencia tan numerosa en esta celebraci&oacute;n, queridos amigos, muestra que Dios plasma nuestra comunidad, caracterizada por una pluralidad de culturas y de experiencias diversas, como &quot;su&quot; pueblo, como el &uacute;nico Cuerpo de Cristo, gracias a nuestra sincera participaci&oacute;n en la doble mesa de la Palabra y de la Eucarist&iacute;a. Alimentados con Cristo, nosotros, sus disc&iacute;pulos, recibimos la misi&oacute;n de ser &quot;el alma&quot; de nuestra ciudad (cf. <i>Carta a Diogneto, <\/i>6: ed. Funk, I, p. 400; ver tambi&eacute;n <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>, <\/i>38), fermento de renovaci&oacute;n, pan &quot;partido&quot; para todos, especialmente para quienes se hallan en situaciones de dificultad, de pobreza y de sufrimiento f&iacute;sico y espiritual. Somos testigos de su amor. <\/p>\n<p align=\"left\"> Me dirijo en particular a vosotros, queridos sacerdotes, que Cristo ha elegido para que junto con &eacute;l viv&aacute;is vuestra vida como sacrificio de alabanza por la salvaci&oacute;n del mundo. S&oacute;lo de la uni&oacute;n con Jes&uacute;s pod&eacute;is obtener la fecundidad espiritual que genera esperanza en vuestro ministerio pastoral. San Le&oacute;n Magno recuerda que &quot;nuestra participaci&oacute;n en el cuerpo y la sangre de Cristo s&oacute;lo tiende a convertirnos en aquello que recibimos&quot; (<i>Serm&oacute;n <\/i>12, <i>De Passione <\/i>3, 7: <i>PL <\/i>54). Si esto es verdad para cada cristiano, con mayor raz&oacute;n lo es para nosotros, los sacerdotes. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ser Eucarist&iacute;a. Que este sea, precisamente, nuestro constante anhelo y compromiso, para que el ofrecimiento del cuerpo y la sangre del Se&ntilde;or que hacemos en el altar vaya acompa&ntilde;ado del sacrificio de nuestra existencia. Cada d&iacute;a el Cuerpo y la Sangre del Se&ntilde;or nos comunica el amor libre y puro que nos hace ministros dignos de Cristo y testigos de su alegr&iacute;a. Es lo que los fieles esperan del sacerdote: el ejemplo de una aut&eacute;ntica devoci&oacute;n a la Eucarist&iacute;a; quieren verlo pasando largos ratos de silencio y adoraci&oacute;n ante Jes&uacute;s, como hac&iacute;a el santo cura de Ars, al que vamos a recordar de forma particular durante el ya inminente A&ntilde;o sacerdotal. <\/p>\n<p align=\"left\"> San Juan Mar&iacute;a Vianney sol&iacute;a decir a sus parroquianos: &quot;Venid a la Comuni&oacute;n&#8230; Es verdad que no sois dignos, pero la necesit&aacute;is&quot; (Bernad Nodet, <i>Le cur&eacute; d&#8217;Ars. Sa pens&eacute;e &#8211; Son coeur, <\/i>ed. Xavier Mappus, Par&iacute;s 1995, p. 119). Conscientes de ser indignos a causa de los pecados, pero necesitados de alimentarnos con el amor que el Se&ntilde;or nos ofrece en el sacramento eucar&iacute;stico, renovemos esta tarde nuestra fe en la presencia real de Cristo en la Eucarist&iacute;a. No hay que dar por descontada nuestra fe. Hoy existe el peligro de una secularizaci&oacute;n que se infiltra incluso dentro de la Iglesia y que puede traducirse en un culto eucar&iacute;stico formal y vac&iacute;o, en celebraciones sin la participaci&oacute;n del coraz&oacute;n que se expresa en la veneraci&oacute;n y respeto de la liturgia. <\/p>\n<p align=\"left\"> Siempre es fuerte la tentaci&oacute;n de reducir la oraci&oacute;n a momentos superficiales y apresurados, dej&aacute;ndose arrastrar por las actividades y por las preocupaciones terrenales. Cuando, dentro de poco, recemos el Padrenuestro, la oraci&oacute;n por excelencia, diremos: &quot;Danos hoy nuestro pan de cada d&iacute;a&quot;, pensando naturalmente en el pan de cada d&iacute;a para nosotros y para todos los hombres. Sin embargo, esta petici&oacute;n contiene algo m&aacute;s profundo. El t&eacute;rmino griego <i>epio&uacute;sios<\/i>, que traducimos como &quot;diario&quot;, podr&iacute;a aludir tambi&eacute;n al pan &quot;super-sustancial&quot;, al pan &quot;del mundo futuro&quot;. Algunos Padres de la Iglesia vieron aqu&iacute; una referencia a la Eucarist&iacute;a, el pan de la vida eterna, del nuevo mundo, que ya se nos da hoy en la santa misa, para que desde ahora el mundo futuro comience en nosotros. Por tanto, con la Eucarist&iacute;a el cielo viene a la tierra, el ma&ntilde;ana de Dios desciende al presente, y en cierto modo el tiempo es abrazado por la eternidad divina. <\/p>\n<p align=\"left\"> Queridos hermanos y hermanas, como cada a&ntilde;o, al final de la santa misa se realizar&aacute; la tradicional procesi&oacute;n eucar&iacute;stica y, con las oraciones y los cantos, elevaremos una imploraci&oacute;n com&uacute;n al Se&ntilde;or presente en la Hostia consagrada. Le diremos en nombre de toda la ciudad: &quot;Qu&eacute;date con nosotros, Jes&uacute;s; entr&eacute;gate a nosotros y danos el pan que nos alimenta para la vida eterna. Libra a este mundo del veneno del mal, de la violencia y del odio que contamina las conciencias; purif&iacute;calo con el poder de tu amor misericordioso&quot;. <\/p>\n<p align=\"left\"> Y t&uacute;, Mar&iacute;a, que fuiste mujer &quot;eucar&iacute;stica&quot; durante toda tu vida, ay&uacute;danos a caminar unidos hacia la meta celestial, alimentados por el Cuerpo y la Sangre de Cristo, pan de vida eterna y medicina de la inmortalidad divina. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2009 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Atrio de la bas&iacute;lica papal de San Juan de Letr&aacute;n Jueves 11 de junio de 2009 &nbsp; &quot;Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre&quot;. 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