{"id":40910,"date":"2016-10-06T15:11:15","date_gmt":"2016-10-06T20:11:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-mayo-de-2009-visita-pastoral-a-cassino-y-montecassino-concelebracion-eucaristica-en-la-plaza-miranda-de-cassino\/"},"modified":"2016-10-06T15:11:15","modified_gmt":"2016-10-06T20:11:15","slug":"24-de-mayo-de-2009-visita-pastoral-a-cassino-y-montecassino-concelebracion-eucaristica-en-la-plaza-miranda-de-cassino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-mayo-de-2009-visita-pastoral-a-cassino-y-montecassino-concelebracion-eucaristica-en-la-plaza-miranda-de-cassino\/","title":{"rendered":"24 de mayo de 2009: Visita pastoral a Cassino y Montecassino &#8211; Concelebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en la plaza Miranda de Cassino"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"TmsRmn\"> <\/p>\n<p align=\"center\"><a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2009\/index_montecassino.html\">VISITA PASTORAL A CASSINO Y MONTECASSINO<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>CONCELEBRACI&Oacute;N <\/b><\/font><\/p>\n<p><\/font><br \/>\n<font color=\"#663300\"><b>EUCAR&Iacute;STICA<\/b><\/font><br \/>\n<font face=\"TmsRmn\"> <\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\"><\/font><\/p>\n<p><\/font><br \/>\n<b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Solemnidad de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or<br \/> Cassino, Plaza Miranda<br \/> Domingo 24 de mayo de 2009<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Recibir&eacute;is la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo, que vendr&aacute; sobre vosotros, y ser&eacute;is mis testigos en Jerusal&eacute;n, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra&quot; (<i>Hch<\/i> 1, 8). Con estas palabras, Jes&uacute;s se despide de los Ap&oacute;stoles, como acabamos de escuchar en la primera lectura. Inmediatamente despu&eacute;s, el autor sagrado a&ntilde;ade que &quot;fue elevado en presencia de ellos, y una nube le ocult&oacute; a sus ojos&quot; (<i>Hch<\/i> 1, 9). Es el misterio de la Ascensi&oacute;n, que hoy celebramos solemnemente. Pero &iquest;qu&eacute; nos quieren comunicar la Biblia y la liturgia diciendo que Jes&uacute;s &quot;fue elevado&quot;? El sentido de esta expresi&oacute;n no se comprende a partir de un solo texto, ni siquiera de un solo libro del Nuevo Testamento, sino en la escucha atenta de toda la Sagrada Escritura. En efecto, el uso del verbo &quot;elevar&quot; tiene su origen en el Antiguo Testamento, y se refiere a la toma de posesi&oacute;n de la realeza. Por tanto, la Ascensi&oacute;n de Cristo significa, en primer lugar, la toma de posesi&oacute;n del Hijo del hombre crucificado y resucitado de la realeza de Dios sobre el mundo. <\/p>\n<p align=\"left\">Pero hay un sentido m&aacute;s profundo, que no se percibe en un primer momento. En la p&aacute;gina de los Hechos de los Ap&oacute;stoles se dice ante todo que Jes&uacute;s &quot;fue elevado&quot; (<i>Hch<\/i> 1, 9), y luego se a&ntilde;ade que &quot;ha sido llevado&quot; (<i>Hch<\/i> 1, 11). El acontecimiento no se describe como un viaje hacia lo alto, sino como una acci&oacute;n del poder de Dios, que introduce a Jes&uacute;s en el espacio de la proximidad divina. La presencia de la nube que &quot;lo ocult&oacute; a sus ojos&quot; (<i>Hch<\/i> 1, 9) hace referencia a una antiqu&iacute;sima imagen de la teolog&iacute;a del Antiguo Testamento, e inserta el relato de la Ascensi&oacute;n en la historia de Dios con Israel, desde la nube del Sina&iacute; y sobre la tienda de la Alianza en el desierto, hasta la nube luminosa sobre el monte de la Transfiguraci&oacute;n. Presentar al Se&ntilde;or envuelto en la nube evoca, en definitiva, el mismo misterio expresado por el simbolismo de &quot;sentarse a la derecha