{"id":40913,"date":"2016-10-06T15:11:19","date_gmt":"2016-10-06T20:11:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-mayo-de-2009-peregrinacion-a-tierra-santa-santa-misa-en-la-plaza-del-pesebre-belen\/"},"modified":"2016-10-06T15:11:19","modified_gmt":"2016-10-06T20:11:19","slug":"13-de-mayo-de-2009-peregrinacion-a-tierra-santa-santa-misa-en-la-plaza-del-pesebre-belen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-mayo-de-2009-peregrinacion-a-tierra-santa-santa-misa-en-la-plaza-del-pesebre-belen\/","title":{"rendered":"13 de mayo de 2009: Peregrinaci\u00f3n a Tierra Santa &#8211; Santa Misa en la Plaza del Pesebre, Bel\u00e9n"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"TmsRmn\"> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2009\/index_holy-land.html\">PEREGRINACI&Oacute;N <br \/> DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <br \/> A TIERRA SANTA<br \/> (8-15 DE MAYO DE 2009)<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\"><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b> <\/p>\n<p><\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Plaza del Pesebre &#8211; Bel&eacute;n <\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"><br \/> Mi&eacute;rcoles 13 de mayo de 2009<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas en Cristo: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">Doy gracias a Dios omnipotente por haberme concedido la gracia de venir a Bel&eacute;n, no s&oacute;lo para venerar el lugar donde naci&oacute; Cristo, sino tambi&eacute;n para estar con vosotros, hermanos y hermanas en la fe, en estos Territorios palestinos. Agradezco al patriarca Fouad Twal los sentimientos que ha expresado en vuestro nombre, y saludo con afecto a los hermanos obispos y a todos los sacerdotes, religiosos y fieles laicos que se esfuerzan cada d&iacute;a por confirmar a esta Iglesia local en la fe, en la esperanza y en el amor. Saludo con afecto en especial a los peregrinos provenientes de la martirizada Gaza: os pido que llev&eacute;is a vuestras familias y comunidades mi afectuoso abrazo, mis condolencias por las p&eacute;rdidas, las adversidades y los sufrimientos que han tenido que soportar. Os aseguro mi solidaridad en la inmensa obra de reconstrucci&oacute;n que ahora ten&eacute;is que afrontar, y mis oraciones para que se levante pronto el embargo. <\/p>\n<p align=\"left\">&quot;No tem&aacute;is, pues os anuncio una gran alegr&iacute;a. (&#8230;) Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 10-11). El mensaje de la venida de Cristo, que lleg&oacute; del cielo mediante el anuncio de los &aacute;ngeles, sigue resonando en esta ciudad, as&iacute; como en las familias, en los hogares y en las comunidades de todo el mundo. Es una &quot;gran alegr&iacute;a&quot;, dijeron los &aacute;ngeles, &quot;para todo el pueblo&quot;. Este mensaje proclama que el Mes&iacute;as, el Hijo de Dios e hijo de David naci&oacute; &quot;por vosotros&quot;: por ti y por m&iacute;, y por todos los hombres y mujeres de todo tiempo y lugar. En el plan de Dios, Bel&eacute;n, &quot;el menor entre los clanes de Jud&aacute;&quot; (<i>Mi<\/i> 5, 1) se convirti&oacute; en un lugar de gloria imperecedera: el lugar donde, en la plenitud de los tiempos, Dios eligi&oacute; hacerse hombre, para acabar con el largo reinado del pecado y de la muerte, y para traer vida nueva y abundante a un mundo ya viejo, cansado y oprimido por la desesperaci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Para los hombres y mujeres de todo lugar, Bel&eacute;n est&aacute; asociada a este alegre mensaje de renacimiento, renovaci&oacute;n, luz y libertad. Y, sin embargo, aqu&iacute;, en medio de nosotros, &iexcl;qu&eacute; lejos de hacerse realidad parece esa magn&iacute;fica promesa! &iexcl;Qu&eacute; distante parece el Reino de amplio dominio y paz, de seguridad, justicia e integridad, que el profeta Isa&iacute;as anunci&oacute;, como hemos escuchado en la primera lectura (cf. <i>Is<\/i> 9, 7) y que proclamamos como definitivamente establecido con la venida de Jesucristo, Mes&iacute;as