{"id":40909,"date":"2016-10-06T15:11:14","date_gmt":"2016-10-06T20:11:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-mayo-de-2009-visita-pastoral-a-cassino-y-montecassino-rezo-de-las-visperas-con-los-abades-abadesas-y-comunidades-benedictinas-en-la-basilica-de-montecassino\/"},"modified":"2016-10-06T15:11:14","modified_gmt":"2016-10-06T20:11:14","slug":"24-de-mayo-de-2009-visita-pastoral-a-cassino-y-montecassino-rezo-de-las-visperas-con-los-abades-abadesas-y-comunidades-benedictinas-en-la-basilica-de-montecassino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-mayo-de-2009-visita-pastoral-a-cassino-y-montecassino-rezo-de-las-visperas-con-los-abades-abadesas-y-comunidades-benedictinas-en-la-basilica-de-montecassino\/","title":{"rendered":"24 de mayo de 2009: Visita pastoral a Cassino y Montecassino &#8211; Rezo de las V\u00edsperas con los abades, abadesas y comunidades benedictinas en la Bas\u00edlica de Montecassino"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"TmsRmn\"> <\/p>\n<p align=\"center\"><a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2009\/index_montecassino.html\">VISITA PASTORAL A CASSINO Y MONTECASSINO<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>CELEBRACI&Oacute;N DE LAS SEGUNDAS V&Iacute;SPERAS <br \/> CON LOS ABADES, ABADESAS Y COMUNIDADES BENEDICTINAS <\/b><\/font><\/p>\n<p><\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Solemnidad de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or<br \/> Bas&iacute;lica de Montecassino <br \/> Domingo 24 de mayo de 2009<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas de la gran familia benedictina: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">Al concluir mi visita, con mucho gusto me detengo en este lugar sagrado, en esta abad&iacute;a, cuatro veces destruida y reconstruida, la &uacute;ltima vez tras los bombardeos de la segunda guerra mundial, hace 65 a&ntilde;os. &quot;<i>Succisa virescit<\/i>&quot;: las palabras de su nuevo escudo indican bien su historia. Montecassino, como encina secular plantada por san Benito, fue &quot;escamondada&quot; por la violencia de la guerra, pero resurgi&oacute; con mayor vitalidad. En varias ocasiones yo tambi&eacute;n he disfrutado de la hospitalidad de los monjes, y en esta abad&iacute;a he vivido momentos inolvidables de descanso y oraci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Esta tarde hemos entrado cantando las <i>Laudes regiae <\/i>para celebrar juntos las V&iacute;speras de la solemnidad de la Ascensi&oacute;n de Jes&uacute;s. A cada uno de vosotros expreso la alegr&iacute;a de compartir este momento de oraci&oacute;n, salud&aacute;ndoos a todos con afecto y agradeciendo la acogida que me hab&eacute;is dispensado a m&iacute; y a quienes me acompa&ntilde;an en esta peregrinaci&oacute;n apost&oacute;lica. En particular, saludo al abad, dom Pietro Vittorelli, que ha interpretado vuestros sentimientos comunes. Extiendo mi saludo a los abades, a las abadesas y a las comunidades benedictinas aqu&iacute; presentes. <\/p>\n<p align=\"left\">Hoy la liturgia nos invita a contemplar el misterio de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or. La lectura breve, tomada de la <i>primera carta de san Pedro, <\/i>nos ha exhortado a fijar la mirada en nuestro Redentor, que muri&oacute; &quot;una sola vez para siempre por los pecados&quot; para llevarnos nuevamente a Dios, a cuya diestra se encuentra, &quot;tras haber ascendido al cielo y haber recibido la soberan&iacute;a sobre los &aacute;ngeles, los principados y las potestades&quot; (cf.<i> 1 P<\/i> 3, 18.22). Jes&uacute;s, &quot;elevado al cielo&quot; e invisible a los ojos de los disc&iacute;pulos, no los abandon&oacute;, pues, &quot;muerto en la carne, pero vivificado en el esp&iacute;ritu&quot; (<i>1 P<\/i> 3, 18), ahora est&aacute; presente de una manera nueva, interior, en los creyentes, y en &eacute;l la salvaci&oacute;n se ofrece a todo ser humano, sin distinci&oacute;n de pueblo, lengua y cultura. <\/p>\n<p align=\"left\">La <i>primera carta de san Pedro <\/i>contiene referencias precisas a los acontecimientos cristol&oacute;gicos fundamentales de la fe cristiana. El Ap&oacute;stol quiere poner de relieve el alcance universal de la salvaci&oacute;n en Cristo. Lo mismo pretende san Pablo, de cuyo nacimiento estamos celebrando el bimilenario, el cual escribe a la comunidad de Corinto: Cristo &quot;muri&oacute; por todos, para que los que viven ya no vivan para s&iacute;, sino