de Dios&quot;. <\/p>\n<p align=\"left\">En el Cristo elevado al cielo el ser humano ha entrado de modo inaudito y nuevo en la intimidad de Dios; el hombre encuentra, ya para siempre, espacio en Dios. El &quot;cielo&quot;, la palabra cielo no indica un lugar sobre las estrellas, sino algo mucho m&aacute;s osado y sublime: indica a Cristo mismo, la Persona divina que acoge plenamente y para siempre a la humanidad, Aquel en quien Dios y el hombre est&aacute;n inseparablemente unidos para siempre. El estar el hombre en Dios es el cielo. Y nosotros nos acercamos al cielo, m&aacute;s a&uacute;n, entramos en el cielo en la medida en que nos acercamos a Jes&uacute;s y entramos en comuni&oacute;n con &eacute;l. Por tanto, la solemnidad de la Ascensi&oacute;n nos invita a una comuni&oacute;n profunda con Jes&uacute;s muerto y resucitado, invisiblemente presente en la vida de cada uno de nosotros. <\/p>\n<p align=\"left\">Desde esta perspectiva comprendemos por qu&eacute; el evangelista san Lucas afirma que, despu&eacute;s de la Ascensi&oacute;n, los disc&iacute;pulos volvieron a Jerusal&eacute;n &quot;con gran gozo&quot; (<i>Lc<\/i> 24, 52). La causa de su gozo radica en que lo que hab&iacute;a acontecido no hab&iacute;a sido en realidad una separaci&oacute;n, una ausencia permanente del Se&ntilde;or; m&aacute;s a&uacute;n, en ese momento ten&iacute;an la certeza de que el Crucificado-Resucitado estaba vivo, y en &eacute;l se hab&iacute;an abierto para siempre a la humanidad las puertas de Dios, las puertas de la vida eterna. En otras palabras, su Ascensi&oacute;n no implicaba la ausencia temporal del mundo, sino que m&aacute;s bien inauguraba la forma nueva, definitiva y perenne de su presencia, en virtud de su participaci&oacute;n en el poder regio de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">Precisamente a sus disc&iacute;pulos, llenos de intrepidez por la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo, corresponder&aacute; hacer perceptible su presencia con el testimonio, el anuncio y el compromiso misionero. Tambi&eacute;n a nosotros la solemnidad de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or deber&iacute;a colmarnos de serenidad y entusiasmo, como sucedi&oacute; a los Ap&oacute;stoles, que del Monte de los Olivos se marcharon &quot;con gran gozo&quot;. Al igual que ellos, tambi&eacute;n nosotros, aceptando la invitaci&oacute;n de los &quot;dos hombres vestidos de blanco&quot;, no debemos quedarnos mirando al cielo, sino que, bajo la gu&iacute;a del Esp&iacute;ritu Santo, debemos ir por doquier y proclamar el anuncio salv&iacute;fico de la muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo. Nos acompa&ntilde;an y consuelan sus mismas palabras, con las que concluye el Evangelio seg&uacute;n san Mateo: &quot;Y he aqu&iacute; que yo estoy con vosotros todos los d&iacute;as hasta el fin del mundo&quot; (<i>Mt<\/i> 28, 20). <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas, el car&aacute;cter hist&oacute;rico del misterio de la resurrecci&oacute;n y de la ascensi&oacute;n de Cristo nos ayuda a reconocer y comprender la condici&oacute;n trascendente de la Iglesia, la cual no ha nacido ni vive para suplir la ausencia de su Se&ntilde;or &quot;desaparecido&quot;, sino que, por el contrario, encuentra la raz&oacute;n de su ser y de su misi&oacute;n en la presencia permanente, aunque invisible, de Jes&uacute;s, una presencia que act&uacute;a con la fuerza de su Esp&iacute;ritu. En otras palabras, podr&iacute;amos decir que la Iglesia no desempe&ntilde;a la funci&oacute;n de preparar la vuelta de un Jes&uacute;s &quot;ausente&quot;, sino que, por el contrario, vive y act&uacute;a para proclamar su &quot;presencia gloriosa&quot; de manera hist&oacute;rica y existencial. Desde el d&iacute;a de la Ascensi&oacute;n, toda comunidad cristiana