y Rey! <\/p>\n<p align=\"left\">Desde el d&iacute;a de su nacimiento, Jes&uacute;s fue &quot;un signo de contradicci&oacute;n&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 34) y lo sigue siendo tambi&eacute;n hoy. El Se&ntilde;or de los ej&eacute;rcitos, cuyos &quot;or&iacute;genes son antiguos, desde tiempos remotos&quot; (<i>Mi <\/i>5, 1), quiso inaugurar su Reino naciendo en esta peque&ntilde;a ciudad, entrando a nuestro mundo en el silencio y la humildad de una cueva, y yaciendo en un pesebre, como un ni&ntilde;o necesitado de todo. Aqu&iacute; en Bel&eacute;n, en medio de todo tipo de contradicciones, las piedras siguen gritando esta &quot;buena nueva&quot;, el mensaje de redenci&oacute;n que esta ciudad, por encima de todas las dem&aacute;s, est&aacute; llamada a proclamar al mundo. Porque aqu&iacute;, de una manera que supera todas las esperanzas y expectativas humanas, Dios se mostr&oacute; fiel a sus promesas. En el nacimiento de su Hijo, revel&oacute; la venida de un Reino de amor: un amor divino que se abaja para sanarnos y levantarnos; un amor que se revela en la humillaci&oacute;n y la debilidad de la cruz, pero que triunfa en la gloriosa resurrecci&oacute;n a una nueva vida. <br \/> Cristo trajo un Reino que no es de este mundo, pero que es capaz de cambiar este mundo, pues tiene el poder de cambiar los corazones, de iluminar las mentes y de fortalecer las voluntades. Al tomar nuestra carne, con todas sus debilidades, y al transfigurarla con el poder de su Esp&iacute;ritu, Jes&uacute;s nos llam&oacute; a ser testigos de su victoria sobre el pecado y la muerte. El mensaje de Bel&eacute;n nos llama a ser testigos del triunfo del amor de Dios sobre el odio, el ego&iacute;smo, el miedo y el rencor que paralizan las relaciones humanas y crean divisiones donde los hermanos deber&iacute;an convivir en unidad, destrucci&oacute;n donde los hombres deber&iacute;an construir, desesperaci&oacute;n donde la esperanza deber&iacute;a florecer. <\/p>\n<p align=\"left\">&quot;En la esperanza hemos sido salvados&quot;, dice el ap&oacute;stol san Pablo (<i>Rm<\/i> 8, 24). Sin embargo, afirma con gran realismo que la creaci&oacute;n sigue gimiendo con dolores de parto, aunque nosotros, que hemos recibido las primicias del Esp&iacute;ritu, esperamos pacientemente el cumplimiento de nuestra redenci&oacute;n (cf. <i> Rm<\/i> 8, 22-24). En la segunda lectura de hoy, san Pablo saca una lecci&oacute;n de la Encarnaci&oacute;n que es particularmente aplicable a los sufrimientos que vosotros, a quienes Dios escogi&oacute; para vivir en Bel&eacute;n, est&aacute;is experimentando: &quot;Se ha manifestado la gracia de Dios&quot;, nos dice, &quot;que nos ense&ntilde;a a que, renunciando a la impiedad y a las pasiones mundanas, vivamos con sensatez, justicia y piedad en el tiempo presente&quot;, mientras aguardamos nuestra bendita esperanza, el Salvador Jesucristo (<i>Tt<\/i> 2, 11-13). <\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;No son estas las virtudes que se exigen a hombres y mujeres que viven en la esperanza? En primer lugar, la conversi&oacute;n constante a Cristo, que no s&oacute;lo se refleja en nuestras acciones sino tambi&eacute;n en nuestro modo de razonar: la valent&iacute;a para abandonar maneras de pensamiento, de acci&oacute;n y de reacci&oacute;n, infructuosas y est&eacute;riles. Luego, el cultivo de una mentalidad de paz basada en la justicia, en el respeto de los derechos y los deberes de todos, y el compromiso de colaborar para el bien com&uacute;n. Y tambi&eacute;n la perseverancia, perseverancia en el bien y en el rechazo del mal. Aqu&iacute; en Bel&eacute;n, a los disc&iacute;pulos de Cristo se les pide una perseverancia especial: perseverancia para testimoniar fielmente la gloria de Dios revelada aqu&iacute; al nacer su Hijo, la buena nueva de su paz que descendi&oacute; desde el cielo para morar en la tierra. <\/p>\n<p align=\"left\">&quot;No tem&aacute;is&quot;. Este es el mensaje que el Sucesor de san Pedro quiere dejaros hoy, haci&eacute;ndose eco del mensaje