para aquel que muri&oacute; y resucit&oacute; por ellos&quot; (<i>2 Co<\/i> 5, 15). <\/p>\n<p align=\"left\">Ya no vivir para s&iacute; mismos, sino para Cristo: esto es lo que da pleno sentido a la vida de quien se deja conquistar por &eacute;l. Lo manifiesta claramente la historia humana y espiritual de san Benito que, tras abandonarlo todo, sigui&oacute; fielmente a Jesucristo. Encarnando en su propia existencia el Evangelio, se convirti&oacute; en el iniciador de un amplio movimiento de renacimiento espiritual y cultural en Occidente. Quiero mencionar aqu&iacute; un acontecimiento extraordinario de su vida, referido por su bi&oacute;grafo san Gregorio Magno, que vosotros conoc&eacute;is muy bien. <\/p>\n<p align=\"left\">Se podr&iacute;a decir que tambi&eacute;n el santo patriarca fue &quot;elevado al cielo&quot; en una indescriptible experiencia m&iacute;stica. La noche del 29 de octubre del a&ntilde;o 540 \u2014se lee en la biograf&iacute;a\u2014, mientras estaba asomado a la ventana, &quot;con los ojos fijos en las estrellas para penetrar en la divina contemplaci&oacute;n, el santo sent&iacute;a que el coraz&oacute;n le ard&iacute;a&#8230; Para &eacute;l el firmamento cuajado de estrellas era como la cortina bordada que desvelaba al Santo de los Santos. En un momento determinado, su alma se sinti&oacute; transportada a la otra parte del velo para contemplar sin estorbos el rostro de Aquel que habita en una luz inaccesible&quot; (cf. A.I. Schuster, <i>Storia di san Benedetto e dei suoi tempi, <\/i>ed. Abad&iacute;a de Viboldone, Mil&aacute;n 1965, p. 11 y ss). Desde luego, como le sucedi&oacute; a san Pablo tras ser arrebatado al cielo, tambi&eacute;n san Benito, despu&eacute;s de esa experiencia espiritual extraordinaria, tuvo que comenzar una nueva vida. Aunque la visi&oacute;n fue pasajera, los efectos permanecieron; su fisonom&iacute;a misma \u2014refieren los bi&oacute;grafos\u2014 cambi&oacute;, su aspecto fue siempre sereno y su porte ang&eacute;lico; y, aun viviendo en la tierra, se comprend&iacute;a que con el coraz&oacute;n ya estaba en el para&iacute;so. <\/p>\n<p align=\"left\">San Benito no recibi&oacute; este don divino para satisfacer su curiosidad intelectual, sino m&aacute;s bien para que el carisma que Dios le hab&iacute;a dado tuviera la capacidad de reproducir en el monasterio la misma vida del cielo y restablecer en &eacute;l la armon&iacute;a de la creaci&oacute;n a trav&eacute;s de la contemplaci&oacute;n y el trabajo. Por eso, con raz&oacute;n, la Iglesia lo venera como &quot;eminente maestro de vida mon&aacute;stica&quot; y &quot;doctor de sabidur&iacute;a espiritual en el amor a la oraci&oacute;n y al trabajo&quot;; &quot;gu&iacute;a resplandeciente de pueblos a la luz del Evangelio&quot; que, &quot;elevado al cielo por una senda luminosa&quot;, ense&ntilde;a a los hombres de todos los tiempos a buscar a Dios y las riquezas eternas por &eacute;l preparadas (cf. <i>Prefacio del santo <\/i>en el suplemento mon&aacute;stico al Misal Romano, 1980). <\/p>\n<p align=\"left\">S&iacute;, san Benito fue ejemplo luminoso de santidad e indic&oacute; a los monjes como &uacute;nico gran ideal a Cristo; fue maestro de civilizaci&oacute;n que, proponiendo una equilibrada y adecuada visi&oacute;n de las exigencias divinas y de las finalidades &uacute;ltimas del hombre, tuvo siempre muy presentes tambi&eacute;n las necesidades y las razones del coraz&oacute;n, para ense&ntilde;ar y suscitar una fraternidad aut&eacute;ntica y constante, a fin de que en el conjunto de las relaciones sociales no se perdiera una unidad de esp&iacute;ritu capaz de construir y alimentar siempre la paz. <\/p>\n<p align=\"left\">No es casualidad que la palabra <i>Pax <\/i>acoja a los peregrinos y los visitantes a las puertas de esta abad&iacute;a, reconstruida despu&eacute;s del enorme desastre de la segunda guerra mundial: se eleva como una silenciosa advertencia a rechazar cualquier forma de violencia para construir la paz: en las familias, en las comunidades, entre los pueblos y en toda la humanidad. San Benito invita a toda persona que sube a este monte a buscar la paz y a seguirla: &quot;<i>Inquire pacem et sequere eam<\/i> (<i>Sal<\/i> 33, 14-15)&quot; (<i>Regla, <\/i>Pr&oacute;logo, 17). <\/p>\n<p align=\"left\">Siguiendo la escuela de san Benito, con el paso de los siglos, los monasterios se han convertido en centros fervientes de di&aacute;logo, de encuentro y de ben&eacute;fica fusi&oacute;n entre