avanza en su camino terreno hacia el cumplimiento de las promesas mesi&aacute;nicas, aliment&aacute;ndose con la Palabra de Dios y con el Cuerpo y la Sangre de su Se&ntilde;or. Esta es la condici&oacute;n de la Iglesia \u2014nos lo recuerda el concilio Vaticano II\u2014, mientras &quot;prosigue su peregrinaci&oacute;n en medio de las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, anunciando la cruz y la muerte del Se&ntilde;or hasta que vuelva&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>,8). <\/p>\n<p align=\"left\">Hermanos y hermanas de esta querida comunidad diocesana, la solemnidad de este d&iacute;a nos exhorta a fortalecer nuestra fe en la presencia real de Jes&uacute;s en la historia; sin &eacute;l, no podemos realizar nada eficaz en nuestra vida y en nuestro apostolado. Como recuerda el ap&oacute;stol san Pablo en la segunda lectura, es &eacute;l quien &quot;dio a unos el ser ap&oacute;stoles; a otros, profetas; a otros, evangelizadores; a otros, pastores y maestros, (&#8230;) en orden a las funciones del ministerio, para edificaci&oacute;n del Cuerpo de Cristo&quot; (<i>Ef<\/i> 4, 11-12), es decir, la Iglesia. Y esto para llegar &quot;a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios&quot; (<i>Ef<\/i> 4, 13), teniendo todos la vocaci&oacute;n com&uacute;n a formar &quot;un solo cuerpo y un solo esp&iacute;ritu, como una sola es la esperanza a la que estamos llamados&quot; (<i>Ef<\/i> 4, 4). En este marco se coloca mi visita que, como ha recordado vuestro pastor, tiene como fin animaros a &quot;construir, fundar y reedificar&quot; constantemente vuestra comunidad diocesana en Cristo. &iquest;C&oacute;mo? Nos lo indica el mismo san Benito, que en su Regla recomienda no anteponer nada a Cristo: <i>&quot;Christo nihil omnino praeponere&quot;<\/i> (LXII, 11). <\/p>\n<p align=\"left\">Por tanto, doy gracias a Dios por el bien que est&aacute; realizando vuestra comunidad bajo la gu&iacute;a de su pastor, el padre abad dom Pietro Vittorelli, a quien saludo con afecto y agradezco las amables palabras que me ha dirigido en nombre de todos. Saludo, adem&aacute;s, a la comunidad mon&aacute;stica, a los obispos, a los sacerdotes, a los religiosos y a las religiosas presentes. Saludo a las autoridades civiles y militares; en primer lugar, al alcalde, al que agradezco el saludo de bienvenida con el que me ha acogido a mi llegada a esta plaza Miranda, que desde hoy llevar&aacute; mi nombre, aunque no lo merezco. Saludo a los catequistas, a los agentes de pastoral, a los j&oacute;venes y a cuantos de diferentes modos se ocupan de la difusi&oacute;n del Evangelio en esta tierra llena de historia, que durante la segunda guerra mundial experiment&oacute; momentos de grand&iacute;simo sufrimiento. Silenciosos testigos de ello son los numerosos cementerios que rodean vuestra ciudad renacida, entre los cuales recuerdo en particular el polaco, el alem&aacute;n y el de la Comunidad brit&aacute;nica de naciones. Por &uacute;ltimo, mi saludo se extiende a todos los habitantes de Cassino y de los centros vecinos: a cada uno de vosotros, especialmente a los enfermos y a los que sufren, vaya la seguridad de mi afecto y de mi oraci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas, en esta celebraci&oacute;n resuena el eco de la exhortaci&oacute;n de san Benito a mantener el coraz&oacute;n fijo en Cristo, a no anteponer nada a &eacute;l. Esto no nos distrae; al contrario, nos impulsa a&uacute;n m&aacute;s a comprometernos en la construcci&oacute;n de una sociedad donde la solidaridad se exprese mediante signos concretos. Pero &iquest;c&oacute;mo? La espiritualidad benedictina, que conoc&eacute;is bien, propone un programa evang&eacute;lico sintetizado en el lema: <i> ora et labora<\/i> <i>et lege, <\/i>la oraci&oacute;n, el trabajo y la