de los &aacute;ngeles y de la consigna que <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/documents\/hf_jp-ii_hom_20000321_amman.html\">el amado Papa Juan Pablo II <\/a>os dej&oacute; el a&ntilde;o del gran jubileo del nacimiento de Cristo. Contad con las oraciones y la solidaridad de vuestros hermanos y hermanas de la Iglesia universal, y trabajad con iniciativas concretas para consolidar vuestra presencia y ofrecer nuevas posibilidades a cuantos tienen la tentaci&oacute;n de marcharse. Sed un puente de di&aacute;logo y colaboraci&oacute;n constructiva en la edificaci&oacute;n de una cultura de paz que supere la actual situaci&oacute;n estancada de miedo, agresi&oacute;n y frustraci&oacute;n. Edificad vuestras Iglesias locales haciendo de ellas laboratorios de di&aacute;logo, tolerancia y esperanza, as&iacute; como de solidaridad y de caridad pr&aacute;ctica. <\/p>\n<p align=\"left\">Ante todo, sed testigos del poder de la vida, la vida nueva que nos ha dado Cristo resucitado, la vida que puede iluminar y transformar incluso las situaciones humanas m&aacute;s oscuras y desesperadas. Vuestra tierra no s&oacute;lo necesita nuevas estructuras econ&oacute;micas y comunitarias; lo m&aacute;s importante, podr&iacute;amos decir, es una nueva infraestructura &quot;espiritual&quot;, capaz de galvanizar las energ&iacute;as de todos los hombres y mujeres de buena voluntad al servicio de la educaci&oacute;n, del desarrollo y de la promoci&oacute;n del bien com&uacute;n. Vosotros ten&eacute;is los recursos humanos para construir la cultura de la paz y del respeto rec&iacute;proco que garantizar&aacute;n un futuro mejor para vuestros hijos. Esta es la noble empresa que os espera. &iexcl;No teng&aacute;is miedo! <\/p>\n<p align=\"left\">La antigua bas&iacute;lica de la Natividad, que ha experimentado los vientos de la historia y el peso de los siglos, se alza ante nosotros como testigo de la fe que permanece y triunfa sobre el mundo (cf. <i>1 Jn<\/i> 5, 4). Ning&uacute;n visitante de Bel&eacute;n puede dejar de notar que en el curso de los siglos la gran puerta que introduce en la casa de Dios se ha hecho cada vez m&aacute;s peque&ntilde;a. Recemos hoy para que, por la gracia de Dios y nuestro compromiso, la puerta que introduce en el misterio del Dios que habita entre los hombres, el templo de nuestra comuni&oacute;n en su amor, y la anticipaci&oacute;n de un mundo de paz y alegr&iacute;a perennes, se abra cada vez m&aacute;s ampliamente para acoger a todo coraz&oacute;n humano, renovarlo y transformarlo. De este modo, en Bel&eacute;n seguir&aacute; resonando el mensaje confiado a los pastores, a nosotros y a toda la humanidad: &quot;&iexcl;Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres que ama el Se&ntilde;or!&quot;. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2009 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PEREGRINACI&Oacute;N DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A TIERRA SANTA (8-15 DE MAYO DE 2009) SANTA MISA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Plaza del Pesebre &#8211; Bel&eacute;n Mi&eacute;rcoles 13 de mayo de 2009 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas en Cristo: Doy gracias a Dios omnipotente por haberme concedido la gracia de venir a Bel&eacute;n, no &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-mayo-de-2009-peregrinacion-a-tierra-santa-santa-misa-en-la-plaza-del-pesebre-belen\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab13 de mayo de 2009: Peregrinaci\u00f3n a Tierra Santa &#8211; Santa Misa en la Plaza del Pesebre, Bel\u00e9n\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40913","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40913","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40913"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40913\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40913"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40913"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40913"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}