personas diversas, unificadas por la cultura evang&eacute;lica de la paz. Los monjes han sabido ense&ntilde;ar con la palabra y con el ejemplo el arte de la paz, sirvi&eacute;ndose de los tres &quot;v&iacute;nculos&quot; que san Benito consideraba necesarios para conservar la unidad del Esp&iacute;ritu entre los hombres: la cruz, que es la ley misma de Cristo; el libro, es decir, la cultura; y el arado, que indica el trabajo, el se&ntilde;or&iacute;o sobre la materia y sobre el tiempo. <\/p>\n<p align=\"left\">Gracias a la actividad de los monasterios, articulada en el triple compromiso cotidiano de la oraci&oacute;n, el estudio y el trabajo, pueblos enteros del continente europeo han experimentado un aut&eacute;ntico rescate y un beneficioso desarrollo moral, espiritual y cultural, educ&aacute;ndose en el sentido de la continuidad con el pasado, en la acci&oacute;n concreta con vistas al bien com&uacute;n, en la apertura hacia Dios y la dimensi&oacute;n trascendente. Oremos para que Europa valore siempre este patrimonio de principios e ideales cristianos que constituye una inmensa riqueza cultural y espiritual. <\/p>\n<p align=\"left\">Pero esto s&oacute;lo es posible cuando se acoge la ense&ntilde;anza constante de san Benito, es decir, el &quot;<i>quaerere Deum<\/i>&quot;, buscar a Dios, como compromiso fundamental del hombre. Sin Dios el ser humano no se realiza plenamente ni puede ser verdaderamente feliz. De manera especial, vosotros, queridos monjes, deb&eacute;is ser ejemplos vivos de esta relaci&oacute;n interior y profunda con &eacute;l, actuando sin compromisos el programa que vuestro fundador sintetiz&oacute; en el &quot;<i>nihil amori Christi praeponere<\/i>&quot;, &quot;no anteponer nada al amor de Cristo&quot; (<i>Regla <\/i>4, 21). En esto consiste la santidad, propuesta v&aacute;lida para todo cristiano, m&aacute;s que nunca en nuestra &eacute;poca, en la que se experimenta la necesidad de anclar la vida y la historia en firmes puntos de referencia espirituales. Por eso, queridos hermanos y hermanas, es muy actual vuestra vocaci&oacute;n y es indispensable vuestra misi&oacute;n de monjes. <\/p>\n<p align=\"left\">Desde este lugar, en el que descansan sus restos mortales, el santo patrono de Europa sigue invitando a todos a proseguir su obra de evangelizaci&oacute;n y promoci&oacute;n humana. Os alienta en primer lugar a vosotros, queridos monjes, a permanecer fieles al esp&iacute;ritu de los or&iacute;genes y a ser int&eacute;rpretes aut&eacute;nticos de su programa de renacimiento espiritual y social. <\/p>\n<p align=\"left\">Que os conceda este don el Se&ntilde;or, por intercesi&oacute;n de vuestro santo fundador, de su hermana santa Escol&aacute;stica y de los santos y santas de la Orden. Y que la Madre celestial del Se&ntilde;or, a la que hoy invocamos como &quot;Auxilio de los cristianos&quot;, vele sobre vosotros y proteja a esta abad&iacute;a y a todos vuestros monasterios, as&iacute; como a la comunidad diocesana que vive en torno a Montecassino. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2009 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A CASSINO Y MONTECASSINO CELEBRACI&Oacute;N DE LAS SEGUNDAS V&Iacute;SPERAS CON LOS ABADES, ABADESAS Y COMUNIDADES BENEDICTINAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Solemnidad de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or Bas&iacute;lica de Montecassino Domingo 24 de mayo de 2009 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas de la gran familia benedictina: Al concluir mi visita, con mucho &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-mayo-de-2009-visita-pastoral-a-cassino-y-montecassino-rezo-de-las-visperas-con-los-abades-abadesas-y-comunidades-benedictinas-en-la-basilica-de-montecassino\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab24 de mayo de 2009: Visita pastoral a Cassino y Montecassino &#8211; Rezo de las V\u00edsperas con los abades, abadesas y comunidades benedictinas en la Bas\u00edlica de Montecassino\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40909","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40909","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40909"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40909\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40909"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40909"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40909"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}