cultura. <\/p>\n<p align=\"left\">Ante todo, la oraci&oacute;n, que es el legado m&aacute;s hermoso de san Benito a los monjes, pero tambi&eacute;n a vuestra Iglesia particular: a vuestro clero, formado en gran parte en el seminario diocesano, alojado durante siglos en la misma abad&iacute;a de Montecassino; a los seminaristas; a las numerosas personas educadas en las escuelas, en los centros recreativos benedictinos y en vuestras parroquias; y a todos vosotros, que viv&iacute;s en esta tierra. Elevando la mirada desde cada pueblo y aldea de la di&oacute;cesis, pod&eacute;is admirar esa referencia constante al cielo que es el monasterio de Montecassino, al que sub&iacute;s todos los a&ntilde;os en procesi&oacute;n la v&iacute;spera de Pentecost&eacute;s. <\/p>\n<p align=\"left\">La oraci&oacute;n, a la que cada ma&ntilde;ana la campana de san Benito invita a los monjes con sus toques graves es el sendero silencioso que nos conduce directamente al coraz&oacute;n de Dios; es la respiraci&oacute;n del alma, que nos devuelve la paz en medio de las tormentas de la vida. Adem&aacute;s, en la escuela de san Benito, los monjes han cultivado siempre un amor especial a la Palabra de Dios en la <i>lectio divina<\/i>, que hoy es patrimonio com&uacute;n de muchos. S&eacute; que vuestra Iglesia diocesana, haciendo suyas las indicaciones de la Conferencia episcopal italiana, dedica gran atenci&oacute;n a la profundizaci&oacute;n b&iacute;blica; m&aacute;s a&uacute;n, ha inaugurado un itinerario de estudio de las Sagradas Escrituras, consagrado este a&ntilde;o al evangelista san Marcos, y que proseguir&aacute; en el pr&oacute;ximo cuatrienio, para concluir, si Dios quiere, con una peregrinaci&oacute;n diocesana a Tierra Santa. Que la escucha atenta de la Palabra divina alimente vuestra oraci&oacute;n y os convierta en profetas de verdad y de amor, a trav&eacute;s de un compromiso com&uacute;n de evangelizaci&oacute;n y promoci&oacute;n humana. <\/p>\n<p align=\"left\">Otro eje de la espiritualidad benedictina es el trabajo. Humanizar el mundo laboral es t&iacute;pico del alma del monaquismo, y este es tambi&eacute;n el esfuerzo de vuestra comunidad, que procura estar al lado de los numerosos trabajadores de la gran industria presente en Cassino y de las empresas vinculadas a ella. S&eacute; cu&aacute;n cr&iacute;tica es la situaci&oacute;n de gran n&uacute;mero de obreros. Expreso mi solidaridad a cuantos viven en una situaci&oacute;n de precariedad preocupante, a los trabajadores con seguro de desempleo o incluso despedidos. La herida del desempleo, que aflige a este territorio, debe inducir a los responsables de la administraci&oacute;n p&uacute;blica, a los empresarios y a cuantos tienen posibilidad de hacerlo, a buscar, con la contribuci&oacute;n de todos, soluciones v&aacute;lidas para la crisis del empleo, creando nuevos puestos de trabajo para salvaguardar a las familias. <\/p>\n<p align=\"left\">A este prop&oacute;sito, &iquest;c&oacute;mo no recordar que la familia tiene hoy urgente necesidad de que se la proteja mejor, puesto que est&aacute; fuertemente amenazada en las ra&iacute;ces mismas de su instituci&oacute;n? Pienso tambi&eacute;n en los j&oacute;venes que dif&iacute;cilmente logran encontrar una actividad laboral digna que les permita formar una familia. A ellos quiero decirles: No os desanim&eacute;is, queridos amigos; la Iglesia no os abandona. S&eacute; que veinticinco j&oacute;venes de vuestra di&oacute;cesis participaron en la pasada <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/gmg\/documents\/gmg_2008_sp.html\">Jornada mundial de la juventud en Sydney<\/a>: atesorando esa extraordinaria experiencia espiritual, sed levadura evang&eacute;lica entre vuestros amigos y coet&aacute;neos; con la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo, sed los nuevos misioneros en esta tierra de san Benito. <\/p>\n<p align=\"left\">Por &uacute;ltimo, tambi&eacute;n forma parte de vuestra tradici&oacute;n la atenci&oacute;n al mundo de la cultura y de la educaci&oacute;n. El c&eacute;lebre archivo y la biblioteca de Montecassino recogen innumerables testimonios del compromiso de hombres y mujeres que han meditado y buscado c&oacute;mo mejorar la vida espiritual y material del hombre. En vuestra abad&iacute;a se palpa el <i>&quot;quaerere Deum&quot;<\/i>, es decir, el hecho de que la cultura europea ha sido la b&uacute;squeda de Dios y la disponibilidad a escucharlo. Y esto vale tambi&eacute;n en nuestro tiempo. S&eacute; que est&aacute;is trabajando con este mismo esp&iacute;ritu en la Universidad y en las escuelas, para que se conviertan en laboratorios de conocimiento, de investigaci&oacute;n y de celo por el futuro de las nuevas generaciones. S&eacute; tambi&eacute;n que, al preparar mi visita, hab&eacute;is celebrado un congreso sobre el tema de la educaci&oacute;n, para suscitar en todos la firme determinaci&oacute;n a transmitir a los j&oacute;venes los valores irrenunciables de nuestro patrimonio humano y cristiano. <\/p>\n<p align=\"left\">En el actual esfuerzo cultural orientado a crear un nuevo humanismo, vosotros, fieles a la tradici&oacute;n benedictina, con raz&oacute;n tambi&eacute;n quer&eacute;is subrayar la atenci&oacute;n al hombre fr&aacute;gil, d&eacute;bil, a las personas discapacitadas y a los inmigrantes. Os agradezco que me brind&eacute;is la posibilidad de inaugurar hoy la &quot;Casa de la Caridad&quot;, donde se construye con hechos concretos una cultura atenta a la vida. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas, no es dif&iacute;cil percibir que vuestra comunidad, esta porci&oacute;n de Iglesia que vive en torno a Montecassino, es heredera y depositaria de la misi&oacute;n, impregnada del esp&iacute;ritu de san Benito, de proclamar que en nuestra vida nadie ni nada debe quitar a Jes&uacute;s el primer lugar; la misi&oacute;n de construir, en nombre de Cristo, una nueva humanidad caracterizada por la acogida y la ayuda a los m&aacute;s d&eacute;biles. <\/p>\n<p align=\"left\">Que os ayude y acompa&ntilde;e vuestro santo patriarca, con santa Escol&aacute;stica, su hermana; y que os protejan vuestros santos patronos y, sobre todo, Mar&iacute;a, Madre de la Iglesia y Estrella de nuestra esperanza. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2009 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A CASSINO Y MONTECASSINO CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Solemnidad de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or Cassino, Plaza Miranda Domingo 24 de mayo de 2009 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: &quot;Recibir&eacute;is la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo, que vendr&aacute; sobre vosotros, y ser&eacute;is mis testigos en Jerusal&eacute;n, en toda Judea y Samaria, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-mayo-de-2009-visita-pastoral-a-cassino-y-montecassino-concelebracion-eucaristica-en-la-plaza-miranda-de-cassino\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab24 de mayo de 2009: Visita pastoral a Cassino y Montecassino &#8211; Concelebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en la plaza Miranda de Cassino\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40910","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40910","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40910"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40910\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40910"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40910